Hipersalenas


# consecuencias-iluminadas


Consecuencias iluminadas (de fiesta).

Enlace aquí para el relato descargable en edición PDF.   


“Now my cabin floats holding me in; I’ve got the space under my skin”
. Gilberto Gil   

   La tarde conurbana de Carretón se cortaba plácida, pero las velocidades astutas de los autos por las callecitas, le resultaban inquietantes. “..El apuro que tendrán por llegar a sus cenas..”, se figuraba nuestro caminante. Estaba en esa tarde que nos ocupa, en uno más de sus rastreos narrativos. Él se dedica a darle voz al sentimiento de las llanuras preliminares; logra así comunicar vivencialmente otras más planicies inabarcables, a sus oyentes, cuando por dentro de ellos se las hace recorrer. Corembe Sanetón hace en público Narración Oral.

   En una de sus largas caminatas, con sus acuerdos terrosos estaba él. Y asistimos a como gestionaba anticipadamente en su paseo, aquello que iría a a actuar. Iba pensando, con todo crepúsculo, en la presentación suya de la semana siguiente: ¿Cómo transmitirle a la gente la vivencia de estar en una galería subterránea? “Lo que no he madurado sobre el quirquincho, quizá me iría a encaminar en una mala actuación, si no lo colocare bajo las raices”, reflexionaba Corembe: “Demasiado retumbo no va a ser, sino una voz grave y troglodítica, precisamente trabada, con erres, laberíntica“.

   Un coche se le detuvo, aparentaba haber bajado recién de la cosmopista, cuando él se encontraba caminando por una vereda de pastos. Le preguntaron desde el auto, por como llegar hasta “Alsina y Congreso”. En el VW Senda de color bordó, iba conduciendo un señor joven; en el asiento trasero dos muchachos en la edad del conductor, y junto a éste, quien redondeaba la pregunta: una señora madura y de apariencia benévola, la robusta rubia que llevaba puesto un gorro de papá noel. Los nombres de la traza buscada correspondían a calles de esa localidad, pero no podrían cruzarse, porque corrían en el mismo sentido, a varias cuadras de distancia una de la otra. Corembe les dijo entonces sobre la inexistencia de esa encrucijada. Esto desconcertó a la gente del auto, que permaneció en silencio, mirando con cara de nada hacia adelante todos.

   “¿Es aquí en Carretón adonde quieren ir?”, les preguntó Corembe. La quietud pasmada de los viajeros del coche, se trocó en un desaliento de desorientación. Uno de los jóvenes del asiento trasero desplegó un mapa carretero e intentó ubicarse. “¿No estamos en Zubonza?”, dijo la señora. Fue entonces cuando a Corembe Sanetón le entró una sensación angustiante. Si bien él podía orientar fácilmente a la gente hacia esa esquina, que como tal existía en la localidad vecina; lo asaltaron las dudas sobre qué les podría pasar. Una súbita responsabilidad lo abrumaba; él no podía confiar en el plácido influjo pampeano del atardecer, sabía cuantas cosas raras estaban sucediendo. Si él les dijese como llegar ahí, aunque no tuviera conocimiento de esa gente, ¿qué destino les produciría la indicación? Le dio alguna pena pensar en algo infausto, les miró los rostros, y una simpática solidaridad lo impulsó a decirles, cuánto extrañaba él, a muchos que le habían preguntado antes como llegar a determinado lugar: “Me preguntan a veces los automovilistas, cómo llegar a algún punto por acá. Los extraño a todos ellos, no puedo dirigirlos a ustedes hacia el olvido, sean cosmopisteros o no”. Y les amplió: “Durante algún tiempo creí que iría a alcanzar con el encender mio para ellos, de una mirada dedicada, honda y aguda, junto a la indicación del camino a tomar. Una mirada que fuese semilla hacia sus futuros eones, para que al menos esa plegaria ocular los fuese a cuidar en su azaroso y quizá desventurado tránsito, que no fuese a ser fatal. Los miraba de esa manera, pero fui sabiendo igual que no había muchas esperanzas de reencontrarlos.. No quisiera que a ustedes les vaya a pasar algo”.

   El conductor, se inclinó en su asiento para verlo bien a Sanetón, le dijo: “Tenemos que llegar a Zubonza, díganos, nos esperan para una clase en unas jornadas de estudio; tenemos un horario que cumplir, por favor”. El joven también miraba inquieto las cercanías; quizá deseara ver a algún otro carretonense para preguntarle por donde seguir. Corembe demoró breves segundos en responderle. Mentalizaba sobre su propia actitud, y reflexionó sobre el abandono que sería, el dejar a esa gente sin decirle el camino, y fue entonces cuando les deliberó: “Este lugar donde estamos no es distante de la cosmopista oéstica, esa desolación; alguna pena me daba cuando a otros les tuve que decir del túnel, ponía yo la mejor cara al recomendarles que, dentro del paso soterrado debiesen ellos mirar sólo para adelante. Si algo supusiesen de los ruidos y gestos trepidatorios que los institutos tienen preparados en el tramo, para lograr convencimiento, entonces me estuviesen haciendo caso, tomarían por las calles vecinales, que es una opción también condenada, aunque lenta, en ellas irían desvaneciéndose sin el vértigo, de manera más inocente, y después que se dirigieran hacia los días de olvidar..”


Es fragmento de una foto de Paweł Opioła.

.."corre un lindo vientito"..


   Lo interrumpió a Sanetón, uno de los muchachos del asiento trasero: “Disculpe señor, usted, ¿de qué se ocupa?”. Al responderle Corembe que él “cuenta cuentos en público”, se sucedió dentro del auto un rumor de conversación que le fue inentendible. Uno de los muchachos de atrás descendió del coche diciendo: “Ya hace horas que estamos viajando; me va a hacer bien estirar un poco las piernas; corre un lindo vientito”. El que conducía, lanzó los brazos adelante, y aferrando el volante, clavó la mirada en la lejanía de más y más planicies inabarcables. Corembe entonces concluyó su deliberación: “Yo no puedo decirles el camino por donde tomar, no quiero cargar con el desentendimiento por lo que pueda llegar a pasarles, sería para mi una grave violencia moral, comprenda usted, el señor que maneja. A lo que estoy dispuesto es a ir con ustedes, será un destino en común, les indicaré por donde tomar, puedo subir al vehículo e ir con ustedes a Zubonza, indicarles la marcha, no quiero que nada les pase, y si algo pasare, no quedaré ajeno desde unas cómodas instrucciones aquí, mientras corren ustedes el riesgo. No es lejos; si me dan para mi vuelta, mejor”.

   En cuestión de segundos, después de un retorno a sus rumores inentendibles, los viajeros le respondieron con aceptación. Le dieron el lugar junto al conductor. Corembe le hizo a él unas breves indicaciones; sobre el giro que tenía que hacer, y una primera cuenta de los cruces para atravesar. Desde el asiento trasero, la señora decía: “¡Qué bueno que nos haya dado un poco de su tiempo, señor; ya estábamos llegando tarde, pero sin su ayuda íbamos a llegar mañana!”. La amabilidad de esas palabras pareció lograr hasta en el auto una sonrisa. Se encontraron pronto en marcha lenta por una avenida rutera colmada de tránsito. “Vamos bien”, afirmó Corembe, y preguntó mesuradamente: “¿Y qué tipo de clase tienen que rendir en Zubonza?”. Entre todos ellos le fueron contestando; la señora del gorro rojo también se interesaba por saber como nombrarlo al baqueano: “¿Nos quiere decir su gracia, señor?”. Y en la conversación, Corembe se anotició del tipo de estudios que enseñaba esa gente. Daban clases de Inglés, con dramatizaciones escénicas. “¡Con razón!”, decía Corembe, sobreentendiendo así todos en el auto, que esa particular manera de dar clases de idioma, rayaba semejanzas de tablado con su oficio de narrador oral. Fue así que les confió el carácter de seudónimo de su apelativo: (‘Corembe Sanetón’ provino de sus amigos literarios, y toma para formarse las primeras letras de: “COlega REsquicia (e)MBEllecimiento”, “SAtisfactorio NEo texTÓN”).

   “¡Pero fíjense que casi estamos en el mismo rubro!”; con algo de celebración, Corembe comentaba: “Los humanos somos como animalitos; sin darnos mucha cuenta nos pasamos imitándonos unos a otros. Algo así me está sucediendo con la actuación que preparo en estos días. Tiene un quirquincho, él trota en su cueva soterrada, vá y viene por su galería; y en la hendidura más superficial de este zoológico, yo me sorprendo a mi mismo caminando en idas y vueltas; sintiendo al quirquincho en sus trotes de angustia, me produzco sin quererlo en unos pasos parecidos; con caparazón retornante..”. Oportunidad ésta para que los profesores de Inglés le festejasen la apertura a Corembe con risotadas. “¿Y ahora, señor Sanetón?”, le preguntaba Angel, el conductor.

   Al seguir la marcha indicada por el conocedor zonal, se encontraban en el final de la avenida, y desembocaban en una rotonda de la cual se abrían otras vías camineras. “Ah, bueno”, repostaba Sanetón: “Ya estamos; dale la vuelta a la rotonda; no agarres por el primer desvío, ése es para el turismo que va a Punta Zubonza; tomá aquella otra ruta, la siguiente, adonde ves allá el montecito de sauces, ésa lleva al centro de Zubonza, por ahí”. Como era todo camino despejado, el conductor embocó sin inconvenientes por donde tenía que hacerlo. En el asiento trasero, las angustias seguían solucionándose con risas asordinadas. “¡Este Corembe!”, jovializaba la señora rubia. “¡Y de pronto se pone a hablar con una voz gutural!, está buenísimo”; comentó uno de los muchachos. “No se vayan a creer que es tan liviana y divertida esta manera necesaria: juntar la auténtica presentación de una historia con el dar a conocer sus sensibilidades, evocarlas con humor en la comunicación”; estaba apostolando así Corembe, y referenciaba al paisaje vespertino: “¿No tienen apetito ustedes?. Ahí en el monte de sauces hay una máquina expendedora de pollos spiedo; ¿por qué no me ayudan un poco, eh? ¿No quieren comprarme un pollo, que ya casi llegamos?”.

   Era un lugar tan benigno y bien instalado; pocos clientes de la pollería automática cenaban en las mesas bajo los sauces; el acuerdo fue tácito. Angel detuvo el auto. Uno de ellos fue además por las papas que suministraba otra máquina expendedora. Mientras comían, en una de las mesas exteriores, los profesores quisieron bocetarle un diálogo pedagógico a Sanetón. Participaron en la demostración de Inglés, la Señora y “Castaño”, otro de ellos. El pollo y las papas estaban riquísimos. La dramatización era traducida por el tercer profesor mientras se hacía, y fué así:

-I will submit you all an idea. As we`re here on this hillside road, we can swap fancies in a hitch trough the stand of trees we see-.   
-Voy a presentar a todos ustedes una idea. En la medida que estamos aquí en este camino de ladera, podemos intercambiar fantasías en una tirada a través del plantío de árboles que vemos-.   
-What d’you mean? Is that right? ..All those trees there. Tell us: were they planted by man?-.   
-¿Qué quieres decir? ¿Es eso cierto? .. Todos esos árboles. Cuéntanos: ¿fueron plantados por el hombre?-   
-That’s right, it’s an orchard for the paper mills. Well; the idea is to walk up with a hastening in our pace, just to be in the meadows of the other shed before sunset. Then, we’ll have time enough to loll by the stream-.   
-Eso es correcto, es un huerto para las fábricas de papel. Bueno, la idea es andar con cierta prisa en nuestro ritmo, para estar en los prados del otro cobertor antes del atardecer. Luego, tendremos tiempo suficiente para tumbarnos junto a la corriente-.   
-I’m not going to argue with you, but realize, don`t squabble me; time before sunset is to short to get there. I think we’ll better look for a place in that stand of trees, and we’ll rest a little to resume the trip as soon as possible. See, here in these hills we cannot argüe, your plan could be right, couple of hours ago. Now is too late, we gotta sleep in town when our class be accomplished-.   
-Yo no voy a discutir con usted, pero dese cuenta, no me riña; el tiempo es corto antes de la puesta del sol para llegar allí. Creo lo mejor ir a buscar un lugar en ese grupo de árboles, y vamos a descansar un poco para reanudar el viaje tan pronto como sea posible. Mira, aquí en estas montañas no se puede argumentar, su plan podría estar en lo cierto, hace un par de horas. Ahora es demasiado tarde, tenemos que dormir en la ciudad cuando nuestra clase se cumpla-.   
-We’ll follow; you know the area and the mountain better than we do. That’s why somebody that could hear your speech would think: “It seems all right to go thru and climb a little”; but I tell you: It’s not true. We cannot get in there before the sun is turned off; and I put in my words a drive for a fore step: You’ll can take as you want that walk all over this area in brief, and since this trip started to end, ..and that means that if we’re not there for our class, with time enough to accomplish it, then we’ll get fired before dark, and that’s all, ..let’s go right now-.   
-Vamos a seguir, usted conoce la zona y la montaña mejor que nosotros. Es por eso que alguien que pueda escuchar su discurso podría pensar: “Me parece bien ir a través y subir un poco”, pero yo os digo: No es cierto. No podemos llegar allí antes que el sol se apague, y pongo en mis palabras un impulso para un paso de primera: Usted podrá tomar así como quiere esa caminata por toda esta zona en breve, y dado que este viaje se inició para finalizarlo, .. y eso significa que si no estamos allí para nuestra clase, con el tiempo suficiente para lograrlo, entonces vamos a estar despedidos antes de que anochezca, y eso es todo, .. vamos a partir ahora-.   
-I´ll take your words seriously, and, not kidding, we can go. Do you want me to tell everybody to start the trucking?-   
-Voy a tomar sus palabras en serio, y no es broma, podemos partir. ¿Quieres que le diga a todo el mundo de iniciar el carreteo?-.   
-Go ahead; do it-.   
-Adelante; hazlo.-   

   Entonces los profesores se lo quedaron mirando chochos a Corembe bajo los sauces. Aparentemente, él hubiese querido una actuación más dramática y prolongada; les preguntó si ya habían terminado… “Pero así está muy bueno eso de aprender idiomas”. El profesor Angel le dijo que sólo le habían mostrado un fragmento de lo que generalmente hacen, que estaban con el apuro y los nervios. Se fueron poniendo de pie. Sanetón asimiló la urgencia, y prontamente los detuvo; ya que querían juntar los platos y restos de la comida; que eso no hacía falta, les dijo: “Dejen todo así, los empleados acá se van a encargar”. Velozmente marchó hacia el auto en su condición de baqueano. Al retomar la marcha, les continuó evaluando el método de enseñanza: “Supongo que después, son los estudiantes, quienes tienen que recrear por si mismos las escenas que ustedes les presentan”. Era así nomás, le contestaron. “Está muy bueno el método; porque de esa manera no sólo se aprende a entender y hablar el idioma, sino que se aprende a decir y conducirse con esa lengua. Los estudiantes así pueden generar para después un espacio en sus voluntades, donde habitar y comportarse. Está enganchado esto, ..con mi narración oral. Yo intento conseguir, al contarles, que la gente desemboque en un espacio interior, que está ahí en ellos. Que hagan renacer en ellos el espacio del patio aquel que conocieron desde su infancia, el patio de las conversaciones y las historias que se comparten”.

   Estaban circulando ya por los pavimentos pizarrosos de Zubonza, con distensión y familiaridad, como gente del mismo equipo. Ya se encendían las guirnaldas navideñas en las hileras del arbolado callejero. Arribaron a la susodicha esquina de Alsina y Congreso. La Biblioteca Popular estaba encandilante y aprestadita. “Ahí lo tienen a su recinto áulico”, les dijo Sanetón. “¿Y no va a venir a presenciar la clase”?, lo invitaba la señora robusta. Corembe se le deshizo en disculpas, alegando su propia impresentabilidad de persona tan humilde, y que prefería pasearse un poco por el poblado; yéndose en colectivo pronto de vuelta, porque las calles de noche se ponían desastrosas en Carretón. Fue el tercero de los profesores, no Angel ni “Castaño”, sino el que hacía las traducciones, quien con su media voz planteó para todos devolver en Carretón con el auto a este amigazo Corembe, hasta su mismo domicilio. Viendo que asentían sin reservas los del equipo, Sanetón mencionó que eso le iba a permitir hacerle una visita entrometida a un viejo amigo. Y así quedaron, de reencontrarse en un par de horas, en uno de los Portales del municipio. -Estos son dispositivos de obra civil preparados por el gobierno para concentrar a los visitantes y guiarlos por medio de expertos dentro de las galerías ondulantes y las canales flotantes que salen y se sumergen por todo el subsuelo de la Zona-.


Zona

.."la escena toda está en construcción"..


   Corembe efectivamente visitaría a su viejo amigo, al tiempo que se desarrollaba la clase de sus nuevos colegas. También se tomó una pausa junto al personal científico y de vigilancia en el Portal convenido. Estuvo curioseando un poco en la corteza pulsátil, por las aberturas y grietas bajo control, por ver si atisbaba trazas de pampaterios, con el objetivo de nutrirse quirquinchamente, en pos de darle mejor elaboración y atmósfera a su siguiente narración. Como desde el Portal estaba a la vista el playón de llegada y salida de omnibuses, hasta ahí se acercó, para sentarse en una mesita de la cafetería y tomar algo. Desde ahí contemplaba la aparición y desaparición de numerosos gorros de Papá Noel, los llevaban puestos muchas niñas y señoras viajeras. Y en un corto tiempo ya veía a los profesores, cuando ellos se acercaron al Portal, y se les juntaba para el viaje de retorno.

   Después fue el trágico accidente. Todo lo anterior, ..me lo estuvo relatando el amigo Sanetón en la sala de recuperación del hospital, adonde intenta sobrellevar las consecuencias. Las fiestas de fin de año se le cortaron fiero. Puede hablar sin dificultades, pero está todo enyesado. Fue el único sobreviviente de ese desastre, que persiguió fatalmente en el viaje de vuelta, a la partida ocasional que se había formado. La ruta en mal estado, la gente adormilada, una noche oscura como boca de lobo; Angel, el conductor, que reacciona tarde dentro de una curva sin señalizar…

   Me reflexionaba Corembe, en mi visita a su internación, sobre que todo tiene un número prefijado de repeticiones, que así está calculado en la mente del universo. Que sus amigos del viaje fuesen a perecer era un hecho que estaba prescripto, que “si él no los hubiese acompañado no hubieran disfrutado de conocerse”, colige así como consuelo, el pobre diablo. Lo dejé en la sala de recuperación, tiene como para un mes antes de volver a caminar. Los profesores de inglés quedaron en una miserable cuneta. Mejor habrían de verse sin mejoras las baquías, conversábamos esto con Corembe; porque me dijo que quiso ser un caballero y así le confirió a la rubia robusta y madura el asiento delantero del acompañante. “Mirá que recién venir a saber como se llamaba ella y los nombres completos de todos después de esta desgracia”. Sueña recurrentemente con que hay una boda, donde están esos amigos que murieron. El está mezclado entre los invitados dentro de la iglesia iluminada de fiesta. Le sacan fotos de perfil. Uno de los jóvenes está encaramado sobre unos andamios adornados. Pero la escena toda está en construcción, como si fuese una obra de arquitectura sin finalizar. Ya resignado el cuentero, sin mayores esperanzas de arrimar nuevamente y bien al ámbito creativo. Y así de debil y desposeído, con tantos daños como tiene, me dijo al despedirnos: “Feliz 2010”.


La imagen del camino proviene de Paweł Opioła en Wikimedia, y al paisaje costero lo hallé en Picturehoster.com; son fragmentos.
   

   Enlace aquí para el relato descargable en edición PDF.   


S.E. Malfé; Morón, Buenos Aires, Argentina; diciembre de 2009
   




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