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# narra-breve-9: …”desvanecimiento, ..usuario, ..pregunta, ..conviene, ..estofado, ..pernoctar, ..meteórico, ..rememoración, ..radiantes”…

Narrativa Breve 9               

Las piezas en esta página habían estado públicas en febrero, marzo, abril, de 2008.         
Actualmente son relocalizadas y reeditadas.         


         a): Brote del Momento Mullido.


”Si supiese que es lo que estoy haciendo, no le llamaría investigación…”   

Albert Einstein   

   Era de no creer. Me había encontrado con una tal proliferación de almohadones en ese altillo… Fue entonces cuando casi me dió un vahido, al encontrar esta parte del legado. Con una maniobra de esfuerzo evité el desvanecimiento. Porque no sólo me hago cargo de las cosas legadas por mi familia; sino que tengo asumida la tradición científica y técnica de todos ellos. Es un cuerpo de conocimientos muy prácticos, que incluye a la manera calisténica para salir de un mareo.

   Comencé, ya repuesto, a desaltillar los almohadones, docenas de ellos, algunos de raso negro. Supuse que estos serían buenos inductores para una siesta profunda. -Pero, …no se ría; no vaya a creer que nunca va a necesitar almohadones. Hay modelos actuales muy cómodos para llevar al cine, rellenos de copos de maíz inflado… Me enteré de tantas otras cosas similares después-. Pero retomemos, …estábamos en el hallazgo.

   En esa parte vieja de la casa legada vivía el Tío Cayetano. Nunca se supo nada más de él; porque se desvaneció en los años de posguerra. Las historias sobre Cayetano que me habían contado mis hermanos, hablaban de cuando daba clases de dibujo náutico, y de su capacidad innovadora -cosa que en el hallazgo se me se confirmó-.

   Lo más importante estuvo en los biblioratos, donde en cuidadas páginas ahí archivadas, el Tío Cayetano había acumulado bocetos, descripciones del proyecto, recordatorios sobre sus distintos aspectos. Había recomendaciones para el uso de distintos cojines con vista a distintos propósitos. Cayetano aspiraba conseguir clientes.

   Para usar como almohadón “custodio”, el Tío aconsejaba en sus escritos al futuro usuario, que portase el modelo de loneta azul, relleno con crines. Fuí a buscar, por si hubiera alguno escaleras abajo, entre la abundancia de colores y formas que había yo desaltillado necesariamente. De esta forma me había posibilitado el paso al pequeño cuarto, encontrar estos escritos: “Es conveniente llevarlo envuelto en papel de estraza” (Cayetano así se refería al “Modelo Custodio”): “Mucho más inofensivo que una mascota canina, especialmente relleno con crines animales, es efectivo amortiguador y bloqueador para cualquier exceso afectivo en calles y plazas, con sólo dejarlo interponerse entre el vecino y uno, acción para la que el cojín está debidamente entrenado”.

   –Tío, realmente te pasaste–. Ya estaba yo conversando a través del tiempo con Cayetano. Y ciertamente me encontraba, ahí donde los había arrojado, en el piso del patio, con un atado de almohadones azules, redondos, un botón en el centro, con unas cabuyas doradas.

IMG’: La figura del Tío en una dramatización actoral, es de “Scientifik Familie“, fuente: www.pattern.tv

Un señor con puro aguante en el avance de la ciencia

   Tenía a la vista tantas formas y colores encimados. También telas enfardadas, ya cortadas, listas para el relleno. El material para este relleno era decisivo -como lo iba columbrando con mis miradas a los biblioratos-, para el funcionamiento y la vinculación entre el almohadón y su usuario. Al continuar revolviendo este batiburrillo mórbido, pude dar con un atado de planchas, que fueran de flexible y elástico caucho. Ya la goma se había puesto quebradiza, sin propiedades, se me deshizo al manipularla.

   –¿Qué querías hacer, algo impermeable, Tío?–. Revisé las páginas y el Tío pronto me lo aclaraba:

      Inflables: Sugestión de pneuma evocado por personalidades sopladoras. Funda estampada con el retrato del auspiciador. Negociar con ellos. Pistas:

      Deportes: Obdulio Varela – Jacobo Bolbochán – Ettore Bugatti
      Espectáculo: Niní Marshall – María Félix – Clark Gable
      Arte – Pensamiento: Antoine de Saint Exupéry – Roberto Arlt – Quinquela Martín –

      Válvula-Tapón: ¿a presión o a rosca?.
Pegamento-Sellado: Averiguar”
.

   Esto era lo máximo. En ese momento busqué donde sentarme. Lo hice en la escalera del altillo. Sin dejar de mirar los almohadones y las telas. Ni tampoco abandonar la observación de las páginas. Llegó a ocurrírseme una semejanza, como para hablarlo al brote con el Tío Cayetano:

   –Entonces, Tío, podría ser que nuestros gobernantes actuales, si no me equivoco, estuviesen apoyando sus cabezas, sobre cojines insuflados por las emanaciones de dirigentes, banqueros de otras tierras. Sino; ¿cómo se podría entender esto que se rumorea: que quieren tender un “Tren de Alta Velocidad”?–.

   Para mi pregunta, Cayetano no iba a poder darme respuestas, pero, …¿quién podría?. Porque en un país con este desequilibrio poblacional, con un amontonamiento obsceno en la Ciudad Grande, un país donde cabría tender ferrocarriles normales, para ayudar a que la gente permanezca en los campos, o vaya hacia ellos; ¿para beneficio de quienes en otras tierras, beneficio de cual proyecto desigual, se puede delirar así con hacer ese TGV, en una contra absurda de nuestras necesidades globales, en contra nuestro? Pero es muy posible que haya de ser un rumor, esto del Tren Bala, algo que seguramente no ha de estar presente en la buena voluntad de nuestros gobernantes. Un rumor sólo existente dentro del relleno gaseoso de unos almohadones que se desinflarán. Habría de ser sólo palabrerío.

   …Y ahí estaban, frente a mis meditaciones, las cosas de Cayetano, aficiones que tuvo que abandonar. Una serie auriverde representaba enormes hojas festoneadas, como de árbol Ginkgo.

   –¿Para soñar con paseos campestres; no es cierto, Tío?–. No comprobé la endo-aparición de estas imágenes. Pero al tocarlos, pude sentir el relleno, de fibras vegetales.

   Había muchos otros, unos en forma de corazones, los que al abrirles la costura, vi que tenían como relleno cordones de lanas rosas y celestes.

   Y ahora, en medio de esta “legación”, tengo que conseguir donde meter todo esto. Lo más normal sería en un guardamuebles, …pero esto no me trae buenos recuerdos. O un container, y así llevarlos a la Sierra Dominica, por desesperación. Porque la casa pronto se va a demoler.

   Ya pasó mucho tiempo, pero quizá el Tío –cada uno con su almohadón-, quien sabe, de alguna manera pueda Cayetano volver, sino él, sería en otra forma. Cada uno con su almohadón. Planearíamos para los malos mandantes un modelo especial, un almohadón dramático, para que lo lleven a sus psicoterapias.

“Cosa una es ser el pato por las plumas,   
cosa otra ser las plumas desde el pato”
.   
Julio Cortazar.   


b): Pensión “Cada Paso” -relato-.


…”Y sin embargo debía haber una contraseña, algo que permitiera   
quebrar la barrera de la rutina y la indolencia   
y acceder al fin al conocimiento, a la verdadera realidad”.
   
Julio Ramón Ribeyro, en “Silvio en el Rosedal”.   

    Lo primero fue tu necesidad de un lugar. Fuiste buscando lo que necesitabas; tenías que encontrar un lugar nuevo, que para vos fuera terreno desconocido. Se te hizo imperativo; y aparece todo .

    De los avisos de oferta, habías seguido el rumbo para este barrio. Se te hace que es el lugar justo: un cuarto de buenas medidas, con una ventana a un patio. Vas por una galería junto a los postigos de otros cuartos, y escaleras arriba, querés enterarte bien de todas las comodidades. De entre todos los pensionistas, algunos intentan un meticheo en la novedad; se han asomado con ánimo de participar. Y esta señora que parece ser la encargada, con gestos de autoridad les indica desde el pasillo a los atentos vecinos: Será ella quien atenderá la cuestión.

    Hasta con cierto afecto de parte de la señora; te quiere hacer ver que te conviene decidirte pronto a tomar el lugar: “Va a dejar de estar vacante enseguida”, ella ya sabe: “Va a haber muchos solicitantes; el barrio es de buen nivel; es un vecindario que está muy bien surtido”. La señora habla así de los comercios del barrio, en donde vos, “nada vas a echar de menos”.

“Vas a caer muy bien entre los pensionistas, yo te aseguro”, te va diciendo la señora. El cuarto te gusta, es como una buhardilla. Ella estuvo, te cuenta la alta encargada, en esa playa de veraneo, allí donde vos quisiste visitar. La señora te lo dice porque van conversando, del sol de estío que entra por la ventana, y de como estuvo la temporada. ¿Te vas a decidir si te mudás o no?   

Sentís que la señora te ojeriza por momentos; para enseguida contemplarte benévola. Se te mueve rápido de una conformidad y placidez a un duro juicio escrutador y escondido. ¿Vos vas a querer demostrarle algo?   

Te está diciendo adonde podrás ir a comprar, cada cosa que necesites; de mando sutil esta regenta. Pero, …ya querés irte por tu casa, y poder pensar un poco, en tu entorno habitual. Argüís de un compromiso previo que debés de cumplir; y le decís que “igualmente tenés que pensar un poco en todo”. Debés de poner las cosas bien, es esa tu intención.   

    Y ya cuando estás a solas, sentís que debés poner asimismo las cosas bien con la señora. Convencerla de tu reciprocidad de afecto por ella; poner más vibraciones en una relación más enérgica y vital con la encargada. Todo lugar para alquilar le alquilarás. Sentís que es de tu ley mudarte a la pensión. La encargada va a ir sabiendo de tus méritos; terminará por tenerte un total aprecio. No te quedará ningún futuro, pero es tu ley. Con vos no habrá ninguna de tus atesoradas libertades; comenzarán a erguirse inhibiciones, cosas que creías superadas.

    Sea como fuere, te decidiste, y andás por el barrio de nuevo. Pero por un resquicio , …llegás a pensar que ya mostraste bastante acción. Entonces, cuando te encontrás con la señora, alta encargada, le preguntarás a su mira de cuidado, si no te quiere acompañar. Para que puedan compartir acciones, ella mostrarte adonde quedan los negocios de productos dietéticos. Hay misterios de estofado que aroman el hall de “Cada Paso”. Con una sonrisa azorada en tu rostro tenso verás que ella te entiende y acepta tu salida.

    ¿Qué irías a hacer de ahora en más?. Te columbrás en un exceso de tu vida juvenil. Y en el mismo tono, tus resoluciones quizá no vayan a ser, las mejores.

Nota: Años atrás, en zonas rurales rioplatenses, se decía de alguien, que estaba con la “Pensión”, cuando lo emergente de la persona era pasarlo en meditaciones, siempre cavilando. El término es un derivado de la acción de Pensar. Fuente: C.A.Moncaut, “Medicina Casera…”; Revista “Todo es Historia”, Buenos Aires, julio 1994.


c): Horizontes limpios.


…unos ojos enormes, llenos de acontecer espiritual.   

Günter Grass   

    El comité científico de la empresa había estipulado las condiciones. Aún no era el tiempo. Había que reunir más especímenes. El polvo meteórico capturado en su relumbro por las fieras miradas, todavía no era suficiente para hacer descender al Globoglobos. La luz zodiacal comportaba una carga de polvo a describir, la que era revelada en las declaraciones de los tripulantes. Por eso la convocatoria los tenía alineados a casi todos, en la vecindad de los tinglados aéreos.

    Los trámites continuaban por encima del murmullo ronco. La madrugada ya había dado paso al más bello amanecer. Pero no todos estuvieron de acuerdo en cuanto a lo incomparable del día que comenzaba. Uno de los tripulantes opinó: “Antes”, decía Trameshook, “tuvimos en tierra mejores clareos”.

.."mejores clareos".. Img:Sunset-N.Pole

.."mejores clareos".. Img:Sunset-N.Pole

    Algunos corros se habían formado, donde la copa aeróstata pasaba de mano en mano. “No vaya a creer que son mejores los amaneceres en tierra”, comentaba el veterano Iridhobu. Y ponderó esa nostalgia de Trameshook con el hecho de la costumbre cromofágica adictiva. Porque en tierra la gran diversidad de colores cercanos facilitaba el conformismo fácil. “No es lo mismo en las misiones”, le agregó Iridhobu; “aquí se aprende a distinguir matices”.

    El conjunto de globos flotaba en calma . Los visualizadores ya estaban acostumbrados a pernoctar en las barandas. ¿Cuantos amaneceres más antes de volver?. La plataforma colgante, el Globoglobos todo, estaba muy seguro, con su usual y firme navegación calma y contemplativa. Para una mayor seguridad, llegado el caso, los tinglados podían desarmarse y arrojarse al vacío, si un desborde del clima lo hiciere necesario.

    “Descríbamelo”; le había llegado el turno a Trameshook, y el delegado lo interrogaba, cuando la observación la hacía el oftalmoscopio de rememoraciones, minuciosamente programado para la tarea, redactando por si mismo el informe. Entonces los dichos del tripulante eran cotejados en su veracidad, con la aceptación o no por parte del implemento. El sondeo en las huellas profundas que de la visión hace el penetrante aparatejo, no deja dudas sobre la cantidad de polvo meteórico que el tripulante miró e intraproyectó para la rememoración.

    “Ya son 60 toneladas, sumando los gramos de incidencia de este hombre”, dijo Vorrungher, el delegado, dirigiéndose a Téctito, uno de los Grandes, que presidía la mesa.

    La irrupción de una turbulencia estaba haciendo inestable la oscilación pendular de la plataforma colgante. “Que se encargue Iridhobu, que los tripulantes retiren ya las patas del borde”, gruñó el Grande: “¡Cáspita!; que no se nos vaya a caer ninguno”. De hecho, cuanto más alto el Globoglobos fuese, más seguro era. Pero el enrarecimiento en el columpio podía llegar a producir escenas calamitosas, como una vez, en otra misión, fue la gresca con martillos de geólogo.

    “¿Descendemos?”, preguntó Vorrungher. El Grande caviló un corto tiempo; y aquello que lo hizo tomar una decisión fue la cercanía de nubes de agua. “Está bueno”, respondía Téctito: “Pero hágame un favor, Vorrungher, suminístreme un alicate por un momentito nada más”. Fue instantáneamente que el delegado le alcanzó la herramienta. Y con ella Téctito cortó los cablecitos de su marcapaso, para arrojarlo enseguida lejos por sobre las barandas.

    En un tris de azoramiento estuvo fijado, con seriedad, el grupejo de junto a la mesa. La mirada en torno que regaló a la tripulación el hirsuto y obeso Téctito, no daba espacio para plantearle dudas. “Sí que está bueno”, se distendió el Grande: “ya envirtuamos suficiente peso, hemos conocido de distancias y con ello sabremos hondo y mejor de lo nuestro más cercano; y vamos a tener un descenso con las gotas de lluvia. Adelante”.

    Ya se mojaban los maderos de la plataforma. El núcleo de comando del Globoglobos se arracimó bajo un tinglado con un abierto vocerío; y dió comienzo a la maniobra. Al arribar ya iban a ser los anhelos para que contasen cuanto habían visto, flotante el polvo de los carruajes entre los kioscos, esa espuma, las telas tan bonitas, y los concurrentes con el templar luminoso de sus sombreros radiantes.


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Morón, Pvcia. de Bs. Aires, 2009-07-05, SEM


2 comentarios so far
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