Hipersalenas


# narras-13: ..”vecinos, ..relumbrón, ..sutura, ..pensando, ..decirle, ..atender, ..fecha, ..rincón, ..recibir, ..tonina, ..trampearlos, ..nube”…




   13ª Página de Narraciones Breves en Hipersalenas.Wp..:

a) “CortyZona”, cuento.            

…”IMAGINÉ UNA LIBERTAD SIMULTÁNEA,
EN LA QUE DOS ACCIONES, DOS ESTADOS,
SERÍAN POSIBLES AL MISMO TIEMPO”

Marguerite Yourcenar, en “Memorias de Adriano”. 

   Con la práctica campera, con el conocimiento de esa vida, desde el Rincón en que conviven; Nuboki había llegado a ser revestido de buena fama y preferencias, siendo un empírico conocedor de cosas importantes, para los vecinos, con sus ocupaciones y sus afectos.

   Esta Zona, un cardinal de la pequeña ciudad, con ese barrio somero en los lindes, tiene calles que poco se diferencian de la misma pampa. Dos o tres casas algo arracimadas, dibujan borrosamente una esquina. Tres cuadras más allá, se agrupan otros dos hogares. Y cerca se ve un molino, más afuera, junto al montecito oscuro de árboles, que señala ya el puesto de la Estancia: primer indicio de las amplitudes esforzadas.

   Nuboki compensa ó nutre sus soledades, con la atención de un bosquecillo de rododendros, por el fondo del terreno. Por ahí se le acerca Florencia. Un accidente del conejito de su nena, la trae a la mamá, con el animalito mancado. El conejo muestra una patita ensangrentada; y se aprecia que ya casi se desprendería, un poco por debajo del corvejón.

Fragmento de un óleo campero de Antonio Parodi.

«...junto a la casa...»

   Con gestos de reconocimiento, que hacen más llevadero el vivir sencillo por las fincas, Nuboki acepta el encargo. Lo va a observar al palpitante conejito rengo. Y también recibe de Florencia, la atención de una prolija docena de duraznos, …“recién cosechaditos”, de los frutales de ella.

   Lo particular de este vecino, que ya vemos también es veterinario empírico, reside en su andar sobre dos vías, dos temporalidades, dos carriles. Cuando por ejemplo se ocupa de su cosechadora en el cobertizo, o cuando con la máquina está trabajando en las parcelas; es posible de figurar que en sus acciones interviene algo como un mecanismo veloz, inequívoco y puntual. Pero cuando brevemente conversa con alguien en especial; detrás de la rajadilla amplia de sus ojos, se adivinan tiempos de una topología sincronizada en una realidad multivalente, infisurable, honda y sin apuros.

   Y en esa realidad, aunque no lo trasunte, Nuboki a su vecina la adora, …a la distancia… Florencia tiene su marido, que es alambrador y tropero, tiene a su nena y al más chico. Pero también tiene para Nuboki, el relumbrón de espejo en una uña nacarada, una fijeza instantánea detenida y profunda, que él percibe sin demostrarlo.

   A una jaula es trasportado el conejito, y queda en el galpón un poco; junto a la casa, en el patio. Nuboki degusta los duraznos; y luego pasa dentro del tiempo hondo de su contemplación. El recuerda haber visto una foto de unos duraznos en una revista. La encuentra; y arranca la página. Va al galponcito, para mirar que puede hacer con la herida del conejo.

   …”No tiene remedio; amputo pata”… Ahí está Nuboki que enciende su mecanismo de precisión. Desinfecta; corta; hace ligaduras; separa; sutura; y pone un vendaje. Vuelta del conejo a su jaulita, con todas las atenciones necesarias. Pero no lo va a tirar al miembro cortado.

   Conserva la patita y la pone en la casa, sobre su mesa, junto a la página con la foto de los duraznos. Sobre este par de cosas va a estar volviendo una vez y otra, a meditar concentradamente. Son los símbolos de un afecto. Quizá lo haga para que alguien como Florencia, pero libre, pueda dejarlo entrar en su vida.

   A los dos días el conejo estaba estable. Y Nuboki lo devolvió con sus dueños. A la nena le hizo recomendaciones, sobre mantenerlo en la jaulita, quitarle el vendaje a los tantos días…

   Y las jornadas se fueron sucediendo. Aunque Nuboki tenía desde entonces un nuevo ritual: El de apuntar su fijación de meditador sobre los dos objetos, que él quiere así lo lleven a vincularse con quien necesita.

   Así las cosas, una tarde polvorienta y calurosa, después de entrar la máquina al cobertizo; Nuboki ve que aparecen Florencia con la nena. Las dos sonrientes con él y contentas; la nena radiante. Y le elogian su capacidad restauradora. Porque el conejito, dicen, ya está correteando con el arreglo que él le hizo; “con la patita entera, todo muy bien”…

   El tipo estupefacto le pide en un susurro a Florencia que saque la nena al patio. Y le cuestiona: “¿qué me está diciendo?”; se aturulla; y no distingue sobre cual carril están andándole las cosas. Si lo que él hizo, …“fue lo único posible; entonces esa pata, …¿cómo puede ser?, si se la amputé; y ahí vamos a ver, si en la mesa la tengo”.

   Ya entonces, al ir a mirar la foto, junto a la patita conservada; Nuboki debe decirle sobre la intensidad de como siente a la señora, que ha estado fijándose, pensando en ella, y al hacer la curación en el conejo, con tanta devoción:.. “Tiene que ser esa, no hay otra explicación”. Pero Florencia toma la foto y mira la página por ambos lados.

   Detrás de los duraznos, la revista traía una crónica de los reimplantes que en un Hospital, se ingenian para lograr, por un equipo médico-quirúrgico de nivel mundial (*).

   Nuboki balbucea sin andaduras, está descarrilado. Florencia se sienta al lado de él y juntos entienden que les sucede algo único…”mi vida”, y …”mi amor”.

   Y del suceso entreverado, nadie se va a enterar. Va a quedar sin prensa el resultado azaroso de una meditación fijada sobre duraznos, pero con un reverso de contenido quirúrgico y restaurador. Porque ahora que lo leíste; a nadie se lo vas a contar. Mirá que los conejos también pueden ser bravos; al igual que la intensidad traspasante de un querer. Que por esa intensidad se pudo llegar por detrás al cemento de esta historia.


(*) 1990 – Un equipo de médicos argentinos del hospital municipal porteño Santojanni, encabezado por Ricardo Zambrano, por primera vez en el país transplantó una mano; era del obrero Egidio Cuella, de 44 años, que se la había seccionado diez meses atrás, y que mantuvieron injertada hasta la operación en su axila derecha.


b) Alternativas para una piedra.

   Todo material inacabado tiene su densa duración, orientada hacia un final, en el ánimo de Julio. Cuando las cosas entran a su taller, él se va ocupando de ponerlas sobre bancos, las va disponiendo separadamente, las va pensando. Así también en sus sentimientos, por un fenómeno de espíritu, quedan los objetos vinculados latentes. Hasta que empiezan a despertarse con pulsos internos, llamados de “destápame, trabájame con tales herramientas, sigue estas líneas”. Julio obediente va, acaricia al pasar un pedazo de cemento que rescató del río, como para decirle que no lo olvidó, que tiene ahora que hacer otras cosas. Se traslada por el taller, les susurra a los demás trabajos pendientes, que ellos también están en su ánimo. Llega hasta el pedestal donde está el bloque de quebracho. Lo descubre; toma herramientas de la canasta que trajo colgando de su brazo, formones, sierras hachuelas. Y cumple dedicadamente, concentradamente, en darle forma a su trabajo durante el tiempo necesario. Hasta que otra vez obediente, cumple con otra indicación del objeto en su ánimo, y deja ese trabajo por un tiempo. Lee revistas, examina el cielo, por si vuelve a haber esferas reveladas en la luz del día…

   Lo mismo sucedió normalmente, después de que trajera ese bloque de mármol pulido por el río, en una tarde. Lo había encontrado entre escombros, en ese verano especialmente seco. Porque el río no tenía caudal lo encontró en el cauce, ya pulido, abandonado entre ladrillos, restos de demoliciones. Un bloque de mármol, irregularmente cúbico, de más o menos 45 cm• de lado.

   Julio había estado recorriendo en esa tarde, dando un paseo por la cañada. Cuando, al salir a lo abierto, dejando el poblado, ya cerca del río, se encontró con ese vecino excéntrico, agachado y revolviendo por entre los pastizales bajos. Todos en la Villa lo llamaban el arqueólogo o el astrólogo. Ahí estaba bajo un gran sombrero, diciéndole a Julio después de los saludos, de cómo él podía servirse con los restos y otros hallazgos en el suelo, para entender lo que iba a pasar, prever, predecir… Y el hombre había entrado a farfullar teorías, explicaciones oscuras de conocimientos y relaciones misteriosas… Julio suavemente se despidió y siguió su camino. Y luego así había dado con esa pedraza. Que buen trabajo le había dado cargarla, llevarla hasta el taller; de tanto en tanto deteniéndose.
Iba conociendo su suave frialdad de piedra, recorría la superficie con las manos atentas, …encontrar en su ánimo un lugar para alojarla a ella, atender a sus mensajes para descifrar una obra. Llegar a su taller antes de que se hiciera más tarde; Julio le encontró un lugar, la cubrió con una tela, continuó él con su día…

   Se fueron sucediendo jornadas, con su ritmo alrededor de las cosas, con visitas de compradores, conversaciones, encuentros con amigos. Pausadamente retirado el ritmo de Julio, alrededor también de cinceles, herramientas, punzones, piezas a medio hacer. Ir siguiendo el lenguaje de la hechura, que los objetos en su interior le van comunicando: soldar aquel metal; esmerilar un cristal. Pero de aquella piedra blanca nada; dormía bajo su funda; ninguna indicación interior recibía Julio sobre lo que hacer con ella.

   Ya algo preocupado, por una desconexión fuera de lo común, arreció Julio a los pocos días, en visitas cada vez más frecuentes al banco donde la piedra blanca descansaba. Destaparla, colocarle las manos sensiblemente dispuestas, pensar un rato. Y otras horas más para volver a ella y descubrirla, percibirla.

   Otro día, con Julio alabeando chapas, soldando.Tiene que terminar una escultura metálica para el jardín de un cliente. El trabajo es impostergable: tiene que estar listo para una fecha precisa. Entonces Julio no puede ir a casa para descansar. Detrás de una mampara, en un rincón del taller, tenemos extendido un bastidor con edredones, una almohada, una bolsa de dormir. Se despega ahora Julio de este camastro, después de una siesta. Enciende las luces en la madrugada; se cumple en un saludo para la pedraza blanca; y ataca el trabajo pendiente, la construcción metálica, con una amoladora flexible. Sigue en varias horas con detalles finales, pulido con las antiparras puestas. Ingiere algún bocado; lo hace evocando a la pedraza blanca. Después enseguida continuar con el ruido de las máquinas, para poner de relieve una terminación pulida. Tiene que descansar otro poco. Solamente falta poner algún color y ya está listo; a tiempo. Es mediodía, y la fuerte claridad hace relumbrar el mármol blanco, cuando Julio simplemente le da un mirada ritual, algo obnubilado por el cansancio, antes de tomar una siesta.

   Julio sueña o entresueña; no sabe muy bien como pasan las cosas; pero él está eligiendo publicaciones en la ribera del río. Raro que haya un viejito atendiendo un kiosco en ese lugar. Se levanta Julio y va a buscar algo; bebe un gran vaso de agua y vuelve a acostarse rápidamente. Para seguirse en un sueño deleitoso, donde va rastreando intrincadamente entre matas de pasto. En el rastreo de sus manos, se da cuenta de que no está solo en el descanso. Oye que se le dice algo importante. Tendrá que empezar a despertarse, para comprender del todo ese nuevo mensaje, proviene de la magia con las cosas que él fabrica: “Había venido para dormir contigo”. A su lado la pedraza blanca, que él trajo entredormido y “sin querer”, también descansa cubierta por los edredones. Lista para recibir su hechura, lista para desentrañarle inspiraciones, diciéndole qué hacer. Lista para descansar junto a él todas las veces que él lo disponga; encaminándolo para alejar las preocupaciones.


c) Roja, sólida, en la cripta


(fue inicialmente publicado en 2006-06-06)            

   Soy delgado, rubio, tengo 38 años. No me gusta el Audi; prefiero el Lear Jet para ir a lo de Tonina. Después no digan que no les cuento. Tiene 3 hermanos Tonina. Conmigo está Ludgi cada vez que voy. Tiene 32 y es altísima. Nunca comemos mucho ahí, hasta que nos llega el pedido. Preferimos ravioli espolvoreados de rosemary pigeon flowers. También lasagna. El Jaguar tampoco me gusta para ir. Está de colección. Entonces esperamos al pedido. Mejor volamos para ir de Tonina.

   Mis ojos no son grises. Pero comemos a oscuras y no nos importa. Después no digan que les miento. Me dicen Carpi. De pagarle al mensajero de la comida se encarga Jacinto, el piloto. No come con nosotros. Se queda en el avión y después duerme la siesta.

   Ludgi no me ama en el campo. Le gusta más el gato azul que prometerme algo. Yo prefiero con ella estar en la ciudad de noche. Al gato azul lo tiene Tonina sobre la casa siempre. Es de porcelana en el techo. Ludgi lo mira mucho y duerme soñando con él, me cuenta. Pero en la ciudad Ludgi me ama mucho y me llama Carpón.

   El menor de sus hermanos tiene 9, se llama Remigio y no canta. Ludgi no se equivoca con él. El mayor tiene 2l, la sigue a Tonina. Son cuatro con ella. Canta bien a la mañana el mayor. Con él sí se equivoca Ludgi. Me llama por su nombre a veces. Es algo raro pero no les miento, se equivoca.

   Digo poco de la empresa. Más cuidado tengo en el avión, porque Jacinto es un espía. Se va después al párroco que le toma nota, para contarle a Rendo, el brasilero. Tienen guayabos la competencia, y no les va mal. Cuando los reviente no se van a reir. Lo hago muy bien y después vuelo. Así se aprende. Jacinto cuenta datos falsos que yo invento. Les llego a los de Rendo como con una aguja larga telescópica. No se van a reir. Guardo serio la aguja en el bolsillo, es el Guión para trampearlos; lo voy siguiendo así no me equivoco. El dinero no me importa. Para llevarme bien con mis socios me sirve el dinero.

   Cambiamos de zapatos con ellos a veces; pero después no hablamos de los negocios; antes sí; con los socios. Treinta y ocho años tengo, y ojos lacres lacrimosos; me llaman Carpi; convenzo. Si no cenamos no duermo. Es triste: Tengo que pasar la noche haciendo cosas. Investigo; hago negocios con la otra parte del globo.

..."los puede atender, en una de esas"...

..."los puede atender, en una de esas"...

   Pronto nos vamos a ver. No se olviden. Hay mucho, pero todo eso ya es pasado. Viene el mensajero con la comida. Mi nube roja se vende mucho. Me trae buena suerte. Pero todo lo que les dije es cierto sólo dentro de la nube. Está en la cripta, es sólida, de piedra la nube, donde todo esto es cierto. Mi Secretaria los puede atender. En una de esas no hay…



Morón, 27 de julio 2009.

                        

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