Hipersalenas


# novella-escrito-amigos-consultar: ..”adivinar, convivencia, trote, registren, clientelazgos, ingesta, camilla, riesgosa, alicientes, vidrieras, distraerme, transdimensional, esquina, rarezas, fomentar, mediodía..”


 Resumen:

Narración novelada breve, “Escrito de una reunión de amigos puede consultarse” arranca desde una hilatura introductoria e inductora para la trama principal. Ese primer entorno temporal se continúa en intercalaciones a lo largo del texto, en las secciones con el subtítulo En la vecindad …”. Y en otro hilado hay gente entramada en una ciudad grande, dentro de las secciones subtituladas como Pronóstico …”, donde las figuras tienden sus puntos de vista. Aquí y allá está el portavoz en marcha y diciendo. Tanto el entorno primero como la trama principal son realizaciones que sólo se pueden llegar a construir al activarlas cada lector.
Cualquier semejanza de estas situaciones, eventos y personajes ficcionales, con hechos y personas reales, es mera coincidencia; y/o la semejanza pudiera deberse estrictamente, a funciones creativas, pero no informativas.


Esta obra está bajo una licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 3.0 Unported.


      Enlace aquí para la Novella descargable en .PDF [escrito_reunion_puede_consultarse].


Escrito De Una Reunión De Amigos Puede Consultarse


…«espíritu de todos los objetos, materia de todas las almas: tajo de tu memoria que separa las dos mitades: soldadura de la vida, que vuelve a unirlas, disolverlas, perseguirlas, encontrarlas: la fruta tiene dos mitades: hoy volverán a unirse: recordarás…» Carlos Fuentes.

LaNovelaEnPapelesConFondoTejido

«..-Esto es un ensayo general ... un estetograma-..»

  En la vecindad ~1

   Entra y sale todo tipo de gente. Me gusta estar ahí en esa puerta. Es una linda puerta donde me siento envuelto por la vida que va y viene de la calle y por el edificio. Además, están los otros muchachos, que conversan contínuamente de cómo hacen dinero… Convivimos; al menos no me molestan. Dí con el lugar ideal, finalmente. Me puedo quedar tranquilamente en esa puerta, sin ir más lejos. Claro que yo nunca cruzo los brazos, y así el transcurso del tiempo me tiene integrado con todos, en una conexión sutil.

   Algunos vecinos se me acercan; me preguntan: “¿qué contás?”. Así me puedo interesar por ellos. Les voy diciendo lo que pasó, como es que llegaremos ahí. Entonces ellos se conectan con sus propias historias, comienzan a soltarlas; y se van dando a conocer, a conocerse. Vamos tejiendo una red de nutriciones, para que nuestro tiempo no se nos escape; de tal modo estamos yendo, quizá, a saborear nuestras vidas verdaderas.

   Los vecinos me dan pastillas de menta, sacan cintas rojas de sus bolsillos. Un par de ellos se acuerda de que quieren ver una película; y se van adonde las pantallas los esperan. Me gusta estar ahí en esa puerta, haciendo esas conexiones. Después yo también me voy, ya bien de noche. Y al día siguiente, mañana, estaré de nuevo entre la gente que entra y sale. En realidad yo sé lo que va a pasar, mañana y en los días sucesivos. Me lo dijo Nora cuando retorné a casa, cuando me puse a conversar con ella. Entre las mutuas informaciones, sobre la renovación de nuestros depósitos, el cambio de destino de algunas inversiones en papeles de bolsa, y otras cosas más de las cotidianas; se dió que Nora vaticinase, en una larga conversación, en torno a lo que hubiere aconteciendo en los próximos días.

   Teníamos entre los dos, encima de la mesa, a una anilla de cobre, del tamaño como de una ajorca. Es lo utilizado por Nora, desde que vivimos juntos, y la sigue usando, para adivinar lo que pasará. A veces me habla a mí ella, a veces a la anilla. Acostumbramos quedarnos ahí en una tenida morosa, con grandes silencios entre lo que cada uno dice, la anilla, Nora y yo, durante más de diez horas a veces. Hasta que sentimos la campanilla del portón del jardín, cuando el diarero se acerca al porche de nuestra casa ya de madrugada, con el diario. -Nuestra casa, lo que me dejó mi familia; la única casa con patio trasero y jardín frontero que permanece, en varias cuadras alrededor. Todo el barrio que se ha vuelto, desde aquellos años de mis padres, en una zona más de altos edificios departamentados-. Cuando sentimos la campanilla, Nora se levanta de la mesa y guarda la anilla adivinatoria en sus cajoncitos, adonde ella tiene su rincón particular, con la alfombra y los almohadones. Usamos solamente un ambiente de la casa para nuestra convivencia. Esto desde hace ya varios años. Por no pasarnos el tiempo limpiando, dejamos los otros cuartos vacíos y cerrados.

   En esta vuelta, Nora se levantó de la mesa para ir a darse un baño. Yo apagué la lámpara y me vine hasta la cocina para preparar una cocoa. Ahora les cuento lo que hablamos durante las más recientes horas anticipatorias, cuando volví de la puerta.

   -Ismael, alcanzame la toalla grande floreada-.

   Discúlpenme, es Nora que me necesita. Sino le alcanzo la toalla, va a llenar el piso de agua … Hmm, hmm; sigue deliciosa. Aunque usando gorra de baño, sigue deliciosa. Igual mejor esperamos la hora de la siesta. Tengo que contarles, lo que hablamos. Les digo lo que pasará en la puerta: Nora comenzó a predecir diciendo:

   -Absueltos por la Reina Mab, que nos permite mirar en su terreno, te voy a contar lo que seguirá. Me dice Amilamia que vas a hablar con Marcelo en estos días. ¿Hay un Marcelo?-. Yo no supe si me hablaba a mí o a la anilla de bronce, que había olvidado decirles se llama Amilamia. Así que le contesté inventando: “Ese muchacho es la parte difícil que aparece ahí en la puerta”, le dije cuando empezamos a Nora. Y le fragüé una historia en la que un muchacho, a quien todos los otros vecinos llamaban Marcelo; pero de quien yo no estaba seguro que ese fuera su nombre; después de un momento allí en la puerta, me había tratado de vender una chatarra depositada en el sótano del edificio: “Naturalmente, Nora, él vive en ese edificio. Unas estanterías de chapa, una cocina abandonada, una bicicleta fija; son las cosas que pretendíó me interesaran. Aunque creo que fué esta oferta, nada más que un pretexto, para meter la mano sobre mi sexo. Se me acercó, apoyó la mano ahí; creo que iba a besarme. Yo sólo le dije: –No, por favor–. Rechacé su contacto y marché hacia la escalera del sótano para irme. Pero el tipo empezó a moverse, declamando no me acuerdo que cosas. Tengo presente que hablaba de botellas; y me rogó que no me fuera. Enseguida tomó las medidas de la cocina y los estantes con un metro plegable. Anotó en un papel los números y quiso dármelo. -Si hubo alguna molestia para usted en mi oferta, sepa disculparme-, me propuso cuando me alcanzaba el papel. Yo nuevamente: -No, no-. Y no acepté el papel con los números. Marché para salir del sótano. Le dije que iba a olvidar todo. Entonces se reanimó; se había como hinchado, completamente rojo, parecía que los ojos se le iban a escapar hacia fuera. Plegó el papel y lo guardó en un bolsillo de la camisa. Se adelantó a mí escaleras arriba para mostrarme el camino; iba encendiendo las luces; es una escalera muy larga”. Toda esa mentira le conté a Nora. Enseguida estaremos tomando la cocoa.

   Es cierto que la invocación a la Reina Mab, había predispuesto mi fantaseo. Nora repitió la invocación. Y esta vez seguro que se dirigía a mí. Entonces yo más tranquilo, fui siguiendo sus vaticinios. Los puedo recordar y rearmar, los escribo aquí aparte porque tienen alguna coherencia. Fíjensé cómo son las cosas; ..voy redactando cómo comienza el futuro:

  Pronóstico ~1

   Hay que esperarla. Lo más importante es esa columna de mármol con tantas vetas rojizas. Es una columna cuadrangular; y es suficiente. Ya se hace de noche esperándola; es sábado. En el lugar donde actúa, se demoraría mi Amiga la cantante, por lo cual no llega, o llegará muy tarde. Tanto se demora; que hay que ir a buscarla al Local Independiente. Dado que hay un portero benévolo, con buena memoria para recordar ocasiones anteriores, se puede entrar al local sin problema. Allí el espectáculo habrá terminado; no hay nada de público. La Amiga cantante hace estas canciones psicoanalíticas de vez en vez, andando por los centros barriales independientes. La descentralización alcanza también a la Secretaría de Cultura.

   Se ha quedado la Cantante fuera de hora, en un ensayo, con el resto del Equipo: el trío de músicos y la pareja de bailarinas que acompañan a esta Amiga. Comienzan y se detienen en las evoluciones y con la música. Una y otra vez retoman los compases y la melodía de “Sobre el Arco Iris”. La Cantante se integra al ensayo, diciéndose obligada a participar; pero también a gusto, cumple con la preparación de estos preliminares a otro espectáculo. Se seguirán en sus canciones, danzas, etcétera. El tiempo avanza; todos comienzan a tener hambre.

   El office del lugar está a la vista tras una mesada franqueable. Alguien estorba un poco en el horno de la cocina, al dejar el ensayo de lado; y comienza a aportar Platos. Las cosas se me van un poniendo un poco mejor durante la pitanza. Pero… Se siguen aportando platos… La comida parece interminable… Y algunos se sirven por segunda vez las milanesas napolitanas… Un músico se sirve también otra vez un plato de huevos horneados… Es para no quedarse a esperar los postres; es para ir a descansar. Entonces se cumplirá con una breve despedida, para salir a la hora tardía del suburbio. Estamos en la Zona de Badero Norte. Ahí me desligo.

  En la vecindad ~2

   Voy a ver que hace Nora…
   Es muy extraño que se le haya ocurrido, les cuento, ..ponerse a desarmar la lámpara de la sala. Me ha dicho que lo puede hacer ahora, aprovechando la claridad. Está descolgando la lámpara del techo. En fín; dentro de un rato voy a ir de nuevo, a ver si quiere que la ayude. Por ahora dice que se arregla sola. Prosigamos…

  Pronóstico ~2

   Habremos visto que se sale del Local Independiente. No es tan lejos ahí por Badero Norte. Consideremos que entonces, imaginando a las distancias… Habría de tomarse la opción por una carrera; un poco porque hay que demostrarse valioso y vital, frente a esos del Local, con su fiesta comilona.

   El trote se inicia, por entre las avenidas repletas de gente paseando y en los cafés: Animación de un final de sábado. Tipos con camisas coloridas conversan sonrientes, desde los sillines de sus motocicletas, con chicas policromadas, ajustadas en telas elásticas. La animación continúa mientras se trota, adentro, pero también afuera entre la gente de las avenidas; pasándose la noche felizmente desde los boliches y en la carrera que continúa lejos hasta el alba.

   La carrera no termina en algún lugar. Se seguiría corriendo por muchos minutos más, en el intento de llegar a algún sitio… Pero estamos en la arena; ya es de día y hay médanos alrededor. No se llegará a “casa”, todavía. Lo que hay ya, es la mañana gris, nublándose todavía más. Flamean algunas banderas por encima de una de las crestas arenosas. Turquesa y rojo forman, sumados de a cuadrados, estas telas, en el tope de astas, las que mueven de un lado a otro, son un grupito de gente jóven. Ahí están, cinco o seis, cada uno con su bandera. Además, hay un grupo más pequeño que los observa. Parecen todos seguir las directivas de quien le indica con la mano, a un muchacho, para que se acerque adonde se ha detenido la carrera en la que estábamos. Se contempla. El muchacho viene, siguiendo las indicaciones, y trae otra bandera con cuadros turquesas y rojos. La bandera pasa de manos. “¡Súmense al grupo de bandereros!; agitar la bandera es fácil, pasen a hacerlo”.

   En medio de la agitación, con algún cansancio por la carrera, ..pero hay que agregarse al grupo, hacer ondear la bandera. El Director del Programa –ese es quien da las indicaciones-, asiente satisfecho al vernos hacer flamear las banderas. El viento no molesta. Aunque estamos en medio de la arena y sobre un médano; este mismo se encuentra en una hondonada, rodeado por cumbres de arena más altas. Se acerca aparte, al grupo más pequeño, una chica japonesa que no cesa de hablar, ininteligible y rápidamente. Desde el grupo de bandereros, donde estamos cohesionados en la actividad, también podemos atender a lo que sucede, entre la chica japonesa y el Director del Programa. El hace que un asistente le alcance a la chica, que parece estar bastante nerviosa, dos banderas blancas con astas más cortas. La muchacha se tranquiliza agitándolas. Viene hasta nosotros; y estamos ahí haciendo flamear las banderas.

   El Director se nos acerca después de un buen rato. Viene gesticulando, cruzando y descruzando las manos delante de sí, indicándonos un cese. Nuestra acción se detiene. Bajamos las astas a la arena. Nos quedamos quietos.

   -Los voy a ubicar en lo que pasa; especialmente a los recien venidos-. Nos señala; nos apartamos; nos disponemos a escuchar las indicaciones del “dire”, que continúa: -Tendremos que mudarnos ahora. Vamos a ir hasta un edificio del centro-.

   No tenemos bien claro quienes irán ahí, además del grupo y de la muchacha japonesa. Pero uno de los implicados en el vaticinio será el que interrogue al Director:
   -Preferiría volver al Local Independiente; o que nos lleven a cada uno hasta la casa de cada quien. Además: ¿Para qué se hace esta representación; qué beneficio se puede obtener de esto?. Sepa que, si nos plegamos a la acción, fue simplemente porque nos pareció lo más lindo. Respóndanos porque también nos podríamos retirar Es bastante claro; ¿no?… -.
   -Esto es un ensayo general. Simplemente preparamos un estetograma-, replica el Director; -probablemente termine siendo una novela…-, el “dire” continúa, en un tono más coloquial: -Con la dificultad de fondos que nos acosa siempre… Permanentemente achicando los Programas-, casi nos gimotea: -…Aunque ustedes no tendrán de que quejarse…-, abarca al grupo con un movimiento de la mano: -Yo simplemente soy un intermediario. Todos los que actúan tienen vivienda y alimentación. Además, haciendo el cambio de Créudos a Sóllars, les toca para cada uno, alrededor de 15 Sóllares por día; no es mucho pero cada parte irá en su respectivo sobre-.
   La japonesita saca una calculadora, y después de apretar unos botones y consultar la máquina, se muestra muy sonriente.
   -¿Vamos por nuestra cuenta; o nos va a llevar hasta el centro?-. Nosotros, el sector vaticinado del Programa, tambien en conformidad, estamos preguntando por cómo transportarnos. Con la mirada nos consultamos; por si habrá que tomar la opción de seguir al trote.
   Con toda propiedad se escucha, como contestándonos, el bufido repetido y rítmico del escape de un motor. Así aparece trabajosamente y no muy lejos, un ómnibus, redondo por todos lados, con bastantes abollones, pintado de esmalte sintético. El ruido cadencioso y grave del escape, parece haber sonado como trompas de triunfo, para el Director del Programa, quien rápidamente le dice al vaticinio:
   -Ahí lo tenemos. Suban al dinosaurio ese; que no será rápido, pero llega a tiempo. El Programa se va cumpliendo. Arriba, arriba-.
   La poca numerosa compañía, sin mucho orden, va a ir poniendo las banderas, las otras piezas del equipo también; todo lo que se irá acomodando en esa carrocería. Y la gente: los bandereros, el grupo aparte -que no sabemos bien si es de técnicos ó de observadores-, todos, nos iremos sentando en esas butacas heterogéneas, pero muy cómodas. El Director, que es el último en subir, cerrará la puerta; nos mirará complacido a todos, y le dará una palmada en la espalda al chofer del carrindango, como para que arranque.
   -Me puedo dar palmadas solo en la espalda; mire-. El hombre del volante se levanta sin mucho enojo; y nos muestra como puede palmearse el lomo satisfactoriamente.
   El Director, muy divertido, se sienta en una de las poltronas del micro. El también aplaude cuando todos aplaudimos. El conductor se sentará al volante. Se inicia un recorrido. Podremos observar, como está vaticinado, que el trayecto desde los médanos y las suaves barrancas, hasta transitar por las calles y la avenida principal, es un trayecto por ámbitos desiertos; ninguna persona a la vista, nadie.

   Detrás del paso del ómnibus, quizá se asomarán las personas a mirar lo que pase, a comentar: -¿cómo va el Programa?-. El vecindario enredado, casi obsoleto, como los edificios, que nos parecen deshabitados desde el ómnibus. Aunque son realmente portadores de una intrincada vida, semejante a los diseños art-nouveau de muchas construcciones en la avenida.

   Ya estaremos acercándonos al final del recorrido, cuando aparece un personaje femenino, que es bisagra dentro del Programa. Ahí estará, balanceándose en el borde de la acera, como tratando de divisar algún transporte. Como se la ve junto a una parada de buses, quizá su intento es el de abordar alguno. El Director nos la señalará a todos, apuntándola con un movimiento de cabeza. Entonces la actriz -después sabremos que es una actriz, porque se agregará al equipo-, va a intentar ocultar su cabeza ella, en una ventanita redonda. Se habrá retirado junto a los edificios. El ómnibus nuestro detenido. Todos tratando de verla. Ella habrá tratado de ocultar cabeza y rostro, en ese ventanuco lateral redondo, parece que de un kiosco. Pero el Director no se inquieta por la maniobra.

  En la vecindad ~3

   Nora, bastante imprevisible, se apareció para contarnos algo:
   “Sin embargo; Ismael tendrá que ir hasta las ventanillas traseras de ese viejo ómnibus. Así podrá ver como la actriz se acerca a conversar con la gente de un jeep -tipos con escopetas, ataviados como ‘bwanas’ en un safari africano-”.
   -¿Qué hiciste con la lámpara? ¿Terminaste el arreglo, Nora?-.
   -Solamente cambié el portalámparas, y le puse un bombillo verde. Si quedó algo de cocoa, podemos ir a tomarla allá-.
   -Prefiero quedarme. Estamos mas en zona en la cocina-, le digo a Nora; y agrego: -¿Por qué no me aclaras la aparición ésta del safari dentro del jeep?-.
   -Es algo que no previmos. En todos los vaticinios siempre quedan zonas oscuras-, me dice: -..El safari que conversa con la actriz… –
   -¿Todos de pantaloncito corto, Nora?-.
   -…Todos. Y con sombreros de alas anchas. Es sólo un ejemplo de lo que no se puede prever. Podrá suceder o no. Vale como ejemplo. Después vení a la sala; tenés que ver como queda la lámpara verde-.
   Nora se va con su cocoa; ustedes vean como yo me asomo detrás de ella para mirar. Y vislumbro así algo de un nuevo resplandor, antes de que ella abra de nuevo las ventanas y apague su novedad. Para más tarde.

  Pronóstico ~3

   Dentro del anticipo, habremos llegado con el ómnibus adonde nos esperan las próximas acciones. En una calle desprovista de personalidad, que cruza a la avenida principal, calle apartada y lateral; los bandereros, la japonesita, el resto del equipo, también los copartícipes del vaticinio, habremos trasbordado allí a una Plataforma-Grua, en la punta de un Brazo articulado, de varios metros de alto, que enseguida se erguirá con todos nosotros.

SobrantesAmanecen

«..los restos de una fiesta, en los distintos pisos..»

   La plataforma se irá elevando; vamos a ir viendo el frente de un edificio de viviendas, con todos los balcones encendidos. Y desde nuestra atalaya movil observamos, tenemos a la vista los restos de una fiesta, en los distintos pisos. Platitos con restos de comida abandonada. Es totalmente de día; pero igualmente están encendidas las luces en todos los pisos. Las ventanas completamente abiertas. Todos en la Plataforma-Grua observamos, casi totalmente callados; el brazo de la articulación mecánica completamente tendido; y el camión-grua se desplaza muy lentamente por la calle.

   El Director ahora nos dice, mientras todo el equipo calladamente mira la casa de la fiesta; y mientras también comenzamos a desplegar nuestra visión alrededor y más lejos -algunos vecinos ya se asoman a ver como va nuestro trabajo-… Y el Director nos dice: “Todo lo posible de ver a primera vista, ya estuvo, está y estará, para que ustedes lo registren; pero no van a poder copiar el Programa. Si quieren alcanzar eso, la acción les será impedida. Necesariamente para que no lo copien, no se los mostraré. Ninguno de los responsables tampoco permitirá que lo vean”.

