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oleajes-en-curso\ ..”:parlamento, :exótico, :adelantarle, :solitaria, :cómico, :largas, :mundos”…
2010/10/15, 2:08 pm
Filed under: agua-en-vasos, Fusiones, Narrativa, Notas | Etiquetas: ,


Oleajes en curso            


 …Meditar lo que está olvidado, y más aún, lo que permanece impensado..
Kostas Axelos

«..y no se da cuenta de la medida en que los carriles se entrecruzan, que de esta forma hacen el camino, ..»

«..y no se da cuenta de la medida en que los carriles se entrecruzan, que de esta forma hacen el camino, ..»

   Mi solución sólo pudiera decirse en un lenguaje fluido y entonable, con movedizas musicalidades, y a ese idioma lo desconocía. Todo a lo largo de ese largo día estuve intentando darle vuelo a mi justa arenga. Trataba de articular incisivamente y por delante al parlamento, fuera con él. Y a quien yo tenía considerado como un amigo, a ese personaje dentro del automóvil, lo tuve que tomar del chaleco, que ya me había molestado bastante. Que detuviese sus chascos, lo compelí a hacerlo. Zechacarpe había estado pasando de una cosa a la otra, como acostumbradamente lo hace; salta en su juego de una casilla a la otra; había cambiado continuamente con sus saltos desde que abordásemos el auto remise, hacía ya veintiocho minutos, en camino a la Terminal. Tomándolo de la ropa, haciéndole saber que esas cosas no quería ya sufrírselas, que dejase de dar saltos y atacarme, lo sermoneaba con mi pacifismo. Para mi indicación, tuve que estirar la boca transversalmente, mucho, sentía los lados como de metal. Con esto se me dificultó todavía más la enunciación de mi propuesta, ya de por sí durísima de decir. Y al exótico lenguaje necesario para poder comunicarla, sólo lo conocía superficiamente.

   Deniega las posibilidades de cada cosa, ese Zechacarpe; se hace peligroso por la velocidad con que pasa de carriles, y no se da cuenta de la medida en que los carriles se entrecruzan, que de esta forma hacen el camino, hay que respetarlos. Las actitudes toman una potencia, con la que marcan un rumbo. Y al observar ese curso, la suma de actitudes hasta puede llegar a tener un sentido. Pero cambiando así como él lo hace, jamás iría yo a escuchar el sonido de mi campanilla de serenidad. Ya tenía silencioso y oscurecido el sentido de ese viaje cultural, fastidiosa tarea de apresto y planchado, brete en el que me hallaba por las sugerencias del personaje. En consecuencia, ya quería bajarme del remise, tuve que silenciárselo al conductor; ni estando borracho continuaría el viaje con Zechacarpe hacia la Feria del Libro. Yo estaba previendo la ruina todavía flamante en la Feria recién inaugurada. “Quiero bajarme” y “¡quiero bajarme!”, salí del apremio con voz muy serena; no tuve que gritarlo.

   El conductor detuvo el auto. La advertencia contra los punguistas fue la gota del desborde para mi paciencia. Ya escuchaba yo el mensaje que iría a completar la remezón de caducidad inmediata para el prestigioso evento. Es por los altavoces del Predio Ferial: “Atención las señoras y señores visitantes; se les ruega que cuiden de sus carteras y sus bolsillos; cuiden por favor especialmente a sus billeteras”. Todavía no era lo peor; para el caso yo iría a mostrarle las maneras plásticas, con adaptaciones para cada ser, para cada ver, ..”los distintos modelos ejecutables para cada caja mortuoria, Zechacarpe“. Entonces, al oir mi campanilla de serenidad, en mi constante solución, fuese para adelantarle: …”Llevan dentro anaqueles para libros; también ingeniosamente dispuesta va una lámpara de lectura en cada ataúd”; no fue necesario.

   Con mucha calma estuve viendo como se alejaba el remise con Zechacarpe dentro. Había casitas alineadas, entremezcladas con áreas de terrenos sin ningún uso, malezas, murallones ásperos, grupos de árboles oscuros. No entendía muy bien por donde me encontraba. Iba acomodándome en la noche abierta, junto a una avenida solitaria, suponiendo lo que luego constaté. Era por la monotonía de las edificaciones indescriptibles, que más o menos me daba cuenta de estar cerca del Polígono Boleadoras, es en una zona vecinal nueva, la recientemente activada por el periférico eléctrico. Después de dejar la fiesta, al amanecer, me llegué a dicho Recinto, para así retornarme a casa a bordo de un bus. Los trasbordos se hacen ahí, en las puertas del estadio.

   El tema es que cuando comenzaba yo a afligirme por mi seguridad en esas calles sin gente, oí la música de un acordeón. Como se verá, esta música venía por el aire, desde una fuente sonora por completo diferente a la de mi campanilla de serenidad. Esto daba inicio a un cambio en mi actitud temeraria, porque ya estaba por parecerme que estuviese yo en un acto fundante, al desprenderme de la parada saltarina de Zechacarpe en el remise. Hallándome imprevistamente en el relente de una noche desconocida, me comenzaba a investir con la soberbia característica de un explorador, inicios e inauguraciones. Pero no, porque en una esquina redonda había un tendal iluminado, cantaban muy suavemente, y el acordeón jugaba rítmico, apareado al canto como un oleaje.

   Ahí me había adoquinado, o sea: la singularidad de esos toldos ante mi vista, el canto y la música, los pomponeos de esquilas enramadas que la brisa hacía sonar, me tenían de piedra, imantado e inmóvil, observando todo. Un hombre joven salió de la bolsa de luz, con gestos amplios que denotaban una especial animación singular por mi presencia, me invitó al interior del acampe, diciéndome que era una boda, la de su hermana. Fue para los dos muy cómico saber que llevábamos el mismo nombre.

   Dentro de la morada me encontré con mucha más gente de lo que podía suponer. Había comodidades, y un conjunto de multicoloridas muchachas danzarias celebraban. Los novios estaban serios y aposentados, más estando en la fiesta que participando en ella, sin las consabidas actuaciones fiesteras. Y estaba entre todos ellos esa manera callada; las conversaciones mostraban un acompañamiento antes que las demostraciones usuales de regocijo y festejos. Esa alegría era un sosiego.

   Estando nomás esta gente, irradian todos ellos una plenitud sin ansiedades ni búsquedas, con su apacibilidad tendida y contenta. Estando nomás esta gente, marcaba que iba a ser linda y larga la carrera que la boda iniciaba. También a las largas va a ser la fiesta, se echa uno en unas reposeras y descansa in situ su siesta, y luego se riposta uno en la movida. El lugar no es exactamente una carpa, se le parece, es una bocha grandota la de esta gente. Se encuentra uno muy a gusto, como acunado sobre esos alfombramientos. Y han de ser como una cuna para los mundos de cada uno -ahora lo puedo pensar así-, porque el mundo pleno y reservado que en el tendal se está gestando, puede lograr con su gestación, que retorne a su apacible cuna el mundo constante de cada uno. Ahora que ya tengo completada esta crónica parto hacia la esquina redonda, allí la fiesta continúa, me dijeron que vuelva, me esperan con el ágape del mediodía.


   Vivir es una condición atávica condicionada por milenios de vida de la humanidad pero que no conocemos. Rodolfo Kusch.


FIN


Sergio Edgardo Malfé

Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, octubre de 2010.   

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2 comentarios so far
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[Los servicios del periférico eléctrico, también están referidos, como la estación transbordadora, que se indician esos ámbitos en este..] Oleajes-en-curso ..”:parlamento, :exótico, :adelantarle, :solitaria, :cómico, :largas, .. [.. En la Entrada UnBuenTono, la del profesor con su librea polvorienta.]

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