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cabellera original /..”:decidimos, :visitas, :peluquería, :miradas, :decididamente, :buscando”..
2019/07/30, 2:11 am
Filed under: agua-en-vasos, Narrativa | Etiquetas: ,

   Cabellera Original


“Todo mensaje tiene estas dos caras: una remite a la interacción, la otra a las reglas de emisión
de los mensajes, a la concepción del mundo del emisor”

C.Sluzki y E.Verón, Comunicación y Neurosis


   [tiempo de lectura: 10 minutos]
 
   El episodio es de hace 10 ó 15 años, en una Farmacia donde hoy todavía concurro por mis medicamentos. Mi amiga Rocío atiende ahí; es hija de los Burgess, con quienes éramos conocidos desde tantísimos años. La simpatía entre Rocío y yo había comenzado en el Restaurante de los papás, el Korova; y continuábamos amigos, seguíamos siéndolo después que ella se unió en matrimonio con Raúl Velasco, el farmacéutico.
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“..enseguida decidimos juntos lo que te convenga..”

   En nuestra pequeña Ciudad todos un poco nos conocemos, igual hay algunas horas en las que prolifera tantísima gente, sobre quienes sólo unos pocos de los residentes tradicionales podrían decir de donde salen o atribuirles una identidad. Pero en el caso que nos ocupa, Rocío Velasco sí conocía a la compradora perfumada y esbelta que entró al local. Fue para el momento en que teníamos una conversación con mi amiga, en la que procurábamos definir la marca de lo que yo estaba requiriendo, un complejo vitamínico con el que yo suponía podría detener el avance de mi calvicie. Mi amiga me alcanzó un libro con un listado de especialidades medicinales: “Revisá el vademecum y fijate en lo que prefieras, corazón; enseguida decidimos juntos lo que te convenga”. Y Rocío se dirigió a la compradora que recién había entrado, me era una figura totalmente desconocida: “¿Cómo andás Rosicler, necesitabas algo?”
 
   La recien arribada dijo algo sobre sus uñas, quería un quitaesmaltes fortificador; o algo así entendí yo que me había enzarzado con el libro para captar entre cuál de las especialidades estaría mi salvación. La actitud y movimientos de Rocío Velasco me distrajeron del vademecum, fue cuando mi amiga volvió de las estanterías con un frasquito para la cliente. Observé que la sonrisa cómplice de Rocío estaba francamente dirigida hacia mí; me preguntó: “¿No vendría bien para tu calvicie que te done algo de su cabellera esta cliente?”. Yo jamás había visto algo así, fuera de alguna fotografía en la sección curiosidades del diario, pero nunca presencialmente, como en el episodio actual lo veía sobre esa persona de nombre Rosicler: Una pelambre parda muy bien atendida, ¡que le llegaba por atrás más abajo de la zona erógena poplítea, hasta cubrirle un tercio de sus pantorrillas!
 
   Comenté de buena y sonora manera mi falta de mundo y mi asombro por esos cabellos, diciéndoselo a Rocío Velasco, y que en un soslayo también me oyera la figura melenosa, a quien entonces veía detenidamente en su singular y destacada contextura. Había comenzado ésta a dedicarse sobre sus uñas con el frasquito que Rocío le alcanzó. Y hubo chanzas entre mi amiga y la fémina pilífera, sobre la conveniencia de quizá un sedante para curar mi asombro. Rocío mencionó sobre esos cabellos, que Rosicler los estuvo portando tanto tiempo atrás como el de su habitar en la Ciudad, y desde sus primeras visitas a la Farmacia. “Pero nos conocimos en la Peluquería”, le dijo Rosicler. Y esto dio pie a un diálogo con el que buscaban precisar la fecha, pero quedaron dudando sobre si hacía 3 ó 4 años. “Bueno, equis años”, tercié yo: “En todo caso, desde hace bastante tiempo”… Había algo que me inquietaba y por eso en realidad me había animado en el comedimiento que extendí: “Lo que nadie diría es que la señora va a la Peluquería para que le corten”. Y doblemente extrañado, mirándole bien los cabellos, le pregunté a Rosicler: “¿Alguna vez se los cortó?”
 
   La fría respuesta de esa persona, fue que se hacía cortes regularmente, todas las semanas. “No puede ser”, repliqué: “¡¿Cómo va a lucir tan plenamente su pelo si se lo corta..; Cómo cortándoselo podría tenerlo así, y además dice que todas las semanas?..; Vamos, que ustedes dos se han conspirado para hacerme el tonto!”. Le dediqué una de mis miradas sagaces a Rocío, quien sin embargo estaba considerándome con total seriedad; y por nuestro conocimiento mutuo se me hizo evidente que por parte de ella no había broma alguna. Tampoco parecía haber ánimo de broma en la Rosicler, pues de pronto hubo un cambio en su voz, hasta entonces casual, liviana y fluída, cuando pasó a declararme en tono grave y sentencioso:
 
   “Oiga, que SÍ me corto en la peluquería todas las semanas, pero no para acortar la cabellera. Me hago cortar a lo largo cada cabello, desde el arranque hasta la punta, longitudinalmente, uno por uno, ¿entiende el señor?”. Pensé que esos procedimientos de cirugía microscópica capilar se merecían un artículo, y tomando mi libreta de bolsillo para registrar apuntes de la conversación, le dije a Rosicler: “Mire, esto es algo muy interesante; yo hago periodismo de crónica sociocultural en la revista Cubrecalia; y podríamos charlar acerca de este novedoso método del corte de cabellos a lo largo, las impresiones suyas sobre el excelente resultado que evidencia usted en su cabellera; lo charlamos, tomamos algunas fotos y …” Pero entonces Rosicler me miró con un rostro pétreo e hizo un complejo movimiento en el que yuxtapuso una evaluación del estado de sus uñas luego de haberse aplicado a ellas con el frasquito, le pagó a Rocío la compra, y antepuso seguidamente su mano garrera frente a mis ojos, diciéndome:
 
   “Yo no charlo, y menos con desconocidos, yo peleo”. Arrancó con altivez hacia la puerta de la Farmacia, pero antes que Rosicler saliera del local le dije: “Disculpe señora, pero creo que realmente algo le pasa en la cabeza, ande con cuidado”. Sintiéndome más consternado que de costumbre, me volví hacia Rocío Velasco; llegué a pensar que le sería conveniente a mi joven amiga el tener un número para llamar a cierto Servicio de Emergencias Psiquiátricas. Se lo dije con mi libreta de bolsillo en mano, buscando en sus páginas los datos que por mi periodismo conocía, de un muy contemporáneo y amigable hospital psiquiátrico de emergencias. “Es nueva esta prestación asistencial; te conviene tener los datos por cualquier visita desequilibrante que se te presente, quizá para mí mismo..; Si cosas como las de hoy me siguen sucediendo, me puede dar aquí un colapso y convendría que tengas donde derivarme..; Pero de seguro que Rosicler no come como yo las sopas pacificadoras del Restaurante de tus viejos..; También te conviene tener la posibilidad de llamar al Servicio por personas así como la señora; es personaje muy violento esa chica Rosicler”.
 
   Y Rocío está decididamente seria al escudriñarme en tanto me dice: ..”Fijate que no te diste cuenta: Rosicler no es una señora ni una chica, chamboncito; es una transexual o transgénero, ¿entendés?”.. / “¡Un travesti, una trava; mirá vos, acá también tenemos de eso, invenciones que antes sólo había visto en espectáculos..; ¡Esto me deja mirando al sudeste!!” / ..”Bueno, pero igual dame el número de esas nuevas Emergencias”. Le alcancé a Rocío la libreta y ella registró los datos en su aparatejo portátil. Retornándome el anotador, la amigota me hizo recordar la búsqueda del suplemento vitamínico: “¿Y.., no íbamos a elegir algo para que no se te caiga tanto el pelo?”. Por su propuesta me inspeccioné; realmente se me había ido el ánimo a los pies. “La verdad es que por ahora no me dan las ganas para ocuparme en mi aspecto, ¿para hacerme agradable ante quienes?..; Más me valdría quedarme pelado o tomármelas” / “Amigo, de irte tendrías que elegir muy bien el rumbo porque hasta donde yo sé, en todas partes es lo mismo”. ¡Las cosas que dice Rocío!; saluditos nos dimos, y yo salía de su Farmacia con alerta, no fuera a haber cabelleras amenazadoras en la calle. Quedé un poco atronado por bastante tiempo desde la mañana del episodio, y sé que todavía se nota.


“~Los fluídos no se fijan al espacio ni se atan al tiempo; emergen incólumes de sus encuentros con los sólidos, en tanto que éstos ─si es que siguen siendo sólidos tras el encuentro─ sufren un cambio: se humedecen o empapan~” Zygmunt Bauman, Modernidad líquida



 Cualquier semejanza entre la ficción Cabellera Original, sus eventos y
personajes, con hechos y personas reales, es mera coincidencia.
  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Julio de 2019


2 comentarios so far
Deja un comentario

Che Malfe.
Que grato volver a leer tus comento que sacuden mis neuronas con tus publicaciones que no dejan de ser excentricas, para darnos tareas en imaginar. Mage. 🍎🍒🍎

Le gusta a 1 persona

Comentario por Mage

Hola Mage
Qué fantástico reencontrarnos, ¡ChunkaChunka!, me das un alegrón. Ahora imaginemos con alma, mente y cuerpo, o sea, con la neurona bien sacudida: ¿Te figurás cómo de más peor serían nuestras cosas si estuviesen centradas en el “sentido común”?; creo que hay menos mal en cuanto mis tareas estén “excéntricas”, ponés el término en tu comentario bienvenido y sacudidor ─che, ¡qué gusto me da!─. ¡MariMarí!

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Comentario por Sergio Malfé




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