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narracion-ultima-escena
2015/02/19, 11:56 pm
Filed under: agua-en-vasos, Cuentos Breves, Narrativa | Etiquetas: ,

 Última escena


«..se imaginaba que la vida se detenía a cada instante, como para celebrarse a sí misma y otorgar a cada acto un valor final.» Carlos Fuentes, Las buenas conciencias.

   Hay que andar con cuidado, porque no es cuestión de tener miedo; ¡dios mio; ¿habrá visto alguien algo?!: ¿A quién, a ese otro saltando, en parlamentos carentes, ruegos maldicientes, con historias de y para la calle?; Él preguntaba: “¿cómo, con qué, cómo?”. ¡Qué tipo aquel! Me zampó una que yo no podía creer, entreverada en la insólita ristra de frases que iba ensartando, frases que decía como por otro canal, mientras conversábamos en un Café.
   Añares que no sabía nada de él: Lo invité a que nos sentáramos, en esa última vez que me lo encontré. Junto a la compasión que me daba por verlo bastante desastrado, estaba el gusto de recordar las tertulias que habíamos compartido, música y lecturas. Con la intención de cotejar nuestras rememoraciones le pregunté:
   “Che: ¿y aquella piba con la que salías?”
.. “Oh, ¿esa chica M. , la de cabello castaño?”
   “No, a esa no te la conocí; vos sí que tuviste siempre una cosechadora rápida”; y quise precisarle: “¿Quién lo iba a pensar, dejaron de verse?; te pregunto por la del apellido escocés; se los veía de muy buen entendimiento, iban a mudarse juntos”.
.. “Son buenas sillas éstas, me tenés sentado; ¡Ah!, ya me acuerdo quien decís: no era fácil, no era ratoneante; una vendedora de cielos, mucha cólera muy rápida, la pequeñita pintona; voló por encima, se cansó, sólo para ella quería que yo fuese; Transformada a lo largo mediante las palabras, transformada en una chapa, quedó patrocinada como un rectángulo accesible, ahora es médico”.
   Me estaba diciendo cosas raras, se lo veía muy sacado, intenté no manifestarle extrañeza: “Bueh, así son las cosas, vos la corneabas; ¿Y seguiste con la cafetería que tenías ahí por calle Córdoba?, no me acuerdo bien, hace 5 años de esto”.
.. “Mucho mucho frío por ahí, me crucé con reticulaciones; se paternalizó al extraordinariamente pobre compañero, es verdad, tanto como para él cambiar la muerte; me crucé gráfico con la luna en pantaletas”.
   En una de esas, me zampó que había hecho la experiencia de comerse.. -¿cómo decirlo?-, ..sus propios desechos sólidos. ¿Quién iba a creérselo? .. “En una pequeña y fría sala donde nunca más lo haré”. No se lo consideré, pensé que me quería tomar el pelo. Además de seguir diciendo otras frases singulares: .. “Oh, esa chica M. conformó a la felicitación también”, ..se puso a conversar de mesa a mesa con un tipo macizo, del cual me dijo que era “su médico en el frenopático”. Me las tomé enseguida. Pero después, a los meses, recordé lo cambiados que estaban sus ojos en el Café, lo recordé cuando volví a verlo. Le protuberaban friamente del rostro, muy cambiados de como los había tenido de muchacho, parecían sensores artificiales, con los que percibía convenientemente la luz y las cosas alrededor, ojos sólidos a los que nada podía afectar, como ojos de cristal.

souvenir photo

ℑ arbol de la vida

   Muchos lo volvimos a ver; y recordé yo entonces aquellos ojos, como un injerto en sobrerelieve, aquella forma de las miradas suyas, en la última charla que tuvimos. También recordé lo que me había contado, lo de comerse sus sorullos. ¡Había sido tan gran tipo!, un compañero de los buenos tiempos. Muchos lo vimos en su última escena: Se había tirado por la ventana de su departamento en un sexto piso, pero ahorcándose.
   El noticiero de la tele mostró claramente su cuerpo colgando de la soga que se había anudado al cuello, estaba suspendido ante las otras ventanas del edificio, loco perdido, ventanales de una muerte de mierda. Oh, los vecinos se habían detenido como rositas enloquecidas con leche, sí, sí, sí, ..¡qué demonios!, un poco más de cuidado.

«No se trata en modo alguno de que uno esté a la escucha de su propia vida, sino que para mí pensar es, en cualquier caso, me parece, estar a la escucha de La Vida Gilles Deleuze


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    Sergio Edgardo Malfé

    Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, febrero de 2015.

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