Hipersalenas


rarezas jornada singular
2017/03/20, 8:40 pm
Filed under: agua-en-vasos, Narrativa | Etiquetas: , ,

  Rarezas de una jornada singular

Mi salida diaria estaba llevándome cómo a tiro de fusil desde mi vivienda, a una buena media hora de marcha llana. Reparé en un asunto que hay en el vecindario: tiene una casa con rasgos particularmente originales. Y realmente es una arquitectura rara. En el contexto se destaca con una cúpula que es lateral en lugar de ser techo: Mochetita saliente para el frente de la casa, y cuenta con reflejos de un revestimiento vítreo. Se localiza ahí algo digno de ser visto: un híbrido bonaerense entre casa de estudios y colchonería. Buen lugar para escribir yo una carta, dentro de una habitación sobre la vieja salida de carruajes, un piso alto en la esquina. Pienso que escribiría líneas dirigidas al alma de mi vida, contándole la surrealidad del sitio: Si lo visitas y se te da por recorrer el solar, hay una puerta que por asquerosa resulta rechazante, pensar en abrirla es disgustante, inviable.

PieterBruegel_TorreBabel_detalle

Y el sótano resbaladizo donde deslizarse y caer; las superficies pulidas te llevan al fondo como por un embudo de vidrio; unas pocas saliencias rugosas mantienen a la visitación en sus cabales. Por suerte para mí, al salir de esa casa provechosa, se me iluminó un crepúsculo dorado, tiempo de nueva vida. El sentimiento me hizo caminar por calles varias y encontrarme con facetas incidentales, cómo fue con los vendedores callejeros de fruta. Se me había hecho tarde para retornar con el almacenero las botellas dentro de mi bolsa, y además tomar un ómnibus, y trabajar con las páginas amarillas de las guías telefónicas que también llevo en la bolsa. “¿Y va a poder hacerlo?”, me preguntaba al pasar el vecino Glubio, un señor acomodado con quien nos conocimos en andanzas de runfla callejera. “¿Cómo que no?”, le respondo: “Mi recorrido es por patios internos con jardines, acá nomás, en un área con muchas calles y pasillos que conozco desde mi infancia; delo por hecho”.

Entonces me alejo de Glubio, y arrimaré a otra conversación; es en mi patio; toda gente conocida, chicas y muchachos en su abuelidad, un agrupamiento de vecinalia que conozco bien, pensamientos sin máscaras. De mis intentos letrarios se conversa. Intercambiamos decires, en los que se procede con una instancia previa de las mías: el caso de las siluetas troqueladas: “Eran páginas con el recorte de una silueta humana cada una, de los torsos..; ¡a vos te hablo..!”.
Cierto es que un poco me ausentaba, medio cansado, y la pesada bolsa, casi caigo con todo por el embudo del sótano en la casa rara.

Es Cecilia, mi compañera del banco de la primaria quien me está aguijoneando: “¡Eh; a vos te hablo de los torsos en tus troqueles; ¿por dónde andás?!”. Y agrega Cecilia con risueña ironía que yo no le parezco un intelectual. “Ese es todo un tema, amorosa”, le respondo con una gravedad que la hace reir, y reimos por un buen trecho. Igual se me hace aparente otra rareza de la singular jornada: Mi compañera tiene en este ahora la nariz rara y colorada además de chata. ¿Qué alergia tendrá o que estará oliendo para que se le ponga así la nariz?

La Ceci está ciertamente coruscando en el instante siguiente. Relacionalmente creativa, con su mentalidad rápida y plástica, dejó de prestarme la atención debida, medio que ella está atendiendo en foco las alturas expansivas de la charla. Me encuentro apartado de eso, pero podré reconectar con la comunicación grupal, a través de un comentario que inserto en el interesante diálogo de generalidades y ocurrencias que se comparte. Lo hago inventando un gesto escénico, el de rascarme la oreja derecha con la mano izquierda por encima de la cabeza, y le digo a mi gente: “Si me permiten el rescate de alguna capacidad funcional mía por la realidad: ¿No les parece absurdo que a esta hora de la jornada haya tanto humo; qué estarán quemando en los barriales?”.

Se produce por mi gesto y acotación, un retorno de la atención específica que la vecinalia conmigo de entrada había emprendido. El patio con todos sus ojos me está viendo, y también escruta en los aires. “Efectivamente hay mucho humo”, opina cayendo en la cuenta el abuelo más joven. Sensación de extrañeza, atentos todos ellos; casi escucharíamos el apercibimiento, un ruido como de bochas que cayesen por una tronera. Cecilia me entusiasma: “Vos sí que contás las cosas como son, ¡pero tenés que ocuparte más de lo que pasa con la gente que querés!”. Un general asentimiento respalda la ponderación de mi compañerita de banco. Me digo en silencio: “¡Esta chica; Cómo si yo quisiera a alguien!” En fin, me anoticio que la concurrencia está raramente cavilosa y mirándome, con las puntas de las lenguas listas, en la intención de decirme algo y en un buen momento pensativo. “A ver que me dicen”, les mascullo. Y algo que significa para mí un destacable acontecimiento, es la propuesta moderada que se me hace en el patio, que continúe yo tomando distancia de cualquier cosa adventicia, dale, y que siga conduciéndome en la tarea de contar lo que es.

“Realidad: cierto día la quebraron en mil pedazos, la cabeza fue a dar allá, la cola aquí y nosotros no conocemos más que uno de los trozos desprendidos de su gran cuerpo; Océano libre y ficticio, sólo real cuando se le aprisiona en el rumor de un caracol marino”. Carlos Fuentes

 


PieterBruegel_TorreBabel_detalle

 

Referencia de la imagen: es detalle recortado de la obra La Torre de Babel, pintura de Pieter Brueghel, el viejo. Un artículo en WikipediA informa sobre este cuadro; enlace

 



Sergio Malfé; Provincia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala; Marzo de 2017




faltaba mas
2016/11/04, 12:34 am
Filed under: agua-en-vasos, Cuentos Breves, Fusiones | Etiquetas: , ,

wiphala-rkc

Un día 4 de noviembre como el de hoy; en Tinta, Perú; se inician las acciones de criollos y aborígenes contra la dominación del absolutismo europeo en América. El movimiento emancipador de 1780 fue conducido por Túpac Amaru II, cuyo nombre de bautismo fue José Gabriel Condorcanqui  



 Pero faltaba más

   Yendo a la Capital una vuelta, pasé a visitarlo a mi amigo el español. Habiéndose establecido recientemente en el país, y con todo su entusiasmo, se correspondía él con las pretensiones de ese Buenos Aires farragoso que a mí ya en ese otrora me pudría. De paso me le había aparecido. Sentimental y al momento, me había dicho por el intercomunicador desde su departamento que lo alegraba mi visita. “Entonces no interrumpo nada”, le dije: “El día está muy lindo; ¿por qué no bajas?; te invito a desayunar en el Boulevard”. Luego de un corto silencio me respondió con una frase sonora: “¡Venga, Sergio, vamos a pasear al Tigre!”.

   Interesante perspectiva de aire libre, un recorrido por las riberas del Delta, quizá embarcando para navegar la isla. Con gusto pues, yo lo esperaba en su puerta de calle, y a poco lo ví venir. Se traía algo sorprendente para la contingencia de ese encuentro conmigo: un felino amenazante atado con una correa. Mostrándome los dientes, el bicho jalaba de la traílla como queriendo saltar sobre mi. El español lo acarició en la cabeza. Esas incorrecciones del amigo, cosas inconvivenciales que no me valen la pena, sin camino para solidaridades.

   Le dije “¿Cómo es esto?, es algo muy aburrido, ¿te das cuenta? Te esperé para ir juntos al Tigre, y no para dar un paseo con tu tigre. ¡Habráse visto!”. Tendría él todavía algún afecto vivo por mí que me alejaba caminando. “No seas cabrón, no te ofendas, che; aquí todos están locos” … “Es así, vos y yo lo sabemos, chapetón, pero no todos se dan cuenta; y cómo rompen, cómo perros y gatos”. Sólo fue una errante suposición de mi espalda la posibilidad aprensiva de que se me clavasen las garras del micifuz. “Ya está”, me dije: “Ojalá no tenga que volver por estos barrios; igual no hay nadie que me vaya a extrañar; pero faltaba más”. Evitación sopesada que sigo sosteniendo desde aquella mañana.


Nota: Otros contenidos relacionados con éste, semántica y automátticamente seleccionados por WordPress.Com, tendrían acceso al pie de la entrada, si la misma es abierta en su localización singular, por este enlace.

 Sergio Edgardo Malfé
 República Argentina, Abya Yala; Noviembre de 2016



cuestion sellada
2016/06/10, 10:41 pm
Filed under: agua-en-vasos, Cuentos Breves | Etiquetas: ,

Una cuestión sellada

collage de fotos

“casi no se note lo mismo que no se va ni se queda”


El par de representantes ante su mesa de trabajo podía conversar en pausas que se les abrían; situados ellos en el hall de una sala distrital de espectáculos. Trabajaban en funciones culturales de referenciación, para el público que venía a la mesa en rachas con expedientes indecibles. Oficialmente asentados, ahí estaban dándole atención a una buena cantidad de gente. Y aprovechaban las pausas para intercambiar entre ellos sus proyectos. Una propuesta de Scélon seguía en consideración. Tratábase en ello, y con palabras del funcionario, de una “estimulación metaconfigurante, para inducir en la comunidad territorial, motivaciones estéticas rearmables en cambios minuto a minuto, con el empleo de algo chiquito, que convenientemente sería mínimo y más, algo que casi no se note”. Josefina Candú rechazaba moderadamente esas nociones, que no y que no, hasta que pensando se dió cuenta: “Comparte sus inquietudes, las de hacer en cortísimo un devenir oblongo”, y le dijo: “Pero eso es algo muy serio”. Scélon lo sabía: “Sí, es así de serio”, y sumaba con una sonrisa: “Tan serio como el colodrillo bíblico sobre el glaciar y en un columpio”. Era invernal la noche; había un desarrollo artístico en marcha corazón adentro de la farra, del otro lado de unas puertas grandes y vidriadas. Ya empezaban de entremedio los ruiditos craquelantes, y era para preguntarse cómo estarían las cosas del hall en el intervalo glacial, con o sin ruiditos. “Que resulte en una interiorización profunda, alguna gente mentalizada en una conjunción general creativa, muy muy adentro con vividez a través de algo fragilísimo”, sugería opacamente el sujeto. Josefina esta vez se indignaba: “Será un híbrido helado del cual nada saldrá, a la oficina ejecutiva no le va a gustar, ¡y a usted querrán destruirlo!”. Un impermeable Scélon sostuvo entonces: “Imaginemos que imaginaremos, en adopción de todo, atendiendo además lo mismo que no se va ni se queda, y todos querramos echar eso en la memoria”. Fue con bastante frialdad, y advirtiendo a Scélon que debía él medir sus pasos; así llegó el anuncio de la Candú: “Correremos el riesgo, compañero; ya estoy habilitando su propuesta, por mi parte, para integrarla con las actividades de nuestro espacio, ¡pero usted cúidese, por favor!”. Josefina pulsó en su teclado inmediatamente, y luego hubo una cosa con bebidas entre el público; se habían amuchado en el hall para un atareamiento insólito: Copas confidentes del duelo en celebración que debían ser llenadas fuera, en idas y venidas de la calle, con algún líquido humeante, en una vitalización fresca y halagüeña. Scélon se salió, caldeadito él, por su brecha y en viaje, sus esperanzas almacigadas con algunas palabras de José Martí, ciertamente: “Todo está dicho ya; pero las cosas, cada vez que son sinceras, son nuevas”. Se alejó con su sobretodo emperchado en los hombros, caminando. Quizá fuese a tener un disgusto; dos marineros se cruzaron hacia él con perros, al torcer Scélon en la bocacalle ■

 Sergio Edgardo Malfé
 Argentina, Abya Yala; Junio de 2016

¿Tomando por sorpresa a otra Entrada en ésta Blog? 

Hipersalena Aleatoria, por Aquí 



reconocer melodia/..”insertar; recuperación; enseguida; paseantes; fogón..”
2016/04/09, 9:52 pm
Filed under: agua-en-vasos, Escenas, Narrativa | Etiquetas: , ,

  Reconocimiento de una melodía


“..para curar a todas las víctimas del absurdo que yacen agonizando de alegría artificial”. Thomas Merton (Fray Luis)

   En la necesidad de completar su carrera, obtención de algún dinero, sentirse gente, el muchacho cabezón trabaja en asuntos de vestimenta, flecos vanguardistas para la camisa de su patrona, porteñita pletórica, bordados o cosa semejante, corbata blanca con sobrerelieves de metal plateado, tachones que podrían ser símbolos lógico-matemáticos.
   Nadie lo va a poder creer: Dupreni necesita una solución de autenticidad, su carrera no se debe detener, cursa Resolución Total para las desgracias, Situaciones de Desastre Bajo Estudio, encima de alguna mesa poner su llavero; sus vivencias siguen en subibajas, necesita tenerse más estima, que sus vínculos dejen de ser anónimos y solitarios; toda la gente tiene lazos firmes entre sí; piensa él que le haría bien el juego de echar relinchos junto a sus amigotes, los muchachos de la esquina.

pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

“..reconocimiento de una melodía .. con todas sus sonoridades..”

   Busca un símil de corazón ese muchacho, él lo necesitaría para insertar su persona en una retícula, en un sistema de juegos teatrales que confiera orden y sentido al mundo de ocupaciones que él desea, mundo con mucha gente. Todos agitan sus manos un segundo y los banderines de sedería flamean al viento; emprenden viaje hacia el pinar costero. Carruajes quizá, con señores tal vez de galera, y damas de amplios vestidos. “¡Dupreni!”, le grita al cabezón su patroncita: “¡tienes que ir al final de la hilera”.
   Atraviesan portales y pasadizos, van encolumnados entre viviendas perecidas en su lobreguez, casas sórdidas y ruinosas. Dietas agigantadas hasta la masacre. Sobre los muertos dar saltos de un lado al otro con las muletillas. Ausencias y retornos del sentimiento de su integridad en Dupreni. Un corto viaje a través de los potreros; llega la hilera al pinar, algunos pasan dentro del pabellón principal, y toda la gente opta con firmeza por un fogón artístico ulterior. Luego está en búsqueda de leña la reunión, enérgicamente unida. Unidades para la recuperación de gente quemada.
   Le dice Emilgia, la chica patrona, que el hermano de ella está necesitado de una conversación constructiva. Esto luego resultaría en una falsedad desgastante: una charla extensa e incoherente que Dupreni con el hermanito tiene que sufrir. Impersonal el diálogo, vinculaciones sin definición, en tanto que el afán de Dupreni es por el logro de una ubicación que signifique hombría; pretensiones de jerarquía viril, las propias de un muchacho lúcido. El cabezón debe refrenar una erupción de furia feroz que el hermanito le produce: lo que hace el pariente es plantearle una inquietud, para enseguida ponerse a distancia con actitud altanera y claramente confusional.
   Al cabezón se le ha hecho una mancha más de horror, “mi pena es penosa pero me la figuro más conveniente que la dolorosa nada”, se está sintiendo anónimo, quedándose en su vacío. Y en el viejo edificio, por sus pasillos de pisos arriba, juegan los niños de la partida, juegan como si estuviesen en las galerías de espaciosos solares. Recurso antiguo que fue religioso, miniturismo abierto para el esparcimiento pintoresco de los paseantes. No se podría precisar como empezó: Se encienden las luces, comienza la atención de otra gente, Dupreni dice que mirará, “a ver si me olvidé de algo”. Que las cosas reflejen lo que él es, y no precisamente una cacerola negra con cosas dentro.

pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

“..melodía .. con todas sus sonoridades..”

   Se sabe adonde no queremos llegar. Es con alivio que recibe Dupreni una sorpresiva y velada propuesta por parte de su patroncita Emilgia. En el parque, sobre los adoquines del patio, la reunión se ha instalado en silloncitos alrededor del fogón ya encendido; sus ilustrísimas señorías aguardan el comienzo de la velada artística; pero no es noche todavía. La chica está diciéndole que en la vecina casa de su familia está el verdadero armonio con todas su partes perfectas y todas sus sonoridades. Había señalado Emilgia un armonio en el patio crepuscular, diciendo que fue mobiliario antes de los religiosos, “ahora está reventado, pero tenía fallas ese armonio, por eso mi familia lo donó a la orden religiosa, el original está completo bajo el alero de la casa”.
   La joven patrona, con tanta época amalgamada en la sugerencia, se puso a andar hacia el otro borde del pinar. Los dichos de ella han sido para que Dupreni la siga hacia la casita del fondo, vecina casa familiar donde está la cama aquella, la sugerencia es suficiente para que él curiosée la vista del maldito armonio original y completo. Están los dos observando el intrumento en el marco armoniocal, bajo el alero, en un entorno adoquinado que es conveniente para la aparición del padre de familia, viene con su carretilla. Y de inmediato reaparece el hermanito, presuroso se mete en la casita. Su madre inquieta le sigue al fallutito los pasos, “está descompuesto”. Figura del tiempo de los flecos: la señora tiene sus años, y se acompaña con sus chales, pinta al hermano de Emilgia como en una crisis nerviosa, con palabras hacia Dupreni en los que le reconoce su intento de ayuda: “usted es una persona estudiosa, pero no se preocupe”. Y se digresiona la señora en una breve locución sobre la intensidad de la Sudestada; meteorológica que es seguida por un silencio sin bochornos.
   En la pausa está pensando el cabezón: “Sentir la presencia de quien soy, en aclaramiento de las circunstancias, solucionar ambas cosas al mismo tiempo: yo y el entorno; mientras me sienta relacionado, no perder la visión de lo que soy”. Las rachas mueven el pastizal de los medanales. Retoma la madre de Emilgia su aconsejamiento: “Usted no espere, solamente estése tranquilo”. Y se desembucha con un acontecimiento: Había sido robada la motocicleta de Bufiné, el delegado municipal. En su barraquita por la tarde y como habitualmente, el funcionario seguía la transmisión de un partido de fútbol, queda media hora por jugar en este encuentro, en la oportunidad le robaron la moto, lo estuvieron interrogando los polis porque habían notado algo raro con Bufiné que querían aclarar: ¿Por qué había sido abierta también una segunda cerradura de la moto que funcionaba con el reconocimiento de una melodía? Los chorros habían conseguido abrir la primera cerradura, ¿cómo hubieran hecho para obtener la apertura de ese segundo dispositivo? ¿Por qué Bufiné había puesto esa segunda barrera?

pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

“..sonoridades..”

   Dos personajes acercándose caminan sobre el adoquinado arenoso con sus borceguíes. “Falta luz en las calles”, les dice la dueña de casa. Los policías con mirada tranquila respaldan a Dupreni, en un diálogo cuidadoso. El joven estaba enfrentando los cuestionamientos con una total imperturbabilidad; él no había tenido comportamientos antisociales. Si hubiera problemas, se deberían a las estaciones de trenes cerradas, cerca del pinar hay una, dejó hace años de funcionar, ya no recibe formaciones, un cartel de cemento le sobresale entre las arenas, sus letras dicen “García Márquez”. Agudeza dominical en quien testifica, uno de los oficiales, pone en claro que ninguno de los personajes problematizados es mala influencia, ni Bufiné ni Dupreni tienen causa relacionada con el robo. Repugnantes cervatillos de plástico en el parque, sería como para contener y encerrar a los criminales. Y al mismo tiempo está el cabezón pensando: “Un puente hacia otra orilla del mundo, ¿estoy en camino?, una orilla distinta cada día”.
   En la calle trasera del antiguo solar religioso, por donde supone Dupreni que habría otra entrada, y le gustaría encontrarla, allí hay un auto viejo estacionado con alguien, que si él lo viere, sabría que es familiar suyo: un señor relleno y maduro, en la consulta de un mapa antiguo que está estampado en el corderoy de un bolso de mano. Un sobre de papel marrón aparece; peluca con hilos de aluminio. ¡Y el ladrón con la moto robada atraviesa un puente lejano! Hay otros detalles para conocer; la vida real está almacenada en múltiples cajoncitos dispuestos en altos anaqueles dentro del caserón. Recepción clandestina de una revista de barricada. Por lo demás, los oficiales ya se han retirado, y la bruma crece. “Tenemos que conversar, ven conmigo a dar una vuelta, te presentaré con papá”. Un devenir suyo, el que su patroncita le tiene en mente, será otra sorpresa para el joven Dupreni. A pocos pasos encuentran al señor de la carretilla. Después de las presentaciones, y con el respaldo de su papá, Emilgia le comunica al cabezón: “La gente de la partida se asusta contigo, eres demasiado para nuestro fogón artístico, va a ser mejor que te vayas”.
   “Le estamos haciendo un favor, joven”, le dice el hombre mayor: “¿por qué no monta en la carretilla?”. Sin obstáculo alguno, Dupreni acepta con sobriedad el envite, está pensando: “De prevalecer un orden del corazón, me estaría colocando así en la alegría de convivir sin pasos tristes, ha de ser ese el caso de los que se manejan bien con su estima, los íntegros”. De cuclillas en el somero vehículo, Dupreni está mirando la luna llena a través de las ramas del pinar. El joven escucha otros controles que Emilgia abriga para él: “Sos un hombre hecho y derecho, ya te queda chico el trabajo con la vestimenta”. Lo está despidiendo de su trabajo, dice ella que así le aumenta su libertad, favoreciendo su crecimiento personal y laboral, tendrá él una esperanza dinámica que finalmente lo colocará en mejor ubicación. Y es la llegada al camino, el final del curioso trayecto: “Tendré que desconfiar de las sensaciones mías para los tiempos que corran; ya no habrá nadie como ella para mí”. Dupreni está lagrimeando cuando ella se le ubica cercanamente, lo besa en los pómulos sobre las lágrimas. “No me lloriquées, varón”. / “No sé que te has creído; los plenilunios son los que me ponen así de sentimental”.


pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

“..es entonces cuando oye..”

   Al otro lado de la calzada se ven las luces de una galería comercial que rodea una plaza seca, allí está brillando “Del Tiempo”, insistencia del letrero de uno de los locales. Dupreni no vuelve la cara cuando padre, hija y carretilla, comienzan de regreso a internarse en el borde cercano del pinar. “Tendré que desconfiar de las sensaciones mías para los tiempos que corran”. Y avanzar por veredas con perros, por senderos de cabras, hallazgo de un viejo pantalón. Siente una reserva de potencia que tiene disponible en una casillita de su personalidad; es entonces cuando oye que el papá de Emilgia le vocifera: “¡Usted es fuerte!”.


..”Creemos que nuestro futuro estará hecho por el amor y la esperanza, no por la violencia y el cálculo.” Fray Luis (Thomas Merton)


 Sergio Edgardo Malfé
 Argentina, Abya Yala; Abril de 2016


¿Tomando por sorpresa a otra Entrada en ésta Blog?

Hipersalena Aleatoria, por Aquí



patios del albardon/: ..”altozanos; enderezar; enganches; escollera; ponerle; tripulantes”..
2015/05/19, 2:41 pm
Filed under: agua-en-vasos, Narrativa, Poesía | Etiquetas: , ,

   En los patios del albardón


    (Tiempo de lectura: 12 minutos)

«Con la creciente llegaste  
en murmullo y desazón  
hasta las altas barrancas,  
Río de muerte y furor.  
Pasaban casas boyando,  
maderámen y dolor,  
te llevaban las distancias  
en torrente bramador.»  

Ramón Ayala  

   Era de noche, palomita langostina del pantano, y todos nos habíamos evacuado; pero no estemos tristes, contemos los operativos que se tuvieron que hacer para la evacuación, y que así mucha gente inundada llegase con nosotros a los silenciosos altozanos: Afortunada gente, de andares desgastados y desolados, los delitos abrochados en las ropas: ¡todas actividades irremediables! Y como esto está medio vinculado con secretos militares, contemos sólo un poco: Uno de los funcionarios, Pontaldo, fue hasta los archiveros, las ruinas, y sacó papeles: son mapas, uno de ellos con participación ciudadana. Había dejado de llover un poco, las causas se nos empezaban a enderezar, reparación de fatalidades, venía clareando.

   Nos quiso encimar la continuidad de historiales, el administrador Pontaldo, sumándola a los enganches del cielo despejado. Medio acostado en el barro de nuestro albardón, y medio sentado en una cama, Pontaldo nos señaló en un mapa la escollera, que deberíamos colisearla, pequeña langosta del pantano: Irle a la escollera, con estreno de ropas planchaditas y trajecicos paquetes, en continuidad de historiales. Estaba muy entusiasmado con el plan, cargas de demolición, parecía no darse cuenta de nuestro estado, sólo un breve respiro, las ruinas hialinas, el pantano trepando por las cuadrículas, y en cualquier instante oscurecería de nuevo, el ventarrón, ¿y si se desenganchasen las lanchas?.. “¡Pontaldo, esto de ponerle explosivos no está muy bien, actividades irremediables!”, le dijimos: “Además, no estamos como para volarla, ni para colisearnos en la escollera, nuestra precariedad, los altozanos en ruinas, todos evacuados.”

