Hipersalenas


conversacion-ciclistas-paquetes
2017/04/20, 5:17 pm
Filed under: agua-en-vasos, Cuentos Breves, Fusiones | Etiquetas: , ,

  Los ciclistas paquetes y nosotros

En un local perdido, livianamente curiosos, ahí nos poníamos a escuchar: Conversación con el vendedor de vestimenta varonil, sobre la importancia de ciertas botellas; porque la ropa ahí se contextualiza con la potencia de algunos aromas, con hechos de consumo suntuoso y notorio, con las bebidas añejas y caras.
 
Veíamos las botellas, en tanto conversaban finamente el cliente y el muchacho vendedor. Este joven señor se destaca como muy profesionalmente integrado, de un perfil afín con las tendencias principales de la corrección ciudadana; comportamiento adecuado, igualitario, modernista. Desembocaba la charla en el tema de las bicicletas.
 
Suponemos del discreto cliente, que murmurando hubiese requerido, con modestia, ropa conveniente para hacer más distinguidos sus pedaleos. El vendedor descolla con que él emplea su bicicleta para ir, para venir. Alguien de los nuestros dice: “Bueno, vamos hasta la esquina”. Carece de importancia el que fuéremos o no a la esquina, pero hemos dejado de estar interesados, de todos modos, por aquella conversación.


4 paquetes con impresos



[En este argumento hay 4 “señores paquetes” (cuatro, al menos).]

.. “cosas sin importancia, de las muchas que se acumulan desordenadamente en el recuerdo cuando se pone uno a pensar en un domingo tranquilo”. Franz Kafka


Sergio Malfé; Provincia de Buenos Aires, Argentina, Abya Yala; Abril de 2017




escena en instituto
2016/12/16, 1:14 am
Filed under: agua-en-vasos, Escenas, Narrativa | Etiquetas: ,

Instituto Superior de Ciencias Culturales
|narración escénica|


Si no se le concede ninguna atención, el tiempo no existe; todo recomienza por su principio a cada instante. Mircea Eliade


   En la parte de afuera había otras ventanas; edificios del otro lado de la calle, cercanos con la ventana del despacho en que ella se encontraba. Y es que Royi Lantrudi ha entrado enseguida en el toilette del cuarto de usos múltiples. Esas ventanas de afuera iban cambiando de ubicación, en unos movimientos horizontales. De esto hace más de veinte años. Y estamos muy cerca de esas ventanas movedizas, pues en una destreza actuacional que no teníamos prevista, se nos temporalizaron súbito: hasta estos momentos actuales vinieron las ventanas.

reverbero

“..hasta estos momentos actuales vinieron las ventanas..”

   También ahora ha venido a la oficina el profesor Paul Blehosta. Pone sus carpetas sobre la mesa, como antes. Va a correr la silla para sentarse en ella; primero ve que esté limpia. Saca de su chaqueta las lapiceras y espera.

   “En algún momento tendrá que salir del baño”, piensa Blehosta. Y toma nota de una frase sobre la que trabajará en su próxima performance colonial: “La ciencia nueva hace crecer mentes impredecibles, crecen aprobadas, con sus integridades doloridas”. Ya retorna Lantrudi, quien le dice: “Profesor, casi se nos ha hecho de noche, y tenemos programado otro corte de luz; así no vamos a poder trabajar, la sala ya está muy oscura” | “Hay que traer suficientes veladoras, es verdad”, acepta el profesor. “Bueno, le he preparado la tarea”, agrega Royi Lantrudi. Ha salido en tanto Paul a los pasillos, y está esperando al bedel, a quien ha llamado a voces. Su pedido resuena en los frios corredores desiertos de la casa de estudios. Lantrudi puede oir desde la mesa los pasos con que se ha acercado el bedel, y al profesor diciéndole: “No se ve un pito; algún otro candil; por favor, traiga algunas bujías, más luz”.

   Ha vuelto enseguida a la mesa de reuniones; retoma los oficios de Royi Lantrudi; y se acerca con los papeles a las ventanas del antiguo invierno, pero se sabe que esos son tiempos de ahora mismo; una cronología dispar está ocurriendo; se acerca el profesor entonces al resto actual del viejo día para apreciar el cumplimiento textual de la tarea. Son intentos de un añoso Paul Blehosta para leer en la penumbra los oficios que le ha administrado su colaboradora Lantrudi. No le es fácil distinguir los contenidos con la penumbra crepuscular junto a la ventana abierta. Con ojos entrecerrados se pudiese leer en una de las páginas: “La gente se quiere vengar”.

   “¿Usted hizo este informe, Lantrudi?, déjeme ver; las palabras están bastante musicales”. Un reverbero aromático penetra en el cuarto por la abertura, lo siente Paul, quien con extrañeza continúa ojeando.. “¿Espectacularismo, actuaciones troperas?..Ahá, ..que así se quiere vengar la gente. Suena bastante bien todo esto. ¡Oh..!, aquí tenemos la iluminación que necesitamos”. El bedel ha traído una palmatoria con sus velones encendidos y la ha depositado sobre la mesa. Los docentes toman asiento sin premura, agradeciéndole al empleado su atención. “Magníficas bujías”, comenta Paul Blehosta: “Las cosas de antes no son como fueron las de ahora, que no duraron nada. Pero atendamos lo nuestro”. Gustosamente Royi Lantrudi se dispone de inmediato para la discusión colaborativa.

   Se escuchan pisadas en el piso de arriba. Royi apoya sus manos sobre los papeles desplegados, cuestiona cordialmente las consideraciones del profesor: “Creo en su ciencia cultural, profesor, pero ha visto usted sonoridades, palabras musicales en mi borrador. No era esa mi intención para un asunto que es seco y grave: Ataques inusitados sin motivo aparente, violencia metálica. Con este poco de luz, por favor, léame un poco mas lo que he preparado”. Paul Blehosta señala la instancia sonora del momento; dirige arriba una mirada presagiosa con la que luego pasa a inquirirla; desde el enfoque al techo de la sala vuelve los ojos hacia su colaboradora. Los pasos que se oyen no llegan a ser violentos, son notorios esos taconeos, pero pretieren agresividad. Enarca una de sus cejas Paul, y dice: “Es como si saltasen para caer, de arriba abajo sobre sus tacones, como si inócuamente quisiesen comunicarnos algo”. Royi Lantrudi sonríe al apuntar: “Son las clases del licenciado Armonía”. Un sobreetendido risueño disipa la inquietud. Puede abocarse Blehosta sobre las páginas.

   Con una lectura rápida, murmura circunspecciones luego el profesor: “…Se quiere vengar la gente..; ya veo el punto suyo, Lantrudi; ..con represalias desplazadas sobre cualquiera, ..con impactos espectacularistas, ..en actuaciones troperas”. Blehosta manifiesta interés: “Esto tiene gancho real, Royi, pinta usted el brete de las habilidades competitivas, ya estoy viendo cómo lo describe al cuadro: competir por seguridades diferenciales, con el incremento justificativo de una venganza indiscriminada. Es algo peligroso y gravitante, ¡pero bah!: adocenados y pobrecillos en la soledumbre, en la presteza de sus hilvanes para el instante”. Royi Lantrudi mira hacia el techo que continúa siendo un tablado para los discretitos taconazos; más cerca ella, dice susurrándonos: “El buen humor desnuda las tonteras que hay en las costumbres. Más cerca: “¿Querrán vengarse porque existir les es una condena?”. Blehosta y Royi Lantrudi levantan pausada y apareadamente una abierta mirada plena de contemplativa fijeza, sostén ocular como prevención.

   En lo cierto y concreto tenemos que se acallaron los taconeos. No se les caía el techo encima, pero tal vez sea el logro de un consenso espiritual sobre la ponencia en discusión entre los estudiosos, lo que haya infundido mayor discreción en las sesiones del licenciado Armonía. Y tal vez, con o sin electricidad, pasaren a ser aún más discretas las actividades en el Instituto. Royi Lantrudi y Paul disfrutan el instante de calma en la iluminación tenue de las bujías empalmadas sobre el candelabro. “Bonitos momentos, ..pero sin echarlos a menos”, masculla el profesor: “..prácticamente no llegamos otra vez a nada más que a otro comentario cultural. Igual tiene algún interés; es casi nada, pero no es un momento baldío”. Es Royi Lantrudi quien discurre evalatuoria y muy serenamente: “Es lo que hay, profesor Blehosta”.

   “Tal vez sea así nomás, ¿pero qué brete resulta?: Un circo adolescente, buooh, que no es el más propio de una comunidad que constituye sus rumbos y sus tiempos. La industria publicitaria se sigue desarrollando, concita un inmovilismo espiritual insultante, degradante. Sufragios por la ventanilla de atención a usuarios” | “Son duras sus expresiones.. Pero quizá tenga usted razón, profesor. Vivimos en un estadío bastante caótico; lo más constante es un estarnos situados en el veremos”. Paul Blehosta se zarandea en la silla, y argumenta: “Ese ‘veremos’ es otro rótulo para decir ‘esperanza’. Muy bien, es activable esa visión, fortalecerla y palanquear con la esperanza, apoyarnos ahí. Veamos también nuestras capacidades, palanquear en ellas, ¿qué nos permiten hacer? Quizá con palanquear se concreten en hechos los quizás. Ya ve, Lantrudi, una bonita incerteza, casi nada de tembladeral”.

   Hace un silencio flor ella, en tanto encarpeta el despliegue de las páginas. Blehosta sale de un momentáneo ensimismamiento: “Dígame Royi, ¿no ha sentido un aroma muy singular en el aire que viene de la calle? Podría ser que venga de los grupos electrógenos, estoy pensando, que le hayan aditivado aceite de ricino al combustible” | “¡Ah, ¿puede ser por eso?. El aire está raro, ya me había dado cuenta, creí que pudiera ser porque se están empleando veladoras, que estén perfumadas” | “No; se huele aceite de ricino, y creo que es así nomás; un recuerdo se me delinea, es lo que se respiraba en las competencias de aeromodelismo; iba yo de curioso cuando chico. ¿No le parece lindo aroma, colega?” | “Sí que está rico, ¡qué gracioso, combustionan aceite de ricino!” | “Permítame decirle aparte, mi querida colaboradora: esto de las velas y los candelabros me ha hecho ver una calidad maravillosa suya que antes yo lamentablemente no conocía. ¡Qué interesante! Me he despabilado al respecto: Su piel, Royi, se me ha destacado lumínica, y como un factor de atracción muy muy relevante”
   … “¿Cuáles son exactamente tus intenciones, Paul…, …al decirme todo esto?”


“..Hacer presente lo que está ausente, que las experiencias que ya existen pero son invisibles o no creíbles estén disponibles”. Boaventura de Sousa Santos.


Nota: Otros contenidos relacionados con éste, semántica y automátticamente seleccionados por WordPress.Com, tendrían acceso al pie de la entrada, si la misma es abierta en su localización singular, por este enlace: http://wp.me/pu9CK-1rz.

 Sergio Edgardo Malfé
 República Argentina, Abya Yala; Diciembre de 2016



faltaba mas
2016/11/04, 12:34 am
Filed under: agua-en-vasos, Cuentos Breves, Fusiones | Etiquetas: , ,

wiphala-rkc

Un día 4 de noviembre como el de hoy; en Tinta, Perú; se inician las acciones de criollos y aborígenes contra la dominación del absolutismo europeo en América. El movimiento emancipador de 1780 fue conducido por Túpac Amaru II, cuyo nombre de bautismo fue José Gabriel Condorcanqui  



 Pero faltaba más

   Yendo a la Capital una vuelta, pasé a visitarlo a mi amigo el español. Habiéndose establecido recientemente en el país, y con todo su entusiasmo, se correspondía él con las pretensiones de ese Buenos Aires farragoso que a mí ya en ese otrora me pudría. De paso me le había aparecido. Sentimental y al momento, me había dicho por el intercomunicador desde su departamento que lo alegraba mi visita. “Entonces no interrumpo nada”, le dije: “El día está muy lindo; ¿por qué no bajas?; te invito a desayunar en el Boulevard”. Luego de un corto silencio me respondió con una frase sonora: “¡Venga, Sergio, vamos a pasear al Tigre!”.

   Interesante perspectiva de aire libre, un recorrido por las riberas del Delta, quizá embarcando para navegar la isla. Con gusto pues, yo lo esperaba en su puerta de calle, y a poco lo ví venir. Se traía algo sorprendente para la contingencia de ese encuentro conmigo: un felino amenazante atado con una correa. Mostrándome los dientes, el bicho jalaba de la traílla como queriendo saltar sobre mi. El español lo acarició en la cabeza. Esas incorrecciones del amigo, cosas inconvivenciales que no me valen la pena, sin camino para solidaridades.

   Le dije “¿Cómo es esto?, es algo muy aburrido, ¿te das cuenta? Te esperé para ir juntos al Tigre, y no para dar un paseo con tu tigre. ¡Habráse visto!”. Tendría él todavía algún afecto vivo por mí que me alejaba caminando. “No seas cabrón, no te ofendas, che; aquí todos están locos” … “Es así, vos y yo lo sabemos, chapetón, pero no todos se dan cuenta; y cómo rompen, cómo perros y gatos”. Sólo fue una errante suposición de mi espalda la posibilidad aprensiva de que se me clavasen las garras del micifuz. “Ya está”, me dije: “Ojalá no tenga que volver por estos barrios; igual no hay nadie que me vaya a extrañar; pero faltaba más”. Evitación sopesada que sigo sosteniendo desde aquella mañana.


Nota: Otros contenidos relacionados con éste, semántica y automátticamente seleccionados por WordPress.Com, tendrían acceso al pie de la entrada, si la misma es abierta en su localización singular, por este enlace.

 Sergio Edgardo Malfé
 República Argentina, Abya Yala; Noviembre de 2016



deteccion de sierpes
2016/08/11, 10:12 pm
Filed under: agua-en-vasos, Notas | Etiquetas: , ,

  Detección temprana y respuesta rápida

Vista aérea del milenario Montículo de la Serpiente, en el actual Ohio, Usa; Es antiquísimo arte de pueblos originarios; Linck Photo

Vista aérea del milenario Montículo de la Serpiente, en el actual Ohio, Usa; Es antiquísimo arte de pueblos originarios; Linck Photo


“.. empecé a sentir un cierto gozo y a mirar en torno mío, con algún interés, a la extraña tierra en que me encontraba”. Robert L. Stevenson, La Isla del Tesoro

   No se trataría de tomar precauciones con el tan mentado “huevo de la serpiente”, sino de controlar preventivamente lo que algunas veces es el resultado de una cópula colectiva, de una verdadera “patota” de serpientes, bocha en la que cantidad de hembras y machos de especies venenosas se enriedan en su procedimiento reproductor. Mucha atención entonces, a precaverse de “los huevos de serpientes”. Atención con las nidadas viperinas… En montoncito van dispuestos los huevos que pone la víbora hembra; estos son depositados en lugares protegidos, a veces en resguardos subterráneos. Tienen el aspecto de un huevito de ave, aunque sus cáscaras son blandas, y el desove generalmente es numeroso, un conjunto de huevos. Los ejemplares de ofidio surgen cuando los huevos hacen eclosión, a 40 días aproximadamente desde su puesta.

   Se valen por sí mismos desde el momento de su nacimiento: Viboreznos de un sexo u el otro que son capaces de procurarse por su cuenta el alimento. Están dotados de ponzoña y dispuestos a atacar si alguien se les acerca. Antes de alimentarse con sus víctimas, las sierpes las inmovilizan con su veneno neurotóxico. Pero para todos los ejemplares, sean pequeños o adultos, hay un círculo de peligro cuyo radio va de acuerdo con el largo de la serpiente; el círculo de peligro abarca aproximadamente la mitad del porte del ofidio. Para todos los casos, mientras conserve usted la distancia, no sufrirá mordeduras ofídicas. Si eventualmente llega a padecer un accidente ofídico, no deje de beber agua, y recuerde que el suero es el único remedio. No adopte los consejos de sus vecinos y desoiga usted ladridos circunvecinales; no sea usted consecuente de esas fuentes, pues podrían conducirlo a la adopción de medidas sanitarias inútiles y contraproducentes, como la ingesta de vino con ajo machacado y sangre de cresta de gallo: El suero antiofídico es el único remedio. Por su acción sobreviven a los accidentes ofídicos un 95% de los atacados, sobre una estimación mundial que actualmente ronda los 3 millones de personas que cada año resultan mordidas por víboras venenosas.

   Los machos de víbora buscan a las hembras en la época de celo, se guían por el olfato. Y en esto de sus percepciones, anotemos que adolecen de una pobre visión, y su audición es nula, pero captan las vibraciones, p. ej. las de aquellos pasos que usted transite, al acontecer estos en un terreno infestado por sierpes. En las regiones tropicales las serpientes están plenas con todas sus actividades durante el año entero. En las zonas templadas, en cambio, pasan por un período de hibernación, con sus funcionamientos muy restringidos. Pero algunas serpientes en los inviernos suelen movilizarse, si se producen días tibios. La activación por causas térmicas comprende la totalidad de las funciones de estas especies predadoras: merodeos, gestación, producción de ponzoña, etc. Las implicaciones del cambio climático podrían considerarse en un sistema que enfoque higiénicamente la amenaza ofídica como una de las emergencias del calentamiento global para pueblos no afectados anteriormente por dicha fauna.

   Si una especie peligrosa es detectada invadiendo intrusivamente un terreno, hay un limitado pero oportuno período de ventana, para que el control de la especie sea efectivo, con vistas a la erradicación del peligro. Para que sean eficientes los esfuerzos erradicativos, han de tomar en cuenta la alimaña en todos sus estadios vitales: Atención con las nidadas viperinas… Se encuentran relativamente cercanas al punto en que se haya avistado una sierpe. Para todas sus funciones individuales, las serpientes ocupan superficies que no superan las 3 hectáreas; aunque se han observado como algo más extensos los merodeos de ejemplares en sus fases juveniles. La actividad juvenil hace crecer el territorio infestado, y pueden así ampliarse consecuentemente las probabilidades de accidentes atroces, miseria y horror. La prevención contrasta como un escudo más conveniente, con respecto a las víboras en un territorio, frente al control y erradicación de una infestación que se haya asentado. La criptosis de las serpientes con su entorno hace que puedan estar presentes en un lugar y aún no haber sido detectadas. Los rasgos generales que distinguen a las ponzoñosas son: una cabeza achatada y triangular, separada del cuerpo por un cuello; una notable separación hay también en las colas, con un adelgazamiento abrupto de éstas con respecto al cuerpo; y los ofidios presentan escamas puntudas en la piel de sus cabezas, en contraste con las placas redondeadas que cubren las cabezas de las culebras. Otro contraste notorio es el de las pupilas, que en los ojos de las especies venenosas son transversalmente verticales con respecto al plano de sus mandíbulas; son en cambio redondas las pupilas en las culebras no venenosas, que son generalmente más discretas y no dañan a la gente.


“.. en algunos sitios vi serpientes, y una de ellas irguió la cabeza sobre un peñasco y me silbó con un ruido muy semejante al zumbar de una peonza. ¡Qué ajeno estaba yo de pensar que era un enemigo mortal y que aquel sonido era el famoso cascabel!”. Stevenson, Ibid.

 Fuentes
  • Abalos, Jorge W., ¿Qué sabe usted de víboras?; Eudeba, Buenos Aires, 1964
  • Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe, 2005
  • Herpetology Congress Abstracts [pdf], 2008.
  • Moncaut, Carlos A., Medicina casera..; Revista “Todo es Historia”, Nº 324, Buenos Aires, julio de 1994

  •  Sergio Edgardo Malfé
     República Argentina, Abya Yala; Agosto de 2016

    ¿Tomando por sorpresa a otra Entrada en esta Blog? 

    Hipersalena Aleatoria, por Aquí 



    dia descansarlo lindo
    2016/07/06, 2:15 pm
    Filed under: agua-en-vasos, Cuentos Breves, Narrativa | Etiquetas: , ,

    Un día para descansarlo lindo


    “.. en tanto que es capaz de gestos, de expresión y finalmente de lenguaje, el cuerpo se vuelve sobre el mundo percibido para significarlo”. Maurice Merleau-Ponty (1908-1961).

    Cuando todavía era noche en la playa donde acampábamos, había sido el paso costero de un yeguarizo blanco, a lo largo de la ribera. Estábamos ahí de escapada romántica y silvestre, con mochila y carpa.

    Al comentar con mi compañera Malena el hecho caballar que nos había quitado el sueño, dentro de la carpita caldeada y entre mucho humo de pipa, concluimos luego con algo así como para escribirlo en el anotador del viaje: ..“fue una trama inconsútil de correalidad que nos compartió el equino bayo; una andanza en cuatro patas consustanciada en una totalidad de fábula con orilla, noche, y luna”.

    Llegando el momento del amanecer, atisbamos que la mar se mostraba difuminada con lluvia y nubes bajas. La pródiga Malena dijo que quería ponerse las medias y “salir del horno”; tiraba para allá y para acá revolviendo infernalmente los trapos que ya estaban hechos un caos. Hurgamiento acalorado y errático en el que finalmente encontró sus medias: estaban en una bolsa de lona con fondo y tapa de cuero; y se sentía la mañana que empezaba a andarnos dentro.

    Me plegué con la dinámica y quise salir de los edredones para acompañar a Malena en el aprestamiento. Amanecíamos siendo mucho más nosotros mismos. Y andando un poco fue que vimos cuatro gorriones solazándose en el fondo de una canoa, sobre un resto de arena húmeda dentro de la bateleta que descansaba en seco. No estaba el tiempo para continuar fuera, sino que era un día para descansarlo lindo; retornamos a la carpa.

    seaside

    En la media mañana ya no llovía, y el pregón de un lugareño favoreció una reanimación nuestra para continuar con buen humor en el solazón turístico. Nos habían dado ganas de reir con el grito anunciador de ese caminante playero; pero la sorpresa por su oferta comercial nos hizo moderar la risa: no queríamos delatarnos, y nos cubríamos las bocas con las manos. Nos mirábamos en la carpita, frescura en los ojos y sin poderlo creer del todo: el lugareño había pasado gritando una y otra vez: “¿Alguien quiere comprar un piano?” ■


    “Desde que el hombre existe ha habido música. Pero también los animales, los átomos y las estrellas hacen música”. Karlheinz Stockhausen (1927-2007).


     Sergio Edgardo Malfé
     República Argentina, Abya Yala; Julio de 2016

    ¿Tomando por sorpresa a otra Entrada en ésta Blog? 

    Hipersalena Aleatoria, por Aquí 



    reconocer melodia/..”insertar; recuperación; enseguida; paseantes; fogón..”
    2016/04/09, 9:52 pm
    Filed under: agua-en-vasos, Escenas, Narrativa | Etiquetas: , ,

      Reconocimiento de una melodía


    “..para curar a todas las víctimas del absurdo que yacen agonizando de alegría artificial”. Thomas Merton (Fray Luis)

       En la necesidad de completar su carrera, obtención de algún dinero, sentirse gente, el muchacho cabezón trabaja en asuntos de vestimenta, flecos vanguardistas para la camisa de su patrona, porteñita pletórica, bordados o cosa semejante, corbata blanca con sobrerelieves de metal plateado, tachones que podrían ser símbolos lógico-matemáticos.
       Nadie lo va a poder creer: Dupreni necesita una solución de autenticidad, su carrera no se debe detener, cursa Resolución Total para las desgracias, Situaciones de Desastre Bajo Estudio, encima de alguna mesa poner su llavero; sus vivencias siguen en subibajas, necesita tenerse más estima, que sus vínculos dejen de ser anónimos y solitarios; toda la gente tiene lazos firmes entre sí; piensa él que le haría bien el juego de echar relinchos junto a sus amigotes, los muchachos de la esquina.

    pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

    “..reconocimiento de una melodía .. con todas sus sonoridades..”

       Busca un símil de corazón ese muchacho, él lo necesitaría para insertar su persona en una retícula, en un sistema de juegos teatrales que confiera orden y sentido al mundo de ocupaciones que él desea, mundo con mucha gente. Todos agitan sus manos un segundo y los banderines de sedería flamean al viento; emprenden viaje hacia el pinar costero. Carruajes quizá, con señores tal vez de galera, y damas de amplios vestidos. “¡Dupreni!”, le grita al cabezón su patroncita: “¡tienes que ir al final de la hilera”.
       Atraviesan portales y pasadizos, van encolumnados entre viviendas perecidas en su lobreguez, casas sórdidas y ruinosas. Dietas agigantadas hasta la masacre. Sobre los muertos dar saltos de un lado al otro con las muletillas. Ausencias y retornos del sentimiento de su integridad en Dupreni. Un corto viaje a través de los potreros; llega la hilera al pinar, algunos pasan dentro del pabellón principal, y toda la gente opta con firmeza por un fogón artístico ulterior. Luego está en búsqueda de leña la reunión, enérgicamente unida. Unidades para la recuperación de gente quemada.
       Le dice Emilgia, la chica patrona, que el hermano de ella está necesitado de una conversación constructiva. Esto luego resultaría en una falsedad desgastante: una charla extensa e incoherente que Dupreni con el hermanito tiene que sufrir. Impersonal el diálogo, vinculaciones sin definición, en tanto que el afán de Dupreni es por el logro de una ubicación que signifique hombría; pretensiones de jerarquía viril, las propias de un muchacho lúcido. El cabezón debe refrenar una erupción de furia feroz que el hermanito le produce: lo que hace el pariente es plantearle una inquietud, para enseguida ponerse a distancia con actitud altanera y claramente confusional.
       Al cabezón se le ha hecho una mancha más de horror, “mi pena es penosa pero me la figuro más conveniente que la dolorosa nada”, se está sintiendo anónimo, quedándose en su vacío. Y en el viejo edificio, por sus pasillos de pisos arriba, juegan los niños de la partida, juegan como si estuviesen en las galerías de espaciosos solares. Recurso antiguo que fue religioso, miniturismo abierto para el esparcimiento pintoresco de los paseantes. No se podría precisar como empezó: Se encienden las luces, comienza la atención de otra gente, Dupreni dice que mirará, “a ver si me olvidé de algo”. Que las cosas reflejen lo que él es, y no precisamente una cacerola negra con cosas dentro.

    pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

    “..melodía .. con todas sus sonoridades..”

       Se sabe adonde no queremos llegar. Es con alivio que recibe Dupreni una sorpresiva y velada propuesta por parte de su patroncita Emilgia. En el parque, sobre los adoquines del patio, la reunión se ha instalado en silloncitos alrededor del fogón ya encendido; sus ilustrísimas señorías aguardan el comienzo de la velada artística; pero no es noche todavía. La chica está diciéndole que en la vecina casa de su familia está el verdadero armonio con todas su partes perfectas y todas sus sonoridades. Había señalado Emilgia un armonio en el patio crepuscular, diciendo que fue mobiliario antes de los religiosos, “ahora está reventado, pero tenía fallas ese armonio, por eso mi familia lo donó a la orden religiosa, el original está completo bajo el alero de la casa”.
       La joven patrona, con tanta época amalgamada en la sugerencia, se puso a andar hacia el otro borde del pinar. Los dichos de ella han sido para que Dupreni la siga hacia la casita del fondo, vecina casa familiar donde está la cama aquella, la sugerencia es suficiente para que él curiosée la vista del maldito armonio original y completo. Están los dos observando el intrumento en el marco armoniocal, bajo el alero, en un entorno adoquinado que es conveniente para la aparición del padre de familia, viene con su carretilla. Y de inmediato reaparece el hermanito, presuroso se mete en la casita. Su madre inquieta le sigue al fallutito los pasos, “está descompuesto”. Figura del tiempo de los flecos: la señora tiene sus años, y se acompaña con sus chales, pinta al hermano de Emilgia como en una crisis nerviosa, con palabras hacia Dupreni en los que le reconoce su intento de ayuda: “usted es una persona estudiosa, pero no se preocupe”. Y se digresiona la señora en una breve locución sobre la intensidad de la Sudestada; meteorológica que es seguida por un silencio sin bochornos.
       En la pausa está pensando el cabezón: “Sentir la presencia de quien soy, en aclaramiento de las circunstancias, solucionar ambas cosas al mismo tiempo: yo y el entorno; mientras me sienta relacionado, no perder la visión de lo que soy”. Las rachas mueven el pastizal de los medanales. Retoma la madre de Emilgia su aconsejamiento: “Usted no espere, solamente estése tranquilo”. Y se desembucha con un acontecimiento: Había sido robada la motocicleta de Bufiné, el delegado municipal. En su barraquita por la tarde y como habitualmente, el funcionario seguía la transmisión de un partido de fútbol, queda media hora por jugar en este encuentro, en la oportunidad le robaron la moto, lo estuvieron interrogando los polis porque habían notado algo raro con Bufiné que querían aclarar: ¿Por qué había sido abierta también una segunda cerradura de la moto que funcionaba con el reconocimiento de una melodía? Los chorros habían conseguido abrir la primera cerradura, ¿cómo hubieran hecho para obtener la apertura de ese segundo dispositivo? ¿Por qué Bufiné había puesto esa segunda barrera?

    pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

    “..sonoridades..”

       Dos personajes acercándose caminan sobre el adoquinado arenoso con sus borceguíes. “Falta luz en las calles”, les dice la dueña de casa. Los policías con mirada tranquila respaldan a Dupreni, en un diálogo cuidadoso. El joven estaba enfrentando los cuestionamientos con una total imperturbabilidad; él no había tenido comportamientos antisociales. Si hubiera problemas, se deberían a las estaciones de trenes cerradas, cerca del pinar hay una, dejó hace años de funcionar, ya no recibe formaciones, un cartel de cemento le sobresale entre las arenas, sus letras dicen “García Márquez”. Agudeza dominical en quien testifica, uno de los oficiales, pone en claro que ninguno de los personajes problematizados es mala influencia, ni Bufiné ni Dupreni tienen causa relacionada con el robo. Repugnantes cervatillos de plástico en el parque, sería como para contener y encerrar a los criminales. Y al mismo tiempo está el cabezón pensando: “Un puente hacia otra orilla del mundo, ¿estoy en camino?, una orilla distinta cada día”.
       En la calle trasera del antiguo solar religioso, por donde supone Dupreni que habría otra entrada, y le gustaría encontrarla, allí hay un auto viejo estacionado con alguien, que si él lo viere, sabría que es familiar suyo: un señor relleno y maduro, en la consulta de un mapa antiguo que está estampado en el corderoy de un bolso de mano. Un sobre de papel marrón aparece; peluca con hilos de aluminio. ¡Y el ladrón con la moto robada atraviesa un puente lejano! Hay otros detalles para conocer; la vida real está almacenada en múltiples cajoncitos dispuestos en altos anaqueles dentro del caserón. Recepción clandestina de una revista de barricada. Por lo demás, los oficiales ya se han retirado, y la bruma crece. “Tenemos que conversar, ven conmigo a dar una vuelta, te presentaré con papá”. Un devenir suyo, el que su patroncita le tiene en mente, será otra sorpresa para el joven Dupreni. A pocos pasos encuentran al señor de la carretilla. Después de las presentaciones, y con el respaldo de su papá, Emilgia le comunica al cabezón: “La gente de la partida se asusta contigo, eres demasiado para nuestro fogón artístico, va a ser mejor que te vayas”.
       “Le estamos haciendo un favor, joven”, le dice el hombre mayor: “¿por qué no monta en la carretilla?”. Sin obstáculo alguno, Dupreni acepta con sobriedad el envite, está pensando: “De prevalecer un orden del corazón, me estaría colocando así en la alegría de convivir sin pasos tristes, ha de ser ese el caso de los que se manejan bien con su estima, los íntegros”. De cuclillas en el somero vehículo, Dupreni está mirando la luna llena a través de las ramas del pinar. El joven escucha otros controles que Emilgia abriga para él: “Sos un hombre hecho y derecho, ya te queda chico el trabajo con la vestimenta”. Lo está despidiendo de su trabajo, dice ella que así le aumenta su libertad, favoreciendo su crecimiento personal y laboral, tendrá él una esperanza dinámica que finalmente lo colocará en mejor ubicación. Y es la llegada al camino, el final del curioso trayecto: “Tendré que desconfiar de las sensaciones mías para los tiempos que corran; ya no habrá nadie como ella para mí”. Dupreni está lagrimeando cuando ella se le ubica cercanamente, lo besa en los pómulos sobre las lágrimas. “No me lloriquées, varón”. / “No sé que te has creído; los plenilunios son los que me ponen así de sentimental”.


    pintura_de_ Jan_Van_Eyck datada_en_1432

    “..es entonces cuando oye..”

       Al otro lado de la calzada se ven las luces de una galería comercial que rodea una plaza seca, allí está brillando “Del Tiempo”, insistencia del letrero de uno de los locales. Dupreni no vuelve la cara cuando padre, hija y carretilla, comienzan de regreso a internarse en el borde cercano del pinar. “Tendré que desconfiar de las sensaciones mías para los tiempos que corran”. Y avanzar por veredas con perros, por senderos de cabras, hallazgo de un viejo pantalón. Siente una reserva de potencia que tiene disponible en una casillita de su personalidad; es entonces cuando oye que el papá de Emilgia le vocifera: “¡Usted es fuerte!”.


    ..”Creemos que nuestro futuro estará hecho por el amor y la esperanza, no por la violencia y el cálculo.” Fray Luis (Thomas Merton)


     Sergio Edgardo Malfé
     Argentina, Abya Yala; Abril de 2016


    ¿Tomando por sorpresa a otra Entrada en ésta Blog?

    Hipersalena Aleatoria, por Aquí



    verdores y temas del parque
    2016/03/09, 8:27 pm
    Filed under: agua-en-vasos, Cuentos Breves, Poesía | Etiquetas: ,

    Tiene sus temas el parque


    «..como sabes, hay un montón de patos salvajes en el foso congelado antes de que llegue el calor y saquen los botes.» Yasunari Kawabata, El Lago.

    Tanto espacio que hay; no se puede creer que estemos de paseo ahí nomás, cerca.. cerca de la estación Aquinos, sus andenes plagados por muchísimos vendedores ambulantes, agotadoramente concurren.. concurren a los grifos de agua. Pero tienen su salvación bien bien deliberada: Con las carretillas su ajetreo se hará más disciplinado. Véase a los vendedores en el amanecer.. vendedores en el amanecer, semejan gaviotas en formación de despedida.., como gaviotas que se vuelan lejos, despidiéndose. Ya no será necesario que sacudan resortes en el pedregal, no lo será porque cada grupo de vendedores estará desde ya.., está pues envuelto en vaharadas: Rondando.. rondando la estación con las carretillas, turbulentas caravanas, vendedores que pronto así llegarán al completo repertorio.. repertorio de la zona. Además del parque y sus verdores, lanas mil hay en la zona, lanas mil que rinden a la par pullóveres y zoquetes.. pullóveres y zoquetes abundantes.

    pedruzcos_perlita_alambres

    …innecesario que los vendedores sacudan los resortes en el pedregal..

       Alrededor, donde hay multitud de estatuas.. estatuas diseminadas, el agua sale tan tan fría, que asusta; las duchas.. duchas entre las estatuas. Y una glorieta.. glorieta laberíntica, a la que tienen adornada con varias lagartijas de bronce. Parecen.. parecen estar en el intento de sus huídas, lagartijitas escapistas.. escapistas por entre los ramajes del parque.

    Dicho sea de paso: poco.. poco faltaría para que el tiempo se ponga denso, una mañana comprimida en barrotes.. barrotes plenos de sequedad, sino fuera porque la estación.. la estación Aquinos permanece ahora aliviada. Empleando los remedos de un clima distante, así tenemos provocado el símil de un bienestar.., vaharadas de un bienestar en los grupos que desfilarán con las carretillas… Desfilan luego entre rociadores, descargas de neblina, aspersiones aliviadoras; prórrogas.. prórrogas para el vicioso antojo de hollines. Se sigue de ello que los vendedores, desatenazados del griterío.. del griterío egotérmico, hallen una voz abierta para sencillamente tomar.. tomar su ducha y despedirse; mansos chau chau en sus voces. Se llevarán los textiles en sus carretillas, ..en sus carretillas pullóveres y zoquetes de buena factura, ofertas provechosas y durables, que pueden ser colocadas.. colocadas en una observación desagrumada, nítidamente.

    LLegado el momento, es para los besos de una boca enooorme, boca en pantalla activa, es rasgo separado del rostro de Emilgia Kahceli, una boca que se alimenta en intervalos regulares, y de ahí que se haga necesario limpiarle los restitos de la ingesta con el empleo de papel en toallitas. Y una vez completada la limpieza, que tiene sus temas el parque, vuelven pantalla y boca al servicio osculatorio; en sus duraciones la mañana. Y no son afectadas estas observaciones, por las caídas de algunos grumos sobre mi techumbre craneana; si definidamente fuesen grumos o coágulos, no lo sabemos; serían cosas que estén cayendo de tales y cuales arbolillos implantados, que tiene sus temas el parque. No me importan los coágulos, porque las duraciones se me han puesto cristalinas y festivas, como con guirnaldas.

    Me colma una alegría lánguida por el encuentro probable con Emilgia Kahceli en persona; esto me hace tanto bien; desborda vibrante la vida con temblores tenues. Crece el día con resonancias esferifónicas; se unen en esto los carrillones del parque, los trinos de avecillas canoras; y una multitud de abejas es litúrgica con sus zumbidos melosos. Hay luz y coraje en las abejas que no se acobardan con los golpes de las alfalfas. En su tranquilidad, inmersa en la umbrosa y granular fluencia de su sentido, quieta la encontraré reposando en la espera del sol pleno. Emilgia Kahceli: eres mi más anhelada insignia. Tus ojos son centellas de abismo dulce, enceguecedoras perlas profundas.

    Tu plenitud surgente me alberga, Emilgia, y juntos podemos rescatarnos, salir de Aquinos y de las travesuras del parque. Tengamos prudencia ambiental; algunos de los coágulos quizá se broten; miremos que no nos sigan los grumos verdes, prudencia ambiental. ¡Qué belleza de lugar! Estamos zafándole los bretes y lo estamos haciendo bien, Emilgia; salimos de la zona de estatuas, duchas y carretillas, salimos andando de la zona como por un tubo desopilado; ambientalmente prudentes, viéndole bien al paraje lo que hay que verle, como si fuésemos lagartijas cautelosas. Y estamos juntos; ¡Emilgia Kahceli en persona y conmigo!; esto me hace bastante bien, bastantísimo.

     


    Sergio Edgardo Malfé
    Argentina, Marzo de 2016.


     



    meses de brujas y sapos

      Brujas y sapos en sus meses.


    «Mas naides se crea ofendido, pues a ninguno incomodo, y si canto de este modo, por encontrarlo oportuno, no es para mal de ninguno, sino para bien de todos.» José Hernández, Martín Fierro.


      En la revisación de mis papeles estaba, en octubre de 2015, y así encontré un curioso relato que me aconteció con su originalidad. Está en un libro, que entre otros testimonios me informa sobre mujeres brujientas de mediados del siglo XX en Argentina. Singularidad considerable en el relato, por un lado; y con personal realización acontecedora. Pero lo que me movió para compartirlo en una entrada, fue que por otro lado recibí información contándome que octubre es “el mes de las brujas”, aunque otras fuentes digan que los embrujamientos mayores sucederían en noviembre. Y es suficientemente curioso el procedimiento del hechizo que ejecutaban las mujeres del relato, a fines de los 60. El caso está narrado en dos capítulos: “Medio de vida”, y “La bruja”; ambos forman parte del libro de Irene Freyre “No estamos solos” *.


      Conversando con el sacerdote Dubosc, tutor del Albergue para niños en situación de calle, y uno de sus fundadores, le estaba diciendo en una mañana Osvaldito, uno de los chicos:
    Hoy tengo que ir a cazar sapos. / ¿Sapos? ¿Para qué querés sapos. / Para venderlos a la bruja Margarita. / ¿Te los paga bien? / Sí, me los paga bien, y si tienen la boca grande, mejor. / ¿Para qué quiere los sapos? / Margarita me los compra para sus brujerías. Tengo que llevárselos al cementerio de la Chacarita. Ella me espera en un lugar que conocemos. Cuando estoy ahí, saca de la cartera fotos de hombres y mujeres, luego las dobla y pone una foto en la boca de cada sapo. Después yo la ayudo a enterrar el sapo vivo entre las tumbas. / ¿Para qué hace eso? / Cuando entierra los sapos dice malas palabras, putea y le pide a cada sapo que joda a la persona que está en la foto…
     
      ─ No hagas ese trabajo, Osvaldito. ¡No hagas ese trabajo! No busques sapos ni vuelvas a ver a esa mujer ─.
      No puedo, Padre. No puedo … ¿Usted sabe? A otro chico que no le llevó más sapos, la bruja lo hizo pisar por un tren. / Habrá sido una casualidad, Osvaldito. Esa mujer no puede hacerte daño porque entierre un sapo. / Yo iré, Padre, porque tiene mi foto. / Entonces, vamos juntos. Me llevás adonde está ella.
    ─ ¡No, no! ─, gritó Osvaldito y salió corriendo a la calle.
     
      Con la intención de encontrar a Osvaldito, quien dejó de ir por el Albergue, varias personas se pusieron en campaña, también interesados en averiguar las acciones conectadas con el comercio de sapos. Colaboradores voluntarios del Albergue conversaron en La Chacarita con un cuidador del cementerio, quien conocía dos de las mujeres que enterraban sapos junto a las tumbas: “Vengan algún martes o viernes, y las verán con unos chicos que llevan latas”.
     
      Estaban vigilantes el sacerdote y uno de los voluntarios en uno de esos días, cuando vieron avanzar por la puerta principal dos mujeres que con bolsas en las manos se internaban luego por una de las avenidas del cementerio. Dos chicos, que llevaban latas, iban detrás de ellas. El grupo caminó hasta dejar atrás las bóvedas, y se detuvieron junto a la tierra de una tumba abandonada; echaron una mirada alrededor. El sacerdote y su acompañante simularon estar interesados en una tumba cualquiera, le removían un tanto las malezas mientras se mostraban en una charla, al tiempo que vigilaban el grupo. Vieron como las mujeres depositaban las bolsas sobre la tumba y abrían las latas. Los chicos a su vez escarbaban la tierra con cuchillos, frente a una cruz de hierro semicaída. Cuando el pozo estuvo listo, una de ellas volcó el contenido de una lata dentro de él. Los chicos se apresuraron a cubrir esto con tierra. Recomenzaron en su andar intencionado las mujeres, con los chicos detrás, pero a poco se dieron cuenta de la vigilancia que también las seguía, y acelerando el paso se alejaron. Alcanzó el sacerdote a los dos chicos con las latas remanentes, los convenció para que se sumasen a la vida del Albergue, y les compró las latas, para arrojarlas de tal manera que se abrieron, y los sapos salieron saltando de su encierro. El voluntario retornó a la tumba con la cruz caída, y al ver que el suelo se movía, comprendió que los sapos enterrados vivían aún, removió la tierra blanda con un palo, y los dejó escapar.
     
      En cuanto a Osvaldito, nos cuenta la narradora de estas experiencias: “Trabajo costó encontrarlo, hasta que un viernes tuve la alegría de verlo junto a la puerta del cementerio”.
      ─ Todos los chicos del Albergue te están esperando ─.
      El chico estaba ahí con su lata de sapos, seguía atemorizado por lo que le podría pasar sino le cumplía la entrega de sapos a la Margarita.
      ─ En el Albergue hay dos chicos que les vendían sapos a las brujas, como vos, y ahora ya tienen otro trabajo. / ¿Y no les pasó nada? / Claro que no, ¿por qué les va a pasar algo? ¿Acaso no puede cambiar uno de trabajo cuando quiere? / Sí, pero la foto … / Vamos, querido, todo eso es mentira. Nadie puede hacerte mal por el sólo hecho de tener tu foto. Esas mujeres pierden su tiempo con tales tonterías. / ¿Usted está segura? / Absolutamente segura. ¿Qué te parece si vamos al Albergue? Te daré ropa, te quedás allí, y ya verás que nada te va a pasar. / ¿Y la bruja? / Dejala que se busque ella misma sus sapos. Vení, nada te ocurrirá ─.
     
    * Irene Freyre: No estamos solos; EMECE, Buenos Aires, 1980. El sacerdote †José Dubosc y la Licenciada en asistencia social †Irene Freyre dedicaron gran parte de sus vidas a la Fundación Hogares Argentinos, una institución tutorial autoeducativa y preventiva de puertas abiertas por ellos fundada en 1957. Suman miles los hijos espirituales de su proyecto.

     
      Más decentes en su añeja humildad que otras figuras brujientas promovidas hoy en día por la manipulación transcultural y massmediática, las brujas del relato carecían de ambages caricaturescos. Eran oficiantes en harapos de una magia que opera, en este caso para destruir, por las semejanzas entre las representaciones manipuladas y las personas destinatarias del hechizo. No imperaban todavía los embrujos del estrellato globosiento, plena y oculta vigencia tenían por entonces los de tierra adentro, sapo al pozo tierra adentro, embutida foto en sapo, cada sapo con su foto, a otra foto con tal sapo, toda foto con su sapo; en embrujos dispares, caractéres diferentes.
     

     Otros contenidos en la Blog con éste relacionados
     
    Dos cuentos conectados
    Videocracia
     

      Sergio Edgardo Malfé
    Argentina, octubre de 2015.   



    narracion-ultima-escena
    2015/02/19, 11:56 pm
    Filed under: agua-en-vasos, Cuentos Breves, Narrativa | Etiquetas: ,

     Última escena


    «..se imaginaba que la vida se detenía a cada instante, como para celebrarse a sí misma y otorgar a cada acto un valor final.» Carlos Fuentes, Las buenas conciencias.

       Hay que andar con cuidado, porque no es cuestión de tener miedo; ¡dios mio; ¿habrá visto alguien algo?!: ¿A quién, a ese otro saltando, en parlamentos carentes, ruegos maldicientes, con historias de y para la calle?; Él preguntaba: “¿cómo, con qué, cómo?”. ¡Qué tipo aquel! Me zampó una que yo no podía creer, entreverada en la insólita ristra de frases que iba ensartando, frases que decía como por otro canal, mientras conversábamos en un Café.
       Añares que no sabía nada de él: Lo invité a que nos sentáramos, en esa última vez que me lo encontré. Junto a la compasión que me daba por verlo bastante desastrado, estaba el gusto de recordar las tertulias que habíamos compartido, música y lecturas. Con la intención de cotejar nuestras rememoraciones le pregunté:
       “Che: ¿y aquella piba con la que salías?”
    .. “Oh, ¿esa chica M. , la de cabello castaño?”
       “No, a esa no te la conocí; vos sí que tuviste siempre una cosechadora rápida”; y quise precisarle: “¿Quién lo iba a pensar, dejaron de verse?; te pregunto por la del apellido escocés; se los veía de muy buen entendimiento, iban a mudarse juntos”.
    .. “Son buenas sillas éstas, me tenés sentado; ¡Ah!, ya me acuerdo quien decís: no era fácil, no era ratoneante; una vendedora de cielos, mucha cólera muy rápida, la pequeñita pintona; voló por encima, se cansó, sólo para ella quería que yo fuese; Transformada a lo largo mediante las palabras, transformada en una chapa, quedó patrocinada como un rectángulo accesible, ahora es médico”.
       Me estaba diciendo cosas raras, se lo veía muy sacado, intenté no manifestarle extrañeza: “Bueh, así son las cosas, vos la corneabas; ¿Y seguiste con la cafetería que tenías ahí por calle Córdoba?, no me acuerdo bien, hace 5 años de esto”.
    .. “Mucho mucho frío por ahí, me crucé con reticulaciones; se paternalizó al extraordinariamente pobre compañero, es verdad, tanto como para él cambiar la muerte; me crucé gráfico con la luna en pantaletas”.
       En una de esas, me zampó que había hecho la experiencia de comerse.. -¿cómo decirlo?-, ..sus propios desechos sólidos. ¿Quién iba a creérselo? .. “En una pequeña y fría sala donde nunca más lo haré”. No se lo consideré, pensé que me quería tomar el pelo. Además de seguir diciendo otras frases singulares: .. “Oh, esa chica M. conformó a la felicitación también”, ..se puso a conversar de mesa a mesa con un tipo macizo, del cual me dijo que era “su médico en el frenopático”. Me las tomé enseguida. Pero después, a los meses, recordé lo cambiados que estaban sus ojos en el Café, lo recordé cuando volví a verlo. Le protuberaban friamente del rostro, muy cambiados de como los había tenido de muchacho, parecían sensores artificiales, con los que percibía convenientemente la luz y las cosas alrededor, ojos sólidos a los que nada podía afectar, como ojos de cristal.

    souvenir photo

    ℑ arbol de la vida

       Muchos lo volvimos a ver; y recordé yo entonces aquellos ojos, como un injerto en sobrerelieve, aquella forma de las miradas suyas, en la última charla que tuvimos. También recordé lo que me había contado, lo de comerse sus sorullos. ¡Había sido tan gran tipo!, un compañero de los buenos tiempos. Muchos lo vimos en su última escena: Se había tirado por la ventana de su departamento en un sexto piso, pero ahorcándose.
       El noticiero de la tele mostró claramente su cuerpo colgando de la soga que se había anudado al cuello, estaba suspendido ante las otras ventanas del edificio, loco perdido, ventanales de una muerte de mierda. Oh, los vecinos se habían detenido como rositas enloquecidas con leche, sí, sí, sí, ..¡qué demonios!, un poco más de cuidado.

    «No se trata en modo alguno de que uno esté a la escucha de su propia vida, sino que para mí pensar es, en cualquier caso, me parece, estar a la escucha de La Vida Gilles Deleuze


    Hipersalenas relacionadas con «Última escena»
  • Novela aquella isla, §1) ..debió de haber perdido pie..
  • Un reportaje más
  • Entresacado de entrecasa
  •  

    Sergio Edgardo Malfé

    Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, febrero de 2015.

    Tal vez usted pueda encontrar un poco más de contenido por debajo de los anuncios que ocasionalmente aparecen.
    Perhaps you may find some more of content below the occasionally shown ads.



    estampitas-palacio-editorial-jabon
    2014/10/12, 12:00 pm
    Filed under: agua-en-vasos, Fusiones, Narrativa | Etiquetas: , ,

    Enjabonar palacio, estampitas editoriales


    «..por la pura inercia de una desilusión antigua e irreparable..» Gabriel García Márquez, El otoño del patriarca.

    jabon_palacio2b

    Va acompañado por el crujiente siseo
    de sus pies que rozan la moqueta, busca:
    «¡Pero, ..en algún lugar tiene que estar!», anda
    el sujeto bajo los grandes pórticos,
    en habitaciones conectadas donde
    la gente se comporta con protagonismos.
    ¿Cómo va a ser que él encuentre ahí, en
    tal palacio de vecindad, de bruñidos muros?

    jabon_palacio

    Mirando lo que dicen va, piensa
    que se la actúan muy áspera los parientes criticones.
    «Como si una desvestida tosquedad fuese
    el que yo encuentre al jaboncito legítimo.»
    En las ocasiones opresivo cinerarias, él dice
    que ante las dominaciones, su fénix fosforece.
    «¿Y por qué estás tan contento, jaboncito?»
    ¡Eso es!, a ver lo que arguyen los hermanos..

    jabon_palacio1

    ─Tal vez así sea, chicotazo─, los avatares
    le asestan: ─practíquenos el renacimiento─.
    (En algún sentido acomodémosnos
    para lo que como continuidad pueda donársenos).
    ─Queremos verlo zapateando─.
    (Con mucho garbo y celeridad, preparado el implemento,
    avanza el sujeto por los pasillos).
    ─¡Oh, esto es concreción de espaldas diferentes!─, (dicen).

    jabon_palacio2

    «Se trata aquí de un conjunto informativo
    que replica una asociación de imágenes y texto.»
    Y a los avatares fraternos,
    a los recursadores de redes sinápticas, el sujeto les repite:
    «Una asociación adelantante atracrecida
    de imágenes y texto sin provecho representativo.»
    ─¡Lástima que nos das!, es concreción de
    las mismas similitudes diferentes─, le han dicho.

    jabon_palacio3

    «Es una pena
    que nuestro lombardaje
    se parezca tanto
    a sus espejos.»
    ¡Uh!, este sujeto.., tiene su tiempo abierto,
    su cantil ascendente repleto
    de enlodamientos declataratorios,
    ¿qué se le canta ahora?.. Quiere saber si tuviese
    algún lugar donde verter su vista, dice,
    «que le sale con violencia mucho arte por los ojos»,
    con gran piedad temblorosa lo confiesa…

    jabon_palacio2a

    ..En las ocasiones opresivo cinerarias,
    dice él que ante las dominaciones,
    ..su fénix le fosforece.│

    Enlace a una expresión anterior de la Blog que se relaciona con esta Entrada : Grado de arribo en índice uno


    Sergio E. Malfe
    Morón, Prov. Bs. Aires, Argentina, octubre de 2014.


    Enlace corto para esta Entrada: http://wp.me/pu9CK-1iY
    Tal vez usted pueda encontrar un poco más de contenido por debajo de los anuncios que ocasionalmente aparecen.
    Perhaps you may find some more of content below the occasionally shown ads.




    A %d blogueros les gusta esto: