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# narraciones-breves-10: ..”prepararse, ..vacío, ..jardines, ..abismales, ..oscuridad, ..danzarina, ..saludarla, ..control, ..tabletas, ..incomprensibles”…


Página 10 de Narraciones Breves, recuperadas desde mi localización anterior en sitio que ha cerrado (L.C.), aquí reeditadas.

a): Planes de otra cosa.


“Pero el gato todavía no ha tenido ningún papel, que yo sepa; por lo tanto, sólo se puede tratar de un error…”
Alain Robbe Grillet.
“Mi luz anduvo vagando por aquel universo; pero yo no podía alegrarme”. Felisberto Hernandez.

   No sabemos por este clima lo que podría pasar: si tendremos un tormenta nítida; o si continuará la prolongada indefinición. Poco se puede pensar de cómo prepararse, o para qué prepararse. Sobrevienen ráfagas nubosas y húmedas. Pero enseguida un calor rojizo y solar nos hornea. Caen unas pocas gotas. Hay vientos de una lado para el otro. Vaharadas calientes y celliscas se alternan… Escarcha en los techos y sol en las manos… Entonces mejor nos despidamos del caos.

   ¿Por qué no entramos con nuestro amigo; por qué no entramos en las escaleras del Subte? Bajemos a este vacío, donde miraremos lo que se dé, con nuestro guía. A nuestro amigo de mameluco le dicen “El Mono”. Lleva su bolsa de compras. Ahí vamos, con nuestro cargamento de trozos de carbón pintado. Carbones dificultosamente policromados. Un destino para los carbones; otra finalidad, que altera los designios rutinarios.

   Y ya estamos en los vagones del tren subterráneo. “El Mono” está sentado, su figura se refleja en los espejos, con él estamos, trasportados por los túneles. Luces intensas, frías y movedizas rodean al “Mono”; junto a los ruidos de los rieles y vagones, con la fricción de los cables y las ruedas.

   Ese vértigo subterráneo del movimiento en el túnel bajo el río, se acompaña de un arreglo rítmico, en un transcurrir de planes paralelos, en la cabeza del “Mono”. Simultáneamente, otros tantos trenes se hamacan en corridas y detenciones por distintos túneles. Corre en la sesera del hombre sentado, con su bolsa de carbones pintados, la oscilación de ideas, en una corriente polícroma, pastosa y marmolada. Hace planes para los jardines subterráneos: “Se pondrían unas lámparas que den crecimiento a las plantas; algunas enraizadas en los ámbitos abajo, otras visibles desde la superficie al entrar por las rampas”. Otros planes circulan en movimiento simultáneo; como la disposición de los carbones pintados en hornacinas adecuadas. Carbones pintados que flotarían en cámaras, sustentados por corrientes físicas. “Mono” también planea dormir un poco, mientras el tren corre.

   Y el dormir del “Mono” coloca contenidos. Aparecen así las Construcciones Subterráneas, bajo el ancho río que atraviesa el Subte. Las construcciones son torres invertidas, completas de maquinaria. Allí están las tuberías de las Torres Invertidas, que inyectan sus fluídos ingrávidos rojizos, en profundidades abismales. Serían construcciones que diesen referencia a intensidades de cierre, con un ritmo gigantesco, percusión silenciosa.

Pintura al fresco rescatada por excavaciones arqueológicas en Akrotiri, isla de Tera, Grecia. Datan de hace alrededor de 3500 años, Img. Wikimedia.

Pintura al fresco rescatada por excavaciones arqueológicas en Akrotiri, isla de Tera, Grecia. Datan de hace alrededor de 3500 años, Img. Wikimedia.

   El “Mono” sale del sueño; y se impone al despertar, que hay grupos de trabajadores, cuadrillas hacia sus tareas. Son varias bandas de pintores, que viajan en el tren. Que ya dejan el tranporte y entran en direcciones distintas por las galerías subterráneas. Van con sus latas de pintura y sus brochas y pinceletas. El “Mono” baja del tren y los sigue y atiende: a cómo intentan reflejar en los muros sus casas hechas de almidón. Un hombre principal, de barbas y cabellos rojos, va supervisando por las galerías, a las distintas tareas de pintura.

   Por pasajes y escaleras baja y sube el “Mono” con su observación. Va con su tormenta interior, que se calma cuando marcha un tiempo donde el piso es de espejo. Ahí también pintan y decoran. Y algo más sereno entra a un lado el “Mono”, a un cuarto de vidrio con vasos de colores: Cristalería, centenares de vasos de distintos matices… Desde allí puede seguir viendo a las cuadrillas en tareas alrededor…

   …Con sus latas de pintura… Ilustraciones litografiadas en las latas que portan las cuadrillas… Estampas de coleópteros; que cuando se abren esas latas… Salen tormentas de algüaciles y langostas… Y el “Mono” enseguida planea guardar los volátiles adentro de los vasos de colores… Amortiguar el zumbido de los saltos y vuelos cristalinos… Amortiguar al sonido como de campanillas que despiertan… Que huyen los insectos por los pasadizos afuera a la superficie… De su vuelo oscuro bajo tierra, salen a otras tormentas, a otras incertidumbres.

   Son situaciones inciertas que se parecen ciertamente a las dudas por las tareas dificultosas. Cuestionables en su sentido: pintura sobre carbones, también sobre muros húmedos. Pintura que terminará pronto descascarándose inútil. Incertidumbre del sentido de seguir haciendo cosas…

   En su discontinuidad desconectada nuestro guía; se pondrá en reflexión atenta de su propia realidad… ”¿Para qué ha de ser todo tan práctico y asertivo?”, ésta va a ser la pregunta que el “Mono” se formulará. Así que se movilizará realmente. Va a dejar la objetividad, va a poner el centro de gravedad en su propio movimiento… “¿Para qué afirmarse en tantas creencias? ¿Para qué hacer todo tan cierto?”. Entonces es como si el “Mono” superase al descanso, como si superase al cansancio.

   Se vuelve el “Mono” a los andenes para agarrar a uno de los trenes en su ronda. El cuarto de los vasos de colores queda atrás, llenándose de agua. Queda con una inundación que casi cubre la cristalería, pero no totalmente. Detrás del “Mono” lo sigue la cuadrilla y el hombre pelirrojo. Ellos se despiden del cuarto inundado. Se despiden con reverencias, inclinaciones silenciosas que hacen al subir las rampas. Al volverse de tanto en tanto, se inclinan y saludan a la inundación en los vasos de colores.

   Paredes a medio pintar… Parece como si se hubiera dado una transmisión de pensamiento; como si a la desconexión relativa del “Mono”, los trabajadores y el pelirrojo la siguieran. Para entonces ya tendrán abordado otro tren; instalados bien iluminados, todos sentados más o menos cerca. Y el tren silba alucinante cuando arranca; se echa a traquetear intencionalmente con mayor lentitud. Es un tiempo de reposo para todos.

   Así entonces el “Mono” va a producir un libro desde el bolsillo de su mameluco… Luego por algunos minutos se ahondará en esta lectura… Lée de su propio transcurrir en un tren por debajo del ancho río… Pasan al tren otras cuadrillas –esto está contado-, cuadrillas densas, inciertas, pesadas y profundas –como la lectura del “Mono”. Hondo también el pelirrojo bien cerca del “Mono”, cuando va a aconsejarnos no hacer despedidas. El “Mono” lée de lo que pasa. Dice el pelirrojo que las despedidas son irreparables. Le dice:

   –“Mono”; ya puede terminar con la lectura de las condiciones. Puede volver con lo que ha visto y su lectura a su taller… Puede andar… Puede andar–…


b): Artejan Pleamar Sudorosa en Edificio Comunitario

    Tomemos en cuenta ahora todo lo referente a esta finalización. La construcción ha crecido. Nuestras ideas fueron superadas por la realidad de hilada tras hilada de ladrillos. Los andares circulatorios también han quedado mejor; con la nueva iluminación se han beneficiado. Por dentro, van caminando las Hormigas, en los pisos altos a medio construir. Dejan colgantes sus cordoncitos. Hálitos de hilitos en distintos colores, que cuelgan gráciles, suspendidos y cruzándose con las marchas contrapuestas. Es la finalización de una larga carrera.

   Ya llegan Margarita y Tom. Son ya un poco viejos y llegan extenuados. El marco es de potentes luces, que los deslumbran con sus rayos. La temperatura está más bien baja; y con la transpiración que llevan, sus cuerpos empezaron a tomar frío. Hagámoslos pasar. Igualmente vamos a hacer que pase el grupo de corredores que se está formando en la pista, al costado de la obra.

   Al ir entrando, preveían que los íbamos a atender, se nota, ó que algo pasaría, para nada. La transpiración se les iba transformando en un baño frío. También Margarita y Tom, con sus cortas caminatas de descanso, ya se encuentran en el molesto y espacioso vestíbulo central. Arriba siguen caminando las Hormigas, con pasos saltarines y largos, casi marciales.

   No se decepcionan los corredores al ver ondear los cordoncitos de colores. Movediza la marcha formicana en los bordes de los pisos altos, pone pendientes los cordones de colores en lo alto del vestíbulo central. No se decepcionan los corredores, pero están algo molestos porque no los atendemos.

..."en la pista, al costado de la obra"... Img. Delia Godoy

..."en la pista, al costado de la obra"... Img. Delia Godoy

   En la viga más alta, está uno de los vigiladores; dejó de conversar por teléfono con su abuelo. Llegan más corredores. Este es un motivo más, entre la masa de motivos que lo hacen sentir distinto al vigilador. Así distinto como uno de los corredores, quien se percibió como enfrentando un momento turbio. Algo se desmoronó en su interior. Algo que lo hizo apartarse del montón, para caminar hacia la oscuridad. Alejarse con rumbo al abrigo de su identidad, fuera de las luces, caminar por la pista y las calles.

   Margarita y Tom se dieron cuenta del que había partido. Se miraron sonrientes; y no se movieron de sus sitios, al igual que los otros corredores. Todos pausadamente y frágiles, en el vestíbulo de la obra, se dieron a danzar con los cordones de colores ondeantes que cuelgan movedizos. Las Hormigas supieron que esto tenía que ver con un futuro sin complicaciones; y esmeraron su andar para una mejor acción danzarina.

   Se impone hacer saber, que el vigilador abrió el interruptor de los megáfonos. Quería decir de la conversación con el abuelo. De como el viejito le había contado de una circunstancia semejante, hacía ya bastante tiempo, pero era en Holanda. Mas no le pareció bien propalarlo; no dijo nada. Se puso a cambiar las bombillas que se habían quemado.

   No se estuvo dando inicio a ningún otro comportamiento. Al rato, todos se habrán ido, hasta las Hormigas. No así la Danza, que persistirá iluminada e infatigable, con los megáfonos silenciosos, pero abiertos y listos.


c): Tabletas en Emergencia

   Se ponen de relieve la finura y las bellas manos de esta mujer. Estaba manipulando elementos botánicos, junto a unas vías del ferrocarril. Era imposible para Delfín Ochoa saludarla desde el tren. Se quedó con el recuerdo de haberla reencontrado. Ella estaba manejando esas plantas ahí, en lo que parecía ser un vivero de algún centro educativo, de alguna empresa en la Organización…

   El tren iba muy rápido. Volvía Delfín hacia el patio de las galerías, a la casa con habitaciones del Sindicato. El corte de luz lo había tenido muy ocupado. Aquella chica que había visto junto a las vías; la había conocido en un aparte, en una habitación sobre una terraza, antes… Le daba tema para una evocación…

   …Un perfil lúcido el de la chica de gafas. Bien integrada a los nuevos tiempos, algo irónica, pero sin estar en nada raro.

   La noche del apagón había sido terrible. Le llamaban la atención a Delfín, …la normalidad de los trabajos en la ciudad, el funcionamiento, el tren mismo, los pasajeros del día, civiles en su cotidianeidad. La muchacha también era tranquilizante. Estaba haciendo tareas.

   El tren había empezado a andar mucho más despacio. Ya se sentía el olor a quemado. Las torres de transmisión eléctrica habían caído por el incendio. La chica se llamaba Julia. ¿Quien era él para juzgarla y condenarla?. Aquella vez algo así pasó; sobre una mesa de dibujo, cuando hablaban. La reunión en la terraza no tenía que ver con las vidas privadas. Fue al comienzo de los nuevos tiempos. Ya había bastantes personas extranjeras…

   En aquella terraza, la chica le decía a Delfín, que la Organización de los Servicios, significaba muchísimo para la totalidad de la vida de ella. Era para cuando empezaba a estirarse, para agosto, la dorsalización de las Emergencias. Delfín había empezado a darle con los dedos unos golpecitos en el cuello, allí donde ella lucía un collar con pastillas de alcanfor…

   “¡Basta; terminelá!”, le había dicho Julia. Efectivamente, él quería recriminarle ese proyecto, y hubiese continuado con los golpecitos. Pero así con la detención, igual se habían quedado entre ellos mirándose a trasluz…

   Al cabo de unos días, después, el Sindicato de Arquitectos Paisajistas lo había designado a Delfín Ochoa, para el Control de Emergencias, un honor…

   El tren ya iba muy lentamente. Las cuadrillas, que Delfín conocía bien, se encaminaban entre el humo y volvían de la Zona del incendio. “Las máscaras los deben de estar fastidiando”, pensó él. Esa marcha en el ferrocarril se había vuelto la de un tren carreta. “Pudiera ser entonces, de aquel proyecto del trasluz con alcanfores, que se deba de sumar ahora… La neometropolitana, ahora con las plantas, …se ha de incluir en el Control del Paisaje”. Delfín va a bajar del tren…

..."accionar para los nuevos tiempos"... Escultura de Alexander Calder, U. de Toronto. Ca.

..."accionar para los nuevos tiempos"... Escultura de Alexander Calder, U. de Toronto. Ca.

   Las cuadrillas que pensaba Delfín, no son las mismas, son extranjeras. Comienza a haber viento de nuevo. Las herramientas, al entrechocar con los metales, hacen gritos incomprensibles. Otra vez el humo. Ir hacia donde está Julia. El sosiego de andar junto a las vias…

   Seguía ella en el vivero. La Organización Neometropolitana de los Servicios le significaba mucho. “¡Mirá; aquí estamos!; ¿cómo te llegaste hasta acá?!”, lo saluda Julia al reconocerlo. Le resultó fácil verlo acercarse. Está como esperándolo; Julia sentada sobre unos cajones de embalaje. Son contenedores de transporte para un enorme número de tabletas de alcanfor…

   Delfín va a decirle que la ha visto trabajar desde el tren. Y que con ello tiene más aprobación de la necesaria, en su accionar para los nuevos tiempos. Que no va a tener que rendir ningún exámen…

   “¡Qué suerte que vino!”, dice Julia. Se les acercó uno de los Jefes de Inspectores. Y con toda calma Delfín entiende, que son los nuevos resortes de la Organización quienes se encargarán, de distribuir las tabletas de alcanfor emergentarias. La presencia del Inspector se les aparta. Ya es la tarde traslúcida. Aprendieron las novedades. Y se quedan encantados entre sí Julia y Delfín, contemplándose mirar hacia la noche juntos.


Accesos a otras páginas con narraciones, los tienes por el directorio del marco lateral.


      Morón, Pr.Bs.As, Argentina, julio 2009. SEM


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