   Es un cambio de tono de efectos oprimentes. Pero la grúa ya estará nuevamente en el nivel de la calle. ¿Qué vamos a hacer?! Los bandereros, la japonesa calculista, nosotros los copartícipes en el vaticinio, yo mismo -recuerden que me llamo Ismael-, nos vamos alejando y dispersándonos. Apenas si nos musitamos esbozos de referencias sobre seguir el Programa; y algunos saludos al irnos.

  En la vecindad ~4

   Por ahí es un acierto que ahora interrumpa Nora llamándome desde la sala. Quizá sea atinado que debamos desencadenar este pronóstico de su secuencia de escenas. Porque quizá el caso se pondría mejor, si ustedes imaginan las instancias a partir de ahora; para que yo disponga de un momentito para atender esta afortunada interrupción de Nora.

   Al llegar a la sala, ya veo que el cambio de lámpara acarreó mejoras en la instalación lumínica; y a su vez, con una pantalla nueva sorprendente hecha en gajos: sectores polícromos de una esfera opalescente. Encontraríamos a Nora en su asiento del rincón de almohadones. Cuando llegue la hora de prender las luces, se va a dar algo, probablemente un espectáculo alegre. Y ella sólo quería que salgamos a caminar, por eso me llamaba. Pero me lo dice muy seriamente: …”Estamos en una marcha prolongada”…

   -¿No nos habíamos prometido que no caminaríamos juntos por acá?-
   “…Bueno; cuando sea de noche salimos”…
   -Pero de noche peor; puede haber mayores problemas si salimos juntos-
   “Salimos juntos más tarde; pero desde la puerta…”
   -Cada uno por su lado-
   “Claro… Y hacemos caminata estocástica”..

  Pronóstico ~4

   Dentro del oráculo, luego del descendimiento con la Grúa, solamente habrá que caminar unas pocas cuadras desde allí, hasta un bar en una esquina: Pocas mesas con manteles; un par de apartados con butacas fijas; todo el lugar parecería una nube de telas cuadrillé, con lazos de raso. Sobre unas servilletas de papel, sentado en el mostrador, este Ismael se pone a dibujar. O soy yo; que dentro del oráculo, me pongo a dibujar gráficas, del trabajo que hemos hecho recién. Estamos acordes con las indicaciones del Director, pero aún proseguimos en esta suerte de epílogo para el Programa.

   No habrá que esperar mucho, para que la pequeña actividad, el epílogo dibujadito y manuscrito, comience a actuar como fuerza de gravedad con la gente del bar. Inicialmente sólo el barman y yo, él detrás del mostrador, que concurre tironeado por mi aplicación, despues de varios minutos con verme inclinado sobre las servilletas desplegadas, en las que trazo diagramas en escorzo, con la ubicación del Programa. Son varios minutos aplicados a representar también un edificio, el camión-grúa, el ómnibus repintado de tipo sobrante militar, etc.

   Con el barman nos conocemos. Se llama Nicolás Labrasogni; ha llegado a esta ciudad grande poco atrás, escapando de la derrota europea. Y precisamente en la conflagración, me estaba diciendo; que él había actuado en un regimiento de ingenieros, por lo que puede reconocer exactamente al vehículo. Por lo tanto, Labrasogni entra a señalarme con el dedo índice, cual es el largo de eje a eje que debe tener mi representación del ómnibus. Y ante un regocijo interior mío; pero que no exteriorizo sino en pequeñas preguntas, sobre exactitud de diámetros de columnas, luces entre vigas, altura de dinteles en el edificio -porque las precisiones de Nicolás alcanzan a todos mis esquemas-, él va explicándome motivos y detalles del Programa… Y por algunos minutos todos los papeles abundan extendidos en el mostrador, al tiempo que vamos cambiando la atención de uno a otro, corrigiéndolos. Esto es tan reconfortante; me siento nuevamente inserto en el Programa, en la vida del día, cada vez más francamente lumínico; ya serán cerca de las nueve.

   La interrupción, que indica un corte en nuestra actividad, llega inevitablemente. Se va acercando al mostrador, en la otra punta, otro cliente, pero lentamente. Un señor con duro acento extranjero, que arrastra las suelas de su calzado.
   -Te traje unos periódicos, Nicolás-. El recien venido farfulla, en un castellano trabado: -Estaban tan ocupados, con el señor… Que me demoré para no interrumpir algo importante-. Y puso sobre el mostrador un paquetazo de papeles de imprenta.
   -No nos dé tanta importancia-, le digo yo, ..-conversábamos sobre una película-.

   El hombre, ya anciano, mira con ojillos afilados, de un azul cortante, al montoncito de servilletas reunido; donde se habrán hecho las gráficas, en colaboración con el Barman, acerca del Programa previo. Esta mirada a las evidencias, coincide ahí con un malestar, que se hace creciente en mí… Un dolor en la boca del estómago. Sucederá como si el señor de ojitos penetrantes y castellano barbarizado, sucederá como que su presencia pondría de relieve la vulnerabilidad de ese trabajo previo. Me es un suponer, que todas las cosas alrededor también participan, en una elevación antagónica, contra mi propia sensibilidad anterior, que se hundirá, se deprimirá acorde con la deprimencia, con las náuseas… Y el dolor en la boca del estómago, que irá creciendo; además de un mareo oprimente… De tal buena manera, y así malamente, …irán las cosas.

   Nicolás toma el paquete con papeles del señor; me dirá a mí que el recién llegado se llama Fredenbauer, quien se presentaría conmigo en breve reseña de sus días por entonces, diciéndome que él es el sereno, en el Colegio Genicario. “Además del Jardinero”, agregará Labrasogni, cuando al volver hacia el mostrador, trae un vino candeal… “Para el amigo Fredenbauer”. Y la conversación continuará un poco más, mientras mi malestar prospera. Momentos en los cuales casi no respiro, sino a fuerza de bostezos reflejos, que trato de disimular, retener el aire. Es cuando Nicolás y el señor de raro acento están interesados para que yo les siga hablando de mis entrenamientos: Poco tiempo más podré hacerlo; hasta que el Barman se da cuenta de que algo me pasa: “Estás traspirando; te pusiste muy pálido”. Yo me llevaré la mano al estómago; me duele. “Vamos al Hospital”.

  En la vecindad ~5

   Les aclaro brevemente, como opción para distendernos un poco, esa última frase de Nora que quizá se pudo oir aquí en la cocina: …”La Caminata Estocástica”. Es un método que tenemos: En cada esquina, o cada dos esquinas, ante las bifurcaciones, divergencias inevitables, cada uno consulta su reloj: Segundero a la derecha o a la izquierda, cifras pares o impares: 2 x 1, ó 2 x 2 a la derecha ó a la izquierda, 3 x 1 al frente, atrás. Así hacemos una caminata derivante pero sin desatinos, una caminata estocástica que nos lleva por rumbos imprevistos. Sorpresa para malvivientes, para clientelazgos; sorpresa para nosotros que nos podemos volver a ver desde una esquina. Y que sólo con imaginar poder entrevernos por la suerte y un poco lejos; nos excitamos con esto al desembocar en los cruces… Ver imágenes azarosas, todo que se hace fugitivo y leve alrededor y en las otras esquinas también…

  Pronóstico ~5

   “Vamos al Hospital”, está afirmando Nicolás Labrasogni. Va a disponer de un reemplazo, un muchacho al que llama e instruye y que le seguirá atendiendo el Bar. Para detener el taxi sale Fredenbauer. Apenas si camino yo, perdido todo control, colgado con un brazo en los hombros de Labrasogni. ¡Qué descompostura! Cuando se quedan atrás la esquina, y el señor de ojos cortantes, ya en el taxi que parte, Nicolás está diciéndome que en el Hospital habrá que ver a un médico amigo. “Pero; ¿qué te vino?”, rezonga Labrasogni. Hay un olor a nafta y a tapizado nuevo. Yo desarmándome en el asiento del taxi. El auto va rápido. El asiento está bien blando y cómodo.

   Según vamos llegando al hospital, ni bien el coche desacelera y se acerca al estacionamiento de entrada, yo voy sintiendo una mejoría, quizá de corte solamente imaginativo. Pero el nudo, que llevo en la boca del estómago, casi desaparece del todo; lo mismo sucede con el calor y el mareo. Este alivio me reincorpora para compartir la normalidad, reinstalarme como dueño de mí, aunque con tristeza y cansancio. Ya Nicolás Labrasogni le está pagando al taxi; me observa él antes de bajar; conviene con el conductor y conmigo en que esperemos.

   -Voy a buscar una silla de ruedas, Ismael. En un momentito volveremos con la enfermera de admisión; así entras sin problemas-. Y Nicolás no me da tiempo a contestarle; que transportarme así, le querría decir, ya no me parece necesario. Sale él a paso vivo, para desaparecer en la entrada de la guardia.

   Con cansancio encima yo, con una sensación de trastorno, que me impone cierta lentitud en las respuestas, lo que me hace difícil contestarle a Nicolás -habría de querer decirle que ya no es necesario ese traslado en silla de ruedas-… ya se habrá ido a buscarla. Por esto me dejaré estar un momento más en esa ausencia de tono, triste, cansada y descompuesta.

   Pero el conductor estará mirándome dado vuelta en su asiento; con un cierto aire acusador, o excesivamente inquisitivo, me dirá sonriente que me ha reconocido. El tipo se equivoca totalmente. Me confunde con otra persona; aunque igualmente yo decido asumir el exterior de esa otra persona tan popular: un Director de cine.

   -Vea usted cómo serán las cosas; ..lo vengo a llevar en un viaje a usted. Que últimamente venimos conversando sobre su trabajo, en casa con mi gente. Comentábamos lo difícil que le habrá resultado adaptarse a tomar estas nuevas películas sobre el ténis-. El conductor me dice esto sonriente, pero con cierta reserva de intriga.

   Yo estoy fatalmente aburrido, triste y cansado. Igualmente asumo el conocido caso como propio. Y con algún saber previo, sobre el personaje de quien se trata, diré:
   -No es tan complicado como parece. Se trata de tres estilos, tres ritmos personales que hay que conocer, tres formas de intercambio; que determinarán decantadas las tres distintas formas básicas de registro: Los dos adversarios cerca de la red; uno lejos y el otro cerca; los dos lejanos de la red-. El hombre del taxi irá asintiendo, mientras yo enfatizo suavemente, con gestos, las diferentes instancias de mi dirección supuesta:
   -Cada uno de estos casos de juego, en realidad está determinado por cada estilo personal de los jugadores, tomados individualmente. Porque la tipicidad que le señalo, es solamente un reflejo de comportamientos particulares muy señeros. Como por ejemplo-…E iría yo a comenzar a detallar características, ya con la puerta del taxi abierta; si no fuera porque ya Labrasogni y un enfermero se me presentan.

   Es una breve conversación con el enfermero y Nicolás; ya que puedo salir del auto por mis propios medios; y puede el enfermero volver a la guardia satisfecho. Queda seguro que la silla de ruedas es innecesaria para mi.

   Hay una corta despedida con el hombre del taxi. Y ya, al andar lentamente por la calle de entrada, resplandeciente con el sol, es Labrasogni quien me está diciendo: Que él sí se había dado cuenta de un cambio en mi semblante; que me había estado viendo recién, junto al enfermero, con una revitalización extraña; en ese momentito notó una diferencia, ..me había visto como si otra forma de ser se hubiera instalado en mi organismo.

   Entramos al enorme hall del Hospital; parece una gigantesca sala de espera, con distintos grupos de gente; todos varones callados, en cierta actitud, como resignándose. Todos aparentan ser trabajadores; muchachos ya bien grandes, pero desocupados o en trance de paro. Esta onda deprimente alrededor, se suma a la deprimencia de la que me estaba recomponiendo. Por el hall con nuestro andar, vamos Labrasogni y yo; cuando él me dice, que si me siento mejor, él me podría dejar, volver a su negocio. De acuerdo con eso; pero antes de que otra onda de bajón me atrape, le sugiero a Nicolás que me haga aguante un minutito más. Me acompañe así hasta un mostrador de cafetería, donde yo debo de comprar unos bocadillos. Para ocuparme con la ingesta en nutrirme con algún saborcito, un intercambio de alimentación, ocupar mis manos con algo, y además masticar; que son rutinas en las que afianzarse; no permitir que me vuelva a sentir enfermo. También tendré que buscar otro consultorio, más arriba por los ascensores… Donde hasta sus puertas me acompaña Nicolás, que se me despide, vuelve a su negocio. Tendré que buscar al médico que me ha dicho Labrasogni, por los pisos superiores. Quedo frente a la pared de los ascensores y Nicolás sale del hall.

   Al estar ya pulsando el botón de llamada, ..noto que detrás de mi se agrega a la espera una muchacha grácil, rubia, pequeña, buenamente vestida, cara de buen pasar. Me doy ocupación, para en parte ocultar mis debilidades, detrás de la mecánica de los alfajores, que son adecuados para dar mejor aspecto a la situación… Pero la chica esa parece que estaría nerviosa; o temerosa… Va y viene en cortos pasos; como que ya se dispararía por las escaleras… Sigo degustando los alfajorcitos. En cambio la chica sigue intranquila. Estos ascensores, claro, son automáticos, solos, sin ascensoristas… Y con este modo se nos abren las puertas, entramos al ascensor los dos. La muchacha se planta rápidamente frente a a la botonera; y yo me ubico con distancia relativa; para en tal caso ver lo que se haga de observar; y ella no está pulsando ningún botón ni pregunta nada. ¿Qué voy a decirle? Pero de inmediato el ascensor se transforma, en algo como un tercero interviniente, que congracia a esa escena con “nosotros” ahí dentro. Porque las puertas se cierran por algún llamado de otro nivel, y comienza el viaje.

   No hace demora la dama rubia para iniciar las acciones; acercándose me dice: “No te pude llamar por teléfono ni verte allá”… Con un cariño posesivo me abraza desde mi flanco. Quizá se esté refiriendo a mi situación allá en Los Altos, su afanosidad me impide preguntárselo. Ciertamente, me enlaza; también con las piernas. Lleva una mano a mi pecho y luego al cuello, con caricias. Mi dolor en la boca del estómago desaparecerá por completo; me voy reponiendo, ahora casi totalmente, de mi trastorno. Pero ella con una pesadumbre… Y yo que estoy iniciando mi voluntad para lo que está sucediendo; …cuando el ascensor se detiene. Las puertas se nos abren repentinamente; y ella, aunque sosteniendo esa languidez pesarosa, igual se me desprende, para descender aceleradamente… De nuevo impulsada por su motor nervioso. Y cruzándose con la rubia “sprinter”, sube al ascensor un señor al que no me detengo a mirar, pero al que percibo, me parece, burlón conmigo. Las puertas se cierran; vuelven a funcionar súbitamente cerrándome la salida. El maldito malestar retoma mis entrañas.

   “¿Por qué piso andaremos. Pareciera que el ascensor sigue subiendo?”, este Ismael se interroga delante del panel de botones. Oprime pensativa y acertadamente al interruptor que hace detenerse a la máquina; y él sale arrojado a uno de los pasillos. Busca las escaleras para bajar; tratar de saber algo con la dama rubia. Y voy bajando un piso, …salgo a otro corredor con infinidad de puertas, no distingo ninguna seña de la muchacha. Bajo otro piso; en este otro nivel algo más de gente, aunque ni un rastro de ella ni de los pliegues de su ropa. Creeré que lo más acertado, para poder conocerla e integrarme con las ansiedades que la mueven; lo más acertado sería .., ir y plantarme en la cafetería del primer nivel frente a los ascensores… Allí aguardar a que salga. Pero estará ese dolor nuevamente, en la boca del estómago; y el peligro de sufrir mareos y debilidades; el peligro de avergonzarme, si estuviere entorpecido por el dolor, al tiempo que ella aparezca. “¿Y si ella seguramente sigue con su motor nervioso?” Entonces me atemperaré. Buscaré orientarme por alguna atención a mi problema. Veo en una cartelera de ese piso el nombre del Doctor Al Godhir, ese que Labrasogni me mencionara como un amigo. Se seguirá un corto paseo en los corredores del piso, hasta dar con la sala del médico. Y habrá que esperar ante la puerta, a que termine un comité médico que está reunido. Por una recepcionista del servicio, a quien le he preguntado para la entrevista, me entero que el comité durará cinco o diez minutos más. Y entonces sí podremos comenzar a atender esta descompostura.

   El médico me va a revisar. Yo le habré mencionado a Nicolás Labrasogni, el barman:

   -Se tuvo que volver al bar… Especialmente él me encaminó para que usted me vea-. El doctor me está mirando como si me conociera desde largo tiempo, mientras le voy diciendo esto: -Después, a eso de las cuatro, voy a volver por el bar. Si quiere, nos podemos ver ahí. Tenemos un Programa interesante, con estetogramas, para una interfase disciplinada con la medicina, en nuestro grupo-.

   -No se preocupe por otras cosas ahora. Acuéstese en la camilla. Sáquese el pantalón, la camisa. Antes contésteme unas preguntas-, agrega el Doctor Al Godhir, ubicándose detrás de un escritorio.

   Todos los otros médicos, que hubieran estado participando de la reunión, ya habrán salido exactamente de la sala… Pero aparecerá otro personaje, una secretaria, asistente, ó enfermera administrativa: parte de ese personal inubicable; ya que hay tantas especializaciones y jerarquías técnico-médicas, asistenciales, administrativas, de intendencia: …En los hospitales actuales tantas variedades, personas que no se sabe lo que hacen. Pero ahí aparecerá mientras este Ismael en calzoncillos espera a ser revisado. Y los datos en la ficha que el Doctor Al Godhir va a llenar, quién sabe que aspecto tomarán; porque Al Godhir efectivamente sigue escribiendo cuando se pone a conversar con la señora de delantal blanco.

   -¿Vas a seguir saliendo con ese sujeto vos?-. El médico, con esta cuestión, continúa con algo que había introducido la mujer; palabras de ella, a las que este Ismael no las hubiera atendido. La empleada responde:

   -Lo único que tengo claro, es que estaré presente cuando sea su graduación-.
   -Ahá; llegan los exámenes finales. Tu amigo quizá se reciba entonces-. Al Godhir me está mirando cuando le dice estas palabras a la enfermera; me está mirando jovialmente. Casi se puede decir que está pletórico cuando se va calzando unos guantes; y me hace un gesto para que me acueste en la camilla. Son gruesos guantes industriales, de tela blanca.

   Ya inducido para el tratamiento, ahí acostado, yo lo voy soportando bien. El doctor apreta por una zona, percute por los bordes para determinar las distintas sonoridades; y me hace sentar en la camilla. Pega la oreja a mi espalda para hacerme respirar hondo y exhalar… Pero la conversación con la asistente continúa…

   Y sin salir del asunto con la señora; pero dedicándome una mirada con algo de curiosidad, me dice: -Vistasé-. ¿Cómo le voy a explicar al Doctor Al Godhir, que es esa conversación que tiene tendida la suplente con él, lo que precisamente me va aliviando, lo que efectivamente produce que se me vaya el malestar?

circulación_interior_edificio_público

«..andando por los pasillos..»


   Me pongo la ropa. Ellos siguen conversando sobre bondades y vicios de cierto amigo.

 

   Están sumidos tan elevadamente en su palique, que no querrán advertir cuando los dejo suavecito; y me voy andando por los pasillos de ese piso alto… Viajo en los ascensores… Salgo por el hall…

   Se ha puesto horrible, cuando salgo del Hospital, por la calle de entrada. Un tiempo gris plomo; como que amenaza con agua en pocos minutos. Pero no llego a salir del predio; no llego a las calles públicas. Porque estacionada, esperándome sobre la callecita de entrada, encuentro a mi Amiga la cantante. ¿Para qué me habré desligado de ella, en la madrugada?

