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# narra-breve-11: …”calle, ..lugar, ..furiosa, ..entrenar, ..zamarrea, ..perlas, ..azuzante, ..reaparecido, ..shamanismo, ..enfermero, ..encristalados, ..basura, ..asperjada”…

Narrativa Breve 11            

   Aquí están retransmitidos unos letrajes que actualizo para Hipersalenas.WordPress; provienen de mi blog anterior en LC, adonde inicialmente fueron publicadas las piezas, en agosto, septiembre y noviembre de 2006. SEM

Cualquier semejanza en estas ficciones,   
de las situaciones, sucesos y personajes,   
con hechos y personas reales, es mera coincidencia.   


 a): Borrador de correo.


   “Continúa la ronda con sube y baja del transporte. ¿Por cuánto tiempo más? Todavía algunos beben sus brebajes en el despacho de bebidas”.

   “También se asoman a mirar la ronda. Yo en la estación esperando al tren. Fui a la Iglesia con flores, antes, las dejé en un altar.”

   La gente de la calle se ha apelotonado del otro lado de la vidriera, para mirarlo escribiendo, en la mesa de una confitería de estación.


   “..Fuí a la Iglesia; y cuando puse flores en un altar, alguien me disparó una fotografía. Era de camino a la estación, para tomar el tren que me traería de vuelta”.


   “Entré en la iglesia. Ese que me disparó con la cámara, se fue por una puerta del costado. Salí a la calle lateral siguiéndolo, para preguntarle el por qué de su proceder. Pero no ví más al fotógrafo; sino a un hombre de ropas desgarradas, que llevaba en sus hombros una envoltura grande de plástico. Me detuve ante la calle casi desierta en la madrugada. Pero inmediatamente quise agregar algo. Sin embargo, pude corregirme. Y me tapé la nariz, por el ambiente frío y la contrariedad”.

   El sol que va naciendo, relumbra en las paredes de cristal, entre el concreto de los edificios y los árboles de la avenida. Y por dentro le corre algo, por ejemplo:


   “..Quizá consiga un lugar en el tren. O sinó subiré en alguna embarcación, para alejarme de toda esta contrariedad. De todas maneras, pese a lo entretenido de este viaje; no cejaré. Haré aquella travesía y podré llegar hasta las entrañas de esas ocupaciones felices”.

   En el trayecto a la estación por conseguir un lugar en el tren; todas las mañanas repetido trayecto… Era de compartir unas bebidas con elegidos y comunicativos concurrentes al bar, luego del paso ruidoso de ese ómnibus. Trepida el poderoso motor, ómnibus peculiar, pintado en rojo y azul.


   “..Me acerqué al despacho de bebidas. Yo quería leerles a los vecinos un manifiesto especial: El Manifiesto de la Cerveza; a veces el del Slivovitz. Casi nunca, porque en fuerza la contra que tengo me abucheaba hasta puertas afuera del bar; sin que yo pudiera taparme la nariz ante el frío del ambiente”.

   Y una vez afuera, restituyéndose en paz cierta propiedad, apaciguada la intranquilidad, sosegado el rechazo por que no quieran escuchar el discurso. Que con la niebla de la madrugada aún relente, cuando las autoridades ya bien despiertas todas; aún no habrá conformidad; seguirá inquieto. Así que fue inútil que intentasen los uniformados prolongar, para que él volviese a tomar más del ron y las aceitunas.


   “..Huí, me escapé de los convites, a través de los corredores urbanos, hacia las honduras, a las bodegas del globo”.

   “..Y allí será que te encuentre nuevamente. Estaremos con toda esa maquinaria chirriante alrededor, chorreando su aceite sobre el agua que se encharca. En medio de esos roncos sonidos de motores; así avanza la embarcación desde el muelle; cuando tú me preguntas por si hay motivos para mi calma”.

   -Escuchá; suenan las campanas de la Catedral: …dan-din-duuun-. “Agregarás entonces con tu tranquila belleza; y… “

   -Tendremos que ir al comedor, ya es mediodía, junto con todos los pasajeros-. “Continuas diciéndome, mientras el sonido ceceante de algún desconocido me dificulta entender”.

   Seguir caminando para atravesar los comentarios incomprensibles; en contento por el buen desempeño tan increíble. Así llegar con resignación furiosa a la posición bajo el techo de la cabina…


   “…Y encontrarnos con la mesa dispuesta; a pesar del agua que sigue subiendo de nivel”.

   “De tal manera; con plaga de riesgos morbosos, pero al fín en nuestros lugares asignados; porque allí podemos darnos cuenta. Finalmente de eso se trata; bajo el techo de la cabina, con precisión: de darse cuenta. En ese determinado, señalado y preparado lugar, con los globos y los pétalos de calabrote, darse cuenta. Estaríamos ocupados; y tan felices”.



 b): Detrás del Sonido.

   Todo bien fríamente a la mañana bien temprano, tipo 6. Las pedaleadas para llegar. Tocar el timbre del intercomunicador en casa de Griselda, para que su amiga despierte. Toni sigue pedaleando un poco más, hasta el parque. Deja la bicicleta atada; y empieza a entrenar solo, con el aire frío del alba: Plenitud previa al despertar total del día.

   Mientras espera a que llegue Griselda, no se lanza a recorrer trechos largos, sino que va estirándose y entrando en calor, corriendo después dando vueltas, sin alejarse mucho, por los senderos del parque. Trote concentrado el de Toni, dando saltos y girando por el aire, poniéndose ágil para probar velocidad en intervalos más rápidos.

   Todavía antes del día, Toni entra en la zona iluminada por los faroles, para desaparecer rápidamente. Este día todavía frío de fines del invierno; Toni metido con su larga estatura en ese buzo restallante de plástico de color escarlata. Pero casi todos los días, en pantaloncitos cortos, y con los botines de entrenamiento negros… Tendrá que gastar del dinero en nuevo calzado; el cuero negro de los botincitos partiéndose en la humedad de los senderos.

   Griselda se junta con Toni, como se les había hecho una costumbre, en la Costanera de Punta Badero, una media hora después de que él comenzase a zumbar por el parquecito. Llevan desde pocos meses atrás una inusual relación de compañeros. Los dos han entrado a conocerse con gusto; natural y discretamente compartiendo intimidad, proyectos. Hace ya varias semanas que combinan para todas las madrugadas juntarse, en este programa de corridas por el largo parque costanero. (*)

   En la Zona del Parque Largo, formando un linde, están las vías del ferrocarril, que van corriendo en trinchera. Que no todas las callecitas de Punta Badero atraviesan estas vías. Del otro lado en el Parque, las continuaciones de calles son senderos vagarosos por entre rosales, cipreses, cesped y arbustos juníperos, a los que Toni roza y zamarrea con sus zancadas, roces que desprenden un rocío correspondiente con la acezante respiración del corredor, con la gris mañana que se va iluminando, y con los vapores del aliento de Griselda. Quien ahora llega, y comenzará a recorrer el paisaje, enfundada bajo su gorra de lana. Está clareando.

   Repitamos: están el parque, los senderos húmedos, Toni entrenando solo, las zapatillas negras ajadas, Griselda que ha llegado al parque en una bicicleta chirriante, cuando algún tren madrugador corre por la trinchera. Y están las casas de Punta Badero, del otro lado de las vías, con sus callecitas arboladas.Y se han encontrado Griselda y Toni; y están trotando juntos.

   Gira una conversación entre ellos dos:

   Griselda se refiere entrecortadamente a los árboles, que comienzan a verdear. Se ponen a hablar sobre los sauces, la proximidad de la intensificación de tareas por la miel, todo lo relacionado con la temporada del verano que va a llegar, así como van llegando otros corredores al Parque, que se anima tanto como este invierno se vivifica al mudar en vegetación, en más luz, en nuevos brotes de verdor.

   La conversación entrecortada de Griselda y Toni sigue girando. Enseguida habla Toni, de la confirmación en el nombramiento de su beca en apicultura, que le otorga el Fondo Cooperativo. Las palabras clave de la relación de ellos dos se van generando. Y construyen la cimentación del día, que ya se ilumina, con luz parecida a las perlas; día de luz filtrada, de luz plácida y plena.

   Rondando el Parque, vuelven a pasar por donde dejaron atadas las bicicletas. Griselda usa la bicicleta de su hermana. El rostro de ella se va llenando de color con el ejercicio; y le va diciendo a Toni, así como le puede salir, que su hermana se va al campo, por un par de días. Toni mira risueño a Griselda de rabillo; ella también lo mira…. “Y podremos estar juntos”, …le sale a Griselda.

   Los dos guardan alegría en las entrañas. Las bicicletas se desatan y se echan a andar solas. Dejan el Parque, atraviesan las calles y los puentes. La chirriante bicicleta de la hermana de Griselda junto a la de Toni. Más azuzante es la de Toni, para volver rápido, para que la hermana complete sus diligencias más rápido; y pueda partir antes… Más tiempo juntos para los dos, vivaces buenas piezas. Ya van completando su entrenamiento…

   Toni la interroga si oyó algo. Ella sorprendida; ¿qué debió de oir? Toni explica: se han cruzado con un corredor solitario, que les ha susurrado un quizá saludo… Les queda poco para trotar, advierte Griselda… Lo importante de las palabras del desconocido, a lo que ella parece no darle atención, es que ha logrado como aperturas para él; que siente algo muy distinto, trata de aclararle: algo que esas palabras le mostraron… Toni tratará de repetirle esa engramación sonora.

..."nombrar y hablar de todo"...

..."nombrar y hablar de todo"...

   Eso ella lo oyó más tarde, al tomar Toni una ducha en el departamento. Griselda se acerca a buscarlo, porque quiere oir más claro; oir otra vez eso que él ha dicho. Eso que Toni repitió, no parece llevar un sentido inteligible: es un encadenamiento breve y consonántico; más bien una jitanjáfora ó un gíglico de un idioma lejano. Griselda lo va a buscar, pero a nadie encuentra debajo de la ducha. Ella mira y remira adentro del baño. Toni desapareció de bajo el agua. Ella irá a mirar en las habitaciones.

   Griselda angustiada, mordiéndose los labios, vuelve para cerrar la ducha. Toni está ahí bajo la lluvia del baño. El reaparecido, que le dice con detenimiento lo que ella quiere oir: esas palabras-clave-unidas.

   Después de un intervalo de perplejidad, se seguirá para Griselda, que a ella le llegará también esa compleción, por la frase del desconocido. Y Griselda dirá que sí. Que a ella también la alcanza la revelación integrada. Que sí; que antes, en el Parque, no había creído del todo que algo especial acaeciera, cuando fue que Toni se subió a la casuarina. Porque entonces él, ahí trepado, había dicho palabras con euforia, parecidas a nombrar y hablar de Todo. Y ella simplemente había dicho que sí, por condescendencia. Pero esta nueva vez, ella sigue diciendo, quiere saber; esta vez siente que comprende. Quiere saber de Toni, cómo era el corredor, quién es el que susurró las claves. Toni al secarse de la ducha, se lo describe como conociéndolo desde siempre. Griselda y Toni radiantes y contentos como peces sabios nadadores en un fresco mar permanente. Mientras, van comentándose la real y novedosa adquisición, por la frase del corredor solitario que se les cruzó. Acaecidas palabras que vinieron desde todos los tiempos.

   (*)El llegó a la Universidad de Punta Badero, becado por un Fondo Cooperativo, para completar una carrera de Técnico en Apicultura. Los había presentado alguien, en una exhibición de Gimnasia Javanesa, alguien del Coro de la Universidad. Bendita gente que siempre hay, que los puso en contacto. Griselda vive en un departamento cerca del Puerto, con su hermana. Toni, acomodado en una casona con un cuarto, en una casa colectiva de estudiantes, cerca del departamento de ellas. Y Griselda que pergueña un profesorado de Gimnasia, concurre además a cursos de shamanismo etnológico; necesariamente comprendió a Toni: -recién llegado y amante de la salud y el deporte, dedicado también a conocer, rescatando entendimientos globales, buscador de sabiduría entre la gente más sana-.

Img: museudoindio.org.br│         



 c): Entresacado de entrecasa.

“En las distintas partes del mundo los hombres tienen costumbres distintas y escriben de diferentes maneras, pero del mismo modo, a todos los hombres, en todas partes del mundo, la mentira les es detestable”. Guillermo Enrique Hudson, en “La Edad de Cristal”

   En el patio, junto al ascensor, la Junta de Vecinos ha colocado a un enfermero. Por ahí entra y sale la gente del “Edificio California”. Los vecinos, al ir a la asamblea, debimos de entregar al enfermero nuestros crecimientos rápidos. El los iba guardando en una bolsa de tela blanca. Pero no así Startino: su renegado apretujamiento en los poros, y su provocatoria caída a punto de producirse, le evitaron el trámite. Nos había molestado bastante con su depresión. Este antecedente se le aumentaba. Nos era evidente que los grandes síntomas le servían para ocultar a alguien. Lo que compartía con los demás vecinos, cada vez más, fue el sentimiento de repulsión, todavía presente cuando la asamblea, de a momentos se nos manifestaba.

   Aquí todos nosotros del “Edificio California”, en nuestro lugar ubícuo, en un comportamiento paradojal elevado, que se hace difícil de aceptar entre tanta gente tan convencional de los alrededores. Startino nos ponía luces en las convivencias; pero esto cambió cuando él tomó la costumbre de la deshora depresiva; y no quiso rehusarse a negar más. Yo lo entendía, con todo secreto.

   Startino nos preguntaba en la asamblea, desvalidamente:

   –¿Quién se va a salvar?. No me quieran engañar con esperpénticas ni estentóricas. ¿Quién se va a salvar?–.

   –Vos sos una persona inteligente, educada–, le respondía Breker, el del séptimo: -Creo que te van a dejar tranquilo. Y si seguís dándote vuelta los nervios, te vas a enfermar–.

   –Es con personas como yo que los Encristalados más se fijan-. Nos descomponía a todos Startino, haciéndonos saber que él había recibido una emisión de los Encristalados en las montañas: -Anunciaron que ya está en promulgación, el Decreto de las Escaleras-, continuaba Startino: -¿No se dan cuenta que tampoco vamos a poder bajar a la Editorial?. ¿Que los gentiles del Señor van a ser reprobados?–.

   Todos los vecinos del “California” abrimos grandes los ojos. Y la depresión de Startino, antes tan malamente considerada, comenzó a entrar plenamente; pasaba a ser asimilada, por los grupitos que se formaron, donde se hablaba solamente con gesto de cabezas bajas.

   Las contingencias de forma fueron estudiadas y luego dejadas de lado; para quedar dispuestas, listas para pasar de la periferia a la atención central en cualquier momento. La agresividad frontal a la que se nos inducía con los planteos, en las disposiciones de los encristalados, la hubiéramos podido sostener alejada y con las persianas cerradas. Pero todo lo anunciado en las transmisiones desde las montañas, conseguía que evocáramos represalias de un estilo, para el cual sólo cabía adoptar una actitud confusional permanente. Así aparentaríamos, se decidió, dejar de prestar apoyo a los cuestionamientos más difundidos, frente a una Edad de Cristal dolorizada.

   Lo que fue antes, mucho antes, podría comenzar entonces a filtrarse por pequeñas grietas olvidadas, eso colegíamos. Queríamos continuar así, con nuestros hilos moviéndose y cambiando como el silbo de un becerro, que después iría a ser retumbo. El cambiante influjo escondido, era cuidadosamente escondido una vez más. Es así como Startino cuida de alguien oculto, y de algo ahora todos cuidamos, ocultamente. La preocupación prescripta para el “California” nos sigue abandonando. De vez en cuando lo seguimos mirando a Startino, para discriminar de sus depregemas, que cosas son de interpretar a través de su bajón repelente. Su costumbre de deshoras tantas molestias causó, porque no entendíamos lo que nos decía en su temblor: que las disposiciones encristaladas querían resumirnos, a ser un objeto manipulable que fuese posible de conducir anheloso, desde los cristales en las montañas. Podría ser peor: Pinzas de fuerzas extrañas con los otros tiempos desde más lejos.

..."un comportamiento paradojal elevado"...

..."un comportamiento paradojal elevado"...

   Startino, en un rincón del “California”, no deja de aplicar su procedimiento para esconder sogas dentro de los teléfonos, en un cambiante, sedente e irreconocible abandono. No nos van a poder identificar, creemos. Yo me figuro en la dedicación a recetarios nuevos, pero rescatados del futuro.


│Img: El retrato es Berni, publicado en Diario La Mañana, de Neuquén, Argentina.│         



 d): Hipersaloma Viajera:

   El Kechi rejunta cosas suyas y las arregla; compone también sus viajes por más cosas que andan sueltas. Se las tiene que ver con ambientes disonantes, por su estatura super formal, como en esos asientos de los aviones. Ahí está, con su capa y sombrero, su bufanda y desnudez oceánicas, con su mochilla, en el avión en vuelo. En una conversación escucha del prevenir para accidentes. Mira el Kechi sus pies desde su butaca; desde ahí los pies: ignorantes, rasos, triviales. Se siente hecho un cuadrado en un molde de caballo…

   Se empieza a distanciar, …de los pasajeros. …Va reticulando el universo. …Se imagina además. …Bajar por las calles. …Kechi entre pobrezas y trabajos tirados a la basura.

   …Un contínuo construir de él … ante frente videos. A sumar adeptos quietos castaños hostiles. Esto le sucede … en una periferia de actuación: ante frente una masa de individuos obedientes sumisos legales. Se le une la jerarquía ambivalente… de anteojitos funcionario, y la diva conductora.

   …Kechi anda hacia su casucha. Andará por su ensueño… Asistirá a los compañeros, maltratados ambigüamente. Desea esto con toda lealtad …en su miseria, en un estilo de cuartel. Tiene un volver, …producido por … extranjeros amenazantes y laudatorios… Le hacen asumirse al Kechi… Y a los cimientos …los aprueba, bien para su casucha: agregando él la instalación tornasol de una gordita giratoria.

..."reticulando el universo"...

..."reticulando el universo"...

   …Sólo él percibe las ausencias; y que hay ravioles …de un lado de las vías. Por el otro el muchacho teatrista, separado de la jerarca femenino; quien reafirma estar ella …de acuerdo con el extranjero ambivalente. El teatrista novel produce …así necesariamente: un canal subacuático, vía trasversal, un proyecto costoso… Que no lo irá a hacer, Kechi refuta: que la obra es para ir …creciendo por relaciones; mientras adjunta Kechi, ante frente los jóvenes pasajeros: que una chica …“la hará diez luces, hará luces producir”. Y determina …aprobatorio Kechi: “Lo más sueltos andaremos, sin cuidarnos de …opiniones convencionales. Sino que a renegados darles vía, para que al agua estallen asperjada”.

   –Así opinarán-, afirma Kechi, volviendo a su avión en vuelo…

   Queda claro entonces el motivo de fragor y encuentro: y de los fragmentos, por los que Kechi rejunta cosas suyas y las arregla. Solamente compone viajes por más cosas sueltas. Motivado disonante con las estaturas, viajando con su mochilla, de capa y sombrero, por máquinas de vuelo, donde mirarse los pies. Está en su butaca de encuadre, en su molde de caballo, Kechi entre las pobrezas y los trabajos tirados a la basura…


│Fotografía de Edgar Moreno, se encontraba en: http://www.saladearte.sidor.com/
      


Sergio Malfé  
Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, julio de 2009.  



1 comentario so far
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[En la Entrada de 2009/11/04 puse enlace por similitud] hacia esta narra-breve-11, en la narración C): …de entrecasa; por la desatención hacia Startino: [Relato Vendo Todo…]

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