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reconocer melodia/..”insertar; recuperación; enseguida; paseantes; fogón..”
2016/04/09, 9:52 pm
Filed under: agua-en-vasos, Escenas, Narrativa | Etiquetas: , ,

  Reconocimiento de una melodía


“..para curar a todas las víctimas del absurdo que yacen agonizando de alegría artificial”. Thomas Merton (Fray Luis)

   En la necesidad de completar su carrera, obtención de algún dinero, sentirse gente, el muchacho cabezón trabaja en asuntos de vestimenta, flecos vanguardistas para la camisa de su patrona, porteñita pletórica, bordados o cosa semejante, corbata blanca con sobrerelieves de metal plateado, tachones que podrían ser símbolos lógico-matemáticos.
   Nadie lo va a poder creer: Dupreni necesita una solución de autenticidad, su carrera no se debe detener, cursa Resolución Total para las desgracias, Situaciones de Desastre Bajo Estudio, encima de alguna mesa poner su llavero; sus vivencias siguen en subibajas, necesita tenerse más estima, que sus vínculos dejen de ser anónimos y solitarios; toda la gente tiene lazos firmes entre sí; piensa él que le haría bien el juego de echar relinchos junto a sus amigotes, los muchachos de la esquina.

pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

“..reconocimiento de una melodía .. con todas sus sonoridades..”

   Busca un símil de corazón ese muchacho, él lo necesitaría para insertar su persona en una retícula, en un sistema de juegos teatrales que confiera orden y sentido al mundo de ocupaciones que él desea, mundo con mucha gente. Todos agitan sus manos un segundo y los banderines de sedería flamean al viento; emprenden viaje hacia el pinar costero. Carruajes quizá, con señores tal vez de galera, y damas de amplios vestidos. “¡Dupreni!”, le grita al cabezón su patroncita: “¡tienes que ir al final de la hilera”.
   Atraviesan portales y pasadizos, van encolumnados entre viviendas perecidas en su lobreguez, casas sórdidas y ruinosas. Dietas agigantadas hasta la masacre. Sobre los muertos dar saltos de un lado al otro con las muletillas. Ausencias y retornos del sentimiento de su integridad en Dupreni. Un corto viaje a través de los potreros; llega la hilera al pinar, algunos pasan dentro del pabellón principal, y toda la gente opta con firmeza por un fogón artístico ulterior. Luego está en búsqueda de leña la reunión, enérgicamente unida. Unidades para la recuperación de gente quemada.
   Le dice Emilgia, la chica patrona, que el hermano de ella está necesitado de una conversación constructiva. Esto luego resultaría en una falsedad desgastante: una charla extensa e incoherente que Dupreni con el hermanito tiene que sufrir. Impersonal el diálogo, vinculaciones sin definición, en tanto que el afán de Dupreni es por el logro de una ubicación que signifique hombría; pretensiones de jerarquía viril, las propias de un muchacho lúcido. El cabezón debe refrenar una erupción de furia feroz que el hermanito le produce: lo que hace el pariente es plantearle una inquietud, para enseguida ponerse a distancia con actitud altanera y claramente confusional.
   Al cabezón se le ha hecho una mancha más de horror, “mi pena es penosa pero me la figuro más conveniente que la dolorosa nada”, se está sintiendo anónimo, quedándose en su vacío. Y en el viejo edificio, por sus pasillos de pisos arriba, juegan los niños de la partida, juegan como si estuviesen en las galerías de espaciosos solares. Recurso antiguo que fue religioso, miniturismo abierto para el esparcimiento pintoresco de los paseantes. No se podría precisar como empezó: Se encienden las luces, comienza la atención de otra gente, Dupreni dice que mirará, “a ver si me olvidé de algo”. Que las cosas reflejen lo que él es, y no precisamente una cacerola negra con cosas dentro.

pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

“..melodía .. con todas sus sonoridades..”

   Se sabe adonde no queremos llegar. Es con alivio que recibe Dupreni una sorpresiva y velada propuesta por parte de su patroncita Emilgia. En el parque, sobre los adoquines del patio, la reunión se ha instalado en silloncitos alrededor del fogón ya encendido; sus ilustrísimas señorías aguardan el comienzo de la velada artística; pero no es noche todavía. La chica está diciéndole que en la vecina casa de su familia está el verdadero armonio con todas su partes perfectas y todas sus sonoridades. Había señalado Emilgia un armonio en el patio crepuscular, diciendo que fue mobiliario antes de los religiosos, “ahora está reventado, pero tenía fallas ese armonio, por eso mi familia lo donó a la orden religiosa, el original está completo bajo el alero de la casa”.
   La joven patrona, con tanta época amalgamada en la sugerencia, se puso a andar hacia el otro borde del pinar. Los dichos de ella han sido para que Dupreni la siga hacia la casita del fondo, vecina casa familiar donde está la cama aquella, la sugerencia es suficiente para que él curiosée la vista del maldito armonio original y completo. Están los dos observando el intrumento en el marco armoniocal, bajo el alero, en un entorno adoquinado que es conveniente para la aparición del padre de familia, viene con su carretilla. Y de inmediato reaparece el hermanito, presuroso se mete en la casita. Su madre inquieta le sigue al fallutito los pasos, “está descompuesto”. Figura del tiempo de los flecos: la señora tiene sus años, y se acompaña con sus chales, pinta al hermano de Emilgia como en una crisis nerviosa, con palabras hacia Dupreni en los que le reconoce su intento de ayuda: “usted es una persona estudiosa, pero no se preocupe”. Y se digresiona la señora en una breve locución sobre la intensidad de la Sudestada; meteorológica que es seguida por un silencio sin bochornos.
   En la pausa está pensando el cabezón: “Sentir la presencia de quien soy, en aclaramiento de las circunstancias, solucionar ambas cosas al mismo tiempo: yo y el entorno; mientras me sienta relacionado, no perder la visión de lo que soy”. Las rachas mueven el pastizal de los medanales. Retoma la madre de Emilgia su aconsejamiento: “Usted no espere, solamente estése tranquilo”. Y se desembucha con un acontecimiento: Había sido robada la motocicleta de Bufiné, el delegado municipal. En su barraquita por la tarde y como habitualmente, el funcionario seguía la transmisión de un partido de fútbol, queda media hora por jugar en este encuentro, en la oportunidad le robaron la moto, lo estuvieron interrogando los polis porque habían notado algo raro con Bufiné que querían aclarar: ¿Por qué había sido abierta también una segunda cerradura de la moto que funcionaba con el reconocimiento de una melodía? Los chorros habían conseguido abrir la primera cerradura, ¿cómo hubieran hecho para obtener la apertura de ese segundo dispositivo? ¿Por qué Bufiné había puesto esa segunda barrera?

pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

“..sonoridades..”

   Dos personajes acercándose caminan sobre el adoquinado arenoso con sus borceguíes. “Falta luz en las calles”, les dice la dueña de casa. Los policías con mirada tranquila respaldan a Dupreni, en un diálogo cuidadoso. El joven estaba enfrentando los cuestionamientos con una total imperturbabilidad; él no había tenido comportamientos antisociales. Si hubiera problemas, se deberían a las estaciones de trenes cerradas, cerca del pinar hay una, dejó hace años de funcionar, ya no recibe formaciones, un cartel de cemento le sobresale entre las arenas, sus letras dicen “García Márquez”. Agudeza dominical en quien testifica, uno de los oficiales, pone en claro que ninguno de los personajes problematizados es mala influencia, ni Bufiné ni Dupreni tienen causa relacionada con el robo. Repugnantes cervatillos de plástico en el parque, sería como para contener y encerrar a los criminales. Y al mismo tiempo está el cabezón pensando: “Un puente hacia otra orilla del mundo, ¿estoy en camino?, una orilla distinta cada día”.
   En la calle trasera del antiguo solar religioso, por donde supone Dupreni que habría otra entrada, y le gustaría encontrarla, allí hay un auto viejo estacionado con alguien, que si él lo viere, sabría que es familiar suyo: un señor relleno y maduro, en la consulta de un mapa antiguo que está estampado en el corderoy de un bolso de mano. Un sobre de papel marrón aparece; peluca con hilos de aluminio. ¡Y el ladrón con la moto robada atraviesa un puente lejano! Hay otros detalles para conocer; la vida real está almacenada en múltiples cajoncitos dispuestos en altos anaqueles dentro del caserón. Recepción clandestina de una revista de barricada. Por lo demás, los oficiales ya se han retirado, y la bruma crece. “Tenemos que conversar, ven conmigo a dar una vuelta, te presentaré con papá”. Un devenir suyo, el que su patroncita le tiene en mente, será otra sorpresa para el joven Dupreni. A pocos pasos encuentran al señor de la carretilla. Después de las presentaciones, y con el respaldo de su papá, Emilgia le comunica al cabezón: “La gente de la partida se asusta contigo, eres demasiado para nuestro fogón artístico, va a ser mejor que te vayas”.
   “Le estamos haciendo un favor, joven”, le dice el hombre mayor: “¿por qué no monta en la carretilla?”. Sin obstáculo alguno, Dupreni acepta con sobriedad el envite, está pensando: “De prevalecer un orden del corazón, me estaría colocando así en la alegría de convivir sin pasos tristes, ha de ser ese el caso de los que se manejan bien con su estima, los íntegros”. De cuclillas en el somero vehículo, Dupreni está mirando la luna llena a través de las ramas del pinar. El joven escucha otros controles que Emilgia abriga para él: “Sos un hombre hecho y derecho, ya te queda chico el trabajo con la vestimenta”. Lo está despidiendo de su trabajo, dice ella que así le aumenta su libertad, favoreciendo su crecimiento personal y laboral, tendrá él una esperanza dinámica que finalmente lo colocará en mejor ubicación. Y es la llegada al camino, el final del curioso trayecto: “Tendré que desconfiar de las sensaciones mías para los tiempos que corran; ya no habrá nadie como ella para mí”. Dupreni está lagrimeando cuando ella se le ubica cercanamente, lo besa en los pómulos sobre las lágrimas. “No me lloriquées, varón”. / “No sé que te has creído; los plenilunios son los que me ponen así de sentimental”.


pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

“..es entonces cuando oye..”

   Al otro lado de la calzada se ven las luces de una galería comercial que rodea una plaza seca, allí está brillando “Del Tiempo”, insistencia del letrero de uno de los locales. Dupreni no vuelve la cara cuando padre, hija y carretilla, comienzan de regreso a internarse en el borde cercano del pinar. “Tendré que desconfiar de las sensaciones mías para los tiempos que corran”. Y avanzar por veredas con perros, por senderos de cabras, hallazgo de un viejo pantalón. Siente una reserva de potencia que tiene disponible en una casillita de su personalidad; es entonces cuando oye que el papá de Emilgia le vocifera: “¡Usted es fuerte!”.


..”Creemos que nuestro futuro estará hecho por el amor y la esperanza, no por la violencia y el cálculo.” Fray Luis (Thomas Merton)


 Sergio Edgardo Malfé
 Argentina, Abya Yala; Abril de 2016


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