Hipersalenas


# narra-breve-5\: ..”:azúcar, :ponerse, :fondo, :inaugural, :durmiese, :alto, :aclare, :avión, :donaciones, :equipamiento, :desahogo, :rango, :alba, :apagar”…

Narrativa Breve 5

Son reeditadas aquí tres piezas de junio y julio del 2006   
mudadas desde blog actualmente cerrado. SEM   

 a): Agujero Tutorado, Cuento: …”crujían y se arrastraban” – “cuenta la flaca” – “se ha traído la guitarra”…

   En su casita, rústico techo de fibrocemento, paredes de ladrillos bien terminadas, el piso también de ladrillos; mantas aborígenes desplegadas como una cubierta de bella dignidad sobre las humildades. Este espacio es la vivienda de Kico, que anda atento, oyendo y caminando un poco, mientras se cuecen unas hierbas.

   Kico escucha el acezar de Roberta, y lo que cuenta la flaca, tirada boca abajo en el colchón:

   -No había nadie corriendo en la plaza; nada más que el viento y las hojas caídas; crujían y se arrastraban; la noche estaba de terror. Preferí el subte. Mucha desolación y no quise impresionarme más-.

   -Pero; ¿qué pudiste ver por abajo?-, pregunta Kico.

   -En los salones había las reuniones de los revolucionarios…La proyección de las cintas, las mismas de siempre; en los pasillos con pantalla. Yendo y viniendo encontré corredores, chicas también como yo… Ya estaba más entretenida-.

   Una taza de té de yuyos para Roberta le dá Kico.

   -Ya tiene azúcar-, le dice.

   -Estaban funcionando además las pantallas nuevas en los joles. Mucha información sobre el Congreso Eucarístico. Y en los pasillos el programa era la cinta “Carrozas de Fuego”-.

   -Buena música la de esa película-, Kico que acota, que canturrea, y en dos pasos toma un instrumento para ponerse a tocar.

   -Segura que es música óptima, ya lo sé. Pero sin sonido, el programa estaba mudo, una tristeza. Para los cortes de avisos sí que daban voz a las pantallas-. Roberta habla un poco más tranquila, su respirar ya más calmo.

   -Pero que cosa. Y dime: ¿Cuáles eran las sonoridades?-.

   -Nada de divertido. Campanas eran; y jadeos-.

   -¿Jadeos como el trajiste al llegar? ¿Te acuerdas?-.

   -Bueno, algo así. Para los anuncios del Congreso Eucarístico las campanas. Y los jadeos para las propagandas de un linimento “Maxatratu”-.

   Kico tomó el violoncelo de entre otros instrumentos; y lo digita para hacerle sonar arpegios como carrillones, con intercalaciones mínimas de rapsódicas escalas bastante cursis, con matices orientales. Roberta bebe esa tisana brebajosa de hierbas. Oyen el trote de un sulky por la calle de tierra. Y como está amaneciendo cada vez más claro; hay los zorzales, las bandurrias, el benteveo; sonora musicalidad dentro y fuera: es de salir al fondo. Ganas de ambientarse en el entorno y la mañana.

   -¿Lo querés ir a visitar a Freddy?-, propone Kico.

   -¡Ah!; ¿cómo está?-.

   -Vas a ver que tiene una compañera. Vamos-.

   En el jardín trasero, se anda entre las plantas, con marcha acompasada por los rasgueos de Kico, que esta vez se ha traído la guitarra. Observan inclinándose cómo le vá a Freddy, al agujero Alfredo hecho en el suelo. El mucho afecto con que la circunstancia se ve embebida, para comentarlo….

   El pocito a la vista está mejorado, aprolijado, radiante de contento por las repetidas visitas que le hacen. Gente curiosa y amable; que le han plantado en el centro de su existencia, una preciosa bombillita metálica, (fue Kico).

   -¿Se podrán llevar bien; qué te parece?-, pregunta Kico, el responsable del emparejamiento; en un susurro.

