Hipersalenas


cruz-andina-buen-vivir
2019/03/29, 4:59 pm
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 Cruz Andina y Buen Vivir

   La siguiente gráfica se propone como prima-hermana de la Tawapaqa o Cruz del Tiwanaku.

La presente representación visual es sólo una libre versión personal, que deviene de la original Cruz Andina, la que es una tajada plana, sólo una imagen de superficie y representativa de los paradigmas originarios propios de las civilizaciones y culturas (latinoamericanas) de Abya Yala. Estas señalan en sus principios que es necesario ‘razonar bien’, mas también se debe ‘querer bien’, ‘amar fuerte’, saber sentir al cosmos, a la comunidad, a los semejantes y al medio circundante, a la madre naturaleza. Desde luego que tal calidad vincular, sistema de sabiduría, ha de construirse y mutar permanentemente, en integración proporcional y necesariamente complementaria, ante y con los ciclos de la vida. A esto agreguemos, en una breve declaración, que todo fenómeno real o conceptual tiene imprescindiblemente su par, en un vínculo que no es oposicional y dialéctico sino que se constituye y desarrolla en permanente construcción por vías del pensar y sentir, funciones estas del pensamiento paritario. Según que este desarrollo constructivo se cumpla, así ha de surgir una dinámica cualitativa y cuantitativa hacia relaciones equilibradas, las que habiliten un ‘hacer bien’, para la creación práctica de un «Vivir Bien, llamado también Buen Vivir, o (en lengua Kichwa) Sumak Kawsay.» Tengamos en cuenta las diferencias con respecto a la temporalidad que este modo solidario de vida implica, ubicándose por fuera de la dimensión lineal de rendimiento maximizado que demanda la homogeinización capitalista. El tiempo del Sumak Kawsay pertenece a las personas para construir con él sus historias de vida. Por ende, se hace compleja la articulación directa del Buen Vivir con los contextos modelados a ultranza por el lucro, los privilegios adquisitivos y los consumos ‘espectaculares’.

“.. piensa en el otro, piensa a la vez en lo máximo 
que le está destinado justamente a él, y sirve tú 
a que ese destino se consume sin querer imponerle 
al otro algo de la realización que te es propia”

Martin Buber, Elementos de lo interhumano
  

 Información disponible
 sobre Cruz del Tiwanaku y Sumak Kawsay:
 
Lajo, J. (s/f): Qhapaq Ñan: La Escuela de..
http://herbogeminis.com/IMG/pdf/QhapaqNan.pdf
 
Morandi, J. (2014): El Buen Vivir..
http://memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.4742/ev.4742.pdf


  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Marzo de 2019

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match y flecos
2019/02/27, 2:30 am
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 Un match y sus flecos

«La idea es abarcar lo cósmico en una síntesis total, sólo posible partiendo de un análisis igualmente total. El tiempo nace en los ojos, es sabido. Comprenda usted: la historia humana es la triste resultante de que cada uno mire por su cuenta.» Julio Cortázar, Los premios

   8 – 10 minutos

  Nos encontramos viendo la demostración lúdica que hacen los lujanenses, con escardillos y rastrillos. ¡Nos divertiremos muchísimo!

 El caso demostrativo de estos lugareños y sus rivales ocurre en una diaria de lo más desagradable, podemos afirmarlo: Es muy temprano, y en estas tribunas hace mucho viento. Cabe destacar una impresión por de pronto: que en la delegación lujanense, la más popular de las chicas quiere empezar algo, que digamos no es muy espectacular. Habituados estamos a las soberbias condenas de Elenita, una tras otra ─parece el personaje más sospechoso del estadio─.

Ahora escuche bien: una voz que se las trae cruza la línea del medio campo; el caso se ha hecho destacable por la práctica guiadora con fuerza de liderazgo que esa voz pretende asumir. En este punto emerge un determinado sollozo, pues ocurre exactamente lo mismo. Pero tal vez nos divirtamos muchísimo al presenciar la demostración que hagan los lujanenses, con escardillos y rastrillos. Mire igual, aunque sollocemos, mire cómo lo hacen, si bien que ayudados por el viento y los sapos, lidian los nuestros con la enorme barrera de orientales que juega hacia el centro de la cancha. Nuestros lujanenses cursan adecuadamente muchas batallas de ambos lados; haga de cuentas que en estreno. Así estamos viendo que los carpidores se hallan en un severo trance. No pueden descuidarse de aquello que vayan a hacer los botijas orientales con su barrera, es posible que la proyecten en altura. Es mucha gente y muy ingeniosa; podrían construir con sus cuerpos orientales una pirámide humana como tapón. Puede que así controlen el juego de alto, también hacia el centro del terreno. El viento y los sapos no los van a ayudar; pero no hay que descuidarlo: es un asunto bastante serio. Sumémosle a esto esa voz que se las trae y cruza la línea del medio campo.

Otras herramientas, además de rastrillos y escardillos, podrían servir para el procedimiento demostrativo de los lujanenses, en este partido que se ha tornado irregular. Fíjese sino en este momento con sapos junto a la línea de definición, ahí mismo: ¡Atención, que a Elenita la tiene tomada su tos de escapatoria! Este ocasional detrimento la lleva a sortear los límites del field; pero nuestra interesante figura tiene una reemplazante que ya trota en el viento hacia el círculo central.

Es atendida Elenita por los embalsamadores, y aprovecha para tomar un descansito. Algunos más de los participantes la imitan, van hacia el lateral en algo como un desbande. Con saludos en ristre hacia nuestras gradas, se encaminan y ahí van ubicándose, rastrilladeros y orientales, en la cafetería tan adecuada que hay junto al terreno de juego.

Y ocurre exactamente lo mismo de siempre. Miremos igual todo esto aunque sollocemos, pues nos compunge que los embalsamadores dictaminen, con banderas amarillas, que los jugadores están en riesgo de contagio, y tendrían que evacuar. Lo que puede pasar está prefigurado en lo que ya sucedió. Si no hubiere problemas, entonces Elenita podría salir, y abrir con su llave la entrada general. Entretanto, nosotros estaremos observando desde la banquina de enfrente. Vayamos saliendo, démosle a Elenita que lo haga tranquilamente; será para dos horas o tres semanas, pues la llave de la entrada general está acompañada en su llavero, por muchas otras llaves de distintos colores muy bonitos. Elenita es ahora quien en el lateral tiene algo que hacer, está en el centro de si misma, puede equivocarse, y el anuncio precautorio con banderas amarillas de los embalsamadores no la ayuda. Se inclina la jugadora desde la cintura arriba sobre el llavero, muy graciosamente puesto su torso. Hasta que con decisión se yergue y espeta para todo el corrillo en expectancia: “¡Apártense de mi los acusados!” La oímos; y aunque estemos habituados a las soberbias condenas de Elenita, este apasionamiento nos sorprende.

No previmos otros acordonamientos ante los que estaríamos: Su llavero colgándole por las rodillas, en enredo hacia abajo desde su cintura, donde está atado; Elenita con su contextura poliándrica, en exploraciones que dudosamente podrían resultar bien para todos. Queriéndola convencer de ahora en más; los orientales, usted y yo, los lujanenses, todos le decimos: “Escuchá Elenita: Por reglamento, las posibilidades del resentimiento son nulas de entrada”. Por supuesto que le aclaramos sobre nuestras consideraciones: que están sujetas a contingencias; y el sostenimiento de nuestros puntos de vista, estará acorde con las disposiciones de tiempo que tengan para hacerlo, todas las personas implicadas con el evento. ─En concreto: Las acciones convenientes parecen ser, las de lograr una inmediata salida rápida de los participantes, por las puertas laterales y con la utilización de asientos palanquines, como también de camillas loneta para quienes esto sea necesario. Un pedido conexo querríamos hacer, para el personal anciano del hogar geriátrico, que por favor monitorèen la correcta seguridad del procedimiento─.

Que las cosas sean claras: El despeje de los equipos aún no se produce; y hace varios minutos que en la banquina lo aguardamos. No parece que el Comisario Deportivo le dé cabida a nuestra sugerencia; esa autoridad ha de estar apañando el encaprichamiento de Elenita. La chica ha de andar aún en los laterales y en la revisación de sus llaves. Al fin y al cabo, la figura se muestra tenebrosa y pintarrajeada, plena de una artificiosidad hierática que la hace inalcanzable. No hay que contemplarle tanto sus bordes de la nada. Y estaría bueno que no esperemos más la retirada de los equipos, ¿no es cierto?; parecería que para usted y yo, el match y sus flecos han terminado.

bocas_de_salida_cancha

".. es un asunto bastante serio.. por favor monitoreen la correcta seguridad del procedimiento".


  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Febrero de 2019



aplausos fuera de lugar
2018/12/21, 10:52 pm
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 Aplausos fuera de lugar

 [8-9 minutos]

“Voluntaria o involuntaria, la memoria no reina sobre el recuerdo: es más bien su servidora”. Juan José Saer

partidas rosario cartelera terminal moreno

✓ Entre los ornamentos de la Terminal, para entretener a los viajeros en la espera de su ómnibus, hay tubos translúcidos de acrílico, dentro de ellos se entrechocan confites eléctricos, impulsados por un compresor de aire. Ahí estaba mustia la Gurisa, mirando con desencanto los tubos y las otras amenidades ─lo había intentado todo, su desánimo se entiende─. 
✓ Con dedicación ella había cincelado cada lámina de las carpetas cúpricas, y la realización efectiva de estos trabajos de la Gurisa depende del movimiento que a veces algún viajero ejecute en la colocación dentro de cualquier carrito del número de carpetas necesario para que el transportín se dirija a alguna de las plataformas de embarque. Pero en esta vez como en otras, sin suficiente chocolate del racionamiento, ni fantasear con que algún viajero tome en cuenta las carpetas con láminas de cobre.
✓ Era así que los molinetes permanecían ínmoviles, las garitas mudas, y los carritos que allí circulan sobre sus rieles, sólo lo hacían con sus ruidosas taras. En una de esas fue que la Gurisa halló al concejal Flox en un tropiezo de ambos con las acalladas garitas de la Terminal de buses. Enseguida la Gurisa, que había intentado todo, encaró hacia un buen montón expectante de la serie de viajeros, para anunciarles, en voz mezclada y paralela con el sonsonete de los carritos contínuos que circulaban sin equipajes ni carpetas: “¡Atención aquí, que el concejal Rollo Flox tomará la palabra!”

imagen de koala tomada de web ambientalista

detelimbéh ♫ cruhbi ♫ tagubya ♫ detelím

✓ Sucedía que desde la galería del primer piso, un marsupial cantor convocaba la atención prolífera de bastantes viajeros ─el bicho se hace querer pues koala virtuosamente en amenas sonoridades─. Había aplausos para el marsupial, que casi impedían oir al concejal Flox cuando desde un reborde se decidió a hablar, pero se hizo escuchar: “Esos aplausos están fuera de lugar; gracias de todos modos. Lo que quiero anoticiarles es que se sospecha del profesor Hekstrudenko, que esté empleando antifaces de conejo en su gabinete. No le ha sido fácil su trabajo con los brazos perdidos”.
✓ En esto vieron todos los personajes en la Terminal, que la Gurisa en el reborde asentía con enérgicos gestos de su cabeza; la coleta con que tenía su pelo atado se movía de un lado al otro. Se sintieron estimulados los viajeros, y replicaron al unísono los dichos del concejal: “¡No, no le ha sido fácil!”. Rollo Flox entonces dijo: “Es emocionante llegar a algo”, y continuó:     
✓ “Pero Hekstrudenko, ¿qué se cuestiona él frente a los brazos que atiborran su gabinete?; sólo ésto: ¿A quienes pertenecieron?”. Y ahí terció la Gurisa: “Obsérvese que se nos revela algo medular sobre el profesor: él no se dispone a investigar sobre la salud de las gentes de quienes provienen los brazos, sino sobre el rango de actuales propietarios que tuviesen quienes han perdido esos miembros superiores; Hekstrudenko sólo se plantea: ‘¿A quienes pertenecieron?’; ¡Es otro de los garcas que nos quieren cagar la vida, y ya que están, afanarnos cuanto puedan!”.     
✓ Otra gente colorida en gran número y en sus andanzas típicas circulaba animadamente por las calles linderas, donde estaba montada una feria con chiringuitos, que se caracterizan por estar ahí dando expresión ferial a múltiples costumbres populares y étnicas. Rollo entretanto hacía punta en la Terminal con su contagio de estupor en alto grado; en plena luz del día se propagó manifiestamente un arribo general a la perplejidad; y Rollo Flox se embroncaba:     
✓ “Son brazos, ahora congelados, ¡pero debemos pensar en las personas! ─me canso ganso─, ¡gente que estuvo animando los brazos antes de perderlos! ¿Y qué será de ella?, ¡eh!!”. Ante esto, en el corrillo de la Terminal se murmuró: ¡”Qué bonito pastel doctoral de pencas tenemos acá!”. Tremendo. ¿Qué buses buscaban tomar los personajes? ¿Y no fue ese murmurio una tremenda canallada hecha con identidades sólo aptas para que renieguen de ellas esos terminalenses?

brazos y manos en dibujo DaVinci

Dibujo de Leonardo da Vinci; Codex Windsor

✓ Dicho sea de paso, y si fuera este el lugar adecuado para ello: También sobre Hekstrudenko se cruzaron comentarios, y bastante acusadores: “Algo quiere demostrar” .. “Casi seguro que él va y se compra los brazos; después que no se queje” .. “Toda esta conejeada nueva tiene que ver con la jalea real, siempre está tomándola, siempre” .. “Sujeto caduco; ¡tomar jalea real en vez de la comida o de la leche!” ..”Se descerebró; algo habrá que hacer, aunque al tipo le pese” ..
✓ A partir de la situación y el rumoreo, el concejal Flox proponía luego con descaro, y accionaba descabelladamente en tal sentido, con sus convincentes pómulos: “Por favor; colocaremos ahora bastantes carpetas donde corresponda, sólo carpetas cúpricas y antifaces de conejo, que nadie ponga ni un brazo en los carritos”. Algunos terminalenses tan contentos como recién llegados estuvieron de acuerdo con Rollo.
✓ El bochinche se estabilizó, porque hubo traqueteos derivados, al conducirse rieles arriba suficientes carritos, llevando carga no hacían tanto ruido. Había que subir tras los transportines, y fueron varias personas en seguimiento arriba por las rampas, para mirar desde el primer piso abalconado el desarrollo de la feria con múltiples costumbres populares en las calles linderas. Las cosas estaban mucho más respirables, aunque no hubiera chocolate. La Gurisa radiante y recompuesta desataba su coleta. Del profesor Hekstrudenko más vale olvidarnos, caso perdido; por lo regular se halla trabajando notas en su gabinete, ante su habitual y demandante pila de papeles ✔•

“.. le amenazaban agitando los brazos y le gritaban algo con todas sus fuerzas, pero no podía entender que era lo que gritaban”. Fiódor Dostoievski


 Otras andanzas de Rollo Flox por ésta Blog
Una disertación, en tope de Página: http://wp.me/Pu9CK-4X
Narración “Inflexión escindida.. ” cuenta viaje de él: http://wp.me/Pu9CK-5r
Aportes testimoniales (2) de su escritura : http://wp.me/pu9CK-k2


  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Diciembre de 2018



paseamos-ruinas
2018/11/30, 11:41 pm
Filed under: agua-en-vasos

Paseamos entre ruinas

    Y esto nos dice un afincado
  personaje en la casona rota
  donde entramos curioseando:
  “Nos sentimos muy honrados
  por su presencia de hoy
  aquí entre nosotros”, y
  continúa: “Me he mudado al
  cuarto más chico de
  la casa, pero no se retiren,
  que hay un recital de
  arpa y canciones junto a
  la cocina y la puerta
  de entrada; Gaby todavía..”

    ─..Verán que todavía canta
  con afecto despierto.
  Hoy se ha puesto un vestido
  verde, podremos gozar ahora
  de su música, sin cautelarnos.
  Y sin embargo, en breve
  todo esto habrá pasado,
  y lo más interesante es
  que nadie habrá para
  recordarlo, de veras.
  Mas de momento no nos
  preocupemos; pasad vosotros─

  Rápidas miradas de acuerdo
  cruzamos en nuestro grupito
  y por pasillos vetustos los 4 nos
  encaminamos a la sala que
  encontramos cambiada: “Antes
  no era así”, murmuramos como en
  un reconocer el lugar habitual que
  jamás previamente pisásemos.

ruina campera

ruina campera, casona rota

  Unas pocas personas flemáticas
  en la sala nos han visto llegar, y
  junto al arpa la mujer de verde
  se toma su tiempo; ahí está.
  “El tipo era muy raro, pero cantante
  con arpa hay”, susurra Doris en nuestro
  aparte: “Esperemos”. Doris, mi ídola.

  Pero no se efectuará la música,
  sino unas palabras que parecen
  surgirle a la estrella verde sin una
  concepción previa: Ms. Gaby dice
  lentamente con rumbosos gestos:

  «Bebitos gigantes que
  modelan terrenos,
  amasan montañas, y
  proyectan ríos totales
  de colores cimeros.
  Aquellos silencios pétreos
  de los otros ya no pesan y
  un murmurio de espera
  los acucia; que hablen:
  ¡Bebitos que saben por
  donde guiar insomnios!»

  Le dedica a la audiencia
  una inclinación reverenciosa, y
  la Gaby hace mutis por el foro.
  Silencio total, pero los flemáticos
  intercambian sonrisitas cómplices.

  Sólo para nosotros 4 apostrofa
  quedo Eulalio: “Hace años que nos
  chambonean con demencias; decime
  sino es mejor que zafemos de una vez”.
  La ha abrazado a Vera por los hombros
  y me está mirando, me pongo hondo y
  apagado: Algo de razón tiene Eulalio;
  “Pero una solución simple y dura
  no sólo no serviría sino que estaría
  más peor”, le digo: “Con el nembutal se
  duerme pero después quedás resacado”

  “Cada proceder debe hacerse con
  la debida moderación”, masculla Doris:
  “No es cuestión de salirnos corriendo,
  sino como paseando y con atención
  mirar bien que no nos metamos en la
  cocina; ¡ir hacia la entrada en pelotón!”
  Y así lo estamos haciendo, ¡ídola!
    Después habrá que prepararse, pensar
  para no delirarnos en curioseos ni
  casonas; ahora moderadamente
  salgamos de ésta que conocíamos.

 


  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Noviembre de 2018



sombras que no quieren
2018/10/30, 1:54 am
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Las sombras no quieren

Ahí por donde hay un puente de ferrocarril, y pasando por unos yuyales, estábamos sintiendo un olor generalizado, era como de incendio apagado por el agua de los bomberos. Teníamos que ir del otro lado y se había hecho tarde; era complicado querer entrarle medio a oscuras al puente peatonal, por la estrechez que tiene el pasillo de acceso. La voluntad se nos limitaba por las escabrosidades: relente de cosas que ardieran, humedad con olor a quemado, una evaporación pringosa, anulaciones de una mínima seguridad.

Nos sucedió también, y de pronto, que una escalera movediza se atravesó: Sin operarios a la vista la escalera se corrió al medio de la circulación, y nos obstaculizó el paso. Los peldaños eran muy altos, era complicado, una escalera peligrosísima. “Todas estas cosas desagradables sólo son sombras nuestras en contra de que nos hagamos tan personajes; las sombras no quieren nuestras tantas ganas de pasar por ahí”. Entre lloros así declaraba la chica con quien íbamos en la partida.

Muy triste ella; su marido había quedado del otro lado de las vías, temía haberlo perdido para siempre. Y para peor, había agua que corría en catarata por los peldaños de la caprichosa escalera súbita. ¿Se podría o no se podría pasar?, era complicado. Con un fierro caído al costado del pasillo, hicimos un palanqueo, nos esforzamos hasta que la escalera se corrió de tal manera como para que pudiéramos llegar por sus escalones al puente.

pintura grupo Die Brücke

Ernst Kirchner: Calle de Leipzig con ferrocarril, fragmento.


Lo estábamos intentando; pero hubo ahí otro aparecimiento de algo, con incómodos ruidos; eran cosas que habíamos hecho juntos, y que la chica llevaba en un bolsón de cuero confortante que como una mochila cargaba a su espalda. La cremallera del maldito bolsón se había zafado y nuestras artesanías de bambú estaban cayendo sobre los sonoros escalones metálicos, muy complicado.

Vimos entonces que teníamos gente en permanencia arriba sobre ese puente, intentaban formar una hilera en espera, más bien que hacían una cola. “¡Qué noche nos da la bella!”, soltó uno de ellos. “No parece que vaya a tener sentido que sigamos”, comentó nuestra chica: “¡Estamos a pura pérdida!”.. Dejó caer el fatídico bolsón, y entre sollozos irrefrenables desprendió un ..”¡No hay salida!”.

Pero quizá lo dijera por el fuerte olor que venía del otro lado de las vías, donde por allí hubiese quedado su marido. Nada de tranquilizarla; esperar; después saldría a la luz que la hediondez era parte de lo que el marido de nuestra chica había dispuesto; un sádico, una fuente de nocivo contagio. No era cosa de abandonar la escalera y poco después nos preguntábamos: “¿Cómo será esto?”, pudimos hacerlo porque estábamos de madrugada.

La llorosa amiga no quería retroceder, se opuso; fue así como ahora lo decimos, pues le habíamos sugerido que tomásemos por otro cruce, de madrugada por la Avenida. Hubo que alcanzarle un pañuelo embebido en agua colonia. Ya amanecía, y cuando vino otra gente, desde el amontonamiento que llegaba pudieron decirnos: “No se preocupen, va a haber algo”, y se pusieron detrás nuestro. Caímos en la podrida cuenta: ¡Con nuestro impasse se nos había sumado a la cola y ahí estábamos, dándole continuidad a la hilera de espera!

Y bueno, así fue, con paciencia, como averiguaríamos los pasos propios de un tránsito paisano y normal al otro lado y detrás del marido, el grumo atravesado; y de cajón que retomábamos luego nuestro andar. ¿Dónde se habrá metido el infeliz?


 Sobre el pintor y grabador Ernst Kirchner, enlace G’ por aquí


  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Octubre de 2018

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los de cocina
2018/09/29, 11:14 am
Filed under: agua-en-vasos, Cuentos Breves, Narrativa | Etiquetas: , ,

   Los de Cocina


(T. de lectura: 7 minutos)  

“Hasta resulta cómico lo buenos que somos todos”. Fiódor Dostoievski 

   Ahí mismo estábamos, en nuestras diarias tareas del Turno, las que inmediatamente concluímos por un llamado a Sesión, y nos hicimos presentes ante la junta de Relegados que se había reunido. Supimos que querían cumplir distinguidamente, de punta en blanco, con los auspiciantes y proveedores para cierta Propalación de Rítmica, esos eran los planes.

Grabado de Pompeyo Audivert

“.. más feliz había sido el de estar cocinando..” ℑmagen: Grabado de Pompeyo Audivert

   Ya veníamos enterándonos del talante que tendría lo que se estaba gestando. No lo supimos de terceros: Veíamos al momento de la Sesión un círculo con gente lambida que se prodigaba en finas y húmedas agudezas.
   Cada uno de los distinguidos relegados que participaba del evento organizativo, tuvo destinada una silla exclusiva con letrero de su nombre; no así para nosotros. Por eso reclamamos nuestra contestación general; pues bien ahí que nos hallábamos, y claro que en los instantes de antes hacía poco, cuando lavábamos los cacharros ─más feliz había sido el de estar cocinando─, y todos juntos, déle cantar.
   Lo hacemos todos los días, y bien contentos, pero no es un trabajo fácil: Con trapitos, esponjita, y lana de acero, hay que darle terminación correcta al lavado de vajilla y asaderas. Pues la salsa verde debe presentarse dedicadamente en terrinas prolijísimas ante las bocas del subte, y recordando para ello que éstas son tan bocotas que prefieren las papas cortaditas grandes. Todo esto hay que tenerlo en cuenta.
   Pero para la sesión no lucíamos precisamente de punta en blanco. “Desidia en la presencia del personal”, nos dijeron. Por eso reclamamos nuestra contestación general, a pesar del concierto de bocinas nocturnas desde la calle con que se pretendía enmascarar la discusión, pero esto sin embargo no nos impidió reprobarles el selecto evento: “¡Quienes están llanamente cerca no cuentan para el plan de Rítmica de ustedes, como que no es para el común de la gente; ¿pero qué elite creen ser?!”
   Además, con micrófonos ocultos les habíamos oído, en los preparativos de la sesión con que pretendieran sorprendernos, que su intención para los de afuera del cónclave era pasarnos a la condición exacerbada de forasteros, extrarelegados plus. Y en esto ahí lo otro fue que ellos se habían desconcertado, pues se daban cuenta que pudimos enterarnos de su malhadado proyecto, plagado de objetivos y acciones con perfil alevoso.
   “Sabemos lo que pasa y no se lo vamos a aguantar: quieren imponer la propalación avasallante de esa Rítmica; ¡no es una digna conducta de Relegados, sino bajeza de exiliadores que prefieren todo lo que venga papita de arriba, eso sí!, y que no les opinemos”…
   Por la demanda y por lo otro, nos miraron con la pompa de un séquito y entonces nos vieron. Con palabras ceremoniosas intentaron declararnos el funcionamiento de los embudos. Hablaba Pupporilla, a cargo él de la coordinación del Turno. Se puso de punta en blanco, lívido, cuando lo anoticiamos claramente que ya lo sabíamos: que los entes de tamaño suficiente para hacerlo son los que pueden sobrepasar las estrecheces infundibuliformes.
   De pronto y con su voz de biguá, la compañera Rebahömab entró a entonar una de nuestras más jocosas canciones oceánicas: “Nadie entiende lo que a usted le pasa; Espero que por algo a usted le importe: Yo no quiero enviarle tomatazos; No se acerque a la ventana, no lo haga”. Uno de los nuestros, Abalzul, tomaba fotos de los distinguidos entretanto; una y otra vez les pedía que sonrieran.
   Al final fue como que se destrabasen; y emergieron de su desatino, como si se les hiciera un click al coordinador Pupporilla y los copartícipes de su círculo húmedo: Salieron a tomar aire. Todos los del Turno salimos, hay que decirlo. Para entonces se nos había tronchado el abordaje del tren de las 8. Así que sin apuros y de buen ánimo, linda noche, todos juntos nos dirigimos hacia la Estación para tomar el de las 10.
“La semilla es pequeña 
pero rompe cualquier piedra 
cualquier roca 
y la hace florecer”. 
José María Arguedas 

  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Septiembre de 2018



vanasco-a-vallejo
2018/08/26, 5:00 pm
Filed under: agua-en-vasos, bibliosanación, Notas | Etiquetas: , ,

  A César Vallejo

 No nos basta el idioma, compañero,
 para decir lo indecible.
 
Habría que agregarle una hache al sustantivo
una erre al pronombre
y tres equis al verbo
y aún así no sería suficiente.
 
No nos sirve el lenguaje, camarada,
si no desmenuzamos previamente las palabras
si no las masticamos a priori con fruición
y las molemos tercamente un rato.
 
Hay que cargarlas de un dolor tan célebre
de un frío tan universal
de un hambre tan empírico
que las palabras no alcanzan, compañero.
 
 Y no obstante cantamos
 cantamos en un tiempo de crimen y despojo
 pero no cantamos este tiempo sino el otro
 el tiempo en que todos los que quieran podrán cantar.

Alberto Vanasco (1925─1993)   
*Poema tomado de ADEMAS, Revista de Letras; Bs Aires, 1988

photocollage_pan+dibujos

"las palabras no alcanzan, compañero"


  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Agosto de 2018



nos suele suceder
2018/07/26, 2:03 pm
Filed under: agua-en-vasos, Escenas, Narrativa | Etiquetas: , ,

  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Julio de 2018

  Nos suele suceder

“Acepto y voy al encuentro del acontecimiento .. Pero también lo que las circunstancias nos traen es lo anteriormente decidido por uno en actitudes mágicas”, José Luis D’Amato.

  Tratándose del enano de la Admisión, no sería nada raro que me avise que tengo una llamada, y me grite: “Malfé e E, teléfono O o”. Y tengo que ir a buscarlo, ¿por qué no me lo traerá? Me aparto del Equipo de la Guardia Nocturna; voy, tomo el inalámbrico y entre interferencias escucho una voz de mujer que me dice algo sobre cierto relato: “No se puede hacer ese desplante suyo como usted lo tenía pensado; ¿porque usted lo escribió, verdad?”. La voz se pierde en el barullo que hace el teléfono. La señora parece decirme algo sobre una empresa editorial, y agrega un término que me suena a Kichwa; dice “huainoro” o algo así. Pienso que el momento es congruente con las dificultades corrientes, y como que las realidades son difícilmente comprensibles pero igual les interactuamos, así es pues que diré en el teléfono: “Claro está, señora: Huainoro es algo que yo tengo escrito; le agradezco el llamado, pero con los ruidos no le entiendo bien; ¿qué está pasando?”. Será entonces que el enano me mire con una sonrisa bonachona y me diga: “Por cierto que está usted establecido, muy bien”. Maldito enano metiche, ¡tanta bondad de su parte!; tendré que alejarme de él y volverme con el inalámbrico hacia el salón donde estaba. Y al ver que dejo el ámbito de admisión, el enano se apresura en darme una voz precautoria: “No vaya a hacernos una aurora tensa, jefe, no se serruche el banquito”. Enano maldito, los comentarios que me hace, ya me encargaré de picarle el boleto.
 
  La señora del llamado me avisa que le pasa la comunicación a otra persona, es un hombre de voz grave y metálica que me empieza a hablar de ciertos trámites previos: formularios con opciones, posteriores cartas de intención para que yo las firme. ¿Pero qué pretenden, de dónde llamarán? “Oigame, amigo, la comunicación está técnicamente imposible; lo poco que tengo claro es un interés por parte de ustedes acerca de unas letras mías de ficción, ¿es así?”. La voz metálica hace una pausa en su afán tramitero, y se desprende con “Ah, bueno, entendió algo, tal cual como integralmente dice usted, así son nuestros planes, pero escuche: son necesarias algunas formalidades..”.
 
  Y ya me he retornado con el teléfono al salón con las plantas donde hacemos las guardias; aquí están los compañeros de mi equipo, sentaditos y viéndome reaparecer. La comunicación con la gente de la llamada se me ha puesto doblemente farragosa, pues además de los ruidos que la dificultan, el señor quiere seguir hablándome: de circunscripciones, de asuntos oficinescos a los cuales me convoca. Le digo: “Se me hace que va a ser mejor que después yo los llame desde un aparato que funcione bien. Dígame por favor sus datos para que les retorne la llamada”. ¡Para qué!; el tipo con voz de trombón hace otra pausa y me plancha: “Vaya, vaya con el pichón; además de escribir ficciones beodas y beatas, el inútil sólo quiere andar por las suyas”. Y corta. Pero menos mal que estoy en el salón de la Guardia, con las plantas y los compañeros. Les cuento los aconteceres de la llamada, de los trámites que se me planteaban, les menciono el inusual término “huainoro”.
 
  Evaluamos en equipo las significaciones del episodio que atravesé; también tocamos de soslayo los descomedimientos del enano, de él me dicen: “hay que tomar sus cosas como de quien vienen”. Se podría pensar ─me lo dicen sobre el vocablo en un supuesto Kichwa─, que puede tratarse de una pregunta en Inglés: “Why, Noro?”.
 
  En cuanto a mi desasosiego por una aparente masividad en los hechos, que podrían pintarse como acciones superpuestas o simultáneas, en un formulamiento sin lógica alguna.. \!/Arribamos a un consenso diferenciador, en tanto todos y cada uno de los procesos se perciben en instantes que no son múltiples, sino en el momento único y propio de cada tiempo personal. Los compañeros entonces coincidimos: Las que se superponen son las distintas imágenes y sensaciones, las que se hacen las personas, pero a partir de la unicidad beata y beoda del fenómeno holístico/!\. Y dentro de todo, es la capacidad contentiva de las plantas en el salón, lo que más nos consolida.


¡Hurrah por las plantas saloneras!

 



anotalo
2018/06/22, 10:12 pm
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  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Junio de 2018

Concretas septimias *
  apalabran nonetas *
 
(**: 7 y 9 espacios y/o caracteres en distintas líneas)
(Las líneas a su vez están en orden numérico)


  1.      Esto no
  2.      Lo lées
  3.      Pues tú
  4.      Eres mi
  5.      Elegido
  6.      Para no
  7.      Creerlo
  8.      Elijas tú     
  9.         Todos los
  10.         designios
  11.         del mundo
  12.         concluyen
  13. letreros_contradictorios

  14.      ¿Qué si a
  15.      olvidarlo
  16.      llegas? Y
  17.      a esto lo
  18.      omitirías
  19.      con miras
  20.      creyentes
  21.      en camino
  22.      sin fínal
  23.      Corazón
  24.      perdido
  25.      Véngate
  26.      Omítelo
  27.      Esto no
  28.      Lo lées
  29. ⇐  Anótalo

P.D: Ante las opacidades de algunos momentos, parecería bueno un centrarse directamente en contacto con los vínculos más propios, ¿verdad o consecuencia?



jaula con el kelec trocuta
2018/05/20, 12:00 am
Filed under: agua-en-vasos, Narrativa, Poesía | Etiquetas: , ,

Abarajame la jaula

“.. desastre de un tiempo sin presente y
que soportamos mientras tanto, espera
de una desgracia no por venir, sino siempre
ya sobrevenida y que no puede presentarse;
en este sentido, futuro, pasado, están condenados
a la indiferencia, por carecer ambos de presente”.
Maurice Blanchot, La escritura del desastre   


<title>Destapemos</title> aquí un naipe que puede ser interesante sin desmedro o sí, tal vez no, ─quién sabe─. La verdad es que éste naipe de nombre Kelec Trocuta no peonza muy bien, es como si llevase de rastrón bolas de hierro encadenadas a sus pies. Se hirsuta en sus gafas catastróficas y mucho no se hace cargo de la problemática que lo afecta: “Con tribu yo contribuyo”, dice él, y alza una mirada exigente al levantarse de hombros, pues su mengua “se la han causado las vejigas”. Así dice, pero igual la está llevando adelante; toma tulo el asunto como concernido en cuneta y a la vez con espíritu a la perinola y deportivo; el Trocuta en su modo tribal y bastante fiestongo.

juego de mesa

en cuneta y a la vez con espíritu a la perinola y deportivo

Vayas vos a entender eso, el por qué está llevando así adelante la cuestión el personaje: “es lo que hay”. Diríase del tema que no le resulta sucio muy sucio, provenga éste de lo que sea: chanza de las vejigas, desafío costumbrista, mala racha, o contagio sucio muy sucio. Nos impresiona fuertemente este caso real; nuestros ánimos decaen, debaten, y se desesperanzan; como si fuésemos náufragos nadando en el Mar del Gofio*[nota]. Pero en una de esas seguimos indemnes todavía, tingamo salú. Y vos abarajame la jaula con el Kelec Trocuta. Desbandame detención y derribo de peonzas. Justicia para el naipe que puede ser interesante sin desmedro o sí, tal vez no, ─quién sabe─..■


   * ::  Julio Cortázar, en su Nadando en la piscina de Gofio, aclara sobre este nutrimento: .. “que, por si no se sabe, es harina de garbanzos molida muy fina, y que mezclada con azúcar hacía las delicias de los niños argentinos de mi tiempo. Hay quien sostiene que el gofio se hace con harina de maíz, pero sólo el diccionario de la academia española lo proclama, y en esos casos ya se sabe. El gofio es un polvo parduzco y viene en unas bolsitas de papel que los niños se llevan a la boca con resultados que tienden a culminar en la sofocación. Cuando yo cursaba el cuarto grado en Bánfield comíamos tanto gofio en los recreos que de treinta alumnos sólo veintidos llegamos a fin de curso. Las maestras aterradas nos aconsejaban respirar antes de ingerir el gofio. pero los niños, le juro, qué lucha”.. Para visitar en sitio externo el relato  “Nadando en la piscina de Gofio”, dale por acá   


Sergio Malfé
Argentina, Abya Yala
Mayo de 2018




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