Hipersalenas


escena en instituto
2016/12/16, 1:14 am
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Instituto Superior de Ciencias Culturales
|narración escénica|


Si no se le concede ninguna atención, el tiempo no existe; todo recomienza por su principio a cada instante. Mircea Eliade


   En la parte de afuera había otras ventanas; edificios del otro lado de la calle, cercanos con la ventana del despacho en que ella se encontraba. Y es que Royi Lantrudi ha entrado enseguida en el toilette del cuarto de usos múltiples. Esas ventanas de afuera iban cambiando de ubicación, en unos movimientos horizontales. De esto hace más de veinte años. Y estamos muy cerca de esas ventanas movedizas, pues en una destreza actuacional que no teníamos prevista, se nos temporalizaron súbito: hasta estos momentos actuales vinieron las ventanas.

reverbero

“..hasta estos momentos actuales vinieron las ventanas..”

   También ahora ha venido a la oficina el profesor Paul Blehosta. Pone sus carpetas sobre la mesa, como antes. Va a correr la silla para sentarse en ella; primero ve que esté limpia. Saca de su chaqueta las lapiceras y espera.

   “En algún momento tendrá que salir del baño”, piensa Blehosta. Y toma nota de una frase sobre la que trabajará en su próxima performance colonial: “La ciencia nueva hace crecer mentes impredecibles, crecen aprobadas, con sus integridades doloridas”. Ya retorna Lantrudi, quien le dice: “Profesor, casi se nos ha hecho de noche, y tenemos programado otro corte de luz; así no vamos a poder trabajar, la sala ya está muy oscura” | “Hay que traer suficientes veladoras, es verdad”, acepta el profesor. “Bueno, le he preparado la tarea”, agrega Royi Lantrudi. Ha salido en tanto Paul a los pasillos, y está esperando al bedel, a quien ha llamado a voces. Su pedido resuena en los frios corredores desiertos de la casa de estudios. Lantrudi puede oir desde la mesa los pasos con que se ha acercado el bedel, y al profesor diciéndole: “No se ve un pito; algún otro candil; por favor, traiga algunas bujías, más luz”.

   Ha vuelto enseguida a la mesa de reuniones; retoma los oficios de Royi Lantrudi; y se acerca con los papeles a las ventanas del antiguo invierno, pero se sabe que esos son tiempos de ahora mismo; una cronología dispar está ocurriendo; se acerca el profesor entonces al resto actual del viejo día para apreciar el cumplimiento textual de la tarea. Son intentos de un añoso Paul Blehosta para leer en la penumbra los oficios que le ha administrado su colaboradora Lantrudi. No le es fácil distinguir los contenidos con la penumbra crepuscular junto a la ventana abierta. Con ojos entrecerrados se pudiese leer en una de las páginas: “La gente se quiere vengar”.

   “¿Usted hizo este informe, Lantrudi?, déjeme ver; las palabras están bastante musicales”. Un reverbero aromático penetra en el cuarto por la abertura, lo siente Paul, quien con extrañeza continúa ojeando.. “¿Espectacularismo, actuaciones troperas?..Ahá, ..que así se quiere vengar la gente. Suena bastante bien todo esto. ¡Oh..!, aquí tenemos la iluminación que necesitamos”. El bedel ha traído una palmatoria con sus velones encendidos y la ha depositado sobre la mesa. Los docentes toman asiento sin premura, agradeciéndole al empleado su atención. “Magníficas bujías”, comenta Paul Blehosta: “Las cosas de antes no son como fueron las de ahora, que no duraron nada. Pero atendamos lo nuestro”. Gustosamente Royi Lantrudi se dispone de inmediato para la discusión colaborativa.

   Se escuchan pisadas en el piso de arriba. Royi apoya sus manos sobre los papeles desplegados, cuestiona cordialmente las consideraciones del profesor: “Creo en su ciencia cultural, profesor, pero ha visto usted sonoridades, palabras musicales en mi borrador. No era esa mi intención para un asunto que es seco y grave: Ataques inusitados sin motivo aparente, violencia metálica. Con este poco de luz, por favor, léame un poco mas lo que he preparado”. Paul Blehosta señala la instancia sonora del momento; dirige arriba una mirada presagiosa con la que luego pasa a inquirirla; desde el enfoque al techo de la sala vuelve los ojos hacia su colaboradora. Los pasos que se oyen no llegan a ser violentos, son notorios esos taconeos, pero pretieren agresividad. Enarca una de sus cejas Paul, y dice: “Es como si saltasen para caer, de arriba abajo sobre sus tacones, como si inócuamente quisiesen comunicarnos algo”. Royi Lantrudi sonríe al apuntar: “Son las clases del licenciado Armonía”. Un sobreetendido risueño disipa la inquietud. Puede abocarse Blehosta sobre las páginas.

   Con una lectura rápida, murmura circunspecciones luego el profesor: “…Se quiere vengar la gente..; ya veo el punto suyo, Lantrudi; ..con represalias desplazadas sobre cualquiera, ..con impactos espectacularistas, ..en actuaciones troperas”. Blehosta manifiesta interés: “Esto tiene gancho real, Royi, pinta usted el brete de las habilidades competitivas, ya estoy viendo cómo lo describe al cuadro: competir por seguridades diferenciales, con el incremento justificativo de una venganza indiscriminada. Es algo peligroso y gravitante, ¡pero bah!: adocenados y pobrecillos en la soledumbre, en la presteza de sus hilvanes para el instante”. Royi Lantrudi mira hacia el techo que continúa siendo un tablado para los discretitos taconazos; más cerca ella, dice susurrándonos: “El buen humor desnuda las tonteras que hay en las costumbres. Más cerca: “¿Querrán vengarse porque existir les es una condena?”. Blehosta y Royi Lantrudi levantan pausada y apareadamente una abierta mirada plena de contemplativa fijeza, sostén ocular como prevención.

   En lo cierto y concreto tenemos que se acallaron los taconeos. No se les caía el techo encima, pero tal vez sea el logro de un consenso espiritual sobre la ponencia en discusión entre los estudiosos, lo que haya infundido mayor discreción en las sesiones del licenciado Armonía. Y tal vez, con o sin electricidad, pasaren a ser aún más discretas las actividades en el Instituto. Royi Lantrudi y Paul disfrutan el instante de calma en la iluminación tenue de las bujías empalmadas sobre el candelabro. “Bonitos momentos, ..pero sin echarlos a menos”, masculla el profesor: “..prácticamente no llegamos otra vez a nada más que a otro comentario cultural. Igual tiene algún interés; es casi nada, pero no es un momento baldío”. Es Royi Lantrudi quien discurre evalatuoria y muy serenamente: “Es lo que hay, profesor Blehosta”.

   “Tal vez sea así nomás, ¿pero qué brete resulta?: Un circo adolescente, buooh, que no es el más propio de una comunidad que constituye sus rumbos y sus tiempos. La industria publicitaria se sigue desarrollando, concita un inmovilismo espiritual insultante, degradante. Sufragios por la ventanilla de atención a usuarios” | “Son duras sus expresiones.. Pero quizá tenga usted razón, profesor. Vivimos en un estadío bastante caótico; lo más constante es un estarnos situados en el veremos”. Paul Blehosta se zarandea en la silla, y argumenta: “Ese ‘veremos’ es otro rótulo para decir ‘esperanza’. Muy bien, es activable esa visión, fortalecerla y palanquear con la esperanza, apoyarnos ahí. Veamos también nuestras capacidades, palanquear en ellas, ¿qué nos permiten hacer? Quizá con palanquear se concreten en hechos los quizás. Ya ve, Lantrudi, una bonita incerteza, casi nada de tembladeral”.

   Hace un silencio flor ella, en tanto encarpeta el despliegue de las páginas. Blehosta sale de un momentáneo ensimismamiento: “Dígame Royi, ¿no ha sentido un aroma muy singular en el aire que viene de la calle? Podría ser que venga de los grupos electrógenos, estoy pensando, que le hayan aditivado aceite de ricino al combustible” | “¡Ah, ¿puede ser por eso?. El aire está raro, ya me había dado cuenta, creí que pudiera ser porque se están empleando veladoras, que estén perfumadas” | “No; se huele aceite de ricino, y creo que es así nomás; un recuerdo se me delinea, es lo que se respiraba en las competencias de aeromodelismo; iba yo de curioso cuando chico. ¿No le parece lindo aroma, colega?” | “Sí que está rico, ¡qué gracioso, combustionan aceite de ricino!” | “Permítame decirle aparte, mi querida colaboradora: esto de las velas y los candelabros me ha hecho ver una calidad maravillosa suya que antes yo lamentablemente no conocía. ¡Qué interesante! Me he despabilado al respecto: Su piel, Royi, se me ha destacado lumínica, y como un factor de atracción muy muy relevante”
   … “¿Cuáles son exactamente tus intenciones, Paul…, …al decirme todo esto?”


“..Hacer presente lo que está ausente, que las experiencias que ya existen pero son invisibles o no creíbles estén disponibles”. Boaventura de Sousa Santos.


Nota: Otros contenidos relacionados con éste, semántica y automátticamente seleccionados por WordPress.Com, tendrían acceso al pie de la entrada, si la misma es abierta en su localización singular, por este enlace: http://wp.me/pu9CK-1rz.

 Sergio Edgardo Malfé
 República Argentina, Abya Yala; Diciembre de 2016



completo disfrute atroz intentemos
2016/10/10, 5:08 pm
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10 de octubre: Día Mundial de la Salud Mental 


 Completo disfrute atroz intentemos

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Disponga usted su aparataje
Captador de argumentos, con cuidado,
Que ninguna persona infidente se dé cuenta.
Sepa que hay ligazones entre las cosas
Y que éstas sobrevienen por aquellas;
No son decisivas las cosas sino los hechos:
Las azaleas sólo viven bien en la casa de la abuela;
Los pececillos suyos están dúctiles
Sólo en el lápiz que usted anime
Con sus sinceramientos.
Que no sean prensadas sus verdades,
Tampoco los mansos pececillos,
Bajo las muelas destructivas
Del contacto cocodrilo.
Haya fluidez en las tareas
Serias y cuidadosas que se emprendan
Para el ensamblado y control de las virulas.
Y se lava usted la cara,
Asista ante el espejo
A la iconización de su gesto.

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¿Quién querrá abrir la gaveta,
Para que salga el humo negro y denso,
Que todo lo impregna?
Que no se nos vaya a convertir en odio
El darnos cuenta de las historias falsas;
Sartas mentirosas de habladurías cortesanas
Sostenidas con sorna, a cargo
De mentirosos profesionales.
(Atendamos un hecho subrepticio:
Hay otros cajones escondidos,
Con cuerpos aún sangrantes dentro.)
¿Quién vocifera suavidades
Con giros rápidos y mortíferos?
¿Quién despedazar querría
Los espirituarios acendrados?
Contemos con virulas de alerta
Para estos momentos,
Pues una organización de amanuenses
Gravita en el contexto.
Ellos encarnan sus anzuelos,
Sondean y registran
Todos los datos ambulatorios
Y los notorios decires propios
Que hablen los candorosos
Habitantes del barrio.
::Resulta además que hemos detectado
La instalación atroz de peajes retardatarios
Que se jactan de ser piolas,
Inevitables y fatalísticos,
Pero son engorrosa y estúpidamente estopas
Planchaditas a la moda y malvivientes;
Horrendos trombos
Que quieren llevársela en cubetas.::

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Imposible redactar; los lobos;
..Y las criaturas de ojos celestes,
De todas las edades y géneros,
Objetivos de las preferencias públicas,
Situadas ellas regularmente por estos barrios
En el lado del mostrador que hace el despacho..
Pero que no sobrevengan aludes,
Detener las revanchas, mire y escuche,
Ambos lados de los rieles pampeanos;
Andando estamos sobre tierra nutricia,
Con botines y en borbollones continentales,
Fuerzas indomables, poderosos destinos
De agua sencilla y fresca.
Ya que es así, pulse el botón grande y verde,
Pues está gauchita la confianza
Que se comunica en un cambio de miradas.
¡Pero caramba!.., ¿acaso estamos en la ocurrencia
De solucionar nuestros malestares,
Los de toda una vida,
Por un acceso revelado que nos ilumine
Respiratoria y salvíficamente?
Ésta contínua y renovada pasión adictiva
Por la obtención de grandes impactos
Desde fenómenos aparentemente nuevos,
Es acreedora de consideración terapéutica;
Es un hecho que quizá se resuelva
Al organizar las recién descubiertas,
Auténticas y novedosas emociones
::organizarlas con frecuencia.::
Hay que recordar que no nos sería rechazable
La oferta de estar todos alegres y contentos;
Gran concordia en el compromiso.
La temporada comienza,
Y pronto serán las vacaciones;
En el helechal entremos,
Intentemos hacer nuestro
El amplio y completo disfrute.
Hay que pasarla bien, eso se impone:
Es el ánimo de estos tiempos,
Tanto en Panamá como en Bahamas,
En Londres o en cualquier otro refugio
Subdesarrollante y desregulado.
Y ocurre que las desventuras australes
Pueden seguir procesándose,
Nos son anónimas e inocuas;
Y nos quedan muy lejos las gentes y
Las calles de Argentina, ¿o no es así?


“Se quedan mis palabras en el aire | Como corchos en el agua”. Federico García Lorca


 Sergio Edgardo Malfé
 República Argentina, Abya Yala; Octubre de 2016

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reconocer melodia/..”insertar; recuperación; enseguida; paseantes; fogón..”
2016/04/09, 9:52 pm
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  Reconocimiento de una melodía


“..para curar a todas las víctimas del absurdo que yacen agonizando de alegría artificial”. Thomas Merton (Fray Luis)

   En la necesidad de completar su carrera, obtención de algún dinero, sentirse gente, el muchacho cabezón trabaja en asuntos de vestimenta, flecos vanguardistas para la camisa de su patrona, porteñita pletórica, bordados o cosa semejante, corbata blanca con sobrerelieves de metal plateado, tachones que podrían ser símbolos lógico-matemáticos.
   Nadie lo va a poder creer: Dupreni necesita una solución de autenticidad, su carrera no se debe detener, cursa Resolución Total para las desgracias, Situaciones de Desastre Bajo Estudio, encima de alguna mesa poner su llavero; sus vivencias siguen en subibajas, necesita tenerse más estima, que sus vínculos dejen de ser anónimos y solitarios; toda la gente tiene lazos firmes entre sí; piensa él que le haría bien el juego de echar relinchos junto a sus amigotes, los muchachos de la esquina.

pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

“..reconocimiento de una melodía .. con todas sus sonoridades..”

   Busca un símil de corazón ese muchacho, él lo necesitaría para insertar su persona en una retícula, en un sistema de juegos teatrales que confiera orden y sentido al mundo de ocupaciones que él desea, mundo con mucha gente. Todos agitan sus manos un segundo y los banderines de sedería flamean al viento; emprenden viaje hacia el pinar costero. Carruajes quizá, con señores tal vez de galera, y damas de amplios vestidos. “¡Dupreni!”, le grita al cabezón su patroncita: “¡tienes que ir al final de la hilera”.
   Atraviesan portales y pasadizos, van encolumnados entre viviendas perecidas en su lobreguez, casas sórdidas y ruinosas. Dietas agigantadas hasta la masacre. Sobre los muertos dar saltos de un lado al otro con las muletillas. Ausencias y retornos del sentimiento de su integridad en Dupreni. Un corto viaje a través de los potreros; llega la hilera al pinar, algunos pasan dentro del pabellón principal, y toda la gente opta con firmeza por un fogón artístico ulterior. Luego está en búsqueda de leña la reunión, enérgicamente unida. Unidades para la recuperación de gente quemada.
   Le dice Emilgia, la chica patrona, que el hermano de ella está necesitado de una conversación constructiva. Esto luego resultaría en una falsedad desgastante: una charla extensa e incoherente que Dupreni con el hermanito tiene que sufrir. Impersonal el diálogo, vinculaciones sin definición, en tanto que el afán de Dupreni es por el logro de una ubicación que signifique hombría; pretensiones de jerarquía viril, las propias de un muchacho lúcido. El cabezón debe refrenar una erupción de furia feroz que el hermanito le produce: lo que hace el pariente es plantearle una inquietud, para enseguida ponerse a distancia con actitud altanera y claramente confusional.
   Al cabezón se le ha hecho una mancha más de horror, “mi pena es penosa pero me la figuro más conveniente que la dolorosa nada”, se está sintiendo anónimo, quedándose en su vacío. Y en el viejo edificio, por sus pasillos de pisos arriba, juegan los niños de la partida, juegan como si estuviesen en las galerías de espaciosos solares. Recurso antiguo que fue religioso, miniturismo abierto para el esparcimiento pintoresco de los paseantes. No se podría precisar como empezó: Se encienden las luces, comienza la atención de otra gente, Dupreni dice que mirará, “a ver si me olvidé de algo”. Que las cosas reflejen lo que él es, y no precisamente una cacerola negra con cosas dentro.

pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

“..melodía .. con todas sus sonoridades..”

   Se sabe adonde no queremos llegar. Es con alivio que recibe Dupreni una sorpresiva y velada propuesta por parte de su patroncita Emilgia. En el parque, sobre los adoquines del patio, la reunión se ha instalado en silloncitos alrededor del fogón ya encendido; sus ilustrísimas señorías aguardan el comienzo de la velada artística; pero no es noche todavía. La chica está diciéndole que en la vecina casa de su familia está el verdadero armonio con todas su partes perfectas y todas sus sonoridades. Había señalado Emilgia un armonio en el patio crepuscular, diciendo que fue mobiliario antes de los religiosos, “ahora está reventado, pero tenía fallas ese armonio, por eso mi familia lo donó a la orden religiosa, el original está completo bajo el alero de la casa”.
   La joven patrona, con tanta época amalgamada en la sugerencia, se puso a andar hacia el otro borde del pinar. Los dichos de ella han sido para que Dupreni la siga hacia la casita del fondo, vecina casa familiar donde está la cama aquella, la sugerencia es suficiente para que él curiosée la vista del maldito armonio original y completo. Están los dos observando el intrumento en el marco armoniocal, bajo el alero, en un entorno adoquinado que es conveniente para la aparición del padre de familia, viene con su carretilla. Y de inmediato reaparece el hermanito, presuroso se mete en la casita. Su madre inquieta le sigue al fallutito los pasos, “está descompuesto”. Figura del tiempo de los flecos: la señora tiene sus años, y se acompaña con sus chales, pinta al hermano de Emilgia como en una crisis nerviosa, con palabras hacia Dupreni en los que le reconoce su intento de ayuda: “usted es una persona estudiosa, pero no se preocupe”. Y se digresiona la señora en una breve locución sobre la intensidad de la Sudestada; meteorológica que es seguida por un silencio sin bochornos.
   En la pausa está pensando el cabezón: “Sentir la presencia de quien soy, en aclaramiento de las circunstancias, solucionar ambas cosas al mismo tiempo: yo y el entorno; mientras me sienta relacionado, no perder la visión de lo que soy”. Las rachas mueven el pastizal de los medanales. Retoma la madre de Emilgia su aconsejamiento: “Usted no espere, solamente estése tranquilo”. Y se desembucha con un acontecimiento: Había sido robada la motocicleta de Bufiné, el delegado municipal. En su barraquita por la tarde y como habitualmente, el funcionario seguía la transmisión de un partido de fútbol, queda media hora por jugar en este encuentro, en la oportunidad le robaron la moto, lo estuvieron interrogando los polis porque habían notado algo raro con Bufiné que querían aclarar: ¿Por qué había sido abierta también una segunda cerradura de la moto que funcionaba con el reconocimiento de una melodía? Los chorros habían conseguido abrir la primera cerradura, ¿cómo hubieran hecho para obtener la apertura de ese segundo dispositivo? ¿Por qué Bufiné había puesto esa segunda barrera?

pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

“..sonoridades..”

   Dos personajes acercándose caminan sobre el adoquinado arenoso con sus borceguíes. “Falta luz en las calles”, les dice la dueña de casa. Los policías con mirada tranquila respaldan a Dupreni, en un diálogo cuidadoso. El joven estaba enfrentando los cuestionamientos con una total imperturbabilidad; él no había tenido comportamientos antisociales. Si hubiera problemas, se deberían a las estaciones de trenes cerradas, cerca del pinar hay una, dejó hace años de funcionar, ya no recibe formaciones, un cartel de cemento le sobresale entre las arenas, sus letras dicen “García Márquez”. Agudeza dominical en quien testifica, uno de los oficiales, pone en claro que ninguno de los personajes problematizados es mala influencia, ni Bufiné ni Dupreni tienen causa relacionada con el robo. Repugnantes cervatillos de plástico en el parque, sería como para contener y encerrar a los criminales. Y al mismo tiempo está el cabezón pensando: “Un puente hacia otra orilla del mundo, ¿estoy en camino?, una orilla distinta cada día”.
   En la calle trasera del antiguo solar religioso, por donde supone Dupreni que habría otra entrada, y le gustaría encontrarla, allí hay un auto viejo estacionado con alguien, que si él lo viere, sabría que es familiar suyo: un señor relleno y maduro, en la consulta de un mapa antiguo que está estampado en el corderoy de un bolso de mano. Un sobre de papel marrón aparece; peluca con hilos de aluminio. ¡Y el ladrón con la moto robada atraviesa un puente lejano! Hay otros detalles para conocer; la vida real está almacenada en múltiples cajoncitos dispuestos en altos anaqueles dentro del caserón. Recepción clandestina de una revista de barricada. Por lo demás, los oficiales ya se han retirado, y la bruma crece. “Tenemos que conversar, ven conmigo a dar una vuelta, te presentaré con papá”. Un devenir suyo, el que su patroncita le tiene en mente, será otra sorpresa para el joven Dupreni. A pocos pasos encuentran al señor de la carretilla. Después de las presentaciones, y con el respaldo de su papá, Emilgia le comunica al cabezón: “La gente de la partida se asusta contigo, eres demasiado para nuestro fogón artístico, va a ser mejor que te vayas”.
   “Le estamos haciendo un favor, joven”, le dice el hombre mayor: “¿por qué no monta en la carretilla?”. Sin obstáculo alguno, Dupreni acepta con sobriedad el envite, está pensando: “De prevalecer un orden del corazón, me estaría colocando así en la alegría de convivir sin pasos tristes, ha de ser ese el caso de los que se manejan bien con su estima, los íntegros”. De cuclillas en el somero vehículo, Dupreni está mirando la luna llena a través de las ramas del pinar. El joven escucha otros controles que Emilgia abriga para él: “Sos un hombre hecho y derecho, ya te queda chico el trabajo con la vestimenta”. Lo está despidiendo de su trabajo, dice ella que así le aumenta su libertad, favoreciendo su crecimiento personal y laboral, tendrá él una esperanza dinámica que finalmente lo colocará en mejor ubicación. Y es la llegada al camino, el final del curioso trayecto: “Tendré que desconfiar de las sensaciones mías para los tiempos que corran; ya no habrá nadie como ella para mí”. Dupreni está lagrimeando cuando ella se le ubica cercanamente, lo besa en los pómulos sobre las lágrimas. “No me lloriquées, varón”. / “No sé que te has creído; los plenilunios son los que me ponen así de sentimental”.


pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

“..es entonces cuando oye..”

   Al otro lado de la calzada se ven las luces de una galería comercial que rodea una plaza seca, allí está brillando “Del Tiempo”, insistencia del letrero de uno de los locales. Dupreni no vuelve la cara cuando padre, hija y carretilla, comienzan de regreso a internarse en el borde cercano del pinar. “Tendré que desconfiar de las sensaciones mías para los tiempos que corran”. Y avanzar por veredas con perros, por senderos de cabras, hallazgo de un viejo pantalón. Siente una reserva de potencia que tiene disponible en una casillita de su personalidad; es entonces cuando oye que el papá de Emilgia le vocifera: “¡Usted es fuerte!”.


..”Creemos que nuestro futuro estará hecho por el amor y la esperanza, no por la violencia y el cálculo.” Fray Luis (Thomas Merton)


 Sergio Edgardo Malfé
 Argentina, Abya Yala; Abril de 2016


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Hipersalena Aleatoria, por Aquí



muecario-controlado:/ ..”conocidos, :naturalista, :dispararles, :fascinada, : probabilidades, :deslizar, :fieros”…

  S. Edgardo Malfé
Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, mayo de 2014.

 

Muecario Controlado


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«Sabía pocas cosas y rechazaba muequeando a las que lo rondaban queriendo ser sabidas.» Juan Carlos Onetti, El astillero.


(0:00:10)
 Cruzó con alguien que conducía muchos hocicos perrunos; cuando él se acercaba, a pie por la ruta muy transitada. Hallándose encantado por la costumbre exploradora de una naturalista visitante en el poblado, Barriero se le había animado finalmente en la tarde anterior, y conversando de cañadas y cocoyales, ella le había dado sus señas: Julia Porfisbián, la naturalista, se encontraba alojada en una casa de la Villa Carretón, a la cual intentaba él arribar. Paradero tan particular donde la chica de paso residía: La caseta de la Kunz -en el poblado la llamaban “Oma Kunz”- habitante de un bohío ubicado en la costa, al costado del camino que va a Punta Zubonza. Atestada de personas conocidas, en el mediodía, la caseta bullente.

(0:01:15)
 Ahí dentro mucha gente del poblado estaba observando la conducta de dos cuchugretes amansados. También había un par de personajes recién venidos -a Barriero se le hicieron notorios-, sumados éstos a todos los que compartían el ámbito de observación; con los dos cuchugretes en el centro de la caseta, sorprendentemente despaciosos; igual estaban contenidos preventivamente detrás de alambre tejido. Y todos ahí -¿por dónde se habría metido la naturalista?-, todos persistían en la penumbra grisácea y monótona de sus apaciguadas somnolencias. Con la venida de Barriero se irían a dar más cuenta de más cosas y de como se iban éstas a arreglar.

(0:02:10)
 Se encontraba allí también otra nueva, una niña muy vivaz. Aleteaban los voladizos monjiles de la techumbre portátil en su cabeza, por los correteos saltarines y cantantes con que la pequeña se prodigaba. La niña iba articulando un ritmo agudo y veloz, danzarina en derredor de la concurrencia, con el romanticismo de su histrionismo estelar. Los cuchugretes muy tranquilos en su aparte, desparramaban sobre el cascarillado sus amansadas anatomías salvajes.

(0:03:29)
 Con ese armatoste encima de ella.., “parece una monjita de Fellini”, comentó Barriero para los conocidos; el dicho les causó sonrisas adormiladas a varios de ellos. “Es mi hija”, respondió uno de los varones nuevos -con abundante cabello blanquecino, un bayo muy claro, daba la impresión de un gato-. Continuaba el marcaje rítmico de la chiquilla. El que se decía su padre puso sobre Barriero una fijeza seria y un silencio. La misma disposición crítica que el desafiante, tomó el otro personaje nuevo, un figurón tosco pero de ojos verdes.

(0:04:00)
 “Si a los caballeros les disgusta lo que digo, ¿por qué no se retiran?” Al tiempo que esto decía, Barriero estaba preguntándose cuál sería la razón para que la naturalista nada le anticipase acerca de su captura de cuchugretes; ni un indicio le había dado, y eso que habían conversado largo sobre la naturaleza del lugar. Mucho le había interesado a Julia Porfisbián, el agrupamiento de cocoyos que él le mencionó. A su vez, la naturalista le contó sus investigaciones con forfículas; ella también quería observar y documentar los crespines de los pajonales. “Será un gustazo que me muestre el cocoyal, seguro que de camino encontraré crespines”, con buen humor se lo había dicho, y en eso quedaron; pero ni jota de estos cuchugretes sorprendentemente mansos. “Ninguna tiene valores”, se decía Barriero, en el mismo instante en que enfrentaba impasible las expresiones de los dos nuevos.

(0:05:11)
 El hombre parecido a un gato, con los ojos de asombro muy abiertos, anunciaba en su gesto mudo, la boca como en un grito, que ya lo iba a morder. La frase como reverberando: “Si a los caballeros les disgusta lo que digo, ¿por qué no se retiran?”. El personaje toscazo, robusto y áspero de carnes, había retraído sus ojos verdes y adelantaba la mandibula inferior, prognática de por sí la pieza, muy diferenciada del total de su cabeza. En ese momento, la niñita con el tocado monjil saltaba, ante la entrada de la caseta, saltitos breves y fijados en ese punto. “Aquí tenemos a la novicia rebelda”, dijo una voz resuelta de mujer. Llegaba también la naturalista; y quien había bromeado y caminaba delante era Oma Kunz, cubierta como siempre con un sobretodo, la dueña del cobijo.

(0:06:20)
 Julia y la Oma pasaron dentro, y pescaron el ambiente de gresca. Los hechos fueron vertiginosos; los animales ablandados se habían arrimado al cerco de alambre tejido, y prorrumpían en un “zop zop” ininterrumpido. Los vecinos en la caseta murmuraron su contento por estas expresiones de los cuchugretes; nunca antes a esas fieras se les había oído nada semejante. Esto se debía a la humeante fuente grande de loza que portaba la Porfisbián, “zop zop”. Rápidamente recomenzaba aquello: Oma Kunz había sopesado la situación, apartó con gesto de referí a Barriero, y encaró a los desconocidos: “Ustedes no son de acá, ¿qué les pasa?” .. “El señor fue irrespetuoso, hizo burla de mi hija”; quiso rechinar eso el blancuzco, pero un murmullo general desaprobatorio le atoró el planteo. El otro se le lateralizó, el grandote, moviendo la cabeza en cortos y alzados giros enérgicos, en un oteo registrador y pugnante.

(0:08:05)
 La dueña de la caseta quiso evitar un desenlace con gresca general. Como medida de control extrajo de dentro del sobretodo una pistola amenazante que llevaba bajo el brazo. Manejó el tosco fierro con languidez; Demasiado grande para sus manos, pero letalmente prendidas éstas a las superficies negras y rugosas de las cachas. “Miren una cosa”. Una contundente argumentación esgrimía Oma Kunz con gesto displicente en sus manos flojas -parecía su odio frío dispuesto a dispararles ahí mismo-.. “¿Verdad que ya se calmaron?; Quédense aquí cerca y que yo los pueda ver; ¿Vieron?”. Al retornar la pistola bajo el brazo de la Kunz, el ambiente en la caseta efectivamente se había serenado. Y de sus adultos se había tomado con las manitos, la niñita del tocado aleteante; con mucha atención seguía la escena en una nueva instancia. Todos estaban mirando cómo la naturalista Julia volcaba en las escudillas la pasta humeante. “Zop zop”, se acercaron a abrevar despaciosamente los cuchugretes.

paisaje

ℑmagen fijadora del muecario


(0:09:30)
 La gestora de la domesticación, a solicitud de Barriero, declaró para la concurrencia fascinada lo que estaba suministrando al dúo de cuchugretes, un herbaje mezclado: toronjil, corteza de canelo, tiririca, calucha… Todo mezclado con cerveza en un condumio de champignones seleccionados. “El preparado les hace un carrousel dentro del cráneo, consigue que estén ablandados, indiferentes; que sino.. la fiereza, y aún con la pasta.. tenerles prevención”.. -Esa misma indiferencia no se sabría en qué pueda resultar-. Comentó la naturalista cuán sensibles son a cualquier violencia los cuchugretes, aún con la innovación de la dieta amansadora: “Se dan cuenta y se agitan, lo expresan con gruñidos roncos y chillidos, son como un aviso antes de irle directamente a la cabeza con los colmillos al individuo amenazante”. Entre bostezos, uno de los vecinos señaló el cambio de colores: “Debe ser por la dieta”, dijo lentamente: “Ya no tienen cruzados los anillos pardos; las rayas de pelaje cyclamen todo a lo largo les quedan muy bien”.

(0:10:55)
 “Si le agregás algarroba al preparado, quizá se puedan desarticular, con la saciedad, las consecuencias peligrosas”, le pareció a Barriero. “Ah, bueno; ése es un aporte de alguien con la suficiente experiencia”, deslindaba risueñamente Julia: “Unos cuantos añitos más que los míos tiene el amigo”. La humorada de ella desde junto a las escudillas produjo, en Barriero, un movimiento de cabeza, de lado a lado, un gesto que no era de negación sino de duda. Pero en los nuevos, hacia quienes tuvo que dirigirse la mirada de Porfisbián, pudo observarse una actitud jactanciosa; como anotándose macizos en un desquite, se aumentaban ante Barriero sobradoramente; mirándolo con sorna estaban el blancuzco y el grandote. Él optó por distanciarse de la reunión; levantó la vista en la sórdida caseta, fijamente interesado en los atractivos detalles del techo. En un rincón estaba sentadita y atenta la Kunz, quiso hacer un intento táctico para despejar las probabilidades de riña que retornaban: “¡Vaya!; Barriero, usted no comió, acérquese a la mesa y sírvase algo”. Aceptó esto el aludido y dió unos pasos graves hacia donde la dueña de casa le señalaba. Una mesa que había estado con comidas -la niñita saltarina en el mismo instante lo siguió-, nada más que platos y fuentes vacías vió Barriero.

(0:12:15)
 “¿Donde está la comida; cómo no encuentro la comida; aquí había para comer, qué pasó con eso?”. A estos murmullos desorientados la chicuela respondió con voz sombría: “Tu comida está muerta desde hace tantos años, viejito; ¿todavía no te das cuenta?”. Los otros dos personajes forasteros se acercaban, deleitados y radiantes, se arrimaron a la mesa vacía como péndulos imposicionantes, oscilantes caractéres nuevos. Barriero les dió la espalda y preparó los puños. Eran visibles y olibles en los tres nuevos las manchas color caca de bebé con que se habían ornado en su actividad malandrina, no les importaba. La dueña de la caseta ya estaba encima del tema: “Al final cagaste, nena”, manejando displicentemente la pistola lo ha dicho. Kunz hace hablar ese arma como un títere, cuando la mueve afirmando: “Cagaron los tres; Ahora van a tomar un baño; Vamos saliendo”. Una mojadura escalofriante, la higienización planteada por Oma Kunz; tendrán que atravesar el patio para ello: “Antes que oscurezca, sino las aguas van a estar demasiado frías, eso no sería agradable, ¡caminen!..” -Barriero sale detrás de la comitiva al patio delantero de la caseta-. “..Que si el amigo Barriero nos alienta, tal vez la escarcha de la canal se funda”; y él asiente al verlos andar. La partida del quinteto -niñita, los dos caractéres, la Kunz, y su pistola-, toma por el sendero que bordea los manglares y lleva hasta un acantilado de poca altura -es en realidad una barranca con pastos que enmarca la canal flotante de Carretón-, allí siempre hay patitas y gaviotos nadando. “¡No teman, que no es hondo!”, jovializa Barriero alentador. “¡A zambullirse!”, remarca la poseedora de la pistola, parecía que en cualquier momento se le iba a caer, pero no.

(0:14:28)
 Son las últimas horas de la tarde; momentos propicios para hacer deslizar sobre las cosas la mirada. Con serenidad, a pesar del intenso tránsito por el camino cercano -la marcha principal de los vehículos es ahora desde Punta Zubonza hacia el poblado grande de Carretón-, está disfrutando Barriero del ambiente. Aún están cercanos; presencia él los pasos del séquito que se aleja por el sendero. “Además de carecer como todas de valores, la Kunz es demencial”, apunta para sí. De su calmoso atardecer lo sustrae un hecho que está registrando: otros cuchugretes, bastantes, deambulan por el campito. “¡Epa, se nos vienen todos los bichos!”, da el aviso para la gente en la caseta, y con inquietud -ya que está percibiendo tensiones en la hilera que custodia la Oma-, en rápidos trancos Barriero alcanza a la comitiva del chapuzón. Se han puesto irascibles y molestos: “¡Va a responder por esto ante la justicia!”. En coincidencia con la agitación en el séquito, se ha acercado al paso de los nuevos un grupito de cuchugretes. Estos bichos agitan los bigotes, erizan el pelaje del lomo, emiten unos gruñidos roncos; cuchugretes que exhalan un intenso perfume amoniacal. Y todas esas expresiones tan convincentes son secundadas, por un estampido que la Kunz al aire obsequia. Ya están aceptando las condiciones, se apancha la protesta de los penados; acompañados por la manadita de bichos, se encaminan hacia la frescura ácuea de la zona, por detrás.

(0:16:33)
 Asomándose desde la caseta, los vecinales están en la observación de seis o siete animalejos que han permanecido cerca. Los movimientos lentos que la Porfisbián ha conseguido con su preparado, permiten a los pobladores la apreciación plástica en torno de esas salvajes figuras amansadas; como somnolientas esculturas animadas de peluche, sueltos cuchugretes rondan en el terrenito. Barriero ha retornado a la puerta de la caseta; lo ve aprensivo la naturalista, le explica: les ha dado tratamiento a todos esos bichejos: “Un suplemento les suministré, en sus comederos habituales; la masificación no ha de descuidar las diferencias de peso, en cuanto los ejemplares portan diferentes metabolismos, engordan o no lo hacen; hay que alimentarlos a diferentes horas, según sean sus organismos”. Barriero se aquieta: están los sueltos en un sopor blando, como los de adentro, también la gente. Son extraños fenómenos puestos en evidencia.

(0:17:57)
 Destacándose de entre los concurrentes, se acerca a la conversación uno de los pobladores expertos, habla lentamente: “Amigo Barriero, usted ha de renegar de los escalafones aparienciales, no debe seguir atento a las ocurrencias que se le oponen”. Este consejo acerca de las complicaciones adversas hace que el aconsejado responda: “Tienen la costumbre, maestro, es parte del marco social de estos lugares, la parte traicionante; los que toman por la contraria se hacen notorios por su hábito de tirarte con el capuchón, inmediatamente lo recobran, nuevamente te lo arrojan, o de otro modo: Tendencias del momento, aunque sin excluir la causa que anteriormente mencioné: Hechos, ya no fenómenos, componentes notorios y cruciales, y lo son por las derivaciones que inducen, hondas miserias sin análogos ni precedentes”. La tirada de Barriero hace que Julia se exteriorice -quedo le dice que después tendrán algo que hablar aparte- “Pero es así nomás”, agrega ella ahí para todos, “los aparienciales tapan lo que les parece objetable; un ejemplo lo tuve con mis primos, de ellos algo aprendí, intentaron un criadero de mancuspias en Puán, y se les fue encima la dominancia, un desastre”.

(0:18:39)
 Barriero comienza a decirle: “Tengo conocido lo de tus primos, ellos mezclaron por demás las cosas..” Entonces lo toma del brazo Julia; se ponen ambos a algunos pasos de la caseta. “Armaron demasiada rosca sobre el espíritu natural”, continúa Barriero: “Habían complicado el equilibrio ambiental y social, con sus afanes criadores”; y agrega él murmurando: “Todo por unos bicharracos monstruosos; y la verdad es que estos otros acá ya me tienen podrido”. El ha expresado desagrado, y esto provoca en la naturalista una mirada reprobatoria: “Mis primos se centraban en su su obrar propio, como personas, sin seguir las corrientes”, responde ella en el aparte: “Eso no estaba contrario a tus denostaciones contra las tendencias, lo que recién nos decías; ¿o ya te olvidaste de tu palabrismo, te pegó el Alzheimer o algo parecido?” … “Como usted no puede quitarme diez años -ni que lo intente, por favor-, se me pone zumbona”. Se cansó el Barriero, le está diciendo a Julia, en otras palabras, que la ironía de ella se corresponde con su voluntad de dominación, la que está expresada también en sus manejos amansadores para los fieros cuchugretes; son conductas soberbias y contaminantes, resultados de cierta ebriedad que en un principio a él le caía bien, aunque ya le huele mal. “¡Vos tenés que portarte y hablar más de acuerdo con tu educación y tus años, con más señorío!”, puntualiza la Porfisbián. Reniega Barriero, no la aguanta: “Me enfermás; ¡encontrá por vos misma los crespines!, fue muy bueno haberte conocido, señora, le agradezco su atención.”

(0:20:32)
 Julia lo ha escuchado con un despliegue de indiferencia. Para el lado del camino encara Barriero, pensando él al dar un primer paso: “Si ella se apura y marcha antes que oscurezca, quizá encuentre los cocoyos, ¡y que le vibren las forfículas!; ¿Qué garantías tenemos sobre otras maniobras que vaya Porfisbián a hacer?, pueden resultar conflictivas, peligrosas, o dañinas”. No alcanza a distanciarse; un cambio en los ejemplares más cercanos le pone freno. Tal vez se deba a las voces discutidoras entre los dos: algunos cuchugretes parecen estar agitados; emiten chillidos y saltan lateralmente. De los conspícuos movimientos larvados previos, han pasado los más próximos a instantáneas saltimbanquias: con elasticidad despegan todas sus patas al mismo tiempo del suelo, para asentarlas firmemente un par de palmos al costado. Volviendo en un relámpago al primer punto, los chilludos animaluchos repiten, con ojos brillosos, la pirueta que renuevan. Esto lo ha inmovilizado a Barriero: “¡Miren cómo se han puesto las bestias!” Los señala el canalla: los cuchugretes han rebasado de hecho el estilo gasterópodo, con una motricidad velocísima; ya no están caracólicos sino que parecen.. ¡caracalas! “Vaya tranquilo, amigo, que el tema no es con usted; sabemos que hiciste todo cuanto has podido vos”, manifiesta la naturalista. Los montaraces bichuelos comenzaban a entonar el “zop zop” … “Vaya tranquilo, que mis chicos quieren su papilla”. La deja ahí Barriero, y va pensando: “La culpa no es de los bichos..; es Julia, con las maniobras domesticadoras que hace, para proveerse de un sentimiento de superioridad, ha de ser que lo necesita; sobre la cuchugrética yo voy a hacer otra cosa..”. Al embocar el camino piensa el ancianito: “Intentaré bloques de texto que puedan ser cultura llana; intercambios para un vivir bueno, sereno y despreocupado, día por día, y cuidar de esto para que no vaya a ser desgastado por las tendencias de la época, con éstas alguna relación suplementaria habría que sostener”, eso va reflexionando, por delante.

(0:23:07)

« ..prestaba indiferente su cabeza para que la habitaran y recorrieran recuerdos mezclados, rudimentos de ideas, imágenes de origen impersonal.» J.C. Onetti, ibid.

«..”ni con lo más alto del pensamiento se alcanza la sabiduría” .. “una razón humana hay que tener para una vida sin pena”.» Eurípides, Las bacantes.


(Tiempo lector totalizado: 0:23:27)


 En relación con «Muecario Controlado», sus notas y enlaces revistan en la ficha siguiente
  • anexo-muecario-enlaces-notas
  • Al comienzo de esta Entrada.. S U B I R


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    un-reportaje:/ “..tractor, :pasajeritos, :terminar, :viejos, :ataques, :cementerios, :observando”..

      S. Edgardo Malfé
    Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, abril de 2014.

     Un reportaje más


    “..y es penoso empezar a decir, con dulzura, esta clase de cosas: la vejez, la pobreza, los pasados muertos, continuar diciéndolos así”. Juan Carlos Onetti

    -¿A ver qué cuenta ahora de estos últimos meses?-

       «Tantas cosas pasaron, no puedo recordarlas todas.»

    -Al trencito de los niños del verano, ¿lo recuerda?-

       «Claro que sí, en el ómnibus aparte venían los padres, llevábamos docenas de chiquillos en cada viaje. La decoración del remolque lo hace parecer como un vagón de los tiempos viejos; y al tractor adelante le tenemos superpuesta la pinta de una locomotora a vapor.»

    -¿Adonde van en ese trencito, cómo fueron los viajes?-

       «Cada vez salen distintos, me acuerdo de un domingo de mucho calor que los llevamos al cementerio Ricafort; mientras uno del grupo nuestro manejaba el tractor, otros dos en el trailer hacían clown y preparaban a los pasajeritos para la acción directa; les dimos las herramientas. Todas y cada una de las tumbas y bóvedas fueron arrasadas, demolidas quedaron, todas las lápidas quebradas a mazazos.»

    -¿Los niños hicieron eso?-

       «La campaña que le digo la hacíamos para matrimonios nuevitos con hijos de hasta diez – doce años. En el caso del cementerio, al comienzo, la chiquillada iba rompiendo como podía, sin mucha fuerza para terminar con el marmolaje, pero enseguida bajaron de su ómnibus los papás, y ahí sí que se completó la venganza. Todo muy familiar.»

    -¿Y por qué lo hicieron?-

    «..está en nosotros el deseo..»

    «..está en nosotros el deseo..»

     «Todos tenemos algo por lo cual vengarnos. Para hacerlo hay que aprovechar la fuerza y los impulsos que tenemos mientras somos jóvenes. Porque después y con los años, tendemos a aceptar los gestos sustitutivos con los que intentan calmarnos los que antes nos dañaron: Nos hacen regalos, se protegen con algún dinero para que no los destruyamos. Saben que está en nosotros el deseo de tomar venganza, y esas ganas se van amortiguando con el trabajo que el tiempo nos hace; Nos dan algún pago para que nos quedemos tranquilos. Al mermarse el poder divino de la juventud -se dice que la venganza es placer de dioses-, nos volvemos negociadores y cobardes.»

    -Entiendo, fue una campaña con padres jóvenes y sus hijos. ¿Pero contra qué se vengaban en los muertos?-

       «Respóndame usted: ¿Quienes hicieron las condiciones para que nazcamos al sufrimiento en este mundo de locos? Y lo que hicimos en la campaña que le refiero, no fue solamente para vengarnos de las condiciones en el mundo, sino que así en equipo, nos estamos previniendo de mayores daños. Se sabe el odio envidioso que los viejos tienen hacia los jóvenes; Nuestras acciones preventivas tenemos que cumplirlas antes de llegar a viejos, para no tener nada que ver con algo peor: Son mucho más aterrorizadores los males que urden los muertos, con su envidia y su rencor hacia los que aún viven. Al arrasarles esa vez una de sus bases de operaciones, un poco de tranquilidad ganamos los del equipo de los vivos. En todos los cementerios habría que hacer lo mismo, demolerlos, así no tendrían apoyo para sus ataques, muertos del diablo, estaríamos más defendidos todos, hasta los viejos.»

    -¿No sospecha que entre los viejos podría haber nostalgias de su futuro cercano, que entonces intenten sabotear las demoliciones?-

       «A esos quintacolumnistas, si los hubiera, con nuestro grupo los vamos a identificar y neutralizar. Tenemos programadas -esto ya lo teníamos conversado con las primitivas autoridades- una serie de viajes del trencito. Pero van a ser viajes con viejitos, claro está que a otros cementerios, al Ricafort ya lo terminamos. El primer trencito de los viejos cubrirá el cementerio Descangayo. Vamos a estar observando bien cada integrante del pasaje cómo se comporta. Para el control de dudosos y el arrasamiento contaremos con la ayuda de observadores voluntarios, además de los familiares que irán en el ómnibus para colaborar en los destrozos.»

    -Si me permitiere su grupo sumarme a la campaña del Descangayo; ¿dónde me ubicarían, en el trencito o en el ómnibus?.. Tómese su tiempo para contestarme, se lo encargo para después del té-.


    “A su tiempo lo comprenderás todo”. Graffiti


    Contenidos del Blog relacionados con Un reportaje más
     
  • Tras la verdad de un hecho, el reconocimiento de Ostaciano.
  • En la vena del preguntar, Poema Concreto
  • Particular emprendimiento vendedor en un cementerio.
  •  
    Enlaces externos        
     
  • Descubrí «Cementerio abandonado, nada al cuadrado», un post relacionado con éste “Un reportaje más”. Fue (2015/abril) a partir de navegarle el Tag Relatos a WordPress.Com. El post «Cementerio abandonado…» forma parte de otra Blog que me pareció recomendable y se llama «MalditoDomingo». Allí están publicadas fotos bravas e historias que están registrando la belleza de fatalidades realistas y revulsivas. En palabras de Yasunari Kawabata: «Lo que así parece es un modo de anhelar la vitalidad.»


  • video-kirakim:/ “..gente, ..procura, ..conversación”..
    2014/03/02, 12:19 am
    Filed under: acequias-con-agua, agua-en-vasos, Escenas, Notas | Etiquetas: , , ,

     Video de Kira Kim:
    El peso de la Ideología – Negociación aguardada

       Parte del contenido del video es sólo discernible para quien entienda el idioma Coreano. Muestra en sus movimientos multi dimensionales una lucha en acumulación respetuosa y colorida, con imágenes y sonidos, entre la gente que manifiesta una protesta -cuyos significados son coreanos-, y la policía que se interpone en el camino de esa marcha. En un tiempo que se va caldeando, acontecen las experiencias corporales, los choques y el griterío, parece que en procura de alcanzar niveles de conversación.

    KIRAKIM-Weight_of Ideology-Expected_ Negotiation, instantánea de 20140228

    KIRAKIM-Weight_of Ideology-Expected_ Negotiation

       Como fenómeno artístico, y esto es lo que me cabe destacar: se aparece con esta obra un drama colectivo para su contemplación, drama que está equilibrándose entre la fatalidad y el optimismo; Le encuentro un sentido pedagógico: el de ilustrar como las contradicciones y adversidades pueden dirimirse dentro de límites proporcionados; Aquí los adversarios sostienen entre sí miradas francas, y tanto “los unos” como “los otros” se incluyen, reconociéndose mutuamente en un precalentamiento cara a cara. Ahora bien: si la situación se mantuvo optimista o si se armó la podrida, eso es algo que han de conocer los expertos en la realidad social y política de Corea. Me interesó el video por su índole testimonial y su plasticidad, lo encontré en el Google Art Project, su fecha de subida en la Redópolis referencia el año 2012.

     Para acceder al video, y después tomar la opción por visualizarlo ampliado -tal vez así convenga-, siga el enlace..
          … http://bit.ly/1fx9TPM
     
      Sobre Kira Kim: Artículo del crítico de arte Jing-Sang Yoo (en Inglés), Kira in the Wonderland, pdf.



    Sergio Edgardo Malfé
    Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, marzo de 2014, (s.e.u.o.).



    reencauzamiento-suplementario / “..cauce, :permanencia, :garfio, :digresión, :saldar”..
    2013/08/26, 10:01 pm
    Filed under: agua-en-vasos, Escenas, Narrativa, Notas | Etiquetas: , ,

     Reencauzamiento suplementario


    «..el modo más seguro de convertirse en víctima del propio pasado es negarlo o ignorarlo.» Edward Schillebeeckx

       Lo que es para todos en toda situación, toda junta, toda mezcla, al arracimarse en un castillaje flotante las palabras, asociándose ellas en su creíble y correntoso curso; cuando en los decires no se enuncia, y el sentido no se informa, sino que hay una contactación para dar cauce a la Permanencia del Encuadre; entonces el hacer sentido no parece ni sano, ni seguro, ni conveniente.

       ¿Y a qué llegamos: al garfio del frenazo malhechor, a la cuadrilla de ratas infelices, cosa que se arrastra?; ¿O tal vez a la digresión andante sobre un pavimento de adoquines?

       De esta última se nos canta que conduce, en un destartalado camioncito, a un par de conversadores personajes, hacia la gasolinera de la avenida central en el poblado. Y al saldar el par la compra del combustible; gasolinero y asociados contemplan con paciente aceptación un singular desembolso. Lo han hecho los conversadores, con el vertido de 2 buenos vasos de arena, y un cangrejito negro puesto encima, feliz animalito en la arena apenas húmeda. Paciencia cordial en los abastecedores; está un poco forzada la justicia histórica. Aunque la Permanencia, sin estar cabalmente en ningún lado, va a suplementarse: será con bollitos de papel, para los encauzadores.

    papeluchitos encestados

    «..el sentido no se informa..»

    Dentro de sus casas, los del cauce los encontrarán; cuando los desplieguen estarán leyendo, en cada papel y en todos los bollitos: “Sólo alargarle un poco la vida”. Y al obtener los del cauce esta pista reencauzante, otra comprensión podrán atender sobre la existencia de cada quien: ¡cuánto de felicidad contuviese cada existencia, sentido que se nos transmite; cuánto de lamentar (o no) por cada muerte!

    «Y eso no es más que justicia, porque el amor recíproco entre los hombres es la ley fundamental de la vida humana.» León Tolstoi


     Hipersalenas relacionadas con este «Reencauzamiento…»
     
  • Circulación retrotribal (narración)
  • Digresión circunstancial (poema)
  • Virajes de estado (poema concreto)

  •  Sergio Edgardo Malfé
    Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, agosto de 2013.


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    comprobar-amoblamiento\..: “..compradores, :muebles, :procesamiento, :pruebas, :panorámicas, :patadas, :prevenirlas..”
    2013/01/23, 1:28 am
    Filed under: agua-en-vasos, Cuentos Breves, Escenas | Etiquetas: , , ,

          Amoblamientos de película

    ¿Con qué comparar 
    las cosas del mundo?  
    Con un barquichuelo  
    que al amanecer parte  
    y no deja trazas.  
    Sami Mansei  

       Es un hecho singular..: La Fábrica de Muebles El Canario, a través de su Difusora, está haciendo circular una original promoción. Es cierto que cada tema tiene sus seguidores.. Y la verdad es que el anuncio no carece de sustento.. ¿Acaso no es de lo más aceptable el que querramos ver, cómo de bien nos quedan las prendas, en el trance regular de estarnos adquiriendo ropa o calzado? Por lo general, la constatación la hacemos ante los espejos del local de indumentaria. Pero si nos fuésemos a ocupar en la compra de algún mueblecito, va a resultar difícil que, en las amplitudes de los comercios del ramo, se hallen instalados los espejos suficientes, para que los compradores tengan una vista completa sobre cómo “les quedan” los muebles que estén considerando comprar; (Y viceversa.., porque podría ser que el tema en la vista sea el de otra congruencia: la de cómo los compradores “les quedan” a los muebles). Por lo demás: en los espejos “tenemos” que mirarnos; nos tensionamos hacia la imagen espejada; hay en esta conducta una actitud distorsiva, una merma de nuestro natural.

       Es algo falseado, aquello de nosotros que nos muestran los espejos. Nos devuelven una mirada muy estática, diríase que rigidizada. Y si estuviésemos probándonos ropas -discernámoslo también para nuestras pruebas con muebles-, ..la apreciación a través de la vista que los espejos nos devuelven, no es la misma, es distinta de aquella que captaría otra mirada, tipo la de un sensor técnico como una cámara, por medio de la cual luego recuperaríamos nuestra imagen, viéndonos así en actitudes más naturales que las provistas por los espejos.

       Al salvar el hecho de estar mirándonos, ya sea en una prueba de ropa, o al disponernos cabe, entre, o sobre muebles; y con un breve diferimiento, el necesario para el procesamiento de la imagen tomada por la cámara, con ese leve distanciamiento, entonces, ..¡nos estaríamos viendo en nuestra prueba, la de saber cómo nos quedan esas cosas! ¿Nos son naturales tales ropas o estos muebles; Hacemos un cuadro amigable con esas cosas; Cómo quedamos? Y ahora veamos cómo la empresa que nos ocupa presenta este inimitable proyecto suyo:

    El Canario: Directamente de fábrica, los muebles para su hogar, el gabinete, su hábitat, su oficina..

    ..Nuestros equipamientos .. ¡están dispuestos para que haga usted sus pruebas!
     
    Esté prevenido; vea cómo se lleva usted con nuestros sillones, juegos de dormitorio y de comedor, toda la gama house & garden para su vivienda. Y si está en su mira la renovación de su ámbito laboral, cuente usted con nuestros escritorios, archiveros, mostradores, etc. La más completa variedad en muebles funcionales y de estilo.
     
    Pase por El Canario para hacer sus pruebas. ¡Disponemos de todos los enseres de mobiliario que usted necesita, en una inmensa variedad de materiales, colores, y tapizados! Venga individualmente, o con todo su personal, o con su familia, como prefiera; para concretar en nuestros salones y patios, una escenificación de la experiencia elegida. Les tomaremos un vídeo de 4 minutos. Colabora para ello, en el ámbito expendedor de nuestra fábrica, un nutrido equipo de videastas y técnicos. De inmediato, en pantalla gigante, podrá ver usted, junto a quien o quienes lo acompañen, cómo queda su presencia junto a nuestros muebles.
     
    Quizá usted quiera probar con otros diseños y estilos, hasta hallar un amalgamamiento que vaya más allá de una simpatía momentánea. Con este fin, el de hacer más fuertes sus comparaciones; y para que su elección, por un determinado elemento o conjunto de El Canario esté bien fundamentada; usted podrá verse en pluralidad de vídeos, sin límites arbitrarios. Ello será un placer para nuestro equipo de videastas; lo acompañaremos para tomar todas las panorámicas que le sean necesarias; grabaremos los episodios que usted y/o su grupo requieran, en distintos mobiliarios. Por la observación inmediata en pantalla gigante de las escenas grabadas, su elección va a estar bien consolidada.
     
    Nuestro objetivo es la compatibilidad, la concordancia entre las personalidades de nuestros clientes, y las de cada uno de nuestros productos. El enfoque que logramos con las filmaciones, hace más conciencia en nuestros clientes. Conseguimos así que las afinidades estén bien comprobadas. Ya no ha de ser el caso de que, por ejemplo, adquiriese un cliente nuestro tal sillón con la creencia de ser ése “su sillón querido”, y después en casa, pobrecitos, se llevasen a las patadas con el mueble: ¡Ya no más desaveniencias! Para prevenirlas, puede usted llegarse a nuestro predio de exposición, será bien recibido. Con nosotros podrá tantear variadamente usted, cómo se compatibiliza su naturaleza, con las opciones en muebles de El Canario.

    OsoPruebaMesa=BearTestsTable

    «..todas las panorámicas que le sean necesarias .. podrá ver usted, junto a quien o quienes lo acompañen, cómo queda su presencia junto a nuestros muebles .. toda la gama house and garden para su vivienda..»

    Vivifique, haga todas las escenas entretenidas necesarias, solo o acompañado ante las cámaras, junto a las múltiples alternativas de equipamiento que El Canario le ofrece. Pongamos en un decir, que su planteo de escena es con un combo de jardín: ..¡Tan luego se estará visualizando por pantalla!, respecto a la convivencia con nuestros muebles, en su individual grado de acomodamiento, o hágalo con su gente. Incluya el hecho llano de compartir las comodidades que proveemos, en todas las variaciones de su preferencia; ¡Y podremos constatar fehacientemente, junto a la buscada integralidad personal suya, la integración deseada con los elementos que adquiera en El Canario! Además tenga en cuenta, que si usted lo solicita, nuestros especialistas le aportarán sus opiniones, sin otro criterio que el de un buen empalme entre los muebles y sus adquirentes.
     
    Haga su reserva anticipadamente; nuestros patios y salones cuentan con una capacidad limitada. Llámenos sin cargo: 0#00-790639-002393.
     
    Fábrica de muebles El Canario, Exposición y Ventas; Avda. Ziomefrang 17400, esquina Bvd. de Las Setas; Ciudad Grande.

    ¿Tomando por sorpresa a otra Entrada en este Blog?
    Hipersalena Aleatoria, por Aquí 

       Sergio Edgardo Malfé
       Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, enero de 2013.




    maniobra-sorprendente..\ ..”oyendo, :adelante, :decisoria, :chaqueta, :curiosos, :obra, :partir”..
    2012/07/01, 6:38 pm
    Filed under: agua-en-vasos, Escenas, Fusiones, Narrativa | Etiquetas: ,


    Maniobras Sorprendentes Anotadas


    «… por lo tanto se debía admitir como normal y ejemplar el desequilibrio de las facultades, y como hipótesis patológicas todos los casos en que aquel desequilibrio fuese interrupto..» J. M. Machado de Assis, “El alienista”. 

     ..No podía dormir; ya era de madrugada, según decía mi reloj. Vine a la provincia, contratado para pintar unos carteles. En este cuarto que me dieron, allá arriba, hay un ventanuco de vidrios entreabiertos. Me llegaban desde esa altura murmullos, en voces finitas, que indudablemente me concernían. Eran dos personas, dialogaban provocando mi atención, su charla era para que yo la escuchase. Monté una pirámide con los muebles, subir y entender lo que hablan. Ahora traigo al anotador «las palabras.» Dijeron que son las mias, recortes, «palabras» que he perdido en el camino, cuando trotábamos. Eso me silenciaron los vecinos, en un susurro entre ellos, pero a mi dirigido.

     ..No los he podido ver, hablan en un rincón medieval y detrás de un biombo. Distinguí en la poca luz, que eso al lado es una playa de estacionamiento subterráneo, la vi desde el ventanuco. Allí componen un vehículo: «..una trenza de avión y barco.» ¡Cómo que yo lo hubiese inventado! Pero afirman, pude discernirlo, que una gente desgarrará «la lujosa chaqueta de premio, después de habérsela entregado al beneficiado.» Es así: se la harán tiras después de obsequiársela; que yo se los había dicho, eso me quisieron hacer recordar.

    detrás de las mamparas-tachuela, rutilancias en ocultamiento

    «..Vale una última aclaración, y que las vocecillas digan lo que quieran..»

    ..Cumplir con el requerimiento de encaramarme nuevamente en la pirámide de muebles, para seguir oyendo esas voces, se me hace algo fastidioso y no muy claro; como que pareciese un brete fraudulento, en el que me tenían que embarcar las jóvenes. Y ahí estamos, son un par de muchachas las que susurran chito chito para mi: «..es lo que él nos dijo.» Me estoy aliviando un poco del trance, con esto de anotar la ocurrencia de la que me hacen cargo esas vocecitas presumidas e intrusas, la escribo:.. 

     «El barrio era distinto, con porche o recova todas las casitas, construcciones pequeñas de dos pisos, separadas por franjas de terreno. A esta rareza del entorno la destacaba, en una conversación por teléfono móvil, el encargado del equipo de ventas, que se componía de tres personas más. Circulaban tocando timbres, ofertaban un conjunto de libros de Geografía. Y tal parece que su interlocutor telefónico, le hubiese transmitido a dicho jefe del equipo, que pusieran la máxima dedicación, a aprovechar el día, que utilizasen la chaqueta y concretaran varias ventas: “Está bueno el barrio especial en que se encuentran, bueno para que compren ahí colecciones de Geografía; Así que adelante”…»

     «En consecuencia, los vendedores recibieron del jefe una fortalecedora parrafada. Ellos habían estado por las puertas y desplegando amplios folletos coloridos, también frente a algunos caminantes. No parecían tener éxito. Y en ese momento, los 4 juntos con el jefe, para provecho del conocimiento geográfico, se lanzaban a la acción decisoria. Con previos movimientos alborotadores, y gritos de voces topónimas, consiguieron que muchos vecinos salieran o se asomaran.»

     «En una casita de esquina, tocaron el timbre. Pronto había salido a atender un señor joven en su porche. El encargado tenía todo el equipo ladeándolo, extrajo de su maletín la deliciosa chaqueta de brocado escocés con fondo ambarino. Le proclamó al joven: ..Que la prestigiosa firma, etc. etc., a la que el equipo de ventas representaba, estaba obsequiándole esa simbólica prenda, en atención a las características principales de su personalidad, con que la mayoría del vecindario lo señalaba, tan estudioso como es, etc. etc.»

     «El joven aceptó que dos vendedores le colocasen la chaqueta escocesa. Realmente lucía el beneficiado muy buen arreglo con tal obsequio. Pero tras un instante de contemplación, el jefe se adelantó, y en una estudiada maniobra, rasgó de abajo hacia arriba el frente del ropaje. Un paso atrás del jefe, y nuevamente adelante para arrancarle más tiras a la chaqueta polícroma. El joven señor no podía creer lo que estaba aconteciéndole, pero le resultaba cómico: “¡¿Qué está haciendo?, zarpado!” — “Un momentito”, le dijo el jefe del operativo; la significación de la maniobra le iba a ser aclarada. Y.., ¡ris ras!, arrancó el jefe otra tira del saco, y enseguida le destrozó las mangas, mientras uno de los vendedores se colocaba por detrás del sorprendido vecino y, ..¡riiifftt!, hizo tiras de la espalda, ..pasó a ser un zaparrastro esa chaqueta.»

     ..Mmnnm.. ¿que le ponían un saco de regalo al morador de la esquina? … ¿se lo hacían tiras? … ¿la maniobra tenía una significación? …Ahora recuerdo, con un poco de la serenidad que me ha dado este transcribir; y es que por suerte ya no se oyen las vocecitas. La historia de los libreros me la ha contado un señor muy locuaz, lo conocí en un bar aledaño del Monasterio Santelper. Este señor venía decidido a participar en una de las ceremonias corajudas de ese centro devocional. En su marcha por el poblado Aúpa Delopú, el hombre había atravesado un barriecito de casas raleadas. Allí presenció la escena, y escuchó los argumentos del vendedor en jefe, eso me contaba en su espera para la ceremonia del Santelper.

     ..Mmnnm.. ellas me la atribuyen, pero las vocecitas del garage bien pudieron haber oído esta historia como yo lo hice, y retomando: ..De lo que se trataba, con la dramatización y el desguace del saco, era de la futileza que se representa en los conocimientos regalados. Esto me lo contó el peregrino, impresionado, lo había visto todo, pues recién había pasado por las casas donde se explicaba aquel encargado de ventas: “Aquello que cuesta, vale”; le decía al hombre joven de la esquina, y el jefe lo pregonaba para todos los vecinos que se habían sumado curiosos, a presenciar el raro descalabro. La propiedad de los conocimientos geográficos con que instruía la colección de buen precio en venta, era inconmesurablemente superior y firme, si fuese de compararla con las desechanzas de bajo costo, las que cierta industria editorial obsequiosa tiende hacia el público para tenerlo acostumbrado. “Jamás se quedarán sin las investiduras de una buena sapiencia geográfica, al adquirir ustedes nuestra colección”. Recordé: esa era la ejemplificación que en el bar me contaba el peregrino; él lo había escuchado directamente del jefe de la cuadrilla, que había dicho: “A esta obra no la regalamos porque es de alto valor” .. “Con las otras publicaciones, en cambio, de momento tendrán algo espectacular, pero pronto no sabrán ni siquiera sobre cual terreno tienen los pies”. Los conocimientos fáciles y dadivosos, pronto pondrían al adquirente de las falsedades, en tal mala condición como la del vecino con su chaqueta regalada; Mmnmm..

     ..Da a un patio cerrado aquí este cuarto. Siento que han estado cocinando en el garage; ya no me asomaré a mirarlas; hay un aroma a pollo asado que me quita todavía más el sueño. Mmnmff.. Vale una última aclaración, y que las vocecillas digan lo que quieran. Sobre la escena de la chaqueta desgarrada: ..Recuerdo que cuando le pregunté a mi relator cómo había seguido aquello: ¿Habían podido vender la colección geográfica? Recuerdo que en ese instante al hombre simultáneamente le entraba una prisa descomunal. Tenía que llegar a la ceremonia, ¡cómo que yo lo hubiese inventado!, se encasquetó su sombrero doble, para partir diciéndome: “Oiga, que están llamando los monjes, ya han llegado los profetas nadadores, con permiso”, y se salió velozmente del bar.

    «..Otros agarraban ramas encendidas o carbones y los tiraban a la cabeza del primero que encontraban. El único procedimiento para escapar de esos perseguidores era adivinar lo que habían soñado.» James G. Frazer, en “La rama dorada”, (así refiere el “festival de los sueños”, una ceremonia iroquesa de Año Nuevo.)


     De estas «Maniobras… ..» ⇒Sus Enlaces Relacionados:

      Sobre Machado de Assis y “El alienista”
    Un estudio en Roser.Bitácoras.Com

      Hipersalena con “..patio cerrado, garage y pollo”
    Presencia largamente esperada.

      Hipersalena presentando “Santelper, monjes, profetas nadadores, etc.”
    Un Turisteo

      Sobre la Obra de James Frazer, La Rama Dorada
    Artículo en WikipediA


    Sergio Edgardo Malfé
    Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, julio de 2012.   



    imagenes-borleras
    2012/04/21, 8:39 pm
    Filed under: agua-en-vasos, Escenas | Etiquetas: , , ,


    En 22 de abril evocamos: Día Internacional de la Madre Tierra 

    De un incidente borlero, fotos en armazón


           Era para hacerles necesariamente un lugar en la jornada del gabinete de trabajo. Pues incidentalmente se había acercado al mismo, un juego de polémicas borlas, sus actancias se estaban desplegando. Vale aclarar que para concederles atención, ha tenido peso su orígen. De hecho: son borlas que había elaborado, tejiéndolas, una madrina. Y dadas las circunstancias, sólo es posible informar el aspecto visible de este evento borlero en su continuidad, por la debida reserva personal. Se omiten higiénicamente las locuciones; no es cuestión de entrar en detalles privados ni en infidencias. Sólo una cosa más: está constatado que no son guarangas, estas borlas no son productos de panadería.

    1

    1: El incidente, en su primera visualización.


    2

    2: Comenzamos con las figuras a entrar en tema.


    3

    3: Acercamos puntos de vista y los elaboramos conjuntamente.


    4

    4: Tomamos proximidad lógica con algo más de confianza.


    5

    5: Podemos perfilar nuestro incidente en su contexto.


    6

    6: Rememoramos con las figuras a su naturalidad.


    7

    7: Discernimos en reconocimiento cercano la gravitación del entorno.


    8

    8: Ya están listas para salir las figuras; Que Anden Bien.

    Dentro de una presentación motorizada, se muestra la secuencia de las imágenes en un sólo marco, aquí seguidamente:


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    Sergio Edgardo Malfé

    Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, abril de 2012.   




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