   Está dentro de su camioncito pick-up estacionado. La caja del camioncito desborda de plantas empaquetadas para trasplante. Yo supondré que mi Amiga está cumpliendo un encargue. Este traslado de plantas provendrá de su hermana; quien la comisiona a veces con pequeños trabajos del vivero-escuela que administra… Así se daba que sucedía…

  En la vecindad ~6

   A fín de que no haya confusiones entre mi Amiga en el vaticinio y Nora aquí en casa, voy a hacer un breve corte; una pausita… Tenemos adentro suficiente cocoa como para sentirnos maravillosamente. Nora hace tiempo que no aparece. No quiero que haya errores de entendimiento: mi Amiga la cantante por un lado; y Nora por el otro. Ahora veamos que hace…

   Bajó las cortinas. Se acostó en el rincón rodeada de almohadones. Vemos que se colocó encima una manta de algodón, Nora. Duerme relativamente protegida, ya que el clima está apenas fresco. Seguramente sueña. Me imagino sus sueños. Me imagino en su lugar .., soñando con algas y aguas. Que así accede a conocimientos centrales, desde ese lugar hondo, desde esa fuente con la que volverá para traer un pedacito hontanar, un núcleo de conexión con lo que siempre…

   …Después, cuando Nora despierte, nos va a contar. Y yo lo voy a registrar todo para que ustedes lo sepan. Porque ustedes se van ahora. Por favor; que tengo que preparar algo para comer. Todo lo del oráculo de ella, lo voy a seguir poniendo, para ustedes también, por escrito. También lo que ella me cuente cuando se despierte. Déjennos sin hacer ruido; ayúdenme a dejarla dormir un poco. Después ustedes me cuentan que tal anduvieron sus cosas; como anda la calle; hasta luego, hasta luego…

   ¿Qué voy a preparar?… Un porridge, con avena y puré de tomates, orégano, un poquito de ajo, queso rallado, algo de sal, un chorrito de aceite crudo… Listo.

  Pronóstico ~6

   Habrá hecho rotundos gestos para llamar mi atención, y después me irá contando mi Amiga: “Dí vueltas y vueltas por los bares del centro; buscándote y preocupada; finalmente hoy lo encontré a Nicolás, mirando unos dibujos estaba” (las gráficas del Programa, y del Director del Programa)… “Nicolás me avisa adonde estás. Así te encuentro a tiempo antes de que te fueses. Tenés que abrir la puerta de la camioneta con estas llaves”. No consigo abrir la puerta del acompañante con las llaves que mi Amiga me alcanza; son demasiado pequeñas para la cerradura. He de dar la vuelta y pasar por la puerta del conductor; moverme después de lado por detrás del volante, hasta mi puesto. Mi Amiga la cantante, hace avanzar diestramente a la camioneta. Ya iríamos presuponiendo los dos que iremos a terminar el día a mi lugar. Pero antes tendremos que entregar los arbolitos que tenemos atrás, en la caja de la camioneta.

   La dirección para entregar las plantas es en un pasaje transversal a la Avenida de Circunvalación, que es por donde vamos, mezclados con el tránsito ahora. Ahí aparece la entrada al Pasaje. Doblamos, y vamos a estacionar sobre el empedrado, donde juegan unos chicos que corretean detrás de una pelota. Los jardineros del vivero-escuela nos están esperando, en la puerta de una de las casas. Cumplen los jardineros con la descarga rápidamente; a la vez que los chicos, que siguen jugando, ponen en inestabilidad la operación, con sus corridas y pelotazos. La rapidez de los jardineros se justifica, porque está por venirse un chubasco; ya nos está haciendo respirar la humedad eléctrica de antes de las tormentas. El cielo casi negro; y una especial acústica nos rodea, que intensifica todos los trinos y tintineos, como ese del llavero con las llaves inútiles, con el que mi Amiga se entretiene; cuando ya se terminan de descargar las plantas.

   Se nos acerca uno de los jardineros del vivero-escuela familiar; es un señor detrás de anteojos con gruesos vidrios, debajo de un casco de pelo engominado. El hombre necesita transportación hasta los jardines del Museo, a pocas cuadras, donde la actividad botánica también tiene un pequeño trabajo en curso. La lluvia y el viento se descargan. Yo miro a mi Amiga la cantante, que está afin de llevar al señor. Le recuerdo que tiene que bajar ella, para dejar pasar al hombre dentro del camioncito. Rápidamente el instructor-viverista se instala; y nos indica la manera más directa para que lo acerquemos.

   Arrancamos con las calles cubriéndose de lluvia. Lluvia grande; tanta agua hace que tengamos anegamiento en las calles, a poco de nuestro andar. En diminuendo de su canto mi Amiga dice: “Será que otra vez los desagües…”; y .., está preocupante. “Mirá la avenida”, digo yo. Hay mucho tráfico detenido en la Avenida de Circunvalación. Por suerte la camioneta tiene una trocha grande, un carenado alto, buen despeje que favorece esta circulación:… Como una lancha vamos hasta el Museo, adonde el señor logra bajar sin estorbos; y muy reconocido por el aventón se pone a chapotear hacia las escalinatas de entrada.

   Una vez que lo dejamos ahí al Jardinero en Jefe, comienza para nosotros la parte más riesgosa: la barranca. Vamos a tener que subir por la barranca; primera y segunda por el barro. Es una calle de tierra, con barranca; que conduce hasta el vecindario donde está el refugio que me prestan. Sobre el lodo patinoso la camioneta va trepando con derrapes, que se quiere salir del camino, parece que se quisiera hundir, va echando barro, arando en la subida, hasta que se afirma en un piso seguro; y ya estamos en el camino alto, echados ahí en un buen tránsito. Hasta la lluvia comienza a cesar, como para que podamos estar más tranquilos.

   Después de la peludeada, se afirma en mí la admiración por estas dotes de Volante, que va revelándome mi Amiga la cantante. Hablamos muy poco en ese mediodía que comienza a despejarse de nubes; pero nuestro calmo entendimiento silencioso, compartido con sutilezas, se quebrará iluminado, antes de que lleguemos a mi refugio en una esquina, el local que me prestan. En su momento, ella me dirá dos o tres palabras, murmura un nombre; y eso será suficiente. Es al pasar por una plazoleta con algunos árboles; mi Amiga me dice que iría a ver si encuentra algún libro que llegue a interesarle, en un stand recientemente armado, sobre la zona del paseo comercial, fuera de la zona pública. Naturalmente que ahora al escribir les doy tantas precisiones, mientras que el entendimiento con ella es instantáneo entre los dos, y está tendido en lo que conocemos y acostumbramos

  En la vecindad ~7

   Hemos dejado el porridge en la cacerola. La avena conserva el calor por mucho tiempo. Cuando las luciérnagas se enciendan; es decir: cuando empieces a iluminar con tus ojos, Nora, entonces será la hora para comer.

  Pronóstico ~7

   Vuelve de la Librería mi Amiga con un volumen. Dentro de la camioneta lo va hojeando. Es una edición encuadernada con espirales de plástico, en cuarto, un impreso no muy grueso. Lo va mirando y me dice lo que sabe sobre la temática del libro… Se trata de una investigación acerca de los barcos esclavistas… De cómo el mismo carácter social de los traficantes, se fue perpetuando a lo largo del tiempo que estudia el tratado: desde 1770 hasta finales del siglo XIX.

   Me cuenta: …Que los negreros transbordaban prisioneros en alta mar. Los pasaban de barco; allí en medio del Océano. Los marineros de los distintos barcos se ponían a conversar entre ellos de sus tareas: de las distintas maneras de empalmar un cabo, líquidos a mezclar a fín de barnizar mejor las carpinterías de las portillas, habilidades de cada uno para guindolar desde el bauprés… Una vez completado el trasbordo de espanto, y con todas las malditas conversaciones ya hechas; los dos barcos se apartaban: uno hacia el destino final en el continente para los prisioneros; el otro al lugar de orígen: “¿Quizá para capturar más esclavos?”, se pregunta mi Amiga la cantante.

   Se le mengua el tono, disminuye el interés de mi Amiga en seguirme comunicando sus relaciones desde el libro que ha traído. Ella se quedará más bien absorta, pasando páginas de su libro, concentrada y al mismo tiempo distraída, algo lejana… Toma una palabra aquí, una frase allá. Yo sé como son sus preliminares al abarcar una lectura. Disfruto y acompaño con tranquilidad esta preparación de ella, con una revisión de asociaciones que rememoro; por lo que me ha contado se me despierta un paseo en mis ideas.

  En la vecindad ~8

   ¿Cómo Nora logra prever de esta manera? ¿Cómo puede preconocer hasta el contenido de las asociaciones entresoñadas por la Cantante y por mi? ¿Y toda la clarividencia, prodigiosamente surge de Amilamia, una anilla de bronce?… Sigo pensando que esa anilla no es necesaria; creo que sólo la usa para impresionarme.

  Pronóstico ~8

   Estaremos dentro de la camioneta, al borde de la plaza. Entonces el relato de mi Amiga me habrá llevado a recordar… Son las pieles a la intemperie de los esclavizados y las escenas bastas que se me combinan, en un itinerario de recuerdos, con una circunstancia agreste y otras pieles, acerca de las que yo había escrito. Le contaré a la Cantante:

   «Estas evocaciones de tu libro me hacen acordar de algo… Sabés cómo me gustaba escribir, tiempo antes de conocerte; lo cierto es que tenía una prosa muy humorística por entonces… Escribí acerca de un personaje que se apasionaba por calentar con fuego de leña a sus amigos. No perdía ocasión, al estar en el campo, para hacer grandes fuegos. Prefería, sin embargo, darle con todo a la chimenea, cuando estaban en su casa; para que ellos se calentasen entonces. Y no tener luego el tipo tanta necesidad de calentarlos con fuegos en el campo. De una manera ó de la otra, él ahorraba o atesoraba calor en la piel de esa gente; lo cual le producía gran satisfacción. Tanto en la casa como en el campo, le gustaba mucho “arrebatar” y “tostar” a sus amigos. Eso escribí.»

   (Mi Amiga la cantante, según me ha dicho Nora, parecería que está bastante gratificada por mi pequeña historia; yo lo redacto): La Cantante no me argumenta ni levanta algo mínimamente opuesto para lo que le cuento. Sino que enciende el motor de su camioncito y se me manifiesta, en una suerte constitutiva de comentarios para los calentamientos de mi relato, con sus sonrisas de soslayo, y en alguna mirada como casual, también bastante contenta, por pocas cuadras… Que con sus dotes de volante, pronto aparecemos a la vista de mi refugio: Es un cuarto, detrás de vidrieras pintadas, que ocupo en donde me han prestado un local, en una esquina.

   La cortina metálica yo la dejo permanentemente levantada. Solamente abrir la puerta comercial de vidrios, que sí tiene llave, pasar al refugio para descansar. En el depósito trastienda es donde acostumbro retirarme del todo. Hay un colchón, sobre unas frisas plásticas, directamente en el piso: mi sufrido lecho, que lo llevo adelante a veces, adonde están los mostradores desiertos del local.

   -Ismael, hablemos de libros ahora-. Mi Amiga la cantante está como de querer hacer una broma sobre su presencia ahí, comicidad que no le sale, no le sale: …- Al final, tanto te ocupas de eso… Me parece que tenemos que hablar, ..del tema. Adelante, anímate-. Me ha visto desestimando las conversaciones librescas; por eso acicatea, para ver si tenemos aún alicientes al hablar de esas cosas.

   Me resuelvo a sobrepasar la gravedad, con la pequeña acción de tomar un ejemplar de la biblioteca; es una decisión mía, para avanzar sin prestarle atención a impresiones morbosas… Me instalo en eso, y así dejamos atrás al menosprecio. Hago una referencia a la materialidad de los libros:

   -Seguramente que los libros… ¿Viste como se van poniendo viejos en los bordes?; van tomando ese color sepia-… Tengo en la mano una vieja traducción de Darwin.

MiniorquideasDeliaGodoyFotos

«..Las páginas le van pasando; alguna ilustración.. »

   -¿Y qué has estado leyendo; ese libro viejo?-.
   -No andas lejos; porque estuve ocupándome de otro, no de este inglés, de otro; en un estudio homeopático floral ¡Que lindo que me escuches!-.
   -¿Lo tenés a mano? Dámelo, quiero ver qué es–.
   -Es entretenido, tiene láminas de plantas-… Y le alcanzo el volúmen. Me echo en el suelo junto a los almohadones.

   Las páginas le van pasando; alguna ilustración de musáceas le llama la atención, me la señala comentándome de las inflorescencias; que el color naranja viejo, o el papel con las plantas, pronto también se harán petróleo, como mi vieja traducción valenciana de Darwin. Se nos instala un clima de bienestar. Me parece que promete ser un día pleno de sentimientos. Se ríe un poco conmigo; mirándome estar sereno. Me hace cosquillas con los dedos del pie, en el cuello. Ninguna molestia. Yo le tomo la puntera con una mano, el talón con la otra sosteniéndolo; y una torsión algo severa la obliga a girar, cara al colchón. Bastantes divertidos, los dos nos alejamos de todo lo anterior, de todo lo otro que no sea nuestro vínculo. En nuestro deleite, nos ponemos a bucear en nuestro tiempo. Cerramos los cortinados silvestres, son necesarios para las amplias vidrieras. Nos alejamos de toda actividad; y es nuestra la poesía de los cuerpos, acción y experiencia en el conocimiento propio de nuestro encuentro.

   Tendré que repetirle luego, lo tiene olvidado mi Amiga, que ese lugar me lo habrá conseguido en préstamo un médico, el Dr. Muffler, el mismo que me orienta para que yo estudie acerca de la terapéutica floral. Sé entonces; ella me lo induce al comentar de esa vivienda; que pronto habré de ver necesariamente al Dr· Muffler; es como mi instructor de salud, quizá sea necesario…

   Después pasamos un montón de tiempo sin notarlo allí dentro. Pasamos por lo menos un día entero sin pensar en asomarnos ni en necesitar nada. Cuando al día siguiente, la luz clara del sol alto comienza a blanquear los cortinados; se iniciará en nosotros el sentimiento de que los ritmos se nos están escapando. Un tiempo denso, inane, inerme, querrá apropiarse de nuestras cabezas, de nuestra corporeidad refrescada. Nos va a dar apuro por salir de allí; y tratar de insertarnos en algo que tenga funcionamiento. Conspiraremos boca a boca para volver a retomar nuestro tiempo compartido. Y para hacer más eficaz la búsqueda, y apresar la pertenencia, el nuevo tiempo compartido, el nuevo engrane con la multitud, con el aire, el sol, las plantas, saldremos cada uno en direcciones diferentes, con lo que aumentamos las posibilidades de ensamblarnos. Querremos apropiarnos de nuestro sentimiento en la vida, para lo que entonces creemos crucial: recuperar nuestro lugar en los ritmos comunitarios, en el sentimiento colectivo; ya que no en una sociedad, al menos en la integración orgánica de una comunidad que puede ser humana. Yo disimularé la exploración, con la excusa de una compra barata de bebidas. Asumiré el rol de un cliente por agua mineral…

   …En otro mediodía, el tiempo está nítido, claro de azul cielo, aire ligero, alto sol en la zona alta sobre las barrancas. Me siento volar por entre la gente. También voy refrenando mi felicidad medular, como otras veces, por culpa o por precaución ante tantos desconocidos. También ellos reengranándose, voy suponiendo, al refrenarme ante una pluralidad tan dispar que puede ser hiriente, tan de cuidarse. Parece que la buena alta presión climática inundara los rostros, me voy fijando. Asumiría que en este día nadie quiere ser malo, me parece.

   En el almacén donde compro el agua, ¿cómo pueden estar tan radiantes, tan contentos? Me tratan con suma afectuosidad respetuosa. Hasta la ocasional señorita del buen pasar, rezuma contentamiento en el local al entrar con sus botas. Tranquilidad, ¿cómo puede ser que de pronto también gente como esa..? Al billete que les doy, me lo devuelven tal cual; después de revisarlo, de aprobarlo con una sonrisa, me lo devuelven; y dicen: “Vaya nomás, muchas gracias, vuelva por acá, venga por acá, siempre para atenderlo; lo acompañaré hasta la puerta”. El comerciante me franquea ceremoniosamente la salida, y enseguida se está tomando una mano con la otra por encima de su cabeza; alza los brazos en un saludo triunfal; allí de espaldas a la cortina de flecos, en la puerta de su negocio. Veo que atraca allí para descargar un camión, desbordante de hojas verdes; con tomates en lo alto que hacen equilibrio. El hombre que me diera el agua mineral, con su mandil rotisero, está saludando el encuentro con la gente del camión: un viejo Bleriot o Renault. Yo iría alejándome saturado, sin poder soslayar la inverosimilitud y la sorpresa. Pienso que debe haber una burla; que pronto se va a quebrar todo encima mío cuando me ponga a andar. Creo que todo podrá estallar; que es un equilibrio mentiroso y por demás fragilizante. Pero el tema se completa; y se aflojan mis presentimientos. El comerciante está viviendo el día en la puerta de su negocio. La gente del reparto desciende entre saludos y voces cordiales. ¡Pero que día espectacular! Yo apuro mis pasos; ya no me daré vuelta para mirar la escena; luego me pongo a caminar normalmente.

  En la vecindad ~9

   Ya se apareció despierta Nora, para sentarnos a la mesa dentro de las horas normales. Se apareció cambiada de ropa. Me voy enterando luego, que ella pensó que ya saldríamos; por eso su atuendo liviano; lista para despejarse paseando un poco. Pero yo le voy diciendo lo que ya tengo contado. Y realmente me interesa terminar la transcripción, porque le tengo fe de salud. Pero bueno; ella posterga entonces la salida para cuando yo pueda. Comemos ligeramente la avena al tomate; y ahí me corrige; favorablemente me dice que no me equivoque: “La marca Bleriot no era de camiones, sino que de aviones, como los que volara Saint-Exupery. Los camiones bien podrían ser Chevrolet antiguos, Citröen o Renault -¿anotaste?-“. Yo asenté la novedad de la corrección; enseguida terminó el almuerzo. Ella sin mucho interés volvió a dormir, indolente, pero sin querer hacer otra cosa. Me pregunto si no habrá tomado pastecas. Retomaré la situación allá en Los Altos, cuando yo estoy caminando de vuelta al local vivienda.

  Pronóstico ~9

   Ciertamente vengo convencido de haber logrado insertarme en el funcionamiento de un sistema amigable y comercial, donde están el rotisero, la cliente de las botas, la otra gente del local, los proveedores del camión antiguo… Pero sigue sin cambios, a pesar del sentimiento de pertenencia; sin cambios sigue el apuro, urgiéndome una inquietud incierta. Y mi Agua Mineral “De la Cañada” vuelve conmigo, al caminar yo de vuelta al local vivienda, como un aporte desde ese “sistema”. Estoy a dos cuadras de mi casa, en Los Altos, allí andando; me hallaré en la esquina donde está el Gabinete Abierto del Dr. Muffler, quien consigue que me presten mi refugio. Proviene este préstamo de unas propietarias tradicionales de Los Altos, benefactoras de ese barrio. Ahí se me aparece, apurado, el mismo Muffler, caminando en dirección contraria, fuera de hora. Vuelve de hacer su gimnasia atlética; vuelve a paso rápido por la calle, con una toalla al cuello. Me dice que tiene que ir a atender pacientes. Y me recomienda, confidenciándose; que nosotros también nos apuremos: “Vos y tu Amiga jazzera, también van a tener que hacer; mejor se apuran”. Quedo un poco azorado, cuando se me aleja. Es una emoción mezclada con un nuevo apercibir; y en medio de éste me doy prisa para llegar al local.

   Mi apresuramiento no es vano, porque al arribar a mi esquina, ahí están; se aparecieron estas dos señoras de las dueñas, materializadas como si fueran funcionarias de Asistencia Social. Son damas maduras, de rasgos afilados, me conversan para distraerme mientras hacen cejudamente el intento de penetrar al local. Cuando les cuestiono su comportamiento algo desmedido; me responden, como si esto las autorizara, que la están buscando a mi Amiga. Resulta que ella no se ha hecho retornar al local, porque la puerta sigue con llave. Pero tampoco está el camioncito a la vista; luego, ..esto me dice que anda por ahí, pero no está en el local, sino que fue a buscar su inserción más lejos -infiero que esto debe ser lo que sucede-, pero no se lo digo a las señoras. A ellas les digo que es evidente; ella no está. Y me escurro de ellas para entrar al local, pero plantándome delante de la puerta. No las invitaré a pasar.

   Las damas toman un poco de distancia; y me dicen que fué mi Amiga la cantante, quien les ha avisado donde encontrarla, aseguran que en el local, diciéndoles que las necesitaba, parecería que por teléfono; “en el local”… Insisten en entrar. Empujan la puerta. Yo bloqueo la entrada con una pierna y empujo la puerta en el sentido contrario. Como el forcejeo sigue, planto un zapato como cuña, impidiendo que se siga abriendo la puerta. Protesto: -¡Yo soy el que vive acá!-. Me dispongo a resistir con toda el alma. Porque sé que frente al “sistema” que las damas nos traen, yo habré traído otro “sistema”, que ya se está ambientando dentro de mi cuarto-esquina-local. Por eso me opongo decididamente a dejarme allanar. Yo iré percibiendo –digamos extrasensorialmente-, que se efectúa la consolidación de mi “sistema”, ya se está acomodando dentro de mi habitat.

   Las señoras propietarias cambian su tono; y al tomar una actitud más considerada, me piden que espere un momentito; que me darán un mensaje para la cantante. Escriben para mi Amiga en un papel que me alcanzarán, donde dan señales de un asesor legal; y en donde se identifican ellas las firmantes, aclarando sus nombres y apellidos. Luego las señoras se van a retirar. Y me doy cuenta que una de ellas me agradaba especialmente al forcejear conmigo. Me tomo varios sorbos del Agua “La Cañada”. Cierro la puerta; y voy hacia el baño para darme una ducha.

   Estoy debajo del agua cuando escucho que golpean la puerta del local. En mi apuro por vestirme y salir de nuevo a atender, así alterado, yo podría creer que deberé ocuparme de nuevo en una re-sistematización. Iré a ver quien llama; quizá me sienta otra vez afuera de todo. Y hay que ver a quien se le ocurre aparecer; en el acaecimiento de momentos tales para mi giróscopo sistematizador en equilibrio, que si disminuyese su andar, aunque sean sólo pensamientos los que me giran, algo horrible puede suceder. El torbellino de un posible horror me empieza a atormentar; y ahí aparece un visitante comedido: un muchacho de la Zona, con el que generalmente debo arrostrar una relación de cortesía. Yo frenético, imperioso, urgido; no puedo permitirme detener mi movimiento. Porque si bien su andar es teorético, con mi giróscopo disimulo mis alteraciones… ¿Y a quién se le ocurre aparecer? Este Muchacho es de la barra que ejerce cierto control territorial. Que es conveniente; yo no se los cuestiono. Vienen como una costumbre, observan lo que yo estoy haciendo… En cierta medida, así se moderan mis frenesíes. Me es amistosa esta gente joven de la Zona. Y me conviene que así vengan a ejercer una mirada social benévola, amortiguando a mi maquinaria un poco. Pero esta vez, no quiero la gentileza, juzgo que no es necesaria esta vez la vicaría social para mi actividad y pensamientos. Creo que el Muchacho de la barra esta vez no es representante de la gente, sino de una conspiración que hace intentos invasivos por moderar o interferir entre la cantante y yo. Puedo pensar así por ese amañado y bajo intento que las personas disfrazadas de mujer me han hecho para meterse en el local. Quieren distanciarnos con argucias leguleyas; que con mi Amiga voy contento; no quiero detener nuestra relación deliberante y arrojada.

   El Muchacho ya entra y se acomoda como de costumbre: cruzado de brazos y sentado en los mostradores. Quiere que se me instale una comunicación calma. Yo termino de vestirme y arreglarme. Me envuelvo con mi nuevo buzo de gimnasia recauchutado de azul celeste. Me arreglo el cabello brilloso que está mojado. Veo que el Muchacho menea la cabeza negando, con los brazos cruzados. Está instalado, empacado en sus asentaderas sobre el mostrador. Apenas hemos cruzado breves palabras de saludo; pero ya se da cuenta de que me voy cortando solo. Entonces sentencia: “Vos andás como el agua. Pero hay caterva crapulante que te endica”. A esta frase de hielo con fuego adentro la estoy pensando, cuando se sienten nuevos golpes en la puerta. Abro y es la cantante que entra. Ya me pongo más molesto. Porque con la visita del Muchacho, ..y razonar la frase, ..y ella que no usa la llave que yo le dí, ¿por qué? La observo y claramente está llegando muy cansada; casi no podría funcionar mínimamente; por esto olvida que lleva una llave que yo le dí. Se da cuenta que está el vecino. Se me acerca y me susurra:

   -Antes vine para buscar la camioneta. Anduve y anduve por una ubicación. Me fui hasta Villa Sandro-.
   -Acompañame; vamos a preparar unos mates-, le digo yo. La tomo de la mano, nos acercamos a las hornallas, ella asiente, la dejo ahí atendiendo a los avíos. Y me acerco a mi vecino, que parece asumir que él está demás. Porque se destraba de sus brazos cruzados, se incorpora para irse.
   -Otro día me vas a explicar bien esa diferencia entre los diques y yo. Que lo voy pensando-, le digo al Muchacho. -Como ejemplo, podríamos tomar lo que son las patronas, en cruce con mis épocas, como que se chocan, parece-. Lo acompaño hasta la puerta.
   -No nos iremos a hartar con abstracciones. Bien sabés que debemos darnos en concreto-, me dice el Muchacho; que ya saliendo, me alcanza una lapicera. -Vos cuidala, usala-, añade. Es dificil entender algo en casos así. Yo igualmente gesticulo una despedida efusiva y de agradecimiento. Voy estudiando la lapicera, ¿qué haré con ella?. El Muchacho se ha ido silenciosamente. Pero de la misma manera, antes de que yo pueda juntarme en el local con mi Amiga; silenciosamente se me ha colado a mis espaldas un Mozo del Bar cercano, que aprovecha mi descuido, por no cerrar firme la puerta del local.
   -¿Trajiste comida vegetariana?-. Le interrumpo la entrada y le pregunto al mozo, otro de los muchachos de la Zona. -Es obvio que no, Ismael-. Me señala la bandeja que lleva, con platos del mar: pescados enteros, centollas, langostas. -Para el Restaurante Vegetariano, tenés que ir hacia el Sur-, me apunta el Mozo con gestos al cardinal austral. Ha dejado la bandeja con la comida del mar sobre uno de los mostradores. Mi Amiga se nos acerca con el mate y los avíos, pero hogareña. Se va a encargar ella de corregirme con precisión en cuanto a la idea que yo tengo del lugar donde estamos:

baimas+san_isidro

«..es en esas dos cuadras de la barranca donde se opera el cambio..»

   -Tenés que corregirte. Estamos mucho más al Norte de lo que vos pensás-.

   -¿De donde sacas eso?; si a dos cuadras está el Gabinete de Muffler…-, contesto yo, intrigado, irritado. Aprovecha velozmente mi desconcierto el Mozo, se pone a tomar el mate. Mi Amiga continúa diciéndome:

   -Cuando salimos para caminar separados, empecé a orientarme. Había un desencaje con lo que yo pensaba encontrar. Volví; agarré la camioneta y quise ir a Villa Sandro. Cuando salgo a la ruta y veo el cartel; ..¡no tenía que tomar a la izquierda, sino a la derecha! Y es cierto: estamos mucho más al Norte de lo que creíamos-.

   -¿Pero cómo voy a llevar tanto tiempo equivocado? Además, recién al venir acabo de encontrar a Muffler-.

   -Bueno; es en esas dos cuadras de la barranca donde se opera el cambio. Seguime en lo que te digo: Puede ser que en esas dos cuadras se te transporte más al Norte. Deben de hacerlo sin que te puedas dar cuenta-.

   -Es así-, el Mozo entra en la conversación informándome: -Se te hace caminar mucho más rápido que lo normal. Vos te quedás como sonámbulo, las piernas se te mueven solas muy rápido. Y cuando te despertás; en un santiamén; ya estás lejísimo y en otro rumbo, en la puerta de este local, acá-. Hay un extraño clima entre ellos dos. Mi Amiga y el Mozo me comparten con seriedad esta explicación reveladora súbita. Así que todas las idas y venidas, ..nuestros proyectos de ampliarnos con la inserción, ..el esfuerzo para enganchar en un “sistema”, ..todo eso entonces resulta desbaratado. La ubicación en el lugar resulta utópica o falsa; los nombres muy probablemente trastocados; ¡toda una referencia asumida como real ahora es desmentida! ¿Qué podré hacer?

  En la vecindad ~10

   Me fui a descansar, imitándola a Nora. Tenía que parar; ¿cúanto hacía que no dormía?. Me acosté sin perturbar a Nora, no supe de aquello que estaría tejiendo en sus sueños. Había pasado la noche despierto y todavía seguía: toda la noche alrededor de los pronósticos, con la conversación en la cocina junto a la cocoa, y escribiendo el rearmado de los pronósticos; dormí una horita. Les cuento ahora; retornemos al vaticinio…

  Pronóstico ~10

   En realidad, mucho más al Norte de lo que yo creía estar. Todos los datos en los que creía largamente, ..falsos. Aliso el equipo recauchutado celeste tirando azul del borde de la campera. La Cantante y el Mozo están mirándome, compartiendo mi silencio. En mi interior, la prisa continúa; el corazón que se agita; me veo obligado a seguir corriendo. Quizá la meta siga fugitiva. Quizá se trastoquen mis pasos; y vuelva atrás cuando piense estar avanzando.

   “Yo me voy”, dice el Mozo. Lo despido entrecortadamente; le tartamudeo un hasta luego, y sale. La Cantante me trae a beber Agua “De la Cañada”. Los dos vamos hasta la puerta. Mi Amiga me besa. Voy a echar a correr; la prisa nuevamente. Siento que no alcanzaré a llegar a tiempo. Aunque no tenga en claro nada de donde llegaré; igualmente siento que no podré llegar a tiempo.

   Voy corriendo al lado de unas vías. Del otro lado de la alambrada, va un tren en mi misma dirección. Para cumplir con mi tiempo, tendría que correr muchísimo más rápido; imposible; o subir al tren que ya se está deteniendo en una estación cerca. Me apuro; alcanzo al tren, entro en los coches; hay pocos pasajeros y van enfrascados en sus asuntos. Puedo relajarme un poco, sentado; pero nada más que por dos estaciones. Porque el tren se aparta de mi encaminamiento. Deberé bajar del tren; continuar con mi carrera por las calles conurbanas.

   Tras mi corto viaje, retomo la carrera por otro barrio, en otras calles de otro barrio conurbano. Voy saltando por encima de las esquinas encharcadas, en esa Zona calma, con chalés medianamente ricos. Casi toda la gente del barrio parece estar escondida, durmiendo quizá, en esa primera hora de la tarde propicia a la siesta. Pocas personas en la calle: alguno que está ocupado en composturas de un automóvil, atiende observándome en mi paso por ahí corriendo.

   Ahora aquella prisa, la urgencia por sincronizarme con un ritmo al que sentía alejarse, aquella urgencia por encontrarme en un “sistema”, habrá desaparecido. En cambio, una plenitud se me está instalando. Se me aparece una sensación de robustez, de potencia propia, como para andar en una calma triunfadora, sin esforzarme ni perseguir nada. Tranquilamente dejo de correr; empiezo a caminar por las calles acotadas de esta parte de la ciudad adonde alcanzo a llegar, Zona antes desconocida para mi.

   Donde ando no será una zona antigua, pero las calles estrechas, las casas y los edificios con placas de piedras y mármol en los frentes, la sombra de las calles angostas, también por los pocos árboles distribuidos ralamente en donde camino; se habrá sumado todo ello como para inducirme un estado, una sensación de calma antigua, una serenidad atemporal que acaba de ajustarse con mi sentir de haber llegado a un término. Con mi calma así acrecida, llego a una Zona de iglesias, donde mi vivencia termina de asentarse realizada, igual que una hoja tierna de álamo que cae fresca sobre una superficie de cristal.

  En la vecindad ~11

   Entró a parecerme arbitrario, irrazonable y fastidioso; todo este pronóstico desvelado. Ya estando Nora levantada; me le quejé. Hasta tomé la anilla de cobre y fingí que estaba por tirarla lejos. Argumenté un enojo ridículo; quería desbaratar tanta previsión, que me parecía hasta insultante. Nora me detuvo con tanta seguridad… Se echó atrás en la silla y afirmó las manos apoyadas en la mesa. Insistió en que así van a suceder las cosas. Yo le repetía a Nora que todo el augurio carecía de lógica… Fui sumando, uno detrás del otro, más argumentos, diciendo que: para todo lugar en el espacio, los demás lugares siguen manteniendo las mismas relaciones con ese lugar primero. Y que no podría trasladarse todo un barrio, sin alterar a todo el planeta, a todas las historias. “Respondeme. ¿O acaso el Mozo y la Cantante se harán humo para abajo, en otros tiempos sin límite, de una gravedad intensísima y transdimensional?”.

   Ella me contesta, que en lo pronosticado, no necesariamente voy yo a encontrar siempre lógica. Que para las existencias parece que hay un antes y un después, pero que no es así para la vida. Que los términos de las proposiciones mudan, se transforman, que devienen en el tiempo de la vida. Que la relación de las cosas vivas entre sí cambia; la realidad de la mente cambia, y por consiguiente cambia la comprobación histórica… Y me daba otras explicaciones, que me aclararon convincentemente muchas más destinaciones. En el próximo corte se las presento.


  Pronóstico ~11

   Me sobreviene un encuentro en esa tarde apaciguada: En una esquina, con una muchacha, anterior Socia mía, compañera en un trabajo cuando hacíamos dulces artesanales. Ella está quieta, esperándome, con su larga cabellera. Al ver que me acerco se pone a caminar conmigo en callado reconocimiento; se asocia a mis pasos. Con solicitud y atención profunda los dos, entrecruzamos los brazos, nos tomamos las manos. Seguiremos andando; nos hablamos sin molestarnos, en cortas frases, que nos implican para algo que estamos haciendo y para algo con lo cual tenemos que cumplir.

   Habremos andado varias horas, con la serenidad de haber cumplido, de estar en el camino a cumplir, y no siempre caminando; cumplir con una tarea, una misión, una concreción que habría quedado pendiente; además de cumplir con la justa puesta nuestra dentro del tejido de todos, con mi Socia y conmigo. Cuando empezamos a desprendernos de eso que es igual a un largo abrazo, ya estaremos en la Zona de Los Altos. Y llegaré a la seguridad de estarme arribando cerca del refugio en las barrancas. Alguna vez yo tenía que darme a mi mismo alcance. Es cuando desembocamos andando donde está el Parque, el Paseo de los pequeños senderos, andaduras que nos llevarán hasta donde se está armando un escenario al aire libre.

   Me indica mi Socia que vea yo lo que hacen, al preparar el escenario. Ponen para una función tiestos con plantas de ornamento dentro de un balcón de utilería. Sí que los veo. La gente que hace esto no refleja nuestros tiempos, le comento, “..tan bucólicos que se los ve”. Comparte la Socia conmigo que es cierto, pero me contraindica: Que aflojemos ya después; porque eso era antes, que ella está ya maridada; que es el último encuentro, éste, el último que nos podremos dar. “Otros tiempos habían sido los nuestros”, me dice que así eran de pausados y bucólicos, como el que muestran los utileros en el escenario; “cuando podíamos contemplarnos el vivir”. Pero ella ahora, alega entonadamente en nuestro deambular, no quiere darle más disgustos a quien la favorece, su marido. Que su existir y su entorno son maduros, gracias a la relación con su marido; ya es protesta la de ella. Y la tarde se está cerrando, la escena continúa. Sin un cierre cabal de los vínculos, sin querer ponerme a discutir impropiamente; habré de buscar mi refugio: atravesar el Parque y tres cuadras más arriba, eso pienso.

   Sigue con sus palabras mi Socia; porque recordó con quien vive, al encontrarnos con el montaje del escenario, ahí en el Parque. “Es como si lo viera a él”, agrega. “Porque él hace y organiza estas cosas; es Director de Escenas, monta Programas de Ensayo General, organiza una Estética, y la hace jugar para mantenerla oculta hasta la siguiente amplificación que dirija”. Mi Socia está exultante y lejana al contarme de quien, ya me doy cuenta, es el Director del Programa con el que me enganché, allá en los médanos. Entonces querré saber como articular mejor; quizá yo pueda decirle al Director que estuve interesando al Doctor Al Godhir, para incluir al Programa en el Hospital. La inquietud me hace decirle a mi Socia que crucemos. Ya no tendremos avances vinculatorios; pero el planeamiento estético lo tenemos en común, le detallo. Y hay un Bar enfrente del Parque; ya es de noche; que vayamos.

  En la vecindad ~12

   Con el objetivo de retomar las aclaraciones de Nora, las que me dijo y comparto; fue en ese tris cuando yo estuve con el gesto de arrojar a la gran siete la pulsera Amilamia, yo maldiciendo contra todo el asunto, con el cual me parecía que perdíamos, que era inútil e irrevocable pérdida de tiempo. Me decía Nora: ..que la información configuradora de integridad se me produciría, en la vigilia ó en mis sueños, como también en otros estados auto-inducidos que ella sabe yo puedo lograr. Ya estaba discerniendo yo, pero seguía algo discutidor con mis preguntas; quería que me dijese a cuenta de qué tantas seguridades en que las cosas sucederían; si todo quizá podría pensarse solamente como deseos oníricos. Seguíamos dialogales y con buen talante mutuo; ella continuó explicándome:

   “Cuando dormimos y soñamos, podemos procesar la información en que hemos participado a lo largo del día. Aunque las fronteras no son tan claras entre los datos de la vigilia y la nueva red de datos que se nos teje al dormir con sueños. Porque los cambios en nuestro interior predisponen cosas por pasar. Las diferencias que surgen de soñar o no, permiten o no que algunas cosas nos sucedan al estar despiertos. A vos se te dio el caso de escuchar voces en sueños, voces que te dijeron cosas que después se cumplirían”…

pastor_berrios-ppt_octubre12

«..tránsitos en una zona de interfase..»

   Por cierto que yo entendí adonde estaba apuntando Nora con sus explicaciones: Mi respuesta a ciertos hechos, estando despierto, había cambiado por el hecho de haber soñado previamente, con algo concerniente a esos hechos. Entonces los sueños, estarían cambiando cosas en la vida despierta, en nuestra vida de relaciones. De momento, yo había calmado mi sublevación irritada de insomne, atemperándome en mi diálogo con Nora, quien continuaba entretejiendo sus dichos para que llegáramos a una conclusión; si bien relativizada por lo que desconocemos, por todo lo que seguirá pasando dentro de la lógica y de las experiencias; una conclusión tanto y tanto fuera de nuestro relativo alcance… ”Si el soñar produce cambios en la vigilia, cambia con sus anuncios la realidad de lo que nos sucede; entonces… Nuestros conocimientos previos de los sueños preanunciantes, nos abren un espacio más para enfrentar al sino del destino sin desmedros, con mayor libertad, mayor calidad”. Así diciéndome, Nora me tendía la propuesta para el conocimiento de una Zona incierta. Fui entendiendo las vías para ese conocer: tránsitos en una zona de interfase entre lo percibido sensiblemente, lo pre-soñado y lo soñado, andares con arribo a aptitudes ampliadas, para cuando los momentos sociales se cumplan, momentos del “destino”, que entonces podrían hacerse mucho más mejores. Yo quedaba bastante más claro y tranquilo con Nora, porque algo de todo eso quedaba discernido. Continuamos enseguida con el preanuncio de lo que pasará y se soñará; en la seguridad al final de conseguir y conocer más espacio y tiempo a venir. Puedo seguir ahora contándoles de esa probable Zona de transparencias por donde iríamos yendo con mi anterior Socia.

  Pronóstico ~12

   Hay desazón con una duda que se va transformando en tenazas de angustia; porque algo pasa. Es alguien que nos viene siguiendo. Un tipo viene murmurando detrás de nosotros, como amenazas sordas. Es una cuadra en que cosas incomprensibles nos irán siguiendo. La presencia del tipo es bastante cercana; siento una amenaza para nuestras vidas. Tendré una reacción como alérgica; me abandonará todo el ánimo de mis amígdalas. Si reacciono agresivamente, mis alerta y rechazo harían que el odio de la entidad murmurante pueda volcarse y atacarnos. El sujeto tiene tela de aparatos consigo, y seguramente toda la ferretería. Creeré que no será bueno contestar. Creeré que es una provocación, para que la aprensión me desborde y entonces yo… Están escarnecidas toda posibilidad de pensar y mi reacción… No podrá surgir la confrontación; debo cuidar a la Socia, no se da cuenta del peligro. Para peor, en esta corta cuadra me volverá el dolor en la boca del estómago, el mareo. Hago que nos detengamos delante del Bar iluminado. Yo me doy vuelta, giro para que mi Socia quede a mi espalda. El tipo pasa de largo mirándome de rabillo un poco, con ojos pequeños, achicados en un brillo de odio perverso y maniaco. Nos quedamos quietos. El sujeto dobla la esquina. Yo tengo otra vez el terrible malestar y el desencaje, el dolor. Me acuerdo del Hospital. Llamaría al médico Al Godhir. Bien me podría orientar el doctor, darme una respuesta para recuperarme. Estamos cerca de mi vivienda. En el Bar me conocen. La Socia se ha decidido a conversar junto conmigo. Puedo, ya sentado y a pesar de mi descompostura, dar curso normal a un pedido para nuestra mesa. Una picadita y unos vinos rojos, buenos para mi estómago; y para llamar a la suerte. Tanta suerte en ese Bar cuando yo me reanimo. Efectivamente, ella no se ha dado cuenta de nada. La Socia me está contando de una publicación del marido en un importante diario de la Ciudad Grande.

   En la nota, él cimenta su programa, y lo demuele al mismo tiempo, me dice la Socia. Según entiendo; su marido asegura que toda creación es en sí un intento fallido, un fracaso, que ya al nacer está quebrado; y que lo único posible de hacer por un artista, es restaurar su trabajo provisoriamente -esa restauración es la concreción del hecho-, y presentarlo, como si le suministrase al intento un recurso ortopédico, hasta la próxima fractura del concepto, de su objeto, y de la Idea, la que pide disculpas siempre. Porque de verdad toda producción -asume la Socia el dicho muy convencida-, nos está diciendo No. Que no es la obra lo importante; No; sino aquello que hubiera desde la Idea, entre quien más allá la hizo y quien más acá la percibe.

   -¿Toda obra una negación y una disculpa?-, la interrogo porque quiero comprobar lo que interpreto.
   -Algo así; todo arte cierto lleva el mensaje del No y la disculpa-, asiente mi Socia: “Vea; esto No es lo que usted cree; y disculpe”, ..me dramatiza: ..“Se nos ha escapado lo que queríamos decirle”…

   Son tachuelitas con que pinchamos a la mesa del bar nuestra conversación, para afirmar nuestro tejido de realidades, y sobrepasarlas. Pero yo no debo olvidar que las descomposturas me pueden volver a atacar. Tendría que llamar al Hospital y voy a hacerlo. Le diré a mi Socia: “¿Puedes disculparme ahora un momentito; que debo hacer una llamada de Salud?”. Con su acuerdo voy hasta el mostrador, y obtengo el aparato prestado; me conocen como vecino. Consigo comunicarme con la receptoría del Hospital.

  En la vecindad ~13

   Si ustedes acceden a entrar en la Zona de transparencias con mi Socia, en la fase adonde los anticipos se concretan, podríamos lograr nuevas ligazones, y también nuevos objetos con que ligarse ustedes, despiertos o no. Asimismo ustedes necesariamente surgirán con profecías y orientaciones entresoñadas, voces traicioneras que oirán cuando estén por despertarse, por ejemplo en una larga noche sin haber soñado, voces de visitas que entrarán en sus casas para siempre, apretones de manos, caricias silenciosas y enguantadas de personas desconocidas. Algunas de estas horrorizan, últimas cosas que firme o desvaídamente irían a sucederles. Inopinadas apariciones dentro de un área que ya se ha creado aquí, ahora, en una nueva ciudad programada. Tal vez sea una comarca del destino, o un cruce de voluntades y de momentos incausados que están buscando sus almas. Ustedes irán usando estas cosas, para alivianar el paso de quienes andan con sus cabezas atenazadas por solaces pringosos; y necesitan ellos, necesitamos todos, el insuflamiento de un orden cristalino en una cementación cósmica, así de científica.

  Pronóstico ~13

   Al atenderme en mi llamada desde el Bar; lo primero que recibo del Hospital es una negación a mi solicitud. La recepcionista utiliza cínicamente la excusa de la hora impropia, cuando yo busco hablar con el Servicio Clínico.
   -Entiendo; deben estar cerrados los consultorios. Pero en el Servicio habrá alguien que me pueda atender ¿Cómo se llama?-.
   -¿Usted cuando se atendió-.
   -No; no es para atenderme. Necesitamos contactar con el Doctor Al Godhir. Tenemos que destrabar un Programa; es para hacernos convivir, destrabar el Programa, y para conectarnos desde nuestras más íntimas realidades. Si usted quisiera-…
   -Yo lo puedo conectar con un psicólogo en la guardia-.
   -No se oye nada; repita-.
   -Lo voy a conectar con el interno del Licenciado Comarsis. Antes dígame… ¡Por favor señor!… Dígame que diagnóstico le hizo el doctor Godhir–.
   -Sí señora. Entendí que él dijo acerca mío, ..que tengo una asistematosis psicógena gastrálgica-.
   -……-.
   -¿Qué dice la señora? No se le entiende nada. Aparece una música en la línea-.
   -Va a tener que volver a llamar. Todos están ocupados. Están haciendo un lavaje de estómago. Disculpe; vuelva a llamar en media hora-.
   -No se oye nada. Yo ando mejor; ¿sabe?; con la batería del Programa; que estoy ahora con el Director. Por eso hablamos con Godhir, de intervenir el Servicio primero; y también al Hospital. ¿Usted me está hablando en castellano, señora?-.
   -Efectivamente; no se oye nada-, me lo dice en un tono durísimo y enseguida cuelga.

   Rápidamente me pongo a hacer cálculos sobre lo que vendrá. Me imagino que mi relación con el Hospital terminó. Creo que me están mirando los demás clientes del Bar; así que finjo seguir hablando por teléfono, en un balbuceo oculto, con la cabeza entre los hombros, el cuello caído, mirando al suelo. Discretamente espío a los otros clientes, que continúan en lo suyo; parece que nadie se hubiera dado cuenta del percance telefónico. Parece que sí, que nada me ha pasado. Sigo con mis cálculos y cuelgo el teléfono, creyendo que por diferencia de simetría inversa con mi seguridad, algo debe de estar agitándose en el Hospital. Pero además tengo suerte; estoy con la Socia, como para disponernos a salir. Esta chica tiene un marido, que no se molesta, que no interfiere jamás en nuestras conversaciones, que hasta algunas veces podría sumarse a nuestras pláticas sobre arte. Creo que voy a seguir viviendo mucho tiempo. También podrían llegar a salir venturas ministeriales del percance telefónico. Y la mejoría vive cuando me llego a la Socia; y ella acepta mi propuesta, para acercarnos al Centro Cultural, a ver qué está pasando.

   Se me produce inicialmente, en la calle nocturna, ni bien nos ponemos a caminar, un despertar sensible. Porque la noche en la Zona de Los Altos pinta muy benigna; las calles tienen Tilos, no muy grandes, pero siempre frescos y discretos con su amistad, estarán llenando el aire con el aroma balsámico de sus flores. Dulce aroma que se nos presenta, a mi Socia y a mí, por las narices, como se acostumbra entre nosotros y los tilos; lo que a mí al menos me devuelve la cabeza, me la despeja la tilolorosa noche, tan sabia, sana y grata, tanto… Seguiríamos caminando, en ventilación; a nada más que dos cuadras del Centro Cultural; y yo al menos con la boca vertida hacia adentro, evito calladamente darle continuidad al tema de la estética.

  En la vecindad ~14

   Discúlpenme la reincidencia; tomaré el riesgo de que se me acuse de discurrir, pero renovaré mi creencia en la calidad aglutinante del vaticinio que redacto; es fruto del sacrificio, las experiencias trascendentes, y la dedicación de Nora para el conocimiento. Nora que está ahora sesteando; ella habla durmiendo, algunas cosas dice en sueños. Se me ocurre que para hacer más completo y eficaz este registro, bien podría yo ir anotando lo que ella dice dormida. Son cosas que ella no retiene como propias, aunque sí dichas por ella; de las que no se acuerda al despertar. Intentaré registrar algunas de las palabras que Nora dice dormida, las sentencias breves que yo recuerde. Coincidirán conmigo en que sin duda es una chica muy especial. En esos momentos, cuando ella es otra, se incorpora a medias en su sueño; y en una especie de paroxismo profiere voces. Las voy a ir recordando y anotando.

  Pronóstico ~14

   Volvamos al tema de mi Socia, recordemos el adelanto con nuestro paseo en camino al Centro Cultural. Son tan pocas cuadras, como para que no nos vaya a suceder algo más. Les diré que anda, de acuerdo a su costumbre, como mezclada con la atmósfera. La Socia con su liviandad; que acostumbra usar muselinas amplias, pero cómodas prendas holgadas de telas leves; es flexible cuando camina; el largo cabello ondeado que tiene también contribuye a su aspecto fluyente de bordes lábiles y ondeantes. Andar con ella es.., una flotación; aunque no resultará duradera la calma, porque se va a señalar el mentón, afirmando que algo le pasa; le arde.

linde

«..en la vereda nocturna y con los tilos..»

   -¿Quién sabe si es una picadura?; acá me duele-.
   -Algo que quizá te vaya a brotar o una urticaria alérgica-.
   -No; yo creo que fué un insecto-.
   -Entonces se te puede infectar; ¿y cuánto tiempo llevás con ese ardor?-.
   -Creo que desde siempre; mejor te digo que no quisiera acordarme-.
   -Ah; bueno. Vamos a ponerte una loción, que va a secarte el brote y da un lindo olor. Ahí está la Farmacia abierta; te compro una botella-.

   Nos metemos en la botica, poco antes de llegar a una esquina. Compro el medicamento; y lo va a guardar en su bolso. Yo le pido que antes me deje abrir el envase, que quiero olerlo, un aroma refrescante. Y al estar de vuelta en la vereda nocturna y con los Tilos, cuando la Socia me alcance la loción alcanfórea: completa destapación para los aires, de todo mi sector naso-faríngeo correspondiente, que se contenta, se pone rebosante de inspiraciones y espiraciones plenas; aah.

   Luego ella va a meter el envase en su bolso. Y entonces me doy cuenta, porque la tengo que ayudar (el frasco se hubiere puesto mucho más grande que lo usual), que en el bolso ella tiene bastantes migajas o miguitas; como si antes llevaría ahí un pan ó bocaditos de maíz con queso. Cabe apretado el producto anómalamente grande adentro de la bolsa. “Lo que tenías de antes ahí; sólo son migajas”, le observo. Ella me responde, que a la bolsa completa la había tenido que cargar mucho tiempo y nada ventajoso antes; aún cuando estaba llena era lo mismo, porque se le desarmaba todo adentro. “Y una va con sus cosas como resultado; pero si las cosas se deshacen… Figurate Ismael, que te vas deshaciendo; y es horrible que se te deshagan las cosas antes, y después vos…”. Hasta con estas pocas palabras comprenderé, recordaré: a la Socia le encantan los resultados compactos, duraderos; lo más bueno para ella es que se vaya fraguando cada detalle, y mejor si el fraguado es implosivo; y la loción astringente tiende a solidificarse, es buen producto.

   Llega a término nuestro paseo, estamos llegando al Centro Cultural. Y los dos vamos a ver que pasa buenamente. Ella lleva compactada la loción que se le ha hecho sólida capa en el mentón. Yo, que me siento bastante bien hablando con la Socia, también llego contento. Pero están parpadeando las luces; parecería que se iría a cortar el fluído. Entonces los dos nos quedamos dudando, sin entrar al hall, donde están los ascensores y las carteleras informativas, donde hay generalmente el abanico tranquilo de ir y venir entre consultas; pero en esta llegada nuestra se muestra sin gente el hall. Personas en grupos esperan a ver que sucede, observando los hechos como nosotros, sin entrar. Las luces amarillentas de todo el edificio que parpadean. Encendidas, encendidas, se quedan encendidas, se estabilizará la situación; un alivio y distensión en todos los circundantes. Sin embargo mi Socia se precipita a través del hall, ahora normalmente iluminado, se precipita intranquila hacia los ascensores. Sin detenerme a pensar, yo la sigo. Por entonces algo estaría surgiendo de ella; segregará una tensión hacia mi compañía. Sin decir palabras que me indiquen algo, ya tendrá como una máscara dura, a punto de quebrarse de tan sólida. Va a apretar los botones del ascensor como con furia.

   Y tan luego, se franquea un acceso a una de las máquinas; y adentro del elevador quieto e iluminado, está el Director también quieto, en acusadora espera. Se ponen a hablar, mi Socia y su esposo, sin que se les mueva el ascensor. Yo quieto, que los miro desde afuera. El hombre habla con ella, habla con ella; me ha dedicado una sonrisa forzada y formal; y se ocupa en foco de hablarle suavemente. Los dos se hablan con voces casi susurrantes, pero esos contenidos parecerían muy intensos. Y parece que no quieren mirar más adonde yo me estoy estacionado. Una sencilla operación mental me indica volver sobre mis pasos, dejar el Centro Cultural, buscar de llegar a mi refugio en la noche.

  En la vecindad ~15

   Poco pudimos conversar Nora y yo acerca de lo nuevo que ella fue anticipándome; sigue durmiendo en su rincón. ¿Cómo es que ella no entra en mi futuro? Porque no me dijo una palabra de si se implicará conmigo. Pienso que quizás es así porque todo lo soñaré, no habrá nada real; o nó: no será así, porque quizás ella desaparezca, se vaya de casa. Tal vez yo también habré de mudarme, de este enclave remanente aquí de tiempos artesanales. Todo alrededor se va haciendo vidrio y acero, una conejera en cajas de zapatos apiladas una sobre otra. Todos seguidores del mismo tambor; ataques de conversión compulsiva repetidos, calcados unos sobre otros; en el mismo momento el mismo gesto de arrancarse algunos cabellos, berrear; el mismo sufrimiento en las visceras, en los miembros, en la cabeza; las mismas puertas abriéndose; para que al final las caravanas vacíen los edificios en un fuga de lemmings. Pero quizá para entonces Nora y yo estaremos lejos, y moviéndonos en otra zona de transparencias, donde iremos creando nuevas formas de acción personal. Habríamos podido sobreponernos al traslado, por nuestras acciones. Y a través del conocimiento, por el buceo en los anticipos, coincidiríamos en una sinergia de eclosión. Alejados de cualquier espectador, podremos tener encuentros sensibles o soñados, dentro de los que generaremos cursos para el psiquismo y las acciones. Caminos para Nora y yo, o para quienes me lean, o se encuentren con Nora… Y quedábamos en mi intento de volver a la vivienda de la esquina.

  Pronóstico ~15

   De tal manera es noche, que me costaría bastante andar con calma, si no fuere porque conozco bastante la Zona de Los Altos; que además son pocas cuadras, y que hay cantos de grillos con efecto tranquilizante. La esquina está bien oscura cuando llego; y no me he cruzado con nadie. Podré, un poco apresurado, abrir la puerta vidriera. Nadie se acercará alrededor de mi entrada. Y encuentro las cosas en su disposición relativamente ordenada: con los arreglos de orden, las cosas en el local en su orden regular. Me hacen llegar una saturación esos objetos: es una evocación, de un momento para entonces, cuando querría acomodarme, pero la evocación momentánea no me permite descansar, todavía no acomodarme con mis cosas a pasar la noche. Será que recordaré, ..la primera vez en que entraba al local vivienda, pero estaba pelado, cuando mi primera visita. Recuerdo lo que será; evoco lo que pudo haber sido:

   Había llegado a la esquina ofrecida a préstamo, con un muchacho que me guiaría, es el Sobrino de una de las Señoras Propietarias; que ellas manejan la casa de bienes raíces de la Zona. Llegamos a abrir la puerta con la llave que facilita la inmobiliaria, para quienes se interesan por tomar esa esquina, que es tan poco comercial, tan lerda para que la contraten. Notoriamente difícil que las Señoras consigan clientes para este sitio, porque además los pájaros: Varias golondrinas muy muy pequeñas se animan a subir y bajar planeando; hacen sus galas y trinos adentro del local. Que cuando es mi primera visita, tiene el espacio niveles superiores con balcones interiores, después lo achicarán. Las golondrinas podían volar y acomodarse a descansar por ahí; siendo tan chiquitas y graciosas, siendo el local tan enorme comparativamente, como para que se puedan desplazar tranquilas, hacer sus vuelos festivos.

   Subo por una de las dos escaleras en madera de roble. Voy a revisar las dependencias de arriba; y a buscar un cuarto para mi privacidad. Me anega la emoción que siento, me pone endeble; porque me parece reconocer en el local, cuando por primera vez lo visito, detalles como rasgos que me hacen recordar los ambientes de mi casa de la niñez. Las asociaciones avecinadas, rememoraciones en una contigüidad que genera el despertar de otras: “aquel tiempo” haciéndose presente, cercano y sin estallidos. Se me va agregando la memoria, segundo tras segundo, construyendo una cúspide. Los nexos presentes me hacen recordar aquello; al recorrer sin peligro las galerías superiores con balcones adentro. Ahí arriba asomado, es como estar en el tope de algún templo maya, rodeado de selvas olvidadas, porque las pequeñitas golondrinas evolucionan por debajo, recorrerían el espacio entre boscosas frondas, enredaderas abajo, árboles caídos, bejucos florecidos. Allí abajo es donde me espera el Sobrino de las patronas. Tan luego que desciendo al sentirme conforme con un hogar allí; le digo al Sobrino que el lugar me adopta, yo me adaptaré a el: “Me mudaría lo antes posible”.

   -Todavía tenemos aquí estas tarimas, señor Ismael; pero las haremos retirar antes de mañana por la tarde-. El sobrino cenceño, magro, pero restallante en su vitalidad; me habla de unas piezas de carpintería, parecidas a tablados de actuación, aparentan estar depositadas provisoriamente en el local. Hay un par de estas cosas armadas ahí, de grueso porte.
   -Mire; pueden quedarse aquí. Acomodadas detrás de los mostradores no molestarán… Para que ustedes no anden con apuros-. Quiero hacerle notar al Sobrino, que no se deben de tomar molestias por mi: “Claro que si pronto las van a necesitar, mejor se las llevan”.
   -Para cuando usted venga ya no van a estar. ¿En cuántos días se mudará?-.
   -¡Oh! Vendría mañana mismo entonces, por la tarde-. [No quiero dejar pasar más tiempo. Como que estoy viviendo en la necesidad de pasármelas durmiendo en casas de distintos amigos. Eso por las noches. Y en las horas del día; tanto tiempo en el refugio de las galerías comerciales, donde no me molestan; a veces en bares; también sentado en cercos a la sombra; a la espera de la hora de poder entrar en la casa de aquel o de éste.]
   -¡Oh! Vendría mañana mismo entonces, por la tarde-.
   -Nos llevaremos también los pajaritos-, sugiere el Sobrino. -Tenemos donde ponerlos. Porque se imaginará, que no los podemos dejar en libertad; son tan pequeñitos que sucumbirían. ¿Lo han molestado?-.
   -No; desde muy chico me llevo muy bien con las mascotas. Siempre me han gustado las aves… Desde aquellos primeros teros que conocí, le cuento; que los tenía un vecino en su jardín, cuando yo era niño; de algo me acuerdo-…
   Allí el Sobrino, en pantalón y camisa de trabajo. Ascético en su atuendo, en sus gestos; pero denota, por donde pone la mirada, comportamientos peculiares, de índole privada, costumbres personales de su vida de relación probablemente, que no me interesan en ningún descubierto; rasgos que ondean en la manera de actuar del Sobrino, que me contesta:

arte-ceramico

«..en una pausa y con la mirada perdida..»

   -De todas maneras, señor Ismael; ellas no van a sufrir, todo lo contrario: Van a estar en una gran sala. Nos hemos figurado como se sentirían mejor las avecitas. Tenemos una gran sala azulejada, alta como de seis metros; y la hemos revestido de azulejos celestes; todas las paredes, el piso y el techo están con azulejos de un celeste nítido, impecable. Lo mejor para ellas, pobrecitas; algo como la inmensidad; ¿no le parece?-.
   Lo que me dice se asemeja a un cierto purgatorio de consumo; algo triste, ostentoso, cruel y sádico como de represión torturadora; pero no se lo diré. Pienso lentamente en una fórmula para contestarle; y estoy siguiendo el vuelo de una golondrinita, en una pausa y con la mirada perdida.
   -Venga. Le voy a mostrar donde puede poner el dormitorio-.
   Se momentan un repentino cambio de tono, y una activación en el sobrino; al dirigirse a mí para indicarme que lo siga. Y en cuanto a mi ubicación, me quiere disponer, mandarme sobre donde dormiré, cómo he de hacer funcionar las puertas; casi me ordena donde tendría que cocinarme, que comidas haré. Empiezo a respirar un aire de encierro. No le voy a contestar esta vez. Voy a entender que el muchacho después cederá en su actitud regimentaria. Pero no voy a querer sus familiaridades; porque es anticipo de las tías -habré hecho el cálculo instantáneamente-, que estarán después tías y Sobrino, adjudicándose amistad, enredándose conmigo a través de las telas, en la sequedad de compartir desvelos irritados e hirientes, sólo para complacer complicidades y chismes de segunda mano. Iría yo simplemente a colocarlos en su subsidio, a contentarme yo con recibir ese cuidado solidario de esas propietarias y mecenas, que, entonces lo sabré, estarán felices por cederme el lugar, adonde me podría dedicar a establecer mis Conexiones y Programas. Allí argumentaré con mis construcciones frágiles, alambres y piolines teóricos, pivotes de un torbellino de pugnas solucionadas en propuestas, para hacer nuevas relaciones programáticas a través de todo.

   No solo no le voy a contestar, ni familiarizarme, sino que me apartaré pausadamente; para salir e ir a sentarme en el automóvil en el que llegamos. El Sobrino viene pocos segundos después; ha cerrado bien con llave las puertas del local. Será la primera vez en que yo conozca a la muchachada de la Zona; porque se aparecen en corro, y sentados sobre la viga de madera de un cerco de cemento, harán burlas ruidosas al supuesto Sobrino. Uno de ellos imita los gestos de un director de orquesta; y el resto de la barra hace voces de perro, pidiendo “galletas, tía”. El supuesto Sobrino, al instalarse en el auto detrás del volante, se ríe de la muchachada con mordacidad; y me dice que todo está en órden, hablará con las tías transmitiéndoles mi conformidad con el sitio. Me va acercar ahora, me lleva adonde yo diga.

   -Haga lo que dice. Hable con sus tías; deles mi aprobación-, le contestaré. Y en un tono más bajo agregaría: -Podremos estar de acuerdo usted y yo. Y me va a disculpar. Pero ahora no seguimos juntos. Tengo que hacer mis ejercicios-. Ahí nomás desciendo del auto, y me pongo a correr hacia el Sur. También en la tal noche, de vuelta del Centro Cultural; cuando no querré aposentarme, ya que las cosas no estarán juntas conmigo para hacerlo; voy a intentar correr en la medianoche hacia el sur por la Avenida.

   Hay grupos de personas que me dificultan pasar. Bajaré al macadam: zigzagueo entre el tráfico sin peligro, gracias a mi chaleco reflectante. Así voy sorteando los tapones en esta noche, cuando parecía que se iban a cortar las luces del Centro Cultural, definitivamente, cuando mi Socia se ha puesto a hablar dentro del ascensor con su marido, cuando yo trato de desembarazarme de mi inconexión; y ejecuto esta corrida por las calles solitarias. No voy a ir muy lejos; correré en redondo. Así que esa cuadrilla en reparación, que levanta el pavimento en la medianoche, no está muy lejos de donde vivo. El tiempo no estalla. Está sucediendo dentro del tiempo; cabalgando el transcurrir, ahí está esa cuadrilla. Algo raro hay en estos trabajadores; que en la noche forman una cuadrilla distinta, con esos chambergos de lluvia plegables, azules y rojos. Por eso me detendré a mirar simbólicamente lo que hacen; símbolos de la vecindad.

  En la vecindad ~16

   Volvamos al tema de este pronóstico, aplicado ahora a lo que somos, lo que hacemos, cómo convivimos. El texto me funciona como una gelatina: Una gelatina limpiadora y amalgamante, que nos iría uniendo con transparencia a los implicados, combinándonos en una propia coexistencia. Combinaciones que conseguirán revelarse por sí mismas desde esta gelatina señaladora y adivinatoria; aglutinante que se rezuma desde esta lectura… Zumo de uníon que ustedes también producirán… para que se unan cementados todos los fragmentos. Esta aventura debería concluir; o no concluir; pero pasar sí por una instancia de algo así como un canto orfeónico, gran confluencia tipo estuario, todos los pedacitos reunidos, gigantesca articulación, domo (textualmente).
Vamos a volver a los hechos; sin remitirnos al sentimiento. Que nos estemos ocupando de las corazonadas de una mujer tan especial como Nora, sería, para cierto crudo pragmatismo, una vaciedad, una anomalía cristalizada e inmóvil. Estamos en unas formas de vida, donde la calidad humana parece estar midiéndose por la eficacia en hacer que funcionen las maquinarias; pero para producir más maquinaria. Categoría de perpetuación para un funcionamiento maquinal, que todos sabemos está conduciéndonos al establecimiento de un régimen. Ante el eficientismo, aparenta ser hasta inadecuado el trabajo sin finalidad expresa. Pero porque creemos en la necesidad de esta certeza de imperfección en lo que hacemos; porque justamente la predicción nada tiene que ver con producir más mundo de maquinarias tersas -y hasta precisamente sirviéndonos de ellas-, quizá por todo lo que sabemos que no hay que hacer, y no queremos que se haga; para poder recuperar una historia de gente un poco chingada, que hace cosas imperfectas, con pequeñas fallas en detalles sin importancia para unos temas tan benignos, hasta que de ellos podríamos decir que crecen en un lugar humano, sin máscaras ni castas ni adoradores del mono sabio. Por tantos motivos por los que no se deben hacer otras cosas, seguiré transmitiendo esta predicción, sin tampoco tener claro para qué le hago caso a Nora, pero seguiré poniéndola en un avance de linealidad en linealidad en linealidad de avanzar (textualmente). Es tiempo ya de volver a ver lo que nos diga de bueno la continuidad esa en la que estaré corriendo a medianoche..


  Pronóstico ~16

   Estará sucediendo dentro del tiempo la cuadrilla, que en el pavimento va colocando como en broma, unos palos con números en un círculo. La noche está fría; y yo, detenido en mi carrera, me voy enfriando en mi transpiración, totalmente mojada sobre la piel. Los trabajadores me observan; el señor que parece desempeñar la jefatura alza una copa estilizada, como de cerveza. Este señor del brindis, me ofrece sus saludos y buenos deseos; y se identifica en su brindis como: “el preconizador de las trivialidades exitosas”. La cosa parece ser más bien absurda: “tómese un traguito con nosotros”, sino fuese porque predomina un clima de concertación muy respetuosa. No ponerse a reir. Todos nos estamos mirando contenidos, apenas sonriendo. La jefatura me señala una de las máquinas, calladas en ese momento. Encima del armatoste se halla una copa similar a la del brindador. Advertiré la posibilidad de alternar un poco con esa gente, una cuadrilla distinguida bajo sus sombreros azules y rojos. Será que tomaré esta oportunidad de representar una demostración de vecindad con ellos. Al tomar la copa afirmo: “Está frío, frío. Todos los vasos, vasos; 24 horas. Hubo un día por día”. Es lo adecuado para la ceremonia nocturna de esta cofradía instantánea, que se ha constelado sin excesos de dirección, pero con precisión. Y dejaré la copa decorosamente; llevándome el alma de esa noche conmigo. Porque retomaré la carrera de vuelta al refugio, que no está muy lejos. El organismo acezante encuentra duramente paso a paso el camino cansado hasta el hogar.

   Cerrar las puertas del local. Hay silencio en la calle.    Regreso de correr. Descanso.
   Y después del baño, me pongo frente al televisor, para ver las noticias del noticiero fantasioso de trasnoche; quiero enterarme de cómo siguen las ocurrencias comunitarias. Es la ocasión de ver en la pantalla a personajes uniformados, autos gubernamentales; y un alto oficial militar en primer plano, rodeado por cámaras y periodistas. Se muestra la explanada de la casa de gobierno; el oficial se refiere al Jefe de Gabinete; dice: “Está loco, está completamente loco”. Las cámaras destacan ahora el protagonismo de un grupo de señoras que se acercan; se podría suponer que se trata de una liga de damas parroquiales. Una de las señoras se encara con el Oficial. Este aparenta oir atentamente, con asentimientos, a la dama. La voz de un narrador, que casi murmura por tan suave que hace su relato, va haciéndole saber a los televidentes, lo que va pasando entre la señora y el oficial. La distinguida dama delegada, le hace recordar gratamente algo, como para que demuestre estar ufano el oficial. Las cámaras abordan distintos ángulos de la situación; hasta que el oficial, ya pleno de rememoraciones satisfactorias, detiene ese recordatorio. Se escucha claramente, por sobre el secreteo del narrador, que el alto personaje profiere un: “¡Arrepiéntanse!”. El oficial parece encontrar más y más problemas dificultosos en el comportamiento de todos. Mira fijamente, indignado y en silencio, a la audiencia. En un borboteo el comentador de la emisión dice: “Qué lástima; arrepentirnos, si está inocuo nuestro tránsito por las avenidas arenosas y junto a la planta potabilizadora”. Pero todo el mundo se arrepiente. Hasta me arrepiento yo, en el local vivienda. “Bueno; ya es de arrepentirse, y ahora no se cambia”, dice la dama. Así ella detiene al arrepentimiento. Apago la televisión. Necesito realmente descansar, que tanta falta me hace. Veré que sucede con mis propios sueños. En mi colchón todo se vuelve algodonoso, oscuro, con silencio interior. Mi corazón está satisfecho, en calma. De la calle no me llegan sonidos. Me duermo sintiendo al silencio calmo bajo los paraísos que bordean las veredas en Los Altos. En la oscuridad, una tranquilidad de árbol se va alojando detrás de mis ojos.

  En la vecindad ~17

PlusDeNovelaEnPapelesConFondoTejido

«..terminar de registrar todo..»

   -¿Cómo andás?-.
   -Ando lo más bien yo, escribiendo-.
   -Seguís como obsesionado por eso. ¿No íbamos a salir?-.
   -No me falta mucho. Yo también después quiero ir a la puerta del edificio-.
   -¿Y por dónde andás? Sos un poco lerdo. ¿A ver cuánto más hay que esperar?-.
   -Por que no salís vos, ternura. Quiero terminar de registrar todo-.
   -¿Por dónde andás?-.
   -¡Oh…! Con esos hermosos ojos que tenés… Y a mí se me ocurre hacerte esperar. ¡Salgamos ahora!… Después retomo esto-.
   -Parece que no te faltaría tanto. Puedo esperarte leyendo. ¿Por qué parte vas?-.
   -Ya estoy de vuelta después del brindis con la cuadrilla. Ví la televisión; y ya me puse a dormir-.
   -Tenés muy poco más para hacer. Voy a ponerme a leer. ¿Viste que ya es casi de noche?… Como para que encendamos la lámpara nueva-.
   -Oíme: ¿Cómo te parece que puedo nombrar esto que me va a pasar durmiendo, lo de la polución nocturna? Vos, que sos tan dormilona, ..sos como una especialista de la relajación; ..podrías encontrarme un término mejor-.
   -Claro; pero no sé que querés que inventemos. Siempre a eso se lo llamó “polución nocturna”-.
   -Cierto. Pero también está lo que se imagina uno en situaciones, hondas, que no dejan de ser interesantes…-
   -Pobres ustedes; ensuciándose a la noche… –
   -No tan pobres. Yo solo; sin vos que me anticiparas nada… Podría acordarme de cada sueño… Te puedo contar…-
   -Lo más mejor para el muchacho solo. Ya veo: te fueron una especie de premio consuelo, tus eventos solitarios, tus desembolsos correderos nocturnos-.
   -¿Sabés que pienso, Nora?: Debe haber una expresión arcaica, castellana-.
   -Seguro. También debe haber un nombre en latín. Averiguando con un cura… No, …mejor preguntarle a un médico-.
   -Pero… Si no es ninguna enfermedad. Un médico me respondería de cómo es la forma favorable de prepararme para dormir, y me enviaría a las mediciones y análisis clínicos, uff-.
   -Te ponen en el camino de estar enfermo. ¡Pero nos vamos a enfermar nosotros, Ismael, por ocuparnos de detalles! Mejor llamalo Polución Nocturna. ¡Por la Reina Mab; que se nos va a enojar ella, Ismael!-.

  Pronóstico ~17

   Por breves momentos confundido, estaré en una corporeidad ensoñada y gozosa al comenzar otro día; despierto con la noción de haber estado en la cama con dos compañeras. Sintiéndome corpóreo por el contacto amoroso; me voy dando cuenta en la penumbra del refugio, aunque fue como teniendo esas compañías; cuando me fijo, veo: polución nocturna.
   ¿Quiénes había en mi sueño? Voy recordando, mientras me ocupo de los menesteres higiénicos. En mi sueño me había venido a visitar mi Amiga la Cantante y alguien más, compinche de ella, de quien no recuerdo muchos detalles, salvo que portaba una poderosa delantera; la llamábamos “la bioquímica”. Ellas querían que estuviese yo cómodo; hasta que apoltronaban mi cuerpo con sus cuerpos; claro que en el sueño de los deseos… Se me ubicaban a cada lado, con su apoyo tibio, para mi descanso, y se potenciaba la concreción del descanso, la Cantante conduciéndolo centralmente; cuando era abrazado, firmemente acolchonado, almohadonado por los cuerpos de ellas, ambas las dos nocturnas.

   Ya es media mañana. Los cortinados silvestres funcionan lo más bien oscureciendo el local. Al descorrerlos, la plena luz de la mañana entra violentamente y termina de despertarme. Miro a ver como pinta el día. Por sobre las vidrieras, por donde hay vidrios transparentes montados arriba, puedo ver el follaje de los paraísos; y las nubes, como un cortinado detrás, en otro día sensacional. Será un buen día para recorrer los escenarios donde pasaban cosas, para investigar en la dudosa realidad de algunas secuencias anteriores. No vaya a ser que se me atrincheren las dudas interiormente; que quieran desplazar historias como la de los bandereros; dudas que quieren alojarse y echar raíces en mi mentalidad; que borrarían con una vegetación glauca, enfermiza, como esporángica, a la intensidad de mis recuerdos, a la vivacidad de lo que me sucede con el Director y la Socia, y lo de antes, cuando se desarrolla aquel Programa en el camión-grúa. Tendré que ir a ver; investigar en los escenarios. Partiré hacia la playa de los médanos; donde anteriormente estaríamos con las banderas.

   Andando esta vez, arranco a caminar; y no demoro mucho en acceder al sitio. Arribo ahí en la mañana liviana, transportado en su transparencia, con intensidad de verdes, al borde de la arena los sauces. Ya estoy poniendo mis pies en el lugar playero de los médanos. El claro sol. Es un buen lugar abierto para captar la armonía del movimiento social; y es necesario guarnecerme, es búsqueda de un justo lugar en ese movimiento, que estimo como tan bello. Y es mi observación admirativa allí desde los médanos. Porque la gente y sus actividades están presentes en la mañana soleada. Son los boteros que vuelven de la pesca como en una danza. Son docenas de botes con los pescadores, que se acercan desde las aguas. Arriman encallando sobre la arena; y saltan de los botes para sirgarlos, empujando hacia fuera de la rompiente. Espuma y chapoteos acompañados de silbidos y rumores entre ellos. Van alineando los botes en la playa seca. Se ayudan mutuamente, para empujar arriba en el declive, fuera de la distancia de las olas, a los botes macizos, que también están más pesados por la pesca que traen. Para formar parte de las actividades, yo debo de acercarme hasta los boteros; me interesa su quehacer, la pesca que han traído. Soy el único espectador, el solitario de la playa.

  En la vecindad ~18

   Con estas cosas sumadas, ..ya les puedo decir cuales son las vociferaciones de Nora, cuando “duerme”. Ella de pronto se incorpora, en esta tarde como en otras siestas y otras noches; y al erguirse un poco en la cama, dice cosas, apoyada en uno de sus brazos extendido, en un raro balance. En una de esas, también estas palabras de Nora dormida abrirían algún futuro, o tal vez lo mejoraren; tomé nota de algunas hasta hoy, aquí las transcribo; continuamos después con el relato de su predicción, que yo les voy narrando. Les digo que no es para escribirlas todas, a las frases que Nora estuvo diciendo dormida; porque algunas no son gramaticales; parecen ser una glosolalia de descarga neural, lo que parece darle ayuda a Nora para su descanso. Ella dice:

   “Hoy voy a llevarles un helado rico porque seguro que van a querer sandwichito”.
   “Estarás creyendo mi canción, la de Stephen Stills, quien viera a una de las mujeres en el inodoro; creyó que era Silvia Bottelli”.
   “¡Aimbará! Los dejamos porque ustedes también son de Concepción, ¿no?”.
   “El paquete de los increíbles cinturones está libre de travesía”.
   Día por día, me iba despertando al ladito de Nora, con sobresaltos de ojos míos desorbitados, escuchando esas rarezas. Me lo tomé por un lado positivo; decidí registrarlas, por si a alguno le hacen recordar a alguna persona que tenga olvidada; o quizá les anticipen algún regalo que les harán, algo lindo que puede suceder…
   “Hace diez años que en Plov, no tenemos vuelos de pasajeros. Sólo vuelos de carga aquí en Plov. ¿A qué se debe esto?”.
   “¿No hay bolsas vacías así? ¿Por qué Aeroflot no hace algo?”.
   “Sereno, Guido, Vicente López. Algo pesado golpea”.
   Debería poder seguir yo, como que soy el único oyente de estas declamaciones… Estaría en algo así como en el “deber” de hacérselas saber a más gente. Pero temo un poco que sean demasiadas inconexiones; y que se acumule otra pérdida de sentido, a la que ya está dada, por este recocido de anticipación. Lo voy configurando entremezclado, por tener que registrar la predicción propiamente dicha, junto a los aclaramientos intercalados de su origen vecinal. Coloco una última frase, y volvamos a los pescadores.
   “Más superficie hay en la estaca, si le hacés un agujero por dentro a lo largo”.


  Pronóstico ~18

   Todos los pescadores están ocupados, al poner las tortugas que han pescado dentro de cajas plásticas, las que van a transportar médano adentro, para luego mercar las tortugas frescas. Dentro de ese tácito ir y venir con los cajones, producen en esa coreografía un acuerdo, lo concertan por lo bajo, con voces musitadas. Delegan a uno de ellos para que se encargue de mi presencia. He venido yo hasta ellos; también murmurando mi acercamiento, un poco más claramente cada vez. Y es uno de los boteros, el que se relacionará conmigo, quien me hablará del viento, que distrae y refresca, cuando al levantar la pesca, en un día soleado como éste, allá lejos se hace necesario no pensar que se está lejos…

   “El viento suave es como si anticipase tu llegada a la costa, porque te hace sentir que algo tuyo vuelve con el. Te va trayendo desde la piel, soplando el calor de tu cuerpo hacia la casa, antes de que vuelvas”.

   Pocas preguntas tengo que hacerle. Hay mucho que necesito saber; y para ello quiero lograr una certeza mayor de mi inserción. Quiero verificar antes, además, las otras cosas que sucederían el día anterior. El Botero me va guiando, en la narración pausada de cómo pescan, mientras va alistando los avíos, amarinándolos para la siguiente pesca; me va diciendo su quehacer, al volver las cosas a su orden dentro del bote; me va diciendo también de lo mío, de los momentos que se siguen:

   “Vas a seguir al Programa hoy; deberías de ir a un Teatro”. Miraré al Botero algo alarmado, por esa confirmación repentina, de que las cosas tienen comprobación, que sí están pasando. Que los del equipo con el Director, y los bandereros con la japonesita, serán entonces parte de una formación mayor, en la que los boteros participan. Y mi relator me indicará:

   “Precisamente a qué Teatro te voy a decir. El Director dijo donde queda; es un edificio rojo en la calle Santiago del Estero esquina con la avenida Howell. Vas a ir y no te inquietes. Es un espectáculo algo bajo, pornográfico”. El hombre me hará una morisqueta con la lengua; botero que pretende ser gracioso, lo noto por la sonrisa de sus ojos. Le contestaré al visaje, diciéndole que ya lo había entendido, que trataré de estar en calma.

   -Quiero saber algo más de la vida marinera que hacen; ¿me cuentas algo más sobre la pesca?-.
   “Poca cosa más que decir”, me respondería: “Yo me llevo las tortugas al Brazil; allí también dan un poco. Aunque yo sé que dan poco; igualmente las llevo allí; gente conocida. ¡Qué va’ hacer?”. Ya me alejaría; después de saludarlo al pescador; porque tengo que cumplir la tarea. Voy a buscar un teléfono, para tratar de encontrar a la Cantante. Quiero que me vaya a buscar al Teatro. Nunca había ido a un espectáculo pornográfico; y por mi salud será bueno que ella esté cerca, por si recaigo en una descompostura más.

CollageConCifrasPartituosas

«..Programa de Intervenciones..»


   Haré mi búsqueda del teléfono.

 

El vecindario de los médanos está cambiando; están por ahí también creciendo torres de departamentos. Aún quedan bastantes de las viejas casas arboladas. Y dentro de una de ellas, convertida en casa de té, hay un teléfono de uso público. Estaré viendo, del otro lado de unas vidrieras que dan al jardín del fondo, a un grupo de concurrentes amigables que juega a las herraduras. Van de un poste a otro con sonoridades de hierros, mientras yo hago la llamada. Voy a ubicar a la Cantante en una oficina, donde da clases de música: Entre cantidad de gráficas y fórmulas en pizarras, enseña música de laboratorio. Cuando recibe mi llamada, está escuchando las noticias del mediodía por la radio. Tiene esta costumbre de atender la vocinglería noticiosa, en un volumen que dificulta cualquier otra cosa. Sin embargo, puedo entender lo que me dice de la noche anterior: Han estado con ella las chicas y muchachos de la barra zonal, en el café-concert donde ella da su espectáculo. La barra de Los Altos habría ido a la oficina de ella, llevada por el Mozo. Y después mi Amiga transportaba a toda la barra en la camioneta, hasta la sala.

   -Va a ser mejor-, le digo, -que me sigas contando más tarde. Tengo que ir al Teatro que está en Howell y Santiago del Estero-.
   -¿Qué vas a hacer vos ahí? Es un lugar del más ramplón carnalismo… A vos no te va a agradar-.
   -Tengo que ir por el Programa de Intervenciones. ¡Es la adhesión sistematófila, que me lleva a hacer cada cosa! Pero sino me venís a ver ahí, yo busco otra forma; y después hablamos-.
   -¡Ah; ya veo!; seguís con el Programa y esa historia; seguís con esa historia-. En cierto modo la Cantante se alarma y se queja: -¿Te pusiste a contarle a Nicolás esta novedad; o querés que yo le avise?-.
   ¿Para qué le va a avisar a Labrasogni, el barman? Es cierto que es un buen amigo, que tiene influencias, piensa en las mismas cosas como yo un poco. El tiene esta cuestión de atender el mostrador y las mesas en el bar; no hay tampoco porque hacerlo, ocuparse de todo lo que a mi me pasa. Y no; mejor que no lo llame, le diré:
   -… Salvo que quieras avisarle, que hablé con Al Godhir. Estuve tratando que me dieran una cita, para volver a verlo por el Programa. Con el Hospital es difícil comunicarse…-
   -Vos tenés que seguir haciendo que te atiendan-. Es como un reto de mi magistral amiga la Cantante: -Tenemos que terminar de discutir esto. Prefiero ir a visitarte al Hospital antes que a ese Teatro-.
   -Permitime que te diga que no le embocás al tarro. Te estás poniendo mal en contra mía. ¿Vos que pretendés; que esté internado por una asistematósis gastrálgica?-. Tornándoseme aguda la cosa; arriesgo una increpación en el teléfono: -¡Me estás gruñendo por algo que es sólo una ñuña!-
   -Ismael; ¿estás estúpido? Solamente que te atiendan digo. Nicolás va a hablar con Al Godhir… Y bueno; yo te voy a buscar al Teatro-.
   -Oíme: el Barquero me dijo que al lado de la sala hay un pequeño café. Te voy a estar esperando en el café; dentro de hora y media-.
   -¿Qué estás diciendo? ¿Estuviste en una ópera? …Un barquero… Algo de un lirismo romántico como de ópera… La laguna Estigia… No me acuerdo un pito… El Aqueronte… ¿Cómo era?. ¿De qué estás hablando?-. La Cantante entró a mostrar su lado reo, el de andar incitante con las amigas por la avenida del barrio, me las imagino.
   -No te confundás: por el sistema y el Programa, para lograr un enganche; hablé con un Botero, de los que exportan las tortugas al Brazil. El hombre es quien me dio la indicación del Teatro, adonde te espero. Ahora cortemos; chau, chau, chau-. Después de un breve silencio, la Cantante corta; ¿será como creeré? Quizá se queda dudando un momento al cortar: …botes con tortugas, …un teatro rojo, …personajes de ópera, …las ficciones del Ismael, …los malestares del tipo éste. Sí; quizá se quede pensando. Y yo, que estaré algo travieso, parece; de acuerdo al pronóstico, me voy a buscar un reparo por ahí, en una plaza bajo un árbol.

  En la vecindad ~19

   Estamos en una atmósfera serena; Nora estudia, y de vez en cuando levanta la mirada y me sonríe. No se va a dar cuenta en su confianza de pajarilla mansa, de que les estaré diciendo otras de sus voces oríricas. Tengo aquí anotadas algunas más:
   “Tu vida, tío (sic), corre grave riesgo; te tiraré de las ramas altas”.
   “Hola, vírgen no, de 1.40 no; desinfección”.
   “Hoy la pequeña revolucionaria y hoy”.
   “Hay que ver que hay”.
   “Mi mamá sos vos, como los casos de Guidos dicen”.
   “Es un té admirable, posta”.
   “Raspa el botón la casita, con el vestido rojo”.
   Son extrañas construcciones; ¿no es cierto?, les digo yo, Ismael. No la deschavaré del todo a Nora, que lee adelante y atrás, retomando el párrafo, como yo conozco que hace. Relee y me observa a mí, no sabe que estoy aplicado en estas pequeñas traiciones homeopáticas. Porque estamos metidos en una tradición para la traición, pero sólo la cumplo como homenaje a las costumbres, para vacunarnos de ellas. Para que la tradición pase sobre nosotros como blanda bola de nieve, sin aplastarnos tanto; porque no les voy a contar todo, amigos.

  Pronóstico ~19

   Allí estaría en la plaza, para acostarme bajo una sombrita; y vamos… Que hago una flor de relajación, diez minutos respirando completamente y suavito: Pausa en la que visualizo burbujitas frescas entrándome por las narinas; me hago así continente todo lleno de pelotitas como de oro traslúcido, luminosas y benéficas; las que irradian en todo mi cuerpo dorados rayos calmantes, que me van llenando de bienestar, con el que puedo hacer buena vida… Y me levanto livianito, gallardo, elástico, hecho un dibujo de buen humor. Camino por las veredas unas cuantas cuadras donde hay pastito; derivo por la comercial Avenida Howell. Poco tiempo más, hasta dar con la Zona de los teatros, algunos en subsuelos, otros de varias salas, con pisos del medio, numeradas las escenas o pantallas.

   Estamos al mediodía costeño, ..que ya sin la poca buena brisa, la que me decía el Botero.. Que hace un calor de plomo fundido, en suma. Y los espectáculos no abren; sólo unos pocos por donde paso, en los que hay películas, cosas de galera, a ultranza las considero una pérdida cárnica en el mediodía; casi no se ve gente. Tengo poco aspecto de persona rica yo, y bastantes visos de venir de lejos, andando en esa zona un poco fuera de horas. Le es conveniente la apariencia la mia a un señor, para que desde la puerta de una casa de fotografías ilustrativas, me ofrezca un trabajo: “Un laburo; ¿no quiere un laburo?”, me invita canturreante. “¿Qué kinoto!”, protesto yo en voz baja, por la propuesta vergonzante, a destiempo. Pero ya tengo a la vista el edificio pintado de rojo recalcitrante. Y ya tengo mucho trabajo hecho en mi contextualismo; además de, en lo personal, perseguir la inserción sistematófila; como para atender la propuesta con halitosis, de ese personaje explicablemente equívoco y molesto. Decidido voy al frente; y entro definidamente como cliente, al Teatro pintado de esmalte rojo: En la esquina luce sus gruesas paredes rojas con amplias aberturas.

   Las cosas no se demoran en la manera de decirlas. Tampoco demoraré yo ahora en decirles lo que será el espectáculo; que no se demorará en comenzar, igual como si ahí me estarían esperando. Actúan las danzarinas en el escenario. Algo sencillo lo que hacen: componen unidas cuadros en pocos segundos, en una semipenumbra silenciosa, en la que se oye su palmeteo de largos compases; palmean como una sincronización, sobre sus cuerpos. Arman una trabazón simétrica y contorsionista, como flores; algo casi atlético, que se va exhibiendo con distintas luces de intensidad creciente, de colores cambiantes. Las actrices van sin ropa alguna, naturalmente en estos casos, con un comportamiento estelar, tan suave; pero llevan adosadas al cuerpo, en ubicaciones donde relumbran, unas lentejuelas tornasoladas, que realzan a las pieles y los cabellos. Los apliques están distribuidos en puntos con brillos; puntos clave, voy imaginando: Que sería de pulsar ahí, golpear levemente con los nudillos, para armonizar e instrumentar con el despertar total de esos cuerpos. El grupo de féminas es cambiante, pero no bajan de ser cuatro. Las iluminan distintos reflectores cambiantes que se alternan, on & off, sobre las actuaciones individuales de las desnudistas. Algunas de las chicas se combinan con sus compañeras de escena para colocarse con apoyos graciosos en posición invertida, cabeza abajo; mueven las piernas igual que si nadaran. Me parece que ha pasado poquísimo tiempo, al llegar el cierre del primer bloque de actuación. La culminación de la primera escena, lleva música, con ritmo de ferry, de transbordador oceánico, de placentera locura, con inusitada vitalidad; que la gente en la sala acompaña con golpes en las butacas, pateando el piso. El escenario vuelve a una completa oscuridad; y luego las luces de la salita se encienden, para los pocos asistentes entretenidos que somos. Y la música continúa; en tanto yo me voy hasta el bar del Teatro. Pediré un café grande, que por favor me lo coloreen con unas gotas de leche. Elijo una mesa junto a la vidriera sobre la calle. Los propietarios del bar habrán de tener una extraña adhesión a lo circular, supongo; porque las mesitas son redondas, un espejo detrás del mostrador es convenientemente grande y redondo, hay un gran reloj usualmente redondo. Me lleno de asociaciones tres catorce dieciseis; que se me completan al bazukar con movimientos circulares en mi taza. No veo por qué voy a volver a la sala. Me voy a quedar en el snack-bar para esperar a mi Amiga la Cantante. Mi cuerpo se acordará después con agrado, de ese café en la espera. El espectáculo va a continuar; los pocos clientes del mediodía irán entrando a la platea. Pero yo no creo que pueda haber ya nada superior al despliegue de patas arriba y cambios de luces. Me imagino que el espectáculo puede seguir en una inclemencia de pieles empobrecidas, palabrazas violentas para ocultar la tristeza después de la excitación, el sadismo de un postre; -no-. Preferiré quedarme en el bar, sin mayores apetitos, cruzando miradas casuales con el hombre del mostrador y con una pareja de comensales en su mesita redonda. Al pasar pocos minutos más, viene mi Amiga.

   Siempre sobre sus ruedas esta chica; la veo estacionar su camionetita tiznada frente al Teatro, en la otra vereda. Está el vehículo con trazas de haber pasado cerca del barro y de la grasa ardiendo; es humo negro que se le quedó pegado, marcando la pintura escandalosamente con tiznes; rastros de una contienda, que mi Amiga al volante habría protagonizado, en el trayecto al teatro. Podrían ser los rastros de un enfrentamiento con escollos de la decadencia, obstáculos de albañal rezumantes de combustión tiznadora. Pero ella viene reluciente, con un vestido blanco adherido que le acompaña la piel y los pasos. Y tan calma que no se puede creer; viéndome en la mesita redonda de la ventana; y acercándose a ver como engullo el fondo espumoso del café cremoso que todavía queda. Abro la boca para decirle: “Tus otros amigos; ¿no te van a extrañar? La gente de la barra, en Los Altos, que te necesita, …tus canciones, …tu madurez artística, …que para los chicos les viene muy bien”. ¿Qué se yo por qué le digo eso? Provendrá mi rendimiento rengo de un remanente del espectáculo, que estaría obrando como un fluído embriagante… Con lentejuelas, ..algo de sudor, ..el calorcito de la sala, ..y un sopor que se adueñaba de mí, sólo cuerpo ansioso en medio del celaje. Y menos mal que la Cantante se posesiona apropiadamente de su tono magistral y me responde:

   -Tenés la cabeza dada vuelta. No te creas que voy a contestarte para entrar en tu conversación de idiotas. Y escuchame. No lo pude encontrar a Nicolás Labrasogni; solamente le dejé un mensaje en el bar. Pero vos tenés que volver al tratamiento. Volvé de nuevo ahí. Hablá con el Doctor Al Godhir-.

ConejitosDesarrolladotes

«..deseos por más y más..»


 

   Qué maldición, reflexiono, por tanto anhelo que tiene de verme “normal”, sin nerviosidades, sin que yo establezca conexiones. Me quiere ver inscripto, autorizado, pendiente de sus vocalizaciones, que son para el consenso. Ella tiene un corazón de buen vivir, para la perpetuación del orden apropiador, de las ganancias del sistema de deseos por más y más. Perpetuación del orden de las contrapropuestas también, tolerándolas; aunque no sean geniales; o sí, cuando sean geniales, tolerándolas como ilusiones. E irnos todos a dormir y después desayunar sin disonancias. Sin conciencia de las multiplicidades y simultaneidades; ni conciencia de la herrumbre y los metales podridos, aunque llameantes, punzantes, siempre todavía. Y a despertar en otro día siguiente, para más ganancias, acumulación día tras día para más ganancias, intereses y amenazas, que nos totalizan para el cumplimiento de la fatal caída. Y no voy a seguir, pensaré entonces; no voy a hacer nada, atestigüaré. Y le voy a decir a mi “Amiga” que se esté tranquila, pues le concurriré al Hospital. Hasta yo mismo creeré que es verdad, que al día siguiente, en un funcionamiento reversor de las noches y del sueño, pero ya en la vigilia, en medio de los aclaramientos con que me despertaré; iré óptimamente al Hospital, habiendo dormido bárbaro; y después le voy a contar. Pero también le digo: “Adjuntate ahora, que este día es largo y está lindo, va a estar bien que lo paseemos; ¿vamos a la Costanera?”. Luego anda ella óptimamente, llegándonos al camioncito tiznado, abriendo las portezuelas; ya en marcha sin problemas, porque todo pleno, lleno de moléculas de altitud, cementación de espacio y liviandad. Y ella va haciendo las velocidades, rodando.

   La Cantante me sabe como soy. Me cree y es justa. Andaremos para la Costanera, con la luz del principio, que nos seguirá acompañando. La luz del principio del viaje, acompañándonos hasta la Zona donde antes yo entrenaba; “pero eso era bien de madrugada”, iré comentando con la Cantante; “antes que te conociese”. Y esa diurna potencia -que es de maquinaria ya algo pasadita, a la que continuamente hay que ir con reparaciones necesarias-, esa potente luz diurna, desde que dejáremos el Teatro-Bar, estará con nosotros. Y es algo más que una iluminación por fuera; porque en las mente y nervios llevamos tranquilidad; y chispas de silencio en los corpúsculos de luz, ..van por dentro nuestro; como que nos insuflan un bienestar de ricota dorada, esto.. , ..podría ser bueno croquetarlo.


  En la vecindad ~20

   Estando de esta forma, que le meto al escribir; podemos infidenciar un poco más sobre Nora, porque ella espera a que termine yo mi redacción, está leyendo. Les digo: ella sigue metida en su nuevo libro de Astrología; bien grueso, que así invita el volumen a que se lo contemple con valores, invita a que se ponga uno en una actitud de intelecto dedicado a comprender: Tan grande es el libro, debe contener ricas, abundantes y sesudas maravillas. Pero son futilezas una detrás de otra, cotilleo; no pierdo oportunidad de decirle que son chismes, estiércol; cuando me habla de esas cosas, cuando ella entra a bobear o babear, como se prefiera, alrededor de ese tema del zodíaco. Aunque ella no quiera saberlo, todos los astros y cartas natales, casas y ascendentes, siempre nos están pronosticando insensateces. Son una suerte de metástasis comercial de palabras con suficiente ambigüedad, como para albergar, y que se pueda proyectar en ellas, a toda personalidad, todo temperamento, toda psicología leve, pero que sea dentro de los moldes de la trivialidad, de la vulgaridad comunitaria, hacerse rico, tener salud y felicidad como se deben tener, de acuerdo con las costumbres y la consiguiente pesadez fatal de un destino inorgánico. Vale aclarar: Es seguro que vamos a morir, seremos polvo, volveremos a ser piedra, quizá fundida magmática, también gases, moléculas dispersas aleatoriamente. Hasta implosionar; ¿o será que retornaremos a un gran estallido?, pero nuestros restos estarán narrativos o en una narración. ¿Hay quién dude que ese cuento es inteligente y sin contradicciones? Esa Astrología duda, por eso busca seguridades en diferencias macaneadoras. ¡Las horas que le dedica Nora, observando sus cálculos y palabras!; son dichos que para mí ya ni guardan mínima poesía. “Pero aceptalo”, me digo, “contémplala a ella, que es como una niña jugando”. Es cierto, la miro de rabillo ahora, en esta pequeña traición que disimulo escribiendo; y ahí la veo con los nudillos cerrados junto al cuello, sosteniendo la carita seria; muy aplicada está para asimilar esas pretensiones de vuelo “esotérico”. Hay que decirlo, muy a pesar mio: esos pronósticos, oráculos, fatalismos y predicciones que ella estudia; poco tienen que hacer al lado de esta magnífica pieza augural que estamos logrando entre los dos; pero es en realidad entre los tres -no debo olvidar a la pulserita Amilamia-. Quizá Nora esté sin darse cuenta, sin darle la real importancia que tiene nuestra exactitud definitoria, en tanto como hemos avanzado; exactitud que yo ya estoy corroborando entre dos luces, porque algunas palabras en el tiempo exacto, ya están constitutivas y haciendo sucesos como está previsto.

   Ahora otra noche baja y entra en nuestra casa; viene como un despunte del siguiente desvelo oscuro y claro, de ojos placenteramente abiertos en la negra calma. Otra noche para que la sepamos, porque está viniendo bien. Sepámosla con aptitudes abiertas en conexión; cuando en pocos minutos terminaré de redactar el vaticinio. Poco más les voy a decir de lo que anda pasando íntimamente en estos intervalos. En esta forma de hacer las cosas, conjuncionando vecindades y pronósticos, ya casi estamos terminando; ¡qué cosa! ¿no? Podría ser este el último de los intervalos… Mmm; hasta nueva orden.

  Pronóstico ~20

   El mediodía en la Costanera está casi sin gente paseante, porque es día de semana. Es una hora que estalla de luz, es como un huracán del sol alrededor nuestro. Caminamos sin detenernos a permanecer en nada, por entre los juegos, entre las hamacas, despreocupados al andar, como mordisqueando en pastitos aquí y allá. Hablamos de las cosas que vemos; y en el pretil respiraremos el viento. Están los camalotes; adivinamos la otra orilla; ilusionamos la tercera orilla: la orilla del otro hablar, la orilla fluída, la orilla del borde profundo; quizá la orilla de las tribus, orilla antigua del campo y las piedras, ancestrales y con símbolos inscriptos… Hay cosas peores; con la Cantante nos habremos puesto así de eglógicos. Será por el tifón de luz que nos sigue pegando como latigazos; o por este mambucho que nos da, con reincidencias: dice tener ella “ganas de comer”. Insistirá; en pocos minutos nos acercaremos al palacete donde sirven comidas: un lugar tan señorial; le sirven a cualquier hora lo que quiera uno, claro que desenrrollando altos billetes.

   Ahí dentro proseguirá algo que tiene ubicuos arranques: una confrontación desde facetas diferentes del mito en que convivimos: distintos entrenamientos sociales, semejantes anhelos de dominar: a ver quien dirige a quien en el palacete.. Y al mismo tiempo se discutirá la validez de cada uno como cliente consumidor. Son maldiciones estos obstáculos: Las porfías de justeza, de jerarquía, de cliente autorizado. La Cantante mira a las otras gentes al hablarme: “Nos vinieron a visitar al café-concert anoche, gente que te conoce.. Nos dijo a todos los músicos, este coordinador que vino; con una señora como del campo” (me figuro que se refiere a mi Socia). “Nos dijo que vos sos como un pivot para el Programa. Que están como haciendo novedades con eso”. Me trata y actúa con una languidez, con tanta exposición al manejo del mundo, mi Amiga. Tonos, gestos, una actitud que parece decir: “Así; con buenas órdenes y gastando un rollo, que están para servirnos”. Algo ya parece la Cantante estar pescando de los estetogramas y de la programación de ensayo general.

   -Seguro te convocaron para que cantes en las siguientes intervenciones. El Director me sigue los pasos. ¿Te gustó la idea; no?-.
   -No depende sólo de mí, Ismael. Es algo muy abierto y raro; no sé. Hoy lo vamos a conversar con los músicos-.
   Exalta al lugar mi Amiga, lo hace girar eficazmente: Maquinaria de servidores con ropa de camarero, en nítido corte enchaquetado; copas, lámparas, ventanas con vitrina a los balcones-galería, los respaldares; el capitán y el gerente, el encargado de cocina, el maitre, las camareras de los panecillos. Detrás de otros vidrios bullen vapores, funcionan batidoras; una inmensa energía para producir misérrimos platos de praliné, huevitos de codorniz estofados con bayitas en almíbar, tortillitas acarameladas flambants de brotes de yerba dulce; delicadezas que se acercan a las mesas con ceremonia, en donde los conoscenti esperan con finos cubiertos.
   -¿Por qué no cambiamos de mesa, ruiseñora? Ese es un lindo patio-, le apunto a un ámbito con media sombra, umbráculo de una parra, mosaicos moriscos.
   -Es cierto; tengo que ambientarme para eso abierto, más silvestre, de las intervenciones. Pero lo de las canciones en japonés que nos dijo el director, es un detalle un poco complicado-.

   Nos levantamos del espejeante ambiente enmantelado, de la atención demasiado solícita de tanto personal. El patio está bueno para nuestra frugalidad de agua mineral y tartas de verdura y quesos. Allí nuestra confrontación ya no es tan de cuidado. Surgen otros temas con los que dirimirnos y aclararnos. Conversamos sobre cada cosa del patio y de los jardines alrededor. Hay jacarandáes floridos, nenúfares en las charcas; más allá flores violetas y amarillas; vuelan, se posan y cantan avecillas espectaculares.

   Saldremos luego, directamente desde el patio, para andar en los jardines. La tarde se nos irá yendo así, en caminatas de ida y vuelta por un largo rato. La Cantante me revelará su nombre de la infancia. Podremos creer que hay algo del mundo entonces.. Y asentimos; y los florecimientos nos corroboran; ¿a quienes no; entre tanta alegoría de cómo arruma la vida a sus criaturas? Sortilegios, transparencias de interfases ecológicas, libélulas que cuidan unas de otras, el viento tenue. ¿Quién no creerá que se puede estar suturado, en juntura cándida, que jamás se quebrará? Yo lo podría creer.

   Ya algo apartados de los jardines públicos, la tarde se nos va cambiando sin consultarnos. El crepúsculo nos alcanza al estar aventurados por la rivera del campo. Vamos viendo oscurecerse las totoras, los sauces junto a un terraplén; se nos ha hecho una noche de melaza. Tenemos que apretar los párpados y focalizar la vista, para no salirnos del camino y caer en la cuneta, anegada y pululante con los cangrejos. Aunque pasamos por algunos tropiezos con cascotes, la cosa va bien agarrada en el camino descampado. Entre agarrados y aferrados en bloque, así avanzamos; sin dejar de conversar nuestro futuro. Es un marco de coincidencias en el tranquilo pero esforzado andar nuestro, simultáneo con los cantos del agua que interfieren un poco para escucharnos. Van llegando desde el agua, las voces graves de los anfibios, y sus silbidos ásperos y agudos. Los gruñidos y fricciones de las charcas, entre los cañizales; los metálicos y agudos cloquidos cilíndricos, que ponen ritmos de registro alto en nuestro andar aferrado al futuro. Porque, coincidiendo con las agradables asperezas del descampado acuático que atravesamos para alcanzar la camionetita, mi Amiga y yo establecemos un futuro compañero junto consolidado. Estaremos tras de realizar las conexiones, crear otras nuevas, que se inserten eficaces. Y en el fluir que nos proponemos, juegan sus representaciones, las de ella como Interventora Cantante. Las estéticas palabras de mi Amiga, son asistidas por tanto coro agreste, cuando en el campo estemos andando. De tanto tenemos que hablar… Amalgamados en esa larga recta, decidimos llegarnos hasta el local-vivienda, ni bien alcancemos la camioneta. Nuestros ojos están puestos a prueba; y funcionan normalmente, aún después de habernos traspuesto andando, el límite alto de las farolas. En un periquete, ella ya está abriendo su camioncito para irnos. El Parque Costanero no se soporta más.

DelpptCactus2011-Copiapoa

«..entrada y salida de mensajeros, con especímenes de cactus y otras novedades..»"

   Me bosqueja planteos de proyecto mi Amiga, en torno a los trabajos futuros. Para agregar plantas móviles, que irán a ornamentar El Programa donde convenga. Ella supone por un lado que, si en tanto los trabajos nocturnos de conexión podrían continuar; por otro lado, allá en el local vivienda, podríamos sumergirnos los dos con pinzas, forceps y escalpelos, bajo las lamparitas yódicas, en altas horas de micropropagadores botánicos, es posible. También señala, para mayor claridad, que serían necesarias horas de la media mañana; estando semiocultos detrás de las vidrieras blanqueadas, con planillas, conversaciones telefónicas, entrada y salida de mensajeros, con especímenes de cactus y otras novedades. Planea ella el lugar preciso donde estacionar las camionetas refrigeradas, a qué hora; y me coloca en el declive inevitable donde yo controlaré las remesas, planilla en mano. Serán las plantas móviles que luego ornamentarán al Programa. Y el embarque de los tubos de ensayo con etiquetas coloreadas, cada uno en su embalaje pedagógico, para fomentar nuevos programas, con los contactos a establecer indicados individualmente para cada destinatario. No olvida mi Amiga a la distribución mínima, bajo el aspecto gel, donde partes pequeñas van acompañadas de instrucciones en particular a todos; lo que se hace por encima de opacas planchas microfílmicas, emulsiones sencillas diminutas.

   No tendré otra salida, más que organizar el movimiento de la gente, indeclinablemente, con estos cargos de responsabilidad, indicando funciones a los colaboradores dentro de sus uniformes asépticos. Pero después, por las noches, podré relajarme en una revisión de todas las etapas conectivas; ella me acompañará, operación por operación. Los desinfectados ambientes del refugio van a oler a fenoles, me dice. Y no hay caso de esquivarla, bien enfundada en su vestido blanco; esa autoridad de mi Amiga, al preparar nuestra conjunción, en esplendor de sabia salud, infunde benignidad a nuestra conversación. Estamos colocados con nuestro relativo contacto, aún más juntos, respaldándonos en nuestra atención hacia adelante, cruzándonos palabras en su camioneta que rueda. Dejamos al sector. No es de extrañar, que me encuentre unas monedas suntuosas en el interior de mis bolsillos. Se las voy alcanzando una a una. Son monedas de un metal impactante, como que te dieran un sopapo. Las va mirando en una diversificación de atención, porque sigue dándome instrucciones precisísimas en cuanto al trabajo y mi compromiso con el, que se irá comprometiendo cada vez más por mi adyunción al formuleo químico; eso en cada tarde para los días siguientes; trabajo insobornable de escritorio, me indica la Cantante. Mira las monedas, y con saber las valora como una pequeña fortuna, me dice. Yo le obsequio una, y la guarda en su carterita plateada. Pero ya nos tenemos que despedir, se nos ha hecho tarde para ir al local-vivienda, porque es la hora de la actuación de ella. Tiene que ir al local nocturno, cumplir con el horario, lo que no permite que me vaya a acercar con su manejo del camioncito hacia Los Altos. Me tendré que ir caminando desde el otro lado del Parque. Aún con la puerta abierta al despedirnos; habiendo arribado a una de las esquinas, frente al Parque de los pequeños senderos; yo le advierto a mi amiga, que puede haber inconvenientes en ese trabajo futuro. “Me conozco”, le digo: “soy tan autoritario cuando las cosas se me ensoberbecen. Hasta que de puro energúmeno cuando me enferman, les compito; puedo llegar a pretender demasiado, demasiada producción, agitamiento”… Le quiero decir que todo el activismo podría ser traqueteante, al don pirulero. Mi Amiga aprueba con una media sonrisa apurada. Parece que hasta en el despiste, andando yo por todo el ripio, para ella va a estar todo bien. Ya se va en la camioneta. Busco en la noche como orientarme, para llegar a mi refugio en Los Altos, mi local-vivienda, donde me esperan mis funciones reconectoras. Entono para mi mismo un inicio de canción.

  En la vecindad ~21

   Ya vamos a ver para qué tanto pronóstico. Soy este Ismael, me despido de ustedes. Mi persona futurizada, como personaje de la predicción, anima la siguiente secuencia, que iría a ser la última. Vamos a ver si Nora supo algo que nos sirva. Porque yo simplemente fui redactando lo que ella mediatizó desde su avizoramiento. Habrá que ver. Enseguida ella y yo nos iremos a pasear, a un parque con el sereno. Desde ahí nos pondremos a derivar por las calles. Y así otra vez; sucesivamente. De camino quizá le pase cerca, y pueda mirar la puerta del edificio. Y ya saben: puede consultarse a la pulserita Amilamia; soliciten sus turnos, ahora y por escrito, si lo desean; vuelvan otra vez con nosotros, pero avisen primero. Nos vemos.

  Pronóstico ~21

   Un breve ritual con la llave, cuando alcanzo mi vivienda prestada. Podré dormir y soñar… Aunque para mí me entrediré: “¡Que sé yo para qué acostarme; todavía tan temprano!”. Pero macana, no es que sea temprano; tengo mucho para hacer, primero con las figuritas, si quiero completar mi día. Las tengo que ensartar en mi dispositivo movedizo; que lo tengo gracias a una acción corsaria de la Cantante en el laboratorio del Centro Cultural. Antes las he cortado redondas, a las figuritas que tomo de revistas y de otras fuentes: fotografías y dibujos correspondientes a la jornada, que habré de remecer con orden; le he hecho un ojalito a cada una para ensartarlas. Y entonces, cuando están vibrando sacudidas en este aparato, ahí me concentro. Y veo como la gente de las fotografías y figuritas me sonríe; hacen caras, hablan, se relacionan. Todo lo cual voy registrando en un preorden argumental, para conectar en el Programa: especie de guión y ensayo para mejores conexiones. Las relaciones las voy sumarizando en una bitácora; conexiones del planeamiento para los figurantes: vecinos, personajes, que son los de la jornada en la Verdulería o en el Centro Cultural. Con ello, al día siguiente, iría a los lugares en que se supone van a estar: Observaré sus rostros, atendiendo a lo que va pasando entre ellos. Yo tomo nota, vuelvo al refugio; y necesariamente habrá que hacer algunas alteraciones, en el orden de las figuraciones que tenía previstas del día anterior. Son cosas que pasan.

  En la vecindad ~22

   Tengo que agregar algo, porque Nora se me ha acercado, mira por sobre mi hombro, Sí, para comprobar que yo efectivamente registre lo que me está diciendo. Esto tengo que agregar, sobre las suplencias: Con un gran sentido práctico, mi mujer quiere que sepan de mi posible prescindibilidad. Dice que yo no me despiste ni me haga el vivo; que hay muchos suplentes bien dispuestos, para reemplazarme en el futuro. Que los eventos no precisan exactamente de este Ismael, mi persona. Esto podría acarrear una discusión ontológica. Pues si yo estoy ausente de lo que pase, ya no habría tales eventos, sino quien sabe cuales. Pero conviene ser buena gente; y no detenerse en unos detalles que demorarían la finalización del registro, y la salida de Nora conmigo esta noche. ¿Está bien así, mi ama? Ay, parece que está bien. Nora me tiró de los pelos para plantarme un chupón, me agarró las mejillas; me dijo: “Sos mi loquito y cómo te amo”, y se metió en la cocina; seguro va a preparar cocoa. Ojalá que no se le aparezcan ahí los del sanatorio; pero esa es otra historia. Entonces les reitero: recuerden que aquí estamos. Y vaya por delante otro saludo.

  Pronóstico ~22

   Desde que esa noche ya habré completado en un santiamén con las tijeras de recortar y la pista vibratoria; ..más las anotaciones, dos o tres horas, y una hora más hasta que cierro; ..ya con todo concluído, ..desenchufo la máquina. Así me podré ir a dormir, tan necesario que se hace, para poder soñar imprescindiblemente soñar, aunque se habrá hecho un poco tarde.. Concluye otro día más; parpadeo ya de vuelta en el edredón; mañana estaría con la Cantante, ..y retornar a los vecinos… El huevo oscuro del sueño va creciendo dentro mío… Vendrá de quién sabe qué antigüedad, un sentimiento impreciso, como un viento de otras épocas. Y habrán sido minutos nada más, cuando al despertar, me parece hacerlo dentro de una mansión señorial. Como que estoy entre paredes de piedra; hasta encender la luz, conectarme en mi existencia. El sueño imprecisamente sigue impresionándome, como si fuera en el medioevo; una historia fugaz y retrospectiva que está por escapárseme, hasta que agarro papel y lapiz para pensar en lo que soñé; lo recuerdo y lo anoto.

   Al volver a dormir, puedo descansar en profundidad. La hondura de mi descanso va a ir alterándose como si la cepillaran con alambre, por un susurro a mis espaldas, que en un primer momento no voy a entender. Así de desorganizado se me presentará, tan irreconocibles son la fuente y el mensaje del susurro, el que seguidamente se hace un ruido intenso, creciente volumen que me hace abrir los ojos y preguntarme, ¿qué pasa? Algo de susto, una duda despertando en todos los sentidos hasta entender: se trata del timbre del teléfono. No quiero pensar en el teléfono como un medio para proyectarme. Porque con ese coso se discontinúan mis conexiones, me distraigo, me pongo a hablar por demás. Realmente no me gusta mucho ese generalmente molesto aparato. De tal modo, que le disminuyo el tintineo, poniéndolo al más bajo nivel. Además le echo toallas arriba, para olvidar su presencia en mi refugio. Y esta vez en un mal sueño me saca del descanso; lo busco y lo hago resurgir desde bajo las toallas.

   -¿Quién es?-. El resabio del susurro desorganizador desaparece; porque una voz conocida que ya ubicaré me pregunta el número, y enseguida pregunta por mí. -Sí, dígame-… Esa voz…
   -Realmente no llegué a enojarme, señor Ismael; comprendí sus molestias. Hablé con los profesionales del Servicio para que lo ayuden-. Es la recepcionista del Hospital, parece que me está haciendo un favor. Como buena secretaria de enfermería ubicó la ficha, el número del teléfono. Al menos me agrada esa dedicación hacia mí: -Tomé las palabras suyas como resultado de la incidencia de sobreocupación que nos demanda. No se haga problemas; conseguimos con el doctor Al Godhir, que se le abra un turno regular-.
   -Ahora mismo saldría para allá. Sus palabras me vienen como desde un ángel-. Es cierto mi decir. Ya creería que no me esperaba nada bueno en ese día, de continuar con averiguaciones, casas de piedra y medioevo.
   -Aguarde un momentito, que lo comunico con el doctor ahora. Hable con él y después veame en la recepción. Soy la señorita Sabina Alkeringa-.
   Se suceden unos pitidos en la línea; y se aparece la voz, de afectuosidad requebrada y tajante; la voz del Doctor Al Godhir. Lo saludo y le expreso que no esperaba este beneficio, que surge sin previsión mía en absoluto… Que es una gran chance para cambiar la época, porque el medioevo es seguro pero bastante sucio; y tampoco me gusta lo que antes de dormir me han dicho las figuritas burguesas.
 
   -Estoy en una reunión-, me dice: -El Director está preparando al Servicio. Venga, lo esperamos-. Y ya me iría a cortar, en mi sorpresa. Pero podré darle un chiflido para detenerlo; y tratar de enterarme:


LaHora

«..si no viene rápido; a usted le van a volver los dolores..»

   -No me diga que el curso del Ensayo General ya interviene en los Consultorios. Se han acelerado-…
 
   -¿Usted vió la hora que es?… Le digo, Ismael: los músicos vienen más tarde. Para cuando lleguen ya el Equipo tendrá todo preparado. La nena está mejor, juega con su pulserita; la señora Nora se puso muy contenta con la mejoría de Amilamia. Le manda besos la señora aquí en la reunión. El Director algo hizo con los dibujos de las plantas: ya instruyó a los utileros, y está montada la capilla ardiente. A ver; espere un momento-… Escucho que le hablan al doctor, que él retoma la conversación, me dice: -El Director me pide que le recuerde, usted sabrá, que traiga el aparato vibratorio y los piolines para conformar la estrella. ¡Ah!; y la señora que canta va a venir sólo a actuar, fijesé. Que sino fuera por ella los pacientes no tendrían cada uno su Heftpistollen. Ahora están fijando los tapizados. Además, ella consiguió la autorización del Ministro y del Sindicato. Nicolás me dice aquí que si no viene rápido; a usted le van a volver los dolores; tiene razón. Así que no venga corriendo, Ismael; consígase un transporte. Listo, terminamos con el parlamento; métale-. Al Godhir me dice su último tajante requiebro, y corta.

   ¿Cómo haré para llegar? Ahí están las monedas. Me hallo en una situación de la cual han derivado causas en vuelo. ¿Habrá lugar en los aviones? Primero tengo que ver los horarios; elegir la mejor partida. Se nos inundan fuera del tiempo las almas con la conciencia del bien. Por eso, si después no hay lugar, antes tomaría el tren; eran reanimantes los anuncios de que iba a correr al mediodía un Tren Especial.



«Los sueños no predicen el futuro. Revelan estados mentales en los cuales el futuro puede estar implícito.» Robertson DaviesLa Mantícora.


      Enlace aquí para la Novella descargable en .PDF [escrito_reunion_puede_consultarse].


Sergio Edgardo Malfé

Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, septiembre-octubre de 2011.   

Anuncios

6 comentarios so far
Deja un comentario

En una Entrada Notificadora de 2009, agosto; estaba hecha la Via para la primera versión de esta .. # novella-escrito-amigos-consultar: ..”adivinar, convivencia, trote, registren, clientela… [Cambiando la Via en octubre de 2011, hacia esta Reedición, la notificación que menciono tiene algo para verle, puede írsele por ahí ↓]

Me gusta

Pingback por noti-novella_reunión-amigos « Hipersalenas's Blog

[Notifica está completada la reedición de:] # novella-escrito-amigos-consultar: ..”adivinar, convivencia, trote, registren, clientela… [Reunión+Completada]

Me gusta

Pingback por reunion-completada « Hipersalenas's Blog

[Ni que decir que al relatar una descompostura en “Campanilleos Cubierteros…”, lo enlacé “pingthru” hacia §s de la Novella; donde se narra: ..

  • ...."¡Qué descompostura!", le acontece a Ismael… (Se sube a la sección mencionada al pulsar lo antedicho.)]
  • El ping funge en los “Campanilleos..” desde las siguientes líneas.. Al otro día continuaba el hedor acre. Era precisamente por los pasillos; Enrique se tomó el trabajo de recorrerlos en un subir y bajar las escaleras a todo olfato. Se dio con la certeza sobre el tufo, en cuanto estaba más impresionante en su palier, y que parecía emanar desde la sede del concierto reiterado con los menajes y la percusión baja. No veía a esos vecinos desde semanas atrás; ninguna señal de ellos por fuera de las sonoridades. Había silencio en ese instante. Se animó a tocar el timbre del departamento, iba a preguntarles cortésmente sino percibían ellos, esa aspereza fétida que espesaba la atmósfera del edificio. Pero nadie respondió. Cuenta mi amigo que entonces bajó para quizá hallarlo al Encargado de los edificios. Y que, como lo suponía, no había trazas del empleado por ningún sector de los monoblocks. Cuando retornaba a su vivienda, Enrique oyó nuevamente a los chirimboleos estrambóticos…

[…]

Me gusta

Pingback por cubiertero-podrida: …”posarse, ..comensales, ..quiebres, ..inducir, ..interesados, ..condominio, ..pasillos, ..estrambóticos, ..desarreglo, ..honrosa, ..confluía, ..sobrevenideras”… « Hipersalenas's Blog

[…] ~Es danzarina Iniami, quizá sea una de las muchachas del espectáculo que presencia Ismael, en estas líneas de «escrito_reunion_puede_consultarse» […]

Me gusta

Pingback por horizonte-despido …”ombú, :interior, :negocio, :dictados, :enterar, :conocidos”…: « Hipersalenas's Blog

qzulanea90

Me gusta

Comentario por annetserog

encarrilamiento de zulánicos noventistas, eso parece Anettserog estar diciéndome: “que zulanea 90s”, y si así fuera .. es cierto: la novélica la tuve lista en los papeles por el 97, y después corrigiéndola y dándole reediciones, ya en el 2006, y pequeños cambios en esta década también, bueh .. q’nosemeobsesioneVd 😉

Me gusta

Comentario por Sergio Edgardo Malfé




Son importantes para las Hipersalenas los comentarios, puntos de vista, propuestas; la conversación nos hará bien; usted tranquilamente dígame; bienvenid@.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s



A %d blogueros les gusta esto: