Hipersalenas


zarpadita de baldosa
2017/11/29, 2:55 pm
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 Zarpitas de una baldosa

“¿Quién no es mejor que su vida?”. Henri Michaux 

De tarde en tarde, al muchacho anochecido se le chicotea una chantada jovial. Andando estaba él, y mirando al suelo… Se entiende; bastantes personas quieren, por momentos, poner aparte sus sentidos en estos días: Las vilezas cabizbajan; si bien aquí estamos también tomando bien en cuenta lo de arriba, las penas que nos hacen pasar. Nuestro muchacho andante intentaba levantar su ánimo, pensaba: “La psiquiatra me dijo que estoy bien; igual la salud está redifícil: sin derecho alguno la elite neoliberal me desgracia, con sus actitudes rastreras y despreciables, ¿por qué no cambiarán, tanto que hablan del cambio?”. Detuvo sus pasos, pues algo sin semejanza con los otros elementos del entorno atrapaba su atención; dejó oportunamente aparte la irritación que le causan los manejos babuinos. Se sintió seducido por un grafismo que alguien había delineado en una baldosa de piedra, detalle en el pavimento para peatones y al borde de la pista vehícular. “¿Qué querrá decir esto?”. Se chantó animadamente con sus ideas pericas sobre “la vida que perdura maravillosamente, en las rendijas que permanentemente se abren, frente la adversidad y pese a ella”. Tales pensamientos y reflexiones me los contó al discurrirme lo que le acaeciese, sumándome breves consideraciones estéticas sobre el Arte Pobre, dice, y el Minimalismo Resiliente. Y varios argumentos más me estuvo presentando, al desplegarme la copia de dudosa factura que hizo, zarpado él obsesivamente con el dibujo que ha encontrado en una esquina conurbana, del cual me trajo su boceto copión. “Subilo a la blog, dale”. Se lo agradecí, venga entonces aquí el boceto; hace una justa connotación para desembozar este relato. Después de todo es un buen muchacho; se entusiasmó y otras esperanzas se le abrieron. Y no sé qué asunto porta, che, pero el diseño es conceptual y tiene su encanto. De buenas con el amigo le aconsejé moderación, que dios está al tanto de todo, y que él tenga paciencia.

“Si la mujer o el hombre se equivocan, deben decir: perdón, me equivoqué.. Y tratar que las cosas sigan bien.. tener el porvenir, poder mantener, hay mucho que trabajar.. Y aún trabajando no se puede adelantar en esta Cordillera. Los indios que somos acá.. Vivimos.. ¿sabe por qué? ¡Porque somos raza de esta tierra, porque somos indios!.. Y por eso, gracias a Dios, ¡salvamos la vida!”. Dichos (1968) del Sr Damacio Caitruz, un mapuche argentino.


⇓ Aquí el boceto que desemboza este relato ⇓

grafismo delineado en baldosa de piedra del pavimento peatonal junto a la carretera

 Malfé, Sergio;
 desde la Conurbania Argentina, Abya Yala; noviembre de 2017.

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ingrediente-singular-en-pastel
2017/10/30, 4:02 am
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  Pastel cuestionador

   Las personas conviven empleando aquello que aprendieron, pero también está lo aprendido a veces empleando torcidamente a la gente para así cobrar realidad.

   Una pequeña experiencia como muestra del dicho precedente, en la intencionada preparación de un pastel, que permite el planteo de un acertijo para quien deguste el resultado: es un arreglo comestible de agradable sabor, que habilita, en los momentos de su paladeo, una conversación inquiridora entre la gente convidada y quien los atienda: “A ver, decime si querés: ..¿Con qué está hecha la torta?”. Al tomar en cuenta sus costumbres corrientes -acostumbrarse a algo es cosa terrible y peligrosa-, las personas normalmente responderán con aquellos ingredientes que la evocación de sus sensaciones habituales les condiciona a creer como ciertos. Sería muy raro que alguien la acierte. “No-o-o, es torta de otra cosa, y no-o pertenece a la madeja que errónea y buenamente rememoras”. El pastel porta una sencilla y rica ambigüedad que, de seguir con las indicaciones, torna difícilmente identificable a su componente principal.

flores de zanahoria en close-up

Receta con una sonrisa. 
La torta es de Zanahoria; 
sondeándote la memoria, 
los esquemas patentiza. 
 
 
Yo no soy un alquimista, 
pero rosco buena torta. 
La sé bien; te la hago corta: 
Comé, te hace bien a la vista. 

  Receta para un pastel cuestionador.

  Rallar-triturar zanahorias, logrando una taza y media de zanahoria rallada, mezclarla con una taza de azucar marrón, media taza de aceite girasol, una taza de harina leudante, dos-tres huevos, una cucharada rebosante de canela, y una buena cucharadita de bicarbonato de sodio. Se revuelve hasta conseguir una mezcla homogénea. En una asadera suficientemente amplia, de tres cm de alto, y previamente acondicionada para ello, se coloca la mezcla. Se lleva al centro del horno térmico encendido, a temperatura moderada (120º~150º C), veinte minutos de horno. Es un bocado recomendable para la hora del mate, del té, o café, lo que gustes. Con la experiencia aquí sugerida, las adversidades de este 2017… quizá no se superen del todo, pero bueh… El nutrimento conlleva un poco de entendimiento divertido -tienes derecho a permanecer en silencio-. La amenidad puede ayudar en las contrariedades, para su atemperamiento. Permitirle al pastel que entibie, antes del corte en porciones, desmolde y reparto. Cuando adopte la temperatura normal del ambiente, recien entonces consumirlo. Esta fue, en mi hogar de origen, “La Receta Preferida”.


Ante cualquier duda, consulte a su Nutricionista 


 La ℑmagen con flores de Zanahoria;
 es cortesía vecinal de AnRo0002.

Malfé, Sergio  Desde Argentina, Abya Yala; octubre de 2017.



dia descansarlo lindo
2016/07/06, 2:15 pm
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Un día para descansarlo lindo


“.. en tanto que es capaz de gestos, de expresión y finalmente de lenguaje, el cuerpo se vuelve sobre el mundo percibido para significarlo”. Maurice Merleau-Ponty (1908-1961).

Cuando todavía era noche en la playa donde acampábamos, había sido el paso costero de un yeguarizo blanco, a lo largo de la ribera. Estábamos ahí de escapada romántica y silvestre, con mochila y carpa.

Al comentar con mi compañera Malena el hecho caballar que nos había quitado el sueño, dentro de la carpita caldeada y entre mucho humo de pipa, concluimos luego con algo así como para escribirlo en el anotador del viaje: ..“fue una trama inconsútil de correalidad que nos compartió el equino bayo; una andanza en cuatro patas consustanciada en una totalidad de fábula con orilla, noche, y luna”.

Llegando el momento del amanecer, atisbamos que la mar se mostraba difuminada con lluvia y nubes bajas. La pródiga Malena dijo que quería ponerse las medias y “salir del horno”; tiraba para allá y para acá revolviendo infernalmente los trapos que ya estaban hechos un caos. Hurgamiento acalorado y errático en el que finalmente encontró sus medias: estaban en una bolsa de lona con fondo y tapa de cuero; y se sentía la mañana que empezaba a andarnos dentro.

Me plegué con la dinámica y quise salir de los edredones para acompañar a Malena en el aprestamiento. Amanecíamos siendo mucho más nosotros mismos. Y andando un poco fue que vimos cuatro gorriones solazándose en el fondo de una canoa, sobre un resto de arena húmeda dentro de la bateleta que descansaba en seco. No estaba el tiempo para continuar fuera, sino que era un día para descansarlo lindo; retornamos a la carpa.

seaside

En la media mañana ya no llovía, y el pregón de un lugareño favoreció una reanimación nuestra para continuar con buen humor en el solazón turístico. Nos habían dado ganas de reir con el grito anunciador de ese caminante playero; pero la sorpresa por su oferta comercial nos hizo moderar la risa: no queríamos delatarnos, y nos cubríamos las bocas con las manos. Nos mirábamos en la carpita, frescura en los ojos y sin poderlo creer del todo: el lugareño había pasado gritando una y otra vez: “¿Alguien quiere comprar un piano?” ■


“Desde que el hombre existe ha habido música. Pero también los animales, los átomos y las estrellas hacen música”. Karlheinz Stockhausen (1927-2007).


 Sergio Edgardo Malfé
 República Argentina, Abya Yala; Julio de 2016

¿Tomando por sorpresa a otra Entrada en ésta Blog? 

Hipersalena Aleatoria, por Aquí 



ombudelia/: ..de la siesta bajo el ombu
2015/11/08, 11:30 pm
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 Ombudelia


pliegue concreto de elementos impresos que se versionan en una dobladura

 Pliegue concreto de elementos gráficos que se versionan en una dobladura motivada por conocido poema naturalista, aquí un fragmento del mencionado texto histórico: “..el ombú, como un amigo, presta a todos el abrigo de sus ramas con amor; hace techo de sus hojas que no filtra el aguacero y a su sombra el sol de enero templa el rayo abrasador.” Luis L. Domínguez. (Escritor porteño, “liberal” y unitario, de esos metropolitanos que guerrean a la tierra y sus “salvajes”; puede leerse el poema completo en éste enlace.)

 Otras consideraciones, con matices de humanidad más continentes que el de Domínguez, amplían culturalmente nuestros enfoques sobre la gaucha divisa verde; p. ej. en «Elogio de las cosas de la tierra» Gabriela Mistral nos dice: Todo el crecer del Ombú es un llamado de sombra para que bajo él descanse el paisano. El Ombú mira por los hombres, lo hace con generoso amor, como compasivamente y con conciencia por los errantes, para que nosotros, pobres diablos, bebamos esa sombra de agua que no se toca, y nos descansemos un poco de nuestras andanzas.

 Para la perspectiva ombudélica, son también conceptos ampliatorios los siguientes: Reparadora sin parangón es la siesta bajo El Ombú, acarrea sueños con claroscuros, en redes intracraneanas de múltiples perfiles. Se dice respetuosamente de él que es testigo de las soledades humanas, El Ombú es un amigo que las alivia con su sombra amorosa.

 Y para estarnos un poco más completos, véase el artículo sobre El Ombú en WikipediA: https://es.wikipedia.org/wiki/Phytolacca_dioica

 

  Sergio Edgardo Malfé

Argentina, noviembre de 2015.



meses de brujas y sapos

  Brujas y sapos en sus meses.


«Mas naides se crea ofendido, pues a ninguno incomodo, y si canto de este modo, por encontrarlo oportuno, no es para mal de ninguno, sino para bien de todos.» José Hernández, Martín Fierro.


  En la revisación de mis papeles estaba, en octubre de 2015, y así encontré un curioso relato que me aconteció con su originalidad. Está en un libro, que entre otros testimonios me informa sobre mujeres brujientas de mediados del siglo XX en Argentina. Singularidad considerable en el relato, por un lado; y con personal realización acontecedora. Pero lo que me movió para compartirlo en una entrada, fue que por otro lado recibí información contándome que octubre es “el mes de las brujas”, aunque otras fuentes digan que los embrujamientos mayores sucederían en noviembre. Y es suficientemente curioso el procedimiento del hechizo que ejecutaban las mujeres del relato, a fines de los 60. El caso está narrado en dos capítulos: “Medio de vida”, y “La bruja”; ambos forman parte del libro de Irene Freyre “No estamos solos” *.


  Conversando con el sacerdote Dubosc, tutor del Albergue para niños en situación de calle, y uno de sus fundadores, le estaba diciendo en una mañana Osvaldito, uno de los chicos:
Hoy tengo que ir a cazar sapos. / ¿Sapos? ¿Para qué querés sapos. / Para venderlos a la bruja Margarita. / ¿Te los paga bien? / Sí, me los paga bien, y si tienen la boca grande, mejor. / ¿Para qué quiere los sapos? / Margarita me los compra para sus brujerías. Tengo que llevárselos al cementerio de la Chacarita. Ella me espera en un lugar que conocemos. Cuando estoy ahí, saca de la cartera fotos de hombres y mujeres, luego las dobla y pone una foto en la boca de cada sapo. Después yo la ayudo a enterrar el sapo vivo entre las tumbas. / ¿Para qué hace eso? / Cuando entierra los sapos dice malas palabras, putea y le pide a cada sapo que joda a la persona que está en la foto…
 
  ─ No hagas ese trabajo, Osvaldito. ¡No hagas ese trabajo! No busques sapos ni vuelvas a ver a esa mujer ─.
  No puedo, Padre. No puedo … ¿Usted sabe? A otro chico que no le llevó más sapos, la bruja lo hizo pisar por un tren. / Habrá sido una casualidad, Osvaldito. Esa mujer no puede hacerte daño porque entierre un sapo. / Yo iré, Padre, porque tiene mi foto. / Entonces, vamos juntos. Me llevás adonde está ella.
─ ¡No, no! ─, gritó Osvaldito y salió corriendo a la calle.
 
  Con la intención de encontrar a Osvaldito, quien dejó de ir por el Albergue, varias personas se pusieron en campaña, también interesados en averiguar las acciones conectadas con el comercio de sapos. Colaboradores voluntarios del Albergue conversaron en La Chacarita con un cuidador del cementerio, quien conocía dos de las mujeres que enterraban sapos junto a las tumbas: “Vengan algún martes o viernes, y las verán con unos chicos que llevan latas”.
 
  Estaban vigilantes el sacerdote y uno de los voluntarios en uno de esos días, cuando vieron avanzar por la puerta principal dos mujeres que con bolsas en las manos se internaban luego por una de las avenidas del cementerio. Dos chicos, que llevaban latas, iban detrás de ellas. El grupo caminó hasta dejar atrás las bóvedas, y se detuvieron junto a la tierra de una tumba abandonada; echaron una mirada alrededor. El sacerdote y su acompañante simularon estar interesados en una tumba cualquiera, le removían un tanto las malezas mientras se mostraban en una charla, al tiempo que vigilaban el grupo. Vieron como las mujeres depositaban las bolsas sobre la tumba y abrían las latas. Los chicos a su vez escarbaban la tierra con cuchillos, frente a una cruz de hierro semicaída. Cuando el pozo estuvo listo, una de ellas volcó el contenido de una lata dentro de él. Los chicos se apresuraron a cubrir esto con tierra. Recomenzaron en su andar intencionado las mujeres, con los chicos detrás, pero a poco se dieron cuenta de la vigilancia que también las seguía, y acelerando el paso se alejaron. Alcanzó el sacerdote a los dos chicos con las latas remanentes, los convenció para que se sumasen a la vida del Albergue, y les compró las latas, para arrojarlas de tal manera que se abrieron, y los sapos salieron saltando de su encierro. El voluntario retornó a la tumba con la cruz caída, y al ver que el suelo se movía, comprendió que los sapos enterrados vivían aún, removió la tierra blanda con un palo, y los dejó escapar.
 
  En cuanto a Osvaldito, nos cuenta la narradora de estas experiencias: “Trabajo costó encontrarlo, hasta que un viernes tuve la alegría de verlo junto a la puerta del cementerio”.
  ─ Todos los chicos del Albergue te están esperando ─.
  El chico estaba ahí con su lata de sapos, seguía atemorizado por lo que le podría pasar sino le cumplía la entrega de sapos a la Margarita.
  ─ En el Albergue hay dos chicos que les vendían sapos a las brujas, como vos, y ahora ya tienen otro trabajo. / ¿Y no les pasó nada? / Claro que no, ¿por qué les va a pasar algo? ¿Acaso no puede cambiar uno de trabajo cuando quiere? / Sí, pero la foto … / Vamos, querido, todo eso es mentira. Nadie puede hacerte mal por el sólo hecho de tener tu foto. Esas mujeres pierden su tiempo con tales tonterías. / ¿Usted está segura? / Absolutamente segura. ¿Qué te parece si vamos al Albergue? Te daré ropa, te quedás allí, y ya verás que nada te va a pasar. / ¿Y la bruja? / Dejala que se busque ella misma sus sapos. Vení, nada te ocurrirá ─.
 
* Irene Freyre: No estamos solos; EMECE, Buenos Aires, 1980. El sacerdote †José Dubosc y la Licenciada en asistencia social †Irene Freyre dedicaron gran parte de sus vidas a la Fundación Hogares Argentinos, una institución tutorial autoeducativa y preventiva de puertas abiertas por ellos fundada en 1957. Suman miles los hijos espirituales de su proyecto.

 
  Más decentes en su añeja humildad que otras figuras brujientas promovidas hoy en día por la manipulación transcultural y massmediática, las brujas del relato carecían de ambages caricaturescos. Eran oficiantes en harapos de una magia que opera, en este caso para destruir, por las semejanzas entre las representaciones manipuladas y las personas destinatarias del hechizo. No imperaban todavía los embrujos del estrellato globosiento, plena y oculta vigencia tenían por entonces los de tierra adentro, sapo al pozo tierra adentro, embutida foto en sapo, cada sapo con su foto, a otra foto con tal sapo, toda foto con su sapo; en embrujos dispares, caractéres diferentes.
 

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Dos cuentos conectados
Videocracia
 

  Sergio Edgardo Malfé
Argentina, octubre de 2015.   



nos estamos viendo
2015/07/20, 10:00 pm
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   Nos estamos viendo

   Esto comienza con un recuerdo que se me motivó para bloggearlo: Una baldosa esmaltada (15 x 7.5 cm), de la que va aquí adjuntada su foto. Una pieza fabricada por el ceramista argentino Alejandro de la Vega. El artístico resultado, según me fue dicho, está basado en un dibujo de Saul Steinberg. Dicha base de origen es algo muy probablemente cierto, ya que los dibujos concretados por Steinberg conllevan operaciones de abstracción; dibujos que encaminan en quien los mira una intelección, sobre los contenidos que con cierta ambigüedad presentan; dan qué pensar. Y estas condiciones convocan la apertura de una dimensión razonadora en los espectadores: Nos es necesario detectar el mensaje que se propone, y la propuesta tiene dimensión surreal.

baldosita esmaltada

El espacio como componente de la comunicación.

   En la imagen aquí mostrada se convoca la detección de aquello que hubiese tendido entre los dos personajes representados. Parece que se están mirando calmosamente, distanciados entre sí por un considerable espacio; distancia suficiente para que en una vista abarcativa así los veamos en eso, a lo lejos, como si hubieran pactado tal convivencialidad. Un manejo aquí del espacio, que hace de éste un componente protocolar de la comunicación, entre ellos y para quienes los vemos. Una comunicación de esos dos, en una entreversión tranquila, de manera oficiosa y distante, sin demostraciones amistosas. Tal vez estén en una misión, que los representados compartirían secretamente. Pero esta suposición es tan peregrina como el vaticinio que hagamos sobre como puede continuar la escena, nos da qué pensar. Si fuese de tomar en consideración los detalles de vestimenta y postura de cada uno de ellos, quizá pudiésemos así atribuirles identificaciones, e hiciéramos hipótesis sobre el tipo de relación que los ha llevado al encuadre que vemos, y sobre cómo continuaría, hipotéticamente, esa relación. Aunque es bien posible que no tengan entre ellos ninguna historia compartida.

   A la distancia y en relación con las jornadas personales de cada quien, lejos todo, la sensación de distancia es afin a una posible lejanía cronológica: una época de los personajes, en la que estarían ubicados, inciertamente. Y la imagen nos está colocando, para quienes la podemos ver, “en las arenas del tiempo”. Un poco más lejos y caminando más, distanciándonos de las distancias, habría mucha animación en los rostros, nos lo preguntamos: ¿la habría? Pero digámoslo y peticionemos: No hay razón alguna para suponer de esos personajes que en realidad se estén viendo. Estamos detectando en ellos serias discapacidades visuales, o ceguera. Ya que es así, desde ahora se ha de aprontar un consultorio oftalmológico rodante, que vaya marchando, un consultorio operatorio completo y móvil donde el personal de salud atienda simultáneamente los dos pacientes.

   Lo hemos dicho, y en este mismo instante se nos visualizan esos dos; detectemos ya que están en otro dibujo secuencial, en el que vuelven caras prontamente hacia nosotros. Guardemos las distancias; seguro que cabe aquí la literatura con un par de frases escritas por Héctor Tizón: 1) “Porque un hombre, dice tío Crispín, sólo es un hombre cuando está solo y puede mirar a los demás de lejos”. 2) “..los recuerdos son el opio de los viejos”.. ¡Uh..!; las frases de Tizón trasuntan un despacho fatalista, nos dan qué pensar, ¿no es cierto? Si quien lée tiene alguna inquietud sobre esto, comuníquemela ■

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Referencias
Proxémica, en búsqueda Google.
Resultados Google acerca de Saúl Steinberg.
 
Contenidos relacionados en esta Blog
Manejos de un espacio comercial
En la novela “Aquella isla también”, § 5.


  Sergio Malfé
Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, julio de 2015.



instante-rotulador-reversible
2015/01/16, 11:07 pm
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  Signatura emergente

   Percepción inhabitual que se ancló de una sola vez: Pictografía, símbolos numéricos, trazado gestual, rúbrica

imagen de una accion de poesia concreta y relacional

Personal idóneo identificó manualmente envase


 Acontecían contenidos relevables en el rótulo con cifras, correspondiendo éste a la identificación para una botellita de agua propia; la traía yo de la calle, al entrar a un local comercial donde después, en la caja, el marcado iría a servir para que no me adjudicaran la compra.
 La existencia dialógica de este hecho se me hizo un tema para enfocar: Acotado fragmento, instante rotulador que se presentaba como un entrecruce reversible y potencial. Al destacar del hecho su carácter de material sígnico, revertiéndolo en una mínima acción de poesia concreta y relacional, esto no supone incomodidades en ningún confort flotatorio, así quiero creerlo.
 Por un lado: la mandíbula (!) se articula con el cráneo a nivel de las orejas. Y por otro lado: La presentación combinada (y limitada por nuestro tiempo para vivirla), de aquello que nos es más cercanamente propio, y que a la vez correaliza un sentimiento estético, nos provée de un medio para hacernos potencialmente algo más grato el paseo. Quédese usted en (!) el escondite, si eso es lo que quiere, que cuando todo haya pasado yo vengo y le digo que está a salvo.

Listado con páginas de Poesía Concreta en el Blog: Enlace Aquí.



Sergio Edgardo Malfé

Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, enero de 2015.   


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reflexionando video waste
2014/09/12, 10:22 pm
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  Waste, video para reflexiones

El tema de referencia es como para un abordaje constante; se trata en el Video sobre la comida que se tira, también sobre la conveniencia planetaria para un menor consumo cárnico; y los conceptos y números al respecto son una paliza. En 2013/junio/07 lo compartí yo sobre Google Plus, y poco más de un año después lo comentó un amigo, lo hizo desde su concreta experientación técnica en un aspecto de la producción de alimentos: Sergio Villani trabaja en la instalación y mantenimiento de dispositivos eléctricos en granjas del medio rural bonaerense. El comentario del amigo favoreció con su opinión un diálogo que tomó la vertiente sociocultural. El intercambio me pareció suficientemente anclado y objetivable como para escalarlo en esta Blog Hipersalenas. SEM


Fuente del testimonio fílmico: Canal foodwastetv en YouTube; Publicación: Junio de 2013



  No había que desperdiciar la conversación que se le acomodó al video, es la siguiente:

  • Sergio Villani – 19/7/2014 :
  • Hay gran parte de la población, sobre todo la de muchos recursos, que se comporta con una inmadurez proporcional a su ignorancia, en relación al respeto por los alimentos. Falta respeto en cuanto al costo que tiene el planeta para producir ese alimento.
    Campañas sobre las medidas a tomar contra la gripe H1N1 y sus variantes, dejan una fobia como efecto colateral, con obsesión por lo estrictamente limpio y pulcro. La psicosis del uso del alcohol en gel por ejemplo…. Hablo de esta campaña a modo de ejemplo, pues es una cuestión de “educación” y la conciencia colectiva parece estar bajo el control de los medios masivos de comunicación, (o como yo los llamo medios masivos de educación distorsionada y mal intencionada). Hay que enseñarles a los grandes… que con la comida no se juega.
  • Sergio Malfé – 21/7/2014 :
  • Sobre “enseñarle a los grandes”, el cruce es riesgoso, porque un gran número de gente quiere hacer lo mismo: Enseñar o demostrar conductas a quienes tengan a tiro. Tal vez lo inicial y más rendidor sea la comprensión entre los diferentes puntos de vista. Por supuesto que si las intenciones no son convivenciales, entonces.. “vaya nomás por las suyas…”
    En cuanto al respeto: es el arranque y punto de llegada de la comprensión; Citando (de la comunidad del Arca): «Sabemos que todo comienza por la mirada. El respeto es la mirada del corazón. Cuando se deja de considerar al prójimo como un estorbo, o como un instrumento, o como un nadie; ahí empieza la mirada que se llama respeto.»
  • Villani – 25/7/2014 :
  • Si… esta bien… pero yo hablo de EDUCACIÓN O FORMACIÓN, llámala como quieras…. Solo de eso, una Básica educación… que no hay, el respeto es parte de esa educación básica.
    
  • Malfé – 25/7/2014 :
  • Educación, ahí está, ..que es con respeto, sino sale cualquier otra y no el comportamiento conciente. Se puede “adiestrar”, lo que puede ser “enseñanza de conductas” (ej: los medios distorsionadores que mencionás); Pero la persona así no activa la puesta en marcha propia de su madurez. Esto último es educación, y la formación es la otra pata, para la sapiencia.
  • Villani – 25/7/2014 :
  • Y… sí, el respeto es parte de la educación… el respeto por lo que la Pacha Mama nos da gratis… (uno de los kilombetes que tienen todos los empresarios es creer que por que tienen cosas gratis de la naturaleza, …estas cosas no valen nada). Error grande es creer que lo único que importa es lo que mueve el numero de la cuenta bancaria… es decir… “me da dinero… ah bueno, me importa un pito el planeta, ¿cómo disfrazo lo que hago?” 
  • Malfé – 25/7/2014 :
  • Así es: Los regimentarios en su desmadre buscan camouflar las salvajadas, o justificarlas. Pero NO zafan del bucle: “Todo vuelve; cosecharás lo que hayas sembrado”; Aunque más aclaradora para mí es la calidad del vínculo que se tenga: Si es de caracter solidario ú opuesto; p.ej. con la naturaleza. Porque al fín y al cabo, todas las cosas pasan, o se pueden tornar en basura. Los direccionamientos vinculares, en cambio, marcan un rumbo: “si matas y con glifosato, con glifosato te matarán”.


    Morón, Pvcia. de Buenos Aires; Septiembre de 2014


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    alexica/: “..atenuar, :voluntad, :dejar, :imágenes”..
    2014/07/17, 4:00 pm
    Filed under: agua-en-vasos, Fusiones, Narrativa, Notas | Etiquetas: , , ,

      S. Edgardo Malfé
    Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, julio de 2014.

    Personalización Aléxica
    :: sólo ver las letras sin leerlas :: método ::

      Una experiencia personal que me resultó conveniente, es quizá como para tener en cuenta y transmitírtela. Se me apareció en días invernales. Después vemos las otras cosas igual. Lo que trato de decirte es un manejo individual propio que se me ocurrió practicar, en torno de las sensaciones que me produce la cartelería callejera; Práctica de un manejo para atenuar el impacto emocional de las reclames publicitarias vendedoras: Desentenderse así un poco de tantísimos mensajes, de los de corte político partidario también, y de todo el abigarramiento de letrajes que quieren captar nuestra atención llenando de motivos los alrededores.

      El que me haya estado fijando en estas cosas, tal vez sea por mis pocas y ocasionales andanzas en los ámbitos públicos de mucho tránsito vehicular, lugares donde prolifera la apelación de los letreros y grafittis. Los iba leyendo incauta e interesadamente, en un viajecito cuyo sentido no tenía nada que ver con esa suerte de lectura automática e impuesta: “25 % de ahorro” .. “Recuperación Capilar” .. “Plan de Pagos” .. A los pocos minutos un cartel me llevó a reaccionar, estaba diciendo luctuosamente: “¡Basta De Inseguridad!”. A la intimidación le recordé una respuesta: “Tu Ostentación Es Inseguridad”. Si hubiese algo que moderadamente quisiera yo en tal tiempo percibir, era el paisaje urbano y sus movimientos. Ese día lo tenía yo suficientemente colmado de imponencias y de asperezas deprimenciales; no quería ya estar defendiéndome de los mensajes agresivos ni del mercantilismo. Por lo que decidí adoptar el método de sólo ver las letras sin leerlas: insensibilización ante los significados que los anuncios ocasionalmente iban poniendo ante mi vista, como si a los propagandistas yo les dijera: «Hoy apasionen ustedes a otros decadentes con sus “Jugá y ganá millones en premios” .. “¡El mejor rock argentino!” .. “Cada día más” ..”El mejor método para comprar” .. “Una gran compañía para la seguridad de la gente” .. “Feria del Libro”, etc’.»

    anuncio

    «..la apelación de los letreros y grafittis..»

    Así iba viendo yo los letreros sin asimilarlos, con una disposición aléxica, reconociendo sólo la sustancia material de los textos sin descifrarla, como si no supiese leer. El entretenimiento alivianó e hizo interesante y como divertida mi decadente salida de compras. Había revestido yo con un impermeable mi psiquismo: gran parte de la serie lingüistica resbalaba en mi dispositivo, los carteles no dispersaban el apaisamiento de mis miradas. La vuelta extra de tuerca con la que yo había personalizado mi apercepción, neutralizaba las demandas propagandísticas que pudieran operar sobre el individuo masificado que hay en mí. Y esto me dió buen resultado.. Así fue un poco más liviano.. Porque hay palabrismos atacadores que al transeúnte desprevenido lo toman por sorpresa. Algunos son sencillamente burlones. Otros, de humor dudoso, son intentos provocadores para una camaraderia bestial.

    Observé en mi recorrido algunos mensajes ante los cuales pude mantener mi moral desafectada, habiendo yo tomado previamente la apuesta por una disposicion “analfabeta”. La competencia de mi filtro se me hizo evidente cuando estaba pasando yo frente al grafitti que decía: « Puto el que lée ». La chanza rivalizadora corrió por sobre el impermeable mental que yo me había fabricado. Más adelante en la misma calle encontré « ¡Guerra al viejo choto! », de lo cual yo veía solamente el delineado de los caractéres, sin la asimilación lectora que hubiesen pretendido los primarios escribidores del mensaje mural.

    Estaba protegiendo al personaje de disgustitos, una Alexia transitoria que el sujeto en mí había decidido adoptar, y que a voluntad podía dejar yo cuando quisiera. «Semana de la Dulzura», decía otro cartel, en la promoción del consumo de golosinas chatarra: una propuesta de ingestas cautivantes que estaba mirando yo con el filtro aléxico activado. Este último texto iba acompañado de una imagen representativa: la huella que generosos labios enormes hubiese estampado con rouge en el cartel, al dejar ahí su beso. Es consideración aparte la de los mecanismos de consumo promovidos por las imágenes visuales:   

    ~El mercadeo publicitario da empleo a las imágenes con un fin imponencial; se busca así naturalizar un relato que forme clientes emocionalizados; que los espectadores se sientan posibles partícipes en la demostración de “realidad segura” que se les ostenta. La manipulación pretende, con sus argumentos mendaces, la configuración facticia de un orden interventor en los deseos de la gente: Establecimiento de un orden vincular que resulte adecuador: Más deseos direccionados hacia más negocios manipulatorios. Las personas pueden aquietar estas pretensiones de relato preponderante, poniendo entre paréntesis su emocionalización, que ésta no sea la diana de manipulaciones. La sugerida puesta entre paréntesis, por la gente, del impacto de las imágenes, es una acción semejante a la Alexia de la experiencia personal mía, lo que de inicio quería relatarte~.

    Al experienciar una suspensión de las empastadoras significaciones textuales publicitarias, esta desafectación de los vínculos clientelares, ¿puede o no dar origen a otras formas vinculares, en acciones con matices creativos, intersubjetivamente necesarias?


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    muecario-controlado:/ ..”conocidos, :naturalista, :dispararles, :fascinada, : probabilidades, :deslizar, :fieros”…

      S. Edgardo Malfé
    Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, mayo de 2014.

     

    Muecario Controlado


    [Tiempo lector en (h:m:s),

    totalizando esto 0:23:27]

    «Sabía pocas cosas y rechazaba muequeando a las que lo rondaban queriendo ser sabidas.» Juan Carlos Onetti, El astillero.


    (0:00:10)
     Cruzó con alguien que conducía muchos hocicos perrunos; cuando él se acercaba, a pie por la ruta muy transitada. Hallándose encantado por la costumbre exploradora de una naturalista visitante en el poblado, Barriero se le había animado finalmente en la tarde anterior, y conversando de cañadas y cocoyales, ella le había dado sus señas: Julia Porfisbián, la naturalista, se encontraba alojada en una casa de la Villa Carretón, a la cual intentaba él arribar. Paradero tan particular donde la chica de paso residía: La caseta de la Kunz -en el poblado la llamaban “Oma Kunz”- habitante de un bohío ubicado en la costa, al costado del camino que va a Punta Zubonza. Atestada de personas conocidas, en el mediodía, la caseta bullente.

    (0:01:15)
     Ahí dentro mucha gente del poblado estaba observando la conducta de dos cuchugretes amansados. También había un par de personajes recién venidos -a Barriero se le hicieron notorios-, sumados éstos a todos los que compartían el ámbito de observación; con los dos cuchugretes en el centro de la caseta, sorprendentemente despaciosos; igual estaban contenidos preventivamente detrás de alambre tejido. Y todos ahí -¿por dónde se habría metido la naturalista?-, todos persistían en la penumbra grisácea y monótona de sus apaciguadas somnolencias. Con la venida de Barriero se irían a dar más cuenta de más cosas y de como se iban éstas a arreglar.

    (0:02:10)
     Se encontraba allí también otra nueva, una niña muy vivaz. Aleteaban los voladizos monjiles de la techumbre portátil en su cabeza, por los correteos saltarines y cantantes con que la pequeña se prodigaba. La niña iba articulando un ritmo agudo y veloz, danzarina en derredor de la concurrencia, con el romanticismo de su histrionismo estelar. Los cuchugretes muy tranquilos en su aparte, desparramaban sobre el cascarillado sus amansadas anatomías salvajes.

    (0:03:29)
     Con ese armatoste encima de ella.., “parece una monjita de Fellini”, comentó Barriero para los conocidos; el dicho les causó sonrisas adormiladas a varios de ellos. “Es mi hija”, respondió uno de los varones nuevos -con abundante cabello blanquecino, un bayo muy claro, daba la impresión de un gato-. Continuaba el marcaje rítmico de la chiquilla. El que se decía su padre puso sobre Barriero una fijeza seria y un silencio. La misma disposición crítica que el desafiante, tomó el otro personaje nuevo, un figurón tosco pero de ojos verdes.

    (0:04:00)
     “Si a los caballeros les disgusta lo que digo, ¿por qué no se retiran?” Al tiempo que esto decía, Barriero estaba preguntándose cuál sería la razón para que la naturalista nada le anticipase acerca de su captura de cuchugretes; ni un indicio le había dado, y eso que habían conversado largo sobre la naturaleza del lugar. Mucho le había interesado a Julia Porfisbián, el agrupamiento de cocoyos que él le mencionó. A su vez, la naturalista le contó sus investigaciones con forfículas; ella también quería observar y documentar los crespines de los pajonales. “Será un gustazo que me muestre el cocoyal, seguro que de camino encontraré crespines”, con buen humor se lo había dicho, y en eso quedaron; pero ni jota de estos cuchugretes sorprendentemente mansos. “Ninguna tiene valores”, se decía Barriero, en el mismo instante en que enfrentaba impasible las expresiones de los dos nuevos.

    (0:05:11)
     El hombre parecido a un gato, con los ojos de asombro muy abiertos, anunciaba en su gesto mudo, la boca como en un grito, que ya lo iba a morder. La frase como reverberando: “Si a los caballeros les disgusta lo que digo, ¿por qué no se retiran?”. El personaje toscazo, robusto y áspero de carnes, había retraído sus ojos verdes y adelantaba la mandibula inferior, prognática de por sí la pieza, muy diferenciada del total de su cabeza. En ese momento, la niñita con el tocado monjil saltaba, ante la entrada de la caseta, saltitos breves y fijados en ese punto. “Aquí tenemos a la novicia rebelda”, dijo una voz resuelta de mujer. Llegaba también la naturalista; y quien había bromeado y caminaba delante era Oma Kunz, cubierta como siempre con un sobretodo, la dueña del cobijo.

    (0:06:20)
     Julia y la Oma pasaron dentro, y pescaron el ambiente de gresca. Los hechos fueron vertiginosos; los animales ablandados se habían arrimado al cerco de alambre tejido, y prorrumpían en un “zop zop” ininterrumpido. Los vecinos en la caseta murmuraron su contento por estas expresiones de los cuchugretes; nunca antes a esas fieras se les había oído nada semejante. Esto se debía a la humeante fuente grande de loza que portaba la Porfisbián, “zop zop”. Rápidamente recomenzaba aquello: Oma Kunz había sopesado la situación, apartó con gesto de referí a Barriero, y encaró a los desconocidos: “Ustedes no son de acá, ¿qué les pasa?” .. “El señor fue irrespetuoso, hizo burla de mi hija”; quiso rechinar eso el blancuzco, pero un murmullo general desaprobatorio le atoró el planteo. El otro se le lateralizó, el grandote, moviendo la cabeza en cortos y alzados giros enérgicos, en un oteo registrador y pugnante.

    (0:08:05)
     La dueña de la caseta quiso evitar un desenlace con gresca general. Como medida de control extrajo de dentro del sobretodo una pistola amenazante que llevaba bajo el brazo. Manejó el tosco fierro con languidez; Demasiado grande para sus manos, pero letalmente prendidas éstas a las superficies negras y rugosas de las cachas. “Miren una cosa”. Una contundente argumentación esgrimía Oma Kunz con gesto displicente en sus manos flojas -parecía su odio frío dispuesto a dispararles ahí mismo-.. “¿Verdad que ya se calmaron?; Quédense aquí cerca y que yo los pueda ver; ¿Vieron?”. Al retornar la pistola bajo el brazo de la Kunz, el ambiente en la caseta efectivamente se había serenado. Y de sus adultos se había tomado con las manitos, la niñita del tocado aleteante; con mucha atención seguía la escena en una nueva instancia. Todos estaban mirando cómo la naturalista Julia volcaba en las escudillas la pasta humeante. “Zop zop”, se acercaron a abrevar despaciosamente los cuchugretes.

    paisaje

    ℑmagen fijadora del muecario


    (0:09:30)
     La gestora de la domesticación, a solicitud de Barriero, declaró para la concurrencia fascinada lo que estaba suministrando al dúo de cuchugretes, un herbaje mezclado: toronjil, corteza de canelo, tiririca, calucha… Todo mezclado con cerveza en un condumio de champignones seleccionados. “El preparado les hace un carrousel dentro del cráneo, consigue que estén ablandados, indiferentes; que sino.. la fiereza, y aún con la pasta.. tenerles prevención”.. -Esa misma indiferencia no se sabría en qué pueda resultar-. Comentó la naturalista cuán sensibles son a cualquier violencia los cuchugretes, aún con la innovación de la dieta amansadora: “Se dan cuenta y se agitan, lo expresan con gruñidos roncos y chillidos, son como un aviso antes de irle directamente a la cabeza con los colmillos al individuo amenazante”. Entre bostezos, uno de los vecinos señaló el cambio de colores: “Debe ser por la dieta”, dijo lentamente: “Ya no tienen cruzados los anillos pardos; las rayas de pelaje cyclamen todo a lo largo les quedan muy bien”.

    (0:10:55)
     “Si le agregás algarroba al preparado, quizá se puedan desarticular, con la saciedad, las consecuencias peligrosas”, le pareció a Barriero. “Ah, bueno; ése es un aporte de alguien con la suficiente experiencia”, deslindaba risueñamente Julia: “Unos cuantos añitos más que los míos tiene el amigo”. La humorada de ella desde junto a las escudillas produjo, en Barriero, un movimiento de cabeza, de lado a lado, un gesto que no era de negación sino de duda. Pero en los nuevos, hacia quienes tuvo que dirigirse la mirada de Porfisbián, pudo observarse una actitud jactanciosa; como anotándose macizos en un desquite, se aumentaban ante Barriero sobradoramente; mirándolo con sorna estaban el blancuzco y el grandote. Él optó por distanciarse de la reunión; levantó la vista en la sórdida caseta, fijamente interesado en los atractivos detalles del techo. En un rincón estaba sentadita y atenta la Kunz, quiso hacer un intento táctico para despejar las probabilidades de riña que retornaban: “¡Vaya!; Barriero, usted no comió, acérquese a la mesa y sírvase algo”. Aceptó esto el aludido y dió unos pasos graves hacia donde la dueña de casa le señalaba. Una mesa que había estado con comidas -la niñita saltarina en el mismo instante lo siguió-, nada más que platos y fuentes vacías vió Barriero.

    (0:12:15)
     “¿Donde está la comida; cómo no encuentro la comida; aquí había para comer, qué pasó con eso?”. A estos murmullos desorientados la chicuela respondió con voz sombría: “Tu comida está muerta desde hace tantos años, viejito; ¿todavía no te das cuenta?”. Los otros dos personajes forasteros se acercaban, deleitados y radiantes, se arrimaron a la mesa vacía como péndulos imposicionantes, oscilantes caractéres nuevos. Barriero les dió la espalda y preparó los puños. Eran visibles y olibles en los tres nuevos las manchas color caca de bebé con que se habían ornado en su actividad malandrina, no les importaba. La dueña de la caseta ya estaba encima del tema: “Al final cagaste, nena”, manejando displicentemente la pistola lo ha dicho. Kunz hace hablar ese arma como un títere, cuando la mueve afirmando: “Cagaron los tres; Ahora van a tomar un baño; Vamos saliendo”. Una mojadura escalofriante, la higienización planteada por Oma Kunz; tendrán que atravesar el patio para ello: “Antes que oscurezca, sino las aguas van a estar demasiado frías, eso no sería agradable, ¡caminen!..” -Barriero sale detrás de la comitiva al patio delantero de la caseta-. “..Que si el amigo Barriero nos alienta, tal vez la escarcha de la canal se funda”; y él asiente al verlos andar. La partida del quinteto -niñita, los dos caractéres, la Kunz, y su pistola-, toma por el sendero que bordea los manglares y lleva hasta un acantilado de poca altura -es en realidad una barranca con pastos que enmarca la canal flotante de Carretón-, allí siempre hay patitas y gaviotos nadando. “¡No teman, que no es hondo!”, jovializa Barriero alentador. “¡A zambullirse!”, remarca la poseedora de la pistola, parecía que en cualquier momento se le iba a caer, pero no.

    (0:14:28)
     Son las últimas horas de la tarde; momentos propicios para hacer deslizar sobre las cosas la mirada. Con serenidad, a pesar del intenso tránsito por el camino cercano -la marcha principal de los vehículos es ahora desde Punta Zubonza hacia el poblado grande de Carretón-, está disfrutando Barriero del ambiente. Aún están cercanos; presencia él los pasos del séquito que se aleja por el sendero. “Además de carecer como todas de valores, la Kunz es demencial”, apunta para sí. De su calmoso atardecer lo sustrae un hecho que está registrando: otros cuchugretes, bastantes, deambulan por el campito. “¡Epa, se nos vienen todos los bichos!”, da el aviso para la gente en la caseta, y con inquietud -ya que está percibiendo tensiones en la hilera que custodia la Oma-, en rápidos trancos Barriero alcanza a la comitiva del chapuzón. Se han puesto irascibles y molestos: “¡Va a responder por esto ante la justicia!”. En coincidencia con la agitación en el séquito, se ha acercado al paso de los nuevos un grupito de cuchugretes. Estos bichos agitan los bigotes, erizan el pelaje del lomo, emiten unos gruñidos roncos; cuchugretes que exhalan un intenso perfume amoniacal. Y todas esas expresiones tan convincentes son secundadas, por un estampido que la Kunz al aire obsequia. Ya están aceptando las condiciones, se apancha la protesta de los penados; acompañados por la manadita de bichos, se encaminan hacia la frescura ácuea de la zona, por detrás.

    (0:16:33)
     Asomándose desde la caseta, los vecinales están en la observación de seis o siete animalejos que han permanecido cerca. Los movimientos lentos que la Porfisbián ha conseguido con su preparado, permiten a los pobladores la apreciación plástica en torno de esas salvajes figuras amansadas; como somnolientas esculturas animadas de peluche, sueltos cuchugretes rondan en el terrenito. Barriero ha retornado a la puerta de la caseta; lo ve aprensivo la naturalista, le explica: les ha dado tratamiento a todos esos bichejos: “Un suplemento les suministré, en sus comederos habituales; la masificación no ha de descuidar las diferencias de peso, en cuanto los ejemplares portan diferentes metabolismos, engordan o no lo hacen; hay que alimentarlos a diferentes horas, según sean sus organismos”. Barriero se aquieta: están los sueltos en un sopor blando, como los de adentro, también la gente. Son extraños fenómenos puestos en evidencia.

    (0:17:57)
     Destacándose de entre los concurrentes, se acerca a la conversación uno de los pobladores expertos, habla lentamente: “Amigo Barriero, usted ha de renegar de los escalafones aparienciales, no debe seguir atento a las ocurrencias que se le oponen”. Este consejo acerca de las complicaciones adversas hace que el aconsejado responda: “Tienen la costumbre, maestro, es parte del marco social de estos lugares, la parte traicionante; los que toman por la contraria se hacen notorios por su hábito de tirarte con el capuchón, inmediatamente lo recobran, nuevamente te lo arrojan, o de otro modo: Tendencias del momento, aunque sin excluir la causa que anteriormente mencioné: Hechos, ya no fenómenos, componentes notorios y cruciales, y lo son por las derivaciones que inducen, hondas miserias sin análogos ni precedentes”. La tirada de Barriero hace que Julia se exteriorice -quedo le dice que después tendrán algo que hablar aparte- “Pero es así nomás”, agrega ella ahí para todos, “los aparienciales tapan lo que les parece objetable; un ejemplo lo tuve con mis primos, de ellos algo aprendí, intentaron un criadero de mancuspias en Puán, y se les fue encima la dominancia, un desastre”.

    (0:18:39)
     Barriero comienza a decirle: “Tengo conocido lo de tus primos, ellos mezclaron por demás las cosas..” Entonces lo toma del brazo Julia; se ponen ambos a algunos pasos de la caseta. “Armaron demasiada rosca sobre el espíritu natural”, continúa Barriero: “Habían complicado el equilibrio ambiental y social, con sus afanes criadores”; y agrega él murmurando: “Todo por unos bicharracos monstruosos; y la verdad es que estos otros acá ya me tienen podrido”. El ha expresado desagrado, y esto provoca en la naturalista una mirada reprobatoria: “Mis primos se centraban en su su obrar propio, como personas, sin seguir las corrientes”, responde ella en el aparte: “Eso no estaba contrario a tus denostaciones contra las tendencias, lo que recién nos decías; ¿o ya te olvidaste de tu palabrismo, te pegó el Alzheimer o algo parecido?” … “Como usted no puede quitarme diez años -ni que lo intente, por favor-, se me pone zumbona”. Se cansó el Barriero, le está diciendo a Julia, en otras palabras, que la ironía de ella se corresponde con su voluntad de dominación, la que está expresada también en sus manejos amansadores para los fieros cuchugretes; son conductas soberbias y contaminantes, resultados de cierta ebriedad que en un principio a él le caía bien, aunque ya le huele mal. “¡Vos tenés que portarte y hablar más de acuerdo con tu educación y tus años, con más señorío!”, puntualiza la Porfisbián. Reniega Barriero, no la aguanta: “Me enfermás; ¡encontrá por vos misma los crespines!, fue muy bueno haberte conocido, señora, le agradezco su atención.”

    (0:20:32)
     Julia lo ha escuchado con un despliegue de indiferencia. Para el lado del camino encara Barriero, pensando él al dar un primer paso: “Si ella se apura y marcha antes que oscurezca, quizá encuentre los cocoyos, ¡y que le vibren las forfículas!; ¿Qué garantías tenemos sobre otras maniobras que vaya Porfisbián a hacer?, pueden resultar conflictivas, peligrosas, o dañinas”. No alcanza a distanciarse; un cambio en los ejemplares más cercanos le pone freno. Tal vez se deba a las voces discutidoras entre los dos: algunos cuchugretes parecen estar agitados; emiten chillidos y saltan lateralmente. De los conspícuos movimientos larvados previos, han pasado los más próximos a instantáneas saltimbanquias: con elasticidad despegan todas sus patas al mismo tiempo del suelo, para asentarlas firmemente un par de palmos al costado. Volviendo en un relámpago al primer punto, los chilludos animaluchos repiten, con ojos brillosos, la pirueta que renuevan. Esto lo ha inmovilizado a Barriero: “¡Miren cómo se han puesto las bestias!” Los señala el canalla: los cuchugretes han rebasado de hecho el estilo gasterópodo, con una motricidad velocísima; ya no están caracólicos sino que parecen.. ¡caracalas! “Vaya tranquilo, amigo, que el tema no es con usted; sabemos que hiciste todo cuanto has podido vos”, manifiesta la naturalista. Los montaraces bichuelos comenzaban a entonar el “zop zop” … “Vaya tranquilo, que mis chicos quieren su papilla”. La deja ahí Barriero, y va pensando: “La culpa no es de los bichos..; es Julia, con las maniobras domesticadoras que hace, para proveerse de un sentimiento de superioridad, ha de ser que lo necesita; sobre la cuchugrética yo voy a hacer otra cosa..”. Al embocar el camino piensa el ancianito: “Intentaré bloques de texto que puedan ser cultura llana; intercambios para un vivir bueno, sereno y despreocupado, día por día, y cuidar de esto para que no vaya a ser desgastado por las tendencias de la época, con éstas alguna relación suplementaria habría que sostener”, eso va reflexionando, por delante.

    (0:23:07)

    « ..prestaba indiferente su cabeza para que la habitaran y recorrieran recuerdos mezclados, rudimentos de ideas, imágenes de origen impersonal.» J.C. Onetti, ibid.

    «..”ni con lo más alto del pensamiento se alcanza la sabiduría” .. “una razón humana hay que tener para una vida sin pena”.» Eurípides, Las bacantes.


    (Tiempo lector totalizado: 0:23:27)


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