Hipersalenas


# narra-breve-4: ..”desentrañar, ..entrevistada, ..ovoide, ..irrompible, ..encontré, ..adeptado, ..indica, ..voz, ..bizcochuelo, ..narigón, ..hambre, ..mirones”…

   Narrativa Breve 4

   a): Crónica Aventada Lejos.

La realidad tiende a desaparecer” Nicanor Parra.  

   “…¿Habría yo partido sin llamarte?… Nunca; vos sabés que jamás. Y sabés que así me voy más tranquilamente. No pudimos encontrarnos antes para hablar de esto. Tenía que mostrarte mis papeles… Ya hablamos de que ibas a leerlos, acordate. Yo demoré encontrarte porque sabía que me tendría que ir… Y ya no voy a poder volver, parece. De cualquier manera creo que nos quedará escribirnos. Así yo estimo que nos acercaremos más ciertamente, porque ahora…. Y hasta quizá exista algo como para comprender. Nuestro diálogo va a ser más controlado y más confiable”. Vicuña me tendió la mano por encima de la mesa del bar; yo se la estreché. Nos confiamos por un rato al silencio. Después volvimos a nuestros respaldos en las sillas. Siguieron pasando los minutos calladamente. Una Carpeta con escritos pasó a mis manos.

   Por alrededor de la terminal ferroviaria, miles de tipos gastaban suelas y baldosas. Hubo una mano sobre el mango de una valija alzándola. Y hubo una corta caminata compartida despaciosamente hasta la entrada al andén.

   Cuando partió aquel amigo, me dediqué por días a desentrañar sus escritos y aquellas controvertidas palabras. Seguí los itinerarios mentales que propiciaba Vicuña en la investigación. Hice anotaciones varias veces en papeles prendidos junto a los originales: …ideas, …pasajes de otros autores, …y hasta les corregí las letras. Tuve alguna salida dando portazos contra lo inextricable del proceso. Hasta que algún día, alguien con quien me cruzaba en las largas escaleras oscuras, me estuvo mirando especialmente.

   # Primer registro; hecho con M. F. , una mujer de 24 años; realizado el 15 de junio, en Plaza del Parlamento, Trinidad City:

   –Directamente tiene una irradiación mental. Es una sensación y una guía. Comencé hace cinco años. ¿Querés una almendra?–.

   –Gracias; paso–.

   –Esto no tendría que darse con pocas personas; somos muy pocos. El poder del pensamiento de Szurqui, tendría que ser para todos. Pero yo no debería de hablar–.

   –¿Quién sino?. Nuestro artículo no podría hacerse si no me cuentas. Diciéndome tu experiencia, me ayudarás a entender lo que sucede. Esto que es tan importante; que puede interesar a tantos…—

   –Lo realmente importante es que me muestres el motivo de tus preguntas. Y además, que entiendas, que yo puedo seguir contestándote y dejar de contestarte al mismo tiempo. Por eso es que yo dejaría de hablar y vos igualmente entenderías, que Szurqui deberá tener muchísimos que lo tengan… Que lo quieran; que lo tengan en sus mentes… Sintonizados con él. Todos seríamos mucho más felices–.

   –El trabajo lo hago porque me interesó tu onda. Pero antes estuve estudiando el tema. Si obtengo algún buen resultado; quizá consiga una matriculación en religiones comparadas. Así el conocimiento de lo que sea bueno en tu experiencia; y lo que me digas sobre tu adeptado a Szurqui; no va a hacerle daño a nadie. El problema va a ser mío. Que tendré que trabajar después con todo el material… ¿Quisieras decirme ahora cómo es lo de sintonizar tu mente con la de Szurqui?…—

   –Pero yo no quiero… Esperá… Yo te contestaré, pero no quiero figurar con nombre y apellido en ninguna publicación–.

   –Sólo pondré tus iniciales. ¿Te tranquiliza?. No pondré más que tus iniciales–.

   –Nosotros y Szurqui no tenemos problemas. Pero al Gobierno o a cualquier importante se le puede ocurrir de pronto que sí tenemos problemas. Y es por eso que no quiero que mi identidad se publique. ¿Vas a hacer entrevistas con otros del grupo?–.

   –No lo tengo determinado. Quizá me alcanze con lo que tú contestes. Y no voy a publicar tu nombre; seguro. ¿Cómo es eso de la sintonía?–.

   –¿La sintonía?. ¡Oh!. Es un nuevo nombre para empezar de nuevo… Así se empiezan a dejar las ideas viejas. Eso es lo primero para acercarse al pensamiento de nuestro jefe. Después hay otros grados de acercamiento… Se puede llegar a ser un Próximo… Trabajar con él… Pero el objetivo final no es otro que entregar parte de la profunda paz que nos da la nueva mente–.

   –¿Cuál dirías que es el centro de este pensamiento de Szurqui?–.

   –Eeh.. Sólo te puedo decir como yo interpreto a su pensamiento. Hay una idea relacionada con contemplar. Como para que todo el mundo pueda ver que hay buenas cosas en cualquier hecho. Para que así no haya más que paz real; aceptando, aceptándonos, a pesar de nuestros errores–.

   –Esto de aceptar nuestros errores; ¿forma parte de la nueva mente?–.

   –Es una manera… Los errores, o lo que pueda molestar, ya no cuentan cuando se empieza a pensar correctamente y con la guía de Szurqui–.

   –Me decías que el proceso se inicia cuando se tiene un nuevo nombre. ¿Cómo es eso?–.

   –También un objeto con una marca… Además del nombre hay que recibir una piedrita con una marca.. Y es la que corresponde para cada uno. Tiene un grabado que es la propiedad de cada uno; igual que el nombre–.

   –¿Cómo un tatuaje en la piedra; algo como un tallado?–.

   –Es una marca tallada. La piedra; ¿la querés ver?… Te puedo mostrar la piedra; pero no hablarte el nombre. Es un secreto para cada uno–.

   La entrevistada procedió a tomar de su saco un paquetito. Se trataba de un pequeño pedazo de tela rectangular, que envolvía a un guijarro de forma ovoide, con un tamaño al cual tomé medidas, de 2.5 por 1.7 cms• en sus diámetros. El pedruzco lleva inscriptas en bajorrelieve, dos grupos de dos puntos; dispuestos ambos en paralelo, a una línea ondulada que los separa.

   –Me dijiste que junto con la piedra… Gracias… Que hay un nombre; y una manera distinta de pensamiento. No me interesa cómo es tu nombre nuevo. Pero… ¿Cómo te fué dado?. ¿Hay algún acto?–.

   –¿Eso? Ah; sí: cuando se recibe el nombre, se da en un cuarto; a solas con el iniciador. Y hay también una forma; que es la forma que Szurqui maneja–.

   –Hablame de si hay algo regular, supongo, …algo como un ejercicio para los adeptos; y cual es–.

   –Te hablo más de mi experiencia. No hay problema. Un ejercicio es repetirte el nombre mentalmente. El que me otorgaron en la iniciación. Dos veces al día, media hora cada vez… Ese es un paso, el primero. También se nos recomienda trabajar, pero que sustente; en algo que dé dinero–.

   –Esto viene bien ahora; como para que me digas cómo se apoya el Szurquismo. ¿Hay alguna forma establecida?–.

   –¿Colaborar?… Todos tenemos como obligación, al diez por ciento de lo que ganemos. Es apenas un mínimo. Yo, …no tendría trabajo como el que tengo, por ejemplo, sino fuera que encontré mi posibilidad, que fue la de Szurqui. Así que naturalmente; que devuelva algo de lo que se me da… Además es una especie de depósito, que estoy haciendo para el futuro. Porque Szurqui y los más Próximos, compran algunas tierras; donde ya grupos de adeptos están funcionando. Producen, …con eso subsisten–…

   –¿Conocés algún asentamiento de esos?–.

   –De conocer no; ninguno. Pero sé que están funcionando. Y cuando sea invitada, voy a ir a estar en un campo. Me están contando de cómo son… Este pensamiento transforma cualquier terreno dado, en algo maravilloso, que va a crecer, por Szurqui… Sé que hay varios; y que cada asentamiento tiende a sustentarse, a producir. Yo estoy esperando a que me toque ir–.

   –¿Por qué no te informaste dónde están esas colonias? ¿Por qué no sabés adonde están? ¿Es eso algo secreto?–.

   –No hay ningún secreto, en nuestras actividades. Sólo hay un código irrompible; que es el nombre otorgado, por el iniciador. Para nada me serviría saber, el lugar del asentamiento. No me interesa saberlo ahora. No hay ninguna intriga oculta. Eso lo sabré, cuando tenga alguna utilidad. Todo fluye naturalmente. Para entonces, tendré que conocerlo, en seguridad natural…–

   …Y seguían las declaraciones, en los escritos de Vicuña; registrado todo ello en los documentos del caso.

   Las observaciones en la escalera; la que transité para llegar a este cuarto, se habían estado repitiendo. Hubo lugar a otros días, en los que aquella detenida atención hacia mí, provenía ya de más personas. Las escaleras hasta este cuarto transitan cuatro pisos de una casa ya gastada. En la casa hay alquileres; y luego los vecinos cambian, y no les presto demasiada atención al pasar. Hay una cierta similitud de todos ellos conmigo: todos uniformados en nuestra oscuridad. Las escaleras llevan un pasamanos de madera todo a lo largo. Por entre las columnas del pasamanos, también hechas en madera, es por donde ví aparecer las cabezas de los observadores, en esta tercera vez que se produjeron los encuentros. Yo estaba subiendo; y era a mi piso al que estaba llegando. Por encima quedan dos pisos más. Yo calculé mi desplazamiento; y atiné con éxito a meterme a través de mi puerta con rapidez. Tomé en cuenta que los observadores pudieran esperar a que yo me siguiera moviendo escaleras arriba. No tuvieron oportunidad de abrir la boca; porque cerré la puerta de un portazo. Me encontré con una carta.


   #… ”Sin duda habrás llegado a una situación sin salida. La misma a la que yo arribé. Y además, amigo: Otra vez estoy en el final contrariante. Aquí, a seis horas de ferrocarril, pero en otro país.

    ¿Por qué también allí?, preguntarás. Aquí también, me volví a poner en la pista de los adeptos. Y con pocas esperanzas, compré unos libros. Todos concedidos por un vendedor de pocas palabras, con quien me entendí fácilmente. Los libros tratan sobre el adeptado aquí. Y están orientados a ciertos lectores. Están hechos para técnicos, ingenieros, químicos; todos comprometidos con la hecatombre inevitable. Y aquí dejé de preocuparme; porque mis brújulas señalan cualquier dirección. Ahora aquí el adeptado se aplica en direcciones contradictorias. Que así se comprometen seriamente sus propias integridades. Pero lo hacen sin alejarse de una cierta unidad de sentimiento. Por ejemplo: ayer tuvieron un mitín deportivo; y nadie propuso nada para una recuperación científica del riesgo ante las sustancias. Eso se produjo dentro de la cancha de la Universidad”…

   Plegué la carta. La puse nuevamente dentro del vistoso sobre extranjero. Terminé de arreglar mi valija. Consulté el reloj. Faltaban pocos minutos para las doce. Saldría de aquí para la medianoche. Tampoco iría tras mi amigo… Usé del tiempo restante para volver a leer las entrevistas: …Y seguían las declaraciones, en los escritos de Vicuña; registrado todo ello en los documentos del caso.

   #… –Así; como cuando comienzo a pensar en mi nuevo nombre. Porque cuando comienzo a repetirlo para mí misma, desaparecen todas las ansiedades, todas las dudas. Los problemas se van. Escucho la Voz que me dice que es lo mejor para hacer. Hago lo que la Voz me indica; y no tengo más inseguridades ni miedos–.

   –Esa voz… ¿La escuchás con algún aparato, ó de la piedra que te dieron? ¿Cómo es que escuchás la voz? ¿De donde viene?–.

   –… Tranquilidad para todo. No hay más problemas. Son instrucciones claras, que me llegan a mi interior. Y fui perdiendo un miedito para seguirlas. Las indicaciones son seguras y beneficiosas. No hay ninguna duda. No debo de preocuparme. Y todo sucede fluídamente, sin tener que pararte a pensar… Todos los adeptos oímos esta Voz… Por eso estamos organizados sin precedentes. Por eso vamos a lograr tranquilidad en todo el mundo–…

   Cerré la Carpeta y la guardé con las cosas. Tomé la valija y cerré las puertas tras de mí. Es medianoche. En la habitación a oscuras, el viento seguirá metiéndose por la ventana.


El mito actúa y se cumple.Es la pobre secuencia del pensamiento  
humano que pretende atrapar bellamente la inconmensurable ambigüedad  
de la realidad insuperable y opaca
“. Blas Matamoro.  


-Narrativa Breve 4- b): Torta y Horda:

   “Celestial” es un pueblo con casas desparramadas, como esparcidas por una siembra silvestre, un poco más acá, cerca de las vías; y otras en las callecitas con pedregullo, más o menos abandonadas, pero arboladas y simpáticas. Ahí estamos.

   Por la carretera estatal viene un sombrero stetson caminando. Es lo primero que vemos aparecer. Enseguida abajo del sombrero aparece un muchacho narigón; y junto a él marcha una chica con una casaca azul y blanca, unos pantalones color ladrillo. Suben la loma por el camino angosto. Entonces percibimos el Bizcochuelo, que lo lleva en las manos la muchacha; y nos tientan las ganas de probarlo.

   La torta de Bizcochuelo es más grande que el sombrero stetson. Además, él lleva puesta una suerte de guardapolvo, negro. El asunto es el Bizcochuelo ancho, redondo, esponjoso y grande; muy grande en su redondez. Y por tal de que nos conviden, …por eso, y porque son gente accesible y agradable, …detrás fuimos a ver adonde llegan en “Celestial”, con esa torta. Los seguimos ni muy cerca ni muy lejos.

   Entraron por una callecita, anterior de alcanzar ellos el punto de la ruta donde estábamos. Alcanzamos a colocarnos por detrás bastante cerca, como para que pudieran escuchar nuestros pasos sobre el pedregullo. Y se dieron vuelta. El muchacho nos miró y algo le dijo a ella, que también nos miró un momentito. Y entonces los dos se detuvieron; y nosotros hicimos lo mismo. Se dio de inmediato, que cada uno de nosotros gesticulase una requisición admirativa, tomando una mano con la otra. Enseguida todos nos frotamos el estómago rotatoriamente; y la fricción de las manos también, en un gesto de disfrute inminente, con la mirada fija. Los dos miraron lo que nosotros mirábamos: el Bizcochuelo. Entonces, liviano el muchacho y sonriente, nos hace un gesto con su mano hacia abajo, como para decirnos que desapareciéramos, o que no les importábamos. Algo le dijo el narigón a la muchacha, que ella se rió. Y siguieron andando. Pero como nosotros, junto con seguirlos por la calle, además estuvimos desparramados dentro de los árboles al lado de la cuneta, más cerca de ellos; pudimos justo oir lo que dijeron:

   -Mirá las cosas que pensamos, Gimena. Toda esa gente ahí, que reclama una parte del postre. Vos sabés lo que son en realidad. Están ahí porque los pensamos; que son sólo personajes hechos. Ojo no te confundas y les des de comer. Que la Torta es para el Tío-.

   Fué entonces cuando la muchacha se rió: y contestaba:

   -Es cierto que la Torta es para el Tío. Aunque estos tienen tantas ganas, Juanjo, que si en el Hogar los viejitos aceptan, algo les podemos convidar-. La referencia de Gimena fue por nosotros.

   -Bueno; pero después en el Hogar. Ahora vamos, a ver si todavía estos muertos de hambre nos la arrebatan-.

   Por cierto que al decir tal cosa, Juanjo exagera un tanto. No somos ladrones nosotros; ¿no es cierto? Pero igual sigamos siguiéndolos…

   La pareja, con figuras festivas tan galanas, con stetson y aderezados ropajes, menciona al Hogar y a los viejitos; luego nosotros ya detectamos para donde se encaminan: Pasando el vado del arroyito, donde en estos días nada de agua hay; doblando en una esquina con un cerco de tunas; ahí nomás está el Hogar Catalán, una especie de Sanatorio para la Tercera Edad. Muy bien puesto el edificio, cuidados los jardines, con unos quinchos por ahí; muy buen lugar para el descanso. Y de nuevo nos frotamos las manos con deleite anticipado… Porque somos amigos del casero…

   -Lo que no me parece claro, Juanjo-, estaba diciendo Gimena; -es el punto de los mirones estos y nosotros. Ellos son tan personajes de este cuento como nosotros, Juanjo. ¿Cómo es esto tuyo de que nosotros los pensamos a ellos?-.

   -Claro que los armamos nosotros; porque vos y yo hacemos el cuento, somos los protagonistas. Y si nosotros, como decís, fuéramos personajes, ellos son sólo protopersonajes, un atisbo nada más de lo que significamos vos y yo-.

   La muchacha; con las dos manos que sostienen la bandeja, a la que no dejamos de mirar; no puede realmente hacer ningún gesto. Sólo levanta más la cabeza, como reclamando; mientras nosotros, por estas teorías de Juanjo, sentimos algún desaliento; aunque Gimena nos repunta ahora cuestionando:

   -¿Cómo decís eso Juanjo?; que “hacemos el cuento”. ¿Y el escritor; el que está escribiéndonos?. El está haciendo el cuento ahora. ¿Cómo?-.

   -No; si ése es otro pensamiento nuestro. La acción es nuestra. No debemos creer que el autor nos hace; ni atendamos en foco a nadie más que a nuestras presencias. El escritor es personaje nuestro-.

   -¿Por qué?-, repone Gimena; -¿si estamos con el escritor y los personajes mirones en un mismo espíritu? Compartimos animados juntos estos tiempos, un aliento común-.

   El muchacho ése, Juanjo, bajó la voz para susurrarle casi al oído. No sabemos qué, pero no nos figuramos nada bueno; aunque seguramente es algún otro engatusamiento delirante. Al mismo tiempo tomó del brazo a Gimena; y caminaron más de prisa los últimos metros, para trasponer los umbrales del Hogar. Todos nosotos nos miramos: ¿cómo explicarlo?; tal como si nos ensayáramos la mirada para luego confrontarlo a “Juanjo”. Para sólo mirarlo cuando lo pensésemos o dejésemos de pensarlo; nos preparamos para cuando lo mirásemos, si lo pensaríamos a él o no. “Eso será luego”, pensábamos.

   Fue entonces, con una risita muy corporal que nos sale, en una imitación que hacíamos del personaje y su gesto; cuando movimos las manos para abajo, como para imponer que desapareciese aquel macaneo. Por eso que el “juanjo” falsifica sobre el escritor y nuestra realidad de observadores-participantes. Y traspusimos el umbral del Hogar en nuestro seguimiento; pero muy serios. Con nosotros también entraron por los árboles de “Celestial” arriba, esos que son parte nuestra; y andamos almas por las hojas y copas. Todos unánimes a seguir el tema este del Bizcochuelo.

   Por pasillos y jardines Gimena y Juanjo, después de saludar a Miller, el intendente del Hogar. buscan a quién van a encontrar. Este señor Arnaldo Miller merecería toda una referencia aparte.

   A nosotros, que andamos algo desencajados, pero serios como profundos pensamientos o pensadores; a nosotros el casero Miller nos dedica guiños y apretones de manos. Y por ahora nos bastará confiarte, lector, con respecto a él; que Arnaldo Miller anda cerca de los setenta años; que el hombre practica natación de largo aliento: hora y media pataleando y braceando en cada sesión. Está casado con una mujer que es una piba; que acaban de tener un bebé hace seis meses. Que él administra y cuida todas las cosas del Hogar Catalán; no así las médicas. Pero una barbaridad de hombre mayor.

   Y mientras tanto, nuestra pareja se arrimó adonde está la gente pensionada; que están haciendo una tarea con colores y cartones, en una galería exterior del edificio. Están algunos de los viejitos en un taller de arteterapia; sobre una gran mesa trabajan.

   Los recibe a Gimena y Juanjo un hombrecito calvo y gordote, con un gran bigote cano y anteojos como culo de botella. Se van los tres a una punta de la galería, donde hay un mesita redonda y una sillas tejidas. El Tío está un poco inquieto, pareciera que por todos nosotros, que nos les colocamos en el cesped, ni muy lejos ni muy cerca, mirándolo todo y atentos a la reunión familiar y al Bizcochuelo. Se va a tranquilizar enseguida el Tío, cuando venga una mucama con un servicio de mate. Juanjo se ocupa de preparar y alcanzarle al viejito, que sorbe su mate. Y el Tío pasa a relatar aconteceres del Hogar Catalán para la pareja. Pasan unos cuantos minutos así; y cuando Juanjo se va a sentar junto a la mesita, el Tío le pide prestado el sombrero stetson. Al ponérselo y mostrarse preguntando que tal como le queda; Gimena, que sigue paradita sosteniendo la bandeja del Bizcochuelo; tiene para con el Tío un desgranar de sonrisas y preguntas familiares. Y el homenajeado anfitrión toma la cuerda que se le ofrece, para refirmarse y reclamar: “que a mí más me gustaría estar en el campo”.

Img. de WikiMedia, Obra de Piero di Cósimo.

Img. de WikiMedia, Obra de Piero di Cósimo.

   -Anímese Tío, que le cedo de regalo el stetson, ya que le va bien. Fíjese-, dice Juanjo; -en la Villa y con stetson. Puede imaginar que está totalmente en el campo, ¿eh?-.

   -Ahora vamos a cortar la Torta-, dispone Gimena; para simultáneamente colocar esta cosa en la mesita. Con un oportuno sentido, diríamos, que es sentir el supuesto dramático del momento, Juanjo se dirige al tío muy quedamente, bisbiseando otra vez. De seguido Juanjo y el Tío, se distienden los dos y se respaldan en sus asientos, mirando para donde estamos. Gimena también nos mira; y muy graciosamente nos dice:

   -Miren mirones, que el Bizcochuelo los mira-.

   Para entender bien tenemos que acercarnos. Lo hacemos todos en bloque, con pasitos cortos, sin cambiar de forma.

   OOooh… ¡El Bizcochuelo está cubierto con una ornamentación repostera, hecha de ojitos! Son de azúcar y chocolate. Ojitos con su blanco de glacé, pupilas de chocolate; con colores de azucar repostero en sus írises variados. Ninguno de estos ojitos nos hace un guiño. Más es el tío quien nos dice:

   -Vayan a mirar por un cuchillo, espías; así repartimos-.

   De buena gana, más que nada por fraternizar, nos disponemos a degustar el bizcochuelo oftálmico. Traemos un cuchillo de cocina. Pero de paso por la mesa del taller de arteterapia, nos hacemos con una botellita de adhesivo con aplicador. Ya van a ver.

   Y somos moderados, de un austero buen apetito. Así que materialmente alcanzó la Torta para que comiesen también todos los pensionados amigos del Tío, las mucamas, las enfermeras, el médico, Miller el casero; y algunas aves se acercaron con su picotear. En fín; un buen reparto de bizcochuelo por las galerías, patios y jardín del Hogar Catalán.

   Como uno de los presentes, pletórico de embucharse torta, le consulta a Gimena por detalles de cocción; ella nos informa: “Los pesamos y mezclamos; batidos todos los ingredientes, cocidos en horno de barro. El relleno es de dulce casero. La decoramos ojito por ojito con los chicos de la clase de manualidades de la escuela”. Y la muchacha ingurgita a dos carrillos.

   En esas delicadezas estamos; y alguien oportunamente pone a andar un audio, con ritmo de flautas y guitarrones. Se le ocurre a Juanjo, el “protagonista”, de bailar con la muchacha; y se lo dice. Ella, con una mirada escéptica, repone que preferiría pasear por el jardín. El Tío, desde su asiento preferencial de homenaje les sugiere:

   -¿Y si pasearan como si bailasen? ¿Por qué no? Anden un poco, que yo me quedo con la Torta y todos los amigos; y con el sombrero, lo más bien-.

   La idea le cayó bien a la pareja, que se aleja gustosa y adecuada, parece, por los senderitos.

   Los dos ejecutan un andar algo gallardo y cadencioso, como en un desfile, levantan las piernas algo tiesas, tipo paso de ganso leve. Y lo que haremos nosotros para divertirnos un poco, será adherirnos trocitos de masa, migajas del Bizcochuelo, en el rostro, por la barbilla, en la nariz y alrededor de la boca. Nos los pegamos a los restos como ornamento festivo, con el adhesivo prestado del taller de plástica. Tenemos lograda una apariencia de opípara comensalía, para aparecer satisfechos al tiempo de nuestro regreso, a los distintos observatorios nuestros esparcidos por “Celestial”.

   -Vamos, “Vamolón”-; decimos: -tanto rollo por un maldito bizcochuelo. Delicioso; ¿no es cierto?. Vamos; que todo terminó bien. ¡Qué cosa!-.

   Ahí volvemos, para que nos vean los otros vecinos, con los requechos de bizcochuelo en las caras; y a repartirnos, silbar entre los claroscuros del ramaje por las calles; y cada tanto juntarnos en un punto clave, para sabernos repartidos, viéndonos.

“(..) queda un cierto tener por ‘indeciso’, o mejor aún, un tener ‘ahí delante’algo  
que no es consciente ‘realmente’ como estando ahí delante.  
El carácter de posición ha perdido su fuerza
”.  
Edmund Husserl.  


         SEM. Morón, Buenos Aires, Argentina, Mayo 2009.


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[Dos trabajillos de un “Artista del Hambre”, asiduo de Hipersalenas.WordPress, produjeron enlaces a esta..] narrativa-breve-4, por “Torta y Horda. [Resulta ser que Rollo Flox es amante de los bizcochuelos, por eso. Y ahí está, haciendo su lista de compras, y con la esperanza por una porción de torta; puede leérselo yendo por AQUI.]

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