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# narras-breves-14\: …”:mandante, :explique, :destreza, :sentarme, :forestar, :sandwiches, :acumulaciones, :ensayos, :pocos, :producir”…


      Narraciones Breves
-14-. Traspuestas aquí de localización anterior con reedición.

 a): Suave Sketch de Confluencia

…”Voces lentas y desapasionadas, alegres y sin embargo llenas con la antigua desesperanza del tiempo y del aliento”.   
William Faulkner.   

   Para el general weber:

   Yo permanecía esperando, subyugado por tantos muñequitos; todos que caminaban en la mesa, girando en sus opiniones; miraban esto y lo otro, no parecen tener destino. ¡Habráse visto!: …Su destino, en los hechos, está en referirse al destino de otros. Sé que usted la quiere a esta tropa de auditores; es otro afecto especial suyo. Es así; pero mientras haya respeto no hay problemas. Podemos entonces adelantar con esta convivencia entre semejantes; aunque ellos sean unos muñecos del forro y entrometidos, tan simpáticos.

   Mire, yo no estaba del todo ahí, me enteré después, …las cosas pasaban muy rápido, lo que ellos querían era zafar; porque habían estado yendo detrás de la voz mandante, la voz para la actuación de ellos, la voz que les sugería flotación. Y ya no se aguantaba más, con ese catarro, la fiebre, el cansancio, el maltrato previo.

   Erosión, cansancio, y voluntad. Pero la vida en sus asomos subyugantes, en este ámbito en el que algo pasaba. Los muñequitos queriendo tratos como el de alzar otra pared, se han callado en sus opiniones diversas. Se han puesto en coro. Al unísono vocean su pregunta: “¿Y, don?”, como si dijesen: “no pasa nada con este tipo”. Recuerdo que al comentario lo hacían de seguido, cuando una vez más tenían que hacer sonar sus trompetas, las que llevan colgando de sus cinturones. Es una cosa seria, mas no hay porque inquietarse. Estos muñecos se asoman al vivir, así como lo estábamos haciendo otros. Asomarse al vivir con más de veinte años entre la sequedad pautada por otras normas. Todo contacto es esterilizado por distintas y recientes jerarquías, de aparecimiento veloz y exitoso. Secuencias obligatorias, padrinazgo, incitación al espasmo polimorfo con cualquiera… Y hay quienes dicen que esto es nuestra naturaleza; son maravillosos. Las aves y los muñequitos les están muy agradecidos. El agradecimiento es general, weber. Sincero reconocimiento al cual se pliega esta humildad. Sin soliviantos ni malquerencias, ya ve usted.

   Entienda que a estas cosas uno no quiere decirlas; pero tampoco no quiere no decirlas: Calamidad para casi todas las facetas de la existencia. De los abogados podríamos encargarnos en otro momento… Pero los médicos, …que han mutado en sanadores con foco en el fetiche privatista; aquí adheridos también ellos a una figuración, que entroniza un modelo de vida social sistemático y falaz, sin reparar en lo que ha significado aquí contemporáneamente esta adherencia. No hay certezas de relación en todo el tránsito extenso, ni tampoco el respaldo de una pertenencia agrupativa. Sin esas comprobaciones: ¿Iría usted a la Justicia?

   Además de las injurias por las que atraviesa, está con fiebre y catarro. En esa desolación se aparece un médico del instituto. Usted le esboza un reclamo, para que le explique lo que está pasando. El médico le replica con un reclamo más dramático: él también es víctima. Alega que sólo está de turno, que no es un médico tratante.

   En los harapos, junto a quienes no escuchan, ¿adonde habría de recurrir, eh, a los manifestantes? Con esto ya pasaría al rango empresarial, porque también hay demencia entre ellos: Silencio y denegaciones que parecen decirle: “vos no entendés”… Y no proviene tal actitud sólo de la opinión escénica imperante. La tropa de muñequitos también está sintonizada para aconsejar paciencia.

   Vibraban nuevamente las trompetas de la formación desplegada sobre su escritorio. Es así como sucedía: tener que percibir y estar en configuraciones que llevan en sí engaños; y uno que las aceptase por humanidad. Aunque los muñequitos creyesen que uno acepta la paciencia por deseoso. Son costumbres acompasadas por el tambor batiente con el que marchan espectacularmente. Y milagrosamente están viniendo más y más muñequitos uniformados de gala sobre su escritorio, ¿no los ve? “Es la violencia todo el tiempo, estúpido”; nos decía así en su corrección política un alto dirigente.

   Quisiera pedirle, weber, que le cuente como inventario, a la chatarrosa tropa de sus muñecos, algo de esto que le transmito. A usted quizá l@ escuchen.

..”Y nada aclara más una confesión que retractarse de ella”. Franz Kafka.

                                                

 b): Las letras de eso ocultadas

   Nos entra un poco de polvo en las narices; es por el jinete en el tierral, que hace girar su cabalgadura sobre las patas traseras. “Es el Giro del Corazón”, nos dice; y se acomoda el sombrero, para repetir la demostración de destreza. “Tengo que ir a la obra”, nos agrega, con la premura lenta propia, de quien se interesa por sentir sobremanera. No vale para Gerardo, el jinete, contar con aprecio, ni con desdén, ni que haya razones o amistad hacia él. Ni siquiera que se le hagan comentarios. No le interesa nada más que sentir la intensidad de su propia vida, prevaleciendo en él, sin que nada se la mengüe. De tal modo se pone al trote con su montura, hacia los caseríos, sobre las alturas acantiladas.

   Las casas en la meseta, que se están haciendo; allí donde Gerardo tiene ocupación. Hacia allá se nos aleja, con su corazón giratorio. Se aleja de nuestras agregaciones verbosas, lo seguimos con la mirada, lo vemos allá en lo alto, ya donde se hacen las casas. Lo vemos llegar allí, hasta la obra, en su caballito. El lugar es alto y seco, casi no hay vegetación. Las casas se agrupan, edificios de a 200 habitantes futuros cada una, personas que las habitarán, que andarán por las galerías de las casas ahora en construcción. Colores pastel, en pórticos, recovas, gruesas paredes, galerías, azoteas; para las casas de las nuevas villas.

   Con respecto a Gerardo y la meseta conversábamos, ya de vuelta en la ciudad, y también sobre mis manos, como habían quedado anhelantes por contactar y sentir así: la arena, los cabos de las herramientas, sentir cal, cemento; que mis manos allá me parecían como enguantadas. Pero conversábamos sobre el tema de estas colonias, con Micaela junto a mí, usualmente así.

   Conversación esclarecedora, con Roberto Zechacarpe, agente de turismo, coordinador de una sala de espectáculos, comunicador social, alguien con gran carisma y muy mental. Estuvimos conversando con él. Mas yo olvidaba aquello que quería decir. Fue Micaela, que es ella como si me acompañara terapeúticamente, la que me recordó, diciéndome: “Sentate en los periódicos”. Así pude acordarme. Pude acrecentarme en estima, hablando de las novedades de la construcción gaucha. Pude decir estas cosas, dentro del cubículo de Zechacarpe, especie de antetienda bajo una escalera, junto a la entrada del sótano donde está el escenario, con Micaela junto a mí, el fajo de periódicos para sentarme en el sobre el piso. Informaba con medida elocuencia: ….”Tamboriles y poca gente, en las avenidas que construyen con empedrados rojizos. Los obreros que se mezclan con las visitas, con los que vienen en los “charters”; las visitas decididas a forestar el lugar; los tamboriles como desagravio de los aborígenes”.

..."Registremos esto, porque no vaya a ser que alguien lleve botitas, ni ojotas, ni zapatillas"...

..."Registremos esto, porque no vaya a ser que alguien lleve botitas, ni ojotas, ni zapatillas"...

   “Los visitantes se daban un festín, un lunch en las mesetas, con sandwiches. Para que no los comiera yo, me deprimenciaban; y me los ofrecen, no me los ofrecen. Parece una broma, y no es fácil de comprender. ¿Cómo será?”. Yo recordaba que así habían sido entonces la interferencia y la oferta, para inhibirme. El puntito me lo aclaraba entonces Roberto Zechacarpe: …”Eso está programado. Sencillamente lo han entramado así, en conversaciones previas, en el charter al ir al venir”. Con palabras más completas de explicación, acerca de una pactada desorganización, Roberto me decía que: ¡Dentro del grupo de visitantes se enmascaraba para inhibirme un poderío con otros objetivos! “Pero es así, porque yo se los sugiero, cuando vienen por acá”, me develaba Zechacarpe con cordialidad y abrumadoramente.

   Micaela me solicita, colocada en su articulación de guía terapéutica. Me abraza cálidamente candorosa, sobre uno de mis flancos. “¿Habías trasportado la ramulla, como correspondía; no es cierto?”. Es ella quien cubre mi voluntad para relacionarme en salud, pero heréticamente y desde siempre. “¿Habías limpiado las ramas de las hojas; no fué así?”.

   Naturalmente. A las primeras cuestiones, ya las hubiese contestado yo con obras, allá en las construcciones. Y otra vez, en la subestación, cuartito bajo la escalera, volvía a cumplir con más respuestas. Me levanté del atado de periódicos, dí palmadas sobre la mesa. “Discutamos”, dije, enfrentando la novedad del pacto entre Zechacarpe y los visitantes…”Discutamos el por qué suceden así ese tipo de cosas. Discutamos beneficiosamente. Para que luego, podamos ser portavoces de esta reunión; sin repliegues oscuros. Para que podamos atender acá y después; ser atendidos y solucionar; fortalecidos aquí, ahora”. Casi no termino de decir esto, que Micaela sonrió; y volvió a estrujarme en nuevos roces, donde suenan los huesitos que se me destraban, prodigios de masajes físico-mentales. Roberto Zechacarpe también sonrió detrás de sus anteojos sin armazón; unió sus dedos entrelazados por frente de su protuberancia mandibular. “Va a haber muchas cosas, que no podremos discutir ahora ni nunca. Esas cosas son las que establecen el pacto; a ver si entendés”. Nos puso sus finas manos sobre la mesa, los dedos desenvueltos y huesudos. “Los textos de los que no se habla jamás”, prosiguió diciendo sin énfasis. “Esas letras que mirarás y que no dirás; ni tampoco las vas a usar nunca, para decir ni hacer nada”. El conceptual organizador, con su frialdad intelectual, se nos iba poniendo tan blanquito: acentuada suma palidez acelerada por motivos interiores quizá. “Y así vas a estar en el secreto vos también”, concluyó. “Después te van a compartir los sandwiches”, decía Micaela, al acariciarme detrás de las orejas. “Pero quizás mejor, vos mismo te hacés tus sandwiches. ¿Puede ser que se alimente con sólidos; no es cierto?”. Así le preguntaba Micaela a Roberto; como si hubiese devenido la reunión, en una bien humorada consulta médica familiar.

   Todo el tiempo con sus desopilancias Micaela, la muy muy amiga. Ya Roberto sucedía a escribir algo en un cuaderno: pocas palabras en un prólogo callado, que me alcanzó para que yo lo tuviese. No se basaba la circunstancia en que lo mirase; o que sí lo mirase como lo pude mirar después. Y que no le dijese a nadie -en eso consistía-, aquello que pude ver. Y que esas letras escritas, son el secreto que no vas a saber, algo que permanece callado, sólo entre las letras y yo.

   “Ahora tengo que seguir contando”, decía yo entonces. “Los obreros volvieron a la construcción; el micro engolfaba a la gente del charter. Micaela me esperaba en los bajos. Yo fui hasta la barranca. Largamos un cabo con Gerardo, hacia los llanos. El me indicó cómo debía yo descender con el cabo, rappellando hacia abajo, llegar al nivel de la quebrada; para que después cruzase el arroyo seco. Desde ahí subir caminando la suave pendiente; y alejarme de los mogotes, hacia ella”.

   “Fue difícil”, me bancaba Micaela en mi relato. “Yo que ví la maniobra a pique y entre el barro; fue difícil”. Zechacarpe comentó: “Siempre es deprimente el barro, la travesía, la zona inundada, las ausencias, lo que retiene por abajo” -hondas proliferaciones brumosas en las que continuó-… Sorprendente viraje asertivo, hacia mi mismo desempeño, en su comentario. “La humedad”, dije yo: “el lodo en mis zapatos, que no se adaptaban para las barrancas”. Registremos esto, porque no vaya a ser que alguien lleve botitas, ni ojotas, ni zapatillas. Imaginemos llevar, un calzado sin impedimentas.

   Y bien; el descenso a pique fue peligroso: “Yo iba pateando en la barranca al rappellar. Y los detalles de humedad, algunos que caen. Caían como ladrillos huecos, que se rompen al llegar al piso. Los obreros en el bajo que se molestan por estos detalles; eso a pesar de que llevan cascos. Lo de ‘chambón’, es lo más suavecito que te van a decir”. Fue terminante Roberto, cuando quiso poner una línea de finalización al debate: “Voy a ver cuando vaya”. Pero matizó como un hermano mayor: “Y cuidate ahora; que ya no andás en el barro. Atendé a otra cosa acá; que en este barrio anda siempre la crespilla. Cuidate, sino va a tratar de abochornarte ella, la crespilla”. Quien en realidad concluyó la reunión fue Micaela: “Pero si volvemos con las casas… Ya no sé Roberto, si él va a querer volver”. Lo dijo, y me miró con ternura. Ya dejábamos el desván bajo la escalera, eso es; y la consulta informativa terminada.


 Img Wikimedia, Sierra de Mojantes.

                                                

   Dos cuentos conectados:

 c): “Latido-Silencio-Acento” y “Espectáculo Detenido”


   De estos dos cuentos, menciono que los había hecho imprimir unidos; era en 1992; yo repartía presencialmente por la Ciudad de Buenos Aires esa plaquette. SEM


            …”por qué los cuadritos primero, por qué la deformación profesional, el arte antes que la vida”…
Julio Cortázar, en “Apocalipsis de Solentiname”.            

 c’): Latido-Silencio-Acento

   Un día de tormenta entramos a saber, en vía de consuelo, como es la vida de estos dos muchachos, dos hermanos en una amplia vivienda. También es su taller, no solamente su casa, sino el lugar para que pinten y armen esas acumulaciones plásticas. Son creadores que están produciendo, de acuerdo con formas, colores, volúmenes.

   En el tiempo gris cuando los visitamos, se ocupan con una maqueta sobre una mesa. Es una casita, enfocada con luz cruda, fuerte luz puntual de la instalación prendida. Entre los dos hermanos alzan con cuidado el techo rojo en cartapesta de la maqueta. Este desarme en que proceden es minucioso, responde a planes hechos al dormir. Son planes sin objetivos concientes. Planes que concertaron sucesivamente en consultas mutuas: Concertación para despedirse de la maqueta ahora vacía; que los tuvo ocupados en bastantes días anteriores.

   La obrita sobre la mesa previamente estuvo plena de simulacros. Habitantes la completaban a la casita, en una imaginería extrema. Sobre la figuración trabajaron los dos hermanos. Y en las paredes del taller están los rastros de los habitantes de la maqueta: Son los dibujos y pinturas esbozados por los dos hermanos; hechas sobre las resonancias del ensueño, desde el empeño imaginero por reunir y dar vida a personajes, en ese escenario: la maqueta que finaliza de acontecimientos, a la cual comienzan por retirarle el techo rojo.

   -Podríamos desconectarle las cañerías-, dice con planteo de subsuelos el hermano mayor.

   -Vos abajo ‘e la mesa y desenchufás la eidética de esos tubos-, contesta el menor; mientras va poniendo aparte sillitas y otras piezas pequeñitas de mobiliario.

   -Todo este desguace les tenemos que explicar-, ya repone el mayor, tendido bajo la mesa boca arriba, y completa:

   -Sino lo explicamos, con sus razones, historias y aclaraciones, los personajes quedarán inconexos; se van a separar aislados, incoherentes-.

   -En una soledad incomprensible, cada uno por su lado, me imagino-, dice el menor, siguiendo en el hilo: …-Habitando en sus abrigos… ¿Adonde podrían ir, con su música paralizada?-.

   -Se quedarán en los jardines públicos para dormir. Cuando llueva o en tormentas como hoy, tendrán que ir a dormir en algún atrio-. Y ya emergió de bajo la mesa el hermano mayor; contempla el desarmado de la maqueta; agrega en un tono desolado:

   -Desaparece el soporte donde representaban su humanidad. También podríamos librarlos del cautiverio que les hacen los bocetos-.

   Sobre las paredes del taller los diseños de los personajes, transitando, en una reunión. Son los integrantes de un quinteto de música antigua, los que estudiaban en sus cuartos de maqueta, se reunían para sus ensayos… Actuaban después en pequeñas salas… Como allí donde los vemos aplaudidos por gente de pie… Un quinteto ahora sin vida en común, desbaratado su mundo, sumergidos en un caos, cada uno en desamparo, en soledad, en locura.

   Sobre las paredes del taller; los dos hermanos contemplaban allí en en ese momento, la corriente retratada de esas vidas, fuera ya de sus manos. Rondaban pensamientos ellos dos, buscaban intuir cual sería el resultado; por desatar totalmente de sus soportes aquella amalgama ahora suspendida-en-discontinuidad.

..."en un crescendo corroborado". -foto:D.Doubilet-

..."en un crescendo corroborado". -foto:D.Doubilet-

   -Los libraremos ciertamente al romper sus imágenes-, dijo el menor, en la desembocadura donde habían llegado.

   Fue un sugerir aceptado. A desprender las chinches del muro, tomar los diseños de pastel, de pluma, grafías que muestran aquello ejecutado en su atmósfera colorida. Desprender las acuarelas, algunas pinceladas; lo que se sumará al seguir con rasgaduras, ris ras, trizas de papel sobre la mesa, junto a la maqueta a medio desarmar. Y aparece lo que hay; lo que comenzarán a escuchar en un crescendo corroborado.

   Coinciden al consultarse: Que tienen impresiones musicales, de una vivísima música que va creciendo, aumentándose, afirmándose. Y que se confirma en una imitación humana de la naturaleza: la libertad del movimiento en sincronía concertada. Y se podrán distinguir cada una de las voces naturales plasmadas en los instrumentos, que nos dicen sobresalientes sus temas: viola, laud, clavicordio, trombón, trompeta. Que están ahora inusualmente en vida los cantares; ahora, en el tiempo de los dos hermanos, que saben de un grupo de músicos que hay dispuestos, todo el tiempo listos para acompañarlos, en un pleno-bello-intenso, con sólo que se deje aflorar el recuerdo.

                        

 c”): Espectáculo detenido.

      Ellos siguieron en su tarea apartada, adeptos del compartir vivencias animadas con soplos de vida libre. Siguieron con su fabricación imaginativa, mientras la dominación imperante aislaba y volvía cada vez más loca a la gente. Pero ellos dos como portadores de la música interior, desde la fraternidad del quinteto, el que se pone a funcionar con sólo evocarlo, dándole a las antiguas tocattas los sonidos más ejemplares.

   Los dos hermanos siguieron haciendo sus muestras y vendiendo sus trabajos; con una mesura que enmascaraba sus sueños, los que transcurrían algo más callados, en una conspiración silenciosa para una vida plena. Todo lo posible dentro de esas condiciones, por entre la gente y en los suburbios y en el campo: Tránsitos ocultos tras la venta de algunos cuadros y objetos. Permanente el recordatorio de un movimiento musical interior, belleza ensamblada de una música libre, desintencionada. Esto los fue llevando en poco tiempo a darse cuenta de una continuación y consecuencia de su magia.

   Así como se dieron cuenta salieron a buscar -y en días sucesivos continuaron con ello-, comprar todos los diarios y revistas con las representaciones de la actualidad. Con un trabajo febril y urgente, sobrepasaron la sumisión común hacia las imágenes de la escena pública. Porque, con sus esperanzas, en una torsión imprevista del rol de espectadores; estos dos hermanos se dedicaron a representar con el arte de su oficio, a todos los personajes dirigentes, de la codicia, la soberbia, la ostentación, el lujo palaciego.

   Por una simetría inversa a la generación del ensamble musical, el que funciona por haber roto las imágenes quietas; los dos hermanos planearon una acumulación de representaciones y personajes, capturados ahora en múltiples enfoques. Peligrosos sujetos proliferaron sobre las paredes del taller, manifiestamente identificadas sus patologías, con estudios fríos.

   Y entonces, a los pocos días, todos nos fuimos enterando: De cómo aquellos, los estudiados en esquicios por los dos hermanos, quedaban desconectados, en estupor, abortados sus sueños de granduras: Ahora lelos balbuceantes dominados por la entropía, con sus organismos inhábiles, manejados por enfermeros en retiros psiquiátricos. Todas las malas influencias y predominios neutralizados, con este resguardo de los perpetradores. Para que la salud de las reformas en curso, llegue a producir el conocimiento y la sabiduría dichosa y necesaria. Cuando podamos continuar en derechura y también liberar de ellos mismos a esa mala gente. Cuando dejemos elaborados estos tiempos críticos y difíciles. Cuando hayamos dejado atrás esta crisis colectiva de las almas.

                                                


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Comentario por Sergio Edgardo Malfé

[PingFore] ..por la §·B) “Las Letras de Eso…”, en estas “narras-breves-14”: [Enlazando con “Oleajes En Curso“] Por la denegación del cronista de esa Narración, para las actividades que Zechacarpe considerando está como importantes.

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“Brujas y sapos en sus meses” (http://wp.me/pu9CK-1ph) guarda relación hacia esta página, puntualmente con “El espectáculo detenido”, integrante de “Dos cuentos conectados”

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Comentario por Sergio Edgardo Malfé




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