Hipersalenas


# hora-almuerzo\…”:verdulería, :reformación, :candor, :atractivo, :contestar, :furia, :trama, :escuchando, :restaurante, :trampa, :gastro-intestinal”…



A la hora del almuerzo:


“…preferí irme también y me encaminé por otra calle,   
pero en la misma dirección y con paso más rápido.   
Cuando doblaron en la esquina de la calle del Rey,   
les pasé por delante de prisa y seguramente para su asombro…”
   
Søren Kierkegaard.   


    Cree haber comprendido todo bien. Obtura completamente el marco de la puerta con la puerta. El la llave del cuarto del equipo y nadie más que él la maneja. Convive posesivo con sus muñequitos peluche tentenpié. En el cuarto opera su equipo telemático, comunicándose internacionalmente. Atiende sobre manera lo que se le dice. Martín ya se despide, al pasar cerca de su madre; ya cierra la puerta cancel; y camina por la acera, frente al local de verdulería que atiende.


    Cree haber comprendido todo bien. Hace dos días, en la reunión del Grupo de usuarios g’evangélicos donde participa, tomó cabal cuenta de cual va a ser su rol en la trama que el Responsable ha preparado. Han planeado la recuperación del alma de dos afectados reincidentes en las transas. Los van a ilusionar con una perspectiva de negocios a gran escala .


    Martín, con sus múltiples adaptaciones convincentes, está encargado de despertar el interés con un panorama inventado. Para eso, nuestro verdulero, que esconde gran control de entereza y su habilidad teatral -la que le permite adoptar personalidades ajenas y voces nuevas-, tendrá que sugerir datos abismales simulados: Representar Martín para interesar a esos dos atrapados en la tragedia del tráfico, convencerlos con las vistas de un atractivo negocio para su candor de maleantes.


    Para cumplir con la tarea, Martín estuvo yendo más asiduamente al Restaurante Korova, de sus amigos, el matrimonio Burgess, los de las comidas naturalistas gaseosas. Allí fué preparando para los sujetos la presentación del atractivo paquete. Está a pocas cuadras de la verdulería.


    Entrando Martín los ve, una pareja ya marcada, como el Grupo ha hecho con otras ramas de los infractores. Ellos se habían vuelto habitués del restaurante. Martín se ha dejado ver por estos dos, y los ha estado registrando; ocupados en algo así como un romance.

Un trabajo gráfico de Rafael Egles, mira el sujeto como Martín lo hace sobre la parejita.

…”atendía severamente encubierto”…


    Las comidas naturalistas burbujeadas artificialmente por inyectores de gas inerte humean en las caldeadas fuentes sus vapores. Ubicados junto a la caja tickeadora, la pareja de sujetos recién comienza con el almuerzo. En el bolsillo del saco de Martín hay un dispositivo de enlace con su equipo; y a través de el con los recursos del Grupo, es un Urypod. Este aparatito está diseñado para sonar una señal (bip), avisando la entrada de mensajes precodificados al Recurso. La sindicación avisa así la entrada de una novedad encriptada, de algún amigo conocedor de las claves. El usuario receptor y operador del equipo, conectado a través del Urypod, pulsaría en el para poder así contestar provisionalmente al mensaje. Porque se dispara a través del Recurso, en la unidad receptora y por el Urypod, la constancia de estar recibiendo un mensaje cifrado. Se activa una emisión de respuesta: …”estoy en la cocina bruñida, preparando una tortillita de toallas, …me precipito al equipo, …aquí Sin Codos Man. Elévese, un, dos, tres, …recibiendo indicación de transmisión clave, …estoy en la cocina bruñida preparando una tortillita de toallas”… Esto es más bien insípido para quien abre la transmisión…


    …Pero el caso es que los pocos amigos de Martín con manejo de las cifras; disponen de excelentes perspectivas reales para la espera… -Entre ellos, …alguien en lo alto de la montaña, entre arroyos verde oscuro, donde mujeres con pareos rojos y azules… El otro, en un hotel sobre pilotes en selvas pluviales del continente, que enfrenta desde la altura a las ruinas de una catedral entre palmeras… Cualquier amigo más, metido en un gabinete con ventanales, en la torre de una ciudad vieja, cotejando informaciones en multitud de pantallas alrededor-…


    En el Korova, está el Urypod en el bolsillo de su saco. Martín ha estado trucando el dispositivo, especialmente para esta trama. Y puede ponerse en funcionamiento todo el plan, solamente con que él pulse ocultamente en la pequeña cajita gris.


       “–Entonces… estaba… listo–“…


       “Me acerqué a la plataforma de la caja tickeadora. Y me puse a conversar con la señora Burgess; para la escucha por parte de los sujetos. Fuí dejando pasar los minutos, hablando de generalidades. De las ventajas del zapallo pomo en el mercado. De como los coliflores de las Chacras Causarya vienen bien mineralizados. Todo esto a tiempo simulado, como para que se continuasen haciendo con mis mejores mercaderías, las comidas efervescentes de los Burgess, yo como proveedor. Cada tanto miraba a los sujetos para corroborar que iban escuchando algo de lo que hablábamos con la señora Burgess”.


       “No dejaba de prestar atención a la rítmica de la conversación, la que ellos tenían. Modificadas sus palabras por la influencia de mi propia conversación: A qué palabras y registros se correspondían los puntos silenciosos que la pareja tenía. Ella es una muchacha con un rostro bello, aunque en permanente tirantez de asombro; no tiene más de 28 años. El un tipo atlético, parece por sus movimientos pasar por estados de gran nerviosidad específica. La adicción y el tráfico, pensaba yo en el Restaurante, que los está desquiciando a estos aprendices”.


       “La señora Burgess me cuestionó por mi almuerzo, que se demoraba en comenzar, para que lo iniciase con alguna fruta. Caminé alrededor del sitial de la caja tickeadora, en una imitación de mis propios pasos. Pude observar que la parejita en ese momento estaba callada. Dije entonces algo suficientemente notorio”:


    “–Guayabas frescas y chirimoyas, como en ningún otro lugar de esta pequeña ciudad. La fruta que yo traigo, única–“.


    “La parejita chulenga(*) giró sus cabezas; y me dedicaron una larga mirada. Continué hablando. Coloqué por primera cierta vez, a esa atención de los dos, registrada exactamente en mi nuca. Continué hablando:”


    “–Voy a recibir esta semana tipilos hidropónicos de chinampa, de unos quinteros en las Islas. …¡Ah!, …ya me van a contar que bien se sienten después de probarlos–“.


    “Fueron unos pocos segundos; y yo había puesto las palmas de mis manos sobre la plataforma tapizada del sitial de los Burgess. La señora estaba dirigiendose a mi con unas palabras. Y yo, aparentando una suave atención, hice como que miraba alrededor, aducía como que reparaba en la parejita que me miraba. Saludé entonces en dirección a ellos, llevándome los dedos izquierdos a la cabeza, con una inclinación fugaz. Miré a la Cajera”.


    “–Pero los brotes aquellos con tantas raíces, …todavía los recordamos–, me estaba diciendo la señora Burgess, en un tono acusador, ceceoso y susurrante”.


       “Seguimos cruzando argumentos con la señora. Yo debía decirle causas de aquel fallo; cuando algunas entregas hirsutas de mis brotes , …por la temperatura, variable de importancia muy determinante, …por la traslocación acelerada y las cuestiones físicas, …el factor químico fuera de control”…


       “Bien que la situación se encarriló, para que yo me encontrara sentado en una mesita contigua… Esta vez la camarera atendió a mi pedido. El muchacho volvía a su mesa, cumpliendo funciones de autoservicio. Volvía llevando un par de platos con una pasta gelatinosa roja burbujeante -el postre Saltamartí, helado gaseoso de frutillas alcoquinjas, que da prestigio al Restaurante Korova a lo largo y a lo ancho de nuestra pequeña ciudad-“.


       “Yo estaba mirando al muchacho como distraidamente; y esta vez el sujeto me hizo un gesto de salutación al sentarse, abanicando los dedos. Yo le contesté, siempre desde mi nuca, con una nueva inclinación de cabeza, una sonrisa, y un golpecito de discreción con los nudillos sobre la mesa. La muchacha ponía miradas entre curiosas y divertidas”.


       “Habitualmente soy llevado a creer, por méritos propios y los de mis amigos, que opero bien simbólicamente y desde mis entrañas. Esta vez también, como para lograr adhesión en la pareja de estos sujetos. Ya terminaban su postre, mientras yo hacía como que miraba un catálogo con materiales de electrónica. Iba también mordisqueando unos damascos, mientras atendía severamente encubierto, con mi nuca atenta, a como ellos terminaban su postre. Entonces pulsé el mecanismo de la cajita gris oculta en el bolsillo de mi saco. Y rogué para que alguien en la oficina del Responsable, él o alguien del Grupo, viniera con la respuesta. Que esto sucediera antes de que la pareja se alejase, despidiéndose con previsibles sonrisas de candor gentil, pero para mi fatales muestras risueñas”.


       “Vino mi camarera con la sopa crema de apio con yogur, hongos y gérmen de trigo, la que le había pedido. Y yo seguía rezando desde las puntas de mis pies hasta por encima de mi cabeza, porque me contestaran desde la Oficina. Pero la nuca seguía enfocada sobre los movimientos de ellos, que ya se estaban levantando”.


    “–Bip…–“.


    “–Un radio-llamada–, dijo sueltamente la muchacha, creyendo saber de que se trataba. Enseguida cambió de idea y de seguridad. Los dos se habían quedado en suspenso mirándome. Y yo había sacado el dispositivo Urypod, colocándolo encima de la mesa”.


       “–Es algo bastante más enrevesado–, les dije yo; el catálogo de electrónica desplegado… –Esto es aviso de una comunicación internacional en trámite–“.


    “–Bip…–, el aparatito seguía sonando cada nueve segundos, hasta que yo tecleara ordenando la respuesta, o desconectase la señal”.


       “–No me digas señor, que estás anillado en una Red–, dijo el muchacho; con proyección reservada de su anhelo por conocer lo que estaba pasando”.


       “–Tengo un pequeño equipo; tengo amigos en casi todo el mundo–, contesté yo. –Sino tienen apuro; ¿por qué no se sientan?–“.


    “–Bip…–“.


       “La muchacha se sentó frente a mí; se interesó por el catálogo; y me lo solicitó para mirarlo. Yo seguía enchufado en mi propia nuca, que me iría diciendo lo que debía hacer. Y me ocupaba de mi sopa, que como todas las cosas del Korova, resultó una delicia. El muchacho atlético, que tampoco pasaba de los 25 años, se me había despatarrado atento sobre la izquierda; los tres alrededor de la mesa redonda de cristal. Entonces inicié una explicación para ellos, sobre los funcionamientos que arribaban a través de la cajita Urypod”.


       “–Por la hora; esta emisión debe ser de una amiga que vive en Buravao–“.


    “–Bip…–“.


       “–Llaman siempre a estas horas, porque más tarde atienden un restaurante-bus, como un carrito–, expliqué”.


    Martín pergueñaba su relato entre cucharadas de sopa deleitosa. Fue notable como, al empezar a hablarse de una mujer, el interés de la chica pasó desde la dispersión y la mirada sobre el catálogo, hacia atender vívidamente lo que se decía. Toda la cosa era tan increíble, que habían de ser sintomáticos y desesperados, fervientes y anhelantes, quienes pudieran creer en ese argumento.


    Logró rápidamente Martín que la parejita se dispusiese atenta para que él contestara pronto. Resultó el fabulador presentando a aquella (ficticia) gente de Buravao, como atendiendo su despacho callejero nocturno de comidas y bebidas, montado en lo que fuera un ómnibus, ya fijo en un paseo de la villa turística. Pero Martín les fue dando indicios de que Frieda Aalbeikrox, la amiga que emitía junto con su marido; y ahí una pandilla de vecinos, estaban todos algo locos, metidos en un círculo vicioso. Razón por la cual Martín estaba algo cansado, “de darle pábulo a las historias de Frieda, que me transmite sus mensajes desde esa compulsión histérica y adictiva que tiene”. Fue como si a un borrachín que toma de cierta marca, le hablaran de alguien que consume del mismo producto. Y el fabulador sabía de productos y de consumos, desde los otroras previos a su conversión. La parejita de sujetos lo instó a Martín a contestar pronto la llamada, a que venciera su cansancio con Frieda; y fuera a atenderla.

..."un restaurante-bus"...(ficticio este "AalbeikroxLounge")

..."un restaurante-bus"...(ficticio este "AalbeikroxLounge")


    El trabajo de la nuca de Martín comenzaba a dar buen resultado. La ficción pactada funcionaba: Trama del Grupo que ya se largó a dar frutos; en camino la recuperación de los envenenadores, tan entusiasmados.


       “Ellos, tomando confianza al ver que yo manejaba con soltura y complicidad, al subcódigo de la adicción; se ‘ofrecieron’, para acompañarme hasta el equipo. Esto quería decir que yo había representado bastante bien hasta entonces, esos gestos y maneras como los de un templado renunciante a ciertas cosas, y acostumbrado a todo. En este bolsillo del saco, donde yo había puesto la cajita gris, para así asordinar algo el insistente sonido; apreté el pulsador correspondiente para disparar la emisión de respuesta. Y me imaginé la buena sorpresa y la alegría en la oficina del Responsable, cuando los compañeros G’evangélicos se enterasen, así fue; de que mis actividades progresaban: –…en la cocina bruñida, …preparando una tortillita de toallas, …me precipito al equipo, …aquí 52MAN – LVC123, …recibiendo indicación de transmisión clave, …estoy en la cocina bruñida, …tortillita de toallas”….


    Hay que decir que Martín tuvo que ser internado; no todas las cosas terminan como debieran. Ya pudo hablar y su condición clínica es estable. El Grupo se recapacita ahora de la falsa idea que tenía sobre la pareja, que no eran así de chulengos(*). Por fortuna, la mamá de Martín les pudo avisar. A ella no le hicieron nada. Estaba en su siesta; y acostumbra siempre cerrar con llave, cuando se retira, la puerta al patio de su dormitorio. A Martín lo ataron con el cablerío del equipo. El golpe en la cabeza fue despues que le dijeran: “Rati”(**). Eso es lo último que él recuerda. Destrozaron todo. Al Urypod los médicos tuvieron que extraérselo, con la intervención de un especialista gastro-intestinal. Tuvo que dar explicaciones el Grupo, sobre sus actividades, en las sedes de seguridad y judiciales. No están nada tranquilos, se sabe, por las infidencias. Pero por lo menos, el Responsable pudo encaminar rápido para Buravao a toda su familia.


“…por otra parte, no es aconsejable dejarse extasiar en un coloquio”.   
Søren Kierkegaard.   

   (*)): “chulenga” y “chulengos”. Estas denominaciones corresponden a las crias de camélidos americanos, particularmente para los guanacos en su tiempo de vida más tierna. Por extensión, se utiliza para nombrar los estadios parvos en otros entes.

   (**): “Rati” es un término despectivo que se emplea en ámbitos violentos y delincuenciales para denominar a un policía.


Imgs:
El Grabado es de Rafael Egles;
“AalbeikroxLounge” pareciera salir de Wikimedia.


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