   Cambió entonces, parecía desechar Pontaldo la cosa: “Algo violenta quizá es la idea”; aunque al instante nos preguntó melancólicamente: “¿Alguien iria después a ponerle de los nuevos?; Hay otros explosivos para la escollera, son light” Lo mirábamos a Pontaldo, algo cariacontecido el hombre, y se nos había puesto bastante obeso. La delegación de evacuados en pasantía, sin agresividad, y como diciéndole.. ¡ey, aquí estamos nosotros, mire!, le dirigió amistosos comentarios del tipo “es muy difícil”. Una muchacha, muy popular entre los pasantes, con una escoba de pichanilla que esgrimía, se dedicó a peinarle el rostro, frente y perfil; y por estos suaves pases de la escoba, el rostro de azoramiento que nos iba mostrando Pontaldo parecía decirnos que el personaje estaba en la misma indigencia, él como todos los evacuados; y el pantano trepando por las cuadrículas.

ruinas hialinas

«.. vigiladas por boyetas..»

   Las lanchas nos habían traído; Para ubicarnos a bordo tuvimos que seguirle los pasos, en cada embarcación, a la respectiva dueña de casa. No había todavía riesgos de hundimiento como los presentes: Las lanchas ahora se agitan por el crecido oleaje; sufrimos el embate desalmado del viento cinerario. ¿Qué nos espera si los altozanos pierden sus lanchas; ¿tendremos que hacernos armazones de madera con los despojos para colocarlos alrededor de nuestros cuerpos?; ¿o habremos de integrarnos como habitantes de ámbitos silvestres?, ¡zoológico! Era distinto en los primeros momentos de la evacuación: Nos habían guíado las dueñas de casa, cuando abordamos las lanchas; nos llevaron hasta unas farsescas gradas y barandillas en las cámaras de proa, hacia la afrenta de los palios envarillados, solemnidades. Por suerte, muchos nos desenvaramos y salimos a cubierta para averiguar; y desde la toldilla militar pudimos distinguir en el horizonte los promontorios; ya llegábamos. Volvimos al salón de navegación para poner a salvo de indiscreciones náuticas nuestro secreto estratégico: la alimentación barrocosa que nos protege, no habría de ser parte conocida por la avidez coliseal de los tripulantes.

   Y lo que está ocurriendo ahora, langosta pobre palomita del pantano, parece ser otro coágulo de Pontaldo, otra carga de demolición. Está él diciendo que nuestra salida bien puede ser la de treparnos a algunos muros de estas ruinas hialinas. Ante esto, los delegados han puesto sus miradas sigilosas, a través de los restos de ventanas, en lo que fuesen patios y jardines del albardón; Parecen estar buscando alguna de las paredes que menciona Pontaldo, y no se muestran proclives con el proyecto. La muchacha que usó su escoba antes para despejarlo a Pontaldo, le dice ahora: “Más nos valdría que costiémos los caminos para retornarnos cada uno a su casa; nuestros umbrales tienen paredes más seguras que éstas”. ¡Muchacha popular!; A su vez, Pontaldo la está amonestando: “Los pasantes son los evacuados más problemáticos; ni pensar en ello: que de este precario refugio se vuelva la gente allí donde hay más víboras, ¡eso jamás!; ¿y la carencia de alimentos?”. Algo de razón tiene; aunque el tipo probablemente sea un depravado y quiera retenerla en las ruinas, actividades irremediables, para abusar de ella y de paso extraerle datos sobre la apicultura de la que se ocupan los pasantes.

ruinas hialinas

«.. las lanchas han quedado vigiladas por boyetas..»

   Nosotros podemos intervenir para proteger a la chica, hasta asesinarla, ella se encuentra al momento en el territorio propio de él. Pero está agregando algo el administrador, no estemos tristes; Salgamos de la lluvia, langostita, las ráfagas arrecian; coloquémosmos bajo el toldo de rescate y oigamos en qué siguen las argumentaciones de Pontaldo, a ver qué dice: “…motivándolos para que hagan algo, que aseguren las lanchas; después podrán llevarnos con ellas hasta el terraplén; para mí que ahí está la charnela: Hay que darles de comer a los tripulantes, conocerán nuestra dieta barrocosa, es nuestro secreto estratégico, pero su dinámica autónoma continuará en funciones y se nos restablecerá como propia, nuestra dieta estratégica va seguir indemne, que ahora los efectivos la conozcan no nos afectará en nuestra seguridad futura, y al compartir con los milicos un gofitún barrocoso, estaremos interviniendo sobre toda la situación; ¿qué opina la asamblea?”. Pontaldo así dejó en suspenso las acciones; veamos: Los delegados pasantes están de acuerdo, y la junta conversacional de evacuados también, trepando el pantano por las cuadrículas.

   Al momento uno de los delegados les hace a los tripulantes una llamada radioeléctrica. Los muchachos se acercan, nos dicen que las lanchas han quedado vigiladas por boyetas, actividades irremediables. Bajo el toldo de rescate compartimos todos el refrigerio: gofitún barrocoso en el albardón, las ruinas; en pocos minutos consumimos las escudillas dietéticas. Es curioso, coincide el beneplácito coliseal de los marineros con un serenarse la tormenta; parece que no vamos a terminar tan mal, y jamás donde hay más víboras. Un pasante propone: “Está aclarando; podríamos aprovechar la calma, muchachos; ¿qué tal si embarcamos y ponen ustedes rumbo hacia el terraplén?”. Manifiestan los marineros acuerdo con la propuesta; renovado andar de las tripulaciones hacia las barquichuelas; hasta tenemos sol, se levanta campamento. Mientras en eso estamos, palomita pantanera, oigamos la apostilla de Pontaldo: “Para nuestra salida, no nos van a hacer falta fondos, ¡qué suerte!; pensaba pedir rescate a la Capital por el cadáver que tengo secuestrado” … “¿Cuál cadáver, jefe?”, le pregunto … “El de este cuerpo mío; mi existencia la tengo bastante muertita por mi quehacer como funcionario” … “¡Pero que buen humor se tenía guardado el Pontaldo!”, decís vos; y muy bien lo dijiste, langostita. Nos vamos yendo para embarcarnos, y trochar hacia el terraplén, no es tan lejos ■

 Contenidos relacionados con «..Patios del albardón».  (Enlaces en la Blog)
 * Cocos de chanfle
 * En el Area Facultada
 * Presencia.. Esperada (notintroductoria)

  Sergio Malfé
Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, mayo de 2015.



muecario-controlado:/ ..”conocidos, :naturalista, :dispararles, :fascinada, : probabilidades, :deslizar, :fieros”…

  S. Edgardo Malfé
Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, mayo de 2014.

 

Muecario Controlado


[Tiempo lector en (h:m:s),

totalizando esto 0:23:27]

«Sabía pocas cosas y rechazaba muequeando a las que lo rondaban queriendo ser sabidas.» Juan Carlos Onetti, El astillero.


(0:00:10)
 Cruzó con alguien que conducía muchos hocicos perrunos; cuando él se acercaba, a pie por la ruta muy transitada. Hallándose encantado por la costumbre exploradora de una naturalista visitante en el poblado, Barriero se le había animado finalmente en la tarde anterior, y conversando de cañadas y cocoyales, ella le había dado sus señas: Julia Porfisbián, la naturalista, se encontraba alojada en una casa de la Villa Carretón, a la cual intentaba él arribar. Paradero tan particular donde la chica de paso residía: La caseta de la Kunz -en el poblado la llamaban “Oma Kunz”- habitante de un bohío ubicado en la costa, al costado del camino que va a Punta Zubonza. Atestada de personas conocidas, en el mediodía, la caseta bullente.

(0:01:15)
 Ahí dentro mucha gente del poblado estaba observando la conducta de dos cuchugretes amansados. También había un par de personajes recién venidos -a Barriero se le hicieron notorios-, sumados éstos a todos los que compartían el ámbito de observación; con los dos cuchugretes en el centro de la caseta, sorprendentemente despaciosos; igual estaban contenidos preventivamente detrás de alambre tejido. Y todos ahí -¿por dónde se habría metido la naturalista?-, todos persistían en la penumbra grisácea y monótona de sus apaciguadas somnolencias. Con la venida de Barriero se irían a dar más cuenta de más cosas y de como se iban éstas a arreglar.

