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# inflexion-jabones: …”:temprano, :presentarse, :bosquecillo, :paradero, :fondo, :caer, :atrás, :quienes, :proseguir, :elevarnos”…


Inflexión Escindida de Jabones; narración -1-.

  • Resúmen: Compañeros de viaje se van conociendo, o reconociendo, en sus búsquedas de vida. Los proyectos instantáneos le desacatan los nervios a él.


…aún no se sabe por qué y para qué el hombre entra en la vida y porqué luego la abandona. ¿Cómo se va a poder comprender entonces que un muerto puede volver a morirse y un vivo renacer?.   
Pu Sun-Lin.   

…Las espumas felices
del Jabón Zplenty
dan alegría a tu piel
con sus ricos matices.

…Con nuestros jabones
mientras tú te bañas
a tu piel agregas pompas
y fascinación le superpones.
° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° °

      Estas cosas sucedían mientras el ómnibus se atragantaba con kilómetros fáciles de planicie; rectas y poco tránsito, suaves ondulaciones del campo, una mañana despejada. El buen ambiente había colocado al pasajero, como para que intentase articular palabras detrás de su objetivo obsesionante. El hombre acompasaba su trabajo en la venta de los jabones “Zplenty”, con la obsesión de desarrollar el espíritu de empresa. En la próxima reunión del equipo de vendedores, iría él a presentar esta cancioncilla que quería hacer sobre la Empresa y sus productos.


      (“Zplenty” fabrica una miríada de jabones, con la particularidad en cada uno, de hacer “racimos de pompas de jabón, de diferentes colores entre sí”. Con sus versos en una cancioncilla, quería el ufano vendedor, promover la camaradería creativa para la venta de jabones).

   –Parece que estuvieras componiendo una canción. ¿Quizás usted es poeta?–.

   –¡Oh!; …el día es lindo, señora–, respondía el hombre de ventas hacia su afable compañera de asiento: -Me distraigo y descanso así un poco, con esta composición que hago sobre los Jabones Zplenty. Que yo los represento, los llevo al público–.

   –¡Ah!. Entonces es en cierta forma colega mío. También yo soy gente de andar vendiendo. Claro que no vendo de una gran empresa; sino mis propios celuloides–.

      La señora, sentada al ladito del mismísimo vendedor de Zplenty, puso en esas manos una demostración de hojas de plástico transparente, que emparedando estaban hojas y flores coloridas secas, ramitas… “Primorosos presentes apretados en sus transparencias; que son de mi propia creación, para así aproximarnos con la naturaleza y recordarla”… La espontánea señora quería poner también en juego su propia poesía de vendedora.

   –¡Oh!. Lindas láminas–, dijo el pasajero. -La felicito. Todo tan liviano ahí dentro de sus bolsitos. Comparado con lo que yo llevo, …mi petate de jabones, …y la mesita que tengo que acarrear; …lo suyo es más fácil. Pero pensemos en la higiene, como en la limpieza, el atractivo, …todo eso que atiendo con la venta: la continuidad, …el futuro, …la industria jabonera, …los perfumes–. El sujeto se vanagloriaba, como henchido por un sentido de importancia en su labor.

   –¿Y a quién le lleva todo eso ahora?. ¿Adonde lo vas a vender?–.

   –¡Oh; bueno,,,!. No estoy con destinos fijos. Voy a la Capital. Estaba pensando un poco en eso, ahora cuando escribía: ¿Adonde podríamos ir Zplenty y yo…?. ¿No le parece un buen lugar la puerta del Hospital Barranco?–.

   –Y, …podría ser. Para los jabones vendría a ser un lugar justito; como para ir temprano; eso sí. Que se la debo, …bien tempranito a la mañana. Así cubre a la gente que va a los consultorios–.

   –También, …pienso que puedo ir al barrio de los clubes; donde la gente va a correr en zapatillas. ¡Zplenty en el deporte…!. A ver, …que en la canción tengo que decir algo de eso–.

      Entonces, el hombre, vuelto a sus garabatos, se desconectaba por unos momentos de la conversación con la viajera. Justo entonces el ómnibus se desaceleró.

   –Vamos a parar para el almuerzo–, dijo la pasajera, que fijándose estaba en un bosquecillo, observándolo al llegar, al lado de donde arribaba deteniéndose el ómnibus.

   –Descenso y descanso. Y mire el campamento ahí-, agregó la viajera, señalando al bosquecillo con los trailers y las carpas. -Me voy a vender algo con esa gente. Me parece que son así bohemios y les van a gustar estas cosas–.

      El ómnibus ya se detuvo. No se demoraron más para presentarse entre ellos. La viajera con los cuadritos tan gráciles y livianos, se llama Olga Gillther. El integrante del equipo de ventas Zplenty, nuestro escritor aficionado, se llama Rollo Flox.

      Ella va a decirle a Rollo, que puede acompañarla o seguirla; que él mismo con los jabones, como Zplenty, para vender quizá. El muchacho asiente con un gesto. Olga rápida baja a la playa de los vehículos y se dispara hacia el pintoresco campamento.

Es una raíz de problema la que se pone a crecer en Rollo, desde ese arranque. Ya que él se pone a oscilar; y cavilar para cada oscilación; entre las ganas de ir al bosquecillo, …entre hacer una siestita en el ómnibus, …entre acercarse al paradero para una refección. Y así se va poniendo tremebundo, cada vez más nervioso el hombre. Porque el tiempo se va acabando en tanto él se decide por algo; para enseguida debatir la decisión con otra contraria dentro de sí mismo. Pasa a otra moción posible, para aplicarle el mismo debate. Cada vez más enervado. Y los minutos de detención van llegando a término. El sujeto va colapsando. Cada vez está más corpóreo. Quedarán distónicos sus nervios. Y es la última, cuando vuelve Olga por la portezuela del ómnibus. Vuelve radiante. Aparentemente le fue bien con sus láminas de verdura desecada. Olga rápidamente se da cuenta de esta opacidad, en la que se encuentra su compañero de viaje: Sentado en la butaca y quieto férreo, el ñato Rollo paralizado y temeroso. Igualmente allí está arrojado en la existencia, como un pasajero triste de la montaña rusa.   


Inflexión escindida de jabones-2º tramo-.

      Un poco preocupada por la hermeticidad de Rollo, …”¿adonde irá a parar este aterrado?”, se pregunta Olga ante el desacomodo de figuraciones que pinta en su compañero de viaje. Como una forma de arreglar las cosas; ella entra a canturrear serenamente. Empieza suave, con su vibrante musicalidad.

      Olga va aumentando el volúmen de su canto, a medida que el resto de los pasajeros vuelve al ómnibus, a instalarse en los asientos. Sigue cantando con más ánimo, cuando el coche retoma su andar; sale a la ruta el transporte. Y la honda estupefacción del ñato Rollo Flox, comienza a disiparse. Con este cantar se mejora; y hasta se pone candorosamente alegre. Por el funcionamiento del micro y el canto de su grácil compañera de asiento, el tipo hasta quisiera festejar. Se contiene; no está tan arrebatado por su candor.

      A los rápidos escrutinios que le estuvo haciendo Olga, los ha estado mirando Rollo: Ella aprehendedora con intuitivas miradas de su estado mental y nervioso. Y como Olga Gillther lo ha hecho, lo han mirado mucho; muchos otros pasajeros; mayoritariamente mirado por las damas, tan capciosamente, …cosa que el ñato Rollo se va a bajar del micro, …como que así se previene de probables atropellos. Murmura para Olga, en una pausa del canto de ella: “Me quedé, me puse tonto, me entró miedo; me voy a bajar del viaje acá, ahora mismo”.

      Olga asiente mirándolo de soslayo; con mucha atención; pero en el canto, que es el foco de su tratamiento armonizador. Decía la canción:

…”Sales de los mares, curvas de los puertos,   
♫ con mujeres descalzas en el verde   
Voy hacia el fuego como la mariposa,   
♫ y no hay rima que rime con vivir   
no te pares no te mates”…   

      Por fín había alcanzado “El Témpano”, luego de los primeros canturreos melódicos de Olga, la intensidad necesaria como para que la poesía de Abonizio se desplegase. El ñato Rollo atiende a como todo el pasaje va haciendo coro, acompañando a la guía de la Gillther.

      El ómnibus se detiene por su pedido. Transporta Flox, Rollo; su valijón de Zplenty pasos abajo por la escalerilla. El va recibiendo impresiones fuertemente nítidas, definidas, llenas de brillo; de todo lo circundante, …como si las estrofas de la canción mejorasen sus sentidos. Tanto cambia todo destacado y supremo; tanta intensidad y pulcritud definida para cada elemento y su fondo; todo impuesto maravillosamente a su percepción; como para que el ñato Flox se transporte en una transición gloriosa -así la siente él-, hacia el piso de la ruta campestre.

El micro que ya se aleja con la canción proferida por todos a todo pulmón:     

…”Una rosa de feria.   
Y aún a costa de perder,   
♫ se pierde pero se gana.   
La lucha es de igual a igual   
contra uno mismo   
♫ y eso es ganarla.   
No te pares, no te mates;   
sólo es una forma más de demorarse”.   

   ..Todos cantando despidiéndolo sin mirarlo mucho. Cosa que el prefiere, para no sentir tan evidentemente lo destruído que está.

      ¿Adonde se encontrará?. ¿Adonde habrá ido a caer?. Un total silencio en la ruta. el micro ya se fue. Un día luminoso y cálido. Flox se siente también destacado en el entorno, como cada cosa que percibe. Y está viendo, …que se encuentra en el acceso al cementerio, el de ese pueblo adonde el ómnibus había parado. Un cerco de hierro alrededor de monumentos, losas, túmulos, cruces. Decide: “Un cementerio es buen lugar para meditar.

      Flox va entonando roncamente, mientras atraviesa los portones de hierro y anda por los senderos tumbales:

…”la cal reseca, la viuda que sueña,   
los amigos que siguen igual.   
La gloria en zapatillas,   
el florero vacio.   
Quien sabe si se puso a pensar   
para qué vivo”…   

   –Este buen silencio del camposanto, que me va a reponer en mi energía–, murmura luego quedamente el ñato Flox, que va buscando un rinconcito tranqui en donde ubicarse con todo.

      Allí, una vez que se coloca junto al senderito, en un pequeño paraje -subterfugio como un patio donde se sienta en un banco con su valijota-, donde toma uno de los jabones Zplenty de ese armatoste; lo acaricia al jabón y se lo lleva a la oreja, como a la escucha. “Cantame la canción que te hice, jaboncito”, susurra Flox: “Porque así fue como me enrollé con Olga. Así fue como empezó este amasijo, como se armó la galleta”.

      La punta de la madeja, es un lugar cierto para desarmar los anudamientos. Y aquí está el tema de preguntar si es así o no: Preguntar añadido sobre el cementerio; si realmente sabemos lo que es y que significa un cementerio, todos los cementerios (?).

      Hete ahí entonces que Rollo Flox pone gran atención en lo que se pueda escuchar desde el jabón. El acerca y aparta de su oreja al jabón “toronjal”, supuestamente cancionista. Y en eso está muy entretenido con un ojo cerrado y el otro abierto, cuando siente pasos cerca; y luego enfoca con su oftalmología hacia una persona que se viene acercando. Está algo inquieto porque no puede verle la cara. Una señora se le acerca, pero caminando para atrás.

   –¿Qué va a hacer?–, dice la figura, con una coherente voz de mujer.

      El ñato cree reconocer la voz y responde:
   –Poco se puede hacer. Pero fíjese lo que acabo de escuchar: Se están restableciendo las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. ¿Qué le parece?–.

      La figura gira despacito y lo encara. El ñato Flox entra en una dimensión de mayor azoramiento. Porque el rostro de esta figura cambia, segundo a segundo, en sucesivas fases que punzan en la conciencia de Flox. Reconocimientos brevísimos de la gente de esos rostros; que enseguida se le disipan a Rollo; y los suceden otros. Él sigue sumido y enervado en su limbo lúcido. Pero el silencio no podía continuar por más tiempo. Flox se supone observado por más gente desde escondrijos en el cementerio. Una suposición paranoide que inquietamente lo lleva a enunciar con bastante claridad:

   –¿Y, …como estás; eh, usted?–.

   –Seguís con tus ideas; pero… ¡Ahí está!–, responde la aparición.

   –¿Qué cosa?–, se alarma Flox.

   –Cosas que vas a vender; si armás tu mercadería aquí ahora–.

   –¿ …que puedo hacer ventas aquí?–.

