Hipersalenas


control! control!
2017/05/24, 9:39 pm
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   Control control

 (tiempo de lectura: 10 min’)

   Fueron los vecinos a buscarlo, entraron por las ventanas a la casa del Jovatito Luna; salió él disparado fuera, y también a través de una ventana. Los vecinos a los gritos: “Agárrenlo, que se escapa”. Después de no lograrlo, todos se acostaron en el cesped, pasaron la noche ahí. Una ambulancia vino para asistir la emergencia… Pero ahí viene él, entra Jovatito Luna en el Salón de Honor, ámbito ilegible donde lo hemos incluído. Está vigilado ahora por cámaras en la Circunscripción de Control. Lo reconocemos, ya está más gordo, y se ha vuelto un solitario. Nadie de los Controles quiere tomar posiciones; nada de encauzarlo y/o encausarlo; nada de eso, queremos evitar una distorsión contraproducente, peligro convivencial que puede ser generado por una intervención nuestra.

   La vida le va a reparar el desvarío al Jovatito. Apoyo ya tiene a la distancia; nadie quiere salir lastimado. Y se le entregará una distinción que lo acredita como Bardo Total. Pero no queremos verlo mucho; los Directivos de Controladuría dicen que nos haría daño el darnos cuenta del punto desgraciado al que se puede llegar, de inutilidad e invalidez. El discreto respaldo que los Controles le damos, se asienta en toda la influencia de largos años, con sesudos asesoramientos secretos que nos han fortalecido. A través de una breve ceremonia, asombrosamente parecida a sí misma, ha recibido el Bardo Total su medallita, y con el documento certificatorio en mano se dirige ahora a la audiencia:

   “Considero que sería una ingratitud de mi parte no decir algunas palabras de agradecimiento, para esta demostración que registro y valoro en toda su dimensión. Esta hermosa medallita que me han obsequiado, será para mí la joya más valiosa, no lo duden, por lo que esta distinción significa, y por provenir de quienes con ella han querido testimoniarme su simpatía y su afecto. Mucho de lo que se ha hecho y mucho de lo que queda por hacer, residen implícitos en este certificado que hoy recibo, lo hago en la cesasca rosusca de haber cumplido honestamente, con los deseos fundantes que me fueran encargados. Agradezco por todo ello a las autoridades de la Circunscripción, a mis colegas, y al personal auxiliar en sus diversas categorías. Tengo bien en cuenta la colaboración que siempre me dispensaran, restándome sólamente excusarme ante quienes de palabra o de hecho pude haber faltado u ofendido, con linternas en otras ocasiones, y en ciertas luces con viva voz tonante, dando paso fotogénico a los jóvenes que nos suceden. Sean ellos como soldados que en pleno fragor de la batalla reciben la orden de sersava; a la retroguardia los derive la Controladuría, es la cosa más natural del mundo. Pues de repente uno se da cuenta que ha dado, ..un salto en el vacío. Parece una situación anómala, pero no nos apresuremos a juzgarla, sólo es una consagración de jugadores en preparación del tironeo; juego que aún no ha levantado interdicciones, pero es menester producirlas. Tengamos en cuenta que con imágenes de los jóvenes, ha estado un mercenario recorriendo la zona, para instruir a los comerciantes, que les nieguen abastos con distintas excusas: ¡Deprivación para los corpirrúneos juveniles de este período! De veras hay que sorprender al caudillejo en flagrancia, y prohibirle el enfundado penoso y deprivador. ¡Paso fotogénico para los juveniles en marcha hacia una clara demolición retrógrada! Poco tiempo hay, ya sea para entender todo lo que tiende a desidentificarnos, o para poner mucha identidad en juego. Es evidente que el mundo está mentalmente trastornado, no es para menos…; fíjense en el asunto de las guaridas fisca..” Llegando la retórica del Bardo Total a estos momentos declaratorios, de entre la audiencia se levanta un personaje extrañamente semejante con su propia ausencia, lo increpa:

   -Oye, Jovatito: ¡¿Por qué no te callas?! Bájate de ahí; ¿o te gusta la gresca? Dinos para qué viniste…-
   Uno de nuestros directivos emerge para moderar el cuadro, se dirige a toda la concurrencia:
   -Bien por la pregunta; pero todos nosotros, ¿sabemos para qué estamos aquí?-
   -Estoy sin ganas-, comenta Luna, el Bardo Total: -No quería presentarme en la ceremonia. Una de las cosas que más me ocupa la mente es preguntarme: ¿adonde me he metido?-.
   -No responde lo que se le ha preguntado-, aporta uno de los nuestros, un Control en subrogancia.
   -Atiendan un poco, amigos y discípulos predilectos-, retoma así Jovatito: …-Palpitemos las vidas que compartimos en nuestros lugares reales; la tierra, la gente. ¿Sería acaso la Circunscripción un lugar real; nos convoca identificaciones veraces y saludables? Escisiones de pseudoausencia; casi nada con vida. Si se tiene alguna inquietud constructiva, se prenden entonces las comodidades sersavas del personal enfermo. Es cierto que un buen número de accidentes fatales se anticuajan, por el honor de esta celebración.., aunque esto siga siendo un desastre tras otro. ¿Qué queremos, que retumben los emergentólogos?-.

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   -Usted, ¿qué esperaba?-, dialoga nuestro Directivo con el homenajeado: ..-Ya ha visto el Bardo Total que está todo sucio y abandonado. No importa nada, ¿eh, Jovatito?; una nada que no es negativa, es nada. ¿Sabe usted para qué está aquí?-.
   -Estoy como el moco negro de un caballo viscoso. Les cuento, dilectos concurrentes: Le daba golpes y lo intentaba, pero no había caso, al principio no la podía mover, estaba agarrotada-. Alzó entonces Jovatito su mano derecha, el objeto de sus intentos, nos la mostró en una representación, como engarabitada e inmovilizada, y continúa emitiendo él sus agradecimientos, al tiempo que sostiene su gesto: ..-Es una conspiración, me han puesto en otro brete; retroguardiancia que troza todos los instantes en cubos menudos, proporcionales al propio meñique de quien oficie para ello; pero favor de salvar los deditos, deben hacerlo con cuidado..-
   Los Controles tuvimos que intervenir; con el megáfono recomendó uno de los Directivos: “Ajústense al Programa, tomen las partituras, que ahora está indicado el Concierto Tusígogo; vamos adelante con la tosida”. La audiencia a los gritos: “Es un terrorista; que no se escape el rojo; ¡comunista!”. Jovatito Luna también grita con el micrófono: “¡Me quieren matar; este mundo es cuadrado, ya tengo suficiente de él; déjenme!”. Interpusimos los armatostes, escudando la partida del Bardo Total; y por megáfono: “La ley dispone un cesasqueado para estas incidencias; él cuenta con su certificado, y con la medallita; puede rosuscar cuanto desée, qué vamos a hacerle. ¡Control, control! Los ciudadanos tomen las partituras y comiencen a toser”. Jovatito le solicitó al Directivo el megáfono; quiso despedirse de su audiencia, dice que a él no le hizo bien seguir la corriente, y ya desde la calle se prodiga con volumen en un fraseo ronco: “Es preferible ser uno antes que ser otro”.

Sergio Malfé; Morón, Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala; Mayo de 2017




rarezas jornada singular
2017/03/20, 8:40 pm
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  Rarezas de una jornada singular

Mi salida diaria estaba llevándome cómo a tiro de fusil desde mi vivienda, a una buena media hora de marcha llana. Reparé en un asunto que hay en el vecindario: tiene una casa con rasgos particularmente originales. Y realmente es una arquitectura rara. En el contexto se destaca con una cúpula que es lateral en lugar de ser techo: Mochetita saliente para el frente de la casa, y cuenta con reflejos de un revestimiento vítreo. Se localiza ahí algo digno de ser visto: un híbrido bonaerense entre casa de estudios y colchonería. Buen lugar para escribir yo una carta, dentro de una habitación sobre la vieja salida de carruajes, un piso alto en la esquina. Pienso que escribiría líneas dirigidas al alma de mi vida, contándole la surrealidad del sitio: Si lo visitas y se te da por recorrer el solar, hay una puerta que por asquerosa resulta rechazante, pensar en abrirla es disgustante, inviable.

PieterBruegel_TorreBabel_detalle

Y el sótano resbaladizo donde deslizarse y caer; las superficies pulidas te llevan al fondo como por un embudo de vidrio; unas pocas saliencias rugosas mantienen a la visitación en sus cabales. Por suerte para mí, al salir de esa casa provechosa, se me iluminó un crepúsculo dorado, tiempo de nueva vida. El sentimiento me hizo caminar por calles varias y encontrarme con facetas incidentales, cómo fue con los vendedores callejeros de fruta. Se me había hecho tarde para retornar con el almacenero las botellas dentro de mi bolsa, y además tomar un ómnibus, y trabajar con las páginas amarillas de las guías telefónicas que también llevo en la bolsa. “¿Y va a poder hacerlo?”, me preguntaba al pasar el vecino Glubio, un señor acomodado con quien nos conocimos en andanzas de runfla callejera. “¿Cómo que no?”, le respondo: “Mi recorrido es por patios internos con jardines, acá nomás, en un área con muchas calles y pasillos que conozco desde mi infancia; delo por hecho”.

Entonces me alejo de Glubio, y arrimaré a otra conversación; es en mi patio; toda gente conocida, chicas y muchachos en su abuelidad, un agrupamiento de vecinalia que conozco bien, pensamientos sin máscaras. De mis intentos letrarios se conversa. Intercambiamos decires, en los que se procede con una instancia previa de las mías: el caso de las siluetas troqueladas: “Eran páginas con el recorte de una silueta humana cada una, de los torsos..; ¡a vos te hablo..!”.
Cierto es que un poco me ausentaba, medio cansado, y la pesada bolsa, casi caigo con todo por el embudo del sótano en la casa rara.

Es Cecilia, mi compañera del banco de la primaria quien me está aguijoneando: “¡Eh; a vos te hablo de los torsos en tus troqueles; ¿por dónde andás?!”. Y agrega Cecilia con risueña ironía que yo no le parezco un intelectual. “Ese es todo un tema, amorosa”, le respondo con una gravedad que la hace reir, y reimos por un buen trecho. Igual se me hace aparente otra rareza de la singular jornada: Mi compañera tiene en este ahora la nariz rara y colorada además de chata. ¿Qué alergia tendrá o que estará oliendo para que se le ponga así la nariz?

La Ceci está ciertamente coruscando en el instante siguiente. Relacionalmente creativa, con su mentalidad rápida y plástica, dejó de prestarme la atención debida, medio que ella está atendiendo en foco las alturas expansivas de la charla. Me encuentro apartado de eso, pero podré reconectar con la comunicación grupal, a través de un comentario que inserto en el interesante diálogo de generalidades y ocurrencias que se comparte. Lo hago inventando un gesto escénico, el de rascarme la oreja derecha con la mano izquierda por encima de la cabeza, y le digo a mi gente: “Si me permiten el rescate de alguna capacidad funcional mía por la realidad: ¿No les parece absurdo que a esta hora de la jornada haya tanto humo; qué estarán quemando en los barriales?”.

Se produce por mi gesto y acotación, un retorno de la atención específica que la vecinalia conmigo de entrada había emprendido. El patio con todos sus ojos me está viendo, y también escruta en los aires. “Efectivamente hay mucho humo”, opina cayendo en la cuenta el abuelo más joven. Sensación de extrañeza, atentos todos ellos; casi escucharíamos el apercibimiento, un ruido como de bochas que cayesen por una tronera. Cecilia me entusiasma: “Vos sí que contás las cosas como son, ¡pero tenés que ocuparte más de lo que pasa con la gente que querés!”. Un general asentimiento respalda la ponderación de mi compañerita de banco. Me digo en silencio: “¡Esta chica; Cómo si yo quisiera a alguien!” En fin, me anoticio que la concurrencia está raramente cavilosa y mirándome, con las puntas de las lenguas listas, en la intención de decirme algo y en un buen momento pensativo. “A ver que me dicen”, les mascullo. Y algo que significa para mí un destacable acontecimiento, es la propuesta moderada que se me hace en el patio, que continúe yo tomando distancia de cualquier cosa adventicia, dale, y que siga conduciéndome en la tarea de contar lo que es.

“Realidad: cierto día la quebraron en mil pedazos, la cabeza fue a dar allá, la cola aquí y nosotros no conocemos más que uno de los trozos desprendidos de su gran cuerpo; Océano libre y ficticio, sólo real cuando se le aprisiona en el rumor de un caracol marino”. Carlos Fuentes

 


PieterBruegel_TorreBabel_detalle

 

Referencia de la imagen: es detalle recortado de la obra La Torre de Babel, pintura de Pieter Brueghel, el viejo. Un artículo en WikipediA informa sobre este cuadro; enlace

 



Sergio Malfé; Provincia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala; Marzo de 2017




poema concreto la vuelta
2017/01/21, 8:54 pm
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Poema Concreto La Vuelta
en su preorden disipativo

   Esto se me dice, que hay gente que querría hablar conmigo; ¿a quién se le ocurre decir algo? Bueh.. Contemos para ello con que empléemos modos básicos de entendimiento cultural, establecidos en función psíquica, que nos permitan comunicarnos y actuar adecuada y humanamente. Además del aspecto simbólico de esos signos, podemos también considerarlos como singulares enfoques apreciativos, que, al cernirse sobre los sectores de la experiencia que tengamos, delimiten formas sémicas aleatorias. La citada singularidad morfológica se puede ver en un ejemplo de lenguaje:: el lexema “vacación” podría no denotar nominalmente un tiempo de diversiones y paseos, sino la acción de la ternera que ya bastante adulta está “haciéndose vaca” (una frase verbal). Junto a esto es de tener en cuenta la concatenación que se aplique entre los componentes, si fuese en modo básico o en un modo de preorden disipativo. Un ejemplo térmico de la posibilidad mencionada, modo disipativo, sería: “la empieza crítica, la casa ante la vacación”. En tanto que la secuenciación básica quizá fuese: “ante la crítica, la vacación empieza en la casa”. ¿Qué provecho tendría esto?

poema concreto redirecciona lectura(s)

nuevas configuraciones y estructuras .. multiplicidad .. no hay desorden sino un orden diferente

   De acuerdo con los descubrimientos físico-matemáticos de Ilya Prigogine, las irregularidades y la falta de equilibrio en un sistema pueden entenderse como un orden distinto al preexistente, o al menos como la probabilidad de su concreción en el porvenir. La vida, con su multiplicidad y su riqueza de comportamientos, y la diferencia entre el pasado y el futuro, no son hallables en una estabilidad inmutable. La falta de equilibrio también es orden. La misión del hombre es, en alguna medida, ayudar a mantener el movimiento del cosmos y de la vida misma. Habrá apertura hacia el futuro cuando los hechos no estén causalmente determinados por la estabilidad de las estructuras en funcionamiento. Con su preorden, nuevas funciones surjan, dando probable origen coevolutivo a nuevas configuraciones y estructuras. Dale, y que no se nos haga tarde.


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 Sergio Edgardo Malfé
 República Argentina, Abya Yala; Enero de 2017



escena en instituto
2016/12/16, 1:14 am
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Instituto Superior de Ciencias Culturales
|narración escénica|


Si no se le concede ninguna atención, el tiempo no existe; todo recomienza por su principio a cada instante. Mircea Eliade


   En la parte de afuera había otras ventanas; edificios del otro lado de la calle, cercanos con la ventana del despacho en que ella se encontraba. Y es que Royi Lantrudi ha entrado enseguida en el toilette del cuarto de usos múltiples. Esas ventanas de afuera iban cambiando de ubicación, en unos movimientos horizontales. De esto hace más de veinte años. Y estamos muy cerca de esas ventanas movedizas, pues en una destreza actuacional que no teníamos prevista, se nos temporalizaron súbito: hasta estos momentos actuales vinieron las ventanas.

reverbero

“..hasta estos momentos actuales vinieron las ventanas..”

   También ahora ha venido a la oficina el profesor Paul Blehosta. Pone sus carpetas sobre la mesa, como antes. Va a correr la silla para sentarse en ella; primero ve que esté limpia. Saca de su chaqueta las lapiceras y espera.

   “En algún momento tendrá que salir del baño”, piensa Blehosta. Y toma nota de una frase sobre la que trabajará en su próxima performance colonial: “La ciencia nueva hace crecer mentes impredecibles, crecen aprobadas, con sus integridades doloridas”. Ya retorna Lantrudi, quien le dice: “Profesor, casi se nos ha hecho de noche, y tenemos programado otro corte de luz; así no vamos a poder trabajar, la sala ya está muy oscura” | “Hay que traer suficientes veladoras, es verdad”, acepta el profesor. “Bueno, le he preparado la tarea”, agrega Royi Lantrudi. Ha salido en tanto Paul a los pasillos, y está esperando al bedel, a quien ha llamado a voces. Su pedido resuena en los frios corredores desiertos de la casa de estudios. Lantrudi puede oir desde la mesa los pasos con que se ha acercado el bedel, y al profesor diciéndole: “No se ve un pito; algún otro candil; por favor, traiga algunas bujías, más luz”.

   Ha vuelto enseguida a la mesa de reuniones; retoma los oficios de Royi Lantrudi; y se acerca con los papeles a las ventanas del antiguo invierno, pero se sabe que esos son tiempos de ahora mismo; una cronología dispar está ocurriendo; se acerca el profesor entonces al resto actual del viejo día para apreciar el cumplimiento textual de la tarea. Son intentos de un añoso Paul Blehosta para leer en la penumbra los oficios que le ha administrado su colaboradora Lantrudi. No le es fácil distinguir los contenidos con la penumbra crepuscular junto a la ventana abierta. Con ojos entrecerrados se pudiese leer en una de las páginas: “La gente se quiere vengar”.

   “¿Usted hizo este informe, Lantrudi?, déjeme ver; las palabras están bastante musicales”. Un reverbero aromático penetra en el cuarto por la abertura, lo siente Paul, quien con extrañeza continúa ojeando.. “¿Espectacularismo, actuaciones troperas?..Ahá, ..que así se quiere vengar la gente. Suena bastante bien todo esto. ¡Oh..!, aquí tenemos la iluminación que necesitamos”. El bedel ha traído una palmatoria con sus velones encendidos y la ha depositado sobre la mesa. Los docentes toman asiento sin premura, agradeciéndole al empleado su atención. “Magníficas bujías”, comenta Paul Blehosta: “Las cosas de antes no son como fueron las de ahora, que no duraron nada. Pero atendamos lo nuestro”. Gustosamente Royi Lantrudi se dispone de inmediato para la discusión colaborativa.

   Se escuchan pisadas en el piso de arriba. Royi apoya sus manos sobre los papeles desplegados, cuestiona cordialmente las consideraciones del profesor: “Creo en su ciencia cultural, profesor, pero ha visto usted sonoridades, palabras musicales en mi borrador. No era esa mi intención para un asunto que es seco y grave: Ataques inusitados sin motivo aparente, violencia metálica. Con este poco de luz, por favor, léame un poco mas lo que he preparado”. Paul Blehosta señala la instancia sonora del momento; dirige arriba una mirada presagiosa con la que luego pasa a inquirirla; desde el enfoque al techo de la sala vuelve los ojos hacia su colaboradora. Los pasos que se oyen no llegan a ser violentos, son notorios esos taconeos, pero pretieren agresividad. Enarca una de sus cejas Paul, y dice: “Es como si saltasen para caer, de arriba abajo sobre sus tacones, como si inócuamente quisiesen comunicarnos algo”. Royi Lantrudi sonríe al apuntar: “Son las clases del licenciado Armonía”. Un sobreetendido risueño disipa la inquietud. Puede abocarse Blehosta sobre las páginas.

   Con una lectura rápida, murmura circunspecciones luego el profesor: “…Se quiere vengar la gente..; ya veo el punto suyo, Lantrudi; ..con represalias desplazadas sobre cualquiera, ..con impactos espectacularistas, ..en actuaciones troperas”. Blehosta manifiesta interés: “Esto tiene gancho real, Royi, pinta usted el brete de las habilidades competitivas, ya estoy viendo cómo lo describe al cuadro: competir por seguridades diferenciales, con el incremento justificativo de una venganza indiscriminada. Es algo peligroso y gravitante, ¡pero bah!: adocenados y pobrecillos en la soledumbre, en la presteza de sus hilvanes para el instante”. Royi Lantrudi mira hacia el techo que continúa siendo un tablado para los discretitos taconazos; más cerca ella, dice susurrándonos: “El buen humor desnuda las tonteras que hay en las costumbres. Más cerca: “¿Querrán vengarse porque existir les es una condena?”. Blehosta y Royi Lantrudi levantan pausada y apareadamente una abierta mirada plena de contemplativa fijeza, sostén ocular como prevención.

   En lo cierto y concreto tenemos que se acallaron los taconeos. No se les caía el techo encima, pero tal vez sea el logro de un consenso espiritual sobre la ponencia en discusión entre los estudiosos, lo que haya infundido mayor discreción en las sesiones del licenciado Armonía. Y tal vez, con o sin electricidad, pasaren a ser aún más discretas las actividades en el Instituto. Royi Lantrudi y Paul disfrutan el instante de calma en la iluminación tenue de las bujías empalmadas sobre el candelabro. “Bonitos momentos, ..pero sin echarlos a menos”, masculla el profesor: “..prácticamente no llegamos otra vez a nada más que a otro comentario cultural. Igual tiene algún interés; es casi nada, pero no es un momento baldío”. Es Royi Lantrudi quien discurre evalatuoria y muy serenamente: “Es lo que hay, profesor Blehosta”.

   “Tal vez sea así nomás, ¿pero qué brete resulta?: Un circo adolescente, buooh, que no es el más propio de una comunidad que constituye sus rumbos y sus tiempos. La industria publicitaria se sigue desarrollando, concita un inmovilismo espiritual insultante, degradante. Sufragios por la ventanilla de atención a usuarios” | “Son duras sus expresiones.. Pero quizá tenga usted razón, profesor. Vivimos en un estadío bastante caótico; lo más constante es un estarnos situados en el veremos”. Paul Blehosta se zarandea en la silla, y argumenta: “Ese ‘veremos’ es otro rótulo para decir ‘esperanza’. Muy bien, es activable esa visión, fortalecerla y palanquear con la esperanza, apoyarnos ahí. Veamos también nuestras capacidades, palanquear en ellas, ¿qué nos permiten hacer? Quizá con palanquear se concreten en hechos los quizás. Ya ve, Lantrudi, una bonita incerteza, casi nada de tembladeral”.

   Hace un silencio flor ella, en tanto encarpeta el despliegue de las páginas. Blehosta sale de un momentáneo ensimismamiento: “Dígame Royi, ¿no ha sentido un aroma muy singular en el aire que viene de la calle? Podría ser que venga de los grupos electrógenos, estoy pensando, que le hayan aditivado aceite de ricino al combustible” | “¡Ah, ¿puede ser por eso?. El aire está raro, ya me había dado cuenta, creí que pudiera ser porque se están empleando veladoras, que estén perfumadas” | “No; se huele aceite de ricino, y creo que es así nomás; un recuerdo se me delinea, es lo que se respiraba en las competencias de aeromodelismo; iba yo de curioso cuando chico. ¿No le parece lindo aroma, colega?” | “Sí que está rico, ¡qué gracioso, combustionan aceite de ricino!” | “Permítame decirle aparte, mi querida colaboradora: esto de las velas y los candelabros me ha hecho ver una calidad maravillosa suya que antes yo lamentablemente no conocía. ¡Qué interesante! Me he despabilado al respecto: Su piel, Royi, se me ha destacado lumínica, y como un factor de atracción muy muy relevante”
   … “¿Cuáles son exactamente tus intenciones, Paul…, …al decirme todo esto?”


“..Hacer presente lo que está ausente, que las experiencias que ya existen pero son invisibles o no creíbles estén disponibles”. Boaventura de Sousa Santos.


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 Sergio Edgardo Malfé
 República Argentina, Abya Yala; Diciembre de 2016



dia descansarlo lindo
2016/07/06, 2:15 pm
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Un día para descansarlo lindo


“.. en tanto que es capaz de gestos, de expresión y finalmente de lenguaje, el cuerpo se vuelve sobre el mundo percibido para significarlo”. Maurice Merleau-Ponty (1908-1961).

Cuando todavía era noche en la playa donde acampábamos, había sido el paso costero de un yeguarizo blanco, a lo largo de la ribera. Estábamos ahí de escapada romántica y silvestre, con mochila y carpa.

Al comentar con mi compañera Malena el hecho caballar que nos había quitado el sueño, dentro de la carpita caldeada y entre mucho humo de pipa, concluimos luego con algo así como para escribirlo en el anotador del viaje: ..“fue una trama inconsútil de correalidad que nos compartió el equino bayo; una andanza en cuatro patas consustanciada en una totalidad de fábula con orilla, noche, y luna”.

Llegando el momento del amanecer, atisbamos que la mar se mostraba difuminada con lluvia y nubes bajas. La pródiga Malena dijo que quería ponerse las medias y “salir del horno”; tiraba para allá y para acá revolviendo infernalmente los trapos que ya estaban hechos un caos. Hurgamiento acalorado y errático en el que finalmente encontró sus medias: estaban en una bolsa de lona con fondo y tapa de cuero; y se sentía la mañana que empezaba a andarnos dentro.

Me plegué con la dinámica y quise salir de los edredones para acompañar a Malena en el aprestamiento. Amanecíamos siendo mucho más nosotros mismos. Y andando un poco fue que vimos cuatro gorriones solazándose en el fondo de una canoa, sobre un resto de arena húmeda dentro de la bateleta que descansaba en seco. No estaba el tiempo para continuar fuera, sino que era un día para descansarlo lindo; retornamos a la carpa.

seaside

En la media mañana ya no llovía, y el pregón de un lugareño favoreció una reanimación nuestra para continuar con buen humor en el solazón turístico. Nos habían dado ganas de reir con el grito anunciador de ese caminante playero; pero la sorpresa por su oferta comercial nos hizo moderar la risa: no queríamos delatarnos, y nos cubríamos las bocas con las manos. Nos mirábamos en la carpita, frescura en los ojos y sin poderlo creer del todo: el lugareño había pasado gritando una y otra vez: “¿Alguien quiere comprar un piano?” ■


“Desde que el hombre existe ha habido música. Pero también los animales, los átomos y las estrellas hacen música”. Karlheinz Stockhausen (1927-2007).


 Sergio Edgardo Malfé
 República Argentina, Abya Yala; Julio de 2016

¿Tomando por sorpresa a otra Entrada en ésta Blog? 

Hipersalena Aleatoria, por Aquí 



reconocer melodia/..”insertar; recuperación; enseguida; paseantes; fogón..”
2016/04/09, 9:52 pm
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  Reconocimiento de una melodía


“..para curar a todas las víctimas del absurdo que yacen agonizando de alegría artificial”. Thomas Merton (Fray Luis)

   En la necesidad de completar su carrera, obtención de algún dinero, sentirse gente, el muchacho cabezón trabaja en asuntos de vestimenta, flecos vanguardistas para la camisa de su patrona, porteñita pletórica, bordados o cosa semejante, corbata blanca con sobrerelieves de metal plateado, tachones que podrían ser símbolos lógico-matemáticos.
   Nadie lo va a poder creer: Dupreni necesita una solución de autenticidad, su carrera no se debe detener, cursa Resolución Total para las desgracias, Situaciones de Desastre Bajo Estudio, encima de alguna mesa poner su llavero; sus vivencias siguen en subibajas, necesita tenerse más estima, que sus vínculos dejen de ser anónimos y solitarios; toda la gente tiene lazos firmes entre sí; piensa él que le haría bien el juego de echar relinchos junto a sus amigotes, los muchachos de la esquina.

pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

“..reconocimiento de una melodía .. con todas sus sonoridades..”

   Busca un símil de corazón ese muchacho, él lo necesitaría para insertar su persona en una retícula, en un sistema de juegos teatrales que confiera orden y sentido al mundo de ocupaciones que él desea, mundo con mucha gente. Todos agitan sus manos un segundo y los banderines de sedería flamean al viento; emprenden viaje hacia el pinar costero. Carruajes quizá, con señores tal vez de galera, y damas de amplios vestidos. “¡Dupreni!”, le grita al cabezón su patroncita: “¡tienes que ir al final de la hilera”.
   Atraviesan portales y pasadizos, van encolumnados entre viviendas perecidas en su lobreguez, casas sórdidas y ruinosas. Dietas agigantadas hasta la masacre. Sobre los muertos dar saltos de un lado al otro con las muletillas. Ausencias y retornos del sentimiento de su integridad en Dupreni. Un corto viaje a través de los potreros; llega la hilera al pinar, algunos pasan dentro del pabellón principal, y toda la gente opta con firmeza por un fogón artístico ulterior. Luego está en búsqueda de leña la reunión, enérgicamente unida. Unidades para la recuperación de gente quemada.
   Le dice Emilgia, la chica patrona, que el hermano de ella está necesitado de una conversación constructiva. Esto luego resultaría en una falsedad desgastante: una charla extensa e incoherente que Dupreni con el hermanito tiene que sufrir. Impersonal el diálogo, vinculaciones sin definición, en tanto que el afán de Dupreni es por el logro de una ubicación que signifique hombría; pretensiones de jerarquía viril, las propias de un muchacho lúcido. El cabezón debe refrenar una erupción de furia feroz que el hermanito le produce: lo que hace el pariente es plantearle una inquietud, para enseguida ponerse a distancia con actitud altanera y claramente confusional.
   Al cabezón se le ha hecho una mancha más de horror, “mi pena es penosa pero me la figuro más conveniente que la dolorosa nada”, se está sintiendo anónimo, quedándose en su vacío. Y en el viejo edificio, por sus pasillos de pisos arriba, juegan los niños de la partida, juegan como si estuviesen en las galerías de espaciosos solares. Recurso antiguo que fue religioso, miniturismo abierto para el esparcimiento pintoresco de los paseantes. No se podría precisar como empezó: Se encienden las luces, comienza la atención de otra gente, Dupreni dice que mirará, “a ver si me olvidé de algo”. Que las cosas reflejen lo que él es, y no precisamente una cacerola negra con cosas dentro.

pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

“..melodía .. con todas sus sonoridades..”

   Se sabe adonde no queremos llegar. Es con alivio que recibe Dupreni una sorpresiva y velada propuesta por parte de su patroncita Emilgia. En el parque, sobre los adoquines del patio, la reunión se ha instalado en silloncitos alrededor del fogón ya encendido; sus ilustrísimas señorías aguardan el comienzo de la velada artística; pero no es noche todavía. La chica está diciéndole que en la vecina casa de su familia está el verdadero armonio con todas su partes perfectas y todas sus sonoridades. Había señalado Emilgia un armonio en el patio crepuscular, diciendo que fue mobiliario antes de los religiosos, “ahora está reventado, pero tenía fallas ese armonio, por eso mi familia lo donó a la orden religiosa, el original está completo bajo el alero de la casa”.
   La joven patrona, con tanta época amalgamada en la sugerencia, se puso a andar hacia el otro borde del pinar. Los dichos de ella han sido para que Dupreni la siga hacia la casita del fondo, vecina casa familiar donde está la cama aquella, la sugerencia es suficiente para que él curiosée la vista del maldito armonio original y completo. Están los dos observando el intrumento en el marco armoniocal, bajo el alero, en un entorno adoquinado que es conveniente para la aparición del padre de familia, viene con su carretilla. Y de inmediato reaparece el hermanito, presuroso se mete en la casita. Su madre inquieta le sigue al fallutito los pasos, “está descompuesto”. Figura del tiempo de los flecos: la señora tiene sus años, y se acompaña con sus chales, pinta al hermano de Emilgia como en una crisis nerviosa, con palabras hacia Dupreni en los que le reconoce su intento de ayuda: “usted es una persona estudiosa, pero no se preocupe”. Y se digresiona la señora en una breve locución sobre la intensidad de la Sudestada; meteorológica que es seguida por un silencio sin bochornos.
   En la pausa está pensando el cabezón: “Sentir la presencia de quien soy, en aclaramiento de las circunstancias, solucionar ambas cosas al mismo tiempo: yo y el entorno; mientras me sienta relacionado, no perder la visión de lo que soy”. Las rachas mueven el pastizal de los medanales. Retoma la madre de Emilgia su aconsejamiento: “Usted no espere, solamente estése tranquilo”. Y se desembucha con un acontecimiento: Había sido robada la motocicleta de Bufiné, el delegado municipal. En su barraquita por la tarde y como habitualmente, el funcionario seguía la transmisión de un partido de fútbol, queda media hora por jugar en este encuentro, en la oportunidad le robaron la moto, lo estuvieron interrogando los polis porque habían notado algo raro con Bufiné que querían aclarar: ¿Por qué había sido abierta también una segunda cerradura de la moto que funcionaba con el reconocimiento de una melodía? Los chorros habían conseguido abrir la primera cerradura, ¿cómo hubieran hecho para obtener la apertura de ese segundo dispositivo? ¿Por qué Bufiné había puesto esa segunda barrera?

pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

“..sonoridades..”

   Dos personajes acercándose caminan sobre el adoquinado arenoso con sus borceguíes. “Falta luz en las calles”, les dice la dueña de casa. Los policías con mirada tranquila respaldan a Dupreni, en un diálogo cuidadoso. El joven estaba enfrentando los cuestionamientos con una total imperturbabilidad; él no había tenido comportamientos antisociales. Si hubiera problemas, se deberían a las estaciones de trenes cerradas, cerca del pinar hay una, dejó hace años de funcionar, ya no recibe formaciones, un cartel de cemento le sobresale entre las arenas, sus letras dicen “García Márquez”. Agudeza dominical en quien testifica, uno de los oficiales, pone en claro que ninguno de los personajes problematizados es mala influencia, ni Bufiné ni Dupreni tienen causa relacionada con el robo. Repugnantes cervatillos de plástico en el parque, sería como para contener y encerrar a los criminales. Y al mismo tiempo está el cabezón pensando: “Un puente hacia otra orilla del mundo, ¿estoy en camino?, una orilla distinta cada día”.
   En la calle trasera del antiguo solar religioso, por donde supone Dupreni que habría otra entrada, y le gustaría encontrarla, allí hay un auto viejo estacionado con alguien, que si él lo viere, sabría que es familiar suyo: un señor relleno y maduro, en la consulta de un mapa antiguo que está estampado en el corderoy de un bolso de mano. Un sobre de papel marrón aparece; peluca con hilos de aluminio. ¡Y el ladrón con la moto robada atraviesa un puente lejano! Hay otros detalles para conocer; la vida real está almacenada en múltiples cajoncitos dispuestos en altos anaqueles dentro del caserón. Recepción clandestina de una revista de barricada. Por lo demás, los oficiales ya se han retirado, y la bruma crece. “Tenemos que conversar, ven conmigo a dar una vuelta, te presentaré con papá”. Un devenir suyo, el que su patroncita le tiene en mente, será otra sorpresa para el joven Dupreni. A pocos pasos encuentran al señor de la carretilla. Después de las presentaciones, y con el respaldo de su papá, Emilgia le comunica al cabezón: “La gente de la partida se asusta contigo, eres demasiado para nuestro fogón artístico, va a ser mejor que te vayas”.
   “Le estamos haciendo un favor, joven”, le dice el hombre mayor: “¿por qué no monta en la carretilla?”. Sin obstáculo alguno, Dupreni acepta con sobriedad el envite, está pensando: “De prevalecer un orden del corazón, me estaría colocando así en la alegría de convivir sin pasos tristes, ha de ser ese el caso de los que se manejan bien con su estima, los íntegros”. De cuclillas en el somero vehículo, Dupreni está mirando la luna llena a través de las ramas del pinar. El joven escucha otros controles que Emilgia abriga para él: “Sos un hombre hecho y derecho, ya te queda chico el trabajo con la vestimenta”. Lo está despidiendo de su trabajo, dice ella que así le aumenta su libertad, favoreciendo su crecimiento personal y laboral, tendrá él una esperanza dinámica que finalmente lo colocará en mejor ubicación. Y es la llegada al camino, el final del curioso trayecto: “Tendré que desconfiar de las sensaciones mías para los tiempos que corran; ya no habrá nadie como ella para mí”. Dupreni está lagrimeando cuando ella se le ubica cercanamente, lo besa en los pómulos sobre las lágrimas. “No me lloriquées, varón”. / “No sé que te has creído; los plenilunios son los que me ponen así de sentimental”.


pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

“..es entonces cuando oye..”

   Al otro lado de la calzada se ven las luces de una galería comercial que rodea una plaza seca, allí está brillando “Del Tiempo”, insistencia del letrero de uno de los locales. Dupreni no vuelve la cara cuando padre, hija y carretilla, comienzan de regreso a internarse en el borde cercano del pinar. “Tendré que desconfiar de las sensaciones mías para los tiempos que corran”. Y avanzar por veredas con perros, por senderos de cabras, hallazgo de un viejo pantalón. Siente una reserva de potencia que tiene disponible en una casillita de su personalidad; es entonces cuando oye que el papá de Emilgia le vocifera: “¡Usted es fuerte!”.


..”Creemos que nuestro futuro estará hecho por el amor y la esperanza, no por la violencia y el cálculo.” Fray Luis (Thomas Merton)


 Sergio Edgardo Malfé
 Argentina, Abya Yala; Abril de 2016


¿Tomando por sorpresa a otra Entrada en ésta Blog?

Hipersalena Aleatoria, por Aquí



meses de brujas y sapos

  Brujas y sapos en sus meses.


«Mas naides se crea ofendido, pues a ninguno incomodo, y si canto de este modo, por encontrarlo oportuno, no es para mal de ninguno, sino para bien de todos.» José Hernández, Martín Fierro.


  En la revisación de mis papeles estaba, en octubre de 2015, y así encontré un curioso relato que me aconteció con su originalidad. Está en un libro, que entre otros testimonios me informa sobre mujeres brujientas de mediados del siglo XX en Argentina. Singularidad considerable en el relato, por un lado; y con personal realización acontecedora. Pero lo que me movió para compartirlo en una entrada, fue que por otro lado recibí información contándome que octubre es “el mes de las brujas”, aunque otras fuentes digan que los embrujamientos mayores sucederían en noviembre. Y es suficientemente curioso el procedimiento del hechizo que ejecutaban las mujeres del relato, a fines de los 60. El caso está narrado en dos capítulos: “Medio de vida”, y “La bruja”; ambos forman parte del libro de Irene Freyre “No estamos solos” *.


  Conversando con el sacerdote Dubosc, tutor del Albergue para niños en situación de calle, y uno de sus fundadores, le estaba diciendo en una mañana Osvaldito, uno de los chicos:
Hoy tengo que ir a cazar sapos. / ¿Sapos? ¿Para qué querés sapos. / Para venderlos a la bruja Margarita. / ¿Te los paga bien? / Sí, me los paga bien, y si tienen la boca grande, mejor. / ¿Para qué quiere los sapos? / Margarita me los compra para sus brujerías. Tengo que llevárselos al cementerio de la Chacarita. Ella me espera en un lugar que conocemos. Cuando estoy ahí, saca de la cartera fotos de hombres y mujeres, luego las dobla y pone una foto en la boca de cada sapo. Después yo la ayudo a enterrar el sapo vivo entre las tumbas. / ¿Para qué hace eso? / Cuando entierra los sapos dice malas palabras, putea y le pide a cada sapo que joda a la persona que está en la foto…
 
  ─ No hagas ese trabajo, Osvaldito. ¡No hagas ese trabajo! No busques sapos ni vuelvas a ver a esa mujer ─.
  No puedo, Padre. No puedo … ¿Usted sabe? A otro chico que no le llevó más sapos, la bruja lo hizo pisar por un tren. / Habrá sido una casualidad, Osvaldito. Esa mujer no puede hacerte daño porque entierre un sapo. / Yo iré, Padre, porque tiene mi foto. / Entonces, vamos juntos. Me llevás adonde está ella.
─ ¡No, no! ─, gritó Osvaldito y salió corriendo a la calle.
 
  Con la intención de encontrar a Osvaldito, quien dejó de ir por el Albergue, varias personas se pusieron en campaña, también interesados en averiguar las acciones conectadas con el comercio de sapos. Colaboradores voluntarios del Albergue conversaron en La Chacarita con un cuidador del cementerio, quien conocía dos de las mujeres que enterraban sapos junto a las tumbas: “Vengan algún martes o viernes, y las verán con unos chicos que llevan latas”.
 
  Estaban vigilantes el sacerdote y uno de los voluntarios en uno de esos días, cuando vieron avanzar por la puerta principal dos mujeres que con bolsas en las manos se internaban luego por una de las avenidas del cementerio. Dos chicos, que llevaban latas, iban detrás de ellas. El grupo caminó hasta dejar atrás las bóvedas, y se detuvieron junto a la tierra de una tumba abandonada; echaron una mirada alrededor. El sacerdote y su acompañante simularon estar interesados en una tumba cualquiera, le removían un tanto las malezas mientras se mostraban en una charla, al tiempo que vigilaban el grupo. Vieron como las mujeres depositaban las bolsas sobre la tumba y abrían las latas. Los chicos a su vez escarbaban la tierra con cuchillos, frente a una cruz de hierro semicaída. Cuando el pozo estuvo listo, una de ellas volcó el contenido de una lata dentro de él. Los chicos se apresuraron a cubrir esto con tierra. Recomenzaron en su andar intencionado las mujeres, con los chicos detrás, pero a poco se dieron cuenta de la vigilancia que también las seguía, y acelerando el paso se alejaron. Alcanzó el sacerdote a los dos chicos con las latas remanentes, los convenció para que se sumasen a la vida del Albergue, y les compró las latas, para arrojarlas de tal manera que se abrieron, y los sapos salieron saltando de su encierro. El voluntario retornó a la tumba con la cruz caída, y al ver que el suelo se movía, comprendió que los sapos enterrados vivían aún, removió la tierra blanda con un palo, y los dejó escapar.
 
  En cuanto a Osvaldito, nos cuenta la narradora de estas experiencias: “Trabajo costó encontrarlo, hasta que un viernes tuve la alegría de verlo junto a la puerta del cementerio”.
  ─ Todos los chicos del Albergue te están esperando ─.
  El chico estaba ahí con su lata de sapos, seguía atemorizado por lo que le podría pasar sino le cumplía la entrega de sapos a la Margarita.
  ─ En el Albergue hay dos chicos que les vendían sapos a las brujas, como vos, y ahora ya tienen otro trabajo. / ¿Y no les pasó nada? / Claro que no, ¿por qué les va a pasar algo? ¿Acaso no puede cambiar uno de trabajo cuando quiere? / Sí, pero la foto … / Vamos, querido, todo eso es mentira. Nadie puede hacerte mal por el sólo hecho de tener tu foto. Esas mujeres pierden su tiempo con tales tonterías. / ¿Usted está segura? / Absolutamente segura. ¿Qué te parece si vamos al Albergue? Te daré ropa, te quedás allí, y ya verás que nada te va a pasar. / ¿Y la bruja? / Dejala que se busque ella misma sus sapos. Vení, nada te ocurrirá ─.
 
* Irene Freyre: No estamos solos; EMECE, Buenos Aires, 1980. El sacerdote †José Dubosc y la Licenciada en asistencia social †Irene Freyre dedicaron gran parte de sus vidas a la Fundación Hogares Argentinos, una institución tutorial autoeducativa y preventiva de puertas abiertas por ellos fundada en 1957. Suman miles los hijos espirituales de su proyecto.

 
  Más decentes en su añeja humildad que otras figuras brujientas promovidas hoy en día por la manipulación transcultural y massmediática, las brujas del relato carecían de ambages caricaturescos. Eran oficiantes en harapos de una magia que opera, en este caso para destruir, por las semejanzas entre las representaciones manipuladas y las personas destinatarias del hechizo. No imperaban todavía los embrujos del estrellato globosiento, plena y oculta vigencia tenían por entonces los de tierra adentro, sapo al pozo tierra adentro, embutida foto en sapo, cada sapo con su foto, a otra foto con tal sapo, toda foto con su sapo; en embrujos dispares, caractéres diferentes.
 

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  Sergio Edgardo Malfé
Argentina, octubre de 2015.   



patios del albardon/: ..”altozanos; enderezar; enganches; escollera; ponerle; tripulantes”..
2015/05/19, 2:41 pm
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   En los patios del albardón


    (Tiempo de lectura: 12 minutos)

«Con la creciente llegaste  
en murmullo y desazón  
hasta las altas barrancas,  
Río de muerte y furor.  
Pasaban casas boyando,  
maderámen y dolor,  
te llevaban las distancias  
en torrente bramador.»  

Ramón Ayala  

   Era de noche, palomita langostina del pantano, y todos nos habíamos evacuado; pero no estemos tristes, contemos los operativos que se tuvieron que hacer para la evacuación, y que así mucha gente inundada llegase con nosotros a los silenciosos altozanos: Afortunada gente, de andares desgastados y desolados, los delitos abrochados en las ropas: ¡todas actividades irremediables! Y como esto está medio vinculado con secretos militares, contemos sólo un poco: Uno de los funcionarios, Pontaldo, fue hasta los archiveros, las ruinas, y sacó papeles: son mapas, uno de ellos con participación ciudadana. Había dejado de llover un poco, las causas se nos empezaban a enderezar, reparación de fatalidades, venía clareando.

   Nos quiso encimar la continuidad de historiales, el administrador Pontaldo, sumándola a los enganches del cielo despejado. Medio acostado en el barro de nuestro albardón, y medio sentado en una cama, Pontaldo nos señaló en un mapa la escollera, que deberíamos colisearla, pequeña langosta del pantano: Irle a la escollera, con estreno de ropas planchaditas y trajecicos paquetes, en continuidad de historiales. Estaba muy entusiasmado con el plan, cargas de demolición, parecía no darse cuenta de nuestro estado, sólo un breve respiro, las ruinas hialinas, el pantano trepando por las cuadrículas, y en cualquier instante oscurecería de nuevo, el ventarrón, ¿y si se desenganchasen las lanchas?.. “¡Pontaldo, esto de ponerle explosivos no está muy bien, actividades irremediables!”, le dijimos: “Además, no estamos como para volarla, ni para colisearnos en la escollera, nuestra precariedad, los altozanos en ruinas, todos evacuados.”

   Cambió entonces, parecía desechar Pontaldo la cosa: “Algo violenta quizá es la idea”; aunque al instante nos preguntó melancólicamente: “¿Alguien iria después a ponerle de los nuevos?; Hay otros explosivos para la escollera, son light” Lo mirábamos a Pontaldo, algo cariacontecido el hombre, y se nos había puesto bastante obeso. La delegación de evacuados en pasantía, sin agresividad, y como diciéndole.. ¡ey, aquí estamos nosotros, mire!, le dirigió amistosos comentarios del tipo “es muy difícil”. Una muchacha, muy popular entre los pasantes, con una escoba de pichanilla que esgrimía, se dedicó a peinarle el rostro, frente y perfil; y por estos suaves pases de la escoba, el rostro de azoramiento que nos iba mostrando Pontaldo parecía decirnos que el personaje estaba en la misma indigencia, él como todos los evacuados; y el pantano trepando por las cuadrículas.

ruinas hialinas

«.. vigiladas por boyetas..»

   Las lanchas nos habían traído; Para ubicarnos a bordo tuvimos que seguirle los pasos, en cada embarcación, a la respectiva dueña de casa. No había todavía riesgos de hundimiento como los presentes: Las lanchas ahora se agitan por el crecido oleaje; sufrimos el embate desalmado del viento cinerario. ¿Qué nos espera si los altozanos pierden sus lanchas; ¿tendremos que hacernos armazones de madera con los despojos para colocarlos alrededor de nuestros cuerpos?; ¿o habremos de integrarnos como habitantes de ámbitos silvestres?, ¡zoológico! Era distinto en los primeros momentos de la evacuación: Nos habían guíado las dueñas de casa, cuando abordamos las lanchas; nos llevaron hasta unas farsescas gradas y barandillas en las cámaras de proa, hacia la afrenta de los palios envarillados, solemnidades. Por suerte, muchos nos desenvaramos y salimos a cubierta para averiguar; y desde la toldilla militar pudimos distinguir en el horizonte los promontorios; ya llegábamos. Volvimos al salón de navegación para poner a salvo de indiscreciones náuticas nuestro secreto estratégico: la alimentación barrocosa que nos protege, no habría de ser parte conocida por la avidez coliseal de los tripulantes.

   Y lo que está ocurriendo ahora, langosta pobre palomita del pantano, parece ser otro coágulo de Pontaldo, otra carga de demolición. Está él diciendo que nuestra salida bien puede ser la de treparnos a algunos muros de estas ruinas hialinas. Ante esto, los delegados han puesto sus miradas sigilosas, a través de los restos de ventanas, en lo que fuesen patios y jardines del albardón; Parecen estar buscando alguna de las paredes que menciona Pontaldo, y no se muestran proclives con el proyecto. La muchacha que usó su escoba antes para despejarlo a Pontaldo, le dice ahora: “Más nos valdría que costiémos los caminos para retornarnos cada uno a su casa; nuestros umbrales tienen paredes más seguras que éstas”. ¡Muchacha popular!; A su vez, Pontaldo la está amonestando: “Los pasantes son los evacuados más problemáticos; ni pensar en ello: que de este precario refugio se vuelva la gente allí donde hay más víboras, ¡eso jamás!; ¿y la carencia de alimentos?”. Algo de razón tiene; aunque el tipo probablemente sea un depravado y quiera retenerla en las ruinas, actividades irremediables, para abusar de ella y de paso extraerle datos sobre la apicultura de la que se ocupan los pasantes.

ruinas hialinas

«.. las lanchas han quedado vigiladas por boyetas..»

   Nosotros podemos intervenir para proteger a la chica, hasta asesinarla, ella se encuentra al momento en el territorio propio de él. Pero está agregando algo el administrador, no estemos tristes; Salgamos de la lluvia, langostita, las ráfagas arrecian; coloquémosmos bajo el toldo de rescate y oigamos en qué siguen las argumentaciones de Pontaldo, a ver qué dice: “…motivándolos para que hagan algo, que aseguren las lanchas; después podrán llevarnos con ellas hasta el terraplén; para mí que ahí está la charnela: Hay que darles de comer a los tripulantes, conocerán nuestra dieta barrocosa, es nuestro secreto estratégico, pero su dinámica autónoma continuará en funciones y se nos restablecerá como propia, nuestra dieta estratégica va seguir indemne, que ahora los efectivos la conozcan no nos afectará en nuestra seguridad futura, y al compartir con los milicos un gofitún barrocoso, estaremos interviniendo sobre toda la situación; ¿qué opina la asamblea?”. Pontaldo así dejó en suspenso las acciones; veamos: Los delegados pasantes están de acuerdo, y la junta conversacional de evacuados también, trepando el pantano por las cuadrículas.

   Al momento uno de los delegados les hace a los tripulantes una llamada radioeléctrica. Los muchachos se acercan, nos dicen que las lanchas han quedado vigiladas por boyetas, actividades irremediables. Bajo el toldo de rescate compartimos todos el refrigerio: gofitún barrocoso en el albardón, las ruinas; en pocos minutos consumimos las escudillas dietéticas. Es curioso, coincide el beneplácito coliseal de los marineros con un serenarse la tormenta; parece que no vamos a terminar tan mal, y jamás donde hay más víboras. Un pasante propone: “Está aclarando; podríamos aprovechar la calma, muchachos; ¿qué tal si embarcamos y ponen ustedes rumbo hacia el terraplén?”. Manifiestan los marineros acuerdo con la propuesta; renovado andar de las tripulaciones hacia las barquichuelas; hasta tenemos sol, se levanta campamento. Mientras en eso estamos, palomita pantanera, oigamos la apostilla de Pontaldo: “Para nuestra salida, no nos van a hacer falta fondos, ¡qué suerte!; pensaba pedir rescate a la Capital por el cadáver que tengo secuestrado” … “¿Cuál cadáver, jefe?”, le pregunto … “El de este cuerpo mío; mi existencia la tengo bastante muertita por mi quehacer como funcionario” … “¡Pero que buen humor se tenía guardado el Pontaldo!”, decís vos; y muy bien lo dijiste, langostita. Nos vamos yendo para embarcarnos, y trochar hacia el terraplén, no es tan lejos ■

 Contenidos relacionados con «..Patios del albardón».  (Enlaces en la Blog)
 * Cocos de chanfle
 * En el Area Facultada
 * Presencia.. Esperada (notintroductoria)

  Sergio Malfé
Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, mayo de 2015.



activacion de la quietud/: conjuradas estampa y anotaciones curten cortazar
2015/04/20, 9:49 am
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Activación de la quietud

Conjura de estampa y anotaciones en un curtir unido a Fin De Etapa

   Al reencarar esta narración de Julio Cortázar, que me aconteció fuertemente por sí misma, quise recuperar luego de entre mis papeles, un trabajo de arte gráfico que pudiera integrarse, contextualmente, con la creación de Cortázar. La imagen está líneas abajo; y aquí un breve resumen introductorio de los contenidos del Cuento:

   Una viajera solitaria se detiene con su auto en una localidad que le queda de paso; en ese intermedio siente «..todo como fuera del tiempo, estirándose en la calina del verano”.. Diana decide dar una vuelta por el pueblo, lo hace con una suspensión de su voluntad, y esta puntual desintención se corresponde con la interrupción de un vínculo amoroso, corte que la ha desorientado: ..«”Curioso que vivir pueda volverse una pura aceptación”, pensó mirando al perro que jadeaba en el suelo, “incluso esta aceptación de no aceptar nada, de irme casi antes de llegar, de matar todo lo que todavía no es capaz de matarme”.»

   Es mediodía, y al recorrer la viajera el pueblo, se encuentra con una sala municipal de exposiciones, y allí dentro se muestran las obras de un artista local, cuadros de gran formato: «..pinturas que volvían sobre el tema de una mesa .. resultados de una obsesión realista que llevaba al pintor hasta un límite peligroso o ambiguo .. En algunas telas se sumaba una silla, en otras la mesa no tenía otra compañía que su sombra .. volvían sobre el tema de una mesa desnuda o con un mínimo de objetos, violentamente iluminada por una luz solar rasante .. Diana se quedó un momento buscando conocer mejor el fondo de la tela, la puerta abierta tras de la cual se adivinaba otra estancia..»

   Continúa después en ese pueblo la aventura de la protagonista; Al pasear por sus calles Diana va a hallar una casa, que es la representada en los cuadros de la exposición: «..entrevió en la penumbra una galería idéntica a la de uno de los cuadros del museo .. no había nadie que se opusiera a su presencia en el jardín, su paso por la doble puerta abierta, recorrer la galería abriéndose a la primera sala vacía donde la ventana dejaba entrar la cólera amarilla de la luz aplastándose en el muro lateral, recortando un mesa vacía y una única silla..»

Monocopia G.Vila/88; orgnl:26 x 32,5 cm

«..en el museo era el conjuro..»


   La reducción y encierro que Diana hace consigo, son el suceso central en “Fin de etapa”, en un tiempo y espacio sentidos que se simbolizan con los cuadros, la casa donde no hay nadie, y el pueblo apartado. Y entre los componentes del núcleo que nos es narrado se destaca la representación atractora de mesa y silla; en el museo era el conjuro: «El cuadro estaba en la pared de la izquierda, había que avanzar hasta el centro para ver bien la representación de la mesa y de la silla donde se sentaba una mujer.» Pero en la casa, donde Diana reconoce objetivamente esos muebles en su realidad palpable, ella completa su aceptación al llamado de esas cosas: el pueblo y las pinturas en el mediodía, la casa, la mesa vacía con su silla; y Diana les reincide: «Podía irse cuando quisiera, por supuesto, y también podía quedarse; acaso sería hermoso ver si la luz del sol iba subiendo por la pared, alargando más y más la sombra de su cuerpo, de la mesa y de la silla, o si seguiría así sin cambiar..»

   Pero entonces, para éste blogger, fue un ponerme a hurgar en mis cajones, con la mira en aquella colorida obra gráfica que su autor me había compartido en el siglo pasado, y así reencontré mesa y silla. Y no sólo eso; pegaditos ahí estaban otros papeles donde me hallé con anotaciones mías de esa data. Lidiaba yo en esas páginas, con las interpretaciones que se me producían por la lectura de textos hinduístas, comentarios sobre los Upanishads, p.ej: “2-4-11 : el hombre y sus sentidos y palabras son el centro de todos los hechos”.

   La estampa, que era mi primer objetivo, con el fin de connotar el cuento de Cortázar, está firmada G. Vila/88. El cuaderno con las anotaciones situaba éstas en los años 70/80. ¿Tendría algo que ver esta contigüidad con “Fin de Etapa”? Tal parece que el pensamiento Hindú, del cual yo había hecho esos registros, tiene que ver con lo que estuviese Diana pensando en el cuento: «Porque lo peor era buscar algo razonable en eso que desde el principio había tenido algo de delirio, de repetición idiota, y a la vez sentir como una náusea, que sólo su cumplimiento total le hubiera devuelto una conformidad razonable, hubiera puesto esa locura del buen lado de su vida, lo hubiera alineado con las otras simetrías, con las otras etapas.» Yo relaciono la vocación que expresa Diana en el cuento, vocación por la simetría, y por alinearse el personaje en las dilaciones de un orden recurrente, la relaciono con la aspiración mística que comentaba con interés escéptico en mis anotaciones sobre los Upanishads: “inducen un ritual de homologación superadora de la dualidad entre la persona conocente y lo conocido, para los individuos, que así pretenden traspasar los límites existenciales, en una serie de analogías y simetrías sin fin, aseveración de las premisas de una fé magnificente y sin fundamentos certeros, inspiraciones metafísicas que agregan significaciones paralelas a todo fenómeno”. Y sin embargo, en esos textos meditativos hay suficientes belleza y profundidad, y por estas cualidades nos educamos en lo que los hombres son: Lo bello tiene otras exactitudes, no siempre es totalmente cierto o verdadero.

   Se desprende en “Fin de Etapa”, el afán poético e hindú del que hago mención, el de traspasar los límites. Diana busca una correspondencia irrestricta, entre lo que percibe y su ámbito vital como percipiente; ella pretende que la luz se una a su capacidad de ver, que los espacios que recorre y las pinturas que contempla se unan a sus sentimientos. Al obliterar las distinciones, desaparecerían el tiempo y el espacio propios de la viajera, con sus conflictos y pesares, para unirse ella, en un entendimiento sin elementalidades, a un mundo constitutivo en el que no tenga ya que actuar ni optar, con todo ya cumplido en una detenida perfección que la exima de opiniones relacionales, ante su mesa y en su silla. La imposibilidad de esta mutación parece ser sólo una cuestión de tiempo y paciencia; en el cuento destella la realidad de ese imposible.

   Esta mirada sobre “Fin de Etapa” fue suscitada por el reencuentro mío con la estampa aquí posteada. Julio Cortázar registró, con pleno dinamismo en ese bello cuento, una instancia y un personaje que orillan, por contraste, un deleitoso reino inmutable. La presente es sólo un ensayo de nota; hay una localización en Web del Cuento.
Enlace: http://www4.loscuentos.net/cuentos/other/1/28/5272/
 
   Contenidos relacionados con esta Entrada. Enlaces.
 • Artículo en Wikipedia sobre el Hinduísmo.
 • Surgimientos al trasluz
 • Circulación retrotribal
 • No le ha encontrado gracia.

  S. E. Malfé
Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, abril de 2015.



narracion-ultima-escena
2015/02/19, 11:56 pm
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 Última escena


«..se imaginaba que la vida se detenía a cada instante, como para celebrarse a sí misma y otorgar a cada acto un valor final.» Carlos Fuentes, Las buenas conciencias.

   Hay que andar con cuidado, porque no es cuestión de tener miedo; ¡dios mio; ¿habrá visto alguien algo?!: ¿A quién, a ese otro saltando, en parlamentos carentes, ruegos maldicientes, con historias de y para la calle?; Él preguntaba: “¿cómo, con qué, cómo?”. ¡Qué tipo aquel! Me zampó una que yo no podía creer, entreverada en la insólita ristra de frases que iba ensartando, frases que decía como por otro canal, mientras conversábamos en un Café.
   Añares que no sabía nada de él: Lo invité a que nos sentáramos, en esa última vez que me lo encontré. Junto a la compasión que me daba por verlo bastante desastrado, estaba el gusto de recordar las tertulias que habíamos compartido, música y lecturas. Con la intención de cotejar nuestras rememoraciones le pregunté:
   “Che: ¿y aquella piba con la que salías?”
.. “Oh, ¿esa chica M. , la de cabello castaño?”
   “No, a esa no te la conocí; vos sí que tuviste siempre una cosechadora rápida”; y quise precisarle: “¿Quién lo iba a pensar, dejaron de verse?; te pregunto por la del apellido escocés; se los veía de muy buen entendimiento, iban a mudarse juntos”.
.. “Son buenas sillas éstas, me tenés sentado; ¡Ah!, ya me acuerdo quien decís: no era fácil, no era ratoneante; una vendedora de cielos, mucha cólera muy rápida, la pequeñita pintona; voló por encima, se cansó, sólo para ella quería que yo fuese; Transformada a lo largo mediante las palabras, transformada en una chapa, quedó patrocinada como un rectángulo accesible, ahora es médico”.
   Me estaba diciendo cosas raras, se lo veía muy sacado, intenté no manifestarle extrañeza: “Bueh, así son las cosas, vos la corneabas; ¿Y seguiste con la cafetería que tenías ahí por calle Córdoba?, no me acuerdo bien, hace 5 años de esto”.
.. “Mucho mucho frío por ahí, me crucé con reticulaciones; se paternalizó al extraordinariamente pobre compañero, es verdad, tanto como para él cambiar la muerte; me crucé gráfico con la luna en pantaletas”.
   En una de esas, me zampó que había hecho la experiencia de comerse.. -¿cómo decirlo?-, ..sus propios desechos sólidos. ¿Quién iba a creérselo? .. “En una pequeña y fría sala donde nunca más lo haré”. No se lo consideré, pensé que me quería tomar el pelo. Además de seguir diciendo otras frases singulares: .. “Oh, esa chica M. conformó a la felicitación también”, ..se puso a conversar de mesa a mesa con un tipo macizo, del cual me dijo que era “su médico en el frenopático”. Me las tomé enseguida. Pero después, a los meses, recordé lo cambiados que estaban sus ojos en el Café, lo recordé cuando volví a verlo. Le protuberaban friamente del rostro, muy cambiados de como los había tenido de muchacho, parecían sensores artificiales, con los que percibía convenientemente la luz y las cosas alrededor, ojos sólidos a los que nada podía afectar, como ojos de cristal.

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ℑ arbol de la vida

   Muchos lo volvimos a ver; y recordé yo entonces aquellos ojos, como un injerto en sobrerelieve, aquella forma de las miradas suyas, en la última charla que tuvimos. También recordé lo que me había contado, lo de comerse sus sorullos. ¡Había sido tan gran tipo!, un compañero de los buenos tiempos. Muchos lo vimos en su última escena: Se había tirado por la ventana de su departamento en un sexto piso, pero ahorcándose.
   El noticiero de la tele mostró claramente su cuerpo colgando de la soga que se había anudado al cuello, estaba suspendido ante las otras ventanas del edificio, loco perdido, ventanales de una muerte de mierda. Oh, los vecinos se habían detenido como rositas enloquecidas con leche, sí, sí, sí, ..¡qué demonios!, un poco más de cuidado.

«No se trata en modo alguno de que uno esté a la escucha de su propia vida, sino que para mí pensar es, en cualquier caso, me parece, estar a la escucha de La Vida Gilles Deleuze


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  • Novela aquella isla, §1) ..debió de haber perdido pie..
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  •  

    Sergio Edgardo Malfé

    Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, febrero de 2015.

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