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connotaciones del gauchaje sombra

  Connotaciones del gauchaje sombra


«.. en la cueva de Figalia, en la Arcadia, “Démeter la Oscura” estaba representada con cuerpo de mujer y crines y cabeza de caballo.» James George Frazer, La Rama Dorada.

Transcribimos aquí un breve e interesante tramo escrito por Ricardo Güiraldes, donde el autor relata un episodio protagonizado por una histórica personalidad pública, que es muy representativa para la gente de a caballo, para los paisanos de la pampa bonaerense: Don Segundo Sombra.
Güiraldes cuenta esto en el marco de respuestas que escribe para una encuesta sobre el fracaso que sobre su quehacer literario le planteara una oficina de redacción:

La encuesta de ustedes, si no es útil (a lo mejor lo es), resulta por lo menos divertida … Poco importa que el burro toque la flauta por casualidad con tal que la toque bien.
¡Voy mal!
El fracaso que ustedes quisieran saber es el que me convierta en un señor simpáticamente ridículo. Antes voy a anotar un chiste de don Segundo
 
DON SEGUNDO: Yo conozco, en el pueblo de Capilla, a un hombre ciego muy curioso. Usté le lleva cualquier caballo, él se enderieza de sobre el banquito en que sabe estar sentao, lo palmea al mancarrón sobre el cogote, le hace refalar la mano por la paleta, le tantea el pelo por los costillares y enseguida ya dice: este animal es zaino, o este animal eh’overo clines blancas, o rabicano, o bayo. . .
UN OYENTE: ¡Caramba! ¿Pero se equivocará alguna vez?
DON SEGUNDO: (Con aire de refutar una duda que aminora a su héroe): ¡Cómo que se equivoca alguna vez! … ¡Se equivoca siempre! …

La Blog agregaría algunas consideraciones sobre el tramo: El chiste está dicho con giros gauchescos, y el comentario irónico de Don Segundo Sombra confronta el “sentido común” que se evidencia en la voz pueblera del Oyente, al expresar éste con imprudencia una interpretación mundana, convencional y abstracta, acerca de la anécdota contada por Don Segundo. Y el gaucho se cansa de la sociabilidad amanerada; remite en la connotación de su respuesta a la lealtad que lo enlaza con su gente, con la experiencia directa, concreta y afectiva, en un espacio propio. Transluce en el texto un nivel palpable de voz y cuerpo; el saber en una consolidación que es épica a pesar de estar sólo connotada; es la identidad gaucha: la de un hombre que se conduce anárquica y solitariamente, aunque con la idea de seguir una ley de integridad, y con el sentimiento de que muchas otras personas van con él: Entrelazadas las historias personales y sus geografías, signadas por el azar que pesa infaliblemente en sus luchas, “aceptando los hechos a manera de indicaciones que nos revelan a nosotros mismos”, estas personalidades gauchas parecen más correales que fácticas, serían “la presencia ilimitada de un alma, más una idea que un hombre”. Güiraldes así proyecta sobre el mundo el contorno veraz de un personaje idealizado, desde fines del siglo XIX y principios del XX. El horizonte sociocultural de cierta época se completa con un tipo humano que tiene carácter de guía comunitaria orientadora, aunque lo es también para el correcto servicio que los sectores dirigentes requieren, y será orientación de comportamientos también para otros momentos, en especial para los críticos. Las determinaciones sociales preponderan alguna forma psicoenergética para que con ella se delinée un tipo identitario de referencia.

Habíamos partido aquí de un juego del lenguaje: “¡Cómo que se equivoca alguna vez! ¡Se equivoca siempre!”, para adentramos en el gran calado del asunto Gaucho y Sombra, y lo hacemos con el riesgo de equivocarnos. Don Segundo podría ufanarse con satisfacción por nuestros errados propósitos conscientes; cuando no se vivencia precisamente la realidad, lo inconsciente se hace cargo de la totalidad del movimiento anímico. Pone una baza en esto el austero buen humor de nuestro personaje legendario: Los sucedidos son inevitables y hay que aceptarlos sin queja, así lo dijera Don Segundo. Con voluntad y destreza, accionar y vencer, servir eficazmente en el trabajo: La fuerza vital de un personaje ideal y modelador cobra sentido arquetípico si el consenso general le otorga validez. Pero la valentía de los gauchos no ha de servir a sus propios procesos vitales, ¡eso es rebelión!, sino que ha de servir para engrandecer la economía del terrateniente. Ahora bien: la canalización de una imagen arquetípica al servicio de metas definidas por una contabilidad de enriquecimiento, tiene un límite. La restricción está dada por la naturaleza del proceso afectivo que da origen al arquetipo, es masivamente inconsciente y espontánea; en consecuencia, jamás puede estar por completo a disposición de los requerimientos conscientes y singulares de ningún individuo o agrupamiento de tales. Pues entonces.., ¡y que nuestro referente paisano no se nos aleje al galope!, ..por eso ahora mismo digámosle que no lo definiremos, que la identidad gaucha está configurada en un modo de ser correal sin propiedades, pues tiene todas las propiedades del espíritu y la corporeidad. Tiene consigo la vitalidad que hizo su imagen, y como la fuerza vital tiene cualidades, persistencia, y alcances que siempre sobrepasan las posibilidades conscientes, podemos decir que el gaucho y su imagen perdurarán por sobre la modernización de las tareas camperas: el gaucho siempre será como fue, sin otra finalidad que la de vivir y morir en su ley ✓

ico, ico; caballito que galopa junto al mar

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 Engranajes motrices del
 artículo, y sus
 caminos suplementarios
 
La Novela de Ricardo Güiraldes; Don Segundo Sombra en Cervantes Virtual
 
Notas y Apuntes, en Ricardo Güiraldes, Obras completas; Emecé, Buenos Aires, 1985.
 
Previtali e Ynsfrain, El verdadero Don Segundo, en Revista-Iberoamericana-Pitt-Edu
 
Carl Gustav Jung, Símbolos de Transformación; Paidos, Buenos Aires, 1962.
 
Josefina Ludmer, El género gauchesco; Perfil, Buenos Aires, 2000.


  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Mayo de 2019


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