Hipersalenas


maneras invernales
2019/08/29, 8:08 am
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  Maneras invernales

4 dedos sobre un fondo con letras indican aproximadamente cuanto tiempo insume la lectura de maneras invernales

Tiempo de lectura: 4 minutos



   Bob más temprano había dicho a Vasiana que en el taller se ejercitaba en pensamientos, al tiempo de estarse él repitiendo continuamente sus movimientos al servicio de una máquina impresora. Afuera la nieve estaba con dos metros de alto; las calles no eran animadas ni siquiera por los residentes permanentes de Kralalor; con más razón ellos tampoco podrían andar.✓


   Se conocieron ahí; eran migrantes recientemente arribados al Urartán desde países con mucho sol y verde. Habían logrado conjugar sus arborescencias estos migrantes, ya eran consortes, y algunos días atrás estuvieron acordando que compartirían la paga por el habitáculo. En las argumentaciones para el acuerdo había sido Vasiana Arheglic quien más hiciera gasto de palabras, pues eran características en Bob Dizexa su plácida tranquilidad y sus silencios, que eran para Vasiana en cada vez una ocasión de vértigo.✓


   ¿Cuáles serían los pensamientos que ocupasen a Bob en los momentos de trabajo con la máquina impresora? “Algo de ello conseguiré que me diga ahora”. Vasiana Arheglic, la chica de las promociones en puntos de venta, la que actualmente está portando consigo sobrecillos de leche en polvo por los pasillos del super al que la destinasen. De momento la muchacha se sentía aburrida, porque el clima de Kralalor les limitaba que paseasen, e intentaba compensar la situación de puertas adentro con sus indagaciones corpóreas.✓


   “Algo de ello conseguiré que me diga ahora”, pensaba la muchacha. Pero, ..¿qué podría resultar de esta disposición en Vasiana? En un minuto dado fue que se aposentase en las rodillas de Bob; sintió él que ardía ese cuerpo sobre sus piernas. De todos modos, Vasiana ya tenía dispuestos en una percha los pantalones de él para que se sequen, se le habían mojado en el retorno desde el taller. Las prendas quedaron colgadas secándose sobre la estufa; los yuyales se vitalizaban vertiginosamente, y aún sigue nevando en el Urartán.✓


   Era propicia la ocasión para que Vasiana le desprendiese a Bob: “¿Me contás lo que estuviste pensando hoy?”; su indagación marcha con cafuné* de por medio. “Te has puesto rebuena”, suelta su compañero: “Oíme, te lo cuento y después podés anotarlo: Pensé que la mente es dramática pues desde su fugacidad enfoca hechos y entornos que se le aparentan como imponentes y deseables aunque sean milagrosas precariedades, pero es también que a la vez la mente en su milagrosa precariedad se impone deseos relacionados con hechos y entornos fugaces”.✓


   Pausadamente níveo, el momento en el caldeado habitáculo se le había hecho más pleno a la cafunera* Vasiana; “¡Una bocha!; rica manera de pensar”, comentaba con Bob. No tenían apuro; tal parece que los consortes tuvieran la decisión de quedarse sentados y así corpóreos como estaban, por demás del tiempo que acostumbrasen.✔

 

[ Sobre el término cafuné:
Con él se denomina un masaje sedativo de la tradición afrobrasilera: Es la aplicación, por intervalos, de suaves frotamientos y de golpecitos en la misma guisa, sobre la cabeza del sujeto que reciba el masaje. Las caricias a mano plena o con las puntas de los dedos se alternan con rasgueos de uñas en el cráneo, y en estos despliega su mano el asistente, como si quisiera sacudirse agua en esa apertura de los dedos. El escritor brasilero Jorge Amado describió la secuencia del despliegue de los dedos como si en la misma se proveyeran “levísimos estallidos con las uñas”. Después de algunos minutos de secuenciación, como resultado de la manera frotadora alternada con la de uñaditas, se puede conseguir amplia serenidad en quien sea objeto de la técnica: “aquí está tu cabeza, tranquilízala y descánsate”.]

  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Agosto de 2019

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cabellera original /..”:decidimos, :visitas, :peluquería, :miradas, :decididamente, :buscando”..
2019/07/30, 2:11 am
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   Cabellera Original


“Todo mensaje tiene estas dos caras: una remite a la interacción, la otra a las reglas de emisión
de los mensajes, a la concepción del mundo del emisor”

C.Sluzki y E.Verón, Comunicación y Neurosis


   [tiempo de lectura: 10 minutos]
 
   El episodio es de hace 10 ó 15 años, en una Farmacia donde hoy todavía concurro por mis medicamentos. Mi amiga Rocío atiende ahí; es hija de los Burgess, con quienes éramos conocidos desde tantísimos años. La simpatía entre Rocío y yo había comenzado en el Restaurante de los papás, el Korova; y continuábamos amigos, seguíamos siéndolo después que ella se unió en matrimonio con Raúl Velasco, el farmacéutico.
farmacia_2ble_faz

“..enseguida decidimos juntos lo que te convenga..”

   En nuestra pequeña Ciudad todos un poco nos conocemos, igual hay algunas horas en las que prolifera tantísima gente, sobre quienes sólo unos pocos de los residentes tradicionales podrían decir de donde salen o atribuirles una identidad. Pero en el caso que nos ocupa, Rocío Velasco sí conocía a la compradora perfumada y esbelta que entró al local. Fue para el momento en que teníamos una conversación con mi amiga, en la que procurábamos definir la marca de lo que yo estaba requiriendo, un complejo vitamínico con el que yo suponía podría detener el avance de mi calvicie. Mi amiga me alcanzó un libro con un listado de especialidades medicinales: “Revisá el vademecum y fijate en lo que prefieras, corazón; enseguida decidimos juntos lo que te convenga”. Y Rocío se dirigió a la compradora que recién había entrado, me era una figura totalmente desconocida: “¿Cómo andás Rosicler, necesitabas algo?”
 
   La recien arribada dijo algo sobre sus uñas, quería un quitaesmaltes fortificador; o algo así entendí yo que me había enzarzado con el libro para captar entre cuál de las especialidades estaría mi salvación. La actitud y movimientos de Rocío Velasco me distrajeron del vademecum, fue cuando mi amiga volvió de las estanterías con un frasquito para la cliente. Observé que la sonrisa cómplice de Rocío estaba francamente dirigida hacia mí; me preguntó: “¿No vendría bien para tu calvicie que te done algo de su cabellera esta cliente?”. Yo jamás había visto algo así, fuera de alguna fotografía en la sección curiosidades del diario, pero nunca presencialmente, como en el episodio actual lo veía sobre esa persona de nombre Rosicler: Una pelambre parda muy bien atendida, ¡que le llegaba por atrás más abajo de la zona erógena poplítea, hasta cubrirle un tercio de sus pantorrillas!
 
   Comenté de buena y sonora manera mi falta de mundo y mi asombro por esos cabellos, diciéndoselo a Rocío Velasco, y que en un soslayo también me oyera la figura melenosa, a quien entonces veía detenidamente en su singular y destacada contextura. Había comenzado ésta a dedicarse sobre sus uñas con el frasquito que Rocío le alcanzó. Y hubo chanzas entre mi amiga y la fémina pilífera, sobre la conveniencia de quizá un sedante para curar mi asombro. Rocío mencionó sobre esos cabellos, que Rosicler los estuvo portando tanto tiempo atrás como el de su habitar en la Ciudad, y desde sus primeras visitas a la Farmacia. “Pero nos conocimos en la Peluquería”, le dijo Rosicler. Y esto dio pie a un diálogo con el que buscaban precisar la fecha, pero quedaron dudando sobre si hacía 3 ó 4 años. “Bueno, equis años”, tercié yo: “En todo caso, desde hace bastante tiempo”… Había algo que me inquietaba y por eso en realidad me había animado en el comedimiento que extendí: “Lo que nadie diría es que la señora va a la Peluquería para que le corten”. Y doblemente extrañado, mirándole bien los cabellos, le pregunté a Rosicler: “¿Alguna vez se los cortó?”
 
   La fría respuesta de esa persona, fue que se hacía cortes regularmente, todas las semanas. “No puede ser”, repliqué: “¡¿Cómo va a lucir tan plenamente su pelo si se lo corta..; Cómo cortándoselo podría tenerlo así, y además dice que todas las semanas?..; Vamos, que ustedes dos se han conspirado para hacerme el tonto!”. Le dediqué una de mis miradas sagaces a Rocío, quien sin embargo estaba considerándome con total seriedad; y por nuestro conocimiento mutuo se me hizo evidente que por parte de ella no había broma alguna. Tampoco parecía haber ánimo de broma en la Rosicler, pues de pronto hubo un cambio en su voz, hasta entonces casual, liviana y fluída, cuando pasó a declararme en tono grave y sentencioso:
 
   “Oiga, que SÍ me corto en la peluquería todas las semanas, pero no para acortar la cabellera. Me hago cortar a lo largo cada cabello, desde el arranque hasta la punta, longitudinalmente, uno por uno, ¿entiende el señor?”. Pensé que esos procedimientos de cirugía microscópica capilar se merecían un artículo, y tomando mi libreta de bolsillo para registrar apuntes de la conversación, le dije a Rosicler: “Mire, esto es algo muy interesante; yo hago periodismo de crónica sociocultural en la revista Cubrecalia; y podríamos charlar acerca de este novedoso método del corte de cabellos a lo largo, las impresiones suyas sobre el excelente resultado que evidencia usted en su cabellera; lo charlamos, tomamos algunas fotos y …” Pero entonces Rosicler me miró con un rostro pétreo e hizo un complejo movimiento en el que yuxtapuso una evaluación del estado de sus uñas luego de haberse aplicado a ellas con el frasquito, le pagó a Rocío la compra, y antepuso seguidamente su mano garrera frente a mis ojos, diciéndome:
 
   “Yo no charlo, y menos con desconocidos, yo peleo”. Arrancó con altivez hacia la puerta de la Farmacia, pero antes que Rosicler saliera del local le dije: “Disculpe señora, pero creo que realmente algo le pasa en la cabeza, ande con cuidado”. Sintiéndome más consternado que de costumbre, me volví hacia Rocío Velasco; llegué a pensar que le sería conveniente a mi joven amiga el tener un número para llamar a cierto Servicio de Emergencias Psiquiátricas. Se lo dije con mi libreta de bolsillo en mano, buscando en sus páginas los datos que por mi periodismo conocía, de un muy contemporáneo y amigable hospital psiquiátrico de emergencias. “Es nueva esta prestación asistencial; te conviene tener los datos por cualquier visita desequilibrante que se te presente, quizá para mí mismo..; Si cosas como las de hoy me siguen sucediendo, me puede dar aquí un colapso y convendría que tengas donde derivarme..; Pero de seguro que Rosicler no come como yo las sopas pacificadoras del Restaurante de tus viejos..; También te conviene tener la posibilidad de llamar al Servicio por personas así como la señora; es personaje muy violento esa chica Rosicler”.
 
   Y Rocío está decididamente seria al escudriñarme en tanto me dice: ..”Fijate que no te diste cuenta: Rosicler no es una señora ni una chica, chamboncito; es una transexual o transgénero, ¿entendés?”.. / “¡Un travesti, una trava; mirá vos, acá también tenemos de eso, invenciones que antes sólo había visto en espectáculos..; ¡Esto me deja mirando al sudeste!!” / ..”Bueno, pero igual dame el número de esas nuevas Emergencias”. Le alcancé a Rocío la libreta y ella registró los datos en su aparatejo portátil. Retornándome el anotador, la amigota me hizo recordar la búsqueda del suplemento vitamínico: “¿Y.., no íbamos a elegir algo para que no se te caiga tanto el pelo?”. Por su propuesta me inspeccioné; realmente se me había ido el ánimo a los pies. “La verdad es que por ahora no me dan las ganas para ocuparme en mi aspecto, ¿para hacerme agradable ante quienes?..; Más me valdría quedarme pelado o tomármelas” / “Amigo, de irte tendrías que elegir muy bien el rumbo porque hasta donde yo sé, en todas partes es lo mismo”. ¡Las cosas que dice Rocío!; saluditos nos dimos, y yo salía de su Farmacia con alerta, no fuera a haber cabelleras amenazadoras en la calle. Quedé un poco atronado por bastante tiempo desde la mañana del episodio, y sé que todavía se nota.


“~Los fluídos no se fijan al espacio ni se atan al tiempo; emergen incólumes de sus encuentros con los sólidos, en tanto que éstos ─si es que siguen siendo sólidos tras el encuentro─ sufren un cambio: se humedecen o empapan~” Zygmunt Bauman, Modernidad líquida



 Cualquier semejanza entre la ficción Cabellera Original, sus eventos y
personajes, con hechos y personas reales, es mera coincidencia.
  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Julio de 2019



conectados-y-unidos
2019/06/30, 9:34 pm
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:::: ~Conectados y Unidos~ ::::
:: A pesar de la insistencia aumentada
con que se lo dice,
hay comportamientos faltantes,
¿y quién podría itinerarse
con los hechos carentes que se perciben? ::
¡Y se les da tanta importancia paqueta a situaciones cómodas de expansión y prestigio!..::
Loquibambias de pasarla bien, y que te las vean.
 ..Pero hay que ser buena persona
  y al unísono estar bien,
  lo que es posible en otro andar..─
¡Pero por diez mil moños y en nombre
de un grande e inmerecido espíritu!..
..¡Por el tan olvidado Plosto Di Cutrya!..
  ¿Puede ser que todo esté roto?
¿QUE
  E      T      R
      S       O       O
        T       D       T
          É       O       O ?
       ¿Inaccesible, agonizante y seco;
       humo solidificado que se astilla?
Alíviame que bajo tal rueda ruede otra, y encimadas giren un real giro.
Y un amigo les ha visto con un ojo, y primero pintó el humor rondante,
y miró luego el humor de otrora con el otro, y pulsa ahora otro pintar.
Al renegado le está saliendo bien el cuadro, lo pincela con prevenciones en
pasos paralelos, porque es posible que loquibambia ataque por sorpresa.
 

“I primi popoli furono poeti, i quali parlarono per caratteri poetici” Giambattista Vico


  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Junio de 2019



triplex-de-veletita
2019/05/01, 12:00 am
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  De la veletita

«El viejo adagio      
“El trozo ─ entero”,  
¿no tendrá sentido?  
La Voluntad restablecerá su verdad.» 
Lao-Tsé 

   Vistas de un armazón de papel que es veletita en 3 movidas fotográficas encima de una cartulina con colores al óleo; la secuencia de las 3 fotos fue editada sin alteración del contenido.








  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Abril de 2019




cruz-andina-buen-vivir
2019/03/29, 4:59 pm
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 Cruz Andina y Buen Vivir

   La siguiente gráfica se propone como prima-hermana de la Tawapaqa o Cruz del Tiwanaku.

La presente representación visual es sólo una libre versión personal, que deviene de la original Cruz Andina, la que es una tajada plana, sólo una imagen de superficie y representativa de los paradigmas originarios propios de las civilizaciones y culturas (latinoamericanas) de Abya Yala. Estas señalan en sus principios que es necesario ‘razonar bien’, mas también se debe ‘querer bien’, ‘amar fuerte’, saber sentir al cosmos, a la comunidad, a los semejantes y al medio circundante, a la madre naturaleza. Desde luego que tal calidad vincular, sistema de sabiduría, ha de construirse y mutar permanentemente, en integración proporcional y necesariamente complementaria, ante y con los ciclos de la vida. A esto agreguemos, en una breve declaración, que todo fenómeno real o conceptual tiene imprescindiblemente su par, en un vínculo que no es oposicional y dialéctico sino que se constituye y desarrolla en permanente construcción por vías del pensar y sentir, funciones estas del pensamiento paritario. Según que este desarrollo constructivo se cumpla, así ha de surgir una dinámica cualitativa y cuantitativa hacia relaciones equilibradas, las que habiliten un ‘hacer bien’, para la creación práctica de un «Vivir Bien, llamado también Buen Vivir, o (en lengua Kichwa) Sumak Kawsay.» Tengamos en cuenta las diferencias con respecto a la temporalidad que este modo solidario de vida implica, ubicándose por fuera de la dimensión lineal de rendimiento maximizado que demanda la homogeinización capitalista. El tiempo del Sumak Kawsay pertenece a las personas para construir con él sus historias de vida. Por ende, se hace compleja la articulación directa del Buen Vivir con los contextos modelados a ultranza por el lucro, los privilegios adquisitivos y los consumos ‘espectaculares’.

“.. piensa en el otro, piensa a la vez en lo máximo 
que le está destinado justamente a él, y sirve tú 
a que ese destino se consume sin querer imponerle 
al otro algo de la realización que te es propia”

Martin Buber, Elementos de lo interhumano
  

 Información disponible
 sobre Cruz del Tiwanaku y Sumak Kawsay:
 
Lajo, J. (s/f): Qhapaq Ñan: La Escuela de..
http://herbogeminis.com/IMG/pdf/QhapaqNan.pdf
 
Morandi, J. (2014): El Buen Vivir..
http://memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.4742/ev.4742.pdf


  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Marzo de 2019



match y flecos
2019/02/27, 2:30 am
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 Un match y sus flecos

«La idea es abarcar lo cósmico en una síntesis total, sólo posible partiendo de un análisis igualmente total. El tiempo nace en los ojos, es sabido. Comprenda usted: la historia humana es la triste resultante de que cada uno mire por su cuenta.» Julio Cortázar, Los premios

   8 – 10 minutos

  Nos encontramos viendo la demostración lúdica que hacen los lujanenses, con escardillos y rastrillos. ¡Nos divertiremos muchísimo!

 El caso demostrativo de estos lugareños y sus rivales ocurre en una diaria de lo más desagradable, podemos afirmarlo: Es muy temprano, y en estas tribunas hace mucho viento. Cabe destacar una impresión por de pronto: que en la delegación lujanense, la más popular de las chicas quiere empezar algo, que digamos no es muy espectacular. Habituados estamos a las soberbias condenas de Elenita, una tras otra ─parece el personaje más sospechoso del estadio─.

Ahora escuche bien: una voz que se las trae cruza la línea del medio campo; el caso se ha hecho destacable por la práctica guiadora con fuerza de liderazgo que esa voz pretende asumir. En este punto emerge un determinado sollozo, pues ocurre exactamente lo mismo. Pero tal vez nos divirtamos muchísimo al presenciar la demostración que hagan los lujanenses, con escardillos y rastrillos. Mire igual, aunque sollocemos, mire cómo lo hacen, si bien que ayudados por el viento y los sapos, lidian los nuestros con la enorme barrera de orientales que juega hacia el centro de la cancha. Nuestros lujanenses cursan adecuadamente muchas batallas de ambos lados; haga de cuentas que en estreno. Así estamos viendo que los carpidores se hallan en un severo trance. No pueden descuidarse de aquello que vayan a hacer los botijas orientales con su barrera, es posible que la proyecten en altura. Es mucha gente y muy ingeniosa; podrían construir con sus cuerpos orientales una pirámide humana como tapón. Puede que así controlen el juego de alto, también hacia el centro del terreno. El viento y los sapos no los van a ayudar; pero no hay que descuidarlo: es un asunto bastante serio. Sumémosle a esto esa voz que se las trae y cruza la línea del medio campo.

Otras herramientas, además de rastrillos y escardillos, podrían servir para el procedimiento demostrativo de los lujanenses, en este partido que se ha tornado irregular. Fíjese sino en este momento con sapos junto a la línea de definición, ahí mismo: ¡Atención, que a Elenita la tiene tomada su tos de escapatoria! Este ocasional detrimento la lleva a sortear los límites del field; pero nuestra interesante figura tiene una reemplazante que ya trota en el viento hacia el círculo central.

Es atendida Elenita por los embalsamadores, y aprovecha para tomar un descansito. Algunos más de los participantes la imitan, van hacia el lateral en algo como un desbande. Con saludos en ristre hacia nuestras gradas, se encaminan y ahí van ubicándose, rastrilladeros y orientales, en la cafetería tan adecuada que hay junto al terreno de juego.

Y ocurre exactamente lo mismo de siempre. Miremos igual todo esto aunque sollocemos, pues nos compunge que los embalsamadores dictaminen, con banderas amarillas, que los jugadores están en riesgo de contagio, y tendrían que evacuar. Lo que puede pasar está prefigurado en lo que ya sucedió. Si no hubiere problemas, entonces Elenita podría salir, y abrir con su llave la entrada general. Entretanto, nosotros estaremos observando desde la banquina de enfrente. Vayamos saliendo, démosle a Elenita que lo haga tranquilamente; será para dos horas o tres semanas, pues la llave de la entrada general está acompañada en su llavero, por muchas otras llaves de distintos colores muy bonitos. Elenita es ahora quien en el lateral tiene algo que hacer, está en el centro de si misma, puede equivocarse, y el anuncio precautorio con banderas amarillas de los embalsamadores no la ayuda. Se inclina la jugadora desde la cintura arriba sobre el llavero, muy graciosamente puesto su torso. Hasta que con decisión se yergue y espeta para todo el corrillo en expectancia: “¡Apártense de mi los acusados!” La oímos; y aunque estemos habituados a las soberbias condenas de Elenita, este apasionamiento nos sorprende.

No previmos otros acordonamientos ante los que estaríamos: Su llavero colgándole por las rodillas, en enredo hacia abajo desde su cintura, donde está atado; Elenita con su contextura poliándrica, en exploraciones que dudosamente podrían resultar bien para todos. Queriéndola convencer de ahora en más; los orientales, usted y yo, los lujanenses, todos le decimos: “Escuchá Elenita: Por reglamento, las posibilidades del resentimiento son nulas de entrada”. Por supuesto que le aclaramos sobre nuestras consideraciones: que están sujetas a contingencias; y el sostenimiento de nuestros puntos de vista, estará acorde con las disposiciones de tiempo que tengan para hacerlo, todas las personas implicadas con el evento. ─En concreto: Las acciones convenientes parecen ser, las de lograr una inmediata salida rápida de los participantes, por las puertas laterales y con la utilización de asientos palanquines, como también de camillas loneta para quienes esto sea necesario. Un pedido conexo querríamos hacer, para el personal anciano del hogar geriátrico, que por favor monitorèen la correcta seguridad del procedimiento─.

Que las cosas sean claras: El despeje de los equipos aún no se produce; y hace varios minutos que en la banquina lo aguardamos. No parece que el Comisario Deportivo le dé cabida a nuestra sugerencia; esa autoridad ha de estar apañando el encaprichamiento de Elenita. La chica ha de andar aún en los laterales y en la revisación de sus llaves. Al fin y al cabo, la figura se muestra tenebrosa y pintarrajeada, plena de una artificiosidad hierática que la hace inalcanzable. No hay que contemplarle tanto sus bordes de la nada. Y estaría bueno que no esperemos más la retirada de los equipos, ¿no es cierto?; parecería que para usted y yo, el match y sus flecos han terminado.

bocas_de_salida_cancha

".. es un asunto bastante serio.. por favor monitoreen la correcta seguridad del procedimiento".


  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Febrero de 2019



aplausos fuera de lugar
2018/12/21, 10:52 pm
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 Aplausos fuera de lugar

 [8-9 minutos]

“Voluntaria o involuntaria, la memoria no reina sobre el recuerdo: es más bien su servidora”. Juan José Saer

partidas rosario cartelera terminal moreno

✓ Entre los ornamentos de la Terminal, para entretener a los viajeros en la espera de su ómnibus, hay tubos translúcidos de acrílico, dentro de ellos se entrechocan confites eléctricos, impulsados por un compresor de aire. Ahí estaba mustia la Gurisa, mirando con desencanto los tubos y las otras amenidades ─lo había intentado todo, su desánimo se entiende─. 
✓ Con dedicación ella había cincelado cada lámina de las carpetas cúpricas, y la realización efectiva de estos trabajos de la Gurisa depende del movimiento que a veces algún viajero ejecute en la colocación dentro de cualquier carrito del número de carpetas necesario para que el transportín se dirija a alguna de las plataformas de embarque. Pero en esta vez como en otras, sin suficiente chocolate del racionamiento, ni fantasear con que algún viajero tome en cuenta las carpetas con láminas de cobre.
✓ Era así que los molinetes permanecían ínmoviles, las garitas mudas, y los carritos que allí circulan sobre sus rieles, sólo lo hacían con sus ruidosas taras. En una de esas fue que la Gurisa halló al concejal Flox en un tropiezo de ambos con las acalladas garitas de la Terminal de buses. Enseguida la Gurisa, que había intentado todo, encaró hacia un buen montón expectante de la serie de viajeros, para anunciarles, en voz mezclada y paralela con el sonsonete de los carritos contínuos que circulaban sin equipajes ni carpetas: “¡Atención aquí, que el concejal Rollo Flox tomará la palabra!”

imagen de koala tomada de web ambientalista

detelimbéh ♫ cruhbi ♫ tagubya ♫ detelím

✓ Sucedía que desde la galería del primer piso, un marsupial cantor convocaba la atención prolífera de bastantes viajeros ─el bicho se hace querer pues koala virtuosamente en amenas sonoridades─. Había aplausos para el marsupial, que casi impedían oir al concejal Flox cuando desde un reborde se decidió a hablar, pero se hizo escuchar: “Esos aplausos están fuera de lugar; gracias de todos modos. Lo que quiero anoticiarles es que se sospecha del profesor Hekstrudenko, que esté empleando antifaces de conejo en su gabinete. No le ha sido fácil su trabajo con los brazos perdidos”.
✓ En esto vieron todos los personajes en la Terminal, que la Gurisa en el reborde asentía con enérgicos gestos de su cabeza; la coleta con que tenía su pelo atado se movía de un lado al otro. Se sintieron estimulados los viajeros, y replicaron al unísono los dichos del concejal: “¡No, no le ha sido fácil!”. Rollo Flox entonces dijo: “Es emocionante llegar a algo”, y continuó:     
✓ “Pero Hekstrudenko, ¿qué se cuestiona él frente a los brazos que atiborran su gabinete?; sólo ésto: ¿A quienes pertenecieron?”. Y ahí terció la Gurisa: “Obsérvese que se nos revela algo medular sobre el profesor: él no se dispone a investigar sobre la salud de las gentes de quienes provienen los brazos, sino sobre el rango de actuales propietarios que tuviesen quienes han perdido esos miembros superiores; Hekstrudenko sólo se plantea: ‘¿A quienes pertenecieron?’; ¡Es otro de los garcas que nos quieren cagar la vida, y ya que están, afanarnos cuanto puedan!”.     
✓ Otra gente colorida en gran número y en sus andanzas típicas circulaba animadamente por las calles linderas, donde estaba montada una feria con chiringuitos, que se caracterizan por estar ahí dando expresión ferial a múltiples costumbres populares y étnicas. Rollo entretanto hacía punta en la Terminal con su contagio de estupor en alto grado; en plena luz del día se propagó manifiestamente un arribo general a la perplejidad; y Rollo Flox se embroncaba:     
✓ “Son brazos, ahora congelados, ¡pero debemos pensar en las personas! ─me canso ganso─, ¡gente que estuvo animando los brazos antes de perderlos! ¿Y qué será de ella?, ¡eh!!”. Ante esto, en el corrillo de la Terminal se murmuró: ¡”Qué bonito pastel doctoral de pencas tenemos acá!”. Tremendo. ¿Qué buses buscaban tomar los personajes? ¿Y no fue ese murmurio una tremenda canallada hecha con identidades sólo aptas para que renieguen de ellas esos terminalenses?

brazos y manos en dibujo DaVinci

Dibujo de Leonardo da Vinci; Codex Windsor

✓ Dicho sea de paso, y si fuera este el lugar adecuado para ello: También sobre Hekstrudenko se cruzaron comentarios, y bastante acusadores: “Algo quiere demostrar” .. “Casi seguro que él va y se compra los brazos; después que no se queje” .. “Toda esta conejeada nueva tiene que ver con la jalea real, siempre está tomándola, siempre” .. “Sujeto caduco; ¡tomar jalea real en vez de la comida o de la leche!” ..”Se descerebró; algo habrá que hacer, aunque al tipo le pese” ..
✓ A partir de la situación y el rumoreo, el concejal Flox proponía luego con descaro, y accionaba descabelladamente en tal sentido, con sus convincentes pómulos: “Por favor; colocaremos ahora bastantes carpetas donde corresponda, sólo carpetas cúpricas y antifaces de conejo, que nadie ponga ni un brazo en los carritos”. Algunos terminalenses tan contentos como recién llegados estuvieron de acuerdo con Rollo.
✓ El bochinche se estabilizó, porque hubo traqueteos derivados, al conducirse rieles arriba suficientes carritos, llevando carga no hacían tanto ruido. Había que subir tras los transportines, y fueron varias personas en seguimiento arriba por las rampas, para mirar desde el primer piso abalconado el desarrollo de la feria con múltiples costumbres populares en las calles linderas. Las cosas estaban mucho más respirables, aunque no hubiera chocolate. La Gurisa radiante y recompuesta desataba su coleta. Del profesor Hekstrudenko más vale olvidarnos, caso perdido; por lo regular se halla trabajando notas en su gabinete, ante su habitual y demandante pila de papeles ✔•

“.. le amenazaban agitando los brazos y le gritaban algo con todas sus fuerzas, pero no podía entender que era lo que gritaban”. Fiódor Dostoievski


 Otras andanzas de Rollo Flox por ésta Blog
Una disertación, en tope de Página: http://wp.me/Pu9CK-4X
Narración “Inflexión escindida.. ” cuenta viaje de él: http://wp.me/Pu9CK-5r
Aportes testimoniales (2) de su escritura : http://wp.me/pu9CK-k2


  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Diciembre de 2018



paseamos-ruinas
2018/11/30, 11:41 pm
Filed under: agua-en-vasos

Paseamos entre ruinas

    Y esto nos dice un afincado
  personaje en la casona rota
  donde entramos curioseando:
  “Nos sentimos muy honrados
  por su presencia de hoy
  aquí entre nosotros”, y
  continúa: “Me he mudado al
  cuarto más chico de
  la casa, pero no se retiren,
  que hay un recital de
  arpa y canciones junto a
  la cocina y la puerta
  de entrada; Gaby todavía..”

    ─..Verán que todavía canta
  con afecto despierto.
  Hoy se ha puesto un vestido
  verde, podremos gozar ahora
  de su música, sin cautelarnos.
  Y sin embargo, en breve
  todo esto habrá pasado,
  y lo más interesante es
  que nadie habrá para
  recordarlo, de veras.
  Mas de momento no nos
  preocupemos; pasad vosotros─

  Rápidas miradas de acuerdo
  cruzamos en nuestro grupito
  y por pasillos vetustos los 4 nos
  encaminamos a la sala que
  encontramos cambiada: “Antes
  no era así”, murmuramos como en
  un reconocer el lugar habitual que
  jamás previamente pisásemos.

ruina campera

ruina campera, casona rota

  Unas pocas personas flemáticas
  en la sala nos han visto llegar, y
  junto al arpa la mujer de verde
  se toma su tiempo; ahí está.
  “El tipo era muy raro, pero cantante
  con arpa hay”, susurra Doris en nuestro
  aparte: “Esperemos”. Doris, mi ídola.

  Pero no se efectuará la música,
  sino unas palabras que parecen
  surgirle a la estrella verde sin una
  concepción previa: Ms. Gaby dice
  lentamente con rumbosos gestos:

  «Bebitos gigantes que
  modelan terrenos,
  amasan montañas, y
  proyectan ríos totales
  de colores cimeros.
  Aquellos silencios pétreos
  de los otros ya no pesan y
  un murmurio de espera
  los acucia; que hablen:
  ¡Bebitos que saben por
  donde guiar insomnios!»

  Le dedica a la audiencia
  una inclinación reverenciosa, y
  la Gaby hace mutis por el foro.
  Silencio total, pero los flemáticos
  intercambian sonrisitas cómplices.

  Sólo para nosotros 4 apostrofa
  quedo Eulalio: “Hace años que nos
  chambonean con demencias; decime
  sino es mejor que zafemos de una vez”.
  La ha abrazado a Vera por los hombros
  y me está mirando, me pongo hondo y
  apagado: Algo de razón tiene Eulalio;
  “Pero una solución simple y dura
  no sólo no serviría sino que estaría
  más peor”, le digo: “Con el nembutal se
  duerme pero después quedás resacado”

  “Cada proceder debe hacerse con
  la debida moderación”, masculla Doris:
  “No es cuestión de salirnos corriendo,
  sino como paseando y con atención
  mirar bien que no nos metamos en la
  cocina; ¡ir hacia la entrada en pelotón!”
  Y así lo estamos haciendo, ¡ídola!
    Después habrá que prepararse, pensar
  para no delirarnos en curioseos ni
  casonas; ahora moderadamente
  salgamos de ésta que conocíamos.

 


  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Noviembre de 2018



sombras que no quieren
2018/10/30, 1:54 am
Filed under: agua-en-vasos, Narrativa | Etiquetas: , ,

Las sombras no quieren

Ahí por donde hay un puente de ferrocarril, y pasando por unos yuyales, estábamos sintiendo un olor generalizado, era como de incendio apagado por el agua de los bomberos. Teníamos que ir del otro lado y se había hecho tarde; era complicado querer entrarle medio a oscuras al puente peatonal, por la estrechez que tiene el pasillo de acceso. La voluntad se nos limitaba por las escabrosidades: relente de cosas que ardieran, humedad con olor a quemado, una evaporación pringosa, anulaciones de una mínima seguridad.

Nos sucedió también, y de pronto, que una escalera movediza se atravesó: Sin operarios a la vista la escalera se corrió al medio de la circulación, y nos obstaculizó el paso. Los peldaños eran muy altos, era complicado, una escalera peligrosísima. “Todas estas cosas desagradables sólo son sombras nuestras en contra de que nos hagamos tan personajes; las sombras no quieren nuestras tantas ganas de pasar por ahí”. Entre lloros así declaraba la chica con quien íbamos en la partida.

Muy triste ella; su marido había quedado del otro lado de las vías, temía haberlo perdido para siempre. Y para peor, había agua que corría en catarata por los peldaños de la caprichosa escalera súbita. ¿Se podría o no se podría pasar?, era complicado. Con un fierro caído al costado del pasillo, hicimos un palanqueo, nos esforzamos hasta que la escalera se corrió de tal manera como para que pudiéramos llegar por sus escalones al puente.

pintura grupo Die Brücke

Ernst Kirchner: Calle de Leipzig con ferrocarril, fragmento.


Lo estábamos intentando; pero hubo ahí otro aparecimiento de algo, con incómodos ruidos; eran cosas que habíamos hecho juntos, y que la chica llevaba en un bolsón de cuero confortante que como una mochila cargaba a su espalda. La cremallera del maldito bolsón se había zafado y nuestras artesanías de bambú estaban cayendo sobre los sonoros escalones metálicos, muy complicado.

Vimos entonces que teníamos gente en permanencia arriba sobre ese puente, intentaban formar una hilera en espera, más bien que hacían una cola. “¡Qué noche nos da la bella!”, soltó uno de ellos. “No parece que vaya a tener sentido que sigamos”, comentó nuestra chica: “¡Estamos a pura pérdida!”.. Dejó caer el fatídico bolsón, y entre sollozos irrefrenables desprendió un ..”¡No hay salida!”.

Pero quizá lo dijera por el fuerte olor que venía del otro lado de las vías, donde por allí hubiese quedado su marido. Nada de tranquilizarla; esperar; después saldría a la luz que la hediondez era parte de lo que el marido de nuestra chica había dispuesto; un sádico, una fuente de nocivo contagio. No era cosa de abandonar la escalera y poco después nos preguntábamos: “¿Cómo será esto?”, pudimos hacerlo porque estábamos de madrugada.

La llorosa amiga no quería retroceder, se opuso; fue así como ahora lo decimos, pues le habíamos sugerido que tomásemos por otro cruce, de madrugada por la Avenida. Hubo que alcanzarle un pañuelo embebido en agua colonia. Ya amanecía, y cuando vino otra gente, desde el amontonamiento que llegaba pudieron decirnos: “No se preocupen, va a haber algo”, y se pusieron detrás nuestro. Caímos en la podrida cuenta: ¡Con nuestro impasse se nos había sumado a la cola y ahí estábamos, dándole continuidad a la hilera de espera!

Y bueno, así fue, con paciencia, como averiguaríamos los pasos propios de un tránsito paisano y normal al otro lado y detrás del marido, el grumo atravesado; y de cajón que retomábamos luego nuestro andar. ¿Dónde se habrá metido el infeliz?


 Sobre el pintor y grabador Ernst Kirchner, enlace G’ por aquí


  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Octubre de 2018

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los de cocina
2018/09/29, 11:14 am
Filed under: agua-en-vasos, Cuentos Breves, Narrativa | Etiquetas: , ,

   Los de Cocina


(T. de lectura: 7 minutos)  

“Hasta resulta cómico lo buenos que somos todos”. Fiódor Dostoievski 

   Ahí mismo estábamos, en nuestras diarias tareas del Turno, las que inmediatamente concluímos por un llamado a Sesión, y nos hicimos presentes ante la junta de Relegados que se había reunido. Supimos que querían cumplir distinguidamente, de punta en blanco, con los auspiciantes y proveedores para cierta Propalación de Rítmica, esos eran los planes.

Grabado de Pompeyo Audivert

“.. más feliz había sido el de estar cocinando..” ℑmagen: Grabado de Pompeyo Audivert

   Ya veníamos enterándonos del talante que tendría lo que se estaba gestando. No lo supimos de terceros: Veíamos al momento de la Sesión un círculo con gente lambida que se prodigaba en finas y húmedas agudezas.
   Cada uno de los distinguidos relegados que participaba del evento organizativo, tuvo destinada una silla exclusiva con letrero de su nombre; no así para nosotros. Por eso reclamamos nuestra contestación general; pues bien ahí que nos hallábamos, y claro que en los instantes de antes hacía poco, cuando lavábamos los cacharros ─más feliz había sido el de estar cocinando─, y todos juntos, déle cantar.
   Lo hacemos todos los días, y bien contentos, pero no es un trabajo fácil: Con trapitos, esponjita, y lana de acero, hay que darle terminación correcta al lavado de vajilla y asaderas. Pues la salsa verde debe presentarse dedicadamente en terrinas prolijísimas ante las bocas del subte, y recordando para ello que éstas son tan bocotas que prefieren las papas cortaditas grandes. Todo esto hay que tenerlo en cuenta.
   Pero para la sesión no lucíamos precisamente de punta en blanco. “Desidia en la presencia del personal”, nos dijeron. Por eso reclamamos nuestra contestación general, a pesar del concierto de bocinas nocturnas desde la calle con que se pretendía enmascarar la discusión, pero esto sin embargo no nos impidió reprobarles el selecto evento: “¡Quienes están llanamente cerca no cuentan para el plan de Rítmica de ustedes, como que no es para el común de la gente; ¿pero qué elite creen ser?!”
   Además, con micrófonos ocultos les habíamos oído, en los preparativos de la sesión con que pretendieran sorprendernos, que su intención para los de afuera del cónclave era pasarnos a la condición exacerbada de forasteros, extrarelegados plus. Y en esto ahí lo otro fue que ellos se habían desconcertado, pues se daban cuenta que pudimos enterarnos de su malhadado proyecto, plagado de objetivos y acciones con perfil alevoso.
   “Sabemos lo que pasa y no se lo vamos a aguantar: quieren imponer la propalación avasallante de esa Rítmica; ¡no es una digna conducta de Relegados, sino bajeza de exiliadores que prefieren todo lo que venga papita de arriba, eso sí!, y que no les opinemos”…
   Por la demanda y por lo otro, nos miraron con la pompa de un séquito y entonces nos vieron. Con palabras ceremoniosas intentaron declararnos el funcionamiento de los embudos. Hablaba Pupporilla, a cargo él de la coordinación del Turno. Se puso de punta en blanco, lívido, cuando lo anoticiamos claramente que ya lo sabíamos: que los entes de tamaño suficiente para hacerlo son los que pueden sobrepasar las estrecheces infundibuliformes.
   De pronto y con su voz de biguá, la compañera Rebahömab entró a entonar una de nuestras más jocosas canciones oceánicas: “Nadie entiende lo que a usted le pasa; Espero que por algo a usted le importe: Yo no quiero enviarle tomatazos; No se acerque a la ventana, no lo haga”. Uno de los nuestros, Abalzul, tomaba fotos de los distinguidos entretanto; una y otra vez les pedía que sonrieran.
   Al final fue como que se destrabasen; y emergieron de su desatino, como si se les hiciera un click al coordinador Pupporilla y los copartícipes de su círculo húmedo: Salieron a tomar aire. Todos los del Turno salimos, hay que decirlo. Para entonces se nos había tronchado el abordaje del tren de las 8. Así que sin apuros y de buen ánimo, linda noche, todos juntos nos dirigimos hacia la Estación para tomar el de las 10.
“La semilla es pequeña 
pero rompe cualquier piedra 
cualquier roca 
y la hace florecer”. 
José María Arguedas 

  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Septiembre de 2018




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