Hipersalenas


nos suele suceder
2018/07/26, 2:03 pm
Filed under: agua-en-vasos, Escenas, Narrativa | Etiquetas: , ,

  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Julio de 2018

  Nos suele suceder

“Acepto y voy al encuentro del acontecimiento .. Pero también lo que las circunstancias nos traen es lo anteriormente decidido por uno en actitudes mágicas”, José Luis D’Amato.

  Tratándose del enano de la Admisión, no sería nada raro que me avise que tengo una llamada, y me grite: “Malfé e E, teléfono O o”. Y tengo que ir a buscarlo, ¿por qué no me lo traerá? Me aparto del Equipo de la Guardia Nocturna; voy, tomo el inalámbrico y entre interferencias escucho una voz de mujer que me dice algo sobre cierto relato: “No se puede hacer ese desplante suyo como usted lo tenía pensado; ¿porque usted lo escribió, verdad?”. La voz se pierde en el barullo que hace el teléfono. La señora parece decirme algo sobre una empresa editorial, y agrega un término que me suena a Kichwa; dice “huainoro” o algo así. Pienso que el momento es congruente con las dificultades corrientes, y como que las realidades son difícilmente comprensibles pero igual les interactuamos, así es pues que diré en el teléfono: “Claro está, señora: Huainoro es algo que yo tengo escrito; le agradezco el llamado, pero con los ruidos no le entiendo bien; ¿qué está pasando?”. Será entonces que el enano me mire con una sonrisa bonachona y me diga: “Por cierto que está usted establecido, muy bien”. Maldito enano metiche, ¡tanta bondad de su parte!; tendré que alejarme de él y volverme con el inalámbrico hacia el salón donde estaba. Y al ver que dejo el ámbito de admisión, el enano se apresura en darme una voz precautoria: “No vaya a hacernos una aurora tensa, jefe, no se serruche el banquito”. Enano maldito, los comentarios que me hace, ya me encargaré de picarle el boleto.
 
  La señora del llamado me avisa que le pasa la comunicación a otra persona, es un hombre de voz grave y metálica que me empieza a hablar de ciertos trámites previos: formularios con opciones, posteriores cartas de intención para que yo las firme. ¿Pero qué pretenden, de dónde llamarán? “Oigame, amigo, la comunicación está técnicamente imposible; lo poco que tengo claro es un interés por parte de ustedes acerca de unas letras mías de ficción, ¿es así?”. La voz metálica hace una pausa en su afán tramitero, y se desprende con “Ah, bueno, entendió algo, tal cual como integralmente dice usted, así son nuestros planes, pero escuche: son necesarias algunas formalidades..”.
 
  Y ya me he retornado con el teléfono al salón con las plantas donde hacemos las guardias; aquí están los compañeros de mi equipo, sentaditos y viéndome reaparecer. La comunicación con la gente de la llamada se me ha puesto doblemente farragosa, pues además de los ruidos que la dificultan, el señor quiere seguir hablándome: de circunscripciones, de asuntos oficinescos a los cuales me convoca. Le digo: “Se me hace que va a ser mejor que después yo los llame desde un aparato que funcione bien. Dígame por favor sus datos para que les retorne la llamada”. ¡Para qué!; el tipo con voz de trombón hace otra pausa y me plancha: “Vaya, vaya con el pichón; además de escribir ficciones beodas y beatas, el inútil sólo quiere andar por las suyas”. Y corta. Pero menos mal que estoy en el salón de la Guardia, con las plantas y los compañeros. Les cuento los aconteceres de la llamada, de los trámites que se me planteaban, les menciono el inusual término “huainoro”.
 
  Evaluamos en equipo las significaciones del episodio que atravesé; también tocamos de soslayo los descomedimientos del enano, de él me dicen: “hay que tomar sus cosas como de quien vienen”. Se podría pensar ─me lo dicen sobre el vocablo en un supuesto Kichwa─, que puede tratarse de una pregunta en Inglés: “Why, Noro?”.
 
  En cuanto a mi desasosiego por una aparente masividad en los hechos, que podrían pintarse como acciones superpuestas o simultáneas, en un formulamiento sin lógica alguna.. \!/Arribamos a un consenso diferenciador, en tanto todos y cada uno de los procesos se perciben en instantes que no son múltiples, sino en el momento único y propio de cada tiempo personal. Los compañeros entonces coincidimos: Las que se superponen son las distintas imágenes y sensaciones, las que se hacen las personas, pero a partir de la unicidad beata y beoda del fenómeno holístico/!\. Y dentro de todo, es la capacidad contentiva de las plantas en el salón, lo que más nos consolida.


¡Hurrah por las plantas saloneras!

 

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