Hipersalenas


obtencion-de-trinito
2016/02/03, 8:33 pm
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 Trinaje


rebanadas de algarrobo y banano

ℑ: neonatales engrapados, trinos en sección de algarrobo y banano


 Siluetas municipales planearon
 bravos reflejos tostados,
 con lápices vivos casi al costo.
Se ve que desplegaban
monogramas de un destino azul y
después han puesto grillos
de plata adjunta faróidea
en el girasol nocturnal,
sentadito y presuntivo, que
con las manos escribe,
lejos él de los andamios
aguzados en corte
de herrumbre monográfica.
 Escribe perrerías engrapadas con
 la sección neonatal de sus alardes;

Las escribía el jodemil bajo
su textual loneta verdiglauca
completamente pululada, de esto
tal vez huya el girasol que dicen
está tanenpé, su ayuda grima las
siluetas lapiceras del despliegue;
Dicen concurrencia suya no hizo
aporte comparable con las tantas
obras beneficiosas del personal,
tareas sesudas en ejecución, 
en conductas agilísimas,  
de una graciosa rapidez,  
con lápices vivos casi al costo.
Y es justa la demanda popular.
¡Pero el personaje advirtió al público
que se debían hacer cálculos 
con sus datos para así obtener las
precisiones, si se requiriesen! 
 
Tantanenpé no ha estado el girasol.

 

  Sergio Edgardo Malfé
  Argentina, febrero de 2016.



ombudelia/: ..de la siesta bajo el ombu
2015/11/08, 11:30 pm
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 Ombudelia


pliegue concreto de elementos impresos que se versionan en una dobladura

 Pliegue concreto de elementos gráficos que se versionan en una dobladura motivada por conocido poema naturalista, aquí un fragmento del mencionado texto histórico: “..el ombú, como un amigo, presta a todos el abrigo de sus ramas con amor; hace techo de sus hojas que no filtra el aguacero y a su sombra el sol de enero templa el rayo abrasador.” Luis L. Domínguez. (Escritor porteño, “liberal” y unitario, de esos metropolitanos que guerrean a la tierra y sus “salvajes”; puede leerse el poema completo en éste enlace.)

 Otras consideraciones, con matices de humanidad más continentes que el de Domínguez, amplían culturalmente nuestros enfoques sobre la gaucha divisa verde; p. ej. en «Elogio de las cosas de la tierra» Gabriela Mistral nos dice: Todo el crecer del Ombú es un llamado de sombra para que bajo él descanse el paisano. El Ombú mira por los hombres, lo hace con generoso amor, como compasivamente y con conciencia por los errantes, para que nosotros, pobres diablos, bebamos esa sombra de agua que no se toca, y nos descansemos un poco de nuestras andanzas.

 Para la perspectiva ombudélica, son también conceptos ampliatorios los siguientes: Reparadora sin parangón es la siesta bajo El Ombú, acarrea sueños con claroscuros, en redes intracraneanas de múltiples perfiles. Se dice respetuosamente de él que es testigo de las soledades humanas, El Ombú es un amigo que las alivia con su sombra amorosa.

 Y para estarnos un poco más completos, véase el artículo sobre El Ombú en WikipediA: https://es.wikipedia.org/wiki/Phytolacca_dioica

 

  Sergio Edgardo Malfé

Argentina, noviembre de 2015.



meses de brujas y sapos

  Brujas y sapos en sus meses.


«Mas naides se crea ofendido, pues a ninguno incomodo, y si canto de este modo, por encontrarlo oportuno, no es para mal de ninguno, sino para bien de todos.» José Hernández, Martín Fierro.


  En la revisación de mis papeles estaba, en octubre de 2015, y así encontré un curioso relato que me aconteció con su originalidad. Está en un libro, que entre otros testimonios me informa sobre mujeres brujientas de mediados del siglo XX en Argentina. Singularidad considerable en el relato, por un lado; y con personal realización acontecedora. Pero lo que me movió para compartirlo en una entrada, fue que por otro lado recibí información contándome que octubre es “el mes de las brujas”, aunque otras fuentes digan que los embrujamientos mayores sucederían en noviembre. Y es suficientemente curioso el procedimiento del hechizo que ejecutaban las mujeres del relato, a fines de los 60. El caso está narrado en dos capítulos: “Medio de vida”, y “La bruja”; ambos forman parte del libro de Irene Freyre “No estamos solos” *.


  Conversando con el sacerdote Dubosc, tutor del Albergue para niños en situación de calle, y uno de sus fundadores, le estaba diciendo en una mañana Osvaldito, uno de los chicos:
Hoy tengo que ir a cazar sapos. / ¿Sapos? ¿Para qué querés sapos. / Para venderlos a la bruja Margarita. / ¿Te los paga bien? / Sí, me los paga bien, y si tienen la boca grande, mejor. / ¿Para qué quiere los sapos? / Margarita me los compra para sus brujerías. Tengo que llevárselos al cementerio de la Chacarita. Ella me espera en un lugar que conocemos. Cuando estoy ahí, saca de la cartera fotos de hombres y mujeres, luego las dobla y pone una foto en la boca de cada sapo. Después yo la ayudo a enterrar el sapo vivo entre las tumbas. / ¿Para qué hace eso? / Cuando entierra los sapos dice malas palabras, putea y le pide a cada sapo que joda a la persona que está en la foto…
 
  ─ No hagas ese trabajo, Osvaldito. ¡No hagas ese trabajo! No busques sapos ni vuelvas a ver a esa mujer ─.
  No puedo, Padre. No puedo … ¿Usted sabe? A otro chico que no le llevó más sapos, la bruja lo hizo pisar por un tren. / Habrá sido una casualidad, Osvaldito. Esa mujer no puede hacerte daño porque entierre un sapo. / Yo iré, Padre, porque tiene mi foto. / Entonces, vamos juntos. Me llevás adonde está ella.
─ ¡No, no! ─, gritó Osvaldito y salió corriendo a la calle.
 
  Con la intención de encontrar a Osvaldito, quien dejó de ir por el Albergue, varias personas se pusieron en campaña, también interesados en averiguar las acciones conectadas con el comercio de sapos. Colaboradores voluntarios del Albergue conversaron en La Chacarita con un cuidador del cementerio, quien conocía dos de las mujeres que enterraban sapos junto a las tumbas: “Vengan algún martes o viernes, y las verán con unos chicos que llevan latas”.
 
  Estaban vigilantes el sacerdote y uno de los voluntarios en uno de esos días, cuando vieron avanzar por la puerta principal dos mujeres que con bolsas en las manos se internaban luego por una de las avenidas del cementerio. Dos chicos, que llevaban latas, iban detrás de ellas. El grupo caminó hasta dejar atrás las bóvedas, y se detuvieron junto a la tierra de una tumba abandonada; echaron una mirada alrededor. El sacerdote y su acompañante simularon estar interesados en una tumba cualquiera, le removían un tanto las malezas mientras se mostraban en una charla, al tiempo que vigilaban el grupo. Vieron como las mujeres depositaban las bolsas sobre la tumba y abrían las latas. Los chicos a su vez escarbaban la tierra con cuchillos, frente a una cruz de hierro semicaída. Cuando el pozo estuvo listo, una de ellas volcó el contenido de una lata dentro de él. Los chicos se apresuraron a cubrir esto con tierra. Recomenzaron en su andar intencionado las mujeres, con los chicos detrás, pero a poco se dieron cuenta de la vigilancia que también las seguía, y acelerando el paso se alejaron. Alcanzó el sacerdote a los dos chicos con las latas remanentes, los convenció para que se sumasen a la vida del Albergue, y les compró las latas, para arrojarlas de tal manera que se abrieron, y los sapos salieron saltando de su encierro. El voluntario retornó a la tumba con la cruz caída, y al ver que el suelo se movía, comprendió que los sapos enterrados vivían aún, removió la tierra blanda con un palo, y los dejó escapar.
 
  En cuanto a Osvaldito, nos cuenta la narradora de estas experiencias: “Trabajo costó encontrarlo, hasta que un viernes tuve la alegría de verlo junto a la puerta del cementerio”.
  ─ Todos los chicos del Albergue te están esperando ─.
  El chico estaba ahí con su lata de sapos, seguía atemorizado por lo que le podría pasar sino le cumplía la entrega de sapos a la Margarita.
  ─ En el Albergue hay dos chicos que les vendían sapos a las brujas, como vos, y ahora ya tienen otro trabajo. / ¿Y no les pasó nada? / Claro que no, ¿por qué les va a pasar algo? ¿Acaso no puede cambiar uno de trabajo cuando quiere? / Sí, pero la foto … / Vamos, querido, todo eso es mentira. Nadie puede hacerte mal por el sólo hecho de tener tu foto. Esas mujeres pierden su tiempo con tales tonterías. / ¿Usted está segura? / Absolutamente segura. ¿Qué te parece si vamos al Albergue? Te daré ropa, te quedás allí, y ya verás que nada te va a pasar. / ¿Y la bruja? / Dejala que se busque ella misma sus sapos. Vení, nada te ocurrirá ─.
 
* Irene Freyre: No estamos solos; EMECE, Buenos Aires, 1980. El sacerdote †José Dubosc y la Licenciada en asistencia social †Irene Freyre dedicaron gran parte de sus vidas a la Fundación Hogares Argentinos, una institución tutorial autoeducativa y preventiva de puertas abiertas por ellos fundada en 1957. Suman miles los hijos espirituales de su proyecto.

 
  Más decentes en su añeja humildad que otras figuras brujientas promovidas hoy en día por la manipulación transcultural y massmediática, las brujas del relato carecían de ambages caricaturescos. Eran oficiantes en harapos de una magia que opera, en este caso para destruir, por las semejanzas entre las representaciones manipuladas y las personas destinatarias del hechizo. No imperaban todavía los embrujos del estrellato globosiento, plena y oculta vigencia tenían por entonces los de tierra adentro, sapo al pozo tierra adentro, embutida foto en sapo, cada sapo con su foto, a otra foto con tal sapo, toda foto con su sapo; en embrujos dispares, caractéres diferentes.
 

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  Sergio Edgardo Malfé
Argentina, octubre de 2015.   



apuntes airados: / primero te ignoran después se ríen de ti luego te atacan entonces ganas
2015/09/29, 9:48 am
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   Apuntes airados

   La realidad del mundo no está en su exterioridad, ni dentro o en el exterior de los cuerpos que la sustancian. La realidad de los cuerpos y del mundo es la intercorporeidad: conmociones intercorpóreas airosas y movimientos interiores oreados. Con el mundo y los cuerpos, compromisos y andanzas. ¿Acaso no estamos en otra vuelta del mundo; y sabés que es difícil el mundo nuevo, lo sabes, no es cierto?
 
   Según sencillamente lo articulo, disfrutando del aire lo oímos todo, en superlativo torbellino cimero y abismal. Y aunque no escuchemos sonidos, hay cosas naturales que suceden en simultáneo y diferentes. No le percibes sonoridades, pero… Captación grande para el aire en singular momento: en alturas distintas corre con sentidos opuestos, a 300 m va hacia el Este, su rumbo a 1500 m es Oeste.

respiradero

navegas con la fuerza de la verdad

 Y así, en el aire, nos están navegando todos los dichos, verosímilmente y asimismo por uñas y sobacos, desde hace tantos años y aún atrás más tiempo: con ondulaciones silenciosas te encircuitan aereaciones enredantes y tiempos areneros. También hay un tantito de relámpagos negros que danzan compases silencieros con el viento. Veremos que se enlazan celebraciones y problemas con la mera acción de respirar. Roglota. Y si te acendras en la respiración; si hiperventilas, p.ej., las etapas se te hacen más lúcidas y destacadas.

   La pulsación del aire mudo, por ahí a tu alcance vive, en idas y vueltas, retraigámosla de muchas otras cosas. Aunque en las calles de tu ciudad desconocida, puede haber gente innombrable, que nada querrá aceptar de algunos que transiten ahí, enaltecidos con sus aéreos sentimientos. Mandorla. Figurate el rumoreo: “¿Qué es eso de sentir la canción universal en tus pulmones?”. Tal parece que te querrán de eslabón en la cadena de humillaciones.
 
   Después de todo, con los innombrables harías bien si en el lapso les tolerás el olor de su odio. Y es que hay personajes que tienen la maldad, enfermedad sorda y transmisible. Es el peligro infisionante de la destructividad encadenada y subalterna, carece de constancia, y por eso es admirable como factor, pero soslayable; bronca y nada que ver. La constancia de intercambio es propia del mandato en danza que llamamos “vida”, un mandato sólo concretable en la coparticipación, y que está emparentado con el “alma”.

respiradero

las etapas se te hacen más lúcidas y destacadas

   Casi por el mismo lado, no hay por qué cargarse con respuestas para los tristes odios sordos. Si es que las actuaciones trapisonderas quieren imponerse por fuera de la verdad y del diálogo civil y equitativo, podremos respaldarnos entonces en la sapiencia humana: Un silencio resistente calzaría con la historia y sería saludable, si es que los innombrables te desacompañan. Y al enfrentar así el problema, tu acción se deseslabona del odio, de la violencia, y de la aceptación regimentada y serial; no imitás sus actuacionismos. Cursando por tu rumbo evolutivo, dejas atrás las cooptaciones, al no someterles tus comportamientos. Claro está que la marcha justa a veces no está provista con gratificaciones inmediatas. Navegas con la fuerza de la verdad.


“Primero te ignoran, después se ríen de ti, luego te atacan, entonces ganas”. Mohandas Gandhi.


  Sergio Malfé
Prov. Bs. Aires, Argentina, septiembre de 2015.



a lo largo del rio?../:”..baqueano, ..trillo, ..llegar”..
2015/08/22, 1:48 am
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   (!)..A lo largo del río..?

   Va en marcha por la selva y con su guía nativo, el viajero de aventura. Antes que se haga noche buscan alcanzar río arriba una localidad donde podrán descansar. El poblado Duraguaña es el punto civilizado más cercano, pero un buen trecho los separa de las comodidades.
   En un alto de la pesada travesía, el viajero le dice al baqueano que lo acompaña: -El trillo nos está dando mucho trabajo; nos va a costar machete y mucho tiempo, si siguiésemos por acá hasta Duraguaña. Parece que nadie está transitando por estos senderos; demasiado tupidos. Vamos a llegar más rápido si bordeamos a lo largo el río en lugar de luchar con los taponamientos de esta picada, más fácil va a ser por el río, por acá mucho machete y mucho tiempo, ¿entiende?-

Rio madidi aus der Luft/Rio Madidi en Bolivia desde el aire

Y el viajero no comprende por qué el baqueano intenta contestarle, pero demora en recuperarse de un extraño ataque de risa que le dificulta el habla. Conteniendo su risa encendida, le alcanza al viajero el mapa del área, y el baqueano se lo puntea con su dedo índice, para que el viajero vea por la imagen cómo sería eso de bordear a lo largo el curso del río.

  Sergio Malfé
Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, agosto de 2015.



nos estamos viendo
2015/07/20, 10:00 pm
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   Nos estamos viendo

   Esto comienza con un recuerdo que se me motivó para bloggearlo: Una baldosa esmaltada (15 x 7.5 cm), de la que va aquí adjuntada su foto. Una pieza fabricada por el ceramista argentino Alejandro de la Vega. El artístico resultado, según me fue dicho, está basado en un dibujo de Saul Steinberg. Dicha base de origen es algo muy probablemente cierto, ya que los dibujos concretados por Steinberg conllevan operaciones de abstracción; dibujos que encaminan en quien los mira una intelección, sobre los contenidos que con cierta ambigüedad presentan; dan qué pensar. Y estas condiciones convocan la apertura de una dimensión razonadora en los espectadores: Nos es necesario detectar el mensaje que se propone, y la propuesta tiene dimensión surreal.

baldosita esmaltada

El espacio como componente de la comunicación.

   En la imagen aquí mostrada se convoca la detección de aquello que hubiese tendido entre los dos personajes representados. Parece que se están mirando calmosamente, distanciados entre sí por un considerable espacio; distancia suficiente para que en una vista abarcativa así los veamos en eso, a lo lejos, como si hubieran pactado tal convivencialidad. Un manejo aquí del espacio, que hace de éste un componente protocolar de la comunicación, entre ellos y para quienes los vemos. Una comunicación de esos dos, en una entreversión tranquila, de manera oficiosa y distante, sin demostraciones amistosas. Tal vez estén en una misión, que los representados compartirían secretamente. Pero esta suposición es tan peregrina como el vaticinio que hagamos sobre como puede continuar la escena, nos da qué pensar. Si fuese de tomar en consideración los detalles de vestimenta y postura de cada uno de ellos, quizá pudiésemos así atribuirles identificaciones, e hiciéramos hipótesis sobre el tipo de relación que los ha llevado al encuadre que vemos, y sobre cómo continuaría, hipotéticamente, esa relación. Aunque es bien posible que no tengan entre ellos ninguna historia compartida.

   A la distancia y en relación con las jornadas personales de cada quien, lejos todo, la sensación de distancia es afin a una posible lejanía cronológica: una época de los personajes, en la que estarían ubicados, inciertamente. Y la imagen nos está colocando, para quienes la podemos ver, “en las arenas del tiempo”. Un poco más lejos y caminando más, distanciándonos de las distancias, habría mucha animación en los rostros, nos lo preguntamos: ¿la habría? Pero digámoslo y peticionemos: No hay razón alguna para suponer de esos personajes que en realidad se estén viendo. Estamos detectando en ellos serias discapacidades visuales, o ceguera. Ya que es así, desde ahora se ha de aprontar un consultorio oftalmológico rodante, que vaya marchando, un consultorio operatorio completo y móvil donde el personal de salud atienda simultáneamente los dos pacientes.

   Lo hemos dicho, y en este mismo instante se nos visualizan esos dos; detectemos ya que están en otro dibujo secuencial, en el que vuelven caras prontamente hacia nosotros. Guardemos las distancias; seguro que cabe aquí la literatura con un par de frases escritas por Héctor Tizón: 1) “Porque un hombre, dice tío Crispín, sólo es un hombre cuando está solo y puede mirar a los demás de lejos”. 2) “..los recuerdos son el opio de los viejos”.. ¡Uh..!; las frases de Tizón nos dan qué pensar, ¿no es cierto? Con una poca de plumereo moderador sobre las meritorias frases, porque trasuntan un despacho fatalista, por eso se las convierte: ..”Un poco más viejo” (algo así) .:y:. “Los demás del tío caminando más lejos, un opio”. Bueh.., para finalizar: si quien lée tiene alguna inquietud sobre esto, comuníquemela ■

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Referencias
Proxémica, en búsqueda Google.
Resultados Google acerca de Saúl Steinberg.
 
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Manejos de un espacio comercial
En la novela “Aquella isla también”, § 5.


  Sergio Malfé
Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, julio de 2015.



inquieta tillandsia
2015/06/18, 9:01 pm
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Una plantita con respuesta rápida;
la Tillandsia inquieta

«.. cómo esos sueños en los que al margen de un acaecer trivial presentimos una carga más grave que no siempre alcanzamos a desentrañar.» Julio Cortázar, Rayuela:79

   Mi jardinería hogareña me reservaba sorpresas por fuera de las convencionales; No se trataba de espectaculares flores; La sorpresa estuvo en mi percepción de movimientos propios y suficientemente notorios, en unas florecillas silvestres. Esta floración la había desarrollado un ejemplar de Tillandsia (género de plantas epífitas, con especies autóctonas de la región rioplatense). Yo tenía adoptadas previamente otras plantas emparentadas, de la especie Tillandsia aeranthos, sus satisfactorias y coloridas flores me dieron motivo para hacerme con uno de estos “claveles del aire”, de otra especie a la que sólo pude identificar como perteneciente al género. Es planta nativa del área bonaerense, me la encontré y adopté en noviembre de 2014. Tal cómo estaba cuando la levanté, así la coloqué en una situación similar, en cuanto a la luz que recibiese: prendida al trozo de rama seca en el que estaba creciendo.
 
   Los rociados cotidianos le fueron provechosos, están recomendados para el cuidado de las tillandsias. Floreció en mayo de 2015, a una distancia cercana, algunos pasos pedestres de donde la encontré (nuestra en Sur 34º.64′ – Oeste 58º.61′); Para entonces la plantita alcanzaba un crecimiento de tipo globo con 10 cm de diametro; sus florcitas color rosa viejo, con 2,5 cm a lo largo en las partes de tipo sépalo que se movían, y rápido para una planta; ¡Movimientos perceptibles presentaban sus flores!, respondiendo al estímulo del agua de mi rociado, una curvatura evidenciada de cierre como respuesta para la leve mojadura, movimientos que también hice ver a otras personas de mi entorno vecinal. Las imágenes reflejan esta inquietud de Tillandsia sp., asunto singular, que carecía de descripciones en los documentos a mi alcance, y en los recursos de Internet para mí accesibles tampoco hallé observaciones de especialistas sobre este curioso hecho.


planta nativa del área bonaerense

Tillandsia sp. con sus flores abiertas.


   En el espécimen del que nos ocupamos, estaríamos considerando una nastia, algo diferente de un tropismo, direccionamiento paulatino este último que toma la planta o partes de la misma; Las nastias son, en cambio, respuestas rápidas del vegetal para situaciones de momento; Y en Tillandsia sp. se produce, en sus flores, ese resguardarse del agua, una hidronastia negativa, en un movimiento instantáneo. Pero el cierre es transitorio; pocos minutos después, al suspenderle nosotros la intervención ácuea, al detener la práctica jardinera de rociarla, y si hay una brisa suficiente cómo para que el agua de su superficie seque, torna Tillandsia sp. a su normalidad, con sus flores abiertas. La biología dice de las nastias que probablemente se deban a la activación en la planta de funciones celulares, por la presencia concentrada de auxinas (hormonas vegetales) en los elementos donde suceden estas respuestas rápidas.


movimientos perceptibles en las flores

Cinco minutos después del rociado, hidronastia negativa en las flores.


   La literatura de costumbres sobre estas plantas refiere Tillandsia como planta medicinal, remedio para la vista. Podría estimarse eso como cierto; el especímen me hizo abrir los ojos, con sus movimientos instantáneos, que me eran directamente perceptibles al efectuarle yo rociados. Se trata de una intervención correctiva y reanimadora, la de Tillandsia sp., para mi condición setentona; respaldo de vitalidad que se sobrepasó del mero mejoramiento para mi visión. Con la sensitividad de sus piezas florales, a falta de otras intervenciones intersubjetivas conmigo por parte del personal, esta planta hizo su comentario, y se me comportó amigablemente.


sen sitividad de piezas florales

Tillandsia sp. (diám’ 10 cm), sonriente la plantita, tras 2 semanas del registro mío para sus hidronastias negativas.


Referencias
“Claveles del aire”; Introducción al género
Hormonas vegetales
Imagenes Yahoo! de Tillandsia aeranthos

  Sergio Malfé
Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, junio de 2015.



patios del albardon/: ..”altozanos; enderezar; enganches; escollera; ponerle; tripulantes”..
2015/05/19, 2:41 pm
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   En los patios del albardón


    (Tiempo de lectura: 12 minutos)

«Con la creciente llegaste  
en murmullo y desazón  
hasta las altas barrancas,  
Río de muerte y furor.  
Pasaban casas boyando,  
maderámen y dolor,  
te llevaban las distancias  
en torrente bramador.»  

Ramón Ayala  

   Era de noche, palomita langostina del pantano, y todos nos habíamos evacuado; pero no estemos tristes, contemos los operativos que se tuvieron que hacer para la evacuación, y que así mucha gente inundada llegase con nosotros a los silenciosos altozanos: Afortunada gente, de andares desgastados y desolados, los delitos abrochados en las ropas: ¡todas actividades irremediables! Y como esto está medio vinculado con secretos militares, contemos sólo un poco: Uno de los funcionarios, Pontaldo, fue hasta los archiveros, las ruinas, y sacó papeles: son mapas, uno de ellos con participación ciudadana. Había dejado de llover un poco, las causas se nos empezaban a enderezar, reparación de fatalidades, venía clareando.

   Nos quiso encimar la continuidad de historiales, el administrador Pontaldo, sumándola a los enganches del cielo despejado. Medio acostado en el barro de nuestro albardón, y medio sentado en una cama, Pontaldo nos señaló en un mapa la escollera, que deberíamos colisearla, pequeña langosta del pantano: Irle a la escollera, con estreno de ropas planchaditas y trajecicos paquetes, en continuidad de historiales. Estaba muy entusiasmado con el plan, cargas de demolición, parecía no darse cuenta de nuestro estado, sólo un breve respiro, las ruinas hialinas, el pantano trepando por las cuadrículas, y en cualquier instante oscurecería de nuevo, el ventarrón, ¿y si se desenganchasen las lanchas?.. “¡Pontaldo, esto de ponerle explosivos no está muy bien, actividades irremediables!”, le dijimos: “Además, no estamos como para volarla, ni para colisearnos en la escollera, nuestra precariedad, los altozanos en ruinas, todos evacuados.”

   Cambió entonces, parecía desechar Pontaldo la cosa: “Algo violenta quizá es la idea”; aunque al instante nos preguntó melancólicamente: “¿Alguien iria después a ponerle de los nuevos?; Hay otros explosivos para la escollera, son light” Lo mirábamos a Pontaldo, algo cariacontecido el hombre, y se nos había puesto bastante obeso. La delegación de evacuados en pasantía, sin agresividad, y como diciéndole.. ¡ey, aquí estamos nosotros, mire!, le dirigió amistosos comentarios del tipo “es muy difícil”. Una muchacha, muy popular entre los pasantes, con una escoba de pichanilla que esgrimía, se dedicó a peinarle el rostro, frente y perfil; y por estos suaves pases de la escoba, el rostro de azoramiento que nos iba mostrando Pontaldo parecía decirnos que el personaje estaba en la misma indigencia, él como todos los evacuados; y el pantano trepando por las cuadrículas.

ruinas hialinas

«.. vigiladas por boyetas..»

   Las lanchas nos habían traído; Para ubicarnos a bordo tuvimos que seguirle los pasos, en cada embarcación, a la respectiva dueña de casa. No había todavía riesgos de hundimiento como los presentes: Las lanchas ahora se agitan por el crecido oleaje; sufrimos el embate desalmado del viento cinerario. ¿Qué nos espera si los altozanos pierden sus lanchas; ¿tendremos que hacernos armazones de madera con los despojos para colocarlos alrededor de nuestros cuerpos?; ¿o habremos de integrarnos como habitantes de ámbitos silvestres?, ¡zoológico! Era distinto en los primeros momentos de la evacuación: Nos habían guíado las dueñas de casa, cuando abordamos las lanchas; nos llevaron hasta unas farsescas gradas y barandillas en las cámaras de proa, hacia la afrenta de los palios envarillados, solemnidades. Por suerte, muchos nos desenvaramos y salimos a cubierta para averiguar; y desde la toldilla militar pudimos distinguir en el horizonte los promontorios; ya llegábamos. Volvimos al salón de navegación para poner a salvo de indiscreciones náuticas nuestro secreto estratégico: la alimentación barrocosa que nos protege, no habría de ser parte conocida por la avidez coliseal de los tripulantes.

   Y lo que está ocurriendo ahora, langosta pobre palomita del pantano, parece ser otro coágulo de Pontaldo, otra carga de demolición. Está él diciendo que nuestra salida bien puede ser la de treparnos a algunos muros de estas ruinas hialinas. Ante esto, los delegados han puesto sus miradas sigilosas, a través de los restos de ventanas, en lo que fuesen patios y jardines del albardón; Parecen estar buscando alguna de las paredes que menciona Pontaldo, y no se muestran proclives con el proyecto. La muchacha que usó su escoba antes para despejarlo a Pontaldo, le dice ahora: “Más nos valdría que costiémos los caminos para retornarnos cada uno a su casa; nuestros umbrales tienen paredes más seguras que éstas”. ¡Muchacha popular!; A su vez, Pontaldo la está amonestando: “Los pasantes son los evacuados más problemáticos; ni pensar en ello: que de este precario refugio se vuelva la gente allí donde hay más víboras, ¡eso jamás!; ¿y la carencia de alimentos?”. Algo de razón tiene; aunque el tipo probablemente sea un depravado y quiera retenerla en las ruinas, actividades irremediables, para abusar de ella y de paso extraerle datos sobre la apicultura de la que se ocupan los pasantes.

ruinas hialinas

«.. las lanchas han quedado vigiladas por boyetas..»

   Nosotros podemos intervenir para proteger a la chica, hasta asesinarla, ella se encuentra al momento en el territorio propio de él. Pero está agregando algo el administrador, no estemos tristes; Salgamos de la lluvia, langostita, las ráfagas arrecian; coloquémosmos bajo el toldo de rescate y oigamos en qué siguen las argumentaciones de Pontaldo, a ver qué dice: “…motivándolos para que hagan algo, que aseguren las lanchas; después podrán llevarnos con ellas hasta el terraplén; para mí que ahí está la charnela: Hay que darles de comer a los tripulantes, conocerán nuestra dieta barrocosa, es nuestro secreto estratégico, pero su dinámica autónoma continuará en funciones y se nos restablecerá como propia, nuestra dieta estratégica va seguir indemne, que ahora los efectivos la conozcan no nos afectará en nuestra seguridad futura, y al compartir con los milicos un gofitún barrocoso, estaremos interviniendo sobre toda la situación; ¿qué opina la asamblea?”. Pontaldo así dejó en suspenso las acciones; veamos: Los delegados pasantes están de acuerdo, y la junta conversacional de evacuados también, trepando el pantano por las cuadrículas.

   Al momento uno de los delegados les hace a los tripulantes una llamada radioeléctrica. Los muchachos se acercan, nos dicen que las lanchas han quedado vigiladas por boyetas, actividades irremediables. Bajo el toldo de rescate compartimos todos el refrigerio: gofitún barrocoso en el albardón, las ruinas; en pocos minutos consumimos las escudillas dietéticas. Es curioso, coincide el beneplácito coliseal de los marineros con un serenarse la tormenta; parece que no vamos a terminar tan mal, y jamás donde hay más víboras. Un pasante propone: “Está aclarando; podríamos aprovechar la calma, muchachos; ¿qué tal si embarcamos y ponen ustedes rumbo hacia el terraplén?”. Manifiestan los marineros acuerdo con la propuesta; renovado andar de las tripulaciones hacia las barquichuelas; hasta tenemos sol, se levanta campamento. Mientras en eso estamos, palomita pantanera, oigamos la apostilla de Pontaldo: “Para nuestra salida, no nos van a hacer falta fondos, ¡qué suerte!; pensaba pedir rescate a la Capital por el cadáver que tengo secuestrado” … “¿Cuál cadáver, jefe?”, le pregunto … “El de este cuerpo mío; mi existencia la tengo bastante muertita por mi quehacer como funcionario” … “¡Pero que buen humor se tenía guardado el Pontaldo!”, decís vos; y muy bien lo dijiste, langostita. Nos vamos yendo para embarcarnos, y trochar hacia el terraplén, no es tan lejos ■

 Contenidos relacionados con «..Patios del albardón».  (Enlaces en la Blog)
 * Cocos de chanfle
 * En el Area Facultada
 * Presencia.. Esperada (notintroductoria)

  Sergio Malfé
Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, mayo de 2015.



activacion de la quietud/: conjuradas estampa y anotaciones curten cortazar
2015/04/20, 9:49 am
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Activación de la quietud

Conjura de estampa y anotaciones en un curtir unido a Fin De Etapa

   Al reencarar esta narración de Julio Cortázar, que me aconteció fuertemente por sí misma, quise recuperar luego de entre mis papeles, un trabajo de arte gráfico que pudiera integrarse, contextualmente, con la creación de Cortázar. La imagen está líneas abajo; y aquí un breve resumen introductorio de los contenidos del Cuento:

   Una viajera solitaria se detiene con su auto en una localidad que le queda de paso; en ese intermedio siente «..todo como fuera del tiempo, estirándose en la calina del verano”.. Diana decide dar una vuelta por el pueblo, lo hace con una suspensión de su voluntad, y esta puntual desintención se corresponde con la interrupción de un vínculo amoroso, corte que la ha desorientado: ..«”Curioso que vivir pueda volverse una pura aceptación”, pensó mirando al perro que jadeaba en el suelo, “incluso esta aceptación de no aceptar nada, de irme casi antes de llegar, de matar todo lo que todavía no es capaz de matarme”.»

   Es mediodía, y al recorrer la viajera el pueblo, se encuentra con una sala municipal de exposiciones, y allí dentro se muestran las obras de un artista local, cuadros de gran formato: «..pinturas que volvían sobre el tema de una mesa .. resultados de una obsesión realista que llevaba al pintor hasta un límite peligroso o ambiguo .. En algunas telas se sumaba una silla, en otras la mesa no tenía otra compañía que su sombra .. volvían sobre el tema de una mesa desnuda o con un mínimo de objetos, violentamente iluminada por una luz solar rasante .. Diana se quedó un momento buscando conocer mejor el fondo de la tela, la puerta abierta tras de la cual se adivinaba otra estancia..»

   Continúa después en ese pueblo la aventura de la protagonista; Al pasear por sus calles Diana va a hallar una casa, que es la representada en los cuadros de la exposición: «..entrevió en la penumbra una galería idéntica a la de uno de los cuadros del museo .. no había nadie que se opusiera a su presencia en el jardín, su paso por la doble puerta abierta, recorrer la galería abriéndose a la primera sala vacía donde la ventana dejaba entrar la cólera amarilla de la luz aplastándose en el muro lateral, recortando un mesa vacía y una única silla..»

Monocopia G.Vila/88; orgnl:26 x 32,5 cm

«..en el museo era el conjuro..»


   La reducción y encierro que Diana hace consigo, son el suceso central en “Fin de etapa”, en un tiempo y espacio sentidos que se simbolizan con los cuadros, la casa donde no hay nadie, y el pueblo apartado. Y entre los componentes del núcleo que nos es narrado se destaca la representación atractora de mesa y silla; en el museo era el conjuro: «El cuadro estaba en la pared de la izquierda, había que avanzar hasta el centro para ver bien la representación de la mesa y de la silla donde se sentaba una mujer.» Pero en la casa, donde Diana reconoce objetivamente esos muebles en su realidad palpable, ella completa su aceptación al llamado de esas cosas: el pueblo y las pinturas en el mediodía, la casa, la mesa vacía con su silla; y Diana les reincide: «Podía irse cuando quisiera, por supuesto, y también podía quedarse; acaso sería hermoso ver si la luz del sol iba subiendo por la pared, alargando más y más la sombra de su cuerpo, de la mesa y de la silla, o si seguiría así sin cambiar..»

   Pero entonces, para éste blogger, fue un ponerme a hurgar en mis cajones, con la mira en aquella colorida obra gráfica que su autor me había compartido en el siglo pasado, y así reencontré mesa y silla. Y no sólo eso; pegaditos ahí estaban otros papeles donde me hallé con anotaciones mías de esa data. Lidiaba yo en esas páginas, con las interpretaciones que se me producían por la lectura de textos hinduístas, comentarios sobre los Upanishads, p.ej: “2-4-11 : el hombre y sus sentidos y palabras son el centro de todos los hechos”.

   La estampa, que era mi primer objetivo, con el fin de connotar el cuento de Cortázar, está firmada G. Vila/88. El cuaderno con las anotaciones situaba éstas en los años 70/80. ¿Tendría algo que ver esta contigüidad con “Fin de Etapa”? Tal parece que el pensamiento Hindú, del cual yo había hecho esos registros, tiene que ver con lo que estuviese Diana pensando en el cuento: «Porque lo peor era buscar algo razonable en eso que desde el principio había tenido algo de delirio, de repetición idiota, y a la vez sentir como una náusea, que sólo su cumplimiento total le hubiera devuelto una conformidad razonable, hubiera puesto esa locura del buen lado de su vida, lo hubiera alineado con las otras simetrías, con las otras etapas.» Yo relaciono la vocación que expresa Diana en el cuento, vocación por la simetría, y por alinearse el personaje en las dilaciones de un orden recurrente, la relaciono con la aspiración mística que comentaba con interés escéptico en mis anotaciones sobre los Upanishads: “inducen un ritual de homologación superadora de la dualidad entre la persona conocente y lo conocido, para los individuos, que así pretenden traspasar los límites existenciales, en una serie de analogías y simetrías sin fin, aseveración de las premisas de una fé magnificente y sin fundamentos certeros, inspiraciones metafísicas que agregan significaciones paralelas a todo fenómeno”. Y sin embargo, en esos textos meditativos hay suficientes belleza y profundidad, y por estas cualidades nos educamos en lo que los hombres son: Lo bello tiene otras exactitudes, no siempre es totalmente cierto o verdadero.

   Se desprende en “Fin de Etapa”, el afán poético e hindú del que hago mención, el de traspasar los límites. Diana busca una correspondencia irrestricta, entre lo que percibe y su ámbito vital como percipiente; ella pretende que la luz se una a su capacidad de ver, que los espacios que recorre y las pinturas que contempla se unan a sus sentimientos. Al obliterar las distinciones, desaparecerían el tiempo y el espacio propios de la viajera, con sus conflictos y pesares, para unirse ella, en un entendimiento sin elementalidades, a un mundo constitutivo en el que no tenga ya que actuar ni optar, con todo ya cumplido en una detenida perfección que la exima de opiniones relacionales, ante su mesa y en su silla. La imposibilidad de esta mutación parece ser sólo una cuestión de tiempo y paciencia; en el cuento destella la realidad de ese imposible.

   Esta mirada sobre “Fin de Etapa” fue suscitada por el reencuentro mío con la estampa aquí posteada. Julio Cortázar registró, con pleno dinamismo en ese bello cuento, una instancia y un personaje que orillan, por contraste, un deleitoso reino inmutable. La presente es sólo un ensayo de nota; hay una localización en Web del Cuento.
Enlace: http://www4.loscuentos.net/cuentos/other/1/28/5272/
 
   Contenidos relacionados con esta Entrada. Enlaces.
 • Artículo en Wikipedia sobre el Hinduísmo.
 • Surgimientos al trasluz
 • Circulación retrotribal
 • No le ha encontrado gracia.

  S. E. Malfé
Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, abril de 2015.



ciudad-de-62-ensamblada

  S. Edgardo Malfé
Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, marzo de 2015.

Ciudad cortazariana de «62» ensamblada

La presente entrada está notificando «Armado de ensamblaje con ubicacion cortazariana»; El material completo se halla aparte en una Página de este Blog.

Podrá verse qué lejos está de constituirse, el material en el armazón, en un análisis, resúmen, o polémica, en torno de «62/Modelo para armar», novela de Julio Cortázar; el punto fijo del que se ocupa es la ciudad.

En las secciones del «Armado de ensamblaje … » se combinan fragmentos específicos de la novela «62..», aquellos en que se nos muestra la instancia fantasmática de la ciudad, en un entresacado que tuvo que dejar fuera instancias sustanciales del tema. Mi vínculo con las agendas me impidió darle más dedicación al trabajo. Y sin embargo, he querido unir relacionadamente en ese material, en la forma de un contínuo articulado, algunos tramos en los que Julio Cortázar versiona sobre este tema de la ciudad, unirlos con tramos de mi hechura que están basados en espontáneas representaciones, que se me habían aparecido, cómo a cualquier persona se le pueden aparecer: representaciones desintencionadas de barrios, parajes, o ciudades, lugares sin determinaciones dimensionales y con una fluencia propia; figuraciones singulares y argumentos que fotocopian, o preanuncian, la tejeduría del tiempo de todos.

Para saber cómo es «Armado de ensamblaje con ubicacion cortazariana», tome ESTE RUMBO




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