      Como la figura asiente en un silencio con cimbraduras de mimbre tímido y rítmico: inclinándose y que se alza y se inclina otra vez varias veces, muy sugerentemente de que algo va a pasar. Entonces pareciera que por esto se incorpora Flox, el ñato vendedor…

   –A ver; esperá un poquito–, dice Flox. Para enseguida como un resorte accionar-trotar. Hasta la puerta del cementerio se transporta. Asomarse a la ruta y observar fijamente, con todos los sentidos atentos. Y más allá de eso, atiende Flox, en interior consideración, allá donde se había ido la chica de las láminas. ¿Para qué hace Rollo esto?…

      Lo que él busca; en eso cree; es en sentir y recuperar su entera configuración “energética”. Insiste detenido en su intento; hasta que él siente como la “energía transaccional” se le acerca y se le instala. Listo para poner las manos en su trabajo, con el necesario “auto-dominio”; Flox vuelve tan campante, con optimismo, adonde la figura está esperando. Y no se quiere poner él a pensar en ese rostro de las mutaciones. Abre la valijota; despliega una mesita Zplenty, tal como se indica en los cursos de venta de la empresa.

   –A esta distancia del pueblo y del camino, casi en medio de ninguna parte; ¿en qué se cifra tu promesa de mis operaciones acá?; ¿para realizar qué?; ¿de parte de quién?; ¿quién es?–. Flox pregunta y pregunta sin mirar mucho a la mujer, mientras coloca los jabones en una típica presentación de Zplenty. Entonces ella se arrima al trabajo.

del pps Fantastic Photographies, de Maris Bildes

del pps Fantastic Photographies, de Maris Bildes

–Mejor que te diga-, bisbiseaba la cambiante señora: -…Soy lo que somos; …te voy contando para que no se nos haga un desastre; así sabés: …Soy todas las relaciones que no fueron. Lo que pudo pasar contigo que no se dio. Todo eso está conmigo. Soy tus vinculaciones medio muertas, sólo atisbos. Soy lo que somos: …Todas las personas a quienes medio quisiste–.   

–Pero tu voz, …Te oigo y sos Olga Gillther, la del ómnibus–. Las cosas se han ido colocando casi todas en la mesa; y Rollo se anima a mirar con todo a la figura.   

   –Eso último es lo más importante, para que así tomés el hilo de todo lo que tiene que venir–. Se detiene la cambiante apariencia de la fuerte promotora espectral de ventas. La faz de Olga Gillther queda fijada. -Todo lo que puede venir, no va a ser lo que no pudo ser–. Dialoga así Rollo su respuesta: –No voy a actuar con lo que no fue, como si podría pasar a ser. No me tengo que preocupar; eso lo sé–.

   –Pero tenés también que saber, de todos los lugares, en los que restaste tu vivir en mí. Esto como para que te prepares a las ventas de hoy–…

Y será la Olga Gillther relocalizada en esta figura, quien va a instilar rápidamente en el entendimiento de Rollo, sobre los tópicos adonde ella tuvo que vivir y vender vicariamente por él:

   “Había este pueblo con la plaza al borde del barranco. Y una calle principal que ahí está como un paseo boulevard. Que arriba y abajo va, que corre igual que el río en lo hondo del barranco. Fue una vez que en Carnaval estuve allí. Comparsas mecánicas iban y venían cíclica y repetidamente; atronaban el aire con chistes jocosos; música de marchas candomberas, una y otra vez. Los mismos muñecos y las rondas, la reiteración de la música y de los bausanes mecánicos, y los aplausos. Hasta que me cansé; me fui a sentar en la plaza. Era tarde; y me quedé medio dormida en un banco. Al alba sentí unos pasos que me despertaron del todo: eran unas religiosas que se salían del caminito en la plaza; y detenidamente iban cosechando de unas moreras, que lucían muy hermosas, cargadas de frutitos. Ponían las moras en canastas. Cuando me acerqué, me convidaron con las frutas. Como les dije de mis láminas, con partes de plantas dentro, y les mostré lo que tenía para vender, las religiosas me invitaron a pasar por su internado. Primero me fuí a tomar el desayuno al bar del hotel, donde paraban los ómnibus. Descansé y respiré un rato. Me fui hasta el Instituto Genicario. Me llevó una de las hermanas, aula por aula. Les vendí a las estudiantes todas las láminas que tenía en el bolsito. Antes de irme, me dieron una dirección en la Capital, para que siguiera haciendo ventas. El pueblo se llamaba Buraco”.


Inflexión escindida….-tramo 3, final-

      Atendía Rollo Flox a estas palabras de la nueva Olga. Se aflojaba así de toda intención conciente sobre lo que debía venir. En su interiorización imaginativa, de los lugares y la gente que Olga le iba diciendo, Rollo pasaba paulatinamente a contemplar atraído la narración de la mujer. Un hálito de interés en esa historia lo iba despertando de su crítico enervamiento, para sentirse mejor de verdad. Olga Gillther le refiere con gestos como disfruta ella de este narrar. Pasa en la continuidad a contar de otro lugar:

“Horas y horas descansaba boca arriba en la cucheta, mientras leía de la pesca en esas aguas. Me habían invitado al puerto. Se trataba primero de que vendería las láminas en el hall del Club de Pesca. Adonde entonces había gentede todo el mundo, por varias semanas. Embarcaban desde los muelles del Club; para salir a pescar en yates, por un concurso famosísimo. El fiasco fue al llegar con mis dos bolsitos de láminas; y encontrar que al espacio prometido para mí, lo habían destinado para unos indigenistas, amigos del dueño de la radio local, persona con mucho peso, que lograba concurrencia al Club, de gente vecina al puerto. Que comía y bebía esa gente en el restaurante; porque iban a ver la llegada de los yates con las piezas de pesca. Entonces quedé relegada a un descanso forzoso, en una cucheta de un yate que pasaba por reparaciones. Fueron varios días de sólo acostumbrarme a hacerme circunstante parala rutina del muelle; con la llegada y descarga de las piezas de pesca. Pero me divertía en salidas; haciendo largos paseos por las playas cercanas, de arenas grises. El tiempo se me iba y yo me ocupaba muy poco para partir ó vender; salvo un negocito de pocas láminas que hice con los marineros, con los que casualmente nos conocíamos en el muelle. Hasta que se dio vuelta todo cuando apareció en el yate un mecánico borracho que me conquistó. El reo éste, que era casado y con familia extensa -después me enteré-, tenía que completar para el yate un arreglo comenzado en los astilleros. Salimos; y me llevó de copas varias veces. Andaba este reo por sobre todo; flotaba en ese puerto mal habido, por sobre todo y todos. Tuve con él una relación totalmente festiva.   

El astillero que lo trajo, y la enlatadora de pescado, eran del mismo dueño, un amigote del mecánico. Fue el dueño mismo quien me llevó una tarde, a la hora del té, al comedor de la enlatadora; cuando todas las obreras se arracimaban en conversaciones. Y muy animadas todas por mi visita; me compraron en pocos minutos todas las láminas que llevaba en los bolsitos. Enseguida me pude alejar. Y dejé esa costa, donde no pienso volver jamás. El puerto se llama Buracondo”.   

      Habían estado apareciendo andantes, al tiempo de una calma a la que llegaba Rollo por escuchar las narraciones de Olga. Se acercan los andantes, con esa misma calma deliberativa y voluntariosa, a la mesa de los jabones. Compradores que parecen andar con amplio espacio interior, así como el de Rollo y la nueva Olga. Personas circunspectas que pasean por el cementerio, entran a olisquear la mercadería, preguntan, adquieren. Esta gente es calmosa y cuidadosamente atendida por Rollo Flox, que al fín puede sentirse pletórico, que entonces puede croar con las virtudes polícromas de Zplenty. Los momentos se suceden de esta manera ceremoniosa; una secuencia de intercambios gananciosos. Hasta que Olga, ubicada allí como respaldo y ayuda continua, da a aclarar, con su cantarina y melodiosa voz, lo que son las tantas presencias convenientes:

   –La gente que va viniendo; ¿sabés?; son todos aquellos a quienes vos no te animaste a tratar como los quisiste, son todos los medio muertos que llevás dentro tuyo. Todos como yo en este cementerio de la mente. Todos a los que no trataste más humanamente, a los que no quisiste porque pensabas en otra cosa; porque estabas tan arrogado siendo un personaje–.

      Primero anonadado, enseguida enrojecido furioso; Rollo Flox se planta, después de la revelación, con los puños apretados, frente a los calmos paseantes.

   –Los voy a reventar-, comenta entre dientes Rollo.    -Vuelven ahora para arruinarme la vida. Pero al primer espectro que se me atreva, lo voy a voltear. Y detrás de él caerán los otros. Ya vas a ver; para que te corrijas-, le señala a Olga. -Todos tus zombies van a caer como en un efecto dominó. Para que podamos volver al bosquecillo, …Olga–.

   –Van a volver ellos; y yo con ellos. Volveremos a levantarnos como muñecos tentenpié. Cuanto más nos golpees, más fuertemente se te renovarán nuestras presencias. Y así hasta que te aplasten, si seguís–.

   –No. ¡Yo no quiero seguir en esta galleta con la muerte!. No quiero quedarme pegado con ese pasado-, Rollo se desgañita clamando su queja y su negación: -¡Ya está todo terminado, ya pasó, ya fue, ya estuvo!. ¡Que se vayan, no no vuelvan nunca más!–.    –Tratalos bien-, sugiere susurrante Olga Gillther: -Es la única manera de conformarte y conformarlos. Así se quedarán mansos para siempre. Oíme; que así se calmarán para la eternidad; tratalos bien, no van a volver a tu tiempo. Es la única manera. Sé bueno con ellos; serás bueno con vos–.

   –…”Serás …bueno …con vos…”-, repite Rollo en un cambio, dándose cuenta; y se distiende.

      Desde ese momento, el hombre de los jabones Zplenty, fue recibiendo a los que requerían algo de su puesto, con la mayor afectividad solícita. Lo restante del tiempo en el paseo del cementerio; lo dedicó Rollo en alivio para los compradores, que sonreían satisfechos. Lo importante fue, para el vendedor, que él se centrase en cada espectro satisfecho; …y el los recuerda, …no ya como indicios fugaces, …sino centrarse profundamente: Recuerda quien, como, donde, como era aquella vez cuando…

Y con tal intensidad del recuerdo de esa gente en su pensamiento, salta la perdiz de una transformación. Con la vividez de la evocación, cada figura de los personajes se vuelve misilística. Una serie contínua de cohetes veloces se dispara silbando hacia la inmensidad. Cada espectro, en su presente elevación de metal y fuego, contigua al frío. Porque en el frío está ese fuego de una mínima chispa perenne y discutida. Así se elevan; se hunden; como piezas del cielo consciente; se alegran las dimensiones del cuidado y comprensión creciente; y los regenerados sentido e intenciones también se alegran.   

      Todas las ideas que Rollo puede ahora entender; también las ideas se elevan, con el afloramiento de la certeza, que vendrá a ser, que puede llegar a ser…

      Espectros y afectos de Rollo Flox que suben chisporroteantes en condensación al fin de vida proyectada; además de las realizaciones instantáneas. Ya está al terminar la atención de compradores, voladores de una voluntad; que él no podría describir. Rollo Flox se abre en ganas de bailar. Olga Gillther ahí sentadita no gusta de bailar. Rollo siente la más grande serenidad. La besa; grandotes besos empapados. Olga se resigna a disfrutar de las efusiones de Flox, que se contonea en el camposanto al atardecer. Pero mucho más acorde está la protagonista -temblona arrapieza con arrobo-, ante las declaraciones de Rollo:

   –Quiero que estés toda la vida conmigo. Quiero tus guías de luz; para siempre, entre vos y yo–.

   –¡Qué pelito sutil que sos!. Todo porque tus tumbas se echaron a volar… – (Irónica réplica de Olga rebelde que no quiere aflojarle). Se quedó sin argumentos Rollo, porque también mucho tiembla conmocionado, ya que Olga se ha parado radiante y le dice:

   “Vamos, vayamos con ellos, vamos hacia todo, vamos”. Atónito mira el redimido vendedor, como la amiga Olga sube sin peso, que flamea a media altura, ingrávida angelical prometedora dama que lo invita a subir:    –Vamos; vos también; liberate de quienes te piensan mal; ¡subí!–.

      Toda su compañía se elevó; y Rollo se pone a dar saltos; que no puede arrancarse de la gravedad.

   –¡Culebras que se comen sapos!–, grita Rollo, sin poder hacer nada más para ir detrás de ella y su vuelo.

      Y ya se viene la noche. Olga se ha ido mezclando con el cielo cada vez más intenso. Desde su imposibilidad, Rollo se ha cansado; y en plena asunción de su disimilitud sola, opta finalmente por la calma y por la realidad de su organismo. Tiene que caminar pocos pasos hasta la fuente del cementerio. Toma agua fresca pausadamente en un jarrito allí agarrado, con una cadenita de chapines. Vuelve del manantial adonde está su mesa Zplenty, la aligera y la cierra. Todos los jabones en la valijota, enseguida empalmada con la mesa plegable y cerrada. Entra a rumbear hacia el camino. Piensa que quizá vuelva atrás al pueblo y descanse ahí hasta el día siguiente.

      Mientras se aleja del terreno adonde ocurrió gran parte de su travesía hacia el centro de todos los seres; Rollo Flox va acercándose al mismo tiempo a una cumbrera comunicación. A su contacto con la lumbrera esférica -es un decir-, toda ella recubierta con lumininiscencias celulares de fotosíntesis. La lumbrera de cumbre y sus adherentes reverberaciones lucen. Este tópico acompañante en su lugar de salida; deviene en el pasaje de salida o arribo a esa verdad sin cifra: Pero al fín lumbrera, cuando acercándose Rollo se alinéa en un reposo sentadito, así como si fuera su descanso y su hondura allí. Un piadoso silenciamiento puesto en la boca de los oportunistas.

      ¿Qué se produce allí, en el asiento de la parada de los ómnibus, en este dócil hijo del tiempo?. Sugerido; y contenido en la luz tibia y clara -que no se le pegotea esta onda-, está indicado y supuesto así, aquello que se surte y produce: Y es la idea de que no se disminuya, siga, …que tome su cuaderno, escriba.

      Rollo raya en el papel. Piensa que sin desmedro, con la esperanza y el anhelo, aunque su propio intercambio con todo haya disminuído, en tanto él está ahí, mientras Olga junto a las paseantes sombras lejos en el cielo elevados felices: “algo triunfa”, marca en el papel: “Algo permanece para siempre y no se disminuye. En todo momento todos lo estamos pensando sin querer”, escribe:

Pintura de Rob Gonsalves

Pintura de Rob Gonsalves

“Todos lo pensamos, desde el fondo, todos lo hacemos, en toda experiencia, Lo sabemos, para así proseguir otros todos; y siempre algo triunfa consigo y no se disminuye”. Un golpecito en el asiento junto al camino hace que Rollo mire, por si alguien más se hubiera sentado. Pero siguen ahí nadie más que él y su bienestar de cumbrera redonda. Vuelve sobre el cuaderno y escribe: “Ese término que nos completa, llega desde otra parte previa y por venir, …unificante, ….término que comienza a decirse; fórmula final con vida incógnita, …todo el tiempo renovándose, …vive y acrecienta a los que viven”.   

Otra vez el golpecito en el asiento; aunque Rollo también siente como si el piso se moviera. Y ya no está sentado en el medio del banco; sino más sobre una de las puntas. De estos sucedidos comienza a formársele una noción; pero quiere poner aquello en palabras; y escribe:   
“Detrás de un paño evanescente, la esfericidad cambiante que relumbra con todas las desvestiduras que la indican transcurriendo. Esto debido al valor de nuestro valor para empezar a nombrarla. Por completo poder decirlo su nombre sin cifra; cuando uniéndonos, tornarnos nosotros también un sentido para su descubrimiento”. Mira de soslayo por ver como siguen los cambios raros que con dudas ha estado sintiendo. Es él quien tiene al techo del refugio a la altura de sus pestañas. El banco está debajo de sus asentaderas, pero a más de un metro de distancia.   

“El asunto”, infiere; y ya va a a escribir esto: “reside en la necesidad de darnos cuenta, de que no tenemos el fiel de la búsqueda en nosotros. Llegamos a elevarnos y unirnos con el cambio unificante cuando a él apuntamos desde lo que somos para él, que nos piensa”.   

      Cerró el cuaderno y consideró, ya suavemente topando de nuevo con la superficie del paraje, que si al escribir podía despegar de tanta cosa; quizá pronto podría plantarle un beso sorpresivo a la Gillther. “No tengo que escribir pavadas”, pensó; “nunca he visto a un pavo volando”. Así tuvo su arranque la grafomanía de Rollo Flox.


~ fin ~


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