(0:02:10)
 Se encontraba allí también otra nueva, una niña muy vivaz. Aleteaban los voladizos monjiles de la techumbre portátil en su cabeza, por los correteos saltarines y cantantes con que la pequeña se prodigaba. La niña iba articulando un ritmo agudo y veloz, danzarina en derredor de la concurrencia, con el romanticismo de su histrionismo estelar. Los cuchugretes muy tranquilos en su aparte, desparramaban sobre el cascarillado sus amansadas anatomías salvajes.

(0:03:29)
 Con ese armatoste encima de ella.., “parece una monjita de Fellini”, comentó Barriero para los conocidos; el dicho les causó sonrisas adormiladas a varios de ellos. “Es mi hija”, respondió uno de los varones nuevos -con abundante cabello blanquecino, un bayo muy claro, daba la impresión de un gato-. Continuaba el marcaje rítmico de la chiquilla. El que se decía su padre puso sobre Barriero una fijeza seria y un silencio. La misma disposición crítica que el desafiante, tomó el otro personaje nuevo, un figurón tosco pero de ojos verdes.

(0:04:00)
 “Si a los caballeros les disgusta lo que digo, ¿por qué no se retiran?” Al tiempo que esto decía, Barriero estaba preguntándose cuál sería la razón para que la naturalista nada le anticipase acerca de su captura de cuchugretes; ni un indicio le había dado, y eso que habían conversado largo sobre la naturaleza del lugar. Mucho le había interesado a Julia Porfisbián, el agrupamiento de cocoyos que él le mencionó. A su vez, la naturalista le contó sus investigaciones con forfículas; ella también quería observar y documentar los crespines de los pajonales. “Será un gustazo que me muestre el cocoyal, seguro que de camino encontraré crespines”, con buen humor se lo había dicho, y en eso quedaron; pero ni jota de estos cuchugretes sorprendentemente mansos. “Ninguna tiene valores”, se decía Barriero, en el mismo instante en que enfrentaba impasible las expresiones de los dos nuevos.

(0:05:11)
 El hombre parecido a un gato, con los ojos de asombro muy abiertos, anunciaba en su gesto mudo, la boca como en un grito, que ya lo iba a morder. La frase como reverberando: “Si a los caballeros les disgusta lo que digo, ¿por qué no se retiran?”. El personaje toscazo, robusto y áspero de carnes, había retraído sus ojos verdes y adelantaba la mandibula inferior, prognática de por sí la pieza, muy diferenciada del total de su cabeza. En ese momento, la niñita con el tocado monjil saltaba, ante la entrada de la caseta, saltitos breves y fijados en ese punto. “Aquí tenemos a la novicia rebelda”, dijo una voz resuelta de mujer. Llegaba también la naturalista; y quien había bromeado y caminaba delante era Oma Kunz, cubierta como siempre con un sobretodo, la dueña del cobijo.

(0:06:20)
 Julia y la Oma pasaron dentro, y pescaron el ambiente de gresca. Los hechos fueron vertiginosos; los animales ablandados se habían arrimado al cerco de alambre tejido, y prorrumpían en un “zop zop” ininterrumpido. Los vecinos en la caseta murmuraron su contento por estas expresiones de los cuchugretes; nunca antes a esas fieras se les había oído nada semejante. Esto se debía a la humeante fuente grande de loza que portaba la Porfisbián, “zop zop”. Rápidamente recomenzaba aquello: Oma Kunz había sopesado la situación, apartó con gesto de referí a Barriero, y encaró a los desconocidos: “Ustedes no son de acá, ¿qué les pasa?” .. “El señor fue irrespetuoso, hizo burla de mi hija”; quiso rechinar eso el blancuzco, pero un murmullo general desaprobatorio le atoró el planteo. El otro se le lateralizó, el grandote, moviendo la cabeza en cortos y alzados giros enérgicos, en un oteo registrador y pugnante.

(0:08:05)
 La dueña de la caseta quiso evitar un desenlace con gresca general. Como medida de control extrajo de dentro del sobretodo una pistola amenazante que llevaba bajo el brazo. Manejó el tosco fierro con languidez; Demasiado grande para sus manos, pero letalmente prendidas éstas a las superficies negras y rugosas de las cachas. “Miren una cosa”. Una contundente argumentación esgrimía Oma Kunz con gesto displicente en sus manos flojas -parecía su odio frío dispuesto a dispararles ahí mismo-.. “¿Verdad que ya se calmaron?; Quédense aquí cerca y que yo los pueda ver; ¿Vieron?”. Al retornar la pistola bajo el brazo de la Kunz, el ambiente en la caseta efectivamente se había serenado. Y de sus adultos se había tomado con las manitos, la niñita del tocado aleteante; con mucha atención seguía la escena en una nueva instancia. Todos estaban mirando cómo la naturalista Julia volcaba en las escudillas la pasta humeante. “Zop zop”, se acercaron a abrevar despaciosamente los cuchugretes.

paisaje

ℑmagen fijadora del muecario


(0:09:30)
 La gestora de la domesticación, a solicitud de Barriero, declaró para la concurrencia fascinada lo que estaba suministrando al dúo de cuchugretes, un herbaje mezclado: toronjil, corteza de canelo, tiririca, calucha… Todo mezclado con cerveza en un condumio de champignones seleccionados. “El preparado les hace un carrousel dentro del cráneo, consigue que estén ablandados, indiferentes; que sino.. la fiereza, y aún con la pasta.. tenerles prevención”.. -Esa misma indiferencia no se sabría en qué pueda resultar-. Comentó la naturalista cuán sensibles son a cualquier violencia los cuchugretes, aún con la innovación de la dieta amansadora: “Se dan cuenta y se agitan, lo expresan con gruñidos roncos y chillidos, son como un aviso antes de irle directamente a la cabeza con los colmillos al individuo amenazante”. Entre bostezos, uno de los vecinos señaló el cambio de colores: “Debe ser por la dieta”, dijo lentamente: “Ya no tienen cruzados los anillos pardos; las rayas de pelaje cyclamen todo a lo largo les quedan muy bien”.

(0:10:55)
 “Si le agregás algarroba al preparado, quizá se puedan desarticular, con la saciedad, las consecuencias peligrosas”, le pareció a Barriero. “Ah, bueno; ése es un aporte de alguien con la suficiente experiencia”, deslindaba risueñamente Julia: “Unos cuantos añitos más que los míos tiene el amigo”. La humorada de ella desde junto a las escudillas produjo, en Barriero, un movimiento de cabeza, de lado a lado, un gesto que no era de negación sino de duda. Pero en los nuevos, hacia quienes tuvo que dirigirse la mirada de Porfisbián, pudo observarse una actitud jactanciosa; como anotándose macizos en un desquite, se aumentaban ante Barriero sobradoramente; mirándolo con sorna estaban el blancuzco y el grandote. Él optó por distanciarse de la reunión; levantó la vista en la sórdida caseta, fijamente interesado en los atractivos detalles del techo. En un rincón estaba sentadita y atenta la Kunz, quiso hacer un intento táctico para despejar las probabilidades de riña que retornaban: “¡Vaya!; Barriero, usted no comió, acérquese a la mesa y sírvase algo”. Aceptó esto el aludido y dió unos pasos graves hacia donde la dueña de casa le señalaba. Una mesa que había estado con comidas -la niñita saltarina en el mismo instante lo siguió-, nada más que platos y fuentes vacías vió Barriero.

(0:12:15)
 “¿Donde está la comida; cómo no encuentro la comida; aquí había para comer, qué pasó con eso?”. A estos murmullos desorientados la chicuela respondió con voz sombría: “Tu comida está muerta desde hace tantos años, viejito; ¿todavía no te das cuenta?”. Los otros dos personajes forasteros se acercaban, deleitados y radiantes, se arrimaron a la mesa vacía como péndulos imposicionantes, oscilantes caractéres nuevos. Barriero les dió la espalda y preparó los puños. Eran visibles y olibles en los tres nuevos las manchas color caca de bebé con que se habían ornado en su actividad malandrina, no les importaba. La dueña de la caseta ya estaba encima del tema: “Al final cagaste, nena”, manejando displicentemente la pistola lo ha dicho. Kunz hace hablar ese arma como un títere, cuando la mueve afirmando: “Cagaron los tres; Ahora van a tomar un baño; Vamos saliendo”. Una mojadura escalofriante, la higienización planteada por Oma Kunz; tendrán que atravesar el patio para ello: “Antes que oscurezca, sino las aguas van a estar demasiado frías, eso no sería agradable, ¡caminen!..” -Barriero sale detrás de la comitiva al patio delantero de la caseta-. “..Que si el amigo Barriero nos alienta, tal vez la escarcha de la canal se funda”; y él asiente al verlos andar. La partida del quinteto -niñita, los dos caractéres, la Kunz, y su pistola-, toma por el sendero que bordea los manglares y lleva hasta un acantilado de poca altura -es en realidad una barranca con pastos que enmarca la canal flotante de Carretón-, allí siempre hay patitas y gaviotos nadando. “¡No teman, que no es hondo!”, jovializa Barriero alentador. “¡A zambullirse!”, remarca la poseedora de la pistola, parecía que en cualquier momento se le iba a caer, pero no.

(0:14:28)
 Son las últimas horas de la tarde; momentos propicios para hacer deslizar sobre las cosas la mirada. Con serenidad, a pesar del intenso tránsito por el camino cercano -la marcha principal de los vehículos es ahora desde Punta Zubonza hacia el poblado grande de Carretón-, está disfrutando Barriero del ambiente. Aún están cercanos; presencia él los pasos del séquito que se aleja por el sendero. “Además de carecer como todas de valores, la Kunz es demencial”, apunta para sí. De su calmoso atardecer lo sustrae un hecho que está registrando: otros cuchugretes, bastantes, deambulan por el campito. “¡Epa, se nos vienen todos los bichos!”, da el aviso para la gente en la caseta, y con inquietud -ya que está percibiendo tensiones en la hilera que custodia la Oma-, en rápidos trancos Barriero alcanza a la comitiva del chapuzón. Se han puesto irascibles y molestos: “¡Va a responder por esto ante la justicia!”. En coincidencia con la agitación en el séquito, se ha acercado al paso de los nuevos un grupito de cuchugretes. Estos bichos agitan los bigotes, erizan el pelaje del lomo, emiten unos gruñidos roncos; cuchugretes que exhalan un intenso perfume amoniacal. Y todas esas expresiones tan convincentes son secundadas, por un estampido que la Kunz al aire obsequia. Ya están aceptando las condiciones, se apancha la protesta de los penados; acompañados por la manadita de bichos, se encaminan hacia la frescura ácuea de la zona, por detrás.

(0:16:33)
 Asomándose desde la caseta, los vecinales están en la observación de seis o siete animalejos que han permanecido cerca. Los movimientos lentos que la Porfisbián ha conseguido con su preparado, permiten a los pobladores la apreciación plástica en torno de esas salvajes figuras amansadas; como somnolientas esculturas animadas de peluche, sueltos cuchugretes rondan en el terrenito. Barriero ha retornado a la puerta de la caseta; lo ve aprensivo la naturalista, le explica: les ha dado tratamiento a todos esos bichejos: “Un suplemento les suministré, en sus comederos habituales; la masificación no ha de descuidar las diferencias de peso, en cuanto los ejemplares portan diferentes metabolismos, engordan o no lo hacen; hay que alimentarlos a diferentes horas, según sean sus organismos”. Barriero se aquieta: están los sueltos en un sopor blando, como los de adentro, también la gente. Son extraños fenómenos puestos en evidencia.

(0:17:57)
 Destacándose de entre los concurrentes, se acerca a la conversación uno de los pobladores expertos, habla lentamente: “Amigo Barriero, usted ha de renegar de los escalafones aparienciales, no debe seguir atento a las ocurrencias que se le oponen”. Este consejo acerca de las complicaciones adversas hace que el aconsejado responda: “Tienen la costumbre, maestro, es parte del marco social de estos lugares, la parte traicionante; los que toman por la contraria se hacen notorios por su hábito de tirarte con el capuchón, inmediatamente lo recobran, nuevamente te lo arrojan, o de otro modo: Tendencias del momento, aunque sin excluir la causa que anteriormente mencioné: Hechos, ya no fenómenos, componentes notorios y cruciales, y lo son por las derivaciones que inducen, hondas miserias sin análogos ni precedentes”. La tirada de Barriero hace que Julia se exteriorice -quedo le dice que después tendrán algo que hablar aparte- “Pero es así nomás”, agrega ella ahí para todos, “los aparienciales tapan lo que les parece objetable; un ejemplo lo tuve con mis primos, de ellos algo aprendí, intentaron un criadero de mancuspias en Puán, y se les fue encima la dominancia, un desastre”.

(0:18:39)
 Barriero comienza a decirle: “Tengo conocido lo de tus primos, ellos mezclaron por demás las cosas..” Entonces lo toma del brazo Julia; se ponen ambos a algunos pasos de la caseta. “Armaron demasiada rosca sobre el espíritu natural”, continúa Barriero: “Habían complicado el equilibrio ambiental y social, con sus afanes criadores”; y agrega él murmurando: “Todo por unos bicharracos monstruosos; y la verdad es que estos otros acá ya me tienen podrido”. El ha expresado desagrado, y esto provoca en la naturalista una mirada reprobatoria: “Mis primos se centraban en su su obrar propio, como personas, sin seguir las corrientes”, responde ella en el aparte: “Eso no estaba contrario a tus denostaciones contra las tendencias, lo que recién nos decías; ¿o ya te olvidaste de tu palabrismo, te pegó el Alzheimer o algo parecido?” … “Como usted no puede quitarme diez años -ni que lo intente, por favor-, se me pone zumbona”. Se cansó el Barriero, le está diciendo a Julia, en otras palabras, que la ironía de ella se corresponde con su voluntad de dominación, la que está expresada también en sus manejos amansadores para los fieros cuchugretes; son conductas soberbias y contaminantes, resultados de cierta ebriedad que en un principio a él le caía bien, aunque ya le huele mal. “¡Vos tenés que portarte y hablar más de acuerdo con tu educación y tus años, con más señorío!”, puntualiza la Porfisbián. Reniega Barriero, no la aguanta: “Me enfermás; ¡encontrá por vos misma los crespines!, fue muy bueno haberte conocido, señora, le agradezco su atención.”

(0:20:32)
 Julia lo ha escuchado con un despliegue de indiferencia. Para el lado del camino encara Barriero, pensando él al dar un primer paso: “Si ella se apura y marcha antes que oscurezca, quizá encuentre los cocoyos, ¡y que le vibren las forfículas!; ¿Qué garantías tenemos sobre otras maniobras que vaya Porfisbián a hacer?, pueden resultar conflictivas, peligrosas, o dañinas”. No alcanza a distanciarse; un cambio en los ejemplares más cercanos le pone freno. Tal vez se deba a las voces discutidoras entre los dos: algunos cuchugretes parecen estar agitados; emiten chillidos y saltan lateralmente. De los conspícuos movimientos larvados previos, han pasado los más próximos a instantáneas saltimbanquias: con elasticidad despegan todas sus patas al mismo tiempo del suelo, para asentarlas firmemente un par de palmos al costado. Volviendo en un relámpago al primer punto, los chilludos animaluchos repiten, con ojos brillosos, la pirueta que renuevan. Esto lo ha inmovilizado a Barriero: “¡Miren cómo se han puesto las bestias!” Los señala el canalla: los cuchugretes han rebasado de hecho el estilo gasterópodo, con una motricidad velocísima; ya no están caracólicos sino que parecen.. ¡caracalas! “Vaya tranquilo, amigo, que el tema no es con usted; sabemos que hiciste todo cuanto has podido vos”, manifiesta la naturalista. Los montaraces bichuelos comenzaban a entonar el “zop zop” … “Vaya tranquilo, que mis chicos quieren su papilla”. La deja ahí Barriero, y va pensando: “La culpa no es de los bichos..; es Julia, con las maniobras domesticadoras que hace, para proveerse de un sentimiento de superioridad, ha de ser que lo necesita; sobre la cuchugrética yo voy a hacer otra cosa..”. Al embocar el camino piensa el ancianito: “Intentaré bloques de texto que puedan ser cultura llana; intercambios para un vivir bueno, sereno y despreocupado, día por día, y cuidar de esto para que no vaya a ser desgastado por las tendencias de la época, con éstas alguna relación suplementaria habría que sostener”, eso va reflexionando, por delante.

(0:23:07)

« ..prestaba indiferente su cabeza para que la habitaran y recorrieran recuerdos mezclados, rudimentos de ideas, imágenes de origen impersonal.» J.C. Onetti, ibid.

«..”ni con lo más alto del pensamiento se alcanza la sabiduría” .. “una razón humana hay que tener para una vida sin pena”.» Eurípides, Las bacantes.


(Tiempo lector totalizado: 0:23:27)


 En relación con «Muecario Controlado», sus notas y enlaces revistan en la ficha siguiente
  • anexo-muecario-enlaces-notas
  • Al comienzo de esta Entrada.. S U B I R


  • Tal vez usted pueda encontrar un poco más de contenido por debajo de los anuncios que ocasionalmente aparecen.
    Perhaps you may find some more of content below the occasionally shown ads.




    un-reportaje:/ “..tractor, :pasajeritos, :terminar, :viejos, :ataques, :cementerios, :observando”..

      S. Edgardo Malfé
    Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, abril de 2014.

     Un reportaje más


    “..y es penoso empezar a decir, con dulzura, esta clase de cosas: la vejez, la pobreza, los pasados muertos, continuar diciéndolos así”. Juan Carlos Onetti

    -¿A ver qué cuenta ahora de estos últimos meses?-

       «Tantas cosas pasaron, no puedo recordarlas todas.»

    -Al trencito de los niños del verano, ¿lo recuerda?-

       «Claro que sí, en el ómnibus aparte venían los padres, llevábamos docenas de chiquillos en cada viaje. La decoración del remolque lo hace parecer como un vagón de los tiempos viejos; y al tractor adelante le tenemos superpuesta la pinta de una locomotora a vapor.»

    -¿Adonde van en ese trencito, cómo fueron los viajes?-

       «Cada vez salen distintos, me acuerdo de un domingo de mucho calor que los llevamos al cementerio Ricafort; mientras uno del grupo nuestro manejaba el tractor, otros dos en el trailer hacían clown y preparaban a los pasajeritos para la acción directa; les dimos las herramientas. Todas y cada una de las tumbas y bóvedas fueron arrasadas, demolidas quedaron, todas las lápidas quebradas a mazazos.»

    -¿Los niños hicieron eso?-

       «La campaña que le digo la hacíamos para matrimonios nuevitos con hijos de hasta diez – doce años. En el caso del cementerio, al comienzo, la chiquillada iba rompiendo como podía, sin mucha fuerza para terminar con el marmolaje, pero enseguida bajaron de su ómnibus los papás, y ahí sí que se completó la venganza. Todo muy familiar.»

    -¿Y por qué lo hicieron?-

    «..está en nosotros el deseo..»

    «..está en nosotros el deseo..»

     «Todos tenemos algo por lo cual vengarnos. Para hacerlo hay que aprovechar la fuerza y los impulsos que tenemos mientras somos jóvenes. Porque después y con los años, tendemos a aceptar los gestos sustitutivos con los que intentan calmarnos los que antes nos dañaron: Nos hacen regalos, se protegen con algún dinero para que no los destruyamos. Saben que está en nosotros el deseo de tomar venganza, y esas ganas se van amortiguando con el trabajo que el tiempo nos hace; Nos dan algún pago para que nos quedemos tranquilos. Al mermarse el poder divino de la juventud -se dice que la venganza es placer de dioses-, nos volvemos negociadores y cobardes.»

    -Entiendo, fue una campaña con padres jóvenes y sus hijos. ¿Pero contra qué se vengaban en los muertos?-

       «Respóndame usted: ¿Quienes hicieron las condiciones para que nazcamos al sufrimiento en este mundo de locos? Y lo que hicimos en la campaña que le refiero, no fue solamente para vengarnos de las condiciones en el mundo, sino que así en equipo, nos estamos previniendo de mayores daños. Se sabe el odio envidioso que los viejos tienen hacia los jóvenes; Nuestras acciones preventivas tenemos que cumplirlas antes de llegar a viejos, para no tener nada que ver con algo peor: Son mucho más aterrorizadores los males que urden los muertos, con su envidia y su rencor hacia los que aún viven. Al arrasarles esa vez una de sus bases de operaciones, un poco de tranquilidad ganamos los del equipo de los vivos. En todos los cementerios habría que hacer lo mismo, demolerlos, así no tendrían apoyo para sus ataques, muertos del diablo, estaríamos más defendidos todos, hasta los viejos.»

    -¿No sospecha que entre los viejos podría haber nostalgias de su futuro cercano, que entonces intenten sabotear las demoliciones?-

       «A esos quintacolumnistas, si los hubiera, con nuestro grupo los vamos a identificar y neutralizar. Tenemos programadas -esto ya lo teníamos conversado con las primitivas autoridades- una serie de viajes del trencito. Pero van a ser viajes con viejitos, claro está que a otros cementerios, al Ricafort ya lo terminamos. El primer trencito de los viejos cubrirá el cementerio Descangayo. Vamos a estar observando bien cada integrante del pasaje cómo se comporta. Para el control de dudosos y el arrasamiento contaremos con la ayuda de observadores voluntarios, además de los familiares que irán en el ómnibus para colaborar en los destrozos.»

    -Si me permitiere su grupo sumarme a la campaña del Descangayo; ¿dónde me ubicarían, en el trencito o en el ómnibus?.. Tómese su tiempo para contestarme, se lo encargo para después del té-.


    “A su tiempo lo comprenderás todo”. Graffiti


    Contenidos del Blog relacionados con Un reportaje más
     
  • Tras la verdad de un hecho, el reconocimiento de Ostaciano.
  • En la vena del preguntar, Poema Concreto
  • Particular emprendimiento vendedor en un cementerio.
  •  
    Enlaces externos        
     
  • Descubrí «Cementerio abandonado, nada al cuadrado», un post relacionado con éste “Un reportaje más”. Fue (2015/abril) a partir de navegarle el Tag Relatos a WordPress.Com. El post «Cementerio abandonado…» forma parte de otra Blog que me pareció recomendable y se llama «MalditoDomingo». Allí están publicadas fotos bravas e historias que están registrando la belleza de fatalidades realistas y revulsivas. En palabras de Yasunari Kawabata: «Lo que así parece es un modo de anhelar la vitalidad.»


  • recuerdo-plazoleta/: “..diademar, :armatoste, :todos, :recorrido, :vicisitud”..
    2014/02/18, 5:34 am
    Filed under: agua-en-vasos, Poesía | Etiquetas: , ,

    «Se ha dicho que la cultura es lo que queda cuando ya no se sabe nada, es la condición misma del ser humano. Toda cultura es trascendencia y superación; en cuanto se detiene se vuelve incultura, academismo, pedantería, lugar común.» Emmanuel Mounier.

    Como es puro recuerdo la plazoleta civil..

     
    …A diademar inicios de un roscón doble nos pusimos,
    estudiosos de museo, ausentes y dándonos cuenta de
    lo latente que perdura; somos como muchachada
    huésped en una vital ceremonia honrosa, pan y
    ventana, refugiados, comida natural, cisnes nadantes.
     
     
    Nuestro manejo sudoroso se bisonta; nadantes
    con entrañas despojadas de todo brazo sostén;
    al armatoste redondo y tartamudo diadememos;
    La unida acción dé respuesta a la general irrealidad;
    Y tal vez esto esté bien, la audiencia en su juicio opínele.
     
     
    En nuestro bisontear estamos, hagámoslo con las hijas;
    Teníamos antes plazoleta pensada, otro lugar,
    donde atemperar ahí los paroxismos; Queríamos
    olfatearlo al mercenario, al chacal cañoneador;
    señalarle que si lo hace, sólo tendrá cariños buitrales.


    Destacada por Picasa_3, es imagen propia

    ℑ: «..otra salida adjunta..»


    «Evítatelo por siempre al olor de carroñeras, mercenari@;

    Te despojes de uniformes, y salgas hacia la amistad.»

    Antes te dijéramos así; eran otras luces, plazoleta lumínica.
    Pero ahora, con las hijas y armatoste, en otra situación,
    es lo de ensamblarte hondonadas gruesas de silencio serio.
     
     
    Que si el destino quiere, aquí podamos endicar los inicios
    tan ausentes; ¡Y hartos estamos de angelurdias, nunca jamás!,
    porque el aliado de la muerte aún nos hiede chacalmente.
    Tal vez dentro pase en otra salida adjunta, si hay confesión;
    Alguien tiene que poder decírselo, con aparente indiferencia:
     


    «Usted se tiene que dar cuenta: los rumbos de deriva pulsan

    despeñamientos en la ruta, es la misma arriba abajo; también

    rechinan inflicciones y humos, los mismos para todos.

    Y al recorrido lo comportemos: es arribo con voces de cada lugar.

    Usted estará pintadito, en medida boscosa caricata; iría al puerto.»
     
     

    Avalemos aparte si hace lío, si intrusiona en el geoide cespitoso;
    estorbaría las raíces rientes; Los mencionados trucos no sean así
    esquirlados, ni con tal vicisitud huidiza y regenerada se abrumen.
    Y que no se altere la coincidental urdimbre; para toda la gente en
    demanda de certezas: están las valijas, ir para el bosquecillo.
     
     
    …Hediondo y Roscón no tenían a nadie, los de inicios ausentes;
    Con luces perseguidoras, no se redondéen la tartamudez…
    Y un aviso breve hacia la audiencia: que en caso necesario,
    renueve de estas líneas su lectura, si no las comprendió;
    se hacen una última miseria al repasarlas con ojos cerrados.
     

     


    Sergio Edgardo Malfé
    Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, febrero de 2014.   



    como-evocacion-historica/: ..”portento, :cenizos, :entonan, :crisantemo”..
    2014/01/24, 12:44 am
    Filed under: agua-en-vasos, Poesía | Etiquetas: ,

    Tipo evocación histórica

    …Por lo cual, un gran alivio,
    que es como de esferitas blancas, unas
    que brotasen en el sordo destrozo de
    atropelladores bloqueos infelices.
     
    Si al portento lerdo lo adoptamos,
    pueden ellos cautamente despertar,
    nuestros habitantes de ceniza…
     
    …Viven en los tardíos bordes
    de una ciudad siestera;
    cinerarios moradores de colinas,
    antiguas colinas sobre el río indolente…
     
    …Desde sus viejos portales ventilados,
    tal vez quieran saludarnos,
    ..inclinándose sus rostros grises,
    restos de ojos luminosos,
    ..tornasolada ausencia en las cenizas…
     
    Bienquerida, aceptada, bienvenida es,
    nuestra práctica visita sobria:
    Presencia que les llega a los cenizos,
    como una breve marca de luz seca,
    que consigue su acuerdo
    repentino en los dinteles…
     
    …Se enfundan ellos luego en
    campanilleos aparentes; entonan:
    “no nos hemos olvidado”;
    o lo repitan: “no nos hemos olvidado”.
    Con pieles pulsátiles y cenicientas,
    golpeteaban el decir sus labios…
     
    ¿Acaso sabremos, ya haciéndose la noche,
    si habrán asomado a vernos, si
    nos han entonado el comentario?
     
    Un tiempo imprescindible abrió su paso,
    era la decadencia del conocimiento
    que se nos hacía insostenible; y,
    …alternativamente: ¿sus bocas
    asordinadas se han cuerpeado,
    ¡o las colinas han estado solas!?..
    Quizá sólo sean plantas lo que queda.
     
    …Entre ladrillos de viejas paredes,
    agitación crepuscular de cinacinas
    vibrantes en las ruinas; arbustos
    que tiemblan memoriosos roces,
    casi susurros íntimos foliares;
    cinérea sonoridad de cinacinas:
    “no nos hemos olvidado”.
     
    Y así nuevamente, flotador otro tiempito;
    …ir disponiéndonos, reincidente y
    …bienintencionadamente,
    con el armario, donde
    puede ubicarse encendido,
    el gran crisantemo parpadeante;
    envueltos ahí dentro,
    sus secos y nítidos destellos,
    con un fresco abrigo de violetas.
     
    En la serenidad de un solaz, algo
    nos llama después, obstinadísimo:
    “debe haber alguna forma,
    debe haber alguna forma…”
     
    ¿Será posible que nos imaginemos
    bien diciéndonos: “todo esto pasa,
    como las ilusiones que somos”; y
    que al mismo tiempo, a las ausencias
    las tengamos bien presentes?
     

    «..en los tardíos bordes de una ciudad siestera..» ℑ..galpón en ruinas.

    «..habrán asomado a vernos..?»

    «..directamente desde allá, desde los pueblos de la primavera, desde los campos del olvido..
    y las lámparas de querosén abrirán toda su memoria
    sobre los libros abiertos, sobre las manos cerradas.» Yannis Ritsos


    Otros contenidos en este Blog, quizá con TipoEvocaciónHistórica tengan algo que ver

  • Del hilo de Entradas, enlace a la página 6
  • De los Armazones, ..la página 3
  • Mi enlistado de Entradas: ..la Página Uno; 1

  •  Sergio Edgardo Malfé

     Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, enero de 2014.



    pomberada / “..maniatarte, :adosado, :dibujitos, :dulcidas, :relato”..

     Pomberada (*)

    Contiene un pegote jaleoso, el interior de un tallo de palmera ahuecado todo a lo largo por dentro, una mezcla carragenada de palomas de laboratorio con jengibre; ocultamente está así predicado ese menjunje. Pobrecitas: hacen un relleno columbar embutido y picoso. Aún siendo científico, este puré de palomas se aparenta, aj, con lamparones neuróticos, que derraman fluorescencias tornasoladas. Y por más que te parezca comestible el penoso postre, ¡no podrán tus manos de dibujante hacer el dibujito!, aunque lo intentes.

       Gotonea el dulzor trucho, por medio de un grifo indecente sin arreglo y adosado al estípite contenedor. El dibujito no saldrá. Pues el plazo viene, aunque tengas tú decidida una elección que implique el desconsiderar cosas así: Que novedosamente estén fluyendo fuera frondas hijuelas de plumón verdoso. Este vil gotoneo azucarado provoca comentarios en alguien que se te ha cruzado; es una figura sonrisera que despliega su género polleril de la manera más imponente. “¡Está buenísimo!”, dice la ostentosa dama de ojos negros. ¿Viste?..

       ..Sus afecciones tienen expresión bordada o estampada; tales son las formas laboriosas y constantes con que ella interactúa. Sumamente gráfica, veloz y apasionada, no deja jamás de lado su “bredorja” (así llama a la aplicación de sus procedimientos). En movimientos muy rápidos y precisos, busca ahora maniatarte con las finas hebras de sus labores. Las fastidiosas ataduras de esta dama, son en principio nada más que simbólicas. ¡Sin esfuerzo puedes deshacerte ya de ellas!, antes de que vayas a encontrarte efectivamente maniatado para otros dibujitos.

       Tu voz ha de resonar con ecos incumbentes y catedráticos: “¿Viniendo vos de paisajes tan bonitos, ¡oye!, por qué te encierras en la confección de estos rituales?”. Puede dejar de mostrarse contentísima, y tal vez te escuche ella, cuando le emprendas este intento que quizá valga la pena.

    espinudibujo

    «..las dulcidas y amenazantes inclemencias hayan de estar sanadas..»

       Por ahí, ..si la haces reflexionar y la convences; si otra gente “bredorjera” circunstante no la atosiga -de fondo son buenas personas-, si no le insisten para que te dé condena ella por tus palabras: ..Marchará junto contigo; dándole buen tiempo los dos a los buenos cuidados. Marcharán por ámbitos canoros que no tengan ni palmeras destruídas ni pajaritos hechos bolsa. Ojalá que para entonces las dulcidas y amenazantes inclemencias hayan de estar sanadas, convertidas y transitables; en lo que será.. ¡una débil victoria verdadera!


    «¿Y los caballos? Mi problema con los caballos es más espinoso, una de esas cosas que se quedan clavadas toda la vida en el alma de una persona.» José Saramago, Las pequeñas memorias.



     (*) Nota: Está adoptado para darle título al relato, el nombre de una figura sobrenatural de la cultura popular en el área argentina de influencia guarani: El Pombero, amigo y defensor de los pájaros y la naturaleza. Por más información pueden verse fuentes externas:

    Forma en que actúa El Pombero, artículo en WikipediA.
     
    Describe el Pombero en WordPress.Com, “Mateando con Paco”.
     

    Sergio Edgardo Malfé

    Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, mayo de 2013.   




    A %d blogueros les gusta esto: