Hipersalenas


# presencia-armazon: “..sostenimiento, :polizones, :untarse, :supérstites, :botellita, :masticando, :integración, :camioncito, :imprevisto, :florée, :corredorcitas, :absorberle, :arreglo, :protestar, :societarismo..”:


  Presencia Largamente Esperada
(Armazón fabricado de una verdad provisoria)

   Cerca de  Carretón, en el Poblado anexo, allí la convivencia era experimental, donde los creyentes de la “Luz Prometida” siguen aún sobreviviendo por su fe: A este sentimiento lo renuevan, al poner rozadora la palma de alguna mano sobre la superficie de un charco: Ese agua tiene que ver con el anidamiento de la Luz, eso creen: que por el roce de la mano, se obtiene la condición proclive al sostenimiento de los nidos, ó brotes de esa “Luz Prometida“, en cada persona.

   Y en el Poblado, como es común a la región entera, una capa de agua se moviliza sobre toda superficie. Son audibles los ruidos de maderas crujientes. Pero ciertas partes de este asunto en trámite se redireccionan automáticamente en todo momento hacia el montacargas más cercano. Y llegando con uno de estos mecanismos a cualquier terraza, el Poblador podrá ver las plantas de energía alrededor, con torres de vigilancia, guardias y aparatos detectores.

   Uno de nuestros Pobladores es el Historiador Domuel, él había tenido una mejoría un par de días antes de los abandonos, relegaciones, personal de salud en súbitas acciones violentas, bestialidad, todo sordo, la violencia de las periferias, postergaciones generadas por la atención prioritaria para los blanquecinos. Después, al recuperarse un poco de las fierezas, su audición semanal de historia por radio ya había transmitido Domuel. Y se encontraba conversando aparte con la Taivi, una de sus madrinas, quien lo instruía sobre cómo proceder para un asunto en trámite: «La botellita tiene que estar limpia para hacer aprobar las órdenes en la célula 77 de la calle Herçe piso 12; eso en la mañana y sin apurarte, aunque sientas disgusto por las pulgas.»

-Taivi?

«..episodios que sus madrinas le inducen e inculcan..»

   Son audibles los ruidos de maderas crujientes. Ciertas partes del asunto en trámite se redireccionan automáticamente en todo momento hacia alguno de los montacargas más cercanos, sus marchas son muy suaves. Una capa de agua se moviliza, también lo hace sobre las superficies de los montacargas. Es agua helada que proviene de un embalse. Este agua se descarga de una manera prevista y por servomecanismos exactamente calibrados. Domuel (en adelante “D..L”) los ha ido conociendo a los detalles que tiene la convivencia en el Poblado. El es todo un personaje muy delineado por la agudeza de sus deseos tan sencillos, resiste con aversión muchas cosas que le parecen tonterías, pero no es así con los episodios que sus madrinas le inducen e inculcan, los concreta con la docilidad de un salvaje converso.

   Concertaba Taivi con los ruidos de maderas crujientes (después de algún tiempo en el Poblado todos lo hacen), al continuar con sus instrucciones: «El muchacho en el umbral te va a decir que en esa casa han dormido menores, desde ya sabé que eso no es cierto; seguí tu camino, que el pollito está solo en el garage subterráneo, allí donde la señora atiende tantas cosas: a la casa, el salón EritroTeatro y la plaza deportiva. Vos la vas a ver, ella te hará entrar a la casa por una abertura temporal, a la desolación, porque está cambiando el estacionamiento para ponerlo bajo tierra. Hágame caso: A la botellita hay que envolverla con el papel de regalo estampado de conejitos, requiere de una larga elaboración, no de una brutalidad, hacelo con calma.»

   Viaja de noche D..L, se va con su capachito; aborda clandestinamente un tren de carga de última generación. Pero muy bien diseñadas las comodidades, con capas de agua que se movilizan sobre toda superficie: (En una disponibilidad artística, los ferrocarrileros presentan esculturas hidrocinéticas para todos los viajeros, aún para los polizones, a quienes no atienden pero toleran). El tren marcha muy suavemente pero bastante rápido; se escuchan los ruidos de maderas crujientes. Es una distancia mínima desde el Poblado; el tren ya llega a las casas.

   Para poder aportar en los terrenos donde está Herçe, que es una calle transversal del otro lado del puente, D..L se tiene que largar del tren en marcha. Todavía está oscuro, y en su agazapamiento él no ve nada al aterrizar en rodada por el pedregullo, pero oye: junto a D..L pasa corriendo otra gente, jovencitos que también viajaban escondidos. Es en realidad un montón de niños encasquetados como operarios de la construcción. D..L los distingue un poco mejor cuando, en base a la distancia, ellos descienden del terraplén, con sus cascos amarillos, haciendo un gran bochinche. Se trata de un descuido fronterizo; esto se produce en un lunes, día en que los asuntos en trámite también se redireccionan automáticamente hacia el montacargas. Uno de los trámites concierne al camión rojo brillante, “¡y si marchase dentro de la calle Herçe!”; puede ser peligroso, por camión rojo. “Y más peligroso todavía si lo condujese Taivi”, está pensando D..L; por lo que ella le comentaba: “No es para contarlo en la radio: Su cabeza por dentro, ella dice que está llena de alacranes”. Se lo ha dicho muy simpáticamente. Y son audibles los ruidos de maderas crujientes, también en el momento en que amanece.

   Ya estaba algo cansado, por fin se acercó a la sede central, donde D..L le va a entrar derechamente al patio de la vieja casa. En una de las mesas del fondo desanudó su capachito, para preparar la botella que tan encarecidamente Taivi le encargó, y extrajo de ese breve equipaje unas hojas de apio con las que se refecciona. Toma un pequeño descanso allí, sobre ese banco, lugar que en breve lamentará haber elegido, pues al despertar de la siesta siente que alguna o varias pulgas lo han estado picoteando. Pero D..L puede darle un arreglo al problemita: toma de su cosero un par de limones que previsoramente trajo consigo; los maneja de tal modo, tajeándolos, como para untarse con ellos. Para hacerlo, se ubica en otra mesa y a pleno sol; la maniobra le será evitadora de nuevos ataques pulganos. “La casa central está recibiendo visitas descuidadas”, piensa D..L mientras ventila su ropa al sol y se aplica los limones: “Hay gente sucia, o los gatos, ffuffff…” Sobre el cesped una semilla de dátil conlleva un mensaje secreto e inductor, para la adopción por ciertas y determinadas personas, de alguna forma en la que deberían configurar sus conductas.

collage

«..dar aviso de llegada, avisar la visita, no ser intemperante, tener respeto.»

   Pero nadie se ha fijado en el mensaje de la semilla, y si lo tuviera: ¿será un mensaje para los supérstites de la “luz prometida”? D..L está muy ocupado con la espantada de los bichejos. Y alguien, que sin dar señal alguna se ha llegado al patio de la sede central, tampoco se ha fijado en la semilla, y retrocede al ver la desnudez del viajero. Huyó, ya se le había dicho que es necesario cumplir con las maneras, dar aviso de llegada, avisar la visita, no ser intemperante, tener respeto. (Son necesidades porque, entre otros fenómenos, siguen presentes los ruidos de maderas crujientes, y una capa de agua se moviliza sobre toda superficie). Pero no ha ido lejos, se ha cruzado a la banqueta opuesta, y allí prontamente se le suman otras deportistas. Es un grupo inquieto de muchachas, todas ellas investidas de un dinámico ánimo gimnástico, llevan unas escuetas prendas de atletismo. Con voces decididas se instan mutuamente para llegarse al jardín de la sede central detrás de la casa. “Pero hay un tipo”, dice remisamente la adelantada que vió a D..L. “¿Y qué nos importa?, nosotras vamos a nuestra mesa y nos tomamos las pastillas tranquilamente”.

   Es una jugarreta esa de las pastillas, generalmente se la hace por las noches, horas en que la “luz prometida” se puede augurar como muy brillante, jugarreta en cuartos con puertas que dan a patios cerrados. Puede ser una falsedad muy sospechosa, que con fármacos nocturnos hagan tema las deportistas: Tan fuera de todo, hasta es verosímil que esto produzca murmullos vecinales suspicaces en torno a la localización efectiva de las acciones. De hecho: en los corrillos se está haciendo bemba con la posibilidad de una calle ancha, nada que ver con Herçe ni sus cercanías, sino que se menta a la zona del cementerio grande como el lugar cierto adonde ocurren los episodios.

   De todos modos, ellas cruzan y pasan al jardín. Al entrar el grupo al fondo de la sede, D..L, afortunadamente, ya tiene repuestas sus ropas. Las deportistas no ponen mayor énfasis en las breves miradas que le dedican al viajero, desde otra mesa en la parte soleada donde se ubican. Aunque se sabe del asunto en trámite, que detenta en forma permanente redireccionamientos automáticos, hacia alguno de los montacargas preparados para su transporte. Más que aún e igual, sabiéndose de ello: ..Ahí está D..L esforzándose pacientemente con el papel de conejitos; envuelve para regalo a la botellita limpia, con una distinguida prolijidad tecnopolitana realmente exacerbada y notable. Y el montón de las deportistas ya está francamente observándolo con algún interés. Alguien igualmente interesado en la tarea de D..L hace ingreso al paradero. Es un hombre que se ha adentrado en el jardín trasero de la casa en la sede central, con pasos sonoros de sus botas sobre el pedregullo. Viste el uniforme con las identificaciones reflectantes, y lleva puesto su casco de aluminio. Se lo reconoce fácilmente: es uno de los operarios de las plantas de energía alrededor, con torres de vigilancia, guardias y aparatos detectores. Este señor no va a sentarse en otra mesa; estuvo de pie por pocos segundos en una observación asimilativa del tema; y ya le está diciendo a D..L: «¡Cómo le va!, buenos días. Le está saliendo lindo el embalaje ¿Es el cumpleaños de alguno de los amigos? ¡Qué buen trabajo el suyo; lo felicito!»

   «Buenos días, ¿cómo le va a usted?; esto es algo así nomás». El envoltorio de conejitos parece estar listo, D..L lo apartó sobre la mesa; junto con el operario lo observan silenciosamente con alguna gravedad, por un breve momento; ya D..L lo guarda en su capachito terroso, y de allí toma un higiénico manojo de hojas de apio. Al desplegarlo, le va diciendo al operario: «Se ve que usted es un trabajador de las Plantas. Yo vengo del Poblado para un trámite aquí en la calle Herçe, ¿la ubica? Allá trabajo como historiador para la radio. ¿Por qué no se sienta; gusta un poco de apio?». La marcha de los montacargas es muy suave, a pesar del ruido de maderas crujientes; pero en la continuidad con el operario, éste mira hacia arriba viendo la distancia, y a D..L enseguida le responde: «Le agradezco, pero ya me tengo que ir». Nuevamente mira a lo lejos, y como si retornase le pregunta a D..L: «¿Escucha?». Con un serio afán de discernimiento, el viajero inquiere: ¿esa referencia a sus oídos, será por el ruido de maderas todo el tiempo? «Bueh.. Además de eso, ¿no escucha la sirena? Está marcando el comienzo de mi turno; lo voy a tener que dejar, pero cuénteme un poco: ¿Cuál es la historia que hace en esa radio?; puede ser que yo lo venga oyendo; ¿qué radio es?».

   Ese símil de confraternización le representó a D..L una oportunidad tranquila, para seguir masticando su apio; Así lo hacía:.. Y diciéndole al energista cómo en el Poblado entra un personaje por las noches a su cuarto, le muestra un papelito, lo increpa con que ahí está anotado un lugar nuevo, le solicita con tono duro dinero de inmediato para empezar la mudanza: “Mire D..L, sino.. no hay cambio hacia Pigüé, allí estaba haciéndose la cosecha de la miel, muchas botellas, dicen que son más de 250 barriles”. D..L agrega, que al intruso le ha estado remarcando la inconsistencia de sus pretensiones: “Eso no es más que un papelito”. Le sintetiza además D..L al energista: «El agua que cayó sobre el gitano viejo pudo parecernos accidental. Así dicen los informantes que ha sucedido, está registrado. Pero al visitante nocturno, en cambio, yo debería arrojársela cuando entra a mi cuarto. La intención mia es la de precisar estos temas en mis audiciones por la radio del Poblado: FM Es-Boleta. Como misión propuesta está la de que contemos con esos fenómenos: llamémoslos vida y existencia; pueden ser unidos por la voluntad. A esta dinamización la rastrearíamos, así ha sido, la traemos para fijarla, voluntad para la integración de las dos facetas: la inmediatamente sensible y existencial, y la trascendente o sobrepasadora, la que es vida por ser integrante vincular con lo constante; y esta última se pondera con tonos socioculturales, los que dinamizan a la voluntad, si al trance de rastrearla nos abocamos, uniendo vida y existencia… Estos asuntos están en trámite, tengo que ir a hacer aprobar las órdenes en la célula, usted seguramente sabrá decirme»…

   «¿Quién le asegura? Hay pandillas deambulando y muchos descuidos fronterizos. Le conviene hacerlo de día. Y, si me permite una sugerencia…» D..L lo escucha y piensa: “Estoy trabajando para Taivi, no va a resistir un cuarto con puertas que den a un patio cerrado”. El energista está por irse al turno, decide conseguir de él algún asesoramiento para llegar a Herçe, y entonces.. (Algo le ha planteado D..L al operario. Estos detalles no se han podido escuchar; el ruido de las maderas crujientes lo impidió; pero, de pronto, y ante la respuesta del trabajador, D..L ha refrenado la estomática tarea arisca de triturar el apio, y a viva voz le está diciendo): «¡Estas cosas no pasan en el Poblado!.. ¿Cómo fue?». Las deportistas los miraban expectantes. Sobre toda superficie se ve, permanentemente, el agua correr en una lámina. El energista está con urgencia para entrar en hora a la Planta, de manera rápida está diciendo: «Fue un compañero de la mesa de mantenimiento quien me avisó. Parece que unos tipos invadieron y ocuparon el lugar por varias horas ayer».

   Algo desventurado había sucedido, de lo cual D..L quería saber más antes de llegarse a Herçe, si le fuere posible hacerlo. El energista le respondía ahora: «Dentro de los edificios custodiados tenemos maquinarias que nadie conoce, sino por las partes separadas que a cada quien le toca mantener en funcionamiento. Se trata de un descuido fronterizo: Las luminarias sobrecargan la instalación y son pocos los fusibles. Pero, ..yo le sugiero que usted se fije bien por donde transita el camioncito rojo, y sígalo, lo va a llevar a la bocacalle de Herçe». Le tendió la mano y recibió D..L un apretón, sin llegar ello a serle molestia, que parecía como si el operario manejase una llave Stihlson. «Bueh ahí lo dejo, pero ..qué bien, es una suerte habérmelo encontrado; nos vemos. ¿La radio se llama “FM Es-Boleta”?». D..L asintió, y el uniformado echó a andar rumboso hacia la calle.

resquicio

«..con un aire nuevo..»

   Se habían puesto al día. Ya casi listo para partir, D..L tendría que recorrer el único y mismo camino por donde el energista se marchaba: el largo pasillo lateral en la sede central. En eso pensaba con un poco de aprensión fantasiosa. Porque el terreno vecino es una espesura de pastizales y los huecos en la alambrada, alguna alimaña repentina que se le interponga, el bombeador que falle, el agua direccionada que deje de descargarse, los restos de albañileria soportados en el cerco que entenebrecen el pasadizo; son todos motivos para que D..L compruebe el buen ceñimiento de su calzado. Coloca apoyados de canto en el pedregullo sus pies embotinados, se fija bien. Echa mano al correaje de su resistente capachito. Y ya está casi puesto de pie, cuando le preguntan: «Hey, amigo: ¿Le gustan las carreras pedestres?». Son las muchachas de la mesa deportista, quienes al verle el rostro expectante y sonriente, se acercan a la mesa que D..L estaba a punto de dejar. Con movimientos preparatorios de carrera están atrapándole la atención; le provocan a D..L una suerte de distracción fascinante. Una de ellas planta sus manos sobre la mesa y le dice: «Hemos visto lo bien que trabaja; usted es una persona muy inteligente. Puede estarse tranquilo y venirse con nosotras al Espacio PrendeGente».

   Las vecinas de la sede central en ropa de atletismo, el montoncito que se le ha acercado más; una de ellas que trota en su lugar rápidamente, levantando altas las rodillas; otra que le dice: «Lo necesitamos, venga». Se ha levantado la camisetita otra de ellas, le sonrie entretanto que se prepara para largo con un gimnástico encremado antiroce que efectúa en sus senos. Ya está al partir el grupo de corredoras. D..L se halla algo embobaliconado, pero se controla; piensa: “Son todas blanquecinas, y sé que ninguna de ellas me quiere, ¿qué estarán pretendiendo?”. La corredora primera en acercársele lo conmina: «Síganos, que hasta allá sólo haremos paso vivo». La propuesta sólo lo seduce a D..L ahora, ya no lo embobalicona; toma su gastado capachito y marcha velozmente a través del largo pasillo siguiéndolas. Supera él con un aire nuevo al desatinador ruido de las maderas crujientes y al largo pasillo amenazante. No estaba del todo preparado para el imprevisto de educación física, y de todas maneras lo está haciendo bien. Le parece conveniente tomar al evento en un sesgo historiador, cree que será mejor participarle de una manera oblícua. Se dice D..L: “Así evitaré nuevos descuidos fronterizos”. El espacio prende-gente es ahí nomás, a cincuenta metros de la casa, en la reducidísima y tradicional Plaza Magna.

   En el cesped de ese espacio público, ahí arrojada, una semilla de dátil conlleva un mensaje inductor, para la adopción por ciertas personas, de una particular configuración para sus conductas. Y ya han comenzado con lo suyo las corredoras, a una buena velocidad. En cada vuelta que dan le hacen a D..L gestos especialmente dedicados, como levantándole signos prometedores con las manos. D..L ve también que se estaban desarrollando otras actividades en el entorno: Una de ellas consistía en el torneo de cargar en camiones un conjunto de bultos notorios, provenientes de unos almacenes que rodean la Plaza. Esa era la competencia en la cual a D..L le sugieren que intervenga. Estos señores trajeados, muy serios y con formalidades, se le aparentan a D..L como altos funcionarios de despachos oficinescos. Le han dicho en su llegada, y emitiendo un empinado apropiamiento paternal hacia Carretón, la sede central, la Plaza y el punto mismo adonde están posados los botines del viajero, le han dicho cuán honrados se sienten con su presencia largamente esperada; una persona con su capacidad, señorío y fineza… «Justamente puede dirigirse a ese área e intervenir en el levantamiento de los bultos, háganos el honor y enséñeles a los muchachos». D..L les responde que va a apreciar el proyecto artístico-conceptual de prende-gente en todas sus perspectivas. Y se les distancia, para perfilarse en la Plaza Magna de una manera como egipcia. El caminará oblícuamente, en la concurrida plaza rodeada por la pista de carreras, sobre la cual las deportistas zumban, dándole visos amiguísimos y halagadores. Uno de los guardias en las torres de vigilancia se ha dejado ver.

   Las plantas de energía alrededor también disponen de aparatos detectores para los descuidos fronterizos. Está cubierta el área de prende-gente, donde D..L es un buen observador de las variadas intervenciones. Discrimina quien hace ciertas cosas, como se hizo evidente cuando ocurrió el somero episodio de las fotos cosmopolitas. Se da cuenta asimismo en cuáles de las células la concurrencia participadora asoma emergentemente con afán competitivo. Lo están observando a él, ya lo sabía. Justamente cuando acertaba a pasear su mirada sobre las casas de un pueblo noruego u holandés en miniatura; se han incentivado sobre D..L, ¡..los ruidos de maderas crujientes..! Le provienen actualmente, nuevos crujidos específicos, de los pasos que tras él da una señora que lo mira con fijeza. Una perseguidora, viste una pollera de lana verde; tiene las piernas notoriamente musculosas, con volúmenes extraños que resaltan caricaturescamente, es poco agradable vérselas, y no la ayuda la pollera verde. Pero eso a ella no le importa, no lo quiere al viajero, esto él también lo sabe, piernas más bien deformes… “¿Una contraestética artístico-conceptual?”, se pregunta D..L. Intentando su efugio se mezcla entre la gente oblícuamente.

   Un participador ataviado como un marino está ahí, al término de otra de sus acciones, las que D..L le ha estado observando. «No hay tía a la que usted no florée; y se las ve muy divertidas; lo está usted haciendo muy bien», le dice al extrovertido y madurón personaje: «Su inventiva podría ayudar para compensar a las corredorcitas, a quienes hay que homenajear, y a mi no me da la creatividad, mucho no se me ocurre». Los ojos se le entrecierran al “marino”, por la agudizada mirada que le dedica al paso cercano de las deportistas. «Para esas potranquitas.., mmm.., mire que podrían ser mis nietas, ..pero algo voy a sumariarles..» Y el floreador mira al suelo pensativo, aunque a la semilla de dátil no la ve, está un poco más lejos. A esta charla se arriman dos de los “altos funcionarios”. Con extrema discreción están confirmando a D..L en lo apropiado de su iniciativa dialogal. Los circunspectos coordinadores le mencionan que el señor piropero, asume en prende-gente el rol de un galante “capitán de navío”. El viajero que ha venido del Poblado se interesa por el buque del participador; lo pregunta mientras hurga en el equipamiento del capachito, para prontamente producir a la vista un sandwich de queso. Comienza entonces D..L una rutina con el tentenpié, la práctica acostumbrada. Respondiéndole está el “capitán”, ante la mirada satisfecha y abierta de los trajeados coordinadores: la nave que él capitanea está en su amarre del embalse. Y amplía, comentando informadamente, el último peritaje cumplido sobre los estados del embalse y las descargas de agua: «Nos documentaron los energistas que inspeccionaron el entorno acuático: Está en un “Nivel Einstein”. Y la calificación también cuenta para el fluído que se descarga. Pero las cañerías traslúcidas están en el “Nivel Casco Aluminium”».

cielo con volanteria

«..y nuevamente mirar a lo lejos..»

   Esa última revelación, a los altos funcionarios les ha producido un estado pensativo. Pero prontito abandona uno de ellos el detenimiento que le ha hecho levantar la barbilla, detiene su preocupación. Le dice de D..L al “marino”, que es «..un prestigioso comunicador público en el Poblado». El otro coordinador agrega: «Famoso, es un creador en el campo de la razón y el intelecto». El sandwich de queso ya desapareció. Las corredoras han completado sus rondas, están descansando junto al túmulo central de la Plaza Magna. D..L no se la puede creer; igualmente siente cierto estímulo por los buenos conceptos; le plantea al Capitán: «Digámosles algo». Y allá van, acercándose al túmulo; los coordinadores los siguen, cada uno cargando su portafolio, a pocos pasos. Una redirección automática con los montacargas preparados para levantar el asunto, permite saber que alrededor del entorno placero, hay cuartos con puertas que dan a patios cerrados.

   Aparenta estar como esperando las alabanzas el grupo de las deportistas, sentaditas sobre la grama se susurran y los miran sonrientes. El Capitán tiene henchida y aprontada la floración elogiosa. Y en eso mismo no la articula; ahora se estaría planteando decir otra, ha reflexionado el tema y cree que encontrará una mejor expresión. Mira hacia arriba viendo la distancia; se insufla un aire renovado; de instante entreabre los labios listo para esta vez, ..detener el acto y nuevamente mirar a lo lejos. Y otra vez recomienza, al tiempo que otro de los participadores se ha sumado atentamente al hecho. Este colaborador “tiene cara de zapato”, piensa D..L sobre quien, con comedidos ademanes está entregando una cajita en manos del “Capitán”. Este la abre, y sucede que “eso” es un estuche con cosméticos en la línea de la estética femenina. Se ha dedicado absorto el capitán a mirar el contenido del estuche. Con esto, les hace una señal a las corredoras el “Cara de Zapato”. Una de las jóvenes señoras se ha puesto voceante al decirles a los empinados funcionarios: «Señores coordinadores: ¿se han dado cuenta?; es todo un cambio el que nos ha traido el señor del bolsito». Se potencia hacia D..L la alta apreciación de todas las corredoras, concuerdan con el comentario al dirigirle agudas miraditas entrecerradas y angulares. «Claro que sí, claro que sí, señoritas», concede seriamente uno de los trajeados. Y continuadamente, al dirigirse al viajero, está mostrándole un segmento cercano de las actividades, le dice: «Por favor, amigo D..L, ¿no querrá usted colaborar en la sesión de esa mesa de tareas? Le va a ser, y nos va a ser, pero muy interesante su aporte». Con curiosidad ha consentido; y con un andar embotinado y suave, allí van D..L y los trajeados.

   La sesión a la que está invitado se integra por 4 personas, trabajan al pie de un gran eucalipto, sobre una mesa de tablas sin cepillar. Es toda gente ya mayor, señoras y señores, con la particularidad de estar todos ellos vestidos con prendas de cuero negro que llevan apliques metálicos, y manchas salpicadas de pintura roja. Se ha sumado el CaraDeZapato (en adelante “CDZ”) ahora junto a D..L. Los coordinadores lo mencionan como un “colaborador”, al decirle que con él lo dejan, lo va a introducir con el grupo, ellos tienen que preparar la función en el EritroTeatro. «Y queremos seguir contando también allí con su valiosa presencia». Parten; y el guía señalado se sienta, diciéndole a D..L que ocupe otra de las sillitas. «Amigos», entona agudamente CDZ, en un quebrado batido del aire con abruptos movimientos de sus brazos: «Tenemos aquí una personalidad del Poblado que está visitándonos. D..L; le presento a Norma..», (ella lleva una cruz originaria americana metálica como colgante); «Estrella..», (está comiendo una berlinesa y con la otra mano le da retoquecitos a un modelado que representa un pie); «Gustavo..», (este señor de espesos bigotes tiene puesta toda su atención sobre el modelado del que se ocupa, es el relieve de un gran ojo con una flor dentro); «Y él es Fantuvo..» (las manos de éste último descansan sobre la mesa, va tocado con un birrete escocés). Los ha ido saludando D..L, recibiendo de todos ellos un murmullo bajo y ronco, con la excepción de Fantuvo, quien claramente expresó: «Qué triste, qué triste». Se figura al montacargas D..L, transportándolo a él hacia un cuarto cuya puerta da a un patio cerrado. Ni siquiera lo han mirado. Piensa: “Están loquísimos todos estos vagonetas”.

   Por tanto encomio como le han hecho, se impone inquieto D..L la exigencia de hacer algo bien apreciable en este prende-gente, donde de momento se encuentra sentado a la mesa de tareas en la sesión de modelado. ¿Qué irá a poder hacer en esas manualidades? Una capa de agua se moviliza sobre toda superficie. No hay a la vista ningún material sobre el que trabajar, ¿entonces?.. El CDZ percibe el desasosiego anheloso de D..L, y le hace un gesto indicándole que es tiempo de espera. Las otras actividades cuentan con participadores que continúan animándolas: los bultos de los almacenes se cargan y descargan de los camiones; otras muchachas están trotando en la pista; el rincón de las fotos cosmopolitas despide exclamaciones y destellos; junto a las casas en miniatura, que humean ahora por sus chimeneítas y están siendo muy visitadas, se desarrolla la dramatización de una controversia, que es sobre la competencia o propiedad del sacudimiento del suelo con rastras monederas; ¡pero la perseguidora está otra vez ahí escrutándolo! Quizá lo ha estado haciendo sostenidamente y D..L no lo notó, es posible; pero se ha puesto nervioso. Se está juntando gente ante la entrada de un local frente a la plaza. “Ese es el EritroTeatro; Taivi me recomendó a la cuidadora, que hablase con ella, se ocupa del estacionamiento y del garage subterráneo con el pollito, hundirle en la pechuga un pan para absorberle los jugos; ¡pero también Taivi, las cosas que se le ocurren!; me va a ser mejor ni pensarlo: ni pollo, ni cuidadora, ni garage, ni teatro; ¿y ahora?.., ¡ah, sí!, hay que esperar, ¿esperar qué?”.

   Una agraciada muchacha de pequeño porte, chica bonita, surge desde atrás del eucalipto. Damisela semidesnuda, asistente o auxiliar, acerca a la mesa una charola con pasta para modelar. «Es una laborterapeuta», susurra el guía. La gente de la mesa está ahora ronroneando con más volumen. La muchacha se inclina sobre D..L: «¿Cómo está?, es un placer conocerlo, me ha puesto en el deseo para hacer de esta sesión algo ejemplar. Usted comience con lo que guste, no importa si no lo termina, disfrutemos la experiencia». Pero él con las manos es muy torpe. Además: también la perseguidora se ha acercado a la sesión, dentro de una distancia pública; sostiene un paraguas descomunal, y utiliza un teléfono móvil; está a los gritos con las groserías rituales, las del curro y el tongo. Y CDZ optó por reiterar entre risotadas: «..laborterapeuta, ..laborterapeuta, ..labort..». Los ruidos de maderas crujientes no impiden oir todas esas barbaridades, oir por ejemplo: “el pollo estuvo asándose”. D..L va a empalmarse con eso y con la nueva presencia: «¿Qué tengo que ver yo con manualidades y modelados, querida? Calmemos la separación, la distorsión del sentido humano, las degradaciones y anulaciones oprimentes y segregacionistas. Tengo que dar cuenta de todo ello, a pesar del abandonismo, del personal de estética en súbitas acciones bestiales, a pesar de las postergaciones violentas, del periferialismo sordo; ¡esa es mi misión!».

tejados adormecidos bajo una luna despierta

«..un trámite central antes que anochezca..»

   Ella, la laborterapeuta, está muy contenta por esas expresiones, se congratula al felicitarlo; pareciera asumir que le ha sabido influenciar, que le ha activado emociones. D..L le agradece y concluye: «Pero atención con esto, fíjese y ustedes también: Nos son en cambio muy adversas, para los del Poblado y todos nosotros, las enseñanzas, preceptos, y narraciones hechas con una supuesta mala vida en Herçe. ¡Son mentiras que ensucian la virtud de nuestros pueblos; caen falsas condenaciones de bajeza sobre nuestros amigos populares; tengámoslo en cuenta!». Hasta los participadores de la dramatización rastrera lo han podido oir, y todos ellos en el cónclave placero parecen por unos segundos estar en reflexiones. CDZ aplaude un par de veces, y le pregona: «¡Genial; dichos así necesitamos! ¿Se sumará con sus esclarecidas palabras a la función en el EritroTeatro, no es cierto, D..L?; ya va ser el momento..»; pero al decírlo, está mirando las torres de vigilancia y en derredor con ojos ansiosos. Y esa nerviosidad del instante se le disipa, al ver CDZ cúan rápidamente se han acercado a la mesa: Son tres de los coordinadores esta vez, con sus infaltables portafolios. Están muy serios pero a la vez sonrientes, cuando uno de ellos alza un brazo en un gesto de prosperidad, al dirigirse a D..L diciéndole: «Excelente el amigo; mayor razón para que disfrutemos escénicamente con usted al frente de todos en la Función. Todo eso tendrá que decirlo en la Sala. ¡Pero muy bien! Está perfecta su hostilidad, nos anima para refutársela, y hasta quizá podamos arreglar las diferencias con el caballero». Y amplía su elocución hacia el grupo de la mesa: «¿Vamos yendo?». Guardará los trabajos para una próxima vez, dice ella, la laborterapeuta: «Límpiense las manos y vayan tranquilos; enseguida estoy con ustedes».

   A los del cuero con tachas, se los ve satisfechos al aprestarse para andar el breve trecho hasta la Sala. Al estar mirando a D..L, en la primera vez que los 4 manualistas lo hacen, y esto a él no le es precisamente tranquilizador, ellos murmuran gruídos, de los que se podría decir que son hoscos festejos fantasmales de algún gol grullero. Y al haberse formado un pelotón, D..L se siente llevado por el agrupamiento; CDZ va junto a él: «¡Qué suerte que tenemos con este Poblador tan amable que nos trae sus palabras!». El equipo de los cueros negros asiente melancólicamente. Se ve bajo los pasos del grupito el agua en su deslizamiento permanente correr en una lámina. A la zaga marcha el trío de coordinadores en un fila. Más atrás les camina la perseguidora. Los crujidos de las maderas se renuevan incesantemente. D..L lleva un alerta consigo: Le han estado diciendo demasiadas enhorabuenas y felicitaciones con distintas maneras y frases; eso lo ha dispuesto a sumarse con descuido fronterizo a las actividades del prende-gente. Ahora acompaña él esta derivación que la gente relajadamente está marchando. “Este mal vagar.., se me hace un mal negociar el de este evento, yo que tengo que ocuparme de la Taivi, pero también ella, con sus tendencias para el garage y el pollito, en fin.. nadie es perfecto”; Son los pensamientos de D..L que se ha puesto reprobatorio: “A nadie acá le gusta trabajar; esta Plaza Magna es un lugar muy atorrante”.

   La entrada a la sala está colmada, tanto de gente como de enseres allí abandonados o arrojados: perfiles metálicos, restos de albañileria y de carpintería: gavetas y puertas, ventanas y postigos, etc. Configuran una situación ominosa como la del pasillo al borde de la casa, esos desechos: hábitos desgastantes y repetidos de la sede central. El historiador enaltecido atribuye así al momento, y se vectorializa: “Me agarro de lo primero que encuentre, no quiero tener que ver con más sesiones; y como para no estar prevenido, si a mi cuarto entran por las noches, una vez fue el gitano viejo que se mojó, pobre; pero al otro tendría que denunciarlo, quiere apropiarse de mi ropa, reiteradamente me revisa el roperito, me pide dinero, y me infla la paciencia con el papelito de la miel, «que son muchas botellas», me dice, ¿y por qué me hablará de Pigüé?, ese tipo es otro de los descuidos fronterizos que las madrinas no pueden evitar; Taivi podría, tengo que entregar la botellita antes que anochezca, con el camioncito rojo, Herçe en el piso 12, la orden en la célula 77″. Y cree D..L que alguna grieta se le abrirá, alguna brecha para salirse de su inclusión en el EritroTeatro, detrás del cual intuye que hay cuartos con puertas que dan a un patio cerrado; está previendo que lo acogotarán en la ocasión, porque recuerda: “El Jefe Lempira, Emiliano Zapata, Facón Grande; concedíeron un descuido por las buenas voluntades prometidas; con las cortesías sobadoras los tenían convencidos para un arreglo; en mi modestia no me va a pasar como a esos grandes; y velay si con estos infelices que fingen quererme me va a pasar; no me quieren, ¿o será que yo no les quiero el trato?”.

   Con la gente ante las puertas en las charlas previas se ha sumado el grupito. Ya sobre las baldosas, en la vereda del EritroTeatro, persiste el acercamiento de CDZ. Está diciendo: «Los jefes han pasado para revisar que esté todo en orden, pronto nos abrirán»; el guía refiere esto sin gestualidad, con un aplomo que podría provenirle de tener sus pies sobre un solado. «Pero esto está demorándose mucho..», D..L le inició su replica: «..Debo hacer un trámite central antes que anochezca». Y el broche de las charlas está precedido con un detonante, un particular fenómeno. Así es porque allí estaba requintada una mujer de las participadoras, en un marco de puerta ahí basureado junto con los demás trastos lóbregos, marco con la buena fortuna de contar con su cabio de base, para así haber quedado vertical, y que ella en ese vano pudiera requintarse. Y al abrir su cartera, esa auténtica compañera produce una llama sonora, de buen color, atractiva y con múltiples matices. Quizá lo tenía preparado, y quizá no, y la llamarada se brota por un atinado descuido fronterizo, ¡eif!, de los guardias en las torres de vigilancia que custodian las plantas de energía; ¡eif, eif!, vaya a saber cómo. Lo que a D..L le importa de este fuerte fuego instantáneo y sonoro, es que por él puede lancear arriba a rajatabla la continuidad de su parlamento: «¡Es para mi madrina, que debo marcharme y cumplirle el trámite; para eso fue que la comunidad de conejos papeleros nos fabricó el envoltorio de conejitos!». Por ese sostenimiento del tono flamígero que D..L tiene continuado, la junta en la entrada al teatro está atendiendo puntillosamente estos lanzazos. Lo hace también la laborterapeuta, aunque en silencio lo toma del brazo a CDZ, para impulsarlo a que discipline eso que mucho a ella le interesa, y el colaborador va a intentarlo:

   «¡Qué bueno; los conejitos que fabrican papel a su imagen y semejanza! Es realmente fenomenal, se ha superado, D..L; pero por favor: ¿por qué no nos sigue contando dentro del teatro?, que ya enseguida estamos entrando». Por esas cosas que pasan (incrustó D..L un «¡No tengo tiempo!»), una parte del público en vereda expresaba claramente su voluntad hacia el instante: «¡Ahora, ahora ..», y otra parte emitía sonidos de disgusto sobre “estarse ahí de pie”, y cosas como “forastero”. Quería secuenciar en “la normalidad” a esas acciones CDZ, insistía: «Va a ser un momentito nada más, D..L. Todos sentaditos; usted en el escenario con la acústica a favor, no va a tener que esforzarse. ¡Ah!; y justamente escucho que están quitando los candados». (Esto de los candados es falso; se dieron cuenta Estrella, Norma, Fantuvo y Gustavo, le abuchearon gruídos a CDZ; «Es mentira», dijo la compañera de la llamarada). D..L se terció el capachito y giró en el reinicio de su marcha tramitera. «No se vaya; cuéntenos un poquito antes», le dijo la compañera prometeica de la cartera ígnea. Por este último pedido, faltaba más para D..L, quien se volvió para protestar: «¡¿Cómo pretende la Coordinación?; sin un contrato, y de improviso ante tanta gente! ¡Nunca en la vida hice nada parecido! Ya no tengo tiempo, por cierto. ¡Y el pollito ya está asado!, los que quieran: unos metros por fuera y encuéntrenlo en el garage subterráneo; los que no aquí conmigo anotarse para las empanadas placeras. Además: ¡cómo se nota que las dependencias no están en orden!; con los vagonetas del patio cerrado y el muchacho del umbral, que mienten: ¡en la casa no han dormido menores! ¡Sacados!: hay gente con pies de madera a la que no le gusta trabajar. Pero a mi angel le va a gustar de postre una torta de limón, ¿no es verdad?».

flor de camioncito

«Ojalá que el viajero no tenga que andar mucho..»

   Puede, por la auténtica compañera fogonera, hacerle él concretamente sensible a la torta de limón. Ella ha contestado que el postre está delicioso, y le da un besito piquero. D..L le planta un agarrete en la articulación coxofemoral. Como un pregonero de máquinas-herramientas, la anuncia: «Una hermana, una maestra, la señorita». Saca de su capacho cosero una manta de lana, una frazadita, se la entrega. Un par de pasos ya se aleja, en su efugio. Mas no puede mantener en sí soterrada la constatación reveladora sobre la refacción prende-gente; la vista de los desguaces abandonados le ha dicho mucho más que una redirección automática de montacargas: «Por favor, les ruego al partir: sé que están reunidos los coordinadores y que desde las cataratas después piensan demandar “espiritualidad”; ni se les ocurra que yo vaya a ir, y no me sigan. Sé también que han entrado unos tipos a ver; que invadieron y ocuparon el lugar por varias horas. Y que el ruido de maderas se escucha porque son ortopédicas las bases que tienen insertadas los afiliados (“malditos vagonetas“, piensa); ¡eif!, ya ven que lo sé . Hoy tengo que hacer todavía los trámites, no son negocios que saquen de la gente un provecho falso para alimentar el vértigo del societarismo. ¡Eif!, contáctenme en la radio, si quieren; de 22 a 24, los domingos, por la FM del Poblado, Radio EsBoleta. Chau». D..L no calza zuecos, su marcha es muy suave; oye el vozarrón de Fantuvo: «Que nos siga contando un poco más; eso quiero; ¡suerte!». Ojalá que el viajero no tenga que andar mucho para hallarlo cerca de Herçe al camioncito rojo.


¿Dijiste media verdad?
Dirán que mientes dos veces
si dices la otra mitad.
Antonio Machado



Sergio Edgardo Malfé

Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, marzo de 2012. 


5 comentarios so far
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[Una 1ª entrada de notificación, presenta con otras palabras al Armazón, ..:…IRLE]

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[Es invitado a integrarse a un modelado con pasta.
..Domuel ..se impone la terminación de un trámite, ¡tiene que cumplirle a una de sus madrinas!; de ese trance ya le dado noticias al Energista..
..Funcionarios, el piropeador, las corredorcitas, los ancianitos de la pintura roja, tal parece que quisieran “arreglar” con Domuel algunas “pequeñas diferencias”. Él recuerda antecedentes históricos..
.. los hechos del cierre provisorio se desenvuelven. Pero está bien envuelta con los conejos la botellita en el capacho..
..Estaría simpático que todo Internauta, al visitar el Armazón, se percate de los enlaces y sus titulaturas. Ya está, y hasta la próxima, tal vez. ]
 ⇑ Eso es parte de la Entrada Notificatoria 2 (I R L E) para esta Página ⇓
[# presencia-armazon: “..sostenimiento, :polizones, :untarse, :supérstites, :botellita, ..“ (..s u b i r l e..) ]

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[…] ¡Atención!, en el armazón con fotos sobre un incidente borlero se menciona a una madrina, tal vez ella sea la Taivi de esta Página. Y dadas las circunstancias, sólo es posible informar de aquellos elementos en aquella Entrada (es fotográfica) [Mientras tanto VERLA]

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[…] Hipersalena con “..patio cerrado, garage y pollo”
⇒Presencia largamente esperada. […]

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[…] https://hipersalenas.wordpress.com/presencia-armazon/ Emite la “Armazón” referencias empinadas sobre la zona de Villa Carretón. Las localidades de la zona, junto a parajes del entorno, están en variadas actividades dentro del MuecarioControlado, su url: https://hipersalenas.wordpress.com/2014/05/16/muecario-controlado/%5B…%5D

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