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algo-en-marcha\: ..”movimientos, :clavarlos, :entender, :predispuesto, :adoptar, :desencadenado, :redactan, :pensemos”..
2011/03/10, 6:30 am
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              Algo en marcha


« Todo estaba en resistir, en hacer frente a un tiempo interminablemente tenso, ser más fuerte que la torpe coalición que pretendía convertirlo en un pelele. » Julio Cortázar. 

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Los datos a Crescello se le van cargando y efectuando muchas veces por fuera de la jurisdicción de su conciencia. Lo que pasa es que no siempre se le aclaran los pensamientos, sino cuando está en el aguijonazo del alba o al hacer determinados movimientos: él me refiere que son precisamente los movimientos para subir o bajar de los medios de transporte. Y lo tiene muy pensativo, su más reciente periplo, que comenzó con un viaje en ómnibus, antes de entrar al resguardo. Me cuenta que en su trayecto, que era como de media hora, subieron al bus en que viajaba, dos muchachas, en una edad cercana a los cuarenta. Se ubicaron en un asiento doble enfrentado al de Crescello, así me dice: “La grácil mano de una de ellas se evidenciaba abierta, con todos los dedos tendidos y tiesos”. Ese gesto era el preludio para algo que la joven señora decía a la otra chica: “No tenés que apoyarlo en cualquier parte y después clavarlo a la pared, no”.

Habiéndose puesto Crescello a mirarlas distraídamente y de manera impensada, le sorprendió que la dicente lo observase fijamente, sin expresión alguna en el rostro, por largos segundos. Esto hizo que el parlamento cobrase otra dimensión, y así él tomase mentalmente un registro de esas palabras: “..No, ..en cualquier parte no, ..y no clavarlo..(?)”. Asumió Crescello, que estaban retomando una conversación que traían consigo desde antes de subir al ómnibus. Miró afuera; no quería atender a un asunto extraño; la otra muchacha, junto a la ventanilla, estaba distendidamente observando la pintura de sus uñas. Dijo entonces, la que había tomado la palabra inicialmente, quien había vuelto la cabeza hacia su compañera: “Por cualquier cosita, preguntale antes al sepulturero”. Fue la apelada esta vez quien en el momento estaba mirando a Crescello con maneras frias y fijas, como poco antes lo había hecho la muchacha que venía usando de la palabra. Él veía afuera un local que le interesó, en esa calle había una casa de plantas, un vivero.

Crescello me aclara que no pasaba nada en sus afectos con respecto a las viajeras. Y en todo caso, su mente le decía que bien pudiera descender del bus allí mismo. Eran las dos unánimes quienes entonces lo estaban mirando con rostros serios y silenciosos. Y al haber visto el vivero, él tomó la opción de comprar allí mismo el fertilizante que necesitaban las plantas de su habitáculo: “De ningún modo podía suponer racionalmente que las pasajeras estuviesen conspirando acerca de una estadía pasiva mia en cierto cementerio”. Sin embargo, me detalla Crescello, al tener en cuenta las reflexiones eminentes de un pensador señero, quien dice sobre el sujeto paranoide, que en su particular contacto psíquico con los hechos éste opera, por sus fantasías de persecución, en una apreciación correcta acerca de la realidad del funcionamiento social; ..”entonces, por las dudas, me bajé del bus en la primera parada”. Llevaba él consigo, en un estado prelógico, no lo estaba negando, el atisbo de que hubiese una fabulación que se adecuaba a sus restos: La encargada de la tarea no debía apoyarlos en cualquier pared y después clavarlos; para hacer las cosas adecuadamente debía preguntarle antes al sepulturero.

Las señoras de la conversación que lo tenía influenciado, iban muy a la moda, bien vestidas; una llevaba falda plisada merengue y chaleco al tono de brocado, la otra un conjunto de pantalón y chaqueta boyantes de cabritilla. “Bombas, muy monas las dos, y esas caras que se fijaban en mi”, me expresa Crescello: “..eran de las más caras, no sé si me explico”. Las puertas del ómnibus ya se habían cerrado con su soplido inapelable; sólo él había descendido. Se ha puesto ceñudo al contármelo. Le digo que no hay ninguna dificultad para entender lo que me está narrando, que prosiga y con calma, que me parece evidente que el problema no está en él, y que quizá lo esté en las señoras caras del ómnibus.

Cuando él llegó al vivero, no tenía clientes; “es una construcción vidriada y con ladrillos grises, que la podés ver fácilmente desde la calle cuando pasás por ahí, de acá derecho 10 ó 15 cuadras”. Yo asiento, e inmediatamente noto como Crescello ya está más en calma, en sus facciones se evidencia su tan particular bonhomía, sentimiento que se agrega a su rostro, en su evocación del mundo jardinero. Ahí, detrás de un mostrador estaba sonriente, quien él supuso era el dueño del local; a ése consiguió describirle Crescello sus plantas que necesitaban fertilización. Tenía adquirido el fertilizante, y ya estaba por retirarse del local, si no fuera porque parecía dársele al viverista la voluntad de una conversación más amplia. Ese señor le decía: “No vi que llegase en su auto, ¿vino usted caminando?, qué raro”.

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No quiso precisarle que había descubierto su vivero cuando él estaba de camino a bordo de un ómnibus. La declaración de Crescello da cuenta de un cambio en el viverista, dice: “Noté en el hombre la misma determinación inexpresiva en su mirada, la misma fijeza que las dos pasajeras me habían dedicado; ya sólo aparentaba sonreir, sus rasgos se habían endurecido”. Por eso le respondió: “Mire que yo vivo aquí a pocas cuadras; estaba en mi caminata de salud; no me parece tan raro”.

Puntualiza Crescello, que de haberle referido su condición de andar a pie, no, eso hubiese predispuesto para peor al hombre del local de plantas. Ante mi extrañeza por ese supuesto empeoramiento en el viverista, el relato de Crescello tenía que ahondarse; me dice que él tiene presente que hay algo en marcha, pero no lo refiere solamente a su persona, sino que esa configuración de imaginario va contra todos los vecinos que cuenten con una vocación de humildad; “más aún si son nativos como nosotros”. Y el punto parece estar, según él, en contra de quienes no son automovilistas, ni aspiran a serlo. En ese sentido, de lo que se trata es del perfil de consumismo que las corporaciones internacionales y muchos gobiernos fomentan. No es una suposición peregrina la de Crescello: quienes eligen ‘crecer con menos’, pudieran ser considerados como “enemigos” de la felicidad pública.

“¿Viste lo que es?”, me acomoda Crescello, al observar la seriedad con que yo estaba considerando sus ponencias psicosociales. Le tengo que evitar esos ahondamientos, que no se vaya por las ramas, ésa es la más brava, oponernos así es desgastarnos; con lo que podemos hacer bien algo, es con aquello que de entrada nos da gusto tratar y que favorece que crezcamos, que continúe con su relato. Mi intento tiene éxito, no era posible no lograrlo, estábamos retornando al vivero y al señor de la mueca.

La continuidad de sus procederes saludables se encontraba algo constreñida por el viverista. Crescello me muestra con sus manos un proceso como estrangulatorio, como que a él lo tuviese agarrado el hombre del local. “No desmayé, porque sabía de algún modo que el tipo pretendía que yo me llevase a menos, que me sintiese en un problema y me fuera, quedándose él con la palabra”. Le estaba cuestionando la conveniencia del fertilizante ya elegido. Ese señor le preguntaba por si no habría algun error en cuanto al tipo de las plantas que Crescello le tenía descriptas: “¿Está seguro de que en sus tiestos haya Eloísas, no será alguna otra especie aromática, o quizá brotes de fitomastigóforos?”.

El compañero estaba decidido a continuar en un buen plano de diálogo, jamás había oido hablar de algo como un “fitomastigóforo”, interrogó acerca de esto al viverista. Me cuenta Crescello que entonces el comerciante levantó la mirada, exhibiéndole sus escleróticas, para adoptar enseguida un definido aire profesionista, le dijo: “En esas especies coexisten características de vegetal y de animal; pueden alimentarse por fotosíntesis, pero si en el sustrato se encontrase materia orgánica, la consumen de la misma manera que un díptero u otro animalejo, la ingieren incorporándola en su metabolismo, se transforman en bichos”.

¡Pobre Crescello, adónde había ido a parar! Nos estábamos viendo los dos con una sonrisa. Mi compañero de sesión, a pesar de su faz risueña, abría y cerraba las manos muy enérgicamente, estaba algo congestionado. Se hacía necesario que me levantara de mi asiento, y abriera los ventanales. Encendiendo mi pipa, me dispongo a escuchar el fin de su relato. Los eventos pudieran haberse desencadenado como para que el personal tuviese nuevamente que intervenir, ellos creen de Crescello que quiere seguir relegado. Yo me inquiría por cuál clase de crédulo podía haber tomado a Crescello ese infeliz comerciante. Es problema de ellos, el plástico los complica… Crescello retomaba el hilo de su jornada:

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“Yo le respondí cómo sería eso de sus fitomastigóforos, de dónde había sacado tamaño dislate; y ahí se me ocurrió comentarle seriamente, que jamás pudiera alguien encontrarse con tales engendros, porque las células vegetales son estructuralmente diferentes de las células animales”. Resultaba el viverista como un fabulador de inverosímiles fantasías imposibles. “Quizá hubiese estado mejor tomar su invento con ligereza; mire usted las cosas de las que uno se entera, decirle algo así y despedirme, le hubiese evitado el apercibimiento”, me expresa Crescello en otro de sus ahondamientos. Y sin embargo, el tipo parecía decidido a meterle toda la pata. Le dijo que mirase en la Enciclopedia Espasa, allí Crescello encontraría la descripción de los “fitomastigóforos”. Esto lo hizo engranar por completo a nuestro amigo. Me cuenta que entonces le lanzó el término de “psicomastigóforos”, apto para los niñatos que redactan enciclopedias con datos cachonderos; gente irresponsable, pero eso sí: en un establecimiento. “Y usted”, le remató: “bien puede dedicarse a la compilación de alcachofas con colibríes, compuesto que no va de acuerdo ni con la verdad ni con la realidad, sin ciencia alguna; dedíquese con el afán de un político por conseguir clientes”.

Se quería ir de una vez, estando concluído su trámite, pero la fantasmagoría interferidora debía quedar disuelta. Por eso Crescello tuvo que completarle la experiencia al vendedor de plantas y agroquímicos, le dijo que animales y vegetales difieren de muchos modos, por como encadenan molecularmente sus fibras, por como son los tabiques celulares, por como sintetizan las sustancias que les dan crecimiento como organismos… Y no dejó de agregarle que sólo la gente con mucho candor ingenuo puede basamentar su conocimiento en libros tales como las enciclopedias impresas. Le pudo decir una corta despedida: “Ya está bueno, adios, buenas tardes”. Me comenta ahora, que el tipo del vivero y las damas en el bus bien pudieran no ser “psicomastigóforos”, sino sólo crédulos agentes preconscientes de la “psicomastigoforia”. Me lo dice mirándose la palma de sus manotas, este Crescello. Al yo querer saber cómo quedó el del vivero, mi interlocutor me cuenta que quedó tranquilo, con alguna expresión de fastidio por las cosas que hasta entonces había tomado como ciertas, diciéndole “gracias, que siga bien”.

Crescello ha querido contarme esta breve historia para que yo la publique en el Blog, misión cumplida. Él está ahora sopesando conmigo a los indicios que se amontonaron en su periplo, como para que pensemos en común acerca de esa conspiración en marcha, me está convenciendo. Y yo le encarezco, ante su desesperación, para que no intente una huida. La estructura conspirativa debe estar coordinada, en un instituto, inferimos, por alguna jefatura conocedora. De lo que se trata también, es de un aspecto inductor, y psicosocialmente prefigurativo o imaginario, para que se adopten deseos, personificaciones y escenas “adecuadas”. Ese instituto utilizaría masificadora una máscara: ..ante, ..entre, y en, la gente predispuesta, la máscara de “la felicidad”.

« ..El arte, por ejemplo, o los viajes.. Lo bueno es que aún con eso puede alcanzarse … una especie de falsa instalación definitiva en la existencia, que satisface y contenta a muchas gentes..»  Aut. cit. 



En el Blog, recursos relacionados con este ‘Algo en Marcha’
  • Cuentos de Crescello
  • Partidas de Lucero Arueta
  • Un Espumante Embeleso
  • Esto Rapidito
  • Enlaces Externos
  • A Crescello, “se le aclaran los pensamientos, .. cuando está en el aguijonazo del alba o al hacer determinados movimientos”. Véase “Conocimiento Enactivo”, en es.wikipedia.org.
  • Comparación entre células animales y vegetales, Recurso Educativo del Estado Andaluz
  • No he querido “saber más”; la felicidad cuenta con una empresa multinacional de bebidas y tiene su Instituto.    Son bien comprendidas en el corto plazo, las consecuencias de la ingesta de bebidas industriales azucaradas: primeramente un estallido energético, que se sigue por una caída de azúcar en el cuerpo, disminución en la cual el cuerpo produce adrenalina sobrecompensatoriamente, y por el aumento de esta hormona, se incrementan la irritabilidad y las conductas explosivas. Investigaciones en cambio dietario, indican fehacientemente, que hay impactos en el largo plazo, por tales variaciones del azúcar en sangre. Pero los comportamientos contraventor y criminal disminuyen, simplemente, con el reemplazo de las comidas y bebidas industrializadas por una alimentación saludable, o por el suministro de suplementos dietéticos. Para adentrarse en estos temas, síganse las aperturas en ello, realizadas por Stephen Schoenthaler, y también, más recientemente, por Bernard Gesch (casi todas estas comunicaciones están hechas en Inglés).
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    Sergio Edgardo Malfé

    Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, marzo de 2011.   

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    6 comentarios so far
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    Cuantas veces hacemos actuar a nuestro Crescello interno? momentos que nuestro Crescello duerme . momentos que despierta y actúa, momentos de “Bonachón” y “dicharachero”… momento de encrucijadas de tenerlo aparentemente callado…porque a veces el habla quedito para no alborotar a todos…Besos Ser y gracias por mostrarnos a Crescello…Mar

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    Comentario por Mari,Mari ,Maru

    Sobre alimentación saludable es bien sabida una frase que dice: “Dime que comes y te diré de que padeces” cierto que cualquier cosa que se lleve a nuestro organismo debe estar garantizada en que sea algo que le corresponda por ley Natural, es decir:Deberemos Ingerir lo que por Naturaleza nos corresponda respetando nuestra Anatomía y Fisiología…Saludos …Mar

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    Comentario por Mari,Mari ,Maru

    Totalmente de acuerdo, Maru, y sino veamos cómo están los tecnólogos diseñando ahora a los implantes dentarios, con abundancia de molares y premolares, dicen que son garantía de desarrollos legales, en la partición y triturado de las fibras vegetales, para las últimas modas que la civilización tiene: la de las tripas largas,..
    ..y la del uso de la cabeza,
    ..con lugar
    ..para todos en la mesa.

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    Comentario por Sergio Edgardo Malfé

    En cuantos de nosotros esta el Crescello despierto el que vale con poco…En cuanto el dormido que sólo vale con mucho…Quienes podemos reconocerle sin miedos?…Quitando la mascara de “Felicidad” y mostrando nuestro rostro Real…Olvidando las Conspiraciones para que surja el Verdadero Rostro…Mi Crescello me dice que deje atrás la Fantasmagoría porque algo Nuevo esta en Marcha…Mar

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    Comentario por Mari,Mari ,Maru

    Marí Marí Hmm, ..en marcha está la imaginación coparticipativa, marewepull. Y pudiera ser que la fantasmagoría desastrosa tambi´én marche, es una pulseada; ..y está bueno “olvidar”, me parece, para dejar atrás las “preponderancias dormitivas enmascaradas(!)”. Mas también, en quienes con poco queremos marchar, es lindo reconocernos sin retóricas ni enlistamientos, y no tenerle miedo al miedo: que una cosa es el león cuando ataca, y dos cosas resultan por agregarle al león, la representación que el bicho quiere que nos hagamos de él, como Empédocles refiriese, el que toca un kilo el bombo: “¡Bravo Androcles!”, ya que este veterinario empírico le paró las patas al felinazo: Androcles desespinando la mala pata mascarienta que le duele al ilusionante iluso gatazo, le quitó la pega. Y la leona más contenta que nadie, ..formando sus camadas como androclíticas está, en pacifeños colorines colorados.

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    Comentario por Sergio Edgardo Malfé




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