Hipersalenas


# surgimientos-trasluz: ..”:rotunda :pluralidad :recitar :captura :fogón :exhibir :pescado :barrio :análisis :dimensionar :tapiadas”..

 Surgimientos al trasluz


«Más aplauso obtuvo un poema, en el que la paz y la justicia intercambiaban entre jugueteos verbales “…los besos más dulces”.»
Günther Grass, Encuentro en Telgte  


 1
   A bordo de un vagón de tren desastrado; con el viento, las telas cortineras rotas se mueven en la marcha. Reservas y comentarios se oyen en murmullos: “..es un desenjambre..”. La conversación del letrista con la muchacha morocha y dentuda, eso les parece inadecuado.
   Sepamos que el proceder de Kicimo es una conjugación en las experiencias; él está constante en el momento permanente de unir enfoques, y por entonces descifraba aconteceres en los restos de las cortinas rotas. Sus supervisiones no son dislates asincrónicos; aguanta, no flota: “..De seguro nos miran desde su edadismo..”, piensa, mientras la muchacha estuviese queriendo contarle cómo fueron las cosas en la playa; antes de que ambos arriben a la esquina de la casa rotunda. Yabir Terillán es para Kicimo una persona de la tripulación total, y él es para Yabir como un steward, los dos toman con calma su diferencia en años.
   El tren pasa por los pastizales dispersos; había gente lejos, que se la vió agrupada junto a una arboleda, “..¿qué están haciendo allí?..”, se estuvo fijando Kicimo Hoin. Su concordancia está apuntando regularmente a contener la más amplia pluralidad de momentos y lugares. Tiene que enterarse bien, de ahí a que lo logre, con o sin murmullos de adecuación, todo el tiempo está por verse.
 2
   Con intensidad tónica dentro de la piel de ella, intensidad en la que se encapsula Yabir, así la reencontró Kicimo Hoin, en un “Espacio Abierto de Narrativa Poética”. La localidad que los organizadores habían elegido era muy pintoresca, como un tarjetero, con silletas y un sol creador prominente. En un bosquecillo junto al río, su silleta no tentarás; allí al comienzo era todo un lío: Los poetas varones tenían pintarrajeados los rostros, tamborileros se sumaban con estrépito al arrebatamiento vociferante, las féminas poetas agitaban, cada una en su derredor, sólidas varas de fresno.
   Yabir le aclaraba al sorprendido Kicimo, que toda esa agitación estaba constituyendo un ritual introductorio para el evento literario: “Es una extroversión que procura un entramado de vínculos fluidos, no durará mucho, se procura así la evitación ulterior del grito, la empatía nos confunde, la gente al hablar y recitar se pone a gritar sin darse cuenta”. Tal era la razón del percusionismo, de los alaridos y los saltos; después de eso, los ánimos tendieran en su oscilación, a una introversión intimista. El encuentro iría a estar estabilizado, la ronda de lecturas más serena; el intercambio fructificaría contemplativamente. “Pero, ..¿por qué mueven esos palos alrededor las compañeras?”, preguntó Kicimo Hoin, tiene que enterarse bien. “Fíjese como están los muchachos”, le respondía Yabir: “Con las varas los mantienen alejados”.
   Ciertamente, los varones parecían llevar, cada uno consigo, cien mil demonios. Con ardores de hoguera brillaban sus tensos estallidos motrices alrededor de las muchachas, como espumantes los ojos y las bocas. El atajar a la horda era necesario para la misma seguridad de ellos, ¿adónde irían a parar sus almas si pudieran propasarse en esos trances?; se hacía saludable, y comunitariamente convenía, que las pieles se replegasen dentro de las pieles… “Todo a lo largo de los peces”, asintió Kicimo.


«..en la arboleda de la silleta junto al rio..»


 3
   Fueron los pobladores quienes aportaron su baquía para la captura del gran pez, se la suministraron a Gilldherin; esto le relataba Yabir Terillán a Kicimo; ella había llegado a la playa en su autito colorado. “La gente que se hacía pasar por observadores de aves, ..fueron esos los que me robaron el coche, fingían además hablar en italiano, y yo estaba curiosa por la aventura del loco ese, uno de los Gilldherin: había llegado allí donde no hay nada, con su bicicleta, me distraje; después el coche no estaba, y los italianos tampoco”. El personaje era otro paseante en esa remota playa con Yabir, repasaba Kicimo la historia; sólo hay allí una docena de lugareños en dos casas, ellos fueron quienes asesoraron a Gilldherin sobre cómo atrapar al gran pez. Identificado y aceptado por Yabir como ocasional compañero en la excursión costera, acercándose ella a conocer, impresionada por haber hecho el personaje tan largo viaje en bicicleta, conversaban en situación de forasteros, y al autito colorado a ella se lo robaron.
   Con el ciclista Gilldherin se habían llegado hasta las casas. “Con mucho disimulo les informamos a los lugareños sobre la desaparición del auto”; detallaba Yabir que fue entonces cuando se empezaron a tocar los temas del espionaje. Esto hizo que Kicimo aguzara la mirada entrecerrada. Aunque quizá esto último fuese por el humo; porque hasta la trastienda del Espacio Abierto de Narrativa Poética, entre los sauces junto al rio, hasta allí llegaban las volutas humosas provenientes del incendio de los vagones de tren. Ellos dos deberían de conseguir otro tren para la vuelta, y así llegar a la esquina rotunda antes de que anocheciese. La muchacha narraba coloquialmente, Kicimo tenía fijado el interés sobre los temas del espionaje: “¿Quienes eran los espías ahí, qué investigaban?”
   “¡¿Querés creer que pudieran ser espías los observadores de aves?!” Puesto que habitualmente, “..con sus prismáticos, ..para mirar las aves”, respondía Kicimo casi en un murmullo de secrecía. “Y se estuvieron haciendo pasar por italianos, también para robarme el coche”, Yabir continuaba: “Tienes que tener en cuenta que está junto a la playa el campo de aviación, ahí nomás, las oficinas están delante”. En vinculación similar a la de una familia, con los conmovidos pobladores –el robo del auto les daba mucha pena-, contaba la chica, de los timbres que suenan más cercanamente, que así decían los lugareños, “..y también del transporte de maquinaria hidráulica”. Manifestaban inquietud por esos hechos, y se les hacía severa la incomodidad, porque desde las oficinas podían estar vigilándolos. Parecían ser esos los motivos, ..por los que esa gente costera le facilitó a Gilldherin la información, con la que él después atrapaba el pez.., información para alejar a los visitantes, no llamar la atención. “Fuimos a la orilla, me dio una soga de cuero para quizá ayudarlo luego, se entró al oleaje, y en cuestión de minutos ya estaba con ese pez arrebatado al mar sobre la playa”.

 4
   Era como si le recitase Yabir, con mórbida acidez para encontrar la justa declaración que los acaecimientos le conllevaban. “Está algo cargosa”, pensaba Kicimo. Uno de los poetas del Encuentro estaba dándole remate a su ponencia: “Tomarás la salida entonces, hacia el sagrario redondeado, ¡antes!, deja morir el fuego mirándote a los pies”. Yabir le susurraba a Kicimo, ..de estarse preparando para la vuelta a las casas, ..que pudieran estar pidiendo un taxi para ir hasta la estación. En ese instante él se sintió, como estando ahí con una mucama al lado, quien le hablase en tono íntimo.
   El rodar del Encuentro apuntaba para la intervención de Kicimo Hoin, levantó el culo del tronco que le servía de asiento, miraría en redondo por si llegase el taxi, pero antes, apuntando a contener la más amplia pluralidad de momentos y lugares, fue que dijo: “Una configuración de entorno, y del devenir mismo, es lo mejor que pudiera pasarle a nuestros paneles de asamblea constructivo-conceptuales, con la corriente actual .. Pero hay un rio paralelo, otra corriente que no se percibe fácimente, un paleo-rio, o paleo-corriente, con surgimientos que no auguran nada bueno, tú sabrás, pero es lo que hay .. Que adivine la habladora pilota gobernante, adivine .. Por tales términos, no hay resultados de toque, ¡excepto esta inquietud!”.
   Todos ahí en ese ámbito se reverdecían con una potencia de dilema, al cual hacían lo imposible por superar, mientras trataban de responderle al letrero dicente. No querían evidenciarse en rivalidades. Una de las damas poetas ponentes, sin precipitación, arrimó una astillita al fogón, propuso sus letras: “Con este solcito fugitivo, en su adoración.. ¡No se va a ir sin auscultarnos, Doctor Sol! .. Otros doctores aquí .. ¡hoy no! .. Dan ayuda los doctores domiciliarios .. No arrimarse hoy ellos al fogón .. Tan reverenciable del rescoldo, ese paleo-rio cohesionónos; porque del cordón de malta, no tan mal, no tan mal.. ¡Posturas marrones claudiclaucesuran!.. Para la alegría de las gentes.. La espalda en los caminos”. Los concurrentes con cámaras se pabularon fieramente para hacerlas destellar.
   Un voluntarioso se acercó con su equipo, para conseguir de Yabir imágenes y sonido; argumentó ante los dos que Yabir era un símbolo actuante del retrotribalismo, y dijo que ella estaba esclareciendo situaciones muy requirentes, que las contase nuevamente, para grabarlas: El despliegue del pescado y los avionetes, desde un principio, con el loco de la bicicleta. Kicimo Hoin se anguiló, se interpuso dentellante ante las lente y micrófono; “perro piojoso”, dijo, y le asaltó el cuello al de la cámara con ambas manos.
   “¡Tenemos mucha sed!”, profirió alarmadísima Yabir, manoteó una vara de fresno. La dama ponente se les acercó, en giros como de un vals, con un tetrabrik de frutas tropicales. “¡Aah, es eso lo que necesitamos!”; soltando el cuello del cameraman, Kicimo bebía desenfrenadamente. “Infeliz, angurriento”, trinchaba el de la cámara: “No me voy a desgraciar por un viejo cochino como vos”; distanciándose unos pasos revisaba su equipo. Kicimo estaba sonriente después de apurar el jugo; pletórico observaba al inoportunista, y Yabir tironeaba del gabán de su radiante preferido: “Venga que le sigo contando, mi viejito, venga”.
 5
   Como áspera sentían que se les había puesto la tarde. Eso comunicaban las miradas graves que se dedicaban el uno al otro, miradas sanpaku, que a poco sólo se les escurrían por bajo de los párpados superiores. El acopio distinto debía proseguir, era con Terillán en la costa: ..“Y ya el pescado yacía sobre la playa”, la animaba Hoin, en su permanencia para unir enfoques, que continuase ella en la relación de esos hechos zonales. “Sí, era un pescado muy grande, con un pico puntiagudo, con más de un metro de largo, lo colgó para hacerlo ver”. De tal modo parecía haber armado Gilldherin un aparejo con unos palos cruzados, como para exhibir su captura. Los pobladores se acercaron, y contemplaban asimilativos, impresionados por la ostentación de la gran imagen pescado, se habían puesto varios de ellos muy pensativos, algo ausentes, como en un trance de estupefacción.
   “Esa lacra aprovechó el momento de admiración, ¡como si al pescado no lo hubiese conseguido por la instrucción que ellos le habían dado!”. Hizo un gruñido ronco Kicimo, se respingó por el epíteto de Yabir, pero no podía esperar que uno de los Gilldherin hubiese tenido conductas apropiadas, y algún daño pudiera haberle hecho a su dilecta: “No terminaron bien tus cosas con él”. La muchacha replicó: “¡Nada de bien!, pero lo peor es que las cosas no terminaron, ¿no sentís el motor?; está aquí cerca dando vueltas”. Lo que sintieron allí en la arboleda de la silleta junto al rio, fueron los toques de claxón del taxi que venía a buscarlos.
   Se dirigieron a la calle, sólo saludaron a las chicas orientales que pincelaban en papel caligrafías, sobre las mesas de acampe, junto al senderito de acceso al ámbito poético de la localidad elegida, tiene casas tan pintorescas como las de un tarjetero poliédrico animado. Caminaba Yabir en su andar de danzarina, Kicimo iba sonriente, con las manos en los bolsillos de su gabán, en los virajes previos a la transportación y sus encaramamientos, por entre los arbustos. Entonces subían al taxi, y destinaron al conductor para que hasta la estación los llevase.
   “Le dieron otros antecedentes”, en voz baja continuaba ella con la reseña: “Así como idos que estaban, Gilldherin consiguió que le revelasen detalles del campo de aviación”. El sujeto así pudo arriesgarse con conocimientos dentro del área restringida. Lo hizo con muuuucha precaución para que no lo viesen desde las oficinas de la guarnición. En ese edificio, ..se accionaban con normalidad los andares administrativos regulares: ..los pasos yendo y viniendo, las conversaciones formalizadas, sobre las cuestiones pertinentes a las supervisiones de las fronteras y las operaciones de vuelo, los timbres de llamados cercanos, las puertas nítidas pero algo sonoras al cerrarse, los pisos de baldosas blancas impecables, algunas palabras inverosímiles que movían a risas también blancas y cortitas, en fin.. “Que el tipo se agenció con un avionete; me viene a decir que ya está todo listo y que vaya con él, me pareció interesante, pero cuando estábamos caminando por la pista, me recomendó que no me dejase ver por los de la guarnición, y ya la cosa dejó de gustarme; además, ..él cargaba con el pescado, lo metió con toda avidez dentro del aparato, y me pidió la soga de cuero, decía que era para el pescado, pero lo que hizo fue empujarme dentro de la cabina y atarme a la butaca, yo ya no quería subirme, se dio cuenta, tuvo que conseguir por la fuerza que yo lo siguiese en ese vuelo”.
   Y menos mal que no tuvieron otros inconvenientes de los técnicos.. “Yo lo estuve asesorando sobre la ruta que debía tomar y sobre como lograr el despegue, desde el transceptor de la bicicleta, y me la traje”, en silencio recuerda Kicimo Hoin, dividido y pensando: “Esta chica a veces se pone muy severa”. Estaban llegando a la estación de trenes, se hallaba rodeada de gente que parecía estar manifestando y muy enojada.
   Un agente de tránsito los detuvo, como que hubiese estado esperando con muuuucha paciencia, ese policía; y el taxista se resignó a la ley que evidentemente estaba transgrediendo. En Kicimo y Terillán ni se fijó, el agente sólo se ocupaba del tramiteo con el taxista. Le levantó un acta por estar intentando intrudir en una marcha de protesta social; le señaló el código con que estaba labrada la infracción. El taxista lo leyó de la boleta que recibía, en alta voz: “Lofisoto”“Bueh”, indicaba el policía: ..“Con ése código usted tiene abierta la posibilidad de un indulto; tendrá que presentarse con la Controladuría, recuérdele el código al funcionario judicial del Control de Tránsito, por la escalera entra al sótano lustroso actual”. Hizo el saludo policial correcto, y tomando algo de distancia con el vehículo, abrevió una comunicación sobre el derrotero a seguir en circunvalación, y los pasajeros así llegasen a su tren.


letrero

«..un acta por estar intentando intrudir en una marcha de protesta social..»

 6
   Ya en el atormentado ambiente ferrocarrilero, menos mal que ellos sabían cierta forma con la cual poder moverse, eso les daba ventajas para sus desplazamientos: Pensando y meditando cada paso, con la previsión también, llegado el caso -hecho por los dos este atesoramiento de los consejos fraternitos-, de salirse por las puertas de emergencia, volverse a las calles, mirando bien donde poner los pies. Pero la suerte los acompañaba, el convoy no se demoró, y hasta algunos asientos estaban como para sentarse, tampoco era demasiada la cantidad de pasajeros, pero igual ellos no se iban a sentar, y estaba oscureciendo. Yabir perduraría en la ventilación de su relato. Kicimo Hoin, sin darlo a saber, supervisaba la concordancia del reducido público, que estaba seriamente atento a la presencia de ellos dos; enmarcados todos por los restos tiznosos de varios siniestros, las cortinas destrozadas, florilegio de agujeros en las chapas del vagón, agujeros de perjuicio en la resolución de aplomo que en los rostros del pasaje era notable. Allá afuera, se veía gente agrupada junto a unos árboles.
   “Volábamos a muy baja altura sobre las colinas, un lugar habitado que se va a desforestar, es polvoriento, ..y el ruido del motor, ¡mucho ruido! .. Pude ver como alguna gente se resguardaba por el vuelo de ese bestia, dentro de las casas .. ¡Y qué trabajo me dio desatarme! .. Pude cambiar de lugar y me protegí, asumí una derivación .. El avionete seguía volando bajo con su bochinche, y lo mismo me molestaba, aunque yo ya me encontrase dentro de mi casa, con todas las ventanas enrejadas, no había peligro, pero el avionete seguía rondándome con ese motor ensordecedor, el bestia, y yo me quise ir y no podía, no encontré las llaves, después te veo en este Espacio Poético, todas las ventanas enrejadas”.
   La captaba Kicimo, permanente en su unir enfoques. Le quiso demostrar que la atendía perfectamente. Allí en el vagón la condujo para abrazarla, los dos encarando al mismo frente, respaldando él con su pecho al dorso de Yabir, y sin alzar la voz le dijo: “Vos lo reputás de ‘bestia’ al tipo, pero con eso, muchacha, no alcanzamos a precisar claramente lo que es, veamos: ¿Cuál sería el término opuesto a ‘bestia’?”
   Yabir le respondió: “Alguien como la gente, una persona de buen trato, alguien con decencia”; le respondía sin voltearse, hablando hacia su corazón. “Te entiendo, pero hay otros términos opuestos a ‘bestia’, como el de ‘animal’; ¿no es acaso que una bestia llega a ser así por estar pervertido su lado de animal?; analicemos..: ¿Cuáles son los delimitantes naturales con oposiciones polares únicas? .. Con otras distinciones ajustaremos más definidamente al perfil del Gilldherin; no le va lo de ‘bestia’ .. Como que eso corresponde a una mezcla monstruosa, con conductas de un animal mostrenco y otros aspectos de humano degenerado .. Ya vimos que a ‘bestia’ lo podés oponer con ‘respetuoso’, ‘educado’, ‘normal’, todas esas cualidades constelan opositivamente a un término que resulta entonces estar significativo, pero por demás”. Kicimo se tomó un pequeño respiro, para enseguida establecer con un acentuado silabeo:
   “Los fines particulares del individuo se oponen distintivamente, a los fines sociales de quien es persona; ahí tenemos un par de trazos que hacen una polaridad inequívoca”. Escuchaba Yabir, y sonreía para si misma, pero los rostros aplomados del murmurio pudiesen disfrutar de ver esa sonrisa.
   “Tendríamos ya los matices de un color, sigamos para completar los 3 primarios, veremos .. otro par de atributos: una conducta agresiva como la que muestra, opuesta con delineación indudable a una conducta pacífica; así podremos ir combinando con más propiedad las tintas de ese comportamiento: ‘individuo’, ..’agresivo’ .. Y en la generalidad del tiempo de ese Gilldherin, estos desempeños que nos ocupan, ¿pueden ser sostenibles o no, pueden prolongarse o son ocasionales?”. En pugna por ese entonces en el tren, estando en el arribo al barrio, divididos entre culminar el perfilamiento de inmediato o hacerlo al andar, pero debían bajar, sino se iban al descolorido alejamiento hacia cualquier parte, y descendieron.
 7
   Atravesaban el patio de los limoneros, en los bordes de la zona ferrocarrilera. Sólo con un poco de esfuerzo, se le podía plasmar a Yabir el entendimiento del diseño que Kicimo abría. Algo entretenido que la fascinaba, y sin embargo, quiso comprobar si su “viejito” al análisis lo tenía entrañado, le resistió: “Estabas con las peculiaridades del tiempo; ¿pero no te parece que es mucho tiempo nuestro, el que le estamos dedicando a resolver como denominarlo al tipo?, ..si con ‘bestia’ nos entendemos de lo que es”. Se habían largado en su caminata a buen paso, en garbo vertical sus cabezas, y en el frescor de la noche pisaban las calles. En esos trancos, Kicimo Hoin le decía que ‘no’, con un gesto, y le rechazó la simpleza airosamente: “Las palabras pueden abrir dimensiones o ser parte del arrastramiento en el embudo; ‘bestia’ es sólo una palabra; estamos detrás de aquello que pensamos cuando lo decimos; no pensamos con palabras, sino con pensamientos. La concirnió con esa declaración. Todas las tiendas a esas horas estaban cerradas, pero ya lo indagaba Yabir Terillán, para enterarse sobre el arreglo que él tiende para dimensionar los dichos; y a la vista, la esquina sola con la casa rotunda. “Muy bien; nos faltaba un color, ¿cuál es?”, le dijo.
   Un automóvil negro dos puertas de otras épocas, conspícuo ha pasado junto a ellos, dobla en la esquina, se va ahora por una calle de tierra, siéndonos sensible su carácter de ominoso, el desastre es su motivo y lo acompaña, muy a pesar de los viajeros dentro del vehículo, pero ése es su trabajo. ¿Qué va a hacer si Kicimo Hoin no lo conjugó ni concordó al vehículo con las experiencias de él? Bueh, ..puede que ese coche no tenga ninguna importancia, pero para nada; si el barrio está tranquilo.
   Hoin va a contestar sobre el aspecto temporal, el color restante: “Podemos preguntarnos si los tramos emergentes de como deviene ese Gilldherin son factibles de sostenerse en el tiempo o no; y por cómo me contaste, soportan ser sólo conductas para el instante, no son para practicarlas constantemente, ..son sino más bien, ..como espasmos; y a él mismo no le convendría ejecutarlas en todas partes, y ni hablar de que las pueda ejecutar en todo momento”. Al tiempo que Hoin dice esto, agrega: “Yabir, llegamos al refugio”.
   Están pisoteando el pasto alrededor de la casa, le ingresan transponiendo la puerta de atrás. Hay encendido de lámparas, ..desembarazo de aditamentos, ..acomodamiento en los sillones de la sala. En la casa rotunda sola en una esquina, adonde está ella ahora con Kicimo, quien le pregunta: “¿Por cuántos días vas a hacer campamento acá, conejita? .. Tenés el cuarto que usaste la última vez”. Pero Yabir se ha dado cuenta de algo que la embarga, aunque puede dividirse y apaciguar su intranquilidad: ¡Bajo la escalera de la sala está arrumbada la bicicleta del Gilldherin! Simultáneamente con su pregunta, Kicimo Hoin se ha dirigido a la cocina, y la escucha: “Ahora creo que alguna vez estaré lista para discipularte, ha de ser así, seguime diciendo”.

 8
   Está entre las hornallas y la mesa. Kicimo no quiere ni tiene por qué arrogarse ningún tutelado sobre las decisiones ni sobre el comportamiento libremente elegido por la muchacha. Desde ahí, para su “conejita” lanza palabras: “Podemos decir del tipo, con más propiedad, que está actuando sus particularismos, con agresividad, de manera espasmódica .. A todo eso no nos conviene abordarlo así en bloque, para cualquier caso, sea el del bestiún ese o el de alguien que esté bien dispuesto para su superación personal .. Más bien, es de colocarnos en un flanqueo de esas configuraciones cristalizadas .. -Che, para la cena sólo tenemos arroz integral, ¿te parece bien que lo acompañemos con palmitos?, y va a estar rico todo con un salseado de chimichurri, ¿qué tal? .. Mañana habrá que hacer compras- .. ¿Me va usted siguiendo, señora Terillán?”
   Ella se está confortando con algo que tomó al rebuscar dentro de su cartera, desde donde también recupera sus llaves. Le responde que .. “está todo bien”, se va al baño, ya vuelve. En el sanitario abre la ventanita, ve que hay alguien sobre los pastos, está cerca y mirándola, ¡es Gilldherin! Yabir se acoda en el borde del ventanuco; lo que hablen no será audible desde dentro de la casa: “Gilldhy.. Me tuve que dar con una pasteca, el tipo está insoportable, sigue hecho un salame .. -…- ..Vengan, sí, con el auto negro, ..pasame a buscar, ..te espero”.
   Muy dividida y compuesta regresa a la sala, Kicimo permanece en la cocina, le anuncia ella que ha vuelto, a su “maestro”, y le cita sus palabras, ..que él estaba con el arroz y el flanqueo, le interesa más esto último, que lo retome. Hoin le propone cenar, pero no; que lo haremos después, dice ella. Entonces Kicimo vuelve a la sala, se sienta y continúa:
   “Estaremos poniendo más en claro como es que podemos hacerle cambiar sus funcionamientos al sujeto; suponete: ..Gilldherin estando en su casa, con sus hermanitos y su mamá, ..allí no querrá prodigarse en agresiones, y le tendrán menos importancia sus objetivos individuales, pesarán más los fines comunes de su familia, tenderá más con sus actos a la permanencia y constancia de la vida familiar, más que a los estallidos ocasionales de conductas descargadoras .. Ese flanco, el de estar temporalizándose en una continuidad, ..estabiliza, fluidifica, virtualiza, a las conductas inherentes en las oposiciones vistas, la de ‘agresividad O pacificación’, y la de ‘individuo O comunidad’ .. Entonces, ..depende del contexto, ..pero si tenemos plasticidad en tal flanco, ..una mejoría de todo el comportamiento puede darse, si le suministramos a la persona problemática, una ocupación en una tarea de largo plazo que lo incumba .. Esto alimentaría una disminución de su agresividad, y la tarea individual se puede ir haciendo más coparticitiva, así paulatinamente disminuya la misantropía del caso .. Ya vimos que, por una definición y enfrentamiento sustancial con la totalidad del problema en bloque, ni lo comprendemos, ni podemos solucionarlo .. Hay que elegir el flanco conveniente, es más operativo .. -¿Cenamos?-“.
 9
   De buen ánimo y seria, mirándolo fijamente desde el sillón con translucidez -aunque quizá su femenil señorío se deba a la píldora que ingirió-, Yabir está como evaluando los decires de Kicimo Hoin, y sabemos que también a la situación toda en la esquina rotunda. “Tu planteo es profundo, como de un estructuralismo”. Hoin le responde, con visajes de nerviosismo, que esa tipificación no ha de estar errada, pero que no debe ella decirla sueltamente por ahí, lo pondría en peligro.
   “Ya podriamos cenar, bailarinita, se nos pasa la hora”. La muchacha persiste con su mirada abierta y escudriñadora, le pregunta si primeramente no se va a bañar. “¡Uuh!, me hiciste acordar del bombeador, tengo que subir el agua”, y con un brinco Kicimo alcanza en dos pasos a la llave interruptora, astutamente disimulada en el pedestal de una estatuilla cingalesa erótica articulada con charnelas en el pasamanos de la escalera.
   El motor comienza a funcionar, ..otra vez el ruido .. “¡No .. Es el motor del avionete otra vez .. No! .. ¡Cerrá la electricidad, Kicimo, apagá todo, por favor! .. Vayamos a mi casa”. Cumple con el pedido, y está parpadeando Kicimo, muy intensamente en la oscuridad, pregunta: “¿Ahora?”. Yabir tiene tomados sus aditamentos; muy aceleradamente va hacia la puerta trasera, al abrirla entra algo de luz. “¡Sí, ahora y rápido!” Justo entonces se lo oye llegar al auto negro, también ese motor está frente a la casa rotunda, en la calle. “Ya dí con las llaves”, manifiesta la Terillán: ..“¡Ahora no van a poder encontrar adonde está mi casa, corramos!”. Kicimo se completa para la partida veloz. El auto negro deja oir su molesto claxón; es en realidad como el mugido de un bovino con faringitis, pero suficientemente ensordecedor. La chica Terillán apremia con un pie afuera: “¡Vámosnos, vámosnos por atrás!”.
   ¿Por qué les estará pasando esto?.. “Nos estamos mintiendo, Kicimo de mi vida”, lo reconviene entre los jadeos de su carrera la muchacha. “Son los pactos preexistentes, chicuela, los pactos misioneros del desorden que es de costumbre”. Con el corazón en la boca Kicimo, como si se muriera ya mismo, en ese trote que le está costando mucho: “Esas cosas nos trajeron a esto, las puertas tapiadas, las escaleras a ninguna parte, tejimanejes, suplantaciones … Mientras no se nos pongan peores nuestros engaños .. Mientras no hagamos de esto el rito nocturno de la aventura huidiza .. Pero está genial correr de noche. Se ríe Terillán, todavía puede hacerlo, y resopla: “¡Estás diciéndome que todo el tiempo es lo que hay, la mentira piadosa, pobrecitos, me tienen como la loca, qué hijos..!” Su maternidad es lo que la tiene bastante mal a Yabir, maternidad diferida o no, de ello todos nos damos cuenta. Llegamos a entender que Kicimo dice que esas maneras estaban anteimpuestas, que ellos dos no las necesitarían más. “Sí mi viejito”, le bufa gravemente su dilecta.
   Ya no los podemos seguir, ¡cómo corren! Sencillamente, ..se nos van a escape como conejos. ¿Cuenta este hecho con alguna lógica competencia que lo avale? Veamos ese alejamiento presuroso, identificándolo a la luz de los atributos, con los que Kicimo Hoin pone en valores a los comportamientos crudos: Es evidente que la agresividad hacia ellos dos persiste, que ya no es un rasgo espasmódico y proveniente de cierto individuo, sino que el registro promotor de adversidades se ha hecho como invariatorio, se origina en ese conglomerado societario, el de los “hermanitos gilldherin”, y la radicación de los problemas aparenta más aún, ..como si todo el entorno se desplegase antinómicamente contra la dupla Terillán-Hoin; lo dicho: con una agresión permanente y sistemática. Por cierto que hay acreditados fundamentos para la carrera nocturna, al menos hasta que vaya a llegar el nuevo día, ..si lo hubiere..


«Los salmones no saben por qué van donde van, pero lo hacen.»       Ray Bradbury   


quedaron perchas solas

«Veamos ese alejamiento..»

 

 Enlaces Externos:
  • Por G.Grass, citado en el epígrafe de inicio:
  •    http://es.wikipedia.org/wiki/Gunther_Grass
  • Imagen de ambiente ferrocarrilero:
  •    flickr.com/photos/almadepiedra/
  • En estructuralismo, WikipediA sobre Roman Jakobson:
  •    http://es.wikipedia.org/wiki/Roman_Jakobson
  • Sobre el fenómeno de los animales que vienen de arriba, una explicación científica:
  •    http://es.wikipedia.org/wiki/Lluvia_de_animales..
  • Robo de avionetes
  •    aviaciongeneral.com/es/venezuela-caso-interferencia-ilicita-apoderamiento-de-aeronaves-robo..
  • Un Poema para una Danzarina, Venenito #2, en otro Blog de este Sitio:
  •    JoEdLoVanovic.wordpress.com
  • Sobre R.Bradbury, por el epígrafe de cierre: Un palique literario, con uno de sus cuentos fantásticos, lleno de estremecimiento y ruido, pero aún con ello, tan verosímil como un grafitti en el pavimento:
  •    DePalique.wordpress.com/..RayBradbury


    Sergio Edgardo Malfé →contacto

    Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, mayo de 2011.   


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