Hipersalenas


maneras invernales
2019/08/29, 8:08 am
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  Maneras invernales

4 dedos sobre un fondo con letras indican aproximadamente cuanto tiempo insume la lectura de maneras invernales

Tiempo de lectura: 4 minutos



   Bob más temprano había dicho a Vasiana que en el taller se ejercitaba en pensamientos, al tiempo de estarse él repitiendo continuamente sus movimientos al servicio de una máquina impresora. Afuera la nieve estaba con dos metros de alto; las calles no eran animadas ni siquiera por los residentes permanentes de Kralalor; con más razón ellos tampoco podrían andar.✓


   Se conocieron ahí; eran migrantes recientemente arribados al Urartán desde países con mucho sol y verde. Habían logrado conjugar sus arborescencias estos migrantes, ya eran consortes, y algunos días atrás estuvieron acordando que compartirían la paga por el habitáculo. En las argumentaciones para el acuerdo había sido Vasiana Arheglic quien más hiciera gasto de palabras, pues eran características en Bob Dizexa su plácida tranquilidad y sus silencios, que eran para Vasiana en cada vez una ocasión de vértigo.✓


   ¿Cuáles serían los pensamientos que ocupasen a Bob en los momentos de trabajo con la máquina impresora? “Algo de ello conseguiré que me diga ahora”. Vasiana Arheglic, la chica de las promociones en puntos de venta, la que actualmente está portando consigo sobrecillos de leche en polvo por los pasillos del super al que la destinasen. De momento la muchacha se sentía aburrida, porque el clima de Kralalor les limitaba que paseasen, e intentaba compensar la situación de puertas adentro con sus indagaciones corpóreas.✓


   “Algo de ello conseguiré que me diga ahora”, pensaba la muchacha. Pero, ..¿qué podría resultar de esta disposición en Vasiana? En un minuto dado fue que se aposentase en las rodillas de Bob; sintió él que ardía ese cuerpo sobre sus piernas. De todos modos, Vasiana ya tenía dispuestos en una percha los pantalones de él para que se sequen, se le habían mojado en el retorno desde el taller. Las prendas quedaron colgadas secándose sobre la estufa; los yuyales se vitalizaban vertiginosamente, y aún sigue nevando en el Urartán.✓


   Era propicia la ocasión para que Vasiana le desprendiese a Bob: “¿Me contás lo que estuviste pensando hoy?”; su indagación marcha con cafuné* de por medio. “Te has puesto rebuena”, suelta su compañero: “Oíme, te lo cuento y después podés anotarlo: Pensé que la mente es dramática pues desde su fugacidad enfoca hechos y entornos que se le aparentan como imponentes y deseables aunque sean milagrosas precariedades, pero es también que a la vez la mente en su milagrosa precariedad se impone deseos relacionados con hechos y entornos fugaces”.✓


   Pausadamente níveo, el momento en el caldeado habitáculo se le había hecho más pleno a la cafunera* Vasiana; “¡Una bocha!; rica manera de pensar”, comentaba con Bob. No tenían apuro; tal parece que los consortes tuvieran la decisión de quedarse sentados y así corpóreos como estaban, por demás del tiempo que acostumbrasen.✔

 

[ Sobre el término cafuné:
Con él se denomina un masaje sedativo de la tradición afrobrasilera: Es la aplicación, por intervalos, de suaves frotamientos y de golpecitos en la misma guisa, sobre la cabeza del sujeto que reciba el masaje. Las caricias a mano plena o con las puntas de los dedos se alternan con rasgueos de uñas en el cráneo, y en estos despliega su mano el asistente, como si quisiera sacudirse agua en esa apertura de los dedos. El escritor brasilero Jorge Amado describió la secuencia del despliegue de los dedos como si en la misma se proveyeran “levísimos estallidos con las uñas”. Después de algunos minutos de secuenciación, como resultado de la manera frotadora alternada con la de uñaditas, se puede conseguir amplia serenidad en quien sea objeto de la técnica: “aquí está tu cabeza, tranquilízala y descánsate”.]

  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Agosto de 2019



match y flecos
2019/02/27, 2:30 am
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 Un match y sus flecos

«La idea es abarcar lo cósmico en una síntesis total, sólo posible partiendo de un análisis igualmente total. El tiempo nace en los ojos, es sabido. Comprenda usted: la historia humana es la triste resultante de que cada uno mire por su cuenta.» Julio Cortázar, Los premios

   8 – 10 minutos

  Nos encontramos viendo la demostración lúdica que hacen los lujanenses, con escardillos y rastrillos. ¡Nos divertiremos muchísimo!

 El caso demostrativo de estos lugareños y sus rivales ocurre en una diaria de lo más desagradable, podemos afirmarlo: Es muy temprano, y en estas tribunas hace mucho viento. Cabe destacar una impresión por de pronto: que en la delegación lujanense, la más popular de las chicas quiere empezar algo, que digamos no es muy espectacular. Habituados estamos a las soberbias condenas de Elenita, una tras otra ─parece el personaje más sospechoso del estadio─.

Ahora escuche bien: una voz que se las trae cruza la línea del medio campo; el caso se ha hecho destacable por la práctica guiadora con fuerza de liderazgo que esa voz pretende asumir. En este punto emerge un determinado sollozo, pues ocurre exactamente lo mismo. Pero tal vez nos divirtamos muchísimo al presenciar la demostración que hagan los lujanenses, con escardillos y rastrillos. Mire igual, aunque sollocemos, mire cómo lo hacen, si bien que ayudados por el viento y los sapos, lidian los nuestros con la enorme barrera de orientales que juega hacia el centro de la cancha. Nuestros lujanenses cursan adecuadamente muchas batallas de ambos lados; haga de cuentas que en estreno. Así estamos viendo que los carpidores se hallan en un severo trance. No pueden descuidarse de aquello que vayan a hacer los botijas orientales con su barrera, es posible que la proyecten en altura. Es mucha gente y muy ingeniosa; podrían construir con sus cuerpos orientales una pirámide humana como tapón. Puede que así controlen el juego de alto, también hacia el centro del terreno. El viento y los sapos no los van a ayudar; pero no hay que descuidarlo: es un asunto bastante serio. Sumémosle a esto esa voz que se las trae y cruza la línea del medio campo.

Otras herramientas, además de rastrillos y escardillos, podrían servir para el procedimiento demostrativo de los lujanenses, en este partido que se ha tornado irregular. Fíjese sino en este momento con sapos junto a la línea de definición, ahí mismo: ¡Atención, que a Elenita la tiene tomada su tos de escapatoria! Este ocasional detrimento la lleva a sortear los límites del field; pero nuestra interesante figura tiene una reemplazante que ya trota en el viento hacia el círculo central.

Es atendida Elenita por los embalsamadores, y aprovecha para tomar un descansito. Algunos más de los participantes la imitan, van hacia el lateral en algo como un desbande. Con saludos en ristre hacia nuestras gradas, se encaminan y ahí van ubicándose, rastrilladeros y orientales, en la cafetería tan adecuada que hay junto al terreno de juego.

Y ocurre exactamente lo mismo de siempre. Miremos igual todo esto aunque sollocemos, pues nos compunge que los embalsamadores dictaminen, con banderas amarillas, que los jugadores están en riesgo de contagio, y tendrían que evacuar. Lo que puede pasar está prefigurado en lo que ya sucedió. Si no hubiere problemas, entonces Elenita podría salir, y abrir con su llave la entrada general. Entretanto, nosotros estaremos observando desde la banquina de enfrente. Vayamos saliendo, démosle a Elenita que lo haga tranquilamente; será para dos horas o tres semanas, pues la llave de la entrada general está acompañada en su llavero, por muchas otras llaves de distintos colores muy bonitos. Elenita es ahora quien en el lateral tiene algo que hacer, está en el centro de si misma, puede equivocarse, y el anuncio precautorio con banderas amarillas de los embalsamadores no la ayuda. Se inclina la jugadora desde la cintura arriba sobre el llavero, muy graciosamente puesto su torso. Hasta que con decisión se yergue y espeta para todo el corrillo en expectancia: “¡Apártense de mi los acusados!” La oímos; y aunque estemos habituados a las soberbias condenas de Elenita, este apasionamiento nos sorprende.

No previmos otros acordonamientos ante los que estaríamos: Su llavero colgándole por las rodillas, en enredo hacia abajo desde su cintura, donde está atado; Elenita con su contextura poliándrica, en exploraciones que dudosamente podrían resultar bien para todos. Queriéndola convencer de ahora en más; los orientales, usted y yo, los lujanenses, todos le decimos: “Escuchá Elenita: Por reglamento, las posibilidades del resentimiento son nulas de entrada”. Por supuesto que le aclaramos sobre nuestras consideraciones: que están sujetas a contingencias; y el sostenimiento de nuestros puntos de vista, estará acorde con las disposiciones de tiempo que tengan para hacerlo, todas las personas implicadas con el evento. ─En concreto: Las acciones convenientes parecen ser, las de lograr una inmediata salida rápida de los participantes, por las puertas laterales y con la utilización de asientos palanquines, como también de camillas loneta para quienes esto sea necesario. Un pedido conexo querríamos hacer, para el personal anciano del hogar geriátrico, que por favor monitorèen la correcta seguridad del procedimiento─.

Que las cosas sean claras: El despeje de los equipos aún no se produce; y hace varios minutos que en la banquina lo aguardamos. No parece que el Comisario Deportivo le dé cabida a nuestra sugerencia; esa autoridad ha de estar apañando el encaprichamiento de Elenita. La chica ha de andar aún en los laterales y en la revisación de sus llaves. Al fin y al cabo, la figura se muestra tenebrosa y pintarrajeada, plena de una artificiosidad hierática que la hace inalcanzable. No hay que contemplarle tanto sus bordes de la nada. Y estaría bueno que no esperemos más la retirada de los equipos, ¿no es cierto?; parecería que para usted y yo, el match y sus flecos han terminado.

bocas_de_salida_cancha

".. es un asunto bastante serio.. por favor monitoreen la correcta seguridad del procedimiento".


  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Febrero de 2019



sombras que no quieren
2018/10/30, 1:54 am
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Las sombras no quieren

Ahí por donde hay un puente de ferrocarril, y pasando por unos yuyales, estábamos sintiendo un olor generalizado, era como de incendio apagado por el agua de los bomberos. Teníamos que ir del otro lado y se había hecho tarde; era complicado querer entrarle medio a oscuras al puente peatonal, por la estrechez que tiene el pasillo de acceso. La voluntad se nos limitaba por las escabrosidades: relente de cosas que ardieran, humedad con olor a quemado, una evaporación pringosa, anulaciones de una mínima seguridad.

Nos sucedió también, y de pronto, que una escalera movediza se atravesó: Sin operarios a la vista la escalera se corrió al medio de la circulación, y nos obstaculizó el paso. Los peldaños eran muy altos, era complicado, una escalera peligrosísima. “Todas estas cosas desagradables sólo son sombras nuestras en contra de que nos hagamos tan personajes; las sombras no quieren nuestras tantas ganas de pasar por ahí”. Entre lloros así declaraba la chica con quien íbamos en la partida.

Muy triste ella; su marido había quedado del otro lado de las vías, temía haberlo perdido para siempre. Y para peor, había agua que corría en catarata por los peldaños de la caprichosa escalera súbita. ¿Se podría o no se podría pasar?, era complicado. Con un fierro caído al costado del pasillo, hicimos un palanqueo, nos esforzamos hasta que la escalera se corrió de tal manera como para que pudiéramos llegar por sus escalones al puente.

pintura grupo Die Brücke

Ernst Kirchner: Calle de Leipzig con ferrocarril, fragmento.


Lo estábamos intentando; pero hubo ahí otro aparecimiento de algo, con incómodos ruidos; eran cosas que habíamos hecho juntos, y que la chica llevaba en un bolsón de cuero confortante que como una mochila cargaba a su espalda. La cremallera del maldito bolsón se había zafado y nuestras artesanías de bambú estaban cayendo sobre los sonoros escalones metálicos, muy complicado.

Vimos entonces que teníamos gente en permanencia arriba sobre ese puente, intentaban formar una hilera en espera, más bien que hacían una cola. “¡Qué noche nos da la bella!”, soltó uno de ellos. “No parece que vaya a tener sentido que sigamos”, comentó nuestra chica: “¡Estamos a pura pérdida!”.. Dejó caer el fatídico bolsón, y entre sollozos irrefrenables desprendió un ..”¡No hay salida!”.

Pero quizá lo dijera por el fuerte olor que venía del otro lado de las vías, donde por allí hubiese quedado su marido. Nada de tranquilizarla; esperar; después saldría a la luz que la hediondez era parte de lo que el marido de nuestra chica había dispuesto; un sádico, una fuente de nocivo contagio. No era cosa de abandonar la escalera y poco después nos preguntábamos: “¿Cómo será esto?”, pudimos hacerlo porque estábamos de madrugada.

La llorosa amiga no quería retroceder, se opuso; fue así como ahora lo decimos, pues le habíamos sugerido que tomásemos por otro cruce, de madrugada por la Avenida. Hubo que alcanzarle un pañuelo embebido en agua colonia. Ya amanecía, y cuando vino otra gente, desde el amontonamiento que llegaba pudieron decirnos: “No se preocupen, va a haber algo”, y se pusieron detrás nuestro. Caímos en la podrida cuenta: ¡Con nuestro impasse se nos había sumado a la cola y ahí estábamos, dándole continuidad a la hilera de espera!

Y bueno, así fue, con paciencia, como averiguaríamos los pasos propios de un tránsito paisano y normal al otro lado y detrás del marido, el grumo atravesado; y de cajón que retomábamos luego nuestro andar. ¿Dónde se habrá metido el infeliz?


 Sobre el pintor y grabador Ernst Kirchner, enlace G’ por aquí


  Sergio Malfé
Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala
Octubre de 2018

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muchos sentimientos
2017/08/29, 5:10 pm
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 Son muchos sentimientos

“..escolopendra escolopendra | cresta cresta moldura rompe rompe en sable caleta pelambres en aldea..” Aimé Césaire

   Hubo algo de antes que se le escapa a Notroki Petrallia, como si fuese maravillosa alguna concreción debida a sus acciones, algo que le contenta el rostro con una plenitud notable y presencial. Pero una suerte de coraza suya en contínua implosión constituyente, impide que se le precisen, con buenos términos en la mente, los recuerdos de esa maravilla ¿Cómo era, cómo era? Nos lo aclara él un poco:

   “Cuando algo que a uno le pasa es tan increíble, para comunicarlo se deben dar especiales condiciones, y éste es el caso, ¡no lo puedo creer!; porque lo que tengo para decirles es de una calidad tan realmente extraordinaria, un evento así de único; …pero es imposible detallarlo, no están dadas las condiciones”. Notroki se está mudando de aquí, se apresura en juntar algunas cositas que van a su bolso mochila: yerba mate, medias, tabaco, cordoncillos.

   Algo nos debió pasar, y especialmente a Notroki. Él terminó pensando que no supo ni sabe querer a nadie. Por lo cual uno de los muchachos tuvo que contenerlo cada noche, e indicarle los pasos para que le diese consistencia a sus actividades normales y en común. Hay que continuar normalmente con la habitabilidad aquí; aunque el lugar esté achicándose, y cada día más. Pero igualmente nada nos hubo obstado para que nos retiráramos a dormir. Después le oíamos sus llantos, en la noche tardía. También se volvió un hablador oscuro:

   “Cuadrados y agujereados, rejunte de islas sangrantes, con perros casi todo el tiempo”. Tiene expresiones así el amigo Petrallia. Nos conmovía; se nos ponía todo en danza. Son muchos sentimientos los que él puede concitar, pero entre nosotros lo hacía con una seriedad moderadora. Esta moderación de Notroki Petrallia a él lo tiene inquieto, pero así nos alivió las tensiones. Nos daba así calma y un desahogo conveniente, porque éramos hace algunos días gran cantidad de personas en un hacinamiento exponencial. Pues claro estará que antes aquí el lugar era más amplio. Se trató de un sitio particularmente bien diseñado, lo recordamos; y los colores muy hermosos, un bienestar para el plantel en la casa, sino.. ¿quién pudiera aguantar el ambildeo día tras día?


sol filtrado por persiana, su luz colorida por folios adheridos a vidrios de ventana

   La gente estuvo repartida en varias habitaciones; aguantando muchos un estarse de pie; las limitaciones continuaban pero agudizadas con el apretujamiento del ámbito; siempre esperando la llegada de una prominente figura: Don Arcillo Mescorqueti, pensador telúrico e internacional. Debemos decir, sin embargo, que el gentío de sus seguidores aquí se ha reducido, por el replegamiento del espacio y con el correr del tiempo. Los restantes hemos supuesto que la distinguida personalidad que esperamos, pasa por dificultades, y por eso aquí nuestro aguante en ambildo nos cuesta un poco menos. Él se nos ha demorado, y estamos bastante firmes con la idea que ahí, en la avenida oscura y absolutamente despreciable, Arcillo Mescorqueti pasa por lo mismo que los ambilderos conocen de sobra: Es una odisea bárbara la de trasponer en cruce de un lado al otro esa avenida; el barro atrapa los pies, casi no se puede caminar, y cada paso representa esfuerzos y peligros. Ningún personaje inestable y escéptico, como lo es Notroki, nos puede decir con liviandad, como lo ha hecho: “Hay gente de la lama que como nace ahí debe quedarse”.

   Pero aún le quedó un poquito de ánimo para salirse en fuga, después de sus intentos para anoticiarnos sus trances cambiantes y sus opiniones de infeliz. Obtuvo un espaldarazo: nuestro más pródigo y cuidado abucheo; será el suyo un éxito sin precedentes, que se vaya. No obstante querríamos su atención por favor, que ya sabemos cuán fácilmente se pasa de las bromas bastas a la delincuencia. Sinceramente desearíamos que Notroki Petrallia supere la inercia que lo está condenando, y que dinámicamente recuerde aquello que le contenta el rostro; aunque es evidente que sus recuerdos hacen una realidad diferente de lo que en verdad aconteciera. En este sentido, emergen evidencias incontrastables sobre el sinsentido de su maravilla, no importa cuánto nos reitere su asombro: “Cuando algo que a uno le pasa es tan increíble, para comunicarlo se deben dar especiales condiciones, y este es el caso, ¡no lo puedo creer!; porque lo que tengo para decirles, rejunte de islas sangrantes, es de una calidad tan realmente extraordinaria, un evento así de único; …pero es imposible detallarlo, no están dadas las condiciones”. Con prisa salió él de aquí, como desparramándose desde el interior de un pomo apretado, vigorosamente, con los cordoncitos derramándose en vuelcos de yerba mate, y con hebras varias que caen incidentalmente en una mezcla con sus medias, por las escaleras a la calle…


“..dentro de un instante se producirá la derrota de los silos olfateados de cerca..” Aimé Césaire


 Malfé, Sergio; desde Argentina, Abya Yala; agosto de 2017.



santo mate
2017/06/28, 11:03 pm
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  El Santo Mate
[­¨­¨­¨­¨­¨­¨­¨­¨­¨ url corta: http://wp.me/pu9CK-1t0 ­¨­¨­¨­¨­¨­¨­¨­¨]


“.. nos mofamos de los groseros errores de la vanidad; pero con secreta simpatía, reconocemos en ellos el anhelo común a todos los hombres, de probar que somos reales”.
Adolfo Bioy Casares 

  En simultáneo supimos, desde fuentes confidenciales, que fue recibido en ámbitos conciliares, el Presidente de la Corporación Yerbatera del Taplawäy. Hubo una conversación privada. Esto fue en ocasión de la reciente visita hecha a la Sede Eclesial, por una representativa cámara regional de empresarios. Propugnan ellos la responsabilidad socioambiental en el ámbito de los negocios mundiales. En la visita a los despachos catedralicios, y una vez satisfechos los ceremoniales de rutina y los diálogos grupales, era atendido aparte el principal de la Corporación Yerbatera, quien llevaba ahí una propuesta largamente elaborada por la totalidad unánime de su Oficina de Ejecutivos, su misión era planteársela al Sumo Prelado.

  Estamos enterados de los detalles del asunto: Los dos importantes conductores se habían aposentado en las oficinas del vicariato universal; conversarían sobre varios puntos privadamente. Algunos minutos dedicaron ambos a sus concepciones colaborativas, en torno a las situaciones del mundo y de la fe. Consideraron también, y con familiaridad, los nuevos hallazgos científicos sobre las virtudes salutíferas de la Yerba Mate. Pero el ejecutivo yerbatero en jefe.., se las traía: Mirando al líder religioso traviesamente, con la que él suponía la mejor de sus sonrisas, le propuso con voz asordinada: “Su Santidad, lo que intentamos es un cambio pequeño en la oración principal de la Iglesia, y este desarrollo va junto con los interesantes cambios positivos por los que pasamos todos en nuestro país, y en todo el mundo, desde que usted justamente fuese designado portavoz de la Suprema Voluntad… Escúcheme: usted podría hacer que todos sus seguidores en el mundo cambien esas palabras anticuadas: ‘El Pan nuestro de cada día dánoslo hoy’, y que en el rezo se diga en cambio: ‘El Mate nuestro de cada día dánoslo hoy’, algo muy sano y conveniente”…

  El sumo prelado se había puesto atónito, pero inmediatamente rechazaba considerar la propuesta: “¿Por quiénes nos toma?; es algo cómico, gracias, pero lo que propone no responde a una necesidad de la grey”. A lo cual el empresario hubo de decirle: “Tenemos prevista una campaña publicitaria, con varios cortos fílmicos muy naturales; usted será el protagonista. Se dirigirá brevemente al público internacional, instruyéndolo sobre las propiedades del Mate, les demostrará como cebarlo, y hará alusión prístina y ordenadora sobre las virtudes humanísticas de nuestro beberaje, las vinculaciones fraternales al compartirlo.., usted sabe. Si su benevolente santidad acepta nuestra oferta, escuche, tenemos solamente para usted, por los anuncios publicitarios, una donación en concepto de honorarios actorales de 50M de dólares, y además otros 50M serán donados al Departamento de Estado de la Iglesia, por el uso comercial de emblemas y locaciones. ¡Piense por caridad en todos los hechos solidarios y asistenciales que usted proyecta!; quedarían más capacitadas sus intenciones, con nuestra ayuda, para realmente tener efectos firmes!”.

  El Alto Vicario guardó profundo e instantáneo silencio, pero muy pronto dijo pausada y gravemente: “Oh, hijo; me dice que piense en mis proyectos. En ese caso, las cosas aparecen diferentes, pueden ser entretenidas y saludables; pero por favor espere usted un segundo”. Y llamó para que un propio se allegase; que concurriese a la oficina uno de los prelados administrativos. Así de rápido como en un pestañeo, uno de los eminentes funcionarios se acercó, y el Gobernante Eclesial inquirió entonces a su colaborador: “Tesorero: ha brotado algo interesante, una propuesta caritativa que deberíamos aceptar; resultaría en un sólido respaldo para nuestro justo servicio de paz y bien. Pero es necesario que recordemos un aspecto documental, y dígamelo o precisémoslo pronto, con diligencia: ¿Cuándo caduca nuestro contrato de publicidad con la Corporación de Panaderos?”.

  Anotemos en tanto, sobre las averiguaciones contractuales, que están marchando a la par con los trámites para la firma del convenio implementatorio, acto para el cual se prevée acceso restringido. Hay un discreto perfilamiento público en torno de esta combinación y su afianzamiento. No está todo dicho, sin embargo. A pesar de la discreción con que se ha montado el arreglo, y por infidencias no previstas, la citada negociación eclesioempresarial podría modificarse sustancialmente. Esto se debe al movimiento de influencias ejercido en la Sede Eclesial por una Compañía que lidera mundialmente el rubro refresquero. Fueron animados sus directivos por las versiones sobre el arreglo en marcha; se hubiesen filtrado éstas hasta sus oficinas metropolitanas. Y la compañía está intensamente motivada en una fuerte oferta competitiva, para reemplazar a panaderos y yerbateros, en un nuevo arreglo exclusivo que favorezca los intereses colacoqueros. En otras palabras: nada de Pan ni de Mate, así argumentan; que esté en las oraciones cotidianas la marca innombrable de su Refresco; ¡Vaya pretensión!


“..toda máquina está en proceso de extinción”. Idem (A.B.C.) 


todas las maquinarias se extinguen, incluso las sociopoliticas

todas las maquinarias se extinguen, incluso las sociopoliticas


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  • Sergio Malfé Morón, Prvcia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala; Junio de 2017



    rarezas jornada singular
    2017/03/20, 8:40 pm
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      Rarezas de una jornada singular

    Mi salida diaria estaba llevándome cómo a tiro de fusil desde mi vivienda, a una buena media hora de marcha llana. Reparé en un asunto que hay en el vecindario: tiene una casa con rasgos particularmente originales. Y realmente es una arquitectura rara. En el contexto se destaca con una cúpula que es lateral en lugar de ser techo: Mochetita saliente para el frente de la casa, y cuenta con reflejos de un revestimiento vítreo. Se localiza ahí algo digno de ser visto: un híbrido bonaerense entre casa de estudios y colchonería. Buen lugar para escribir yo una carta, dentro de una habitación sobre la vieja salida de carruajes, un piso alto en la esquina. Pienso que escribiría líneas dirigidas al alma de mi vida, contándole la surrealidad del sitio: Si lo visitas y se te da por recorrer el solar, hay una puerta que por asquerosa resulta rechazante, pensar en abrirla es disgustante, inviable.

    PieterBruegel_TorreBabel_detalle

    Y el sótano resbaladizo donde deslizarse y caer; las superficies pulidas te llevan al fondo como por un embudo de vidrio; unas pocas saliencias rugosas mantienen a la visitación en sus cabales. Por suerte para mí, al salir de esa casa provechosa, se me iluminó un crepúsculo dorado, tiempo de nueva vida. El sentimiento me hizo caminar por calles varias y encontrarme con facetas incidentales, cómo fue con los vendedores callejeros de fruta. Se me había hecho tarde para retornar con el almacenero las botellas dentro de mi bolsa, y además tomar un ómnibus, y trabajar con las páginas amarillas de las guías telefónicas que también llevo en la bolsa. “¿Y va a poder hacerlo?”, me preguntaba al pasar el vecino Glubio, un señor acomodado con quien nos conocimos en andanzas de runfla callejera. “¿Cómo que no?”, le respondo: “Mi recorrido es por patios internos con jardines, acá nomás, en un área con muchas calles y pasillos que conozco desde mi infancia; delo por hecho”.

    Entonces me alejo de Glubio, y arrimaré a otra conversación; es en mi patio; toda gente conocida, chicas y muchachos en su abuelidad, un agrupamiento de vecinalia que conozco bien, pensamientos sin máscaras. De mis intentos letrarios se conversa. Intercambiamos decires, en los que se procede con una instancia previa de las mías: el caso de las siluetas troqueladas: “Eran páginas con el recorte de una silueta humana cada una, de los torsos..; ¡a vos te hablo..!”.
    Cierto es que un poco me ausentaba, medio cansado, y la pesada bolsa, casi caigo con todo por el embudo del sótano en la casa rara.

    Es Cecilia, mi compañera del banco de la primaria quien me está aguijoneando: “¡Eh; a vos te hablo de los torsos en tus troqueles; ¿por dónde andás?!”. Y agrega Cecilia con risueña ironía que yo no le parezco un intelectual. “Ese es todo un tema, amorosa”, le respondo con una gravedad que la hace reir, y reimos por un buen trecho. Igual se me hace aparente otra rareza de la singular jornada: Mi compañera tiene en este ahora la nariz rara y colorada además de chata. ¿Qué alergia tendrá o que estará oliendo para que se le ponga así la nariz?

    La Ceci está ciertamente coruscando en el instante siguiente. Relacionalmente creativa, con su mentalidad rápida y plástica, dejó de prestarme la atención debida, medio que ella está atendiendo en foco las alturas expansivas de la charla. Me encuentro apartado de eso, pero podré reconectar con la comunicación grupal, a través de un comentario que inserto en el interesante diálogo de generalidades y ocurrencias que se comparte. Lo hago inventando un gesto escénico, el de rascarme la oreja derecha con la mano izquierda por encima de la cabeza, y le digo a mi gente: “Si me permiten el rescate de alguna capacidad funcional mía por la realidad: ¿No les parece absurdo que a esta hora de la jornada haya tanto humo; qué estarán quemando en los barriales?”.

    Se produce por mi gesto y acotación, un retorno de la atención específica que la vecinalia conmigo de entrada había emprendido. El patio con todos sus ojos me está viendo, y también escruta en los aires. “Efectivamente hay mucho humo”, opina cayendo en la cuenta el abuelo más joven. Sensación de extrañeza, atentos todos ellos; casi escucharíamos el apercibimiento, un ruido como de bochas que cayesen por una tronera. Cecilia me entusiasma: “Vos sí que contás las cosas como son, ¡pero tenés que ocuparte más de lo que pasa con la gente que querés!”. Un general asentimiento respalda la ponderación de mi compañerita de banco. Me digo en silencio: “¡Esta chica; Cómo si yo quisiera a alguien!” En fin, me anoticio que la concurrencia está raramente cavilosa y mirándome, con las puntas de las lenguas listas, en la intención de decirme algo y en un buen momento pensativo. “A ver que me dicen”, les mascullo. Y algo que significa para mí un destacable acontecimiento, es la propuesta moderada que se me hace en el patio, que continúe yo tomando distancia de cualquier cosa adventicia, dale, y que siga conduciéndome en la tarea de contar lo que es.

    “Realidad: cierto día la quebraron en mil pedazos, la cabeza fue a dar allá, la cola aquí y nosotros no conocemos más que uno de los trozos desprendidos de su gran cuerpo; Océano libre y ficticio, sólo real cuando se le aprisiona en el rumor de un caracol marino”. Carlos Fuentes

     


    PieterBruegel_TorreBabel_detalle

     

    Referencia de la imagen: es detalle recortado de la obra La Torre de Babel, pintura de Pieter Brueghel, el viejo. Un artículo en WikipediA informa sobre este cuadro; enlace

     



    Sergio Malfé; Provincia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala; Marzo de 2017




    faltaba mas
    2016/11/04, 12:34 am
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    wiphala-rkc

    Un día 4 de noviembre como el de hoy; en Tinta, Perú; se inician las acciones de criollos y aborígenes contra la dominación del absolutismo europeo en América. El movimiento emancipador de 1780 fue conducido por Túpac Amaru II, cuyo nombre de bautismo fue José Gabriel Condorcanqui  



     Pero faltaba más

       Yendo a la Capital una vuelta, pasé a visitarlo a mi amigo el español. Habiéndose establecido recientemente en el país, y con todo su entusiasmo, se correspondía él con las pretensiones de ese Buenos Aires farragoso que a mí ya en ese otrora me pudría. De paso me le había aparecido. Sentimental y al momento, me había dicho por el intercomunicador desde su departamento que lo alegraba mi visita. “Entonces no interrumpo nada”, le dije: “El día está muy lindo; ¿por qué no bajas?; te invito a desayunar en el Boulevard”. Luego de un corto silencio me respondió con una frase sonora: “¡Venga, Sergio, vamos a pasear al Tigre!”.

       Interesante perspectiva de aire libre, un recorrido por las riberas del Delta, quizá embarcando para navegar la isla. Con gusto pues, yo lo esperaba en su puerta de calle, y a poco lo ví venir. Se traía algo sorprendente para la contingencia de ese encuentro conmigo: un felino amenazante atado con una correa. Mostrándome los dientes, el bicho jalaba de la traílla como queriendo saltar sobre mi. El español lo acarició en la cabeza. Esas incorrecciones del amigo, cosas inconvivenciales que no me valen la pena, sin camino para solidaridades.

       Le dije “¿Cómo es esto?, es algo muy aburrido, ¿te das cuenta? Te esperé para ir juntos al Tigre, y no para dar un paseo con tu tigre. ¡Habráse visto!”. Tendría él todavía algún afecto vivo por mí que me alejaba caminando. “No seas cabrón, no te ofendas, che; aquí todos están locos” … “Es así, vos y yo lo sabemos, chapetón, pero no todos se dan cuenta; y cómo rompen, cómo perros y gatos”. Sólo fue una errante suposición de mi espalda la posibilidad aprensiva de que se me clavasen las garras del micifuz. “Ya está”, me dije: “Ojalá no tenga que volver por estos barrios; igual no hay nadie que me vaya a extrañar; pero faltaba más”. Evitación sopesada que sigo sosteniendo desde aquella mañana.


    Nota: Otros contenidos relacionados con éste, semántica y automátticamente seleccionados por WordPress.Com, tendrían acceso al pie de la entrada, si la misma es abierta en su localización singular, por este enlace.

     Sergio Edgardo Malfé
     República Argentina, Abya Yala; Noviembre de 2016



    cuestion sellada
    2016/06/10, 10:41 pm
    Filed under: agua-en-vasos, Cuentos Breves | Etiquetas: ,

    Una cuestión sellada

    collage de fotos

    “casi no se note lo mismo que no se va ni se queda”


    El par de representantes ante su mesa de trabajo podía conversar en pausas que se les abrían; situados ellos en el hall de una sala distrital de espectáculos. Trabajaban en funciones culturales de referenciación, para el público que venía a la mesa en rachas con expedientes indecibles. Oficialmente asentados, ahí estaban dándole atención a una buena cantidad de gente. Y aprovechaban las pausas para intercambiar entre ellos sus proyectos. Una propuesta de Scélon seguía en consideración. Tratábase en ello, y con palabras del funcionario, de una “estimulación metaconfigurante, para inducir en la comunidad territorial, motivaciones estéticas rearmables en cambios minuto a minuto, con el empleo de algo chiquito, que convenientemente sería mínimo y más, algo que casi no se note”. Josefina Candú rechazaba moderadamente esas nociones, que no y que no, hasta que pensando se dió cuenta: “Comparte sus inquietudes, las de hacer en cortísimo un devenir oblongo”, y le dijo: “Pero eso es algo muy serio”. Scélon lo sabía: “Sí, es así de serio”, y sumaba con una sonrisa: “Tan serio como el colodrillo bíblico sobre el glaciar y en un columpio”. Era invernal la noche; había un desarrollo artístico en marcha corazón adentro de la farra, del otro lado de unas puertas grandes y vidriadas. Ya empezaban de entremedio los ruiditos craquelantes, y era para preguntarse cómo estarían las cosas del hall en el intervalo glacial, con o sin ruiditos. “Que resulte en una interiorización profunda, alguna gente mentalizada en una conjunción general creativa, muy muy adentro con vividez a través de algo fragilísimo”, sugería opacamente el sujeto. Josefina esta vez se indignaba: “Será un híbrido helado del cual nada saldrá, a la oficina ejecutiva no le va a gustar, ¡y a usted querrán destruirlo!”. Un impermeable Scélon sostuvo entonces: “Imaginemos que imaginaremos, en adopción de todo, atendiendo además lo mismo que no se va ni se queda, y todos querramos echar eso en la memoria”. Fue con bastante frialdad, y advirtiendo a Scélon que debía él medir sus pasos; así llegó el anuncio de la Candú: “Correremos el riesgo, compañero; ya estoy habilitando su propuesta, por mi parte, para integrarla con las actividades de nuestro espacio, ¡pero usted cúidese, por favor!”. Josefina pulsó en su teclado inmediatamente, y luego hubo una cosa con bebidas entre el público; se habían amuchado en el hall para un atareamiento insólito: Copas confidentes del duelo en celebración que debían ser llenadas fuera, en idas y venidas de la calle, con algún líquido humeante, en una vitalización fresca y halagüeña. Scélon se salió, caldeadito él, por su brecha y en viaje, sus esperanzas almacigadas con algunas palabras de José Martí, ciertamente: “Todo está dicho ya; pero las cosas, cada vez que son sinceras, son nuevas”. Se alejó con su sobretodo emperchado en los hombros, caminando. Quizá fuese a tener un disgusto; dos marineros se cruzaron hacia él con perros, al torcer Scélon en la bocacalle ■

     Sergio Edgardo Malfé
     Argentina, Abya Yala; Junio de 2016

    ¿Tomando por sorpresa a otra Entrada en ésta Blog? 

    Hipersalena Aleatoria, por Aquí 



    reconocer melodia/..”insertar; recuperación; enseguida; paseantes; fogón..”
    2016/04/09, 9:52 pm
    Filed under: agua-en-vasos, Escenas, Narrativa | Etiquetas: , ,

      Reconocimiento de una melodía


    “..para curar a todas las víctimas del absurdo que yacen agonizando de alegría artificial”. Thomas Merton (Fray Luis)

       En la necesidad de completar su carrera, obtención de algún dinero, sentirse gente, el muchacho cabezón trabaja en asuntos de vestimenta, flecos vanguardistas para la camisa de su patrona, porteñita pletórica, bordados o cosa semejante, corbata blanca con sobrerelieves de metal plateado, tachones que podrían ser símbolos lógico-matemáticos.
       Nadie lo va a poder creer: Dupreni necesita una solución de autenticidad, su carrera no se debe detener, cursa Resolución Total para las desgracias, Situaciones de Desastre Bajo Estudio, encima de alguna mesa poner su llavero; sus vivencias siguen en subibajas, necesita tenerse más estima, que sus vínculos dejen de ser anónimos y solitarios; toda la gente tiene lazos firmes entre sí; piensa él que le haría bien el juego de echar relinchos junto a sus amigotes, los muchachos de la esquina.

    pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

    “..reconocimiento de una melodía .. con todas sus sonoridades..”

       Busca un símil de corazón ese muchacho, él lo necesitaría para insertar su persona en una retícula, en un sistema de juegos teatrales que confiera orden y sentido al mundo de ocupaciones que él desea, mundo con mucha gente. Todos agitan sus manos un segundo y los banderines de sedería flamean al viento; emprenden viaje hacia el pinar costero. Carruajes quizá, con señores tal vez de galera, y damas de amplios vestidos. “¡Dupreni!”, le grita al cabezón su patroncita: “¡tienes que ir al final de la hilera”.
       Atraviesan portales y pasadizos, van encolumnados entre viviendas perecidas en su lobreguez, casas sórdidas y ruinosas. Dietas agigantadas hasta la masacre. Sobre los muertos dar saltos de un lado al otro con las muletillas. Ausencias y retornos del sentimiento de su integridad en Dupreni. Un corto viaje a través de los potreros; llega la hilera al pinar, algunos pasan dentro del pabellón principal, y toda la gente opta con firmeza por un fogón artístico ulterior. Luego está en búsqueda de leña la reunión, enérgicamente unida. Unidades para la recuperación de gente quemada.
       Le dice Emilgia, la chica patrona, que el hermano de ella está necesitado de una conversación constructiva. Esto luego resultaría en una falsedad desgastante: una charla extensa e incoherente que Dupreni con el hermanito tiene que sufrir. Impersonal el diálogo, vinculaciones sin definición, en tanto que el afán de Dupreni es por el logro de una ubicación que signifique hombría; pretensiones de jerarquía viril, las propias de un muchacho lúcido. El cabezón debe refrenar una erupción de furia feroz que el hermanito le produce: lo que hace el pariente es plantearle una inquietud, para enseguida ponerse a distancia con actitud altanera y claramente confusional.
       Al cabezón se le ha hecho una mancha más de horror, “mi pena es penosa pero me la figuro más conveniente que la dolorosa nada”, se está sintiendo anónimo, quedándose en su vacío. Y en el viejo edificio, por sus pasillos de pisos arriba, juegan los niños de la partida, juegan como si estuviesen en las galerías de espaciosos solares. Recurso antiguo que fue religioso, miniturismo abierto para el esparcimiento pintoresco de los paseantes. No se podría precisar como empezó: Se encienden las luces, comienza la atención de otra gente, Dupreni dice que mirará, “a ver si me olvidé de algo”. Que las cosas reflejen lo que él es, y no precisamente una cacerola negra con cosas dentro.

    pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

    “..melodía .. con todas sus sonoridades..”

       Se sabe adonde no queremos llegar. Es con alivio que recibe Dupreni una sorpresiva y velada propuesta por parte de su patroncita Emilgia. En el parque, sobre los adoquines del patio, la reunión se ha instalado en silloncitos alrededor del fogón ya encendido; sus ilustrísimas señorías aguardan el comienzo de la velada artística; pero no es noche todavía. La chica está diciéndole que en la vecina casa de su familia está el verdadero armonio con todas su partes perfectas y todas sus sonoridades. Había señalado Emilgia un armonio en el patio crepuscular, diciendo que fue mobiliario antes de los religiosos, “ahora está reventado, pero tenía fallas ese armonio, por eso mi familia lo donó a la orden religiosa, el original está completo bajo el alero de la casa”.
       La joven patrona, con tanta época amalgamada en la sugerencia, se puso a andar hacia el otro borde del pinar. Los dichos de ella han sido para que Dupreni la siga hacia la casita del fondo, vecina casa familiar donde está la cama aquella, la sugerencia es suficiente para que él curiosée la vista del maldito armonio original y completo. Están los dos observando el intrumento en el marco armoniocal, bajo el alero, en un entorno adoquinado que es conveniente para la aparición del padre de familia, viene con su carretilla. Y de inmediato reaparece el hermanito, presuroso se mete en la casita. Su madre inquieta le sigue al fallutito los pasos, “está descompuesto”. Figura del tiempo de los flecos: la señora tiene sus años, y se acompaña con sus chales, pinta al hermano de Emilgia como en una crisis nerviosa, con palabras hacia Dupreni en los que le reconoce su intento de ayuda: “usted es una persona estudiosa, pero no se preocupe”. Y se digresiona la señora en una breve locución sobre la intensidad de la Sudestada; meteorológica que es seguida por un silencio sin bochornos.
       En la pausa está pensando el cabezón: “Sentir la presencia de quien soy, en aclaramiento de las circunstancias, solucionar ambas cosas al mismo tiempo: yo y el entorno; mientras me sienta relacionado, no perder la visión de lo que soy”. Las rachas mueven el pastizal de los medanales. Retoma la madre de Emilgia su aconsejamiento: “Usted no espere, solamente estése tranquilo”. Y se desembucha con un acontecimiento: Había sido robada la motocicleta de Bufiné, el delegado municipal. En su barraquita por la tarde y como habitualmente, el funcionario seguía la transmisión de un partido de fútbol, queda media hora por jugar en este encuentro, en la oportunidad le robaron la moto, lo estuvieron interrogando los polis porque habían notado algo raro con Bufiné que querían aclarar: ¿Por qué había sido abierta también una segunda cerradura de la moto que funcionaba con el reconocimiento de una melodía? Los chorros habían conseguido abrir la primera cerradura, ¿cómo hubieran hecho para obtener la apertura de ese segundo dispositivo? ¿Por qué Bufiné había puesto esa segunda barrera?

    pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

    “..sonoridades..”

       Dos personajes acercándose caminan sobre el adoquinado arenoso con sus borceguíes. “Falta luz en las calles”, les dice la dueña de casa. Los policías con mirada tranquila respaldan a Dupreni, en un diálogo cuidadoso. El joven estaba enfrentando los cuestionamientos con una total imperturbabilidad; él no había tenido comportamientos antisociales. Si hubiera problemas, se deberían a las estaciones de trenes cerradas, cerca del pinar hay una, dejó hace años de funcionar, ya no recibe formaciones, un cartel de cemento le sobresale entre las arenas, sus letras dicen “García Márquez”. Agudeza dominical en quien testifica, uno de los oficiales, pone en claro que ninguno de los personajes problematizados es mala influencia, ni Bufiné ni Dupreni tienen causa relacionada con el robo. Repugnantes cervatillos de plástico en el parque, sería como para contener y encerrar a los criminales. Y al mismo tiempo está el cabezón pensando: “Un puente hacia otra orilla del mundo, ¿estoy en camino?, una orilla distinta cada día”.
       En la calle trasera del antiguo solar religioso, por donde supone Dupreni que habría otra entrada, y le gustaría encontrarla, allí hay un auto viejo estacionado con alguien, que si él lo viere, sabría que es familiar suyo: un señor relleno y maduro, en la consulta de un mapa antiguo que está estampado en el corderoy de un bolso de mano. Un sobre de papel marrón aparece; peluca con hilos de aluminio. ¡Y el ladrón con la moto robada atraviesa un puente lejano! Hay otros detalles para conocer; la vida real está almacenada en múltiples cajoncitos dispuestos en altos anaqueles dentro del caserón. Recepción clandestina de una revista de barricada. Por lo demás, los oficiales ya se han retirado, y la bruma crece. “Tenemos que conversar, ven conmigo a dar una vuelta, te presentaré con papá”. Un devenir suyo, el que su patroncita le tiene en mente, será otra sorpresa para el joven Dupreni. A pocos pasos encuentran al señor de la carretilla. Después de las presentaciones, y con el respaldo de su papá, Emilgia le comunica al cabezón: “La gente de la partida se asusta contigo, eres demasiado para nuestro fogón artístico, va a ser mejor que te vayas”.
       “Le estamos haciendo un favor, joven”, le dice el hombre mayor: “¿por qué no monta en la carretilla?”. Sin obstáculo alguno, Dupreni acepta con sobriedad el envite, está pensando: “De prevalecer un orden del corazón, me estaría colocando así en la alegría de convivir sin pasos tristes, ha de ser ese el caso de los que se manejan bien con su estima, los íntegros”. De cuclillas en el somero vehículo, Dupreni está mirando la luna llena a través de las ramas del pinar. El joven escucha otros controles que Emilgia abriga para él: “Sos un hombre hecho y derecho, ya te queda chico el trabajo con la vestimenta”. Lo está despidiendo de su trabajo, dice ella que así le aumenta su libertad, favoreciendo su crecimiento personal y laboral, tendrá él una esperanza dinámica que finalmente lo colocará en mejor ubicación. Y es la llegada al camino, el final del curioso trayecto: “Tendré que desconfiar de las sensaciones mías para los tiempos que corran; ya no habrá nadie como ella para mí”. Dupreni está lagrimeando cuando ella se le ubica cercanamente, lo besa en los pómulos sobre las lágrimas. “No me lloriquées, varón”. / “No sé que te has creído; los plenilunios son los que me ponen así de sentimental”.


    pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

    “..es entonces cuando oye..”

       Al otro lado de la calzada se ven las luces de una galería comercial que rodea una plaza seca, allí está brillando “Del Tiempo”, insistencia del letrero de uno de los locales. Dupreni no vuelve la cara cuando padre, hija y carretilla, comienzan de regreso a internarse en el borde cercano del pinar. “Tendré que desconfiar de las sensaciones mías para los tiempos que corran”. Y avanzar por veredas con perros, por senderos de cabras, hallazgo de un viejo pantalón. Siente una reserva de potencia que tiene disponible en una casillita de su personalidad; es entonces cuando oye que el papá de Emilgia le vocifera: “¡Usted es fuerte!”.


    ..”Creemos que nuestro futuro estará hecho por el amor y la esperanza, no por la violencia y el cálculo.” Fray Luis (Thomas Merton)


     Sergio Edgardo Malfé
     Argentina, Abya Yala; Abril de 2016


    ¿Tomando por sorpresa a otra Entrada en ésta Blog?

    Hipersalena Aleatoria, por Aquí



    patios del albardon/: ..”altozanos; enderezar; enganches; escollera; ponerle; tripulantes”..
    2015/05/19, 2:41 pm
    Filed under: agua-en-vasos, Narrativa, Poesía | Etiquetas: , ,

       En los patios del albardón


        (Tiempo de lectura: 12 minutos)

    «Con la creciente llegaste  
    en murmullo y desazón  
    hasta las altas barrancas,  
    Río de muerte y furor.  
    Pasaban casas boyando,  
    maderámen y dolor,  
    te llevaban las distancias  
    en torrente bramador.»  

    Ramón Ayala  

       Era de noche, palomita langostina del pantano, y todos nos habíamos evacuado; pero no estemos tristes, contemos los operativos que se tuvieron que hacer para la evacuación, y que así mucha gente inundada llegase con nosotros a los silenciosos altozanos: Afortunada gente, de andares desgastados y desolados, los delitos abrochados en las ropas: ¡todas actividades irremediables! Y como esto está medio vinculado con secretos militares, contemos sólo un poco: Uno de los funcionarios, Pontaldo, fue hasta los archiveros, las ruinas, y sacó papeles: son mapas, uno de ellos con participación ciudadana. Había dejado de llover un poco, las causas se nos empezaban a enderezar, reparación de fatalidades, venía clareando.

       Nos quiso encimar la continuidad de historiales, el administrador Pontaldo, sumándola a los enganches del cielo despejado. Medio acostado en el barro de nuestro albardón, y medio sentado en una cama, Pontaldo nos señaló en un mapa la escollera, que deberíamos colisearla, pequeña langosta del pantano: Irle a la escollera, con estreno de ropas planchaditas y trajecicos paquetes, en continuidad de historiales. Estaba muy entusiasmado con el plan, cargas de demolición, parecía no darse cuenta de nuestro estado, sólo un breve respiro, las ruinas hialinas, el pantano trepando por las cuadrículas, y en cualquier instante oscurecería de nuevo, el ventarrón, ¿y si se desenganchasen las lanchas?.. “¡Pontaldo, esto de ponerle explosivos no está muy bien, actividades irremediables!”, le dijimos: “Además, no estamos como para volarla, ni para colisearnos en la escollera, nuestra precariedad, los altozanos en ruinas, todos evacuados.”

       Cambió entonces, parecía desechar Pontaldo la cosa: “Algo violenta quizá es la idea”; aunque al instante nos preguntó melancólicamente: “¿Alguien iria después a ponerle de los nuevos?; Hay otros explosivos para la escollera, son light” Lo mirábamos a Pontaldo, algo cariacontecido el hombre, y se nos había puesto bastante obeso. La delegación de evacuados en pasantía, sin agresividad, y como diciéndole.. ¡ey, aquí estamos nosotros, mire!, le dirigió amistosos comentarios del tipo “es muy difícil”. Una muchacha, muy popular entre los pasantes, con una escoba de pichanilla que esgrimía, se dedicó a peinarle el rostro, frente y perfil; y por estos suaves pases de la escoba, el rostro de azoramiento que nos iba mostrando Pontaldo parecía decirnos que el personaje estaba en la misma indigencia, él como todos los evacuados; y el pantano trepando por las cuadrículas.

    ruinas hialinas

    «.. vigiladas por boyetas..»

       Las lanchas nos habían traído; Para ubicarnos a bordo tuvimos que seguirle los pasos, en cada embarcación, a la respectiva dueña de casa. No había todavía riesgos de hundimiento como los presentes: Las lanchas ahora se agitan por el crecido oleaje; sufrimos el embate desalmado del viento cinerario. ¿Qué nos espera si los altozanos pierden sus lanchas; ¿tendremos que hacernos armazones de madera con los despojos para colocarlos alrededor de nuestros cuerpos?; ¿o habremos de integrarnos como habitantes de ámbitos silvestres?, ¡zoológico! Era distinto en los primeros momentos de la evacuación: Nos habían guíado las dueñas de casa, cuando abordamos las lanchas; nos llevaron hasta unas farsescas gradas y barandillas en las cámaras de proa, hacia la afrenta de los palios envarillados, solemnidades. Por suerte, muchos nos desenvaramos y salimos a cubierta para averiguar; y desde la toldilla militar pudimos distinguir en el horizonte los promontorios; ya llegábamos. Volvimos al salón de navegación para poner a salvo de indiscreciones náuticas nuestro secreto estratégico: la alimentación barrocosa que nos protege, no habría de ser parte conocida por la avidez coliseal de los tripulantes.

       Y lo que está ocurriendo ahora, langosta pobre palomita del pantano, parece ser otro coágulo de Pontaldo, otra carga de demolición. Está él diciendo que nuestra salida bien puede ser la de treparnos a algunos muros de estas ruinas hialinas. Ante esto, los delegados han puesto sus miradas sigilosas, a través de los restos de ventanas, en lo que fuesen patios y jardines del albardón; Parecen estar buscando alguna de las paredes que menciona Pontaldo, y no se muestran proclives con el proyecto. La muchacha que usó su escoba antes para despejarlo a Pontaldo, le dice ahora: “Más nos valdría que costiémos los caminos para retornarnos cada uno a su casa; nuestros umbrales tienen paredes más seguras que éstas”. ¡Muchacha popular!; A su vez, Pontaldo la está amonestando: “Los pasantes son los evacuados más problemáticos; ni pensar en ello: que de este precario refugio se vuelva la gente allí donde hay más víboras, ¡eso jamás!; ¿y la carencia de alimentos?”. Algo de razón tiene; aunque el tipo probablemente sea un depravado y quiera retenerla en las ruinas, actividades irremediables, para abusar de ella y de paso extraerle datos sobre la apicultura de la que se ocupan los pasantes.

    ruinas hialinas

    «.. las lanchas han quedado vigiladas por boyetas..»

       Nosotros podemos intervenir para proteger a la chica, hasta asesinarla, ella se encuentra al momento en el territorio propio de él. Pero está agregando algo el administrador, no estemos tristes; Salgamos de la lluvia, langostita, las ráfagas arrecian; coloquémosmos bajo el toldo de rescate y oigamos en qué siguen las argumentaciones de Pontaldo, a ver qué dice: “…motivándolos para que hagan algo, que aseguren las lanchas; después podrán llevarnos con ellas hasta el terraplén; para mí que ahí está la charnela: Hay que darles de comer a los tripulantes, conocerán nuestra dieta barrocosa, es nuestro secreto estratégico, pero su dinámica autónoma continuará en funciones y se nos restablecerá como propia, nuestra dieta estratégica va seguir indemne, que ahora los efectivos la conozcan no nos afectará en nuestra seguridad futura, y al compartir con los milicos un gofitún barrocoso, estaremos interviniendo sobre toda la situación; ¿qué opina la asamblea?”. Pontaldo así dejó en suspenso las acciones; veamos: Los delegados pasantes están de acuerdo, y la junta conversacional de evacuados también, trepando el pantano por las cuadrículas.

       Al momento uno de los delegados les hace a los tripulantes una llamada radioeléctrica. Los muchachos se acercan, nos dicen que las lanchas han quedado vigiladas por boyetas, actividades irremediables. Bajo el toldo de rescate compartimos todos el refrigerio: gofitún barrocoso en el albardón, las ruinas; en pocos minutos consumimos las escudillas dietéticas. Es curioso, coincide el beneplácito coliseal de los marineros con un serenarse la tormenta; parece que no vamos a terminar tan mal, y jamás donde hay más víboras. Un pasante propone: “Está aclarando; podríamos aprovechar la calma, muchachos; ¿qué tal si embarcamos y ponen ustedes rumbo hacia el terraplén?”. Manifiestan los marineros acuerdo con la propuesta; renovado andar de las tripulaciones hacia las barquichuelas; hasta tenemos sol, se levanta campamento. Mientras en eso estamos, palomita pantanera, oigamos la apostilla de Pontaldo: “Para nuestra salida, no nos van a hacer falta fondos, ¡qué suerte!; pensaba pedir rescate a la Capital por el cadáver que tengo secuestrado” … “¿Cuál cadáver, jefe?”, le pregunto … “El de este cuerpo mío; mi existencia la tengo bastante muertita por mi quehacer como funcionario” … “¡Pero que buen humor se tenía guardado el Pontaldo!”, decís vos; y muy bien lo dijiste, langostita. Nos vamos yendo para embarcarnos, y trochar hacia el terraplén, no es tan lejos ■

     Contenidos relacionados con «..Patios del albardón».  (Enlaces en la Blog)
     * Cocos de chanfle
     * En el Area Facultada
     * Presencia.. Esperada (notintroductoria)

      Sergio Malfé
    Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, mayo de 2015.




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