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narra-variavecinal: …”abominemos, ..muchos, ..llaves, ..soportar, ..medianera, ..pletóricos, ..semejante, ..taxi”…
2009/06/11, 5:02 pm
Filed under: agua-en-vasos, Fusiones, Narrativa | Etiquetas: , ,


El 11 de junio se recuerda en Argentina la refundación por Garay de la “Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Buenos Aires”, es el “Día del Vecino”. Feliz día tengamos los vecinos.

Variaciones Vecinales.

Translation of the crest, as a guideline: “..abhor .. a lot .. keys .. stand it .. party wall .. plethoric .. alike..”
Traduction de la crest, à titre indicatif: “..la haine .. beaucoup .. clés .. le supporter .. médiatrice .. pléthorique .. tels..”
Traduçào da crista, como uma indicaçao: “..muito .. chaves .. suportá-lo .. medianeira .. tanto..”

   Aquí, donde ahora vivo, tengo cerca una estación de servicio, con su correspondiente cafetería. No debo de andar mucho, cuando se me pone necesario atar cabos con la gente. Las conversaciones muchas veces sólo conllevan urbanidad y son breves: …Que no parece vaya a parar la lluvia, …que la construcción de un edificio nuevo se pone larga y caprichosa, …que los dramas reales que muestra la televisión parecen ser emitidos para que abominemos de la humanidad…

   Este último asunto lo tocábamos, el sábado más reciente, con uno de los clientes taxistas –acostumbran descansar allí con serenidad bastantes de ellos-. Nos habíamos encontrado junto al mostrador y estábamos puestos a conversar con familiaridad –ya nos reconocíamos los dos como frecuentadores de la gasolinera y paradero-. Ciertamente yo reconocía en este hombre, al definido perfilamiento que caracteriza a muchos taxistas de esta aglomeración urbana. Son numerosos los que tienen unas maneras corteses y observadoras, donde en ellas también se nota que reside una prontitud resolutoria aunque fraterna, esa.. “sabiduría de la calle”. Se me mostraba amigable el conductor, pudiera ser porque en parte coincidíamos en lamentar que la televisión mostrase actitudes tristemente notorias, como la que nos sacudía, esa del tipo que se suicidó de un disparo en medio de una entrevista.

   Daba para mucho el tema indecente, para mucho hundirse en opiniones y cavilaciones que no se prestaban para el contexto. Y un poco nos dábamos unas pausas dispersas, viendo la tarde y las ocupaciones. Así fue que reparé en el llavero del taxista, sobre el mostrador, en el que había eslabonado junto a las llaves, un patente silbato metálico, de los homologados para uso profesional. Allí hice apoyatura, para buenamente salir del tema que nos amargaba, y, con leve estentoreidad bromearle, sobre si además de conducir, el hombre hacía arbitraje deportivo, o si se las rebuscaba, callejeramente también, vendiendo churros desde el taxi.

   Le cayó bien la broma y él también se distendió sonriente. La afable aunque concentrada respuesta que me dio, consideraba el sentido de mi ocurrencia:

   “Con los pasajeros suele darse que algún arbitraje en los viajes tenga que aplicar, con lo brava que se ha puesto la calle. Pero el silbato es una seguridad, para ayudarme, cuando ya no se pudiese seguir. Aunque fijate, que la ocupación más reciente que tuve que darle al silbato, fue desde la ventana de mi cocina”.

   “Estaba tomando el mate esta mañana, y así distraído veo a un cara que saca su cuerpo por una de las ventanas traseras del edificio cercano, un par de niveles por sobre el suelo. Entonces me pregunto sorprendido: -¿Qué querrá hacer?-. Porque esta figura tanteaba de caminar sobre las viguetas que sostienen un techo de vidrio”.

   “No me pareció un chorro, porque el candidato conversaba tranquilamente con alguien en el interior de esa casa, sin dejar de tantear. Ya con los dos pies probaba si el techo lo iba a soportar, casi largándose a caminar para la muy probable caída. Hacer equilibrismo en esos perfilitos, que no son para aguantar el peso de una persona, distanciados más allá de la medida de un paso normal… El muchacho se rompe el alma… No. Y entonces le hago escuchar el silbato”.

   “Fue como si lo despertase. Me ve y me dice, contestando a mi interrogante, que quiere ir a mirar desde arriba la medianera. Pensé en alguna filtración por la lluvia. -Póngale una tabla-, le respondo. Entiende, y le agrego: -¿puede conseguir una?-. Concluye con que Sí, que ya la va a conseguir. Nos saludamos, dejé el llavero con el silbato sobre la mesa, como ahora, y seguí con mi matecito”.

   -Solucionó pitando un punto calamitoso-, le dije yo en la cafetería: -Solucionar cuestiones de este tipo es como una sana costumbre, un engrane profesional en el oficio de ustedes, los taxistas-.

   “Algunos tratamos… Y Sí que se nos dan trises en cada día… Aunque mi profesión es la de politólogo, soy licenciado, pero, …de todas maneras, en este trabajo, puedo instrumentar cosas que aprendí en mi carrera, que si intentase hacerlo en el medio social más macro, ¿cómo decírselo?…Pero ya me doy cuenta que usted entiende el por qué, …ya que en este embrollo nuestro se complican mucho las intentonas de armonización, que si uno aplica sobre nuestra convivencia algunos conceptos medio claros, puede tener ayudas matonas para perder la salud”.

   -¡Ah, sí!, y si te quejás de la generosidad de ese cariño avasallador, puede resultar peor-.

   “Es así nomás, le mostrás algo distinto a los pletóricos de este estado de cosas, y se acuerdan de tu madre, suele suceder. Con personajes enrolladores y enrollados, que se la creen, como ese que se suicidó en cámara, ¿te les vas a plantar con quejas y protestas si con tanto afecto te recuerdan a tu madre? Más vale estar agradecido y orgulloso de haber tenido madre, y decírselo a esos delegados del cariño social degradante: -Es un honor, algunos ni madre han tenido-. Porque…, no me digas; no se puede creer de esos, ni de los que todavía andan sueltos, que hayan tenido algo semejante a una madre humana”…

..."esta figura tanteaba de caminar"...

..."esta figura tanteaba de caminar"...

   Son buenos cabos, los me vincularon gentilmente en la cafetería de los taxis el sábado último, con un conocimiento cabal, social y popularmente científico, de auténtica excelencia. Desatándome de las habitualidades, al volver a mi nueva casa cercana, caminé quitándome la gorra bajo la lluvia, sintiendo contento la mojadura, volteando el rostro al cielo, pero cada tanto… No fuera a ser que al cruzar, algún taxi ocupado me atropellase.

Este relato es reciente (Noviembre de 2008), y viene aquí transcripto desde una localización anterior.   

SEM, Junio de 2009, Ptdo. de Morón, Buenos Aires, Argentina.   


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