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# abandonia-espiral\…”:identificarme, :conversación, :entrevistadora, :apartados, :postulante, :normalices, :sorpresas, :combinaciones, :vincularme, :gente, :necesitarla”…

Abandonismo Espiralado

   Así me encontraba. Había arribado a las puertas anteriores de Cyg-Nor un poco antes de la hora convenida. Una joven señora arribó como yo unos minutos después. La muchacha vestía a la manera campesina, me hizo unas preguntas para identificarme. Era yo quien venía para una entrevista laboral. La chica de pelo negro utilizó sus llaves y me hizo pasar.

   Entrábamos en un edificio que funcionó una vez como establecimiento industrial, derruido por dentro, chamuscado, las aberturas cerradas con tablazones. Se concretaba esta llegada en mi búsqueda de un trabajo, y pronto estaba leyendo ahí, con dedicación esforzada, un texto con preguntas en un formulario. La misma chica de pelo negro, y de maneras pausadas, esperaba detrás de su escritorio de secretaria.

   Esta empresa editorial estaba retomando sus actividades en el país, y provisoriamente instalaba su administración en el viejo edificio, para pronto relanzarse en un nuevo lugar; nuevas máquinas reemplazarían a las destruidas, nuevos empleados y operarios debían de contratarse. Yo le había puesto el ojo a la oportunidad en Cyg-Nor, y quería hacer pesar en el formulario a mi experiencia autónoma como tallerista impresor. Pero no le encontraba la vuelta, las cosas venían difíciles también por ese lado, las preguntas apuntaban al manejo de equipamientos de los que sólo tenía pálidas ideas.

   Así me encontraba: como si me estuviese aventurando, con improvisaciones de apariencia conocedora, por un camino, un camino que me era sólo transitable por un esfuerzo de actuación, y este esfuerzo me ponía en una firmeza mia de labios sellados, permaneciendo en mi pecho un silencio quietante, inventándome una máscara para la conversación que ya reiniciaba la muchacha. El formulario había pasado a sus manos, dejaba mucho que desear para los formalismos y tecnicismos que me había planteado, pero digamos que estaba completo.

   Como que lo leyera a mi expediente esa secretaria, en una ojeada lenta. Y ella estaba haciendo unos agradables movimientos de asentimiento, con los cuales el cabello le iba escondiendo el rostro. Quise suponer que estaba aprobando a mi lista de inocentadas, que el trámite estaba correcto. Yo sentía que una inteligencia silenciosa crecía en el rincón del abandonado edificio, al cual le habían lavado la cara; pero el desahucio contaba con sólo pocas piezas de mobiliario, aunque nuevitas; los cables eléctricos estaban tendidos a la vista; ..esta conversación con los objetos me estaba distrayendo. Fue un sacudón cuando la secretaria decidió tornar a hablarme, le percibí una luminosidad familiar en la carne, me dijo: “Ahora vas a esperar un poco, ¿está bien?, enseguida te llaman para que la entrevistadora converse contigo”. Me indicó una hilera de butacas lejanas.

   Bien estaba; la chica fue hacia la media pared divisoria, la que evidenciaba otros recintos especializados; entró con los papeles por una de las puertas, en el más cercano de esos gabinetes. Quedé sentado en el amplio galpón de las paredes con quemaduras. Veía por primera vez que estaba una gente de pie y en un tête a tête, como a unos 50 metros, cerca del amplio “portón entrada de vehículos”. Creí que eran unas muchachonas con indumentaria deportiva, pero empezaban a caminar en dirección a mi asiento de espera, y no eran muchachonas, sino varones todos ellos, dos cuadrillas de escoceses con gaitas. Por suerte marchaban en silencio. Pasaron por frente a mi, sólo les dediqué una sonrisa, y no quise mirar por donde se hubiesen metido después.

   Esperé un poco más, decidí levantarme y acercarme a una de las aberturas tapadas con tablones. Por entre las hendijas pude ver las inmediaciones de la vieja fábrica. “Me quieren poner nervioso”, pensé; porque allí afuera, sobre un camino lateral y arcilloso, había un gran número de gentes que también parecían estar con disfraces. Estaban bailantes; yo no llegaba a oir ni música ni tamborileo, pero ellos saltaban y danzaban como murgueros con experiencia. Pudieran ser vecinos de la ranchería que estaba más allá, no tan lejos, a 2-3 cuadras. Recordé que en ese barrio, estaban aplicando programas de extensión, los de un grupo de acción solidaria -eso se leía en los diarios-, pues bien, así que en eso estaba consistiendo, quizá. Las impresiones que se me espiralaban tuvieron una detención.

   Unas manos me tomaban los brazos brevemente por detrás de mi, era ella en un contacto sorpresivo, la secretaria. Al yo girar, la estaba viendo, mirándome risueña pero seria, y con comedimiento me preguntó: “¿Estamos listos, vas a querer pasar a la entrevista?”. Le seguí los pasos y me guió a través de una de las puertas nuevas, para hacerme entrar en uno de los apartados. Me adelanté cuando me dijo que me pusiera cómodo; me fui a sentar ante este otro despacho; se me representaba la pronta presencia de la entrevistadora que la secretaria me anunciase. Y sin embargo fue ella quien despues de cerrar la puerta avanzó hasta sentarse del otro lado de la mesa de trabajo.

   Me estaba diciendo: “Por favor, señor, cuénteme lo que sepa de nuestra empresa”. Me vió sorprendido y titubeante. ¡Cómo para poder decir algo de inmediato!: Estaba yo en realidad sin aliento, sospechando que sin buscármelo me había puesto en algún pliegue fantástico de la realidad. No lo podía creer, que una empresa importante como Cyg-Nor SA, sólo estuviese relanzándose a través de las manos de una sóla persona. Ella me seguía viendo en mi pausa; decepcionada era su mirada, como que estuviera aburriéndose, temas de los que yo no me iba a hacer cargo. Pero la muchacha de pelo negro en pocos segundos remitió esos gestos, se incorporó, me lanzaba otra pregunta: “Decinos: ¿acostumbrás llorar cuando te viene la gana”.

   Había tomado una actitud física más amable, acercándose a mi como dominadora, y había colocado en mis dos mejillas sus dos manos, a las que yo sentía pegajosas y frias. De inmediato comenzó a caminar, en círculos que dejaban dentro al conjunto de escritorio y sillas, conmigo ahí dispuesto a darle respuestas, pero ella seguía declarándome una contigüidad que yo no había advertido hasta entonces: “Creemos que te has pegoteado con una psicopatía conspirativa, o con esas fiestitas estúpidas y pretenciosas”.

   Moviéndose ella en sus caminatas circulares dentro del apartado, mirándola yo contínuamente, con alguna vergüenza -a la que sobrepasaba encubriéndola con mi rostro ficcional-. Me recuperé del breve lapso, le dije: “Sólo buscaba mis líneas de acción, en muchas partes no lo hacen y las vidas se les aglutinan en la adoración de un ídolo cualquiera, a veces un zapato les sirve para ponerlo en los altares”. De veras que yo estaba sintiendo una vergüenza hexagonal, otra vez delante del verdadero abismo, cíclicamente reiterado en la apertura de sus fauces. “!Ah, bueno!”, concilió ella entonces y agregaba: “Son muchas postulaciones día tras día a las que tengo que atender; te darás cuenta de la prontitud con que la práctica diaria me posibilita para saber de cada postulante todo”. Tenía que responderle, yo tenía que responderle: “¡Todo lo que hice fue para volver, apenas me recordase de donde vine, entonces podría volver y estar, pero estar, en un lugar real!”. Ella me lo comentó: “Te parecía que el juego con riesgos no iba a durar mucho; ahora tenés que normalizarte”. Si de ello se trataba, entonces yo le contestaría sobre la empresa.

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   “Los títulos que publica Cyg-Nor contrincan imbatiblemente con los rivales; la gran demanda que tienen, se debe fundamentalmente a las movibles cavidades interiores de variados sabores; los dispositivos recorren las obras, y, sin desmedro de los autores excelentes con que cuenta la empresa, esa movilidad espontánea les da a sus productos una calidad sin igual, muy bien apreciada por el público selecto que forma tras Cyg-Nor un gran contingente de seguidores”. Giraba en círculos y escuchándome la muchacha del pelo negro, me respondió: “Viniste bien preparado a la entrevista”.

   Ella iba como impulsada por una motorización adjunta alrededor del ámbito de esa oficina, en pasos de rapidez a veces, y caminaba más lentos otros pasos, en cambios de ritmo y velocidad. Yo deliberaba conmigo: “¿Con qué estoy buscando equipararme; por qué voy a querer convencerlos, a ella y a Cyg-Nor?; basta, no haré más esfuerzos”. Le dediqué a la representante una mirada en la que gritaban mis ojos. Yo sabía de ella como si fuese mi hermana. Me respondió entonces esa mirada con un: ‘Hay algo que debés tener en cuenta’; ella me decía esto al señalarme un ambiente lindero en la serie de gabinetes, al que nos dirigimos a través de un medio vano sin puerta.

   No había más que un elemento de mobiliario en ese ambiente, era una suerte de pedestal o exhibidor hecho con maderas y cristales. Un libro grande estaba allí, sobre un elemento del módulo. “Este libro te va a ayudar para que te normalices”. El volúmen que ella me señalaba no aparentaba que me fuese a servir para “normalizarme” ni para recuperarme de las sorpresas que Cyg-Nor me estaba prodigando. En la cubierta se mostraba una pintura semejante a un Picasso cubista, las letras del título de tapa decían: ‘Todo Lo Que Tienen Contra Vos’. Tal modo reiterado de hacerme sentir vibraciones raras me llevó a demandarle a la representante: “¿Qué orígen tiene este ejemplar, viene de algún lugar pulido como este gabinete?”. Porque al ambiente donde estábamos parecía que lo hubiesen estado limpiando tan minuciosamente que daba pena ponerle personas dentro.

   Estábamos muy cercanos con la muchacha, contemplando ‘Todo Lo Que Tienen Contra Vos’; yo percibí entonces las líneas que la almohada le había dejado a ella marcadas en el rostro. Era mi turno para tomarle las mejillas con las manos. Me animé a decirle: “Vos estás tan fria”. Con muchísima llaneza y muy solícita ella me confió: “Esta mañana me tuve que envolver en lonas antes de salir, tenía la piel como de cera, las lonas me apretaban pero no me daban calor, también estaban frias, yo me sentía como muerta”. Estábamos concluyendo ambos en una desenvoltura.

   Esa intimidad me permitió distenderme y tratar de sacar algo en limpio de la entrevista, quise saber si el libro en el pedestal tendría algo que ver con una Biblioterapia puntual seleccionada para mi. Lo tomé, y había empezado a hojearlo. “¿Entonces es Ud. a quien el ingeniero Tchebrobari derivó con nosotros?”, retomando estaba ella con sus tareas para la empresa. No se trataba de un ingeniero, sino de un vecino mio agrimensor que trabajó en los terrenos donde se está levantando la nueva planta. No quise corregirla, la miré con tal sentimiento de desolación, así actuado para que ella entrase en calor. Lo hizo; me señaló enérgica al despacho donde habíamos estado, el de las sillas y el mueble para escribir, me dijo: “Nos hemos dado cuenta, ¡eres malo!”. Yo me indigné; ciertamente le había mostrado a Cyg-Nor y a ella mucho, pero demasiado de mi.

   Así como Tchebrobari me había pedido explicaciones, la Empresa también lo hacía; se las había dado desde mi sencillez, y en un momento inopinado me descolgaban un juzgamiento ético, ¿quienes eran para ello?. Volví hacia mi silla de entrevistado, esperé a que retomase su puesto, sin mirarla. Me parecía en ese trance, que se iría a desmembrar el entendimiento con la entrevistadora, en un momento de obstinaciones. Sobre el martilleo de su frase yo retornaba, para que quizá diese apertura a combinaciones compensatorias; estando ahí en el reciclaje: . . ‘Nos hemos dado cuenta, ¡eres malo!’ . . . Y llegó ella a su sitial, igualmente ofuscada, pero controlada; le dije: “Ningún coqueteo lúdico devanador de conductas galantes, ¿para qué, para esto?, durante años y años pensar la animación justa y deseable, quizá entonces poder construir comportamientos reales, ¿para lograr realizable esta compañía?, ¡pero por favor!”.

   No estaba ella apresurando la entrevista, se notaba su voluntad de estar en calma. Miré en mi reloj, para darme cuenta de las 7 horas que habían transcurrido desde que ella me hiciese entrar al galpón semiderruido. La representante estaba sentada y había asido, para esos minutos, un cortapapeles con forma de pato, de madera; golpeteaba con el objeto, de manera suave y desintencionada, sobre las carpetas que tenía delante. Me dijo: “Conseguimos apuntar esta vivencia, es un acompañamiento que tiende a cambiarnos, y al cual conviene que adoptemos”.

   Yo no sabía qué elegir, si continuar intentando con Cyg-Nor, o si volver a la noche -ya se había hecho oscura-. Pero la conversación seguía estando buena, le dije: “No sé de cual rincón personal tuyo incomprensible sacás eso, ..¿y ahora?”. Ella definió un buen par de cosas entonces: “Tus trabazones se te dieron por error, por poner entrepiernas donde no las había; y por querer emparejar las situaciones, estabilizar las que no se lo merecían, mezclar agua y aceite”. Casi me tumba ese ñoqui, pero la noche era un abismo afuera -se oían mugidos lastimeros que nos llegaban desde los terrenos de atrás-. Y en las situaciones aludidas algo había, eso pensé y le dije: “Buscar un punto de apoyo para vincularme y salir adelante, eso es hacer pie, no precisamente pierna ni entrepiernas, aunque un pequeño error de localización podemos tener, somos humanos”. Movía la cabeza de una manera muy graciosa, sin girarla y de lado a lado, al establecer un dicho que acepté, y estoy madurando: “No va a poder ser, si todo el tiempo vas a estar al borde de tu abismo, y si seguís poniéndote en un mundo donde las cosas no son para gente llana como sos; el desafío que tenés es el de servir un curso, es tu buen destino, y vos lo que tendrías que hacer es dar clases”.

   Pensaba yo sobre esta opción que me había ofrecido. Y fue como si aprovechase ella mi detenimiento, para ponerse de pie y echar a andar hacia los gabinetes. Escuché como sus pasos de tacones altos marcaban un ritmo frívolo. Dejé entonces de sujetarme al tema de dar un curso. La alcancé antes de que traspusiera la puerta de los gabinetes, le pregunté: “¿Clases de qué iría a poder dar, ligereza y fetichismo, estando yo en condiciones tales de abandono”. No tan sólo me respondió con gestos para que yo esperase, sino con una mirada de muy buen humor y abrigadora; me indicaba sonriente y en silencio que no me preocupase, en seguida iba a volver.

   “¿Clases de qué iría a poder dar, …”; así reflexionando fue que me puse a pensar en algo más urgente, en cómo iría a salir con salud de los predios de Cyg-Nor. Y no debía dejar en esas tareas ancilares a la muchacha, tenía que sacarla también de ahí. La practicidad de su crítica intimista me iba a seguir ayudando. Me tiene colocado sin tibiezas en esta vida que quizá tiene poco de aleccionadora. Tengo ganas a veces de no haber llegado a necesitarla, su agudeza es doledora, pero me pone joya; me hace dar cuenta, y estamos bien. De alguna manera su falta de tibiezas se me ha hecho como el aire para cada momento. ¡Ay de mi alma si ella no estuviera! La tinta negra de su cabello escribe para mi contra el mínimo decurso de aquello que yo creería propio de estos días, de no contar con su compañía. Pero ella asumió junto a mi que era cruel e innecesario su destino dentro de Cyg-Nor; la midió en nuestra realidad, ya no le da más aquella importancia a la vida de la empresa donde se encontraba.


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ℑ'

   Notas:

“En este momento, su progreso es directamente proporcional a su grado de libertad frente a los símbolos que invaden su vida. Mientras les concede un poder absoluto, no ve las cosas más sencillas, obra equivocadamente y a destiempo. No madura espiritualmente, hasta el momento en que es capaz de reconocer conjuntamente su fondo de verdad y la mentira que propagan en cuanto pretenden alcanzar la eternidad”. Referencia a K, protagonista de “El Castillo”, por Marthe Robert, en “Acerca de Kafka – Ac. de Freud”; Ed. Anagrama, Barcelona, 1970.

‘El Castillo’, ..«..es una novela filosófica inconclusa de Franz Kafka, ..un individuo(en el territorio de West-West), .. nada puede hacer frente a un sistema que, habiendo sido creado por hombres, no tiene nada de humano.» Artículo en WikipediA ← sobre la novela.

“.. Los hombres y mujeres particulares han devenido más autónomos .. más determinados por sus propias elecciones y acciones que anteriormente .. La experiencia novedosa en cuestión es una combinación crecientemente evidenciada de frágiles lazos sociales y de progresiva individualización en los desafíos de la vida, en las tareas que emprenden y en las respuestas que se les piden.. Con asociaciones y otros lazos en fluencia, el Mundo Vital se hace fluido. O, en otras palabras: el mundo, que antes era árbitro puntilloso con las reglas, impasible e incorruptible, se ha vuelto uno de los jugadores en un juego que cambia las reglas mientras se desarrolla -de un modo aparentemente caprichoso y difícilmente predecible-… Pero no hay mundo alternativo, y por lo tanto ningún otro lugar desde el cual comenzar la travesía. Y tampoco es una opción no darle comienzo, y es de comenzarla sin más demora”. Entrevista con Zygmunt Bauman, reporter Milena Yakimova; (en inglés) ONLINE.

 Desde este Relato, vías hacia otros contenidos asociables:

«..Ruinas sin reparación posible..» en ‘Compañías Paliativas 2’

«..Castañateá   también   tus   relámpagos   negros,   y..»; esta vía es hacia Poemas; serían asociables tanto y tanto, por la ‘muchacha de pelo negro’, A Q U I.

Presencia de otra muchacha entrevistadora: «..me pregunta como me llamo, a qué me dedico .. ella se entretiene en adivinar .. le resumo de lo que hago, con algo de verdad ..», en una narración: ‘La Risita – La Maldita’.

En torno de la Representante, aquí está dicho: ..”sabía de ella como si fuese mi hermana”. Y en ‘Vehiculización del Bicentenario Saludable’ (←vía), el portavoz dice de una hermana carnal: «..su lucidez espanta la intrusión de perplejidades..».

Y de ninguna manera te entrampará con su click esa ratona(!), si visitares un poema donde «..quedamos para contar del dorso de verdad y hechura de parte a parte..»; así .. ‘Decía entonces y viene actual’ (←vía).


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http://wp.me/Pu9CK-Cq


S.E.M; Morón, Pvcia. de Buenos Aires, Argentina; julio de 2010   


10 comentarios so far
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¡¡¡La narrativa es sobre la “todología” ( referente a que de todo hacemos y a nada le pegamos?…Semejante a Ser Mil Usos??? y hacer de nuestra vida madejas que no podremos desenredar? Y en esa vida no falta el maravilloso evento de sentirse muy bien con alguien …Saludos…Ma.Eugenia

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Comentario por Maru

Si le buscásemos a la narración simbolismos o referimientos sobre “cómo estar en nuestra vida”, sería cosa de nunca acabar. Puse notas y enlaces al pie de ‘Abandonismo ..’, para contextualizarlo con las tendencias de pensamiento y literarias con las cuales lo asocio. Una cita de Freud (a pesar de ejercer en parte él una retórica), echa algún respaldo en lo que dije: /”..nos dejaremos guiar sin reservas por el lenguaje común, o como también se suele decir, por el sentido del lenguaje, confiando en que así lograremos prestar la debida consideración a intuiciones profundas que aún se resisten a la expresión en términos abstractos.”/

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Comentario por Sergio Edgardo Malfé

Sobre la Biblioterapia …buscando los resultados son la Bibliosanación?? o únicamente la Sanación?

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Comentario por Maru

Maru: Esto no te lo entiendo del todo. Creo que avanzando en el tema ‘bibliosanación-(biblioterapia)’, se nos despejarían las dudas, tarea por delante, si cabe; los buenos sentimientos de a poquito te señalan por donde ir sanamente.

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Comentario por Sergio Edgardo Malfé

SEM.
Explico la “Terapía del Libro”…Es la “Salud obtenida por el libro o lectura”? o solamente es “Salud”…Considero estoy un poco enredada pero echare mano como dices de mis buenos sentimientos…Besos SEMillita…MA.EUGENIA

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Comentario por Maru

Ma. Eugenia: ¿A la luz de qué vinculación se interpreta aquello que uno “lee” hacia “La Salud”?; sólo acercamientos podemos hacer; ¿no es como una “Odisea”? Un autor, al producir sentimientos con su arte, podría ayudar a que percibamos y reconozcamos, con alma y mente en ello, a nuestros sentimientos. ¿Nos lleva esa “lectura” a unirnos identitariamente, para afirmarnos molarmente en el curso sano con “los demás”? Una personalidad, no recuerdo cual, del ámbito teórico sobre “literatura”, puntualizó que los “textos” son enriedos con la muerte. Pero un antiguo refrán dice que la vida y la muerte son cajas cerradas, cada una guardando la llave de la otra. ¡Hum!? Cariños. SEMillón(!)

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Comentario por Sergio Edgardo Malfé

Che…SEMillón.

¡¡Hum!!…Sea hecha la luz…Mi enredo es sólo un cordón invisible que me une a esos sentimientos saludables …Mi cariño a Vos…Porque “El Verbo”…sirva para ello…MA.EUGENIA

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Comentario por Maru

SEMillión !!!
Me ha llamado la atención la hora que queda marcada mi comentario y el primero dice 6:05pm..y acá apenas es pasadito de medio día esos horarios determinan que al final el tiempo es conveniente sólo para marcar tiempo a la matería…besos…Maru

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Comentario por Maru

Ms. Maru!!! Tengo que serte breve a-hora: el blog está por el meridiano UTC, tres horas más que el de mi hora local, y por lo tanto 6 horas más que en tu localización. ¿Será acaso que “nos ha llegado la hora”(!), hem? ¿O te parece que debo de cambiarla en el blog? En caso de hacerlo, me portaría como el baqueano del poema último que subí, cuando da vuelta la columna de cochinitos, un poco como dando vuelta la clepsidra, cambiando un poco algo para que todo siga igual, ¿viste eso, ‘Fogosidades .. Otras ‘, te caería como “sentimientos saludables”? ¡Uy, la hora que se me ha hecho! Pases buenos tiempos. SEM

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Comentario por Sergio Edgardo Malfé

SEM.
Tiempo…Tiempo…Tiempo…No se porque me llamo la atención pero considero que pasaría igual y no se notara “tanto”…Dejemos así…Para que “tanto”Ya vi fogosidades las visitare , a ti te ha de ver sentado bien con ese frió que les a caído,Buen fin, para nuestras horas…Cariños saludables “Che SEM”…M@ru

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Comentario por Maru




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