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# cuentos-crescello: …”negocio, ..aprecie, ..masajes, ..entrar, ..cabellos, ..paramedicos, ..andén, ..Retiro, ..caminata, ..entendía, ..yogures”…


Cuentos de Crescello            

   La tirada que presento aquí, está configurada por llevar historias que proceden de ese portavoz: Crescello. Los tres cuentos estuvieron localizados anteriormente (2007) en Hipersalomas Garitas dentro de LC, desde donde han migrado a este Blog (sólo otro en WordPress), con pequeños cambios. SEM

               


 a): Incidente de dibujo.


“Cuando la miraban, todos los hombres se quedaban melancólicamente pensativos, como asaltados por la idea de que habían malgastado sus vidas”. Joseph Conrad   

   Las cosas parecían estar dentro de lo normal en el mostrador de caja del supermercado. El ya estaba recibiendo su vuelto, cuando una mujer en la fila detrás suyo comentó, cantarina y espontánea:

   -Que se le había olvidado la crema-. “Lo dijo como para alguien que la acompañase, pero estaba sola”. Me lo contaba Crescello ese mediodía, mientras almorzábamos en el buffet de la Empresa. No te abundaré con referencias al trabajo; lo interesante es cómo fueron estos sucedidos que así me transmitía Crescello:

   “Hay cosas que un caballero debe hacer. -Vaya nomás señora-, le dije; -que yo le guardaré el lugar en la fila, vaya tranquila-. (Rica chica, te juro). Ella que me agradece y se va rapidita para adentro del negocio, mientras yo le doy una mirada a la hilera de gente que no parecía disconforme con la demora. Que en menos de un minuto ya estaba retornada con el pote de crema”.

   “Pero vos creerías, como me parecía a mí, que el olvido era de crema de leche. Pero no; lo que me mostró en cambio, y notoriamente para que yo lo aprecie, antes de apoyarlo en la mesada de la caja; fué un envase de buen tamaño con la marca ‘d•AlMOR•zo’ y la inscripcion: -Emoliente – Suavizante – Aromàtica. Crema para masajes. Sutil evanescencia para un completo relax-“.

   “Me miraba la chica, con esa mirada que se da, cuando se espera de uno la resolución: Demostrar ese conocimiento del vivir, eso propio de gente crecidita así como nosotros. Y hay cosas que un caballero debe hacer“.

   “Sucedió que yo, con el consentimiento de ella, tomase la crema de la mesada y comenzara a leer del envase, también su letra chicuela…”

   “…Rica chica, cerca de las cuatro décadas, buen estado general, buen tono. Habría que ver como sigue; si ya salió del Hospital, o no”. Mi atención se incrementó por estas derivaciones del episodio que Crescello adelantaba en su relato. El interpretó que mi interés se debía al carácter y atributos de la mujer. Con esto continuó describiéndola:

   “…Esbelta sin ser un palo; unos ojos entre grises y verdes, linda la boquita algo bemba; y un cabello bien marrón, con hilitos de plata; rica chica. Ya nos habíamos corrido del brete frente al cajero. Ella guardaba un atento silencio, mientras yo leía los componentes del producto. -Fíjese en estas manos-, le dije, ya decidido para entrar en los conocimientos. -Estas manos todavía recuerdan y pueden practicar aquello que aprendieron-. Y no me le puse a contar del seminario en Esalen hace algunos añitos, vos sabés, reflexología y otras técnicas… Pero sí le dije que jamás yo usaría esa crema. La chica había volcado su actitud tan desenvuelta, para reservadamente seguir mis dichos; y contínuamente se estuvo llevando los cabellos hacia atrás y también tronaba los nudillos. Algo se le posesionaba de los nervios. Hay cosas que un caballero debe hacer”.

   “…Y yo debía decirle que entre los químicos de ‘d•AlMor•zo’ se contaban oxidantes clorados, y también irritantes y tóxicos formaldehidos. Que por los orificios transdérmicos; no que se fuere a enfermar de inmediato, pero poca virtud incorporaría de ese menjunje, si lo usaba”.

   -Estuviste muy bien-, le dije a Crescello; y él me agradeció diciendo: “La mejor medicina es la preventiva”; y continuó en su relato:

   “…Parecía como querer seguir junta conmigo; se tomó un poco en broma las cosas de esa crema. Y que suerte haberme encontrado, me dijo en un soplo distraído. Pero en cuestión de pocos segundos yo estaba notando cambios en esta señora. El rostro como que se le implosionaba. No tenía buen color como en la caja, se mordía los labios y cambiaba de apoyo de una pierna a la otra. Yo debía de hacer algo. Tomé de mi portadocumentos una de las tarjetas que llevo y le indiqué a mi nueva amiga que apoyase ahí un dedo. Mano estilizada; linda estructura ósea de finos dedos. Le tuve que explicar que estas tarjetas son científicas. Miraba interrogante y no se animaba. Pero como con un bichito de curiosidad y sonriente aplicó en la zona detectora que le señalé. En 30 segundos miramos; y la banda diagnóstica se había puesto roja, pero bien alto el rojo. Yo sabía que esto señalaba una tensión arterial mínima de arriba de 120. No debía intranquilizarla. Por suerte atinaba a pasar en cercanía nuestra, el Supervisor de cajas del Supermercado. Y descuidadamente yo le digo al muchacho, si no podría él acercar una silla para la señora, que iba a ser mejor, ya que sino la chica podía descomponerse. Como el Supervisor la miró y pescó enseguida que algo le pasaba; en un periquete vino con una silla de ruedas y la sentamos a la chica, que murmuraba descontenta quejándose, porque a ella no le pasaba nada, decía”.

   “…Y; esto fue para ayer al mediodía”, me respondió a la pregunta mi compañero Crescello.

   “…El público ya comenzaba a reparar en nosotros; yo guié la silla hacia un aparte junto a las cajas. Le fui diciendo a mi amiga las razones; y la interrogué sobre episodios ó incidentes anteriores que hubiese sufrido. Estaba apretando las quijadas y ya me imaginaba yo algo peor; pero era que se quería parar; y que no le pasaba nada, alegaba. La tuve que sentar nuevamente y con el Supervisor arreglamos de llamar a las urgencias. Vino rapidísimo la ambulancia, cosa de no creer; con una doctora muy bonita, que le puso el manguito del tensiómetro a mi amiga; y pudimos comprobar que estaba en 190 -120”.

   “Ya enseguida la acostaron en la camilla; le administraron unas gotas sublingüales; y a la ambulancia. Y salimos derechito a la guardia del hospital para que estuviese en observación”… Crescello se me cruzaba de brazos después de la historia y de nuestro almuerzo. Tuve que tirarle de la lengua para saber como había terminado el dramatismo de esas compras.

   “…Yo no tenía porque ir; porque la chica estaba lúcida y contestó a las preguntas de la doctora y pudo identificarse. Que yo no era familiar ni tenía previo conocimiento de la persona, les dije a los paramédicos. Que una charla circunstancial nos había juntado… Y entonces me acordé de la crema ‘d•AlMOR•zo’, apoyada sobre la hilera de carritos. Justo alcancé a ponerla sobre mi amiga antes que la ambulancia arrancase. ¿Por qué no me acompañas a saber como sigue?”

   … “No; vos sabés que no sé cómo se llama”, me contestaba Crescello ese mediodía: “¿Vamos?”, me propuso.



 b): Afanes Subterráneos

   Crescello sabe tener presentes las cosas que le pasaron. Y él me las cuenta, porque puede hallar conmigo una escucha leal y atenta. A los dos nos despidieron de la Compañía; nos volvimos a encontrar acá; tenemos la posibilidad de no estar tan mal como internos. En la celda, me narra sus incidencias más públicas… Hacemos así: ..las privacidades sentimentales las compartimos en el patio, durante la ronda de caminatas diarias. Las cosas desafectadas, las de camino más liviano, las dejamos para los momentos dentro de la celda, cuando no queremos nerviosidades.

   Los dos en aquel trabajo algo agarrábamos, cada uno por su lado. Crescello a veces también buscaba agarrar algo en el Subte. De esa parte suya me contó un encuentro curioso que tuvo:

   “Ya estaba saliendo; caminaba en el andén de la Estación Callao; no había conseguido nada. Ese día la gente estaba toda muy despierta. Veo venir, cruzándomela, a una señora con un impermeable carmín furioso. Llevaba un vasito de yogur en la mano, nada más, ni cartera. Me dice algo sorpresivo, me habla fuerte. Yo entiendo: -Retiro-“.

   -Venga; ¿qué me pregunta, señora?-.

   -Para ir a la Estación Retiro-, me aclara.

   -Debería tomar el tren en este andén-, le digo: -Y se baja de acá dos estaciones. Ahí tiene que cambiar de línea, hacer una combinación-.

   -Pero, …para ir a “Juramento”-…

   -No, no. El viaje es por la línea “C”, la que hace Constitución-Retiro. Tiene que hacer una combinación–, le detallé bien. -Esa línea no tiene que ver con “Juramento”-.

   -Sí, por Juramento-, insistía.

   -Es para el otro lado, señora. En el andén de enfrente. Es otra orientación. Si quiere ir para ahí, …pero parece que usted anda con todos los vientos-.

   “La mujer tomó del vasito de yogur que traía. Me dijo algo de –Policía-. Y arrancó de vuelta por el andén, por donde había venido, que era el camino que yo había tomado para salir. Esa simpática mención de la -Policía-… Supuse que uno del Personal, le había mezclado los derroteros, …no saben nada. Pero esta mujer estentórea, del impermeable fogoso y el yogur en ristre, no debía de quedar con la última palabra: -Policía-. Yo también arranqué, y caminando hacia mi salida, le dije:

   -Está bueno; si quiere ir por ahí, vaya. Pero sepa que no se lo recomiendo. No son amigos míos los policías-.

   -Yo los quiero a los policías-, me dijo.

   -Yo también los quiero. Son ellos los que no me quieren a mí-.

   -Por algo será-. Me dijo esto; y ya estábamos al fin de la primera escalera, donde estaba el del Personal, sentado junto a los molinetes.

   -Es por que no se dan cuenta de todo lo que se pierden y lo siento de veras, señora; por ellos, por no hacerse amigos mios-.

   -No hay amigos, señor-, pretendía así zanjarme de sus decires.

   -Es cierto que hay partes más importantes-, le respondí, y ella ya no me replicó.

   “Fue una conversación filosófica. Yo ya había pasado los molinetes y salía a la calle. En ese momento yo pensé, y sigo pensando así, que la vida entera, y el amor que va con ella, son más importantes que los amigos. Quizás la señora entendió sobre qué era mi acuerdo con ella. Pero no vayas a creer que me haya quedado con ganas de esclarecerle más ninguno de los puntos”…

   En esa vez, con su pequeña opinión íntima sobre los hechos puntuales que me narraba, sentí como que me infisionase Crescello con unas ganas calladas, para que llegase el horario de las visitas.



 c): De cierto frío

   Ya hace años que nos conocemos con mi compañero de celda, es Crescello. Los temas de mayor privacidad los dejamos para nuestra caminata diaria en el patio. Una mañana él me contó otro de sus recuerdos más señeros: De la batea de los supercongelados le había ofrecido Brócolis, a quien entendía le estaba siguiendo los pasos en otro Supermercado. “Para empezar tome estas flores”, le había dicho: “Mire cuanta frialdad que nos separa”.

   Ella se le había acercado ya dos veces de manera inquietante. La primera ocasión fue en el sector de perfumería, cuando él estaba optando entre un jabón de Glicerina ú otro común.Toda la proveeduría era lo suficientemente amplia, como para que las personas optasen por sus cosas siguiendo un curso normal. No había más que otros pocos compradores en el local.

   En la tercera vez, cuando ella se le acercó, tan próxima se le había puesto, como para ya desasosegarlo a Crescello . Entonces él se había ubicado de un lado de la batea de los supercongelados, para observarla. Ella del otro lado, dejó su recorrida ante la abigarrada pared de los yogures. Enfocó a Crescello con una mirada conductora; y se llegó hasta la batea ultrafría, ésta de por medio, así enfrentando con desatención a su observador. Ahí comenzó a pestañear sobre los distintos productos, dando trabajo a la articulación de su cuello, con graciosos movimientos de vaivén laterales. No le disgustó a Crescello, que optó emocionado por hacerle saber que aceptaba la conducción de esa su mirada buscadora. Le dijo ante las evidencias, y abarcando en un gesto a todos los envoltorios helados:

   “¿Se dio cuenta?. Mire cuanta frialdad que nos separa… Y la tierra que nos quiere juntar. Para empezar tome estas flores. Acéptemelas. Yo me hago cargo de pagar por ellas en la caja”.

   Reiteró ella la conducción de su mirada hacia Crescello, que había llevado hasta su pecho la bolsita con Brócolis; y ya se los tendía por sobre el frío espacio. Le dedicó ella esta vez una mirada sin sorpresa, y con un reproche, como aburrida o desencantada. Levantó los hombros en un desentendimiento, como diciendo “qué me importa”. También levantó el labio superior en una mueca de desagrado. Giró su conducción de vuelta a la pared de yogures.

   Crescello me lo contaba ; me dijo: “¿Para qué se me habrá puesto tan próxima, si le disgustaban las flores que yo podía ofrecerle?; tan sanos que son los brócolis… Y cuando después llegué solo a casa, me puse a conversar con la Glicerina. Sí, …la del jabón que me traía de las compras”, concluía: “Cierto que el apasionamiento se me pasó, ahora ya no recuerdo lo que la espuma me contestaba. Que no me duró demasiado eso que me contagió la colega de las aproximaciones, otra compradora, me cacho en diez”.

   Nuestras caminatas siguen en ronda, en su curso normal. Cada paso está articulado, cuando hay buen tiempo; para que así a los guardias en el muro de vigilancia les llegue una buena impresión de nitidez, un ordenamiento en los internos bajo su control.

…”no tuvo nunca principio      
ni jamás acabará,      
porque el tiempo es una rueda      
y rueda es eternidá;      
y si el hombre lo divide      
sólo lo hace, en mi sentir,      
por saber lo que ha vivido      
o le resta por vivir”.      

José Hernández        

            

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Suplementando edición en 2015/07/16. SEM   

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7 comentarios so far
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[En tron-coso, está denotándose: “…Una escena simpática se presentaba..”] Y en los ‘cuentos-crescello’, algunas escenas de buen humor se suceden… [Por eso se ligó pingback desde esa Entrada.]

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Pingback por 38-enmarcado-noti12 « Hipersalenas's Blog

[Desde Figuritas del Consumo, por las experiencia allí y aquí con “Supermercado, ..una mujer en la fila, ..yogur..”, temas que nos remiten a estos Cuentos de Crescello, bien puede uno, entonces, visitar aquello.]

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Pingback por figuritas-consumo:..”supermercado, :exacerbar, :chica, :pasar, :otra, :avistador, :conversación, :tiempo, :peor”… « Hipersalenas's Blog

[”Algo en marcha”, es otra historia de Crescello, en una Entrada, sumándose entonces a estos..] # cuentos-crescello: …”negocio, ..aprecie, ..masajes, ..entrar, ..cabellos, ..paramedicos, ..an… [Por aquí a la Entrada]

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Pingback por algo-en-marcha: ..”movimientos, :clavarlos, :entender, :predispuesto, :adoptar, :desencadenado, :redactan, :pensemos”.. « Hipersalenas's Blog

Es una gran pena responsabilizar de nuestra Felicidad a terceros…Siendo nosotros los únicos Responsables de nuestro estado de ANIMO…Como pensar que se malgasta la Vida por otros?….Mari,Mari,Mar

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Comentario por Mari,Mari ,Maru

Menos mal que los ingenieros de WordPress repararon un desperfecto que tuvimos. Y de verdad, Marí-Marí-Marú, que no pesco el fundamento en la Página para esto que comentas: “Es una gran pena .. Felicidad .. se malgasta la Vida”.. Quizá Crescello lo entienda .. Se lo diré sin mayores datos acerca tuyo, él es muy amigo de lo ajeno, “miserere nobis”.
Buen Cambio Vos Ahí.

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Comentario por Sergio Edgardo Malfé

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