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# narrativa-breve-1\: ..”desinchen, :aburrimientos, :paquetes, :ubicar, :casa, :perspicaces, :llegar, :atardecer, :apuro”…

Narrativa Breve 1

Img satelital, enviada por Lucía Gatto.

ℑ satelital; envíada por Lucía Gatto.



Las tres piezas aquí han debido migrar. Reeditadas en 2009, sus primeras versiones fueron de junio del 2006. Originalmente estuvieron en un sitio de Weblogs que ha cerrado   


 a): Esos frutos oscuros.

   Un hecho es que notoriamente están los ojos cayendo entre la gente y las plantas por los caminos y también en las ciudades. Caen estos ojos de cristal de hielo, suerte de granizada oftálmica, ojos de hielo coloreados en las pupilas é írises. Algunos, de entre la gente a la vista, se pueden colocar protegidos por debajo del puente, casi en el cauce del arroyo, sobre una barranquita, donde el granizo no los toque ni los mire. Para que ellos, así resguardados, puedan encontrar abandonados allí unos cajones con frutillas, de apariencia normal. Aunque, ya se sabe, cuando alguien bajo el puente al querer probarlas, tiene la ocurrencia primero de pinchar una frutilla, con un clavo abandonado; entonces la frutilla se desinfla.

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OpenPhoto Jastremski/ ..."esa protección ad-hoc bajo el puente"...

   ¡Pero no diría nadie que son inútiles al verlas por fuera! Que se muestran macizas, con sus rugosidades como papilares; y saludables que se ven, tan coloridas como cualesquiera otras frutillas. Hasta que esta gente, apartada de la lluvia de ojos de granizo, se dedicó a hendirlas; a seguirlo haciendo con agujitas, minuciosamente. Para que se desinchen o estallen, como ampollas o como bombitas de agua estas frutillas; de las que entonces quedan pingajos caídos. Mientras el rojizo jugo, que es un producto de esta diversión, se va deslizando al arroyo.

   Siguen amontonándose en este transcurrir los ojos caídos sobre la superficie del puente. ¡Y las cosas que hay que ver! Aunque también se amontonan a los lados, en los accesos a esa protección ad-hoc bajo el puente. Lo cual configura un hecho impóluto, ¿¡que va a hacer!

   Esto sin entrar a nombrar la gente bajo el Puente, ni sus edades respectivas. Cuando un hecho es que notoriamente están los ojos cayendo…


 b): Perjudicial para la Salud -Ley Nº 23.344-.

   Fumo unos cigarrillos, que afortunadamente no se consiguen en todas las bocas de expendios. Es una marca relativamente nueva, de buen tabaco, que poco me afectan al fumarlos; si fuese de hacer comparancias con otras marcas de las baratas, que dan un humo picoso algunas; y hay otros como que me empastasen las gargantas. Pero, como le decía, no se consiguen en todas partes.

   Por suerte, tengo localizados algunos kioscos donde los encuentro. Y voy alternando las compras por derredor, un poco por método; y otro poco para no entrar en aburrimientos. Y paso a describir los hechos.

   En uno de los expendios; una kioskera amable, con quien nos sonreímos en alguna de las compras, con quien cruzamos algunas palabras en otras veces, sobre la calidad de estos cigarrillos, sobre la pequeña dificultad para hallarlos.Y que he visto pasar un día a la camioneta del reparto. Y en otro día voy contando las monedas y eligiendo adonde ir; y me decido por comprarle a ella, porque un poquito más baratos todavía los tiene.

   Después de saludarla le digo:

   -Aquí tiene; le traje para dos paquetes de XX, -y le alcancé el dinerito.

   Me sorprendió un poco, que ella se llevase los dedos a las sienes, como sintonizándose, pensando, ayudándose a concentrar. Esto lo hacía al mismo tiempo que giraba su enfoque arriba y a la izquierda, dentro del localcito, para ubicar los cigarrillos en los estantes. Pero bajó las manos, tornó a mirarme y me dijo:

   -Te quiero.¿Sabés que te quiero? ¿No te lo había dicho?-.

   -No; …es la primera vez-.

   Había puesto los dos paqueticos sobre el exhibidor. No le mentí cuando sorprendido le repuse:

   -Es un sentimiento compartido-.

   El kiosco está sobre una vereda angosta, muy transitada. Estábamos al mediodía, de un día laborable. Los compradores ahí se suceden segundo tras segundo. La saludé, me saludó; tomé los cigarrillos y arranqué a caminar para mi casa. Con un comienzo tan franco, y en un trato personal así de fresco, abierto y fraternal; nada podríamos perder con intentar conocernos. Pero no debería de magnificar ante ella la importancia conmocionante de esta revelación sentimental. Entonces, …no apresuraría mi acercamiento, sino que lo haría al día siguiente. Pero, …¿y si adolecía de la plaga marital?…

   …Años de juventud me han enseñado duramente, que el respetabilísimo personaje marido, prolifera ahí, justamente donde ese flechero chambón ejerce su mala puntería conmigo. Debería de tomar clases de arquería antes de embarcarme en sus delirios… Aunque esto no es amor; es una simpatía adulta… Así que primero que nada, tenemos que saber si está …comprometida. Por ahí esa jovencita que otras veces me atendiera, es hija de la kioskera… Pero podría estar ella separada y con la nena que la ayuda… Perfecto; porque si se nos dá una relación, ella tendría alguien de quien ocuparse; y así no resultaría conmigo demandadora y absorbente por demás… Tengo que preguntarle, primero que nada.

   …Me llego al kiosco el día siguiente. Ahí está pimpante la señora; y se la vé acomodando cosas en las estanterías. Claro que estoy bastante nervioso. Me sonríe y nos saludamos.

   -Señora; ..eh; vine a preguntarle algo ..eh. Por favor dígame si usted está compr ..eh.. comprometida ..eh.. es decir: ¿Usted tiene algún compromiso relacional?-.

   Se puso seria; me observó fijamente… Y ya preví la respuesta; pero no suponía como iba esto a seguir…

   -Sí-, y después de una pequeña detención: -¿Por qué?-. Y decidí contestar:

   -¡Por lo que me dijo ayer!

   -¿Qué fue lo que te dije?

   Ya venían compradores. Yo estaba perplejo. El cliente que se arrimó sonreía, en una complicidad como irónica. Me puse algo temeroso. ¿Y si el marido o la hija estuvieran en la trastienda a la escucha de mi desconcierto?

   -Desp ..digo.. mañana se lo cuento-.

   Aprobó y nos saludamos chau chau.

   A pesar de poder sentirse uno como un monumento de corcho, hay cosas a las que es muy difícil acostumbrarse ó acomodarse. La convicción de llevar en mí un estigma, para que “los perspicaces” me “procesen” indefinidamente, me volvió a brotar persecutoriamente; junto a mi azoramiento y a un sentimiento de pérdida de realidad. Podía adjudicarle a la señora, alguna liviandad, ó un campo de memoria restringido; y no sabía yo de mi si iba a intentar saber algo más de estos sucedidos, más propios de aventurillas colegialas que de gente ya crecidita. Recuerdo que estos sentimientos y autodescargos se los comenté a un amigo por teléfono.

   Y bueno… Al día siguiente, sin ocuparme hondamente de la cuestión; y ciertamente porque un trámite en un Banco me había puesto a una cuadra del kiosco con la señora… Ahí me acerco yo; y conversamos muy muy brevemente.

   Después de decirle yo que: “ayer le había preguntado por sus compromisos porque anteayer me impresionó vivísimamente el que usted me haya dicho que me quiere aunque de ese afecto ayer no le quedaba huella pero puede ser que si recuerde hoy”… Ella acortó, también con cordialidad, y graciosamente, con la explicación:

   -Era por las monedas-, me dijo; dándose cuenta, como si le cayese la ficha.

   …Y a mí no me cayó la ficha, sino un “tostón”, cuando entré en la comprensión del afecto inusitado… Porque dos días atrás, le había pagado con monedas y calderilla. Yo quise facilitar las cosas. Se sabe que los vueltos se ponen difíciles, para las bocas de expendios.

   La aclaración me hizo juntar las manos y alzar la vista; para repetir luego “por favor”, cuando volví a mirarla. Enseguida fue una corta distensión sonriente y saludarnos.

   Ahora; pienso que tengo que informarme bien, antes de pagarle a una kioskera “disponible” y humanamente simpática, con el cambio exacto, al menos 5 paqueticos de cigarrillos, todo-en-monedas. Así, podremos enfrentar razonablemente, las previsibles efusiones y declaraciones de amor por siempre. Yo la intentaré moderar, al tiempo, con la propuesta aprovechadora de que compartamos un chocolatín. Y de los cigarrillos no les digo la marca; porque “se dice el pecado pero no el pecador”, que así predica nuestro demiurgo Nº 10, “El Diego”.


 c): La experiencia del campito.

   Nadie; y el polvo del camino me pesa en la piel, es la rusticidad de andar desalmadamente conmigo. Nadie; y quizá navegar en el llanto subterráneo, permeado; que en el reservorio está guardado; esto para no llorar, por todo lo que se lloró. Camino otro sueño blanco, como en tantas jornadas.

   Nadie: y en esquivar a los perros territoriales, voy yendo anónimo hacia el lugar primitivo. Al llegar ahí con el hambre, la culpa y los dolores, nadie conmigo, ni siquiera yo. Que al sentarme junto al fuego me voy reponiendo; me olvido de lo mínimo y reciente. Y luego voy trayendo a ser la real historia -la que no sucedió todavía-… Aquella búsqueda del bien, la verdad, la belleza; para la que siempre faltará completar; acercándonos.

..."casi estaba oscuro, seguimos mirando, un tiempo largo, ..."

"casi estaba oscuro, seguimos mirando, un tiempo largo"

   Me voy recordando en la casita para este atardecer… -de cuando en aquel rancho nuestros ojos, donde cerca hay los palmares, en el grabado que nos representa proyectados- …y de nuestros ojos que miraban aquel atardecer… Que cuando ya casi estaba oscuro, seguimos mirando, un tiempo largo, hacia los árboles, desde el rancho en el grabado, bajo el alero. Momento difícil porque es comienzo y terminación. Cuando la obertura es el contacto inicial que hemos hecho, por la experiencia. Ya que en eso se inicia; de entre los árboles se gesta aquí la insólita reunión. Porque brota hasta aquí; ya viene. De allá llegan.

   Me preparo para el arribo. Soplo dentro de la casita para limpiarle el polvo. Su perro apareció anticipadamente; me anuncia la cercanía. Ya me largo a darme un baño en el patio destruído, para mejorar el aspecto. Ya refrescado me puedo arreglar para este arte nocturno que viene con su llegada. Ordeno un poco más: -saco los peces de la bañera, los escondo entre las viguetas del techo, pongo las sillas patas abajo-. Lo peor ya pasó; que no vuelva a suceder. Descorro los trapos de las ventanas. Construyo luces y sombras, con lámparas desempaquetadas sin apuro y rápidamente. Y puedo salir al patio, para disparar primitivo, una bomba de estruendo luminosa; como para que pueda ver al llegar, la desmesura de esta construcción para mi anhelo. Pienso en que le pongamos un lindo nombre a la situación. Pero ya está aquí. Jamás estaré listo del todo. Está aquí, para mi angustia y mi alegría. ¿Y cual es el nombre que quiero para ponerle a la experiencia? Volvió; aquí la tuve de vuelta, la ‘Re-Tornada’.


Enlaces Relacionados, me parece, con los contenidos en esta página:

Última revisión de esta página, por Sergio Edgardo Malfé, en 2014/11/16 

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