Hipersalenas


42-Alguien Alli: …”desbichado, ..definiendo, ..estado, ..Edgar, ..conversar, ..hilaridad, ..irrepetible, ..sustitución”…
2009/08/13, 2:49 am
Filed under: Escenas, Fusiones, Narrativa | Etiquetas: , ,



Translation of the crest, as a guideline:
..”debugging, :define, :state, :Edgar, :hilarious, :substitution”..

Alguien allí, en una sola pierna            


”Un segundo de cuatro dimensiones, puede no transcurrir nunca, y en ese punto nos hemos proyectado definitivamente”. Mario Oks  

   Voy a intentar decir algo que me estuvo sucediendo. Alguna costumbre singular tengo. Y mi manera de interesarme en el desbichador de la PC, es algo que puede parecerle a alguien como una cosa singular por demás. Esto es así: me quedo mirando como la aplicación antiviral va escudriñando; y como se muestran en la pantalla los nombres de las carpetas y aplicaciones, archivos, ficheros, etc; lo que se va revisando y controlando. Me fascina imaginar, mientras cambian vertiginosamente los textos enmarcados en el cuadro de esta tarea, todos los trabajos y esfuerzos, todas las historias humanas y técnicas, todos los circuitos, materiales y planeamientos que se esconden, derás de esas letritas aceleradas. Pero como esto lo hago correr una vez por semana, no creo que represente un riesgo casuístico. Además, como la revisión tarda cosa de media hora, cada tanto abro algún programa y completo alguna tarea. Y también, hasta me alejo un poco, para poder cumplir con otras singularidades, beber algo de agua, una puerta que golpea, atender una llamada. En esto estaba un viernes, que es el día semanal que destino para este ritual del desbichado.

   Fue entonces cuando algo me sobresaltó, como cuando sufre un atasco de papel la impresora. Era que se oscurecía la pantalla de modo autárquico. Ya estaba por pulsar el reseteo, pero cambió la cosa. El monitor me mostraba un gris con fluctuaciones rojas, como una representación fractal. Ví que tras este gris se iban definiendo formas reconocibles. Había una pared al fondo, con estanterías, libros y carpetas. Un poco abajo, sobre una consola, se veían de perfil un monitor y un teclado. Y en el segundo que duró esta acomodación de imágenes, ya había aparecido con agilidad, una figura humana que gesticulaba hacia mí. Me indicaba que yo esperase; y me señaló que iba a dar unos pasos hacia el teclado dentro de su ambiente. Enseguida estaba frente a los dispositivos.

   Por la forma en que estaba vestido el hombre, creí que él iba a empezar un concierto de piano. Con la ropa que parecía un jacquet, con su bigote y su melena; se me encuadraba en semejanza de un músico del romanticismo. Comenzó a teclear. Y en mi monitor surgió en un ángulo, una ventanita que comenzó a producir palabras.

   En un lenguaje directo, parecía que el hombre se comunicaba conmigo. Por sobre el conflicto que yo sentía, porque esta función se me presentaba sin yo haberlo solicitado, por sobre mi repeluzno, creció un interés estupefacto.

   El texto en la ventanita me iba diciendo, que la comunicación era puntual conmigo. Que él me había elegido por mis años, que me acercaban a su experiencia. Que él ya tenía una “buena opinión formada” acerca de mis trabajos. Me aclaraba que, de comunicarse él de esta misma manera con otros internautas, ello le iba a resultar dificultoso -habiendo tanta sensibilidad inexperta -, me decía. Y la dificultad se debía a un estado singular de su Conciencia. Porque él estaba, eso que dicen, “muerto”.

   Se acercó a la cámara con celeridad. El hombre me estaba mostrando una copa, con la apariencia de contener vino, que había producido desde bajo la cámara. Me lució el gesto del brindis con un guiño. Se tomó su trago; y sin demora volvió a su teclado. “Tranquilícese”, escribió. El sopor estremecido que yo sentía, se tornó en una comodidad, como la de reconocer a un buen pariente.

   “No hay que confundir lo extraño con lo abstruso, por más extraordinario que sea”, me escribió. “Yo soy lo que fuí, por querer llegar a la verdad, con las palabras”. “Ya en estos días, no puede la opinión pública negarme, como lo hizo en aquel tiempo”. “Podrá parecerle extraña mi aparición, pero se la voy a explicar -así como pude hacer claras tantas intrigas del azar, cómplice constante de la maligna fatalidad-“. “Por supuesto que usted estuvo enterado de mi existencia. Mi nombre es Edgar Allan Poe”… Sin despegar sus manos del teclado, al llegar a este punto, giró su mirada sobre mí. Tornó a beber de su copa, que estaba nuevamente escanciada, sin yo darme cuenta de cómo fue el trasiego.

   “La libertad de experiencias, que mi Conciencia personal puede alcanzar, aquí donde me hallo, no es ilimitada. Soy, pero no existo fuera de mi descendencia espiritual. Estoy introyectado junto a todo. Ya no abandonado en el vivir, sino en un Tiempo Espacial, que yo contengo. Y estoy despojado de mi. Puedo así compartir”… Se fijó en mí, en como yo asentía; y prosiguió:

   “Ya no vivo el espanto de mi propia y sóla compañía. Junto a mis verdaderos amigos, superamos la abominación rectangular de la tecnología. Dentro de nuestra inversa Torre de Babel, con todas las dimensiones en ella; hemos podido unir distintas piezas; y programamos para la Web, un ‘Protocolo Real Expert Quick Flash Player Media Time’. Pronto vamos a agregarle sonido para hacerlo más completo. Si ha seguido mis palabras, esto puede explicarle lo que está aconteciendo en su máquina y en sus sentidos”.

   Nuevamente se fijó Poe, en como yo observaba sus palabras y sus movimientos. Y seguidamente tecleó para ponerme otro pequeño párrafo:

   “Este protocolo de contacto con interfases, que tenemos hecho, lo destinamos para conversar con personas como usted; así de cercanas para dejar ser dentro de ellas a nuestra Torre. Yo puedo abrir para usted un canal, donde podría poner sus propias palabras”.

.."que el hecho salga del lenguaje"..

.."que el hecho salga del lenguaje"..

   Ahí procedió a darme via, con la señal de un cursor titilante en la ventanita, para que yo escribiera hacia su Mundo. “Pregunte. Dígame lo que quiera”, escribió: “..Que yo después tengo que pedirle algo”.

   No fue feliz mi primer movimiento. Así aturullado por las revelaciones, oprimí sin el menor control, un par de comandos en el teclado. Esto determinó la aparición impensada de una cuadro de diálogo. Bochornosamente inquieto, pude sin embargo percibir, que mi visitante también estaba agitado por este imprevisto. Mirando a la novedad, no habría sabido yo como operar con ella… Porque en lugar de los caracteres comunes, las supuestas instrucciones consistían, en grupos seriados de “???”. Otra vez, “Poe” se acercaba mucho a la cámara, gesticulaba enérgico para que yo detuviera cualquier operación. Su rostro llegó a ocupar casi toda la pantalla. Los ojos inquietos me examinaban agudamente. Yo retiré las manos del dispositivo. Le ví unos reflejos muy singulares alrededor de la zona oftálmica. Esto me hizo recordar, a tratamientos similares que los antiguos egipcios, prodigaban a sus muertos, con metales en polvo.

   Volvió él en dos pasos al rincón de su escritura. “Espere, no toque nada”; pude leer esto agregado, en el cuadro con sus palabras anteriores. Por los manejos que él hizo, desapareció ese texto incomprensible con “???”, encuadrado para una interacción; y surgió otra ventanita. “Esa es su interfase”, me dijo; y agregó otra redacción: “Se me apuró un poco. Todavía tenemos en construcción nuestra ingeniosidad. Algunas piezas las tendremos que arreglar mejor. Ahora sí; escríbame y valídelo para que yo le lea”.

   “Sr. Edgar Poe: ¿Está conforme con el estado actual de la cultura, con el estado en general de su país en el mundo, en esta contemporaneidad 2009?”. Con esta pregunta, otra vez yo volvía a meter la pata. Me sería altamente imposible describir, como se puso mi visita. En efecto, quebraba la cintura hacia delante, y se sacudía todo en agitaciones, que no podrían provenir, mas que de un fuerte ataque de hilaridad. Mas no presentaba una faz risueña. Su rostro estaba contracturado en hondas arrugas amargas. Cuando recolocó su contextura; y pudo escribirme; lo hizo por única vez, con palabras en Inglés: “No comments. ¿Another question?”.

   “Bien, Sr. Poe. Lo que yo me indago es, sobre cúales han de ser las causas para que me haya elegido como contacto. Soy una persona común. No soy miembro de ningún grupo público influyente. No soy precisamente un modelo para el ‘éxito’; ni un escritor con prestigio”.

   “Le explico: una de las razones es por los lectores que visitan su Blog. Otro motivo es que usted es, de entre los internautas, aquel que ya está bastante cercano, con un pie en nuestra Torre. Y ya le dije que aprecio lo que usted publica. Y así llegamos a lo que quería pedirle. Yo quiero darles consejos a esos visitantes suyos. Por las dificultades de interfase espiritual que ya le expliqué; un mejor camino podría abrirse para mis recomendaciones, si usted las publicare, como de su propia hechura, dentro de sus artículos”.

   “Me satisface muchísimo que así me distinga, Sr. Poe. Pero; ¿qué recomendaciones quiere que yo le vehiculice?. Dígame”. Yo no cabía dentro de mi pellejo, por este honor magnífico; mas debía resguardar mi autonomía, por respeto a toda persona, incluyéndome.

   “Vamos a los hechos. Si seguimos con tantas palabras y explicaciones, vamos a tropezar con ellas. Fíjese en estas primeras recomendaciones; y luego haga como quiera”. Diciéndome esto por escrito; manejó sus operaciones, para que se mostrase un párrafo documental, que él tenía guardado. “Cópielo y guárdelo. Después, lo haya publicado o no, yo volvería a visitarlo privadamente, y conversaríamos; ¿quedamos así?”.

   “De acuerdo; listo; ya lo copié”, le puse mi respuesta aprobatoria. Y le estampé un saludo, el que me parecía entonces el más correcto: “Hasta Siempre, Sr. Edgar Poe”. La pantalla volvió a oscurecerse. Y sin un sonido, la negrura se escurrió del monitor. Nuevamente se me mostraba reiterativa, la ventana anodina del programa desbichador.

   A las recomendaciones no quise publicarlas. Ya vamos a ver por qué. De todas maneras, tenían algún buen sentido; y pude memorizar algo de ellas. Decían: “El relato, tanto para el lector como para el escritor, debe estar sellado, en el tiempo inmodificable del acontecimiento que se narra. Pero el acontecimiento debe volverse presente en cada lectura. Para esto, todas las palabras deben mirar para el mismo lado, para allí donde el hecho único e irrepetible vuelve a suceder. Que la atención no decaiga y que el hecho salga del lenguaje”. No lo quise publicar después. Lo primero fue mi disgusto y extrañeza, cuando pegué el mensaje de “Poe”, en mi procesador de texto. Transcribo aquí la última media docena de palabras coincidentes; lo que se veía era esto: “Qu? ?l h?cho salga d?l l?nguaj?”. ¿Qué sucedía?.

   Quise ocuparme de algo diferente y miré en mi buzón de correo electrónico. Tenía un par de mails. Y en uno me adjuntaban un show de diapositivas sobre “Inventos Japoneses”. Aquí es donde recibí el toque papal de la Internet; o sea: el del pope Google. Resulta que las páginas del “Gmail” llevan unos marcos con publicidad, que va relacionada con el contenido de los mensajes. Y en este marco publicitario veía que, junto al mensaje, aparecía un aviso enlazador con un montón de “???”. ¡Ah!; se me empezaban a juntar las cosas. Entré a ese sitio anunciado; y reacomodé mis datos. En el website, donde se veían imágenes de unos anteojos para sol inenarrables, pude encontrar varios cuadros de diálogo y formularios, rellenitos de “???”. El cuadro aquel, que se me había disparado sin yo querer, tenía “???” abundantísimas. El documento que “Poe” quería yo publicase, adolecía de muchos “?”, en lugar de las “E”. Los caracteres del Idioma Japonés se transmutan en esos interrogantes, para las configuraciones hechas en idiomas occidentales. En suma, que yo tenía ya supuesto que se me había estado engañando. Lo que no sospechaba, era que la satisfacción de los engañadores, por hacerme caer en sus triquiñuelas, pudiera llegar a manipular próceres así como Edgar Alan Poe. ¿Sería el ‘Protocolo Real Expert Quick Flash Player Media Time’, otro “Invento Japonés”?

   La desolación entraba en mi ámbito privado más íntimo. Quise andar un poco sobre mis piernas; y poder así reflexionar, con nuevos aires, en torno a estas ingeniosidades, que parecía me habían invadido, ¿sería así?.

   Al salir a la calle me encuentro con un simpático vecino, con quien nos tenemos al tanto de lo que cada uno hace. Me cuenta que ya no sigue trabajando en la Productora de Dibujos Animados. -El dibuja muy exactos personajitos-. No; lo que está haciendo es preparar “Susshi”, en un nuevo emprendimiento, con su compañera japonesa, y con la familia de ella. “Son muy especiales los japoneses”, le comento: “Tienen mucha auto-estima, y respeto por sus costumbres”. Mi vecino me replica: “No vayas a creer”. Y me desarrolla el punto de cómo imitan a los occidentales, con un ejemplo. Me cuenta que, para asemejar sus rasgos faciales, con los de los “blancos”; se han popularizado en Japón, unos adhesivos transparentes que se colocan en los párpados. Con estos apliques, los ojos almendrados, se vuelven más redondos. Cosas que usan para ir a los bailes. Que la gente allá quiere parecerse en todo al modelo imperante. No quise darle demostraciones a mi amigo; y reservé para mí el apercibimiento.

   Lo que me dijo mi vecino, lo conecté con aquellos brillos alrededor de los ojos de “Poe”. Los reflejos que le veía, no eran polvos egipcios, sino adhesivos de maquillaje. Entonces ya no me cabían dudas: otra maniobra burlonera, con histrionismo e inventiva, bien gastante la sustitución de identidad. Nos despedimos con el nuevo “susshiman”; y al poco tiempo ya estaba yo de vuelta en mi mesa de trabajo.

   Esto que les cuento no es ningún invento que yo haga. Parece que con otro Escritor sucede algo muy parecido. Lo narra Eduardo Galeano en su “Libro de los Abrazos”, en una pequeña historia acerca de Julio Cortázar, quien después de su muerte se le aparece para decirle, dice: “que había podido resucitar gracias a una máquina japonesa, pero que todavía estaba en fase de experimentación”.

   Hay una imagen de otro “Invento Japonés”, si fuere posible, la veríamos.También Posible habría de ser, que yo pueda degustar de esa bandeja con “susshi”, que me anunció mi buen vecino debía yo de probar, la que me iba a envíar como obsequio. ¡No me digan que es otro “invento”!

.."un aviso enlazador"..

.."un aviso enlazador"..

 recorrido por el Blog ? 


Nota: la primera publicación de este relato, fue en enero de dos mil siete; ronda reeditado nuevamente en la web, cuando ya casi terminando estoy con la trasposición en hipersalenas.wordpress, de las piezas suficientes desde mi blog anterior. SEM

Morón, trece de agosto de dos mil nueve.




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