   Roberta solamente indica con un gesto risueño su aprobación sentimental; que es una buenísima idea la del músico. Y la corredora bisbisea:

   -La piba, que afortunada; ¿cómo se llama la beneficiada con este suertudo?. Mirá-….

   -Sí; están bien ellos. ¡Ah!; se llama Rita-.

   -Dejémoslos tranquilos-, dice Roberta.

   Vuelta los dos andando a la casita. Unas palabras musicalizadas, las entona Kico, y con la guitarra suavecita. Son palabras sobre lo mucho que se aprende en la didáctica de las granjas, con la educación rural. Y las menciones en la canción, son para el arranque de una saga, deseosa de que se adopten agujeros. También instrucciones sobre como han de transportarse los hoyos a sus nuevos lugares. La cría y la reproducción de pozos se incluyen en la canción inicial de la saga, refiriendo a Rita y Freddy. Como que fuera un parecer, se dice, que son buenas, se canta: posibles mascotas son, pozos y bombillas.

 b): Todo era un avión.

   Los ojos se nos detenían sobre cada cosa. Y en todo lo que veíamos, se distinguían los granos, los poros, los relieves sustanciales, su tejido espacial. Nos esperaba la máquina peculiar para su vuelo inaugural, de presentación; una primera función para invitados. Por la pista andábamos en delegación, todos visitantes de Salteral. Y todos con vos, que nos representás para este vuelo. Vos junto al grupo de Invitados, todos concursantes al Festival de Cocina Agridulce. Y la gente de la ciudad anfitriona, allí está en la pista, con su Intendente, junto al Avión, en una recepción a los visitantes. Salteral, que con este vuelo de su originalidad, surgida del Taller de Inventiva de su Secretaría de Educación y Cultura…

   Allí está el director de estas innovaciones; y antes de que suban a la máquina, él les hace una breve descripción de la novedad. Vos escuchás lo que dice: del combustible comprimido, del sistema de espejos gravitacionales reductivos, de la firme liviandad de los materiales usados. Y no querés perderte en las explicaciones, porque es tu forma de ser la de descubrir, en cada serie de sucesos, a su raíz de intenciones afectivas. Atendés así al orígen del discurso por su lado esencial y social. Entonces así sabrás que esta pequeña ciudad necesita demostrar, convalidar su capacidad, su inteligencia en su modo de vida tan pintoresco. Y te simpatizan estos gestos, porque vos también, …con tu gorro y tu capa aborígenes, con tus comidas de boniatos y frambuesas…

   Las instrucciones del comandante de la máquina siguieron a la presentación del inventor. Les dice el comandante sobre como deben sentarse, como deben de sostener los cubiertos…mientras los van haciendo entrar en la aeronave…Y la aeromoza les indica que se sujeten a la cintura, la cadenita de los cubiertos; y el comandante se aleja hacia su sillín de piloteo. En eso vos, que seguís viendo en cada cosa sus fibras. Aunque pueda aparecerse la cosa como tersa y lisa, vos le ves la trama. Por lo que notás el temblor del comandante cuando se dispone para el vuelo. Pero el resto del pasaje, francachea con la situación, sin conciencia de las granulosidades que vos sí ves, inadvertidos del temblor…

..."se les piden opiniones"...

..."se les piden opiniones"...

   Un prolongado carreteo, pero entretenido por las instrucciones de la aeromoza; que esta vez son sobre donde hay que ensartar las respuestas del cuestionario, en el que se les piden opiniones. Y más instrucciones, para que se puedan servir en vuelo, de los anaqueles iluminados, donde tras los transparentes hay Masitas: …Que se sirvan los platillos de la celebración mediante un pendular de los cubiertos. La animación, todo gránulos, ya están en vuelo fuentes de corpúsculos luminosos, la vibración y el temblor de emociones, la turbohélice girando.

   Pero una parte tuya, aunque vos danzando con los trémolos de las canciones; una parte tuya, la observante, descubre que el comandante está atrás, junto a los pasajeros; una parte tuya que pregunta:

   –Pero Comandante: ¿Quién pilotea?–.

   –Uh! El pilotaje es rotativo. A la línea igualmente la verifica el avión automáticamente.

   –Ah!…Usted debe de estar enterado: ¿Va a haber otros aviones como éste?. Dígame–.

   –En eso están. Pero no duplicamos a éste. La Secretaría está construyendo otro modelo con más hélices; pero con más motores por hélice; una especie de támden más vibratorio, aunque de otra frecuencia; más vibraciones, mas livianas–.

   Poros que se abren y cierran, latidos acelerados, luminosas intermitencias de toda fibrosidad, nudos de las redes ocultas en cada cosa, nudos pulsátiles, poros lumínicos en cada grano, -cada gránulo por sí mismo tan importante-. Lo que podés ver en tus observaciones; que las encubrís con tus giros de danza; disimulada entre tus colores; el giro de los cubiertos; entre los bullangueros pasajeros que celebran, que cantan, que degluten contigo las masitas. Y en tu observación ves a un señor normalmente en un asiento, que aún con tanto ruido, como si durmiese.

   Cuando le preguntes al Comandante por el pasajero diferente, él te susurrará:

   –Lo estamos llevando de vuelta de donde vino. Es un muerto. No lo comente. Sólo usted se pudo dar cuenta. Si no les dice, nadie lo va a saber…

   En este aparte, vino la aeromoza, para decirte que es tu turno de asumir el pilotaje. Afortunadamente podés alejarte del momento sombrío donde el festejo alrededor, las ocurrencias, el entrechocar de los cubiertos revoleados con sus cadenitas…Y en el sillín de pilotaje seguís observando, solicitándole, al Comandante que te acompaña, precisiones, detalles de la construcción del aparato, razones para el homenaje; porque le comentás lo que vos ves:

   …De cómo detrás de las cosas, su raíz, su orígen, en sus moléculas palpitantes, ahí precisamente en esa máquina…De cómo detrás de las palabras, detrás de los materiales, junto a la celebración…el muerto.

   –…Pero…si lo trajéramos acá; estaríamos más tranquilos-, te plantea el comandante.

   –Escuche; yo ahora en posición de manejo–, te irrita algo la solicitud, en la cabina que trepida..

   –…tengo que ver y fijarme, mirar bien las luces en cada poro, cada elemento con su luz–.

..."Todos se afirman en sus asientos"...

..."Todos se afirman en sus asientos"...

   Mirar bien atentamente a las estrías de luz: que los aguijones granulares de la hélice al girar; observar fijadamente que la hélice, que el eje de la hélice afloja granos, granos que comienzan una dispersión. El comandante, que se había reclinado junto a vos, ahora abre bien los ojos, alarmado. Le cedés el mando

   Volvés donde está el festejo; sólo para observar que ahí también se desagregan las cosas. Y gritás: alborotás que se empieza a desarmar la máquina entera, por esos poros; que se escapa en luz la cementación, la coherencia del avión. La aeromoza impone tranquilidad con pocas palabras fuertes. Todos se afirman en sus asientos; con espanto revolean los ojos. Se desmenuza esencialmente todo el paseo, toda la acción de paladear el vuelo. Y la gravedad de las sustancias que se fragilizan; ley que pesa; se expresa en los estentóreos lamentos de todos, menos del muerto.

   De vuelta con el Comandante, él te dice que la hélice se está desmerengando, que acaba de desprenderse; que va a llevar el avión planeando para elegir, en lo posible, adonde aterrizar de emergencia.

   En la falda de una colina, como que cayesen ahí. Pero lo que se da realmente, es un contacto breve y desparramado, con el terreno pedregoso, entre unos pastos altos.

   Silencio entre los restos del avión diseminados, con todos los elementos separados aparte. Tapizados, metales, plásticos; todos adelgazados, debilitados; pero que aparentan haber dejado de pudrirse. Pareciera que las cosas ya no se agusanasen con su propia luz quizá se detuvo la degradación por la detención del vuelo; quizá por el poder curador de la tierra adonde han vuelto. Aunque a los viajeros parece no haberlos dañado el accidente, ni la degradación que llevó al accidente. No tienen daños físicos, no falta nadie. Comprobación hecha por el comandante y la Aeromoza. Y están todos enteros; si bien el tremendo shock. La gente retraída, plegada. doblada, medio sepultada entre los pedazos del avión despanzurrado, abierto, partido como un cascarón de pétalos tecnológicos. Se apartan agazapados, de entre los sobrevivientes que comienzan a comunicarse con gemidos, la aeromoza y el comandante.

   Lamentos por el accidente. Imposibilitados de moverse, vencidos, los pasajeros tratan de encontrar razones, las causas de que su avión se desagregase:

   –que el aparato no estaba preparado para ir tan alto-
   –que los materiales se fatigaron-
   –y que si fue por la fatiga, debió ser porque alguien miraba demasiado, que a las cosas no se las mira tanto — que allí donde puso los ojos quien mirar así quiso…-
   –ese que se apartó de cómo celebrábamos…-
   –que por ser tan detenida cuando mirás, quizá vos….-
   –Allí donde puso ella los ojos trastornó las ondas intraenésimas pertomoleculares-
   –que vos secuestraste en tus cincunvoluciones, toda la calesita subatómica de este avión..-
   –…¡Arruinaste nuestro viaje!…–

   El comandante y la azafata, aparte, murmuran calladamente.

   Y vos con tu curiosidad por lo susurrado; y afectada por las acusaciones; te apartaste de los gemidos hacia la conversación privada. Ahí recordaste. Entonces vas a decirles a todos, deschavadamente, si sabían que….

   –¿Sabían que la muerte iba en el avión?!-.

   Dudas silenciosas: ….”¿De qué habla?”…

   –Porque el pasajero dormido… ¡Un muerto de contrabando!-.

   Los invitados buscan a la tripulación con los ojos. Los contemplan con una resignación callada y acusadora. Cuestionan al comandante para que aclare si es cierto esto que vos decís.

   Cuando el comandante, en una calma afirmación imparcial, respalda eso que has dicho; entonces se van animando para levantarse, para moverse buscando el cuerpo que referis. Pero que no lo busquen; les dice la tripulacion. Que ni el comandante ni la aeromoza pueden explicarlo. No saben como pudo pasar. Pero Ese es el único que falta de todos los pasajeros; sólo Ese falta.

   “Quizá nada malo siga sucediendo”

   Se hacen tales comentarios: “Se habrá apartado la maldición…” Pero agregan: “¿De que nos servirá el alivio?. No tenemos avión. En un lugar extraño. Sin gente que nos ayude”.

   –Ah!. Eso sí que no. Sí que hay gente-, les decís.

   –Sólo tienen que mirar y pensar. Y la van a descubrir….¡Los pastos son la gente!-, les aclarás.

   –Porque es maíz-, abrochás: –La gente del maíz; con quienes saldremos de esto. Para que después también seamos gente del maíz, con quienes eso siempre siguieron siendo… Así seremos; así saldremos.

 c): Area Minera:… -area-minera-nos-relata-slogget-…

   Tuvo que dejar la osera, con sus crines puntudas como alambres, buena amiga tipo Osa. En un asiento de ómnibus logró que la transporten hasta Slogget. Algo irritados por los pelos pinchantes los pasajeros.

   Al llegar al campamento minero pasó por el almacén, eligió su ropa leñadora. Se vistió para no escuchar más quejas de sus púas pilosas. Decidió entrar en la Cantina. Con hambre los mineros, con su ropa de frontera la Osa; sin el cantinero, que había salido a la recolección de silvestrinas. Capturas que al volver colocó en curación el cantinero, para poder preparar cuasi-chocolate con ellas. Bien elegidas y ocultas están las zonas acotadas donde acechar silvestrinas de copetes peligrosos. Pronto van a comerlas. Mientras tanto beberán cubiletes de costoso jarabe. Pagaderos por los naipes, cubiletes y unas gachas tostadas: Al que pierda el juego le tocará pagar.

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   De vez en vez hay un escrutinio que caldea los ánimos; se aumentan las apuestas. Que circulan en pizarras de mano en mano. Las pizarras se ocultaron de cara a la pared, cuando atropellaron los bomberos de Slogget al interior de la cantina.

   Buenamente presentes para solicitar donaciones, los mineros sólo encuentran una recia danza. Los mineros sonrientes y la Osa afectiva con ellos, bailan exultantes para disimular. Es atentamente observado el artístico desplazamiento por los bomberos. Quienes comentan necesariamente de su propia irrupción, que es una manifestación solicitaria para conseguir su equipamiento. La protección contra emergencias está desguarnecida. Apabullantes locuciones se entrecruzan, con expresiones de Osa y danzarines sobre sus apuros y carencias. Se amalgaman las necesidades y se llega a la pasta del momento: a recorrer unidos los pasillos de la casa de huéspedes, mismo edificio que la Cantina.

   Caminan los pasillos dando voces y levantando donaciones de los habitantes. Les va bastante bien: suficiente dinero, algo de ropa útil y un racimo de mazas. Mazas adecuadas para el desahogo de los bomberos con las sombrereras truchas. Instituciones oficiales les habían asignado estos decepcionantes chascos. Las sombrereras que supuestamente debieran de contener cascos de bombero, en cambio llevaban dentro muñequitos de guiñol; “puestos ahí para confundirlos”, decían los bomberos.

   Para alejar de sí la burla; con las mazas se dedicaron enérgicamente más allá de lo necesario, en el jardín por frente a la Cantina. Contundencia del chafado y destrozo que arrebata a todos.

   Los huéspedes bajan y salen y se suman con la Osa y los bomberos de Slogget sobre el cesped. Concurrencia minera sobre el sumamente mullido colchón vegetal, apto para el rango y las carreras de carretillas que siguen. Jardín frontero de la Hostería donde aparece por fín el hospedero con el chocolate de las silvestrinas. Aquietados todos colocan las popas sobre el cesped sin problemas a beber el “chocolate-silvestrina”, es compensación.

   Mineros y hacheros de Slogget, junto a la Osa, afectiva leñadora, se quedan sentados comunicándose las novedades.

   Necesidad de acercarse a la Mar, ondeante naturaleza que murmulla. como el cesped que se insinúa vibratorio al crecer así verde marea vegetal. La Osa se brota. La Costa no está lejos. Los bomberos pueden darse por enterados del deseo de la Osa. Se llegarán también a la Ciudad para solicitar el justo equipamiento. También los mineros junto a ellos van a peticionar nuevos terrenos donde catear. Combinan todos encontrarse para la manifestación. Repetirán en la Ciudad la movida de danza que les salió bastante bien. Va a ser una manifestación tipo comparsa. “Todo muy bien pero me tienen que pagar el chocolate”, tercia el cantinero ante la partida de la compañía. “Además no me pueden dejar las sombrereras chafadas en el campito”.

   La partida comprende las razones. Juntan todos los restos del desquite. Pero el pago tiene que esperar a que en la Ciudad se los ayude. Van a prepararse y lograr el mejor desfile danzarín. Recolectar donaciones por las calles. Alcanzar a tener lo necesario. Todos están de acuerdo, hasta el cantinero: “lo desconocido parece ser mejor que lo trillado”.

La Osa pasará la noche junto al mar, bien abrigada. Está chocha la animala, recubierta de sus capas de piel, pelos y rústica ropa leñadora. Pasó la noche escuchando sonar las olas. Los bomberos, al día siguiente en la Ciudad, van a esperar con la Osa, a los mineros que llegan de Slogget en el primer ómnibus de la mañana.

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   Todos se ponen a trabajar sinceramente gregarios en la danza y manifestación. Se colocan números. Hacen las evoluciones previas. Se dan rotaciones, saltos. gritos, rodadas… Todo preparado. Y con coraje a las calles. El desfile se va dirigiendo a los palacios del gobierno. Por las calles vienen corriendo y danzando. Se ven cabriolas. La Osa junta donaciones. Ya frente a las múltiples ventanas de los palacios; los manifestantes reclaman lo necesario para poder justamente trabajar. En un estilo inefable acometen con un espíritu temerario a las consignas coreadas.

   En los antros palaciegos reina la astucia oscura. La banda de estos palacios responde a la gente con otorgamientos particulares que saldrán de sus bóvedas clausuradas. A estos beneficios se adhieren bastantes. “Tienen que dejar de saltar”, se les dice, “y tendrán lo necesario”. Cascos nuevos; y terrenos minerales nuevos, para los mineros. “Pero no saltar, no comparsa”. Unos pocos comentan: “no alegría”; y la Osa con ellos, que deniegan transacción: “vida técnica triste y traidora, no queremos eso”. Vuelta del grupito enseguida a Slogget.

   En el retorno, la Osa y pocos más, han pagado al cantinero. Algo hablan reservadamente en la Cantina; y esperando están un nuevo día. Momentos después llegan cargados con las entregas, los que aceptaron calmarse con las cosas. Y precisamente estos así capacitados no dan tino cuando estalla el desafío. No se motorizan para el alba, cuando en Slogget arde el fuego en las colinas.

   La ignición en los bosques cerca de Slogget se acompaña de estremecimientos telúricos y de algo como un caramelo ardiente que baja hacia las casas. En la Cantina no saben lo que hacer. Los beneficiados no pueden salir del marasmo estupefacto. El grupito con la Osa sigue en una espera pensativa, ahondada, como en frasco. Se subleva la tierra en remezones-expansiones-contracciones. Y el humo…

   Suelo, gente, cosas en sístole-diástole del mundo. ¡Las minas se pueden desplomar!. Nunca antes tan desencaminados, los sloggéticos seguidores del convenio. Los apabullados discuten cuestiones técnicas: en como apagar los fuegos; O si volver al palacio con esta novedad; Si los ayudará el gabinete; discuten con gala, demudados; y sus equipos tan nuevos. Una coctelera hay en sus cabezas y Slogget es una coctelera caldeada.

   Protesta la Osa, brama y pone claro cual es el quid resolutorio. Cesa el dislate en la Cantina. Se aquietan, oyen. Una fresca ráfaga caladora produce entendimiento. Porque la Osa cuenta y obra sobre el tiempo y las cosas. Animación con el grupito de los fieles. Giran danzan y celebran serenamente.

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   Cambia el contacto con los sucesos. Con la alegría de las danzas y decires cambia el modo de todas las cosas. Luego los otros se van sumando. Mutan el fuego y los temblores. Vientos de calma en las colinas. Un sedante y frío respiro juvenil.

   Desde la Cantina, con los animados cantos y giros, los huéspedes, la Osa, el cantinero, son indicados chamanes del espíritu vivo. Y acaban con el caos. Desastres aplacados en el área Slogget.

   La Osa con su gente. Se van a poner trajes húmedos de buzo que les dio el palacio. Vestimentas escarlatas que son como más cuidados y cantos para la vida. Del desgaste sólo queda una parte natural. Slogget puede avizorar su buen destino conectada con lo que es…



Sergio Edgardo Malfé   Morón, Prov. Buenos Aires, Argentina, 2009/06/18 


       
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