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horizonte-despido …”ombú, :interior, :negocio, :dictados, :enterar, :conocidos”…:

   15 de junio: Día Mundial de Toma de Conciencia del    Abuso  y  Maltrato  en  la  Vejez   

horizonte del despido


«.. esos llamados: “exprésate, exprésate, toma la palabra”. Mientras que no nos damos cuenta, una vez más, que las fuerzas más diabólicas, son las fuerzas que incitan, que nos incitan a expresarnos. Esas son fuerzas peligrosas .. Es necesario resistir a esas fuerzas que nos fuerzan a hablar cuando no tenemos nada que decir. Eso es fundamental.» Gilles Deleuze

  ..Se alzó espumosa en el mediodía, bajo un nublado que todavía parece perpetuo. Por largas horas de la mañana, había estado Iniami allí tendida, de bruces y babeando junto al ombú. Es una paisanita tan ufana de su diestra musculación… Pero, mirándola bien, más que musculosa parece estar repleta, llena, rellena de habilidades plenas, sustanciosas. Se alzó ronca y espumosa; Iniami canturreaba: “baba de ombú, ombubaba, ¡ombúbabá!”.. Como dentro de su nube, se encaminó con interesantes bailoteos hacia el Almacén. Es muy probable que haya pasado la noche ahí fuera, junto al ombú; los conocidos eso comentaban, al anoticiarse respetuosos de su presencia allí tendida.

   En sus rememoraciones y relatos mañaneros, allí estaban los conocidos. Y a través de las ventanas del Almacén, la habían estado viendo a Iniami sin inquietarse. La masa edilicia de la Catedral detiene el viento nocturno del Oeste, y en el hueco se está tibio, más aún junto al ombú. Y de allí venía ahora la ermitaña Iniami, canturreando “don don dancing, ombúbabá, pata y pata, ombúbabá”. Ella pasó al interior del Almacén, susurrándose: ..”la pata impulsa”. Se detuvo frente al mostrador; en redondo miró la oscuridad del local. Distinguió a quienes allí estaban, los potentes conocidos, también ellos llenos, que sonrientes le abrían amplias sus miradas más comprensivas. Fue entonces cuando Iniami se puso dicharachera. Hizo un giro, pata y pata, y muy estimulada contribuyó a la conversación mañanera, ombúbabá, diciendo para todos lo siguiente:

    «..Somos carne y hueso, luz de sangre donde las palabras echan sombra: las palabras de tantos dictados que hay, y de arreglados oscurecimientos para nuestra luz, que es ronco fondo constante, luz que zumbamos en murmullo… Seguiremos comportándonos en correlato contínuo de agrios tonos bajos.» [Momento en el que entró al negocio una señora con un bebé en brazos; se fue enseguida, preguntaba si había ravioles; Pablo, el almacenero le respondió: “los domingos, hoy no tenemos”. (La cliente no obstó la atención de la audiencia, ni la locución de Iniami, quien continuaba):..] «..Y nunca jamás, lo tienen ustedes prohibido, ni por la bellísima muerte que les da aliento, nunca jamás levanten ustedes su magnífico veto. Los libros de sus pactos metálicos les respaldan la desatención. ¿Van levantando temperatura? Sígannos negando, porque no hay mucho más que decir, es así: No hay lugar para nosotros, no reímos con sus bromas, su deuda no les incumbe, no nos consideren jamás, suban y suban más allá del horizonte del olvido. Sean felices como ustedes saben: absteniéndose de sus hombrías, renieguen su humanidad, obedezcan a los dictados y olvídennos… ¡Puesto que somos carne y hueso, luz de sangre donde las palabras echan sombra: las palabras de tantos dictados que hay, y de arreglados oscurecimientos para nuestra luz, que es ronco fondo constante, luz que zumbamos en murmullo!… Seguiremos comportándonos en correlato contínuo de agrios tonos bajos. Y nunca jamás, lo tienen ustedes prohibido, ni por la bellísima muerte que les da aliento, nunca jamás levanten ustedes su magnífico veto. Los libros de sus pactos metálicos les respaldan la desatención. ¿Van levantando temperatura? Sígannos negando, porque no hay mucho más que decir, es así: No hay lugar para nosotros, no reímos con sus bromas, su deuda no les incumbe, no nos consideren jamás, suban y suban más allá del horizonte del olvido. Sean felices como ustedes saben: absteniéndose de sus hombrías, renieguen su humanidad, obedezcan a los dictados, ¡y olvídennos!… Puesto que somos carne y hueso, luz de sangre donde las palabras echan sombra: las palabras de tantos dictados que hay, y de arreglados oscurecimientos para nuestra luz, que es ronco fondo constante, luz que zumbamos en murmullo…» [“Y esto se lo acuerda todo de memoria, tiene cerebro la parda”, soplaba para su ad-later uno de los conocidos. (Iniami reparó en ello, lo consideró un chicaneo, y elevó un poco el tono)…] «Seguiremos comportándonos en correlato contínuo de agrios tonos bajos. Y nunca jamás, lo tienen ustedes prohibido, ..ni por la bellísima muerte que les da aliento, nunca jamás levanten ustedes su magnífico veto. Los libros de sus pactos metálicos les respaldan la desatención. ¿Van levantando temperatura?…»

puede cambiar alguien al ser percibido, puede ampliar su potencia para percibir

«..se quedaron mirando .. ya se van a enterar..»

   Uno de los conocidos dentro, dió un aplauso como un chasquido, y entrancó su felicitación: “Es notable la señora, con su parloteo nutridísimo, pero yo preferiría algo más homérico, no sé qué opinarán aquí los amigos”… Los otros en el almacén giraron sus cabezas y se quedaron mirando los cuatro al comentador, todos con mirada insomne. Pablito, el hombre del mostrador, se proyectó adelante desde su rincón de descanso; “Muy bueno Iny, ¿necesitabas algo?”. Ella movía los labios, como continuando en su despido. Detuvo esa fluencia en el instante, así como aquietó sus amagos señalizadores de bailoteo: movimientos de liviano énfásis con que había estado dándole a su tema.

   Entrecerró sus ojos, y con agudeza Iniami los fijó sobre el ofertante almacenerito. “Son ustedes quienes necesitan; si no se han dado cuenta, ya se van a enterar; y yo qué sé, ..pueden contar conmigo, todavía”. La atmósfera en el Almacén estaba más bien corrida para el lado del rojo. Otro de los conocidos señaló hacia el techo, y solicitó el encendido del ventilador. Pablito le dió vía al pedido; y cuando manejaba el interruptor, fue que escuchó a Iniami. Se había puesto ella absorta mirando hacia el tablón apartado donde están las computadoras. Dijo entonces, sin ninguna diligencia: “Ya que estás, Pablito, ¿por qué no me abrís una de las máquinas?, dale”. Se destrancó Iniami, pantalla total; y hacia aquí marchó, con unos pocos pasos.

 Enlaces Relacionados con horizonte del despido:
   Externos:
~Conducciones de Gilles Deleuze; Sitio a él dedicado [IR]
~Para ayudar a personas en situación de calle, en cada caso hay encaminamientos, este corresponde al Municipio de Morón (Bs. Aires): [IR]
   En ésta BloG:
~Es danzarina Iniami, quizá sea una de las muchachas del espectáculo que presencia Ismael, en «escrito_reunion_puede_consultarse»
~Entre la distribución del producto para consumos almaceneros, y posibilidades negadas de descanso en los huecos, están los pasajeros de «megalfajor-ensayo-narrativo»

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Sergio Edgardo Malfé

Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, junio de 2012.   

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Comentario por Delia Godoy




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