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# 30 rulos crudos: ..”:cavilosas, :concretar, :tremendo, :asesino, :empedrado, :argumentos, :cretino, :afición, :ajusticiarlo, :duelo, :estaqueado, :resurrecto”…



En el alto valle que cuenta con estadio deportivo … entre los montes Thyestes y Atreo … hay juegos con el dolor … que son mentados en 30 rulos crudos … -Aquí reeditado el relato, …era visible inline desde el 21 de febrero de 2007, en otra localización. Vuelve a ser emitido, con muy pequeños cambios-.

         Esta es una página con una suerte de contenido apto para ciertos adultos. Ni los administradores del sitio, ni el autor, tomarán responsabilidades cívicas ni legales, por las inconveniencias y/o irregularidades, que podrían surgir de la inobservancia de esta advertencia.

 En el alto valle que cuenta con estadio deportivo entre los montes Thyestes y Atreo hay juegos con el dolor que son mentados en 30 rulos crudos.

“…Mis films se refieren sólo a una cosa: la extrema manifestación de la Fe, de una duda moral, la lucha por ella”. Andrei Tarkovski.

   ( -1- ) El sendero está entre una espesa vegetación. Conduce con curvas y contracurvas, con trepadas y descensos, con rodeos que da al pasar entre mogotes y rocas caídas, en un faldeo de la sierra. Tan sólo permite que por él transiten dos o tres personas a la par. Es bien adentro de la sierra y los bosques salvajes. Quien ande por ahí puede elevarse con pensamientos adentrados; pero las vueltas y revueltas lo ponen al caminante en contacto con el ambiente de ese sitio prodigioso. Entonces al andar, uno puede imaginar sus propios fántasmas, y se junta esto al mismo tiempo con el terreno alrededor. Visiones natural e imaginaria apareadas.

   ( -2- ) Al ver con mayor perspectiva el bosque de la sierra, notaremos hoy, que está sobrepoblado de gente. Todos ellos en camino abajo por el sendero. Abandonan rápido los distintos calveros donde habían estado reunidos. Desde el interior del bosque fluye como huyendo toda esta gente. Dejan también la pradera empedrada del claro principal. Una multitud variada y pintoresca, que se escabulle con mucha agitación, dando idea de estar entre eufórica y aterrada.

   ( -3- ) Han estado todos juntos. Pero el sentimiento aglutinado y colectivo en esa huida, es el de estar viviendo en el límite de lo que es posible vivir. Se van serios y agitados, pero al borde de la total alteración, y frágilmente apenas conectados entre sí; por el cariz de una tragedia en la que se encontraban.

   ( -4- ) El crímen sucedió dentro del bosque. Todos habían venido convocados por el gran maestro. Era un guía, un conductor, cualquier dirigencia para estas necesidades de conducción diferente. Para así suplir vidas comunes por algo original, extraño y diferente. Para poder así saberse especiales, originales y distintos. El crímen contra él, contra el conductor y guía que predicaba y entusiasmaba. Fueron ráfagas desde el interior del bosque, que con toda precisión le atinaron cuando ofrecía sus primeras palabras para el mitín.

..."bien adentro de la sierra y los bosques salvajes"...

..."bien adentro de la sierra y los bosques salvajes"...

   ( -5- ) Ahora que vemos como sale la gente, como desemboca en los caminos y estacionamientos del campo abierto; ahora nos damos cuenta de que caen fatalmente como una caída de agua, derramada en una gravedad, de origen quizá en las ligerezas de fluideces previas. Recaen en un enloquecimiento fugitivo y vertiginoso. En sus automóviles enseguida se desparraman en distintas direcciones, por distintos caminos rápidos, saludándose, concertando citas a los gritos y con gestos. Pero ya no están allí. Están lejos en la huída yendo lejos. Huída en la que se pudieron entreverar los otros que se nos presentan seguidamente:

   ( -6- )│| Somos dos, que andamos en dupla siempre, como si fuésemos monjes benedictinos. Andando así juntos, logramos más espacio interior y rapidez, para nuestras cavilosas meditaciones deliberativas. Y vamos de a dos, comprendiendo mejor todo, viéndolo todo más claro |│.

   ( -7- )│| Los dos salimos del bosque con el tropel de gente, mezclados con ellos, indiferenciados del montón, con nuestras armas ocultas en los correajes. Bajo la holgada ropa invernal, cada uno con su propia boca de fuego rápido, subametralladora disimulada |│.

   ( -8- )│| Habíamos llegado al estacionamiento junto al escape de la multitud. Por esta vez, cada uno irá en su respectivo auto. Nos alejamos de la sierra y el bosque, con la dupla momentáneamente deshecha, pero sin distanciarnos mucho entre nosotros dos. Nos vamos por otros caminos; no los de la fuga masiva. Otros caminos secundarios vecinales que ya habíamos estudiado. Son intrincados caminos de ripio, con curvas y fragosos desniveles, caminos entre propiedades agrícolas. Por esos campos a la media tarde, casi nadie más circula. Así tenemos la certidumbre de alejarnos de las originancias, del bosque con su fuente surtidora -esta certeza alojada plenamente- |│.

   ( -9- )│| Nos damos cuenta de que algo seguirá pasando en el bosque allá atrás. Y coincidentemente, entre bocinazos y gestos, vamos a detener la marcha. Nos hablamos con las cabezas puestas bajo el capot de uno de los autos, simulando un auxilio, junto a una tranquera. El Otro dice:

   -Las causas quedan atrás en el bosque. Las causas seguirán obrando. No dejarán porque nos alejemos de la fuente surtidora-.
   -Claro. Es porque al mismo tiempo que al irnos, puede originarse algo allá. Que así la fuente podría reflejar en espejo a nuestra mayor actividad, por alejarnos rápido-, contesta Uno.
   -Quizás esté surgiendo algo peor que el gran maestro. Simultáneamente podrían actuar más activamente las causas de todas las aflicciones allá en la fuente surtidora-, confirma el Otro.
   -Pensábamos lo mismo cada uno por su lado. Es posible que haya un cambio en la aceleración de imágenes, allí en el surtidor de orígenes, que refleje nuestra aceleración. Al irnos así, nos debe estar imitando-. Es Uno el que ahonda en el tema.
   -Por eso deberíamos volver pronto. Que menos mal agarramos por este camino lento; sino…-, combina el Otro.

   …Y nos enfocábamos en los datos para concretar la vuelta |│.

   ( -10- )│| Nos pusimos de acuerdo, para volver a intentar algo otra vez. Entendimos que la cosa ya era mucho más comprometida, Con total decisión y firmeza, retornamos por el camino, hasta llegar al linde con los estacionamientos, donde esta vez ya no hay autos ni gente |│.

   ( -11- )│| Una vez dentro del bosque, cuando llegaríamos a la pradera empedrada en el gran calvero, ahí gritarle. Interpelar gritando al gran bosque surtidor de cualesquier sentidos:

   -Todos se han ido; como que te quisieran olvidar-, clama el Otro, con las manos formando un resonador.
   -Y aunque todos te nieguen-, ( es Uno quien se arroja al suelo y clama sentado, en una conmoción): -nosotros te seguiremos queriendo y sirviendo-.
   -Porque vos nos transís de encanto. Nos hacés cambiar, nos hacés otras personas-. (El Otro como que aullaría en su reclamo): -No nos hacés mejores. No es por eso que volvimos. ¡Entendé!-…
   -…Nos hacés desconocer lo que fuimos; y nos volvés como enigmas para nosotros mismos. Es difícil; pero lo que vos propongas se hará-. Uno es quien asegura subordinaciones al designio de la fuente |│.

   ( -12- )│| Que nos oye. El bosque nos lanza dentro de otro de sus cambios. Como si nos mandaría a descender y culebrear y volver a subir, por las trochas invisibles de esas montañas; que ahora van cambiando de formas, y trepidando en sus raíces pétreas; a la vez que trepida todo andar por ellas. Las armas y nuestros correajes son lo único firme. El cambio designado es un Duelo.

Sin otras reglas que el misterio inclemente de una guerra insondable, indiscutible y enigmáticamente idiota: Uno y el Otro por cada lado, traeremos al claro sillines giratorios, que el bosque nos ha suministrado. Y habiendo pactado la distancia, nos sentaremos en ellos a girar, cada uno con su arma. Y vamos disparando. Disparándonos ráfagas mientras giramos con las bocas de fuego rápido |│.

   ( -13- )│| Los proyectiles trinan cerca de Uno y Otro, pero a nadie alcanzan. Y ya que no hay mayores consecuencias, ni un rasguño; nada más que le estamos dando cumplimiento al bosque, que nos debe estar mirando satisfecho pero risueño. Entonces será cosa de buscar otros medios más eficaces. Entrando en la espesura, encontraremos otra vez otra respuesta. Las subametralladoras calientes en los correajes. La respuesta en las sustancias del lugar |│.

   ( -14- ) A los palazos se enfrentarán. Y el Otro tiene un mayor tino de entrada. Con un giro danzarín que hace; y giro oportuno del implemento; le llega a pegar a Uno tremendo golpe. Un dolor terrible en el brazo machucado. Como para que Uno suelte su madero de pelea. Y semiinconciente por el dolor, apenas atisbe a ver al Otro que torna a meterse corriendo entre los árboles. El Otro victorioso y asustado que huye.

   ( -15- ) Uno sólo puede mirarlo al Otro que escapa triunfante, los ojos enfocados llenos de ira los ojos de Uno, con los labios apretados. Sin fuerza para moverse de donde está; así podrá observar la situación. Alrededor de la escena del Duelo y el ulterior escape, mientras atendía soslayadamente al drama, y a las necesidades instrumentales de los intérpretes, el bosque siguió creciendo en su ritmo imprevisible. Los bosques como éste, a medida que se aumentan, meditan. Luego van tomando opciones,cambiando de ritmo. Y Uno, el restante en la escena, se acoplaría a esta meditación; de vuelta a ubicarse en el sillín giratorio.

   ( -16- ) Uno retomará animación como resultado del momento pensativo. Y alzándose del sillín, pergueñará el rejunte con las armas. El Otro abandonó la suya en la huída. Las va a asegurar en las colocaciones adecuadas. Con el ajuste de los correajes reglamentarios con que está arnesado; Uno reposiciona diestramente ceñidas las siniestras bocas de fuego portátiles. Va a dirigirse en alta voz al ambiente surtidor, diciendo en un voto de consecuencia con su meditación: “Ahora sí. El Duelo ha terminado. El Otro se fue y estamos solos. Y aunque lesionado estoy; igual voy a encontrar al asesino. Lo buscaré sin descansar hasta encontrarlo”.

   ( -17- ) Aunque no llegará el Uno restante a poder alejarse para la búsqueda. Porque un murmurio que viene creciendo, finalmente desembocará en el claro. Las voces son de la multitud que ha vuelto; también arrebatada por propósitos del mismo corte justiciero. Que ya gritan enojados. Y lo señalan a Uno el restante. Que proclaman: “Ese es el asesino”. Lo encierran numéricamente a Uno en el calvero empedrado del Duelo.

   ( -18- ) “¡¿Se han vuelto locos?!”, intenta defenderse Uno con palabras. Pero al mismo tiempo manipula el restante a las armas, que las aprieta en sus flancos con los brazos. “¡Si ustedes saben que soy un filósofo!. Tanto el Otro como yo somos…”, insiste el restante. La multitud se aproxima más. “Si no me quieren creer, les basta con leer unas páginas atrás. Van a ver como hablábamos…” La multitud ofuscada no atiende a los argumentos de Uno; y estrecha el cerco, amenazante y tensa, los músculos listos para accionar. Uno, el restante, en una prestidigitación, hace aptas las dos armas para disparar juntas las dos bocas de fuego rápido. Y es coherente su obrar con el reclamo de que “él es el asesino suelto”. Uno procederá a soltarse y asesinar, pero rotativamente. Porque se instala nuevamente en el sillín giratorio; y como la multitud ya ruge: “el asesino, el asesino”; y en una distancia íntima se acercan más cerrando el acoso… Entonces Uno el restante va a girar en su sillín suelto y disparando interminables ráfagas de fuego giratorio hacia la pared de gente que avanza. Con soltura giratoria, centrífugamente siembra la muerte, con giros de derviche demoníaco. Así pone barrera a la multitud que sin embargo se renueva, que no deja de acosar y de avanzar.

   ( -19- ) Tanto va cayendo la gente, tanta sangre que brota, que el terreno no podrá desagotarla; no alcanza a salir de ahí tanta sangre; que se inunda el bosque en un mar carmesí. Multitud bajo las olas de este mar de sangre que va creciendo y sumergiendo al gentío del claro. Un desborde que se aumentará y sepultará en tumba líquida, a los que van cayendo. Y la inundación será suficiente para ahogar también al cretino. Asfixia por inmersión en sangre del tipo de la matanza. Incapaz de salir a flote por tanto correaje y las dos armas que no quiere soltar. Sumergido ese Uno restante; el tipo también morirá.

   ( -20- ) Pero la matricería que el bosque pone en práctica, con tiempos equívocos y arbitrarios, obrará sobre el gentío, y con aquel del sillín giratorio. Para que vuelvan a vivir bajo la luz de unas lámparas, de unos paneles lumínicos en un estadio deportivo abarrotado. Todos están vueltos de otro parto, por la matriz caprichosa del tiempo, dentro de un estadio colmado. La gente que lo acosaba está en las gradas; el tipo, con sus dos brazos sanos en el campo de juego, pero estaqueado sobre el cesped, está boca abajo.

   ( -21- ) La inundación también ha sido reparida esta otra vez. Reaparición de la creciente, que es nuevamente un líquido biológico, pero un desecho; como que esta vez la masa líquida es de orinas efluentes. Eso es lo que hace el gentío en el estadio: orina incesantemente. Canalizada apropiadamente, así crece la marea del pis. Y la siente crecer a la inundación, el Uno restante estaqueado. Que casi se asfixia nuevamente, inmóvil por los correajes de las ataduras en la estaqueada, con su imposibilidad de tormento.

   ( -22- ) Reparido el bosque en el estadio; quizá reconociendo en su idea a los servicios que Uno obediente antes ejecutase; se brota la fuente en el campo de juego. Son tallos instantáneos que surgen y se ramifican. Hojas y flores suben en rápìdo aparecimiento. Se hace como un paraguas boscoso, lo que amortigua la creciente de orinas originada. El tipo ya no se va a ahogar. El bosque lo cubre densamente; y se da en flores para entretener a la afición en la tribuna.

..."Hojas y flores suben en rápìdo aparecimiento"...

..."Hojas y flores suben en rápìdo aparecimiento"...

   ( -23- ) Toda la multitud, que asumía la caza del inculpado para ajusticiarlo; todos ellos ahora se entretienen con las flores, desentendiéndose de su vindicta. Flores únicas, cambiantes en tornasoles, danzantes como alegorías extrañas de algo imprecisable –no sabemos bien que asunto se refiere-..: Es un corto uno por ciento de lo desconocido que se muestra en flores entretenidas y cambiantes. Esa es la parte visible. Todos “¡ah, oh, uh!”; con las floraciones en el estadio.

   ( -24- ) Sin que se de cuenta la gente; las doce puertas del estadio son firmemente cerradas y aseguradas, por Guardias uniformados, que se plantan a custodiar el cierre. Toda la gente tendrá que ver aparecer en el claro del bosque, dentro del estadio surtidor, a dos nuevos mandamases, los que han decretado el cierre. Los dueños de la situación obligatoria, se ubican en el centro del estadio. Están rodeados por más Guardias, en la hermeticidad de la concentración y encierro.

   ( -25- ) Son entonces los presentadores de espectáculos, los que se dirigen a la multitud. Que ya no tiene opción de salir; que no puede dejar de oir las palabras amplificadas, porque los presentadores anticipan a quienes tomarán la voz y lo que seguirá:

-Señoras, señores: En este magnífico escenario, marco adecuado; sus excelencias del dúo del comando en jefe: Uno, del comando político armado; el Otro, del comando logístico económico. Ellos dos, como nuevos intérpretes del mandato que propone el altísimo surtidor, fuente reverendísima. Con ellos, como corresponde, va a comenzar el siguiente combate-.
-El Duelo será permanente; y sus excelencias irán comunicando a todo el estadio, los dichos e incidencias en la lucha. Señoras y señores-…
-Pueden atender ustedes, señoras y señores, a este histórico momento por detrás-.
-Ya comiencen sus excelencias-.

   ( -26- ) “La realidad”, dice el comandante político armado, mientras le aplica una llave inmovilizadora al decisor económico, …”la realidad no es algo que con nuestra voluntad podamos entender; sino que es condición de ella, estar latente y oculta. Y para alcanzar a que se revele; dependemos todos de la voluntad propia de la realidad; y de nuestro funcionamiento mandatario, que somos sus mediadores”. Sin embargo se va librando el jefe logístico económico, y replica: “No es tan propia esa voluntad que la realidad tuviese. Proviene de leyes necesarias, que la economía global impone con su propia determinación autónoma y mandatoria por hacer ganancias”. Lo dice al mismo tiempo de retorcerle las piernas al jefe político.

   ( -27- ) Está sucediendo algo con los duelistas, con la gente, el estadio, el sobreviviente Uno; sucede que comienzan a cambiar de realidad. Otra vez la matriz entró en caprichosidades. El transcurso que considerábamos, el entero entramado errático, se contrae, se alarga, se escorza. Para todos y cualquiera de los del amasijo y contenidos en el, suceden la distorsión y el ritmo alrededor del Duelo y de sus ramas, para quien pueda y quiera percibir lo que pasa.

   ( -28- ) El paisaje parpadea intermitentemente comienza a aparecer, cada vez creciendo en nitidez un verdadero paisaje que sólo se muestra como destellos muy breves. Un paisaje con apariciones que son cada vez mayores; del cual la gente, el bosque, y todo lo demás, son meras sombras o reflejos aparentemente delineados y firmes. Pero ahora que se aclara donde es, quien es; está también ese sonido silencioso, en este volumen sin sombra, con una real oscuridad que enceguece. Y las mismas autorizadas palabras de los dos jefes en Duelo, son tan falsas ante lo que ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no… Algo que los sobrepasa. ¿¡Qué se va a hacer!?.

   ( -29- ) En esas reapariciones, hay alguien que atraviesa la Guardia, aprovechando las intermitencias. Desde el estacionamiento, otra persona está pudiendo deslizarse en el campo. Junto al estaqueado Uno restante, se ve que lo va a librar de las ataduras -ahora sí, ahora no, el verdadero paisaje sigue entremetiendo parpadeos-. Y quien se acercó al rescatado, ahora libre de la estaqueada; quien se acopló va a decirle al resurrecto:

 -Soy yo, el Otro. Vamos; que iremos al bosque otra vez. Vamos para la sierra-.

 -Pero se hace tarde-, dice Uno.

 -Esto es breve. Afloraremos en un instante; en una eternidad. Y; ¿quién te dijo que es tarde?-.

 -Es que hay tanta mala onda… Pero te entendí. Listo-.

   ( -30- ) Consiguieron salir en un parpadeo. Enseguida se encontraron de nuevo en el bosque surtidor de la sierra fuente; siempre en el claro empedrado de los Duelos. Ahí está el bosque atento. Se hallaron en el punto donde todos nos hemos encontrado o pronto lo haremos: en el único y repetido, múltiple tema y focal asunto –nombrémoslo Duelo como un decir-. Todos los encuentros encimados, como los naipes de un mazo de barajas, como las hojas encimadas de los árboles, que son los parpadeos del bosque. Que él tan sólo refleja, ahora sí, ahora no; refleja las sombras de lo que nos será imposible; porque sólo puede el tema, ser asunto de la fuente, de ese bosque surtidor mandante.


   Las dudas que puedan surgir por la lectura de este relato, podrán ser evacuadas a través de sus palabras, no sólo las del relato, sino también las tuyas, lectora ó lector, si querrías decirlas. O sea, que hagas lo que quieras. Pero… ¿serías vos quien lo querría?. En cuanto a mí, …yo seguiría escribiendo. SEM


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