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del-bicentenario: …”conurbano, ..establecer, ..plano, ..combinaciones, ..aparatos, ..perdamos, ..aclamando, ..concernimiento, ..autoelevativo, ..cómplices, ..corrediza, ..camioneta”…
2010/02/10, 8:42 pm
Filed under: Narrativa, Notas, Poesía | Etiquetas: ,


Vehiculización del Bicentenario Saludable,  relato narrativo. 



“Dotar de forma estética a nuestras pasiones significa transformarlas en un estado libre y activo”
. Ernst Cassirer, en su Antropología Filosófica.   

 

   Había cerca de 400 combinaciones, que pudieran hacerse desde Villa Ripachita sobre las vías; pero fue Emilce quien me hizo desestimar todas esas cosas tan cansadoras como calcáreas.

   Todos los episodios anteriores se me reverdecían al estar yo dentro de la camioneta, a la que había estacionado dentro del hall de la malhadada estación de trenes. Había conseguido yo la dispensa del personal ferroviario, para poder detener mi cuchitril rodante ante las boleterías de esa estación conurbana, Villa Ripachita. El asunto entero tiene proveniencias desde aquellos días, cuando yo andaba ayunando y caminando. Con bastante frecuencia me encontraba acusado de baja moral, por aquellos desgraciados sucesos de mi factura irresponsable.

   A la estación del final de la línea, Bengalea, por la tercera parte del camino, había yo querido llegar con una temática precisa y formalizada. Pero, encontrándome en Ripachita, después de tanto tiempo, estaba con darle yo recorrido novedoso a los episodios gravitantes. Menos mal que por su guía pude llegar a mirar todo con elevación y afecto. Ella se sentó para establecer diálogo. Vino a los términos de entendimiento, seria, dispuesta y bonita. Respetuosa y cercana, en una evaluación impresionante. Esta señora de estilo profesional es mi hermana Emilce.

   -Recordá la escena anterior de las estatuas que apreciaban las chicas-. Me proveía así Emilce de seguridad, hermana sesuda y femeninamente rectora.

   El ámbito completamente vidriado adonde estaban las estatuas, tenía como techo una pileta de natación con fondo también transparente. Las estatuas cubiertas de oropel nos eran visibles desde la camioneta. Yo las había estado viendo y oyendo, con otra gente del lugar. Y en estas horas las vuelvo a ver junto a Emilce, por encima de mi hábitat rodante.

   La techumbre traslúcida polarizada con doble blindaje de la camioneta, no tiene uso para cocinar, sino para ahora permitirnos visualizar el Ámbito-Exposición del Bicentenario. Con este producto vehicular ando yo en la zona; y ya le iba a decir, de mis transcursos, unos datos a Emilce, pero su lucidez espanta la intrusión de perplejidades. Despliega, para que yo lo vea, el plano de una de las estatuas.

   -Es lo mismo con todo el grupo escultórico-, apunta Emilce hacia arriba con su uña pintada de verde: -Sin autoridades ni códigos ni leyes, en este bendito país donde se puede vivir tan bien. ¡Es una Gran Suerte la de habitar este suelo argentino!, ¿que te parece, cholito?-. Emilce me sigue diciendo buenas cosas:

   -Podemos celebrar el Bicentenario, ..podríamos, ..sino fuese porque le han dado voz a las estatuas-, y me indica sobre el plano, con una uña mitad amarilla y mitad violeta, al mecanismo parlante que yo ya sabía tiene cada uno de esos armatostes.

   En mis jornadas de ayuno, antes veíamos, con gente del lugar, a las estatuas de los importantísimos personajes. Cada una de ellas en el Ámbito “hablaba”, cuando los visitantes se acercaban y el mecanismo los detectaba. Estas eran oraciones aleatoriamente compuestas, que hacían párrafos. Las voces tienen una gramática, una entonación solemne, y las consabidas pausas oratorias. Pero, ..¿qué decir del sentido de esas parrafadas?.. Por eso le susurro ahora a Emilce:

   -Los engendros esos, en sus combinaciones de lenguaje, pueden develar el Gran Secreto Nacional, vos hermana lo sabés: ¡Argentina es el centro de los mundos, y cuna de las civilizaciones y culturas americanas! Pero no es cuestión de que esos monigotes se lo digan a todo el mundo-.


.."¡Es una Gran Suerte la de habitar este suelo argentino!"..

.."¡Es una Gran Suerte la de habitar este suelo argentino!"..


   -En efecto, hermano-, me dice ella.. -Cada individuo bendecido por haber nacido en este gran país, lleva en si un tesoro de pensamiento, inteligencia y generosidad. Somos bien distintos, mucho nos diferencia nuestra magnitud de todos los otros países, y estamos mucho más completos para el mundo. Sino fuese por nuestra discreción y humildad, otro sería el estado de las cosas-.. Y sin embargo Emilce agrega: -Pero aquí tienen la palabra esos aparatos, y una no lo puede impedir porque está taradizada, y eso es porque una vive en este país desastroso, donde nadie controla, cada uno hace lo que se le canta, dale que va, y todos rodamos bien mezclados en el gran acarreo de los efluentes-.

   -Por eso estamos como estamos. Aclaremos las cosas, hermana: ..Nadie quiere trabajar, no quieren aprender; y que el mundo con toda justicia les aplique honras eternas por su dignidad. ¡Porque los argentinos son muy buena gente, sino lo sabré yo!, ..que tuve la suerte de sobrevivir hasta hoy, por la pululante ayuda de ellos, entremedio de la multitud de estafadores, chorros y asesinos, los que abundan con harta generosidad, sin autoridades ni códigos ni leyes, en este bendito país donde se puede vivir tan bien. ¡Es una Gran Suerte la de habitar este suelo argentino!, y estaría firme en continuar tal cual, mientras no nos la quieran mejorar. Sólo con evitar que la perdamos tendríamos suficiente aire, con esta Suerte Nacional, para seguir aclamando el Bicentenario a toda voz… Podriamos, ..hacer nuestras demandas agradecidas, para todo el mundo, con la patria grande, y en este país inmejorable-.. Ahí me tuve que detener, dándome cuenta estuve, ..de estar enganchado con Emilce en un mecanismo hablador fuera del tiempo. Ella ahora me dice:

   -..”Podríamos”, ..así es, ..como yo te decía, con sólo que salgamos de abajo de las estatuas parlantes-.

   -Hermana, mover la camioneta ahora es imposible. Estamos delante de la boletería, y fuera de horario; si salimos caminando nos van a ver, y tendrán que dar aviso, sino pierden el trabajo-.

   Mi hermana apoyó la barbilla sobre su mano y entró en reflexiones. Yo le respeto el ahondamiento, y mientras tanto puedo recordar la escena anterior con las estatuas que apreciaban las chicas. Era en el Ámbito, por sobre Ripachita. Yo estaba departiendo con gente del lugar. Conversábamos apropiadamente sobre aquellos preconceptos influenciados que muchas personas se hacen, sobre los “estandards periféricos”. Nos distrajo de momento el disturbante símil de charla, entre una de las chicas y una de las estatuas, cuya máquina parlante concluía observando: “Es interesante que el personaje ande desnudo, es relativamente auspicioso, para que así personas cercanas le pudieran hacer comentarios muy dirigidos a su concernimiento íntimo, más vale que lo piense”. Las sonrisas irónicas de la chica estaban dirigidas a mi. No pude darle a la situación en ese instante una respuesta rápida. Seguimos dando unos pasos en el Ámbito con la gente del lugar que me acompañaba. Se me completó enseguida una modulación que me hizo superar ese estado cohibido. Retorné al tema y tangencialmente alcancé, con mi decir, para reponerle correcciones al ambiente estatuario: “Presencíabamos como periférica una emergencia, era la acción de un señor entre el humo y el fuego, dentro de una de esas canastas de plástico que se suben para reparar las luces públicas -elemento que podríamos llamar un ‘carajo’ autoelevativo-, y esto es central para toda persona que esté en una situación vital semejante, no creo que sea periférico, sino crucial”. Esta forma oral mia de subsanar el inconveniente, fue completada por la gentileza de una persona del lugar, quien indicó en un libro de la exposición, a un término que descansaba sobre su tapa dura, componente fortalecedor; como para dejar de atender al parloteo de las estatuas y sus cómplices. En la salida del Ámbito, en el país que me duele, pude esa vez hacerle una caricia, a la pelambre limpia de un niño general del todo saludable.

   Mi hermana sale ahora de su reflexión, diciéndome algo cuidadoso acerca de mis ayunos y caminatas, desgracias y descomposturas, relacionándolo el panorama con mis esfuerzos agotadores por cuidar de nuestra madre; pero ya decididamente Emilce encara nuestra condena de inmovilidad, me plantea:

   -Sino podemos salir de esto por las salidas que tenemos; la posibilidad más destrabadora es la de hacer nosotros una puerta, abrirnos otra via para salir caminando de la camioneta..-..

   -..Y listo-, termino yo mismo de decir su acertada propuesta.

   No había otra manera de salir de eso, nos hemos puesto en acción, con el mayor empeño, reutilizando cuanta disponibilidad de materiales tenemos en la guarnecida camioneta. Una nueva puerta en mi sucucho móvil; promoviéndonos así estamos, en un encaminamiento decidido, para con certeza tomar la via de las voces más abiertas.

   La puerta es de acero, con ventanillas verticales y burletes de goma. Tiene herrajes y detalles articulados muy prolijos y precisos. Parece una adaptación de puerta neumática de subte, pero no es lateralmente corrediza. Es en cambio algo prometedor y aliviante. Le queda regia a la camioneta. La hicimos sin descanso y no nos llevó tanta pena ni tanto tiempo. La abrimos deslizándola hacia arriba. Ya estamos en marcha. Toda nuestra familia argentina cuenta, en el Bicentenario y casi por milagro, con una buena Puerta Aérea, y al abrirla, ..está buenísimo: ..Por la abertura se desvanece ventilado el Veneno-País. Y nos inficiona benévolamente hasta la masmédula, un gran sentimiento nubólico.

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4 comentarios so far
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Excelente texto narrativo Sergio, escrito con el humor irónico e inteligente que te caracteriza.Los enlaces impecables ,dejándonos en algunos,sembrada la inquietud ( como el artículo de Malfe en Página 12 que habla de nuestros egos..) en otros el horror (Me duele mi país)pero en todo el contexto : enlaces y texto ,la enseñanza y la pregunta servida.

Un abrazo…regresando lentamente (paciencia…)

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Comentario por daniela

¡Sigamos en la lucha por el retorno de Daniela!

Por eso, ..modérese usted Dani en su inquietud por la identidad de los argentinos, concéntrese en su regreso; pero no acelere el cuatriciclo, regrese lenta y constantemente, nos hará mucho bien, tanto a Emilce como a mi. Le enviamos besos. SEM

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Comentario por Sergio Edgardo Malfé

[…] por un tiempo conveniente. Enseguida calentar al fuego una sartén standard, y sobre ésta extender con un algodón embebido, un poco de aceite. Se vuelca, sobre la sartén caliente y pintada con aceite, un volumen como de 4 cucharadas soperas […]

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