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15sombraszamba
2009/04/28, 3:17 am
Filed under: agua-en-vasos, Cuentos Breves | Etiquetas: ,


   Un día como éste en 1977, un 28 de abril, madres de desaparecidos realizan su primera marcha por la aparición de sus hijos en Plaza de Mayo, Buenos Aires, Argentina.


Sombras de Zamba Planetaria -narración-.

Traduçào da crista, como uma indicaçao: “alguém .. disca .. passando .. indecenciàs .. ginásio .. psicológica..”
Traduction de la crest, à titre indicatif: “..quelqu’un .. compose .. passant .. indécence .. gymnase .. psychologique..”
Translation of the crest, as a guideline: “..psychological .. gym .. someone .. dials .. passing .. indecency..”


He aquí que el yet da vueltas, movido por
la respiración de los dioses de dioses que existieron, desde
el comienzo hasta el fin que nadie sabe ni conoce
“.
José María Arguedas



   “Así votaremos los hacheros, hijos de la futura, por el gran cardón y las chuspas”… Tuve entonces que atender el teléfono.

   Llamaba ella,¿qué le pasaría?, era raro que llamase a esas horas. Su voz salía un poco estrangulada. Le dije: “Estaba yo justamente intentando escribir algo sobre la pena del monte, la tristeza del quebracho, el olvido en las gredas y la luna mal encordada. ¿Qué decís?”.

   Las pocas cosas que se le podían entender a ella, fueron mi nombre, pero invocado en susurros, junto a unas advertencias que hacía para alguien ahí, del otro lado de la línea, con sonoras voces de “cuidado-cuidado”. Había una voz ronca por detrás, con palabras insultantes y soeces. Se escuchaba ruido de enseres que caían y se rompían, un claro quebrarse de vidrios contra el piso. Así fue ese martes por la tarde. Pero no sé si estás ahí leyendo/oyendo esto, en este preciso instante, quizá quieras hacer otra cosa. Por las dudas, yo continuaría:

   Fue casi imposible distinguir después lo que ella me decía. Me extremé en prestar toda la atención: “No me estuve dando, te lo juro”, esto me aseguraba ella.

   Era así su mano de hablarme, la que tomaba el teléfono para mi. Se nos había hecho algo regular. Dentro y fuera eran sus dedos que recorrían mi cabeza. Tenía ella por lo general el tiempo muy ajustado para marcar y hablarme. Era su mano del cielo, con su ternura, la que yo recibía con todas las horas de todos los tiempos. Su mano del cielo como señal de su mano humana. Y la otra mano, la del mundo, la sabemos cerrada sobre los picaportes, o en alguna palanca, o crispada en un puño. Pero, …¿qué te pasa?; esta criatura nuestra tiene todas las manos que se nos ocurra; a vos te digo, vos que todavía estás leyendo/oyendo ahí, ¿o me equivoco? Prosigamos:

Arboleda de "Arbres exceptionelles", pps

Arboleda de "Arbres exceptionelles", pps


   Era un juego peculiar, con mi pobre corazón, la independencia de ella con su franqueza y serenidad, todo el planeta delegado en un entendimiento hacia el cual íbamos, queriéndonos, conduciéndome ella a querer oirla decir: “Vamos, querido, vamos con todos, hoy te podré ver”. Y vaya una condena condicional para quien lee/oye, si creyese que las palabras de ella le están dirigidas, quíteselo de la cabeza. Son de mi privacidad, sólo yo las escuchase, son alicientes para nadie más que yo.

   “Te escucho; ¿llamaste para venir o para apartarte? De todas maneras, estás viviendo en mi. Es por este hablarme tuyo que se encienden las lámparas de esta pequeña tarde, para pasarla juntos, si abrís la puerta y salís”. Estaba preguntándole yo, te habrás dado cuenta. Y para este tanto, pude distinguir que ella pedía con firmeza allá, que necesitaba hablar conmigo, no le podían hacer eso, debía de usar el teléfono. Oí junto a esto una risa ronca, algo distante del tubo. Ella hizo seguir entonces una suerte de respuesta para nuestras indecencias: “Vos sabés que es algo importante, que es una cosa fuerte, que tengo motivos, pero esta vez no me he dado”.

   Algo había mejorado en la comunicación. Iba yo a decirle que se se tranquilizase. Me quedé con la altivez trabada en la garganta; porque se cortó la llamada. Y no se reanudó la serie telefónica. Pero no vayás a creer, vos que estás leyendo/oyendo, que esto quedó así.

   Me recompuse y despaciosamente continué con aquello: …”hijos de la futura, por el gran cardón y las chuspas. No te mentimos, chola hermosa, como mariposas somos. Bajo las hojas secas aún nacemos aleteantes, contra toda zurraspa del mundo”…

   Iba yo a pasar al día siguiente, por el Gimnasio Chin Fú, adonde nos habíamos conocido. Ese miércoles era su turno, junto al de su hija, así lo tenían combinado. En el hall del edificio calisténico estuve rondando un poco como distraído. Yo sabía esto de que me estaban mirando. Hasta que enseguida vino la hija con su tris. Me habló en tono de reconvención. Me dijo que la madre no se lo había pedido, pero por deferencia hacia mi, esta joven había querido avisarme: Su madre no volvería al gimnasio por bastante tiempo, que estaba yendo a un centro psicológico, y que por favor yo me les mantuviese lejos. Y la chica se marchó sin saludarme.

   Decidí esa tarde de miércoles volverme sin preguntar nada más. Tampoco podía yo hacer mucho, por mi resfrío. Me puse nuevamente a escribir un ensayo narrativo sobre las denuncias que deben denunciarse. Vos, que estás leyendo/oyendo esto, vas a ser, al igual que usted, la primera persona a quien intentaré colocar en ese nuevo relato. A ver qué se dice.

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3 comentarios so far
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Son muchas las veces que a mí me pasa lo mismo que a el protagonista: estar tan inmersa en mis cuetiones y preocupaciones sin darme cuenta qué es lo que al otro le va pasando( al inmediato ¿no?)…ésa distracción sin mala voluntad (pero distracción al fin).
Un cuento donde se percibe cuotas de abandono o miedo “de”…;historia sin ficción y cierta melancolía.
Continúo leyendo.

Besos ,mi querido amigo

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Comentario por Daniela

Le pescó Dani la sustancia cierta al cuento, como que es una ficción real, semejante al aroma de chocolate con frutas rojas. Y al miedo, Dani, no habría que tenerle miedo, más aún sabiendo que actualm’, con tarjeta de crédito, las cuotas del abandono no entristecen, hay que resignarles contemplación, eso sí. SM

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Comentario por Sergio Edgardo Malfé

[…]   Jamás hubiera creído que iba a pasar lo que está pasando. Por suerte están el mostrador y las rejas. Nos vamos yendo por la puerta lateral. Una canción de “Los Redonditos” viene a mi memoria: “Pero a los ciegos no les gustan los sordos, y un corazón no se endurece porque sí”. […]

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