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# viento-facetado: …”diagramador, ..aseguradas, ..semoviente, ..balconcito, ..neblina, ..subterráneos, ..rimarnos, ..propalación”…



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proviene del 2006 y de su anterior localización, 
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…debió migrar aquí, en mayo de 2009, 
y al ver yo necesario hacerlo, 
…reedité este Viento Facetado. SEM 



….la ronca, la rockola, señoras y señores, en: Viento Facetado
                     (5370 palabras)

 Viento Facetado –1

   En un murmullo de retrogradación ESE iba tan extraño taconeando por las galerías subterráneas bajo una lluvia fosforescente; iba diciendo ESE:

   -Cosas que invaden, grecas de las galerías que se meten al cuerpo; cuerpo que enloquece sino encuentra su lectura; cuerpo con una arrogancia que lo transcurre oculta; arrogancia de no reducirse con lo primero que lo impresione-.

   Pero tenemos a otro ahí que se ofrece como ante un espejo. Tienen la desnaturalización obsesiva de nadie hacia nada. Lo tenemos a ESTE que debe siempre una muerte y se apoya en lo trivial. ESTE que se suma a lo de ESE, y con otras cosas, como haberse perdido y encontrado.

   Contemos también que soy el afortunado señor desde una posición tranquila para mirar. Aquí estoy, discurro y escribo. Aunque todavía vengo, o no vine hoy, pero he venido, estaré al venir. Vine como diagramador y digo, cuento:

   ESE hostilizaba con su murmuración a toda la existencia; lo que incluye a su propia disritmia, acentuada en notoriedad por su taconeo subterráneo. Y andaba cocinando, eso fue; por los corredores subterráneos. LLevaba taconeando ESE a su cocinita semoviente. Sólo paredes, sólo paredes en los pasillos subterráneos. Pero la lluvia fosforecente y nosotros por detrás del andar andando. La inexistencia que nos perseguía. No era…..

   Aclaro lo que no era posible: dar cuenta del grito común de dolor de ESE y ESTE, revancha de ambos, grito que no comenzó. No era. No hubo tal grito. Y seguía cocinando ESE, el señor taconeador, con dispositivos portátiles flamígeros. Es un arreglo de mecheros, correajes tipo mochileros, hornallitas pendientes aseguradas del cuello y hombros.

   En el laberinto subterráneo, los espejos repartidos en las galerías retornan un taconeo agitado. Bajo la lluvia fosforescente iridisada, los espejos quietos. Pero el taconeo y sus murmullos…

   -Donde nada sabemos. Porque nada sabemos-, decía ESE ante la puerta donde tuvo que ir, adonde no iba. –Nada sabemos nosotros que esperamos detrás de esta puerta. Que ellos son ahí lo que somos nosotros, lo que soy yo. Son alguien, algunos, que nunca serán sin un espejo cierto, sin conocernos, sin cono-… Esto casi formulaba ESE para quienes lo seguían.

...por las galerías subterráneas...

...por las galerías subterráneas...

   Ajá. Ahí estábamos frente a la puerta; pensando en ir hasta ella; cuando la puerta era lo más cierto. Detrás de la comida semoviente andábamos, mirando desde atrás de las llamas de esa cocinita andante. Ya abríamos la puerta…

   -Aquí es la chamusquina-, nos recibieron al entrar; uno de los muchachos, copa en mano, con una rica muchacha sonriente al lado, de amplia vestimenta negra.

   La sala concurrida; gente departiendo; giros de palabras fluídas en olas de sonoro parloteo; con altisonancias de vozarrones masculinos: -Eio, Eio-, de tanto en tanto, acompasadamente: -Eio-.

   -No es de preocuparse porque haya fuego. Sólo va a ser como si se se les arrebatara la carne-, decía una muchacha algo mayor, con ronca voz confidencial. –Será una chamusquina incipiente, por hablar. Pero puede ser mejor, mucho peor, si no hablaran, si no hablásemos-.

   -Nos perdimos en los corredores; un poco confundidos con los focos, los resplandores-, refunfuñó ESE.

   –Desembocamos acá; bastante cegados-, corroboró ESTE, el seguidor.

   Ajá. Soy el afortunado señor desde una posición tranquila para mirar; vine como diagramador y digo, cuento: Fue como si nos devorara la angustia, por esta trivial reunión oculta . Pero las señoras aflojaban hospitalidad, a través de la mujer ronca, ella nos confidenció que casi todos los señores eran de Gëhysburg.

   ¡Uh; la gente del gëhysburgo!; con su confusión afectiva, que suele llevarlos a crisis de actuación histeroide; sus juegos de seducción intercalada, sus seguridades diferenciales supuestamente más felices; pero no. Entonces así advertidos, y en paz con las señoras, buscamos de no entreverarnos. No buscábamos heroísmos. Las señoras bebían; mucha sed; y arreglaban grabaciones en una reproductora de sonido rockola. Nos deslizábamos entre los vozarrones ‘Eio’. Pudimos pasar a ocuparnos del funcionamiento de la cocinita móvil. Hacíamos las pirólisis para la reunión, pirólisis de canapés con la mufla andante. Y fue de arrimarse hacia el balconcito. ¿Iba o no iba allí?

   Se merma la temperatura con el viento subterráneo. Por eso cerraba los paneles corredizos ESE al trasponer. Las oleadas de voces, escuchándolas desde allí. Uno sostuvo las correas por donde los fuegos, el juego de mecheros. El otro, con los tacones de sus zapatos, fue quien aseguró las fallebas de los paneles corredizos. El viento subterráneo ya no corría luego. La crepitación de los pucheros no se interfería. Entonces sí podía ir. La pirólisis de los canapés continuaba por las otras bocas de fuego. Ajá. No era asunto riesgoso estar ahí en la balconeada; no iban los de Gëhysburg. Igualmente riesgoso; porque escuchábamos nosotros que ellos nos escuchaban, decían:

   -…Porque son mala ramada; laringueio, Eio-.

   -Andan tan mal; para mí son gente muy agradable. Songueio, Eio-.

   Justo ahí, donde en lugar de la lluvia luminosa, porque sin corrientes de aire, ahí estaban, menos mal, los propulsores de neblina. Y lo mejor: un colchón, el colchón del cielo subterráneo. Al venir era domingo, a la sombra en el balconcito, con la mejor fresca de domingo en las galerías soterradas; el domingo de los propulsores de neblina, domingo en los subterráneos, domingo perpetuo.

..."La sala de reuniones: aquí en los subterráneos?"...

..."La sala de reuniones: aquí en los subterráneos?"...

   -¿No será que parece de no ir a la calle?-, nos dijo y lo miramos.

   -No es tiempo de salir, menos salir a ningún lado-, dijimos mirándolo.

 Viento Facetado –2

   Mirándome, por cierto, que ya vengo, viene el encargado de este turno para la presentación. Porque llega él, insertado en las flores difusas de su camisola. Es como un becario, el muchacho sonriente, tan jovial, como si la reunión existiera y fuese festiva. Se trae una botella de whisky el joven, uno, que francachotamente se nos pone a cuestionar lo que hacemos: ¿De cual historia se ocupa ESE, sentado en el colchón? El joven “becario” parece tan sensato y popular a la vez. Tipo como si fuese un crítico épico, heroico, un investigador, quizá un ojito de los fondos de algún “servicio”, que sabe simpatizar, nos pregunta:

   -Porque; ¿cómo es aquí donde tienen el sol, la sombra, esos productores de neblina? La sala de reuniones: ¿aquí en los subterráneos? ¿Cómo es que la lluvia también?-.

   -Mmm!. Un buen whisky que nos trajo, bien fresquito de cubitos-. Comentarios del beber que ESE hace. –No está mal, ¿no es cierto?-.

   -Por eso, que pregunte no es inadecuado-. Consiente ESTE. –De algo hay que hablar-.

   Oleadas de conversación párvula acometen desde la sala. La rockola no cesa. Estando al venir, nadie dice nada que merezca atención. La marejada acústica frota las orejas de ESTE, del joven “becario”; y de ESE, el atareado otro. Maltrato de las orejas, pero al quedarnos ahí, conversándonos:

   Nunca nada nadie, jóven amigo. Vos que recorrés este tiempo sombrío, en el día luminoso, acá en las galerías, tan contento. Que dabas vueltas en torno a nuestro tema. Quedabas contento y viniste al balconeo subterráneo, que así progresa, se acrece para una concentración en este punto minúsculo: el lema que das, tu pregunta que nos hace regresar. Regresemos luego a encontrar el paso. Porque ESE, el taconeador, precisamente ESE, sólo es en el subterráneo. Y nosotros diagramados en la sombra, diciéndote tan callados: …que en la luz, con el viento subterráneo, con la lluvia, la neblina y el olor a baba de la fosforescencia, …así se regresa. Venimos retrogradando a mirarlos, regresamos a mirar. Te aclaramos: mirarlos morirlas ahí en la sala, tras la calina de los mecheros. Mirá, mirá a través del vidrio, y adelante.

   -Se vé que dentro de la sala-, nos dice el muchachote: -están actuando con mucha autoconciencia, como si se observasen, para una dramatización de cierta eficiencia. Eso veo-.

   -También considerá esto de acá en el balconcito. Los de adentro lo hacen-. Sin dejar de operar la cocinita, ESE señala tal aspecto: -¿Ves como la puerta es desenganchada, abierta, vigilada, cerrada, enganchada?. ¿Ves cómo oyen y miran?-.

   -Y yo mirarlas, mirarlas y mimarlas en mi corazón-. ESTE se está fijando en la señora ronca: -¿Rimarás conmigo, la que miro? ¿Me ayudarás para rimarnos y ya no mirar que nadie hay? ¿Me ayudarás con tu nombre, quizá?-.

   -Por supuesto hombre. Estoy en camino de graduarme; estudiando Ediciones. Y por lo que estudio, la gente conocida me dice Edi, Ediness-. Y la dentadura del jóven se nos muestra en una amplia sonrisa.

   -No. Pero a vos, ¿quién….?-. ESTE se lobrega en una alarma contenida: –Si yo me estoy por ella-. Y encima la señala. -Hinchándome aquí con ESE y conmigo-. Le dice a Edi: -¡Vos no me digas!-.

   -Y mirá adentro; como se rien avergonzadas desde los rincones. No les aciertan a ellas, olvidadas-. Saca este murmullo ESE que cocina. –Y se rien de ellos en la sala. Se rien de mí-. Con otro murmullo, el taconeador lo incluye a Edi. –Se rien de él; y hasta de ellas mismas. Pero de vos no, ESTE, compañero, de vos no-.

   ESTE se recompone, y volviéndose a Edi le dice:

   -Bueno, bueno, como te llames; si no aportás un poco más de ese detestable Blend, hasta aquí llegó la historia-.

   Edi acepta; pero debe llegar a lo necesario, nos dice. Le tenemos que contar cómo se llegó a la situación. Porque entiende, especifica, que “sí hay de hecho un proyecto”. Y para hacer la edición, es una condición que él tenga un conocimiento cabal, etcétera. Su argumento lo dice con cierta trabazón. Es evidente que los dardos lo han alcanzado; y que cuenta con un buen entrenamiento para encabalgarse en los trises y zafar.

   Oh si, naturalmente; le decimos; como si estuviéramos completamente francos y dispuestos. Y va para traer la obra completa, una botella suicida, para la dotación del balconcito, gente carenciada. Por esto se tolerará y comprenderá tanta sed.

...un arreglo de mecheros, correajes tipo mochileros, hornallitas...

...un arreglo de mecheros, correajes tipo mochileros, hornallitas...

   -¿Qué te parece; es del tal ‘gëhysburg’?-, murmulla confidencial ESE, inclinado sobre los siseos de la cocinita.

   -Sí lo es, compañero-, responde ESTE.

   -Ay. ¿Y qué haremos?-.

   -Vamos a seguir como la gente. Tiene los derechos humanos; y dios dirá-.

   -Ahí vuelve; así tratemos. No le digamos mucho-. Y se atarea ESE, como si estuviera concentradísimo, al volcar el caramelo sobre unos bocadillos especiales de pollo. Y anuncia hacia la sala: -¡Ya están las delikatessen!-, cuando Edi desengancha y abre…

 Viento Facetado –3

   Viene el joven Edi con su jovialidad, como si de una celebración se tratase. Las delikatessen pasan a la sala en la misma apertura. Como animado se muestra Edi; parece que quiere saber toda la historia; que tratara de concertarse en una maniobra con todos los murmullos él.

   Estábamos en una historia, estaré al venir. O no vine hoy, aunque todavía vengo, he venido, vine como diagramador adjunto. Y digo, cuento: Le dirán a Edi:

   “Estábamos en una historia. Nos habíamos preparado. Listos, dispuestos, como para presenciar la imagen de una ejecutoria judicial”. Edi asiente, atiende.

   “Entonces en los arroyos”, -arremete el relato-, “con plazos precisos imaginarios ineludibles, como testificadores participantes adjudicados, estando atentos y situados… Donde los murmullos confluían: el de la corriente, los de la vecindad, los del lanchón. Los murmullos cansados junto a la ceremonia. Y este cansancio llevó a que se alterara todo el planteo. Porque habían sido ocho días en que fueron preparándose allá. Y nosotros también por nuestro lado. Que resultábamos en las veredas desayunando, sin nada muy claro”.

   Digo, como diagramador adjunto aclaro, cuentan que: Mientras en la costa de la Isla corrían esos ocho días en que fueron preparándose allá, ESE y ESTE estaban en su desayuno, llevando consigo las sensaciones consecuentes, luego de muchos romanticismos insomnes. Sensaciones instaladas como lingotes extraviados y como consecuencia, así mal acomodados los lingotes para navegar en el lanchón.

   “Los lingotes son de uso, para comprar y vender. Pero juntos, unánimes; así tenía que ser la compra y venta instantánea en la embarcación, que se llama Babucha. Ya dejábamos las veredas del desayuno. Nadie, nada, en el río; nosotros en el lanchón Babucha, en las operaciones que te indico, para poder señalar el atracadero. Y allí, yendo hacia el muelle, adonde nos esperarían, después de ocho días. Desde la corriente era nuestro verlos llegar; y darnos cuenta que junto a ellos en la espera también nosotros, con el carrito estaban. Allí colocar un lingote, en el carrito, el metal destilado de aquellos romanticismos; para que cuando ESE desplegase en la Isla el diagrama, entonces usarlo. Pero antes ESE repetía”:

   -Remá; disfrutá del Sol-.

   “Una linda sensación; con el clima en la piel. Y saludábamos a los vecinos de las costas, en los muelles. Sacamos de un tambucho algo de pan, ajíes y vino. Ibamos embocando por el Baigorrita, un arroyo. Por frente a la Capilla de los Morenos hicimos esa picadita. Dejamos atrás al Río Baigorria. Y ESE cantaba algo propicio a nuestra deriva por bajo los sauces y las madreselvas. Una propalación de esto se imponía. Resultó poco fácil; pero la emisión se hizo. ESE cantaba, y en la canción narraba lo que no sucedía”.

...una propalación ... se imponía...

...una propalación ... se imponía...

   –Pero difícil que la oyeran-, dijo ESE.

   “Él es una de las ruedas polares para nuestros ciclos, como es nuestro estilo; de hacer un eje conformado sobre un pivot, en un añejo dinamismo de rondas. Haciendo la otra rueda de giro en el pivot, ESE cantaba; desbordado el paso, desaprobado, sin escuchas aparentemente. Pudo resultar en tal momento, que nuestro paseo acuático no haya merecido, parece que así fue; que lo oyeran propalado. Porque se iban asomando otros, como restos de la noche, descansando en los muelles; porque firmemente no escuchaban. Digo de la vecindad isleña; asomándose. Porque andando, entre remar y derivar, íbamos a la vista; hasta que, como hemos dicho, avistábamos nosotros a los que esperaban”.

   Edi permanece quieto, como soy, como ha venido, tranquilamente desde que vine. O no vine hoy, aunque todavía vengo, he venido, y es como diagramador adjunto que vine. Y dirá Edi:

   -Necesitas que me aclaren como es eso del dibujo-.

   “Ah; Sí. Dentro del diagrama mencionado, estaba previsto el arribo al muelle. Allí encontramos a Micaela, Iris y Martín”.

   -Ya estaban allí esperando-, agrega ESE.

   “Cierto. Iris escribía en un block anotador. El sol le iluminaba cariñosamente la piel. –Ya están ahí. Tan linda que está Iris-, decía ESE entonces; cierto. Por esto, ni bien saltamos al muelle, me le arrimé a la compañera. Con Iris nos conocimos en unas peñas de poesía. Ella está completa de ser ella misma, su personalidad. En sí misma es reservada y romántica; desapegada de lo que sucede y disfrutándolo también. Se pone ante todos, antes que nada, con su carácter. Ahí se afirma; y a todos los juzga y ubica, según el placer que cada uno le pueda dar. Lo que sí la salvaría, es que baila muy bien. Y más importante para tenerme como su adicto, es que se trata de mi docdontóloga. Sobre todo por esto tengo que cuidarla”.

   -Y esta señora que mencionas, Iris; ¿es del dibujo también?-, se desespera Edi, y por su insistencia consigue un movimiento.

   -Vamos a buscar al salón algo para anotar; y te aclaro un poco con el Diagramador. ¡Pero no me digas que no lo conocés!-. Dicho esto, salto ESTE del colchón hacia el enganche de la puerta.

   Con una mirada abarcadora, como he venido al llegar tal vez, y al ver tranquilamente: Esa muchacha sonriente vestida de negro en la sala; ¿no es Iris? ¿No es ella capaz de arreglar, de adivinar? ¿No estará previendo las facetas del viento subterráneo? Y así… seguir ella como serán los movimientos, las necesidades. Quizá por esto les alcanza papel marrón y un lápiz gordo. Debe ser Iris nomás; quien anticipó; y ahora vuelve a cerrar, enganchar; vuelve a los sinusoidales del parloteo, la rockola y esa música.

   “Aunque la neblina oculte un poco; mejor que haga el diagrama aquí en el balconcito. Acordate: habían estado danzando con las poesías anteriores, hasta que volvimos para desembarcar. Iris se ocupó de dar danzas alrededor de un pino. Ahora mirá estas líneas; la horizontal corresponde a una posición silvestre y organizativa; ¿verdad? Esto es sólo un esbozo de cómo es el dibujo, pero vale”.

   Vine hoy, aunque todavía vengo, he venido tranquilamente, vine tal vez como diagramador adjunto.

   “¿Ves estas verticales? Corresponden a distintos caracteres humanos. En distintas permutaciones y configuraciones”.

...se encuentran los ambientes, con las proyecciones de los caracteres y actitudes...

...se encuentran los ambientes, con las proyecciones de los caracteres y actitudes...

   “Se encuentran luego en un cruce, las horizontales de diferentes disposiciones; digamos otra: la línea urbano-abismal; se encuentran los ambientes, con las proyecciones de los caracteres. Casualmente estamos con Micaela, Martín e Iris; van a este espacio. Llenamos esta casilla; y bien nos llenó llenarla; ¿verdad?”.

   -Acá se encuentran. Aunque; ¿no es allá en el Baigorrita-, duda algo confuso Edi.

   -Así es-, indica ESTE con el lápiz. –Es una casilla acá y un espacio allá, adentro del casillero; allá adentro adonde fuimos. Y estaban ellos animando. Nadie en realidad; sólo ellos antes por ocho días. Claro que no es todo el diagrama. Pero te vas figurando lo que es y lo que no es-.

   -Voy entendiendo. Y me gustaría que hicieses dibujo, pero completo-.

   -Sucede que si te desplegamos el partido completo en cualquier variación; por ley vas a entrar en él. Eso lo estamos haciendo todo el resto, desde hace días; y pasando adelante de casilla en casilla. Vas a querer saber de los sucesos; y entrás casi sin darte cuenta… Y es algo riesgoso. Porque se llega a la verdad-. Sonriendo ESTE concluyó: -Aunque, …si estás dispuesto para seguir con la historia… No sé; igual pasarías por un shock, necesariamente… No sé si te va a gustar-.

   -No me tendría que meter. No creo que vaya a ser un riesgo investigar y observo; como un trabajo práctico para mi carrera-. dice Edi, reticente, animado.

 Viento Facetado –4

   ESE está revolviendo un guiso chirriante. Venga: ¿Cómo es tu opción, editor EDI?

   -Así que hay ejes, claves; hay personajes, voces; oigo voces-.

   -Hay canapés, murmullos, crepitaciones. Coma algo Edi-, le dice ESE risueñamente.

   “¿Cual es tu opción?. Lo nuestro fue que habíamos arrancado, eligiendo una disposición en los renglones, yendo a tales ambientes señalados. O comenzábamos por elegir el ambiente, y le sumábamos nuestras disposiciones. Agregándonos a otros caracteres personales, cuando concertábamos tal paso en un acuerdo; moviéndonos grupalmente. Conflictos hubo; enredos, buenos momentos, otros de los que no quisiera acordarme. Al evaluar, formulábamos y sumábamos los desenlaces y las situaciones, comparábamos. También podemos pasar de un ambiente a otro, si elegimos el renglón de movimientos, y ahí, a la calidad de movimiento fuerte”.

   -Hacé marchar una omelette para el señor-, sugiere ESTE: -Comé algo Edi. Pero decide si vas a participar usando el diagrama ó que vas a hacer. Tómate un poco de agua luminosa. Dale vos, dale un poco-.

   Es de adjuntar, tal como vine, que ahí viene para escrutarlos una dama, desde la sala del parloteo electrónico; se suma al balconcito.

   -El agua, …tiene olor a baba-, dice Edi.

   -Pero está muy sabrosa y refrescante-, completa; después de apartarla Edi, cuando no la prueba.

   -No sucedía nada muy interesante-, les dice la muchacha que se acercó, vestida de negro, y lo incita ella a Edi: -Arriesgue a tomarla, no está tan mala-.

   Junto a la dama, vengo y veo: Se asoma fluctuante uno de los locuaces comensales; y dice con un vozarrón ventral y tenebroso: …-No está nada mala el agua; sólo algo podrida-.

   -“Agua podrida, podrida, podrida”-, cantan a coro desde el salón. Nos escucharon, los escuchamos que nos escucharon.

   Ella nos sugiere cauces, cambiante como vinimos, con el viento subterráneo.

   –No sabe lo que se pierde, mister-, dice la muchacha, que se vuelve hacia los rumores del salón.

   -Duerme en sábanas negras, que son las de Iris-, comenta ESTE.

   -Es algo; ¿Cómo decirlo?: ¡Electromagnética?-, responde Edi. –Sígueme contando, no meto mi persona en el diagrama aún. Bastante inseguro que me parece entrar en esta historia ahora-, añade.

   -Estábamos desembabuchándonos en el muelle-, colabora ESE.

   “Siguiendo en esto, como estábamos llegando. Ahí tratamos de recomenzar al grupo, puestos ya en tierra, a funcionar. Ahí Martín y Micaela son los dueños de casa. El se dedica a cultivar plantas y hace otras verduras en los huertos traseros. Micaela estaba investigándolo, becada por una Fundación, un Laboratorio de especialidades biológicas para tratamientos psico-neurales; siendo ella que es profesional emérita en diagnósticos de asistencia social: graduada terciaria especialísima y pulcra. Se interesó de forma creciente en la persona del sujeto, después de no tantos días de investigarlo. El también hace experimentos. Martín; sus generadores, transmisores ó emisores ; los pone a prueba en el galponcito. Resultó una conciliación peculiar de la intelectualidad de ella, y el otro trabajo de Martín, más del lado de las cosas. Y fueron mejorando emparejados. Difícil, pero se llevan bien”.

   -Búscábamos dejar el muelle, y agregarnos al trabajo en la Isla-, dice ESE en el balconeo. Está entre silbos y siseos de la cocinita; y es él mismo siseante, murmureador, irreparable; ESE entremezclado con su inseparable equipamiento de cocción.

   “Y para eso buscamos conciliarnos en la continuación de la danza que ellos habían estado haciendo. Y para esto íbamos hacia un pino de la ribera; el preferido de Iris”.

...se dedica a cultivar plantas y hace otras verduras en los huertos traseros.

...se dedica a cultivar plantas y hace otras verduras en los huertos traseros.

   Lo venimos a Edi para que interrumpa, mirá; que te va a solicitar le aclares algo:

   -Tengo acerca de un interrogante en esas máquinas que ensambla Martín. Lo que quisiera saber es si me transmiten imágenes, si emiten ondas del radio, con que potencia, que frecuencias usa. ¿Me dices cómo son?-.

   -Te conté que son transmisiones…Y se las agarra usted por el flanco técnico. Cuando lo que importa- …dice ESTE: -…es cual cosa transmiten estos ingenios de Martín. O sea, si lo que se transmite establece diferencias con la ausencia de esas transmisiones. Le diré: son transmisiones de conocimiento. O quizá de un desconocer que nos pregunta: “Por Qué No?”-.

   -Se puede conocer por la transmisión-, sustenta ESE algo trompudo, -a la pregunta que oscurece más profundamente. La pregunta hecha-.

   -Para que así sepamos más definidamente de nosotros; metidos en esta red de paisajes, salas subterráneas, riachos y reuniones culturosas-, abunda ESTE en la cuestión: -Porque quizá no sabemos donde estamos. Nos informa la transmisión, sobre la precarieidad de estos encuentros. Nos da una idea, de que en nuestro menor tropiezo; al remecer, se podría desagregar así el subterráneo, estos muros y los túneles. Nos dice, nos transmite de esta precaria andanza posible, conocerla… Porque fuera de los túneles y el bosque puede ser peor; así que…-

   -Siga entonces-, parece comprender Edi, -siga con la historia-.

   Vine como diagramador adjunto; y diré: Secuencia de un pliegue en este momento, que lo veo a ESTE en como intenta retomar aquello: Plegándose sobre cómo era lo que se decía, y lo que estaba diciendo él. ESTE observándose…

 Viento Facetado –5

   …Observándose ESTE, en cómo adoptar el ángulo más propicio, para que se vea el frente y el dorso, su participación en esto y aquello, diré que recuerda, intercala…

   -Podríamos seguir; pero quizá Edi prefieras una historia extranjera, donde tengas agua extranjera; que ha de ser más inodora que la nuestra. Pero tenemos así el agua, porque en estos subterráneos, hay gentes haciendo tales cosas, que en sus tierras no las harían. Lo tenemos aclarado; ¿verdad?-.

   -¡uh!. Lo dices que todos hacen eso. Pero mira que no todos como extranjeros son de hacer así-, repone Edi.

   -No todos, pero tampoco ninguno de ellos; ¿cierto?-.

   -¡ah!; sí claro. Pero por qué no sigues con la historia, si quieres; discúlpelo-.

   “Verazmente recuerdo que en aquella caminata, sigamos, Micaela nos decía, unos pasos atrás: -Nos estamos viendo-. Nos observaba muy especialmente a Iris y a mí. Fue cuando giramos para verla, que sucedió algo interesante”; ya nos reflexiona ESTE:

   “Lo conversé con el grupo; y opinamos entonces; que cuando captamos sujeto y objeto, cuando hay observador y observado, si vemos esta captación como un tramo, en una secuencia con otros tramos; la relación entre esto que captamos y las demás puntuaciones, es una relación de frente y dorso. El dorso participa de otra serie de sucesivas secuenciaciones, con otros enveses particulares y delimitados. Todos interveníamos en la discusión, mientras caminábamos, parecíamos hilanderas. Nos preguntábamos sobre lo justos y ciertos que podemos ser, para elegir las líneas de corte entre fragmento y fragmento. Hilábamos con que son distintas y tan válidas unas como otras, las distintas temporalidades, sujeciones y objetivaciones, tan replegadas y ocultas al sentido común; en las interacciones, y en los dorsos de todas. Que si nos permitiéramos una opción sumatoria, por eso y esto; y nosotros y aquello en la concepción de la realidad; si no la recortáramos, la realidad podría ser total y para todos”.

   -Siempre nos ligamos necesariamente cuando nos proyectamos-, interviene ESE en el balconcito. –Es así como debe ser. Tener una posición. Es así como se funciona en el mundo.

   “Sí; dijo así también allá. –Pero ese es tu mundo-, le contesté yo. Y le digo, como entonces: -Te restringís por tanta ligazón; y quedás como encadenado a un destino-. Y fue Iris quien puso el pase en profundidad, diciéndonos: -Ahora; que si te es necesario elegir, mejor que lo hagas sin juzgar ni arrogarte aciertos. Pongámosle que así vos y la situación se podrán encauzar a lo más verdadero, más propio, quizá todo más bello y con mayor entendimiento; me parece-. ESE no dejó de comentarlo, para todo el grupo, nos dijo: -Para que resulte bien esa participación sin arrogancias; se tiene que dejar algo voluntariamente ignorado. Y continuar manteniendo una proporción de sombras, la persona-“.

   “Ahí está: contactar con el proyecto de realidad dejando algo ignorado. Y no mirar buscando detrás de la zona nublada; ¿no es cierto?. Seguíamos andando y acercándonos más para conversar. Nos concentrábamos para nuestro encuentro con el otro árbol. Hacíamos más cierta la unión, sumada nuestra búsqueda con la existencia del árbol. No ése árbol, sino otro. No aquel, sino el que se proyectase a SER para nosotros”.

   La búsqueda no es tal; sino un estado de alerta compartido, que no los alteraba. Con lo que iban derivando por el yuyal y el bosque. Pero lo hacen sin lentitud; cada vez más rápido. Lo van haciendo ya con urgencia. Porque ellos quieren terminar la tarea, antes que devenga el inevitable cambio en la experiencia… Vine como diagramador adjunto… Podría ser que en la marcha comenzasen a adjudicarse distintos roles de bienestar o malestar, roles de guías ó seguidores. Se apuran para no transitar en conflictos… Diré, retomando, que los va a interrumpir, desenganchando, abriendo, la dama de negro; que viene de la sala de reuniones.

   -Necesitaríamos comer algo. ¿Esto cómo anda?-.

   -Pero muy bien, querida-, dice nuestro Edi con inesperada confianza: –Me están ubicando en la historia-.

 Viento Facetado –6

   -Pueden salir enseguida unos bocaditos-, propone ESE con un particular humor. –Salen! : milanesitas de morcilla oreganadas con rebozado de cereal; ¡salen con repollo escabechado!-.

   -Esperá un poquito-, tercia ESTE; y le pregunta a la dama de negro: -¿Estará por venir? ¿Será eso lo que te trae por aquí?. Está viniendo; ¿no es cierto?-.

   -Yah, Yah. ¡Oh! ¡Por favor! Terminen de contarle, ¿sí?. Para que quede en Edi algo del barrio. ¡Ay! Aunque sea como un boceto, cuéntenselo. Que viene a ser quien puede venir. Sí, puede venir. ¡Ay!-.

   ESE le sacó a la cocinita excelencias siseantes. Desde la diagramación se ve que le da una mano de barniz a los bocaditos en los platos. La muchacha toma el servicio; y vuelve a la sonoridad permanente, indeclinable, trágica, de las oleadas parlantes en la sala: EIO, EIO.

   -Pero; ¿quién está por llegar?-, pregunta Edi.

   “No nos queda tiempo, ya le voy a decir. Detrás del cerco, entonces, acá. Quiero decir: junto a una pirca baja como esta baranda. De aquel lado, una gente junto a una casa completa; en un jardín como un escenario. La casa sólida, nueva, rica, moderna. Allí junto a la pirca logramos juntarnos con el árbol; lo reconocimos. El otro árbol; no aquel de cuando habían arrancado. Junto al árbol y al cerco, mirábamos de soslayo a la gente y la casa prolija”.

   -OK’ OK’. ¿Quién va a venir?-, insiste Edi.

   Tranquilamente, al ver que repara un poco ESE en Edi, se puede decir al venir que ESE le espeta:

   -Uno que obtuvo el diagrama; eso. Y déjeme oir la historia. ¿O no quiere que se sepa?-.

   “Bueno, arracimándonos ahí, atendíamos a lo más importante. Lo veíamos. Un pequeño pino marchito, ya totalmente seco, junto al cerco. Pero notamos que un tipo, del otro lado, nos hacía gestos, para que nos alejáramos. El tipo se veía armado, listo, con un lanzagranadas amenazante”.

   -¿Qué hicieron?-.

   “Pero escuche. También había una señora, que componía en el jardín una cosa, como una cortina con letras, con cintas que tenían letras. Ella lo tranquilizó al tipo violento; y nos quiso explicar lo que hacía. Uno de nosotros, Martín, también nos estaba diciendo, que en ese lugar del terreno es donde pasa el otro río; que el viento allí podía alejarnos del peligro. Porque es viento subterráneo, que lo siguiéramos al viento. Y la mujer del jardín hablaba sobre las tiras de su composición. Articulaba como extranjera. Trabajosamente, quería contar de la fluidez y las correcciones necesarias en su trabajo. Con el viento, ESE arrancó; alzó la cocinita. Seguimos; lo seguí, siguiendo al viento. Mirábamos el arbolito seco. Eso era. Y seguimos acá”.

   Todavía vengo como diagramador adjunto, y digo: Venga para todo, a mezclar. El desarreglo. Mirando cada vez más cerca. Se va a abrir la puerta oculta, disimulada en la pared del subterráneo.

   -Ya está acá-, exclama la muchacha de la ropa negra-.

   -Oia, oia-. Algo así intentan decir los comensales sonoros.

   -¡Al final; ¿de quien se trata?-, prorrumpe el exaltado Edi.

   …Y …Se le dice… -Es sólo el tipo que hizo los Diagramas. También los repartió. Esté tranquilo-.

   (Aquí véase nuevamente por primera vez el cuadro ó diagrama).

...se encuentran los ambientes, con las proyecciones de los caracteres y actitudes...

...se encuentran los ambientes, con las proyecciones de los caracteres y actitudes...

   Miro que señalo de trasponer. Veo todo arruinado. Y una serie de argumentaciones. ¡Me escuchan!? …Sigo: Esto es un desarreglo; y si se nos viene el viento, todo se va a mezclar más. Vamos a proceder con una identificación visual. ¿Nadie tiene contraseña? …No; nadie. Un poco de silencio se hizo. Parece que quieren estar serios. Parece que pudieran hacer memoria; observo. Y también me fijo en el Diagrama. Prosigo:

   Ahora va alguien. No vas tú; no vas, no yo, no hay de Edi, no de él, ni una referencia aceptable. Se ha entendido que hay un subterfugio. Luego no podemos situarlo en el renglón; no en refugiación, sino en planes de otra cosa. Observo al sujeto sin silencio ni acusaciones.

   “Sin autocorregirse; sé que trama intriga; busca si no hay alguna solución”.

   La puerta oculta vuelve a abrirse, adjunta. Por donde entró el diagramador arribado, señala de trasponer notoriamente, para ser mirada, con su cortina de tiras, traspone decididamente la mujer del jardín. Al tiempo que los flecos se mueven; y los estamos mirando; la recienvenida saluda y nos dice trabajosamente:

   -Puede quien mire vea mi aparato como el viento va armando historias fluídas. Puede quien vea notar historias sopladas por estas combinaciones. Son arranques, correcciones de argumentos, estas combinaciones-….

   Los estamos mirando. Los flecos nos cuentan, las tiras se mueven, nos dicen. El diagramador recienvenido interviene; y como de entre los flecos nos retrata, es el Titular, nos saca una fotografía. Adjunto y balconeadores estamos traspuestos, pero Edi pone un intento desacertadamente cauteloso, manotea para agarrar los diagramas que gualdrapeaban con serenidad.

   Las tiras con letras se conmueven perplejas por nuevas corrientes de aire baboso. Unas ráfagas inimaginables arrancan de las manos de Edi las páginas, con las que él pretendía indagar en las nuevas tramas. Miro como señalo. Es con mirada de pesar, que el Diagramador Fotógrafo recien venido como Titular, ha de sub-ordenar una comunicación: “EIO, EIO”.

Salta a los túneles donde hay más viento.

Salta a los túneles donde hay más viento.

   Edi trata de recuperar los papeles arrebatados por el viento. Corre tras de ellos manoteando. Se adentra en los espacios oscuros. Miramos. Salta a los túneles donde hay más viento. Ya no lo vemos.

   “Se va, se va, se fue”; dijeron ESE y ESTE.

   -Se lo llevó el viento-, precisó la señora de los flecos.

      EIO EIO EIO EIO EIO EIO
      EIO EIO EIO EIO EIO EIO
      EIO EIO EIO EIO EIO EIO


   ¿Leer “Viento Facetado” desde su comienzo? →\Click Aquí/←


FIN

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