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# narra-breve-3: ..”creyentes, ..descompilando, ..tronches, ..basura, ..incubación, ..duchada”…


     …Narrativa Breve, 3.



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 a): Me aconsejaste estar tranquilo.


   Te había encontrado en una plaza casualmente. Hacía meses que me habías despedido. No lo podía creer. Te pusiste a contarme de tus viajes. Me contaste de tus nuevas sábanas. Yo escuchaba pacientemente, tantas crocanteces. Despues de un rato intervine como pude, diciendo:

   -No va mas-.

-¿Cómo “no va más”?-, me preguntaste.

   -Comencemos una ceremonia posible-, dije: -De otra manera, no sé como seguir-.

   En el feliz acontecimiento, mi querida amiga optó por unas volteretas que esbozaríamos. Quizá entrevió que era necesario un cambio de rumbo. Tocó inmediata los bordes de la carpintería de ese banco de plaza pintado de rojo. Después fuimos siguiendo las líneas de nuestro nuevo borrador de volteretas. Por suerte dejó de optar por las calles floridas.

De un diseño para una ciudad ambulante, de los Archigram

Dibujos del diseño para una ciudad ambulante, de los Archigram


   Fuimos hacia el centro de un bloque de edificios, por un camino olvidado, desconocido, en el límite profundo de un silencio hermético, con pasos creyentes. Fue antes de que nos agarrara la luna, con su dulce luz, al salir la ocularíamos, breve luz de un instante.

   Estuvimos libres andarines entre esos edificios. Por los corredores dinámicos el viento nos envolvía, ¿te acordás?, íbamos abrazando al viento, las paredes nos sonreían y cambiaban, era un viento rectificado, de arroyo, de cañada. El soplo de esta vida iba descompilando nuestras mentalidades desastrosas, deshaciendo las burbujas de nuestra espuma gallarda y maloliente. Apareció ese misterioso placer de amor sobre la faz del planeta nuestro, nos arrebató, nos encendió, en el delicioso vivir. Estuvimos plenos de horizonte, con el abrazo del viento, siendo que andábamos en las firmes y cerradas, pero para nosotros flexibles construcciones.

   Despacio, fuimos dejando las paredes, veíamos lejanos fuegos que iluminaban el cielo encapotado, ya era de noche; pero el ardor definitivo fue el de ese rayo de luna, golpe que se abrió paso por un instante entre las nubes. Ya no tendríamos otras mejores faces, al mirarnos quedaron imborrables dentro nuestro, por como nos dió esa luna, al salir de nuestro abrazo con el viento interior. ¿No despertó ese soplo en nosotros un campanilleo para siempre, enhebrado en nuestros ojos?; cuando así te pregunté, me aconsejaste estar tranquilo.


 b): En la ciudad De Huest.


   Predominaba el silencio. La gente andaba en contacto consigo mismo, observándose y hasta casi conversando de parte a parte por dentro de ella. Se notaba por los gestos, de aprobación, de duda, que a algunas personas se les manifestaban; y algunos gestos eran de disgusto, de reprobación para como andaría el gel, esa instancia propia, la caramelera en reconocimientos interiores. Estas cosas coincidían en el tiempo, con un abuso general de cambio climático malo y localizado. No se tratase de un cuadro sólo mio, sino de toda la comunidad húestica.
   El andar de una de estas personas, al que complementariamente vigilé, resultaba como para hacer una colección documental, por la variedad de los diferentes pasos, de las cambiantes miradas con ángulos inquietos de los ojos, al compás de cada reflexión consigo. A ningún huéstico debería picarle ni un mosquito de mascota, por mi observación de este peregrinaje.
Por suerte que se me dieron con otras personas miradas, entrecruces desde nuestros cabildeos interiores, porque yo también… Al andar con tronches hondos, y de pronto ver algún movimiento que me sustrajese de las alas de la calamidad, hacia otra esperanza, …pero esto fue al verte… A partir de ese instante, repensé en salir de mis seguimientos peregrinos; cosa que al fin hice. Y se sintió más noble y delicado el anochecer, se supo en un hogar interior. Resultaste ceñuda con mi existencia y cuidadora, mi compañía: Etapa grande y condensada compartimos. Nos otorgábamos fraternos, y como dos adeptos a los susurros, atendíamos también a los sonidos del ambiente…
-Tren d'El Tren, -modificado--.

-Tren d'El Tren, -modificado--.


En un momento pasó un tren de larga distancia –ya nos despedíamos-, y pudimos ver a la gente viajera; nos resultaron copartícipes de la maravilla, así de simpáticos con nuestra emoción de convivir. Andando, y ya dentro del colectivo para volverme, oía el ruido de los motores en las paradas, las bocinas del tren, los campanilleos del paso a nivel, las quejas de las campanas de freno, todo se hizo un concierto reconocible. Para mí era la música propia, de un espacio lleno de hogares andantes: Cada uno en su casa, con la dulzura cada uno, de compartir en miríada el mismo hogar de un día más. ¡Cuanta presencia real me quisiera así susurrar: “bienvenido, bienvenido”! ¡Ah!, ojalá pueda yo volver a encontrarte, Otra Esperanza”. Con esas palabras, esos movimientos serenos y precisos, esa mirada tuya, alejadora de calamidades. Ya ves que en efecto te recuerdo, ¡y cómo! Pero no importa si no te reencuentro, fue muy lindo ese breve vuelo juntos, está todo bien; a pesar de estar todo tan bonitamente patas arriba, que es como milagroso creer que habrá, un mañana. Tanta intangible roña que hay, pedazos de basura venerable y de carne cruda ornamental, en los vínculos huésticos, …pero a saber si se quiere: …Oigo la vajilla cuando ordeno la cocina, el zapallo cruje cuando lo cuchareo para sacarle las semillas, la tapa de la caldera campanillea cuando la apoyo en la mesada. Es bárbaro estar en casa, sin anestesias ni espejismos, Otra Esperanza, haciéndome cargo de vos.



Originalmente, “Las catársis de …” estuvo publicado el 12 de febrero 2009,
en fecha del Bi-centenario de Charles Darwin.

 c): Las catársis de Abril.


¡Molécula viscosa de un gigantesco enigma, aglutinante testigo de las peores servidumbres!”
Julio Cortázar, en “Un tal Lucas“.


   Abril entró en animación, al ducharse, y reclamaba: “¡Qué asco!”, de modo inverso a como yo la felicité por su bravura en considerar su asunto con objetividad: “No importa tanto lo que hayas hecho”, le dije: “Y no me acercaré para investigar eso”…


   A mí me pasó lo mismo, al luchar con un insigne atareamiento lleno de precauciones y manipulaciones asqueantes. (Hay muchos terneros ahora, con cuatro abejas y multiples madres, se sabe) …Entonces: …ella todavía se está duchando, después de vaciar la bolsa de la aspiradora. Suena el teléfono…


   Muchas veces, si es que salió de ahí la bocha… No voy a describir acá como se ve a la “bocha”. Desde que Abril compró la máquina, y por tanta tranquilidad a veces, del mucho tiempo en que no la vaciamos, en consecuencia puede completar su incubación … Tantas veces he temido que esta cosa nos secuestre.


   …Ahora me pide que le atienda el teléfono, seguro que llama una de sus amigas. ¡Cómo se pone uno cuando se rompe la convivencia por la humillación estipulada en las costumbres!…


   …-No puedo atender, estoy ocupado en la cocina, con las manos en la ensalada-. (Es mi anfitriona, Abril Elórreo, me está preguntando si le voy a poner tomates). ¡Las cosas que uno tiene que inventar!


   …-Sí, ahora estoy cortando tomate, las rajas de esto son cosas para darte cuenta de lo bien que hago los cortes-.

Al recibir desbordes, conviene anteponerles un cojín bordado

Al recibir desbordes, conviene anteponerles un cojín bordado


¡Qué autocrítica despiadada, la de ella!. De todas maneras, es como para felicitarla. Pero se me da vuelta el estómago, ojalá que terminen pronto su asunto y su duchada, son los disgustos de Abril tan encantadores… Y le encantan a ella los tomates; ya va ver estas rajas, lo bien cortaditas que están. Un poco por por el cuchillo, la verdad … Facilita mucho y rápido para que los cortes sean parejos. Es una herramienta perfecta, filo y punta limpios, cualquier tarea con este cuchillo saldrá bien terminada…



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Las narraciones migraron de aquella ubicación anterior: Sergio_E_Malfe·LaCoctelera·Net/   


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