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los de cocina
2018/09/29, 11:14 am
Filed under: agua-en-vasos, Cuentos Breves, Narrativa | Etiquetas: , ,

   Los de Cocina


(T. de lectura: 7 minutos)  

“Hasta resulta cómico lo buenos que somos todos”. Fiódor Dostoievski 

   Ahí mismo estábamos, en nuestras diarias tareas del Turno, las que inmediatamente concluímos por un llamado a Sesión, y nos hicimos presentes ante la junta de Relegados que se había reunido. Supimos que querían cumplir distinguidamente, de punta en blanco, con los auspiciantes y proveedores para cierta Propalación de Rítmica, esos eran los planes.

Grabado de Pompeyo Audivert

“.. más feliz había sido el de estar cocinando..” ℑmagen: Grabado de Pompeyo Audivert

   Ya veníamos enterándonos del talante que tendría lo que se estaba gestando. No lo supimos de terceros: Veíamos al momento de la Sesión un círculo con gente lambida que se prodigaba en finas y húmedas agudezas.
   Cada uno de los distinguidos relegados que participaba del evento organizativo, tuvo destinada una silla exclusiva con letrero de su nombre; no así para nosotros. Por eso reclamamos nuestra contestación general; pues bien ahí que nos hallábamos, y claro que en los instantes de antes hacía poco, cuando lavábamos los cacharros ─más feliz había sido el de estar cocinando─, y todos juntos, déle cantar.
   Lo hacemos todos los días, y bien contentos, pero no es un trabajo fácil: Con trapitos, esponjita, y lana de acero, hay que darle terminación correcta al lavado de vajilla y asaderas. Pues la salsa verde debe presentarse dedicadamente en terrinas prolijísimas ante las bocas del subte, y recordando para ello que éstas son tan bocotas que prefieren las papas cortaditas grandes. Todo esto hay que tenerlo en cuenta.
   Pero para la sesión no lucíamos precisamente de punta en blanco. “Desidia en la presencia del personal”, nos dijeron. Por eso reclamamos nuestra contestación general, a pesar del concierto de bocinas nocturnas desde la calle con que se pretendía enmascarar la discusión, pero esto sin embargo no nos impidió reprobarles el selecto evento: “¡Quienes están llanamente cerca no cuentan para el plan de Rítmica de ustedes, como que no es para el común de la gente; ¿pero qué elite creen ser?!”
   Además, con micrófonos ocultos les habíamos oído, en los preparativos de la sesión con que pretendieran sorprendernos, que su intención para los de afuera del cónclave era pasarnos a la condición exacerbada de forasteros, extrarelegados plus. Y en esto ahí lo otro fue que ellos se habían desconcertado, pues se daban cuenta que pudimos enterarnos de su malhadado proyecto, plagado de objetivos y acciones con perfil alevoso.
   “Sabemos lo que pasa y no se lo vamos a aguantar: quieren imponer la propalación avasallante de esa Rítmica; ¡no es una digna conducta de Relegados, sino bajeza de exiliadores que prefieren todo lo que venga papita de arriba, eso sí!, y que no les opinemos”…
   Por la demanda y por lo otro, nos miraron con la pompa de un séquito y entonces nos vieron. Con palabras ceremoniosas intentaron declararnos el funcionamiento de los embudos. Hablaba Pupporilla, a cargo él de la coordinación del Turno. Se puso de punta en blanco, lívido, cuando lo anoticiamos claramente que ya lo sabíamos: que los entes de tamaño suficiente para hacerlo son los que pueden sobrepasar las estrecheces infundibuliformes.
   De pronto y con su voz de biguá, la compañera Rebahömab entró a entonar una de nuestras más jocosas canciones oceánicas: “Nadie entiende lo que a usted le pasa; Espero que por algo a usted le importe: Yo no quiero enviarle tomatazos; No se acerque a la ventana, no lo haga”. Uno de los nuestros, Abalzul, tomaba fotos de los distinguidos entretanto; una y otra vez les pedía que sonrieran.
   Al final fue como que se destrabasen; y emergieron de su desatino, como si se les hiciera un click al coordinador Pupporilla y los copartícipes de su círculo húmedo: Salieron a tomar aire. Todos los del Turno salimos, hay que decirlo. Para entonces se nos había tronchado el abordaje del tren de las 8. Así que sin apuros y de buen ánimo, linda noche, todos juntos nos dirigimos hacia la Estación para tomar el de las 10.
“La semilla es pequeña 
pero rompe cualquier piedra 
cualquier roca 
y la hace florecer”. 
José María Arguedas 

  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Septiembre